GENEALOGÍA DE LAS CERCAS
NO SERÁ por vocación de distancia si las manos cavan y las vallas no detienen el pulso/ si obstino la lengua hasta que el silencio no calle la cuerda del vocablo. Será por las cercas que traban el tránsito un grito sin garganta/ estocada a otro sitio más lejos/ donde la extrañeza no sea desolación. Por toda esa sombra que mancha/ herencia saqueada en los perímetros del viento. * LA FRICCIÓN DE LAS PIEDRAS El llanto arrastra las piedras/ horada su cauce subterráneo. No hay dique que contenga el fragor del agua. Sin temor a la asfixia quiso confundirse con la lluvia Y fue río tórrido/ corriente a otra marisma.
Arturo Borra
Sábado, 13 de Abril 2013
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Relatos
Por Jesús Ortega
ME PREGUNTAS CÓMO era Salónica en mis tiempos, pues te diré, moromu, que no se parecía en nada a esta mierda de ciudad que ves desde aquí arriba, no había este espanto de coches y ruidos que lo amarga todo, podíamos caminar tranquilamente sin temor a que nos robaran, no había droga ni prostitución, bueno, prostitución sí, pero en el puerto, y droga también, en los bouzukis y en las tabernas donde íbamos Pavlos y yo a oír el mejor rebétiko del mundo, el de Tsitsanis y Bambakaris, tómate conmigo otra copita de aguardiente y te lo cuento, mi dulce, me ha dado tanta alegría que vengas, hace meses que no me visita nadie, ¿quieres un cigarrillo?, a mi edad puedo hacer lo que me venga en gana, si ya lo hacía de jovencita no lo voy a dejar de hacer ahora que me queda tan poco, mira, mira estas fotos mías en Jalkidikí, la playa todavía era virgen y no el basurero de turistas y hoteles de ahora, la que no era virgen era yo, a ti no te voy a mentir, había algo en mi manera de moverme y de mirar que atraía mucho a los hombres, las fotos son de la época en que conocí a Pavlos, él llevaba diez años casado con Eleni, malcasado más bien, pero de verdad, no como dicen que están todos los hombres que se quieren acostar con una mujer, y como era ingeniero industrial y daba clases en la universidad no tardó en echarme el ojo por los pasillos, yo era licenciada en Filología Helénica y trabajaba de administrativa, en aquellos tiempos tener carrera siendo mujer era toda una rebeldía, y una rebelde fui, siempre hice lo que me vino en gana, si no me hubieran dado igual las convenciones no me habría liado con mi Pavlos, ¿no crees?, figúrate, un hombre casado, pero tan guapo, el más guapo de toda Alejandría, porque él nació en Alejandría, era un crío de siete años cuando su padre, que era médico, lo llevó a conocer a Kostantinos Kavafis, y el poeta le leyó aquello tan triste que Pavlos me recitaba, Por las mismas calles vagarás / y en los mismos barrios llegará tu vejez... / pues la vida que aquí arruinaste / la has destruido en toda la tierra, ay, me dan ganas de, pero como te estaba diciendo: un semental mi hombre, el único que probé en cuarenta y cuatro años, antes había probado otros pero desde que apareció él se acabó la variedad, estuvimos viéndonos a escondidas en unos cuartuchos que alquilaban por horas cerca de Modiano, a mí me daba igual, estaba tan loca por él que no me hubiera importado ser su amante toda la vida. Si comes un poquito de bugacha con el aguardiente no te emborracharás. Bueno, haz lo que quieras, ponme otra copita, moromu. Quedé huérfana siendo niña y mi tío Yannis me recogió y me dio amor y educación. Qué buena persona era, un patriota, luchó contra los turcos en el veintidós y contra los nazis en el cuarenta y uno, valía tanto que lo hicieron Ministro para los Asuntos de la Grecia del Norte, míralo en esta foto, es de un veinticinco de marzo, el día nacional, parece muy serio pero es por el desfile, mi tío era un hombre recto que nunca robó al Estado, a ver quién puede decir lo mismo, su única maldad consistía en no dejarme volver a casa después de las nueve, por eso cuando Pavlos se fue a París a hacer el doctorado tuve que contarle a mi tío que me mandaban a Lárisa a hacer unas gestiones