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RESEÑAS

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La letra perdida Alicia Montesdeoca , 26/11/2012

La letra perdida
Ficha Técnica

Título: La letra perdida
Autor: Fernando López Guisado
Edita: Ediciones Vitruvio . Madrid. Primera edición
Colección: Baños del Carmen, nº 332
Materia: Poesía
Número de páginas: 68
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-940523-5-4
PVP: 8,95 €

La letra perdida es un libro de poemas que su autor, Fernando López Guisado, publica tras más de catorce años en silencio: estos versos, afirma, “significan para mí una nueva aventura, un barco repleto de futuro que transporta buena parte de mi alma. Supone un canto que no deja indiferente, quizá sea algo triste y oscuro en ocasiones, pero también abierto a la esperanza; alude a experiencias vitales por las que todos pasamos y con las que, sin duda, el lector se va a identificar”.

De su blog tomamos la presentación que el propio autor hace de esta obra:

“En la vida siempre quedan cosas pendientes: nos transforman en fantasmas, produciendo un residuo en el alma que nos impide descansar incluso antes de la muerte. Suelen manifestarse como sentimientos intensos que en su tiempo jamás verbalizamos, pero que merecerían ser expresados. Nos precipitan a esa noche oscura, un viaje por las avenidas de nuestro interior durante muchos años de silencio, en esta época de nortes perdidos, mobbing, correos electrónicos y matrimonios que deben vivir su amor a contrarreloj sometidos a la rutina.

En mi caso particular, después del segundo libro, dejé de intentar publicar nada, por la falsedad circundante y, sobre todo, por el miedo al fracaso. Marqué distancia con el mundo literario como quien abandona una tierra falsa. Perdí, en cierta manera, mi pilar y mi esperanza: la voz. Una voz que luchaba por ser reconquistada, no sin la aventura de un paseo por el infierno.

Pero nunca dejé de escribir poesía. La Letra Perdida relata ese viaje. Una expresión del sentimiento personal pero que se transmite de forma universal: todas las personas guardan la necesidad de encontrarse a sí mismas al descubrir que muchos de los principios que regían sus vidas tienen los pies de barro. He tratado de volcar en estos versos unos referentes culturales propios de mi generación, criada en los años ochenta, que ahora ha extraviado su lugar en un futuro distinto al prometido.

Este libro trata de ser el grito de los que están perdidos, recorriendo una senda difusa, aprendiendo duramente a envejecer y a distinguir lo valioso entre las sombras: a diferenciar la copa que ofrece el veneno. Narra la historia de todos aquellos que han tenido miedo y han comprobado con humildad que cualquier punto de vista resulta una Verdad igual de válida.

No obstante, no realizamos en soledad ese viaje iniciático por el silencio, aunque tengamos la certeza de que es así: hay constantes, maestros, amigos y amores, partes de aquello primordial que nunca nos podrán arrebatar. Nos ayudan a levantarnos, a reformar nuestro yo, a ser mejores, a ser auténticos. A ser nosotros, a pesar del miedo.

Por eso, este viaje y este libro muestran que hay luz al final del túnel. Que no exista una Verdad única no implica impotencia para reconocer la falsedad. Se trata de un regreso a la pureza del mar, caminando con el amor verdadero por una avenida de tilos; una recuperación de lo bello y sencillo que sobrepasa las apariencias. Un renacer a la esperanza, dejando de ser un espectro, asimilando lo que quedó pendiente.


Del libro reproducimos dos poemas:


Desnuda como mar en el sueño.
Cálida, interminable
promesa de aventura nacida en arena y sol.
Profunda bajo las nubes de otoño.
Peligrosa bajo el viento del norte.

Rosa nueva en el mapa del ocaso
Que hiere de belleza fresca,
entre brisa y hambre.

Todo fue creado para ti.

Suspiro: siete olas
surgiendo tras tu estela,
y, a lo lejos,
mirarte
moverte;
intervalo entre silencios
y sonrisas de espuma, insistiendo suave,
crepitando contra mí.



Viene a verme un susurro
desde incontables costas
desde océanos cubiertos de bruma.

Se acerca bailando, como un latido.
Me invoca hacia lugares inconclusos,
hacia despedidas ensoñaciones,
y a calles repletas de gente ajena
que me miran y sujetan su sombrero.

Todo apesta a perfume preso y carne
ahumada. Me pregunto
si ya estuve allí, y regreso al mar:
hablo con su escarpada superficie,
con esa sinceridad de sus olas.

Nado hasta que las manos se agrietan
y los dientes falsos saben a sangre.


Datos del autor
Alicia Montesdeoca
26/11/2012
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La sociedad del cansancio Alicia Montesdeoca , 26/11/2012

La sociedad del cansancio
Ficha Técnica

Título: La sociedad del cansancio
Autor: Byung-Chul Han
Edita: Herder Editorial. Barcelona. Sexta edición, octubre de 2012
Colección: Pensamiento Herder
Materia: Filosofía
Traducción: Arantzatzu Saratxaga Arregi
Número de páginas: 80
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-254-2868-5
PVP: 12,50€


Byung-Chul Han, una de las voces filosóficas más innovadoras que ha surgido en Alemania recientemente, afirma en La sociedad del cansancio que la sociedad occidental está sufriendo un silencioso cambio de paradigma: el exceso de positividad está conduciendo a una sociedad del cansancio.

Según el autor, la resistencia solo es posible en relación con la coacción externa. La explotación a la que uno mismo se somete es mucho peor que la externa, ya que se ayuda del sentimiento de libertad. Esta forma de explotación resulta, asimismo, mucho más eficiente y productiva debido a que el individuo decide voluntariamente explotarse a sí mismo hasta la extenuación.

En el prólogo de esta edición Byung-Chul Han rememora el mito de Prometeo para buscar el paralelismo de lo que les sucede a los sujetos contemporáneos:

“El mito de Prometeo puede reinterpretarse considerándolo una escena del aparato psíquico del sujeto de rendimiento contemporáneo, que se violenta a sí mismo, que está en guerra consigo mismo. En realidad, el sujeto de rendimiento, que se cree en libertad, se halla tan encadenado como Prometeo. El águila que devora su hígado en constante crecimiento es su álter ego, con el cual está en guerra. Así visto, la relación de Prometeo y el águila es una relación consigo mismo, una relación de autoexplotación. El dolor del hígado, que en sí es indoloro, es el cansancio. De esta manera, Prometeo, como sujeto de autoexplotación, se vuelve presa de un cansancio infinito. Es la figura originaria de la sociedad del cansancio.
Kafka emprende una reinterpretación interesante del mito en su críptico relato «Prometeo»: «Los dioses se cansaron; se cansaron las águilas; la herida se cerró de cansancio». Kafka se imagina aquí un cansancio curativo, un cansancio que no abre heridas, sino que las cierra. La herida se cerró de cansancio. Asimismo, el presente ensayo desemboca en la reflexión de un cansancio curativo. Tal cansancio no resulta de un rearme desenfrenado, sino de un amable desarme del Yo.”

El autor señala que la filosofía debería relajarse y convertirse en un juego productivo, lo que daría lugar a resultados completamente nuevos, que los occidentales deberíamos abandonar conceptos como originalidad, genialidad y creación de la nada y buscar una mayor flexibilidad en el pensamiento: “todos nosotros deberíamos jugar más y trabajar menos, entonces produciríamos más”. ¿O es acaso una coincidencia que los chinos, para quienes originalidad y genialidad son conceptos desconocidos, sean los responsables de casi toda invención –desde la pasta hasta los fuegos artificiales- que ha dejado huella en Occidente? Sin embargo, esto no deja de ser para el autor una utopía inalcanzable para una sociedad en la que todos, incluso el ejecutivo mejor pagado, trabajamos como esclavos aplazando indefinidamente el ocio.


Índice


Prólogo a la sexta edición. El Prometeo cansado

La violencia neuronal
Más allá de la sociedad disciplinaria
El aburrimiento profundo
Vita Activa
Pedagogía del mirar
El caso Bartleby
La sociedad del cansancio


Datos del autor
Alicia Montesdeoca
26/11/2012
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Las mujeres y el desarrollo humano Alicia Montesdeoca , 09/11/2012

Las mujeres y el desarrollo humano
Ficha Técnica

Título: Las mujeres y el desarrollo humano
Autora: Martha C. Nussbaum
Edita: Herder Editorial. Barcelona. 2º edición, septiembre 2012
Colección: Pensamiento
Materia: Mujer y Desarrollo
Traducción: Roberto Bernet
Número de páginas: 416
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-254-3171-5
PVP: 24,90€


Las condiciones de las mujeres en el mundo, en general, ponen en tela de juicio lo que llamamos desarrollo y destapan aquellas trampas que las distintas culturas ocultan y que las discriminan, impidiendo, ese hecho, encontrar las formas de alcanzar un real desarrollo humano, que no ha de pretender basarse en la homogeneización sino que ha de considerar como punto de partida la situación de cada individuo, las realidades de cada lugar o región.

Las mujeres, dice Martha C. Nussbaum, carecen de apoyo en funciones fundamentales de la vida humana en la mayor parte del mundo. Están peor alimentadas que los hombres, tienen un nivel inferior de salud, son más vulnerables a la violencia física y al abuso sexual. Es mucho menos probable que estén alfabetizadas, y menos probable aún que posean educación profesional o técnica. Si intentan ingresar en un puesto de trabajo, deben enfrentar obstáculos mayores, incluyendo la intimidación por parte de la familia o del esposo, discriminación por su sexo en el salario y acoso sexual en su lugar de trabajo. Y todo ello sin tener recursos legales efectivos para defenderse. Obstáculos similares les impiden a menudo una participación efectiva en la vida pública. En muchas naciones, las mujeres no tienen plena igualdad ante la ley: no tienen los mismos derechos de propiedad que los hombres, ni los mismos derechos contractuales, de asociación, de movilidad, ni la misma libertad religiosa. A menudo cargadas con la “doble jornada” que deriva de las exigencias del empleo y de la responsabilidad por el hogar y por el cuidado de los niños, carecen de oportunidades para el juego y para el cultivo de sus facultades imaginativas y cognitivas. Todos estos factores tienen su costo en cuanto a bienestar emocional: las mujeres tienen menos oportunidades que los hombres de vivir libres de temores y de disfrutar de tipos más gratificantes de amor, especialmente cuando –como sucede a menudo- se las casa sin elección propia desde la niñez y carecen de amparo ante un mal matrimonio. De todas estas maneras, las desiguales circunstancias sociales y políticas dan a las mujeres capacidades humanas desiguales.

La autora en Las mujeres y el desarrollo humano defiende un feminismo universalista capaz de superar los límites del relativismo cultural. Su propuesta arranca del convencimiento de que gentes que tienen distintas maneras de entender el bien pueden alcanzar un acuerdo sobre algunos principios éticos universales que sean aplicables dondequiera que se dé una situación de desigualdad y de injusticia. A partir de su propia experiencia personal en la India y de argumentos tomados de la filosofía, la economía y el derecho, la autora propone un marco constitucional y político, respetuoso con las tradiciones y las instituciones locales, que pueda traducirse en objetivos concretos en contextos concretos. De este modo, Nussbaum muestra cómo la argumentación filosófica acerca de la justicia puede conectarse con los asuntos prácticos de la vida pública, y sienta las bases para una fundamentación ética de la ayuda al desarrollo.


Índice

Prefacio
Agradecimientos

Introducción. Feminismo y desarrollo internacional
I. Desarrollo e igualdad sexual
II. El enfoque de las capacidades: una visión general
III. El enfoque de las capacidades: Sen y Mussbaum
IV. Dos mujeres procurando prosperar
V. La India: igualdad de los sexos en teoría, no en la realidad
VI. Igualdad y diferencia

1. En defensa de los valores universales
I. La exigencia de normas transculturales
II. Tres argumentos: cultura, diversidad, paternalismo
III. Los defectos de los enfoques económicos estándar
IV. Las capacidades humanas centrales
V. Funcionamiento y capacidad
VI. Capacidades y derechos humanos
VII. Justificación e implementación; la política democrática
VIII. Las capacidades en la vida de las mujeres: un papel para la acción pública

2. Preferencias adaptativas y opciones de las mujeres
I. La preferencia y el bien: dos extremos insatisfactorios
II. Problemas con el concepto de preferencia
III. El bienestarismo. La crítica interna
IV. Preferencias adaptativas y rechazo del bienestarismo
V. Deseo y justificación
VI. La estabilidad política y la profundidad del hábito

3. Papel de la religión
I. La libertad religiosa y la igualdad de los sexos: un dilema
II. Humanistas seculares y tradicionalistas
III. Dos principios orientadores
IV. Capacidades centrales como intereses urgentes del estado
V. No-religión, establecimiento, balance
VI. Aplicando el enfoque: los tres casos
VII. Niñas y padres
VIII. Capacidades perdidas

4. Amor, cuidados y dignidad
I. Un hogar para el amor y la violencia
II. Capacidades: cada miembro de la familia como un fin
III. La familia: no “por naturaleza”
IV. La familia como producto de la acción del estado
V. La mujer como dadora de cuidados: “algo eminentemente artificial”
VI. Liberalismo político y la familia: el dilema de Rawls
VII. Enfoques de negociación y opciones de las mujeres
VIII. Dos debates en el feminismo internacional

Conclusión
Índice onomástico
Índice analítico
Bibliografía


Datos de la autora
Alicia Montesdeoca
09/11/2012
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La inteligencia en la naturaleza. Del relojero ciego al ajuste fino del universo
Ficha Técnica

Título: La inteligencia en la naturaleza. Del relojero ciego al ajuste fino del universo
Editor: Francisco Rodríguez Valls
Autores: J. Arana, S. Collado, J. L. González Quirós y otros
Edita: Biblioteca Nueva, Madrid, 2012
Colección: Fronteras
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 207
ISBN: 978-84-9940-449-3
Precio: 16 €

Nos encontramos ante un libro importante. Y lo es por varios motivos; por ejemplo, por las firmas que rubrican los ensayos que sus páginas acogen; por la temática que aborda, los múltiples aspectos que componen la relación “Naturaleza e inteligencia”; por la forma en que se tratan los temas; y, por finalizar en alguno de los motivos, por su planteamiento valiente y novedoso, pues no acude a los modelos antiguos ni modernos, sino que pretende, como lo hacen sus autores, crear un marco conceptual diferente que pueda acoger lo que hoy comenzamos a vislumbrar del universo.

Es un libro que llama al establecimiento de una nueva metafísica de la realidad a la altura de los hechos que conocemos, fomentando la transdisciplinariedad al presentar y acercar posturas, y la transdoctrinalidad, permitiendo que se oigan las diversas voces que se esconden detrás de la falsa apariencia de modelos perfectamente consolidados.

Nacido en el seno del seminario permanente “Naturaleza y libertad”, surge con la idea de ser leído y, además, criticado, porque, como afirma el editor en la Introducción, “el auténtico premio para el estudioso es la crítica y, a ser posible, la altura y la elegancia de la crítica a la que se ve sometido”.

A los participantes en este libro, se les remitió un cuestionario: “¿Contiene la naturaleza en su constitución misma o en su evolución indicios de inteligencia? ¿Existe una relación genética entre naturaleza e inteligencia, en el sentido de que la primera ha sido generada por la segunda, o la segunda por la primera, o ambas cosas a la vez, o bien ninguna de ellas? ¿Qué tipo de relación existe entre la inteligencia humana y la que puede ser atribuida a la naturaleza en algún sentido?” Además, se les indicó que “más que contribuciones eruditas y meramente expositivas del estado de la cuestión, nos interesan tomas de postura personales, en la medida de lo posible fundamentadas y argumentadas”, planteamientos previos a los que los autores procuran someterse.

Se compone la obra de trece ensayos, firmados por un variado y sólido plantel de especialistas que ya permiten vislumbrar el alcance del libro.

Juan Arana, quien imparte clases de Filosofía en la Universidad de Sevilla, es el autor del primer trabajo, que lleva por título La metáfora del relojero ciego: virtudes y límites. Ya el título nos indica que tratará sobre el zoólogo Richard Dawkins, de quien se podría decir, con Schrödinger, que está demasiado interesado en la religión para ser un verdadero ateo y del que resume su peripecia intelectual hacia el ateísmo militante que profesa. Para Dawkins, según Arana, la inteligencia no está ni dentro ni fuera de la naturaleza hasta la aparición de los primeros animales inteligentes, con lo que se puede concluir la que naturaleza es tonta y, en su visión cósmica, la inteligencia nunca es genuina, sino siempre un simulacro. Explica Arana que se puede concluir de los planteamientos del zoólogo británico, que la selección natural es necia, puesto que actúa al margen de la inteligencia, y analiza las posturas de creacionistas y defensores del diseño inteligente (recordar la obra de L. Sequeiros, El diseño chapucero), para ofrecer una visión panorámica, un status quaestionis, de los distintos enfoques sobre el tema. Así, nos aparecen nombres como Behe, Dembski, Gould, Eldredge, Margulis, Kimura, etc. Finalmente, expone Arana su argumentación y conclusión: aun suponiendo que la selección natural cumple a la perfección todas las misiones que Dawkins le ha encomendado, ni aun así, se produciría un eclipse definitivo de la inteligencia.

La inteligencia del diseño inteligente es el título del segundo ensayo de la obra. Lo firma Santiago Collado, profesor de Filosofía en la Universidad de Navarra. Comienza afirmando que tratar de comprender el Intelligent Design es un esfuerzo complejo, que requiere conocer factores históricos y consideraciones de carácter epistemológico; tiene este movimiento unas connotaciones ideológicas, científicas, religiosas e, incluso, políticas que dificultan el caracterizarlo de una manera ponderada. El ensayo de Collado ofrece algunos elementos importantes, a su juicio, en la aparición y actual estado del debate en torno al ID, con énfasis en los aspectos gnoseológicos del problema. Tras considerar lo que de común tienen sus defensores con los creacionistas (tratar de romper la dictadura intelectual que el naturalismo ha impuesto a la ciencia), explica cómo los componentes del ID tratan de asegurarse de que sus tesis están basadas únicamente en argumentos de carácter científico y pueden considerarse un escalón más dentro de la tensión, permanente en la historia, entre teísmo y ateísmo, haciendo un recorrido a través del tiempo acerca del concepto de finalidad aplicado a la creación, pues es la que supone una inteligencia. Entre los más destacados defensores del diseño inteligente, estudia a Michel Behe y, sobre todo, a William Dembski, del que analiza sus tres nociones clave: la contingencia, la complejidad y la especificación, probablemente la más original de las tres, aunque no es quien primero la formula. Atribuye al enfoque mecanicista de la ciencia en el que se apoyan los miembros de este movimiento, el problema al que se enfrentan, aunque les atribuye el ser un auténtico y serio desafío al neodarwinismo materialista, y mostrar una baja estima de la filosofía. Tras aclarar que Dembski no trata de demostrar a Dios, sino únicamente determinar la necesidad de la actuación de una causa inteligente, concluye con este párrafo: “Se trata de una caracterización de la inteligencia que pretende ser matemática, formal y, consiguientemente, una definición que en realidad es externa a la inteligencia”.

El profesor de Filosofía de la Universidad Juan Carlos I, José Luis González Quirós, es el autor del tercero de los ensayos de la obra, que titula ¿Podemos ir más allá de Aristóteles en relación con la idea de inteligencia? Arranca con una cita de la Metafísica aristotélica para afirmar que la idea de inteligencia es especialmente confusa y circular; ¿por qué?, “porque tendemos a hacernos una representación de la inteligencia que es una especie de reflejo de aquello que ella entiende, de los objetos que se ocupa. Olvidamos preguntarnos por el acto mismo del entender”. ¿Qué dice Aristóteles? González Quirós nos propone seis aportaciones esenciales: la primera, que el saber, que es el producto de la inteligencia, se refiere a algo, tiene un carácter transitivo; la segunda, que el saber es algo que los hombres desean porque es un bien natural; la tercera, que el amor a los sentidos es un testimonio del deseo de esos otros tipos de saber que no se reducen a la sensación; la cuarta, que la sensación da lugar a formas de memoria y que los animales carecen, en cierta forma, de ella; la quinta, que, además de la sensación y de la memoria, los hombres disponemos del arte y el razonamiento; y, finalmente, la sexta, que el saber que no se limita a la utilidad tiene un tipo superior de calidad y solo puede alcanzarse en determinadas condiciones. Esto es lo que dijo Aristóteles, pero, ¿qué no dijo? El autor se detiene ampliamente en este punto, destacando que el saber humano es primordialmente verbal, lo que implica que nuestra inteligencia está limitada. Incluye referencias a Epicuro, San Agustín, Descartes y, finalmente, a Kant, de quien recoge esta observación: “estamos en condiciones de plantear cuestiones que no está a nuestro alcance resolver, entre otras, seguramente, la que se refiere a la naturaleza precisa y última de nuestra condición intelectual”.

Javier Hernández-Pacheco, profesor de la Universidad de Sevilla, especializado en historia de la filosofía contemporánea, firma el cuarto ensayo de esta obra: La emergencia de la reflexión. Sobre la idea romántica de la naturaleza. Parte de un texto de Novalis y de la imagen habitual de que la naturaleza es un libro que nos ofrece variadas lecturas; una variedad que ha ido cambiando a lo largo de la historia, con referencias a Laplace, Buffon e, incluso, al mercantilismo, con Cantillon, Quesnay, Turgot y Adam Smith, pasando por Goethe, Fichte, Hegel o Kant. Habla de un cambio de paradigma: “La idea de que la naturaleza no es simple resultado de la composición de partes analíticamente accesibles al bisturí o al ciclotrón; de que más bien es el despliegue de una fuerza original que organiza la materia al no dispersarse en sus efectos sino al mantenerlos en una identidad refleja; la idea pues de que esa original fuerza reflexiva no se agota sino que precisamente se refuerza en su ejercicio; la idea por fin de que la naturaleza es lo que desde sí crece, y de que tiene esencialmente que ver con eso que llamamos libertad: todo eso es algo de lo que no podemos prescindir en cualquier intento de comprensión de fenómenos naturales”. Finalmente, se plantea el enfrentamiento o complementariedad de ciencia y filosofía: “ciencia, sin filosofía del espíritu, es ciega; especulación, sin experimentación, medición y método, está vacía”.

La relación de semejanza como principio de inteligibilidad de la naturaleza es el título del quinto ensayo, que firma el catedrático de Filosofía de la ciencia de la Universidad de Valladolid, Alfredo Marcos. En su trabajo, pretende dar respuesta a las siguientes cuestiones: “¿Contiene la naturaleza en su constitución misma o en su evolución indicios de inteligencia? ¿Existe una relación genética entre naturaleza e inteligencia, en el sentido de que la primera ha sido generada por la segunda, o la segunda por la primera, o ambas cosas a la vez, o bien ninguna de ellas¿ ¿Qué tipo de relación existe entre la inteligencia humana y la que puede ser atribuida a la naturaleza en algún sentido?” Alfredo Marcos toma claramente postura respecto a estas tres cuestiones, tratando de argumentar solo la tercera; sobre ella, manifiesta claramente: “Entiendo que no se da un relación entre dos inteligencias, una humana y otra natural, pero sí una relación de intelección entre el ser humano inteligente y la naturaleza inteligible” y se pregunta por esta relación de intelección y sus condiciones, deteniéndose, especialmente, en el pensamiento de Goodman, asumiendo su crítica a la rehabilitación de la semejanza. Así, pues, aborda la cuestión de la semejanza y su presunto valor para la intelección de la naturaleza y su articulación con las nociones de identidad y diferencia, basándose su argumentación en la distinción aristotélica entre el punto de vista físico y el lógico; sostiene que existe cierta distancia y también cierta conexión entre ambos planos (el físico y el lógico) y que este tipo de relación se da gracias a la semejanza, no entendida esta de un modo estático y monolítico, como algo simplemente dado. Y concluye: “ [La semejanza] funciona como un principio de inteligibilidad de la naturaleza en un doble sentido: como relación posible entre los seres naturales, actualizada a veces por el intelecto humano, y como relación entre dicho intelecto y la propia naturaleza”.

