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LITERARIA



Bitácora

Western, de Luci Romero
Luci Romero (Cabra, 1980) es autora de Autovía del este (de 2007) y El diluvio (Amargord, 2012). También aparece en Sais. Diecinueve poetas desde La Bella Varsovia. En 2010 obtuvo el premio La voz+joven de La Casa Encendida. Actualmente, es librera en la Librería Bartleby de Valencia.

Western es, por tanto, el tercer libro de Luci Romero. Me parece que en sus dos últimos poemarios el lenguaje de esta autora concita la misma intensidad, aunque en El diluvio los poemas son más personales, con un yo poético claro, mientras que en Western el protagonista es un yo colectivo.

Casi cada poema del libro arranca con una cita de una película del Oeste. Encontramos aquí, por ejemplo, al personaje de Cielo amarillo de William Wellman, James “Stretch” Dawson, diciendo: “Un desierto es un espacio, y un espacio se cruza”.

Escojo precisamente esta cita del libro porque, ya desde su inicio, da una de las claves del poemario: Western presenta el espacio (en concreto, los territorios por conquistar de las películas del oeste, a menudo desérticos) como símbolo de un espacio interior; aquel del que nace nuestra lucha, el impulso de conquista; esa fórmula archiconocida que durante tanto tiempo hemos usado para la supervivencia.

Sobre esta idea gira una y otra vez el libro, expresando el callejón sin salida en el que a menudo se introduce el conquistador y que, sin embargo, parece atraerle como un imán.
Como la conquista es un tema universal, la reflexión de Luci Romero a través de su poesía acaba trasladándonos al momento actual; y nos lleva a cuestionarnos por la depredación humana, también en esta época, por el sentido de semejante “fórmula” –como he dicho antes- de supervivencia.
Yaiza Martínez
Martes, 25 de Abril 2017



Bitácora

El lago Vostok.
Tras siete años de perforaciones, en 2012 se encontraron rastros de vida en el lago Vostok de la Antártida, cuya superficie se encuentra a casi cuatro kilómetros hielo adentro. ¿Puede haber algo más poético que semejante hallazgo, en un venero tan oculto y frío?

Este es solo un ejemplo de cómo la ciencia nos puede conmover hasta el punto de generar y nutrir nuestra cosmovisión condicionando, en consecuencia, nuestra poesía y nuestra poética.

En el taller “Ciencia y poesía: ¿Por qué nos inspira el Lago Vostok?” veremos más ejemplos científicos como este, todos ellos sorprendentes, rematadamente bellos e incluso contraintuitivos. También visitaremos Metaforia, lugar donde el universo es significativo (en él, por ejemplo, los vasos sanguíneos de nuestros ojos son en realidad bosques y las ciudades crecen igual que las galaxias).

A nivel formal, analizaremos una posible relación entre las matemáticas y el lenguaje de la literatura y de la poesía, a través del fascinante mundo de los fractales. Por último, a nivel extrapoético (si es que eso existe) conoceremos algunos efectos que, según la neurología, tiene la poesía en el cerebro.

Este seminario se va a desarrollar los días 29, 30 y 31 de mayo en la Fundación Centro de Poesía José Hierro de Madrid. PARA INSCRIBIRTE TODA LA INFO SOBRE SEMINARIOS AQUÍ.

Yaiza Martínez

(Las Palmas de Gran Canaria, España, 1973) es narradora y poeta. Licenciada en Filología Hispánica por la UCM en 1997, ha trabajado como escritora, periodista, traductora, y profesora de escritura creativa y de español para extranjeros. Actualmente, es Directora de la revista online de ciencias y humanidades Tendencias21 y Presidenta de la Asociación Cultural con vocación multidisciplinar El astrolabio. Es, además, una de las impulsoras del Proyecto Genialogías que trabaja por dar a conocer las voces de las grandes poetas españolas del XX y XXI a través de la edición de la Colección Genialogías, entre otras actividades e iniciativas.

Ha publicado los poemarios Rumia Lilith (Ateneo Obrero de Gijón, 2002), El hogar de los animales Ada (Devenir, 2007), Agua (Idea, 2008), Siete-Los perros del cielo (Leteo, 2010) y Caoscopia (Colección Once, Editorial Amargord, 2012); así como la plaquette El argumento de la realidad (2014), en la Colección Poética y Peatonal. Ejemplar Único, que edita, con pinturas propias, el artista argentino Gabriel Viñals. Esta plaquette fue reditada en noviembre de 2014 por Ediciones Tigres de Papel (Madrid). En 2016, publicó La nada que parpadea¸ en la colección eme de Ediciones La Palma; y, en colaboración con la pintora Davinia Jiménez y dentro del Proyecto Artemisia, la plaquette Cuando. También es autora de la novela, Las mujeres solubles (Lulu.com, 2008) y de la novela juvenil Interbrain (Mandala Ediciones, 2017).
Redacción T21
Lunes, 13 de Marzo 2017



Bitácora

Ya ha salido Interbrain, primera novela juvenil de la escritora, poeta, profesora y periodista especializada en divulgación científica, Yaiza Martínez. En la actualidad, Yaiza Martínez dirige la revista Tendencias21. Es autora de una decena de títulos de poesía y narrativa, y sus textos han aparecido recogidos en numerosos libros conjuntos y antologías.

¿De qué va Interbrain?

En un futuro próximo, miles de adolescentes comienzan a desvanecerse por causas desconocidas. Viven en un mundo hiperconectado, dirigido por unos pocos a través de la Nube, que trata de recuperarse de los efectos del cambio climático.

Los jóvenes despertarán semanas más tarde, transformados para siempre. Sus mentes quedarán desde entonces interconectadas y ellos pasarán a tener sorprendentes capacidades. El mundo antiguo tratará de frenar una inminente revolución.

Interbrain es una novela de ficción, protagonizada por una joven llamada Elena que investiga estos misteriosos desvanecimientos, y por sus amigos y familiares. Plantea la posibilidad de que, por efecto de las nuevas tecnologías, en especial Internet, el cerebro humano pueda transformarse hasta desarrollar una nueva forma de comunicación.

De fondo, la obra trata viejas cuestiones como la realidad como materia onírica, la naturaleza como motor de todos los procesos, incluidos los culturales e históricos; y la tensión constante entre el poder establecido y los cambios.
Yaiza Martínez
Martes, 31 de Enero 2017



Bitácora

Texto leído por el poeta Ernesto Suárez en el acto de presentación celebrado el 23 de septiembre de 2016, en la Librería Mujeres de Santa Cruz de Tenerife


Ernesto Suárez.
En su libro La vida continua, recientemente traducido por Dámaso López, Mark Strand incluyó un poema titulado “Poesía narrativa”. Extraigo de ese texto lo que sigue:

“Él dijo: Lo que me preocupa es la narrativa que no proporciona un marco coherente para medir la transición espacial o temporal, la narrativa en la que el héroe viaja, creyendo que avanza, cuando en realidad está quieto. Se convierte en el único conector, la encarnación de la narrativa, su terrible engaño, la pesadilla de su propia irrealidad. Quise recordarles que el poema narrativo ocupa el lugar de una narración ausente, siempre absorbiendo la ausencia de esta para poder ser nombrada, a la vez que abandona continuamente su propia presencia a las sobrecogedoras soledades del olvido. La narración ausente es en la que, quería decirles, nuestro destino está escrito. Pero se habían ido antes de que pudiera hablar”.

En la contraportada de La nada que parpadea, sexto libro de poemas publicado por Yaiza Martínez, la propia autora define su libro como un poemario-relato, además de declarar que ese relato sigue una geometría fractal.

Entre los críticos que ya han prestado atención a este nuevo libro de Yaiza, Laura Giordani y Carmen Anisa coinciden en enfatizar el papel que juega la caracterización estructural como dimensión básica de la obra. Laura Giordani, por ejemplo, anota que “la escritura poética se articula conforme a una geometría precisa y va desplegándose de acuerdo a una estructura espacial que la precede” .

Esa estructura es una en particular, el modelo del laberinto circular de Chartres. Carmen Anisa describe de manera más precisa esta clave estructural del poemario: “el libro aparece dividido en doce partes, once de ellas señaladas con números romanos; la última lleva un título, Jenabe, y está compuesta por doce poemas, hasta llegar al final, el poema no numerado, el origen o el centro, la semilla y la molécula. (…) La estructura del libro viene también marcada por la tipografía: negrita, para el poema inicial de cada sección, cursiva para las palabras de la vocera, y normal para la voz poética que narra”.

Por su parte, Antonio Mochón ha hablado de la naturaleza fractal del lenguaje en la poesía de Yaiza Martínez: “Fractal, esa figura geométrica en la que cada una de las partes mantiene una relación de semejanza con la figura completa. La esencia del lenguaje es fractal y la poesía eleva al máximo las posibilidades del lenguaje (…) Por eso muchos de sus poemas son un volver a lo mismo, una letanía de imágenes con que se nos sugiere, por un lado, la fractura del lenguaje y, por otro, la fractura interior”.

Una de las características que permite describir un objeto geométrico como fractal es que se define a partir de un algoritmo recursivo, es decir, un algoritmo que expresa la solución de un problema en términos de una llamada a sí mismo. Es una maravillosa metáfora de la propia poesía. “El laberinto es el hilo es el laberinto es el hilo”, son los versos que inician el libro de Yaiza y que son recurrencia a su vez de aquellos otros de Gertrude Stein. Una pregunta: ¿por qué, tal y como hizo Stein, sin embargo limitar la repetición? (una rosa es una rosa es una rosa es una rosa) ¿Qué fenómeno sucede si se mantuviera tal repetición de manera continua y aumentada?

Otra potente metáfora poética de origen matemático relacionada con la figura fractal nos puede ayudar ante la pregunta. Gaston Maurice Julia, matemático y francés, le da nombre al Conjunto Julia. Al aplicar sucesivas veces una función polinómica el resultado tiende a infinito ¿Es posible cerrar esa tendencia, acotar el infinito? El laberinto circular, su frontera o límite, es un conjunto de Julia. Quizás, también todo poema afronta el conjunto de Julia: contener y responder al infinito siendo la ausencia del infinito. Así, el poema como aquello que es y no es el poema. Apropiándonos de las palabras de Strand, podría decirse que el relato que traspone La nada que parpadea es una narración ausente. Tal ausencia, además, se configura de manera plural y ocupa múltiples lugares. Apunto con brevedad alguna de esas ocupaciones.

El mensaje es tormenta solar que en lengua se arremolina.
Luego sube, al lago de fontanelas,
desbocado.
Ernesto Suárez
Lunes, 3 de Octubre 2016



Reseñas

Yaiza Martínez y Juana Castro en la presentación de "La nada que parpadea" en Córdoba
El primer enigma que nos plantea Yaiza Martínez en su libro La nada que parpadea (Ediciones La Palma, 2016) aparece ya en el título. Conforme avancemos en su lectura los poemas irán desvelando la naturaleza de esa imagen.

Entendemos la nada como el vacío, la ausencia de cualquier elemento, la insignificancia. El parpadeo es un instante, un movimiento rápido de los ojos, de una pantalla de televisión, de una estrella. Pero, como el aleteo de la mariposa, un ligero movimiento puede cambiar el curso del relato.

Dos símbolos centrales vertebran el libro: el mercurio –en su doble acepción de dios o metal–, y el laberinto. ¿Queremos llegar al centro o salir del laberinto? La mente y el universo son también laberintos; la palabra crea el laberinto y a la vez la salida: “lo que se dice hay”.

Como señala Juan Eduardo Cirlot en su Diccionario de Símbolos, en Occidente, el mito del laberinto surge en Grecia, llega hasta la simbología cristiana y sigue presente en nuestra cultura y nuestra conciencia. Adentrarse en él supone perderse. Salir o llegar a su centro es el final de una prueba para la que es necesario tener fortaleza y fe. Para Eliade “la misión esencial del laberinto era defender el centro, es decir el acceso iniciático a la sacralidad, la inmortalidad y la realidad absoluta”. Y cómo olvidar los laberintos borgianos construidos en nuestra propia mente.

Por otro lado está Mercurio: “Representa el poder de la palabra, el emblema del verbo, para los gnósticos el logos spermatikos esparcido en todo el universo, sentido éste que recoge la alquimia que identifica a Mercurio con la misma idea de la fluencia y la transformación”, escribe Juan Eduardo Cirlot.

En cuanto a la estructura, el libro aparece dividido en doce partes, once de ellas señaladas con números romanos; la última lleva un título, “Jenabe”, y está compuesta por doce poemas, hasta llegar al final, el poema no numerado, el origen o el centro, la semilla y la molécula. La estructura se asemeja a los once círculos del laberinto de Chartres, círculos que hay que atravesar; y el doce representa el orden cósmico, la salvación.

La sección “Jenabe” es el centro del laberinto; todo se dirige a él. Como en el mito de Teseo y el Minotauro hay un héroe que debe superar unas pruebas, es este caso una heroína, la vocera. El monstruo es Mercurio, el progreso con todo lo negativo de alejamiento de la tierra, de los valores auténticos. La vocera profetiza y advierte al pueblo; el mercurio es el aranero, el mentiroso, el que tergiversa la verdad de las palabras con argumentos falsos.


Reseña completa en el blog De nada puedo ver el todo
Carmen Anisa
Miércoles, 22 de Junio 2016


Editado por
Yaiza Martínez
Yaiza Martínez
© Mamis & Mimos
www.mamisymimos.es

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