que iban a durar diez días, me costó mucho convencerlo pero mi tío no imaginaba que yo pudiera mentirle y sentía un gran respeto por el trabajo, de modo que me dejó marchar a condición de que le escribiese una carta diaria desde Lárisa, y escribí las diez cartas de golpe y se las hice llegar a un amigo que vivía allí con el ruego de que las fuera echando día tras día en el buzón, eso ya estaba hecho pero faltaba el pasaporte, tuve que engatusar a unos cuantos policías para que me lo dieran, cuántas mentiras no hube de inventar en aquellos tiempos, cosas que ni Pavlos supo ni tenía por qué saber, por fin llegué a Atenas y subí al avión, tenía tanto miedo y me sentía tan sola que me eché a llorar y un señor muy amable que estaba sentado a mi lado me estuvo consolando todo el viaje, Jean Calmet se llamaba, Presidente de la Cámara de Comercio de Montpellier, esta es su tarjeta, todavía la guardo, la he mirado mucho pero hace años que no se la enseño a nadie, el señor Calmet mandó que trajeran vino y pasteles y me dijo que su destino final era Roma pero que estaría dispuesto a quedarse conmigo unos días en París si yo... A mi regreso mi tío solamente comentó: Dafne, tus cartas me han gustado mucho, están muy bien escritas pero tienen un defecto que una señorita no se puede permitir, les falta la fecha, no has puesto ni una sola fecha, pobre tío mío, a los pocos días murió de un infarto cerebral, menos mal que no le dio estando yo en París, todo el mundo me hubiera buscado en Lárisa, pero quien no arriesga no gana, moromu, échame aguardiente que tengo la boca seca de tanto hablar, y me preguntas cómo era Salónica en mis tiempos, un lugar tan bonito que no te lo podías creer, a Pavlos le pudo el miedo o la culpa y dejó de verme, yo estaba convencida, fíjate, convencida de que era un cobarde de esos que nunca dejan a sus mujeres, pero al cabo de los dos años va y me dice uno que trabajaba conmigo: ¿te has enterado que Pavlos Kauzis se ha separado de su mujer?, y a mí me dio un vuelco el corazón, salí corriendo y en la puerta de mi casa estaba él esperándome, hecho un galán perfumado, un cantante de rebétiko antes de emborracharse, nunca lo podré olvidar, fue muy cerquita de aquí, en la calle Aristóteles, aún no había edificios altos y la brisa llegaba desde el puerto sin encontrar resistencia, nos envolvía la luz blanca y borrosa de Salónica, esa luz como de niebla encendida, no sé cuánto tiempo estuvimos abrazándonos y besándonos y la gente nos miraba al pasar y decía qué vergüenza, qué vergüenza, aquí están las fotos, cuarenta y cuatro años juntos, y ahora estoy vieja y enferma, desde que Pavlos murió no he pisado la calle, me traen la comida, las medicinas, eso no es problema, lo puedo pagar, lo malo es estar tan sola, y en los mismos barrios llegará tu vejez, las mañanas las paso, pero las noches me echo a llorar como una tonta, para qué voy a salir si esta ciudad ya no me dice nada, si ya no puedo comprar flores en el mercado ni subir a la muralla ni pasearme por la orilla del mar allá donde la Torre Blanca, cuarenta y cuatro años de amor, a ver si tú puedes decir lo mismo con este que te has traído de fuera, ¿tiene dinero?, ¿ni un dracma?, pues si no tiene dinero para qué lo quieres, lo querrás por lo otro, ¿no?, ¿y cómo se porta?, ¿cumple igual que cumplía mi Pavlos?, ay moromu, qué más le dará a él lo que digas si no sabe griego, dile que aprenda griego, que aprenda nuestro idioma, que si no lo aprende no dejará nunca de ser un xenos, anda y dile que deje de sonreír como un imbécil y baje a por tabaco.
Hitos como excrementos que bifurcan el camino.
Mojón dislocado por la mano sin hombre. Un árbol caído desnuda, exhibe sus anillos al sol mutando la sombra. La luz, en sus tardes, descompone restos de vértebras roídos por los sedimentos y la hiedra que aflora entre los canchales. Huesos y neveros insepultos, sin oído y sin nombre, a pleno sol, como instrumentos de descom- posición. Aún creo en la simiente de la plenitud, solaz y desmemoriