|
quita la máscara de ahí deja el aroma
familiar afuera la casa la tormenta el balcón donde dormía el padre hacia poniente el río lento espeso como una venda negra cielo abajo quita el mueble marrón la colcha fría las flores de papel añade el extranjero mientras buscas la fecha tus tendones de sal se incrustan en la noche * en los hombros se rompe el deseo hasta que el cielo pasa * contraído encubierto con astillas de vidrio hundidas en la nuca sin llegar más allá de la mitad del cielo esperas otra música en la detonación de un pájaro de lata * asolados en cercas paraíso y temor alcanzan sueños trampas de agua en cielo frío armado el becerro de lengua negra sella sus duras condiciones palpita de la boca a la vena con su huella de humo un terco amor rodea sufrimientos fechas horas tajadas limpias y aunque es de noche todos los gatos son santos. EntrevistasLa poeta Julieta Valero concibe la escritura como una búsqueda a través del lenguaje, una búsqueda tanto poética como vital. En ese camino, lo afectivo juega un papel clave, es la base de la dialéctica que vertebra e impulsa la creación. Otro papel importante es el del extrañamiento: la tensión que nos hace ver lo extraordinario o lo infraordinario en lo cotidiano. Para Valero, la coherencia que otorgan el ritmo y la respiración a los poemas, así como la subjetividad y la imaginación, hacen que la poesía intensifique la vida. Por Yaiza Martínez.
Yaiza Martínez: En los últimos siete años, has publicado tres poemarios, ¿de qué manera construyes tus poemas y cada uno de tus libros?
Julieta Valero: Los poemas siempre están hechos de vida y de lenguaje. En ese cruce, mi actitud consiste en una búsqueda tanto poética como vital. Utilizo toda mi conciencia constructiva, un principio de exploración, intentando no repetir retóricas o lugares que ya conozco. En términos poéticos, tratando de evitar la comodidad. Concibo la escritura como una búsqueda a través del lenguaje. En el caso de los poemarios, el principio de trabajo es básicamente el mismo que el de los poemas, salvo que los poemarios parecen constituir superestructuras que existen incluso antes de que yo empiece a verlas. En este sentido, trabajo acumulando textos y en esta acumulación emergen derivas. En definitiva, tengo la sensación de que cuando tengo cierto número de poemas, éstos empiezan a arrojar una estructura que surge del material acumulado. YM: ¿Cómo se entrecruzan en tu creación poética vida y lenguaje? JV: Creo que la producción de poesía no es disciplinable. Pero es verdad que yo me he pasado la vida disciplinándome para la poesía, porque creo que para que ésta se dé tienes que generar un espacio, detenerte, de tal forma que lo poético sea posible. Hay que deshacerse de ruidos, leer, y esperar. La poesía es un ejercicio de atención y de detenimiento. YM: En tu obra parece producirse un enlace de lo individual con lo colectivo, tanto con los seres amados como con lo social. ¿Cómo percibes ese nexo con los otros y de qué manera se refleja en tu poesía? JV: Esa relación, el viaje de ida y vuelta a los otros, es una dialéctica que pone en movimiento la propia vida, una dialéctica permanente y crucial porque creo que en ella te juegas la salud mental. Además, creo que esa relación o dialéctica resulta incluso trascendente. Eduardo Milán dice en uno de sus versos que “la eternidad es un vínculo”. Suscribo totalmente esa afirmación: para mí la eternidad es lo afectivo. Yo vivo el ejercicio poético desde ese lugar. Por otro lado, en la poesía concebida de un modo ontológico, que es donde creo que yo me sitúo como poeta, la relación entre el yo y los otros resulta ser un motor clave. YM: ¿Dirías entonces que la poesía siempre lleva implícito un componente social? JV: Lo lleva siempre en el sentido de que, como dice Jordi Doce, lo personal siempre es político y lo político siempre es cosa de personas. En “Autoría”, por ejemplo, exploré todo lo que tiene que ver con la identidad. Esta exploración tenía sentido desde la sensación de que sólo asumiendo lo colectivo se puede conjugar el espacio de lo personal. Al mismo tiempo, la escritura de este poemario partió de la percepción de que la autoobservación era necesaria para evitar caer en lo tribal. Sólo desde la subjetividad, desde la intimidad, puede trasladarse con autenticidad lo que uno hace a los otros. Por otro lado, creo que la poesía es social en sí misma e individual en sí misma. En lo que no se puede caer es en la tematización de los poemas: el factor social de la poesía debe partir del manejo del lenguaje mismo. La poesía es un hecho del lenguaje, no una máquina de lanzar consignas. Es en esa construcción en el lenguaje, en esa tensión frente a los poderes que uno mismo genera y frente a los externos, donde empieza la verdadera actitud revolucionaria. YM: En tus libros aparecen abundantes citas, me da la sensación de que estableces así un diálogo con otros poetas. JV: En general, al principio utilizaba las citas como homenaje. Posteriormente, ha habido una evolución, he pasado a usar más las citas como generadoras, a utilizar citas que han tenido mucho que ver en la creación de los poemas en las que han sido ubicadas. Ahora mismo, me interesa el uso de las citas incorporadas a los textos como formando un hipertexto no tecnológico, un collage. Creo que con el uso de Internet se están desdibujando las fronteras de la autoría, en el mejor sentido de la palabra. En este contexto, me interesa mucho la utilización de textos ajenos para incorporarlos, mezclarlos con otras cosas, para producir algo nuevo; la posibilidad de jugar en un territorio de nadie y de todos. Creo que las nuevas tecnologías nos están cambiando la forma de leer y de escribir, que están modificando nuestro interior. YM: Un aspecto que me llama la atención de tus poemarios es que éstos parecen tener una “intención narrativa” en dos sentidos: por un lado, muchos de tus poemas despliegan relatos, cuentan historias. Incluso tus versos son largos y descriptivos, constituyen casi una prosa poética. Por otro lado, los poemarios como un todo ofrecen interpretaciones de aspectos abstractos de la existencia (como cuando en narrativa se tratan temas subyacentes y también abstractos como la libertad o la traición… por poner un par de ejemplos). Esta característica de tu poesía me interesa mucho, por lo que me gustaría preguntarte si elaboras tus poemarios alrededor de estos temas, digamos a priori, o, por el contario, crees que los poemas, según salen, van girando como imantados alrededor de núcleos semánticos específicos. JV: Es verdad que la tematización a priori es un demonio poético para mí, porque puede falsear la escritura, por ejemplo, si se quiere hablar de lo bulímica que es la sociedad moderna o sobre las flores en primavera. Esta tematización me parece una especie de losa sobre el poeta. Como yo escribo para intensificar mi vida, en un sentido muy simple y práctico, no me interesa que el poema refleje la vida, sino que el poema suceda como otras cosas de la vida. Sin embargo, sí es cierto que sí puede darse un eje que atraviese el texto y que acabe formando unas directrices, desde dentro hacia fuera. Creo que ese tipo de texto tiene mucho más sentido que el apriorístico: aquél que se constituye en un espacio que permite deducir ciertos temas, encontrar una conciencia constructiva, y toda la enunciación de un sujeto ante el mundo. Pero es esencial que ese espacio sea abierto, polisémico, que pueda accederse a él desde varios sitios. YM: ¿En qué lugar (poético) dirías que te sitúas a la hora de escribir? JV: Pues yo creo que me sitúo en el “cotidiano extrañamiento”. Necesito romper con la rutina. Para mí la imaginación poética es frágil, cualquier cosa se la puede llevar por delante. Pero, curiosamente, esa imaginación es rescatable en cualquier momento (yendo en coche, viendo la televisión…), en cualquier situación en la que se genere una tensión extrañadora que te haga mirar las cosas de otra manera o en la que se muestre lo extraordinario o lo infraordinario de lo cotidiano. YM: El lenguaje de tu poesía es fluido y suele ir, desde el inicio aparentemente inocente de cada poema, hasta la conformación de una red o tela de araña compleja, que reúne elementos distantes, voces variadas, imágenes inesperadas, etc. Quisiera que me comentaras si crees que en ese desarrollo de los poemas juega algún papel la sonoridad, que me explicaras qué importancia tiene la sonoridad en tu poesía. JV: En mi caso, la sonoridad está muy presente. Pero creo que esto es así para casi todos los poetas. Creo que la carta de realidad de un poema depende de las palabras que sobreviven, las que se quedan en la composición, por su maridaje con otras, dentro del marco de la sonoridad. Esto tiene que ver con el ritmo y con la respiración. El verso libre tiene un ritmo interno, una coherencia sonora, que integra y expulsa elementos. Para mí esa coherencia es fundamental como escritora, pero también como lectora. Julieta Valero (Madrid, 1971) es licenciada en Filología Hispánica y doctora en Literatura Española Moderna y Contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid. Durante años, presentó el programa “A ras de verso” de Radio Círculo, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Como poeta, ha publicado Altar de los días parados (Editorial Bartleby, 2003); Los Heridos Graves (DVD, 2005), por el que recibió el IV Premio de Poesía Radio Joven de RNE-R3, y Autoría (DVD, 2010), galardonado con el XXII Premio de Poesía Cáceres 'Patrimonio de la Humanidad'.
1. En aquella esquina muestra lo que fue su infancia y su infancia misma lo contempla. 2. Quien sube la escalera oficia y desciende transformado en diosa. 3. Toro, desnudez, diosa que desciende una escalera. 4. Animal que corona de erotismo la mirada en la esquina donde la muchacha tiembla. * Se mira en el mundo y nada responde. Una grieta y el agua se filtra, agua de otra corriente. Espera al resguardo de su espera, y continúa, y la permanencia al fin le resarce con su nada. * "Conecta lo distante": una estrella y el añico de un vidrio. * Así, como respira, una cadencia que no es parto ni lucha. Toma lo ofrecido y entrega lo que recibió para que otros se encadenen. Después de terminar le gusta repetir lo dicho.
Topología de una página en blanco es una reflexión realizada en términos simbólicos sobre el proceso creativo. Es una poética que se efectúa desde dentro de la misma poesía y una poesía que se piensa en el lenguaje mientras está produciéndolo. Una profunda desolación conceptual nada condescendiente recorre cada página. Desolación no sustantivada que va produciéndose en el lector durante el acto mismo de la lectura porque no está presente en el texto sino que surge durante el proceso de auto-descubrimiento que exigirá al lector construir su propio texto.
La página, el soporte, como espacio, como elemento limitador en donde ocurre la simbiosis, como territorio de encuentro para los tres vectores esenciales de lo literario: lo creado, el creador y el recreador. La página se convierte en metáfora absoluta, símbolo último de ese territorio movedizo al que intenta fijarse el lenguaje y en donde se encuentran, enfrentados, entrelazados, atónitos o desdeñosos, los ojos del lector y del autor. (Alejandro Céspedes en la introducción a su último poemario: Topología de una página en blanco, editado en formato digital en Internet). Algunos poemas del libro está tratando de encontrar un lugar donde caer pero aquí sólo podrá leerse que algo está cayendo está cayendo sobre el sueño de Newton no hay manzanas y el cisma se refrenda en lo inmutable dentro la indeterminación de la sintaxis un ojo cerrado será una entrada un ojo cerrado mirará por su ojo y verá soledad entonces la soledad será el objeto de la mirada y la mirada en esa frase sin sujeto se mueve en el espacio de la pérdida ¿quién fingirá después que sabe cómo ahogarse? cada palabra se cree irrefutable preñada de certeza sus signos en la realidad no existen cuerpos huecos todo tendrá que ser imaginado y habrá que trabajar sobre la ausencia aun así qué difícil fabricar sintaxis que no tenga el don de predecirse porque regresar es perder y avanzar es ir perdiendo hay que ser cautos * todo el libro lleva la herida de este axioma pero alguien -el sujeto no importaintentará sin éxito su descripción en varias páginas la página 76 es un gran silencio n o f u e p o s i b l e e s c r i b i r l o d e o t r o m o d o tal vez haya que aprender a medir la profundidad de tu silencio ensayar unidades de medida para calcular el fondo de tus ojos la página 43 tendría que ser un espejo así tal vez pudieras descifrar lo inverso * todo se convierte en una representación que se repite una armadura hueca que se mueve con gestos aprendidos y se va desmembrando mientras camina intentará que la recomposición de las carcasas produzca otra vez significados contra el papel metódicamente piedras el estruendo le hace sordo a la duda negando la evidencia sólo para apuntarse otra victoria antes de tirar los dados nunca da una palabra por perdida no dejará una línea sin holgura será inevitable Alejandro Céspedes (Gijón, 1958) se licenció en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Oviedo. Como gestor cultural, director de espacios escénicos y director de escena ha realizado numerosos montajes de ópera y zarzuela.
Cuervo
Hay un resto de noche junto al día que empieza. Hay un resto de noche de perfil, próximo a la piscina. Su ojo es el punto de fuga del jardín, su silueta forma sombras chinas sobre el muro, enjaulada por verjas que el reflejo del agua hace temblar. Hay un resto de noche de perfil despeinando muñecas cerca del mediodía. Y de pronto abanica el aire que lo encierra y callan las chicharras un instante. También hay una niña, está tumbada al sol, sobre la hierba. Y hay un resto de noche de perfil, tal vez (si le dejara) besaría sus ojos. Pero la niña duerme, de momento el cuervo no es más que un pájaro. * Aquelarre Volando sobre el astil de una escoba, el deseo: arden brujas en hoguera, aquelarre en que la carne cabalgaba con un aguijón clavado entre las sienes. Gimiendo de dolor, temblar de miedo, cuando de golpe un alarido de placer. Más tarde los labios quedaron cosidos por la angustia. * Prólogo Recorrer las bifurcaciones de los días, teniendo como meta la conclusión que es punto de partida, y es sólida y presente en cada recodo del camino. Conformar la línea nunca recta de una vida que avanza, según su propio orden, siempre hacia delante. Pero las almas que han sido torturadas parten de más lejos, su verdad se bifurca en el inicio; antes de la placenta, antes del mundo. Vidas de días desordenados, trazando un camino sin sentido. |
Editado por
Yaiza Martínez
Poeta y narradora, Yaiza Martínez es Licenciada en Filología Hispánica (UCM). Libros de poesía: Rumia Lilith (2001), El hogar de los animales Ada (Editorial Devenir, 2007) y Agua (Ediciones Idea, 2008). Es también autora de la novela Las mujeres solubles (Lulu.com, 2008). Poemas suyos han aparecido en diversas publicaciones como El signo del gorrión, Vera, Los noveles o ABC Cultural. Ha traducido El Señor de Ballantrae de R. L. Stevenson (2005) para la editorial Marenostrum. Ha ejercido la crítica literaria en la revista Reseña. En la actualidad es traductora y redactora-jefe de la revista de Ciencia y Humanidades Tendencias21.
Programa de radio “Un surco de tinta"
Libros de Yaiza Martínez
Archivo
Últimos apuntes
Enlaces
Artículos recomendados
![]() Crea tu insignia |
|
Blog literario de Tendencias21
Tendencias 21 (Madrid). ISSN 2174-6850 |
|