Sexto capítulo: Inteligencia y naturaleza desde el emergentismo de Karl Popper; lo firma José María Molina, doctor en Filosofía y Bachellor en Artes Liberales (Economía). Es un ensayo corto, pero muy claro. Parte de la idea de que la pregunta sobre qué nació primero, naturaleza o inteligencia, conduce a la cuestión clásica sobre la relación existente entre la mente y el cuerpo en el ser humano. Viniendo a Popper, afirma que aparenta contemplar todo lo que existe como el resultado de un proceso evolutivo guiado por el principio darwinista de mutación más selección natural, aunque al final, en sus postreras obras, deja abiertas las puertas a una causalidad fuera de la propia naturaleza. Afirma: “Popper era un darwinista convencido, pero esto no le impidió advertir que, ni el darwinismo, ni ninguna otra teoría evolucionista explican las características únicas de la persona humana”; Popper reconoce que no sabemos explicar la emergencia de la mente y que la evolución no es la explicación última, aunque esto no equivalga a abrir otras posibilidades.

El problema del soporte físico de la sensibilidad-conciencia es el título del capítulo séptimo, firmado por el jesuita, catedrático de la Universidad de Comillas y profesor titular en la Autónoma de Madrid, Javier Monserrat. Se trata de un ensayo redactado con claridad y metodología pedagógica, capaz de exponer, en tan corto número de páginas, un condensado resumen del tema que aborda: cómo del mundo físico pudo entrar en el mundo psíquico o, mejor, psicobiofísico. Tras un resumen de la evolución de la ciencia física, se centra en el epígrafe Un universo clásico/cuántico y una neurología clásico/cuántica, en el que se avisa de que solo existe un tipo de materia cuyas propiedades radicales son cuánticas y que una visión clásica de las ciencias humanas conduce inevitablemente a la neurología clásica, mientras que una visión heurística de la ciencia conduce a la moderna neurología cuántica. El siguiente epígrafe lo titula El mundo mecanoclásico y la neurología macroscópico-clásica; en él, se explica cuál es el soporte físico del psiquismo en una concepción clásica del universo, constituido por nuestra experiencia macroscópica, que llevó a considerar al mundo microfísico como una reproducción a escala del macroscópico; en estas líneas, explica la evolución de este planteamiento, con la aparición incluida del azar y del caos, explicando cómo funciona, en esta línea, la neurología clásica. El mundo mecanicocuántico y la génesis evolutiva del mundo clásico constituye el siguiente epígrafe, donde expresa que debe existir una teoría armónica sobe la emergencia del mundo clásico desde un mundo primordialmente cuántico, explicando los dos tipos de materia, la bosónica y la fermiónica. Continúa con el epígrafe La mecánica cuántica y la neurología cuántica, definiendo esta última como “la investigación sobre las propiedades cuánticas más primordiales de la materia con el fin de relacionarlas con el sistema neuronal a fin de establecer un adecuado ‘soporte físico’ para explicar el contenido de las propiedades fenomenológicas del psiquismo”. Una neurología que apunta heurísticamente a la hipótesis de que estas propiedades psíquicas pudieran tener su origen en las propiedades primordiales de la materia cuántica, deteniéndose especialmente en la hipótesis Hameroff-Penrose. Concluye tan excelente trabajo con el epígrafe Proyección metafísica del nuevo holismo psicobiofísico, en el que abre la puerta a una metafísica tanto agnóstica como teísta.

Se llega, así, al octavo capítulo, Evolución, naturaleza e inteligencia: ¿para qué sirve una emoción?, firmado por Francisco Rodríguez Valls, profesor titular de Filosofía en la Universidad de Sevilla y editor de esta obra. El planteamiento de su trabajo se realiza con la siguiente cuestión: “¿Tienen alguna función relevante las emociones en la vida de los seres humanos o son impulsos animales que obscurecen la claridad de la luz de la razón y que, en consecuencia, estarán ausentes cuando la evolución nos libere de sus garras y convierta a los humanos en una deseada especie parecida a la del vulcaniano Mr. Spock?” El autor hace un detenido análisis de la cuestión, para concluir que el mecanismo de las emociones puede entenderse como un conjunto de respuestas corporales complejas y automáticas de percepción, evaluación e impulso para la acción que permite la gestión de la vida a nivel inconsciente y que puede ser explicado a través de las leyes evolutivas. Es cierto que la aparición de la mente consciente dotó de mayores ventajas adaptativas a nuestra especie, pero la aparición de este nuevo sistema contribuyó a la retroalimentación del primer sistema, el de las respuestas filogenéticas. Ambos sistemas, al carecer de una articulación entre ellos, pueden entrar en conflicto, pero no son susceptibles de funcionar autonómamente, pues la gestión de la vida humana los necesita a los dos. Por lo que concluye su tan interesante como ameno ensayo con estas líneas: “actuar como Mr. Spock, sin sentimientos y apelando a la lógica, está lejos de ser posible en seres biológicos como los humanos. Las emociones son imprescindibles en la gestión de la vida de seres de carne y hueso como nosotros”.

El multiverso y el ajuste fino de las leyes de la naturaleza es el título del noveno capítulo de la obra, firmado por Francisco José Soler Gil, investigador Ramón y Cajal en la facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla y miembro del grupo de investigación de astrofísica de partículas de la Universidad de Dortmund. “¿Contiene la naturaleza en su constitución misma o en su evolución indicios de inteligencia? ¿Existe una relación genética entre naturaleza e inteligencia, en el sentido de que la primera ha sido generada por la segunda, o la segunda por la primera, o ambas cosas a la vez, o bien ninguna de ellas? ¿Qué tipo de relación existe entre la inteligencia humana y la que puede ser atribuida a la naturaleza en algún sentido?” Con estas mismas preguntas (en realidad, hechas a todos los participantes en la obra) que ya comentamos en el quinto capítulo, arranca el autor su comentario, aunque, en esta ocasión, fijándose más en las dos primeras de las cuestiones. Soler Gil presenta su postura personal en el tema. Dando por buena la intuición general de que la inteligencia humana ha surgido de algún modo a lo largo del proceso evolutivo, así como la de que dicha inteligencia no puede darse sin el soporte del cerebro, parece evidente que se da una relación genética entre naturaleza e inteligencia, una relación que se traduce en la conclusión de que la inteligencia es un producto de la naturaleza material; pero, hay motivos suficientes para pensar que la propia naturaleza es producto de una inteligencia. ¿Contiene la naturaleza en su constitución misma o en su evolución indicios de inteligencia? Según el autor, si nos ocupamos de la estructura de las leyes mismas de la naturaleza en lugar de ocuparnos de la estructura y funciones de los vivientes, se concluiría que las leyes de la naturaleza no pueden ser el resultado de ningún juego de azar y selección, sino que constituyen las reglas básicas de tal juego. Es más: “el estudio de estas leyes podría llevarnos a la conclusión de que la inteligencia no es tan solo un producto de la naturaleza, sino, también, un presupuesto de la misma”. Analiza Soler Gil, en este apasionante y corto texto, el multiverso, al que no considera una hipótesis, sino que diversos físicos y cosmólogos han propuesto toda una gama de multiversos posibles; estudia especialmente el multiverso matemático y considera que todos ellos o son demasiado grandes o demasiado pequeños para explicar el modo de ser de las leyes de la naturaleza en nuestro mundo, lo cual “abre la posibilidad de que el diseño cósmico no sea tan solo aparente, sino real. Y, en consecuencia, abre la posibilidad de que la naturaleza no solo sea generadora de inteligencia, sino también producto de la inteligencia”.

Décimo capítulo: ¿Deus sive Natura? Sobre los máximos sistemas metafísicos en la genealogía óntica del problema mente-cerebro es su título y su autor Pedro Jesús Teruel, profesor de Antropología en la Universidad CEU Cardenal Herrera. Teruel utiliza aquí el viejo sistema del diálogo para exponer su planteamiento; un diálogo que viene precedido de otros anteriores en unas divisiones que denomina Jornadas; en la primera, los tertulianos Punsetio, Simplicio y Sagredo, trataron del monismo nouménico, un diálogo sobre los máximos sistemas en filosofía de la mente, con una introducción del autor para justificar el empleo del método coloquial; en la segunda, examinaban la problemática a la luz de la teoría evolutiva; y en la tercera, enfocaban las condiciones de posibilidad de la autoconciencia reflexiva, a la luz de la relación interdisciplinar entre el método trascendental, la biología evolutiva y la física cuántica. Y, en esta cuarta Jornada, su contribución a esta obra, se atiende expresamente a lo señalado en el título. Y arranca con las siguientes líneas: “Tomarse en serio la dinámica evolutiva implica, por un lado, reconocer que nuestras capacidades cognitivas se hallan enraizadas en la filogénesis como fenómeno global” y, más adelante, “tomarse la evolución en serio significa reconocer, al menos dos cosas. Primera, que las capacidades cognitivas se han desarrollado al hilo de una dinámica natural (…) cuya estructura básica resulta inteligible gracias a las nociones de transmisión genética, mutación, selección natural y plasticidad fenotípica en el contacto con las presiones del ecosistema circundante y con la evolución cultural (…) [Y segunda] que, no obstante la gradualidad evolutiva del proceso, a lo largo de esa dinámica han aparecido características que en cuanto tales se encontraban por completo ausentes de la estructura biológica de partida”. Y, a partir de aquí, continúa el diálogo entre los participantes, que se convocan para una nueva Jornada.

El undécimo capítulo se titula ¿Es la moral una propiedad natural de la inteligencia? Y lo firma Jorge Úbeda, doctor en Filosofía, co-fundador, director académico y profesor propio de la Escuela de Filosofía (Madrid). Úbeda da por sentado que, por su propia naturaleza, ningún ser humano se convierte en un ser moral, sino que, para ello, necesita algún tipo de educación. ¿Cuál es la relación entre inteligencia, moral y naturaleza? El autor nos hace una triple advertencia; primera: no está claro cuál es la naturaleza propia de la conducta moral, pues, en ocasiones parece una intervención en el curso natural de los acontecimientos, mientras que, en otras, parece una continuidad habitudinal en ese mismo curso; segunda: la conducta moral necesita una serie de condiciones naturales que tienen que ver con la inteligencia humana; y, tercera: la conducta moral, vista desde las consecuencias, consiste, en cualquier caso, en una intervención en el curso de las acciones, lo que puede acarrear consecuencias sobre la naturaleza misma de los agentes y los pacientes de la acción. Tras su análisis, Jorge Úbeda llega a las siguientes conclusiones: “La moral no es una propiedad natural de la inteligencia. Es el resultado de una respuesta de la inteligencia frente a determinados acontecimientos (…) La moral, además, se sedimenta institucionalmente en dichos y hechos a partir de los cuales el ser humano se abre a los acontecimientos. Pero este sedimento institucional, que a veces parece algo natural, necesita una actualización fáctica a través de los acontecimientos que la perturben y la obliguen al cambio”.

Inteligibilidad y naturaleza: las huellas cosmológicas de la “racionalidad materializada” es el título del duodécimo capítulo, firmado por Héctor Velázquez Fernández, doctor en Filosofía y Letras y profesor de Filosofía de la ciencia en una Universidad Panamericana (México). Nos explica cómo hay quienes quieren ver en la ciencia un modelo de racionalidad, de tal manera que sirva de parámetro para considerar científicos o no otros ejercicios racionales. Su trabajo se centra en analizar los planteamientos de Mariano Artigas, para quien “el estudio contemporáneo de la naturaleza revela que la tradicional visión reduccionista no tendría asidero ya en la ciencia; y en cambio se mostraría como una propuesta filosófica que debería discutirse en el torno propio de la filosofía”. En tal sentido, en este ensayo, Velázquez Fernández repasa los elementos más destacados de la propuesta de Artigas, para quien la ciencia no es un modelo de racionalidad, sino un ejercicio más de la razón humana, con una metodología, principios y valores coincidentes con varios de los elementos del conocimiento ordinario. Aunque en el pensamiento de Artigas, “el universo nos es transparente, no porque las categorías mentales lo hayan iluminado solipsístamente, sino porque los patrones de agregación de las realidades materiales, previas al conocimiento, nos presentan a la mente un mundo coordinado, integrado, inteligible, racional”. Y concluye: “si la naturaleza misma no fuera racionalidad materializada, la racionalidad humana sería incapaz de distinguir entre la ensoñación y la fantasía, entre la vigilia y la pesadilla, entre la verdad y su ficción”. Interesante aportación a este tema, en un ensayo no largo, pero sí denso y de notable claridad.

Finalmente, el último capítulo de la obra: ¿Es inteligente la naturaleza? El sentido de la pregunta y alguna respuesta con sentido, del que es autor José Domingo Vilaplana Guerrero, profesor de Filosofía y jefe del departamento de Filosofía del IES “Campo de Tejada”, en Paterna del Campo (Huelva). Redactado en un estilo muy accesible y progresivamente explicativo, parte el autor de una frase popular ampliamente aceptada: “la naturaleza es sabia”. A partir de ahí, Vilaplana explica cómo suponer una inteligencia en la naturaleza es concederle intencionalidad; pero, también advierte de que proyectamos nuestra propia experiencia, la de sentirnos intencionales, sobre la ella. Aclara que una inteligencia supone una autonomía, que divide en extrínseca (la que tiene, p.e., una máquina) o intrínseca, que la tiene por sí misma; la primera, lógicamente, supone un diseñador. Aludiendo a Hawking, quien afirma que nuestra presencia “selecciona” de entre los universos posibles “este” universo, que es el que podemos conocer, llega a la siguiente conclusión: “¿Es pues inteligente la naturaleza? En cierto modo, entiendo, con Parfit, que se trata de una pregunta vacía, es decir, una pregunta a la que es imposible responder desde cualquier perspectiva, clásica, realista o idealista”. En suma, un muy bien razonado planteamiento, de lectura recomendable.

Resumiendo, podemos afirmar que La inteligencia en la naturaleza es una obra de viva actualidad; la categoría intelectual de quienes firman su contenido nos ofrece las garantías de rigor. Un rigor que, sin embargo, se presenta redactado en un lenguaje accesible, ameno en ocasiones, que nos presenta una visión múltiple del tema, tratado desde diferentes puntos de vista. Lo que hace de ella un elemento del mayor interés.

Índice

Presentación, por Francisco Rodríguez Valls
La metáfora del relojero ciego: virtudes y límites, por Juan Arana.
La inteligencia del diseño inteligente, por Santiago Collado.
¿Podemos ir más allá de Aristóteles en relación con la idea de inteligencia?, por José Luis González Quirós.
La emergencia de la reflexión. Sobre la idea romántica de la naturaleza, por Javier Hernández-Pacheco.
La relación de semejanza como principio de inteligibilidad de la naturaleza, por Alfredo Marcos.
Inteligencia y naturaleza desde el emergentismo de Karl Popper, por José María Molina.
El problema del soporte físico de la sensibilidad-conciencia, por Javier Monserrat.
Evolución, naturaleza e inteligencia: ¿Para qué sirve una emoción?, por Francisco Rodríguez Valls.
El multiverso y el ajuste fino de las leyes de la naturaleza, por Francisco José Soler Gil.
¿Deus sive natura? Sobre los máximos sistemas metafísicos en la genealogía óntica del problema mente-cerebro, por Pedro Jesús Teruel.
¿Es la moral una propiedad natural de la inteligencia? Por Jorge Úbeda.
Inteligibilidad y naturaleza: las huellas cosmológicas de la “racionalidad materializada”, por Héctor Vázquez Fernández.
¿Es inteligente la naturaleza? El sentido de la pregunta y alguna respuesta con sentido, por José Domingo Vilaplana Guerrero.

Notas biográficas de los autores.

Juan Antonio Martínez de la Fe
08/11/2012
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Comentarios

En deuda Alicia Montesdeoca , 05/11/2012

Una historia alternativa de la economía


En  deuda
Ficha Técnica

Título: En deuda
Autor: David Graeber
Edita: Editorial Ariel. Barcelona. Primera edición, septiembre de 2012
Traducción: Joan Andreano Weyland
Colección: Ariel
Materia: Economía
Número de páginas: 720
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 978-84-344-0489-2
PVP: 25,90 €


Para David Graeber, “hay razones evidentes por las que estamos en un momento especialmente importante para rexaminar la historia de la deuda. En septiembre de 2008 asistimos al comienzo de una crisis financiera que accionó los frenos, chirriando, de casi toda la economía mundial. En ciertas maneras lo hizo: los barcos dejaron de surcar los océanos, y miles de ellos acabaron en dique seco. Se desmantelaron grúas porque ya no se construían más edificios. Los bancos dejaron prácticamente de conceder préstamos. A la estela de todo esto hubo no sólo rabia y perplejidad generales, sino el comienzo de un auténtico debate público acerca de la naturaleza de la deuda, del dinero y de las instituciones financieras que han acabado teniendo el destino del mundo en sus manos.”

En Deuda el autor narra una historia alternativa a la aparición del dinero y los mercados, y analiza cómo la deuda ha pasado de ser una obligación económica a una obligación moral. Si bien desde el inicio de los primeros imperios agrarios, los humanos han usado elaborados sistemas de crédito para vender y comprar bienes, antes incluso de la invención de la moneda, hoy por primera vez, transcurridos 5000 años, nos encontramos ante una sociedad dividida entre deudores y acreedores, con instituciones erigidas con la voluntad única de proteger a los prestamistas.

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, dice Graeber, -al menos de la historia de los Imperios y los Estados- se ha dicho a la mayoría de los seres humanos que eran deudores. Los historiadores, y sobre todo los especializados en historia de las ideas, se han mostrado extrañamente reacios a analizar las consecuencias humanas; sobretodo teniendo en cuenta que esta situación, más que ninguna otra, ha causado continuos ultrajes y resentimientos”.

Durante miles de años, la lucha entre ricos y pobres ha tomado en gran parte forma de conflictos entre acreedores y deudores, de discusiones acerca de las ventajas e inconvenientes del pago de intereses, de la servidumbre por deudas, condonaciones, restituciones, recuperaciones, confiscaciones de ganado, apropiaciones de viñedos y venta de los hijos del deudor como esclavos. Por la misma razón, durante los cinco mil años, y con una regularidad notable, las insurrecciones populares han comenzado de la misma manera: con la destrucción ritual de los registros de deudas (tablillas, papiros, libros, cualquier forma que tomaran en las diferentes épocas y lugares).

“Nuestra tendencia a olvidar esto, sigue Graeber, es aún más peculiar cuando se tiene en cuenta cuánto de nuestro lenguaje moral y religioso contemporáneo surgió originalmente de estos conflictos. Términos como “ajuste de cuentas” o “redención” son los más obvios, dado que surgen directamente del lenguaje de las antiguas finanzas. En un sentido más amplio, se puede decir lo mismo de culpa, libertad, perdón e incluso pecado. Las discusiones acerca de quién debe realmente qué a quién han jugado un papel esencial en la formación de nuestro vocabulario básico de lo que está bien o mal.”

Para el autor, lo que se advierte a través de la historia de la deuda es una profunda confusión moral caracterizada, en general, por dos premisas básicas: “devolver un dinero prestado es simplemente un asunto de moralidad y todo aquel que tenga por costumbre prestar dinero es un malvado”.

Las preguntas que trata de responderse en este libro son pues: ¿qué significa exactamente decir que nuestro sentido de la moral y la justicia se reduce al lenguaje de un contrato económico? ¿Qué significa que reducimos nuestras obligaciones morales a deudas? ¿Qué cambia cuando unas se convierten en las otras? ¿Y cómo hablar acerca de ellas cuando nuestro lenguaje está tan modelado por el mercado?

“El factor crucial, y un tema que se explorará a fondo en estas páginas, es la capacidad del dinero de convertir la moralidad en un asunto de impersonal aritmética, y al hacerlo, justificar cosas que de otra manera nos parecerían un ultraje o una obscenidad”.

Por otra parte, “La manera en que la violencia, o la amenaza de violencia, convierte las relaciones humanas en matemáticas surgirá una y otra vez en las páginas de este libro. Es la fuente definitiva de confusión moral que parece flotar sobre todo lo que rodea a la deuda. Los dilemas resultantes parecen tan viejos como la propia civilización”.
Este libro es, pues, una historia de la deuda, pero emplea también esa historia para preguntarse cuestiones fundamentales acerca de cómo son o cómo podrían se el ser humano y la sociedad, qué debemos a los demás y qué significa realmente esa pregunta.

Para alcanzar esos objetivos, comienza la obra con un intento de desinflar algunos mitos sobre las relaciones de intercambio que le lleva a la cuestión: si no intercambio ¿qué? Para dar respuesta a esta pregunta, el autor se apoyará en la antropología y trazará un esbozo de la base moral de la vida económica; luego regresa a la cuestión de los orígenes del dinero y demuestra que el principio del intercambio surgió en gran medida como efecto de la violencia.

El capítulo 8 recoge la historia de los últimos cinco mil años de deuda y crédito, con grandes alternancias entre épocas de dinero virtual y físico. “Muchos de nuestros descubrimientos son completamente inesperados: de los orígenes de las modernas concepciones de los derechos y libertades en antiguas leyes de esclavitud a los orígenes del capital inversor en el budismo de la China medieval, al hecho de que muchos de los argumentos más famosos de Adam Smith parecen haber sido plagiados de las obras de teóricos del libre mercado de la Persia medieval)”

Todo esto, concluye Graeber, prepara el escenario para un enfoque nuevo a los últimos quinientos años, dominados por imperios capitalistas, y nos permite al menos comenzar a preguntarnos qué está en juego hoy en día.


Índice

Capítulo 1. De la experiencia de la confusión moral
Capítulo 2. El mito del trueque
Capítulo 3. Deudas primordiales
Capítulo 4. Crueldad y redención
Capítulo 5. Breve tratado sobre las bases morales de las relaciones económicas
Capítulo 6. Juegos con sexo y muerte
Capítulo 7. Honor y degradación, o las bases de la civilización contemporánea
Capítulo 8. Crédito contra lingote y los ciclos de la historia
Capítulo 9. La Era Axial (800 a.C.-600 d.C.)
Capítulo 10. La Edad Media (600-1450)
Capítulo 11. La era de los grandes imperios capitalistas (1450-1971)
Capítulo 12. (1971 – Inicio de algo aún por determinar)

Notas
Bibliografía
Índice temático


Datos del autor
Alicia Montesdeoca
05/11/2012
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Editado por
Alicia Montesdeoca
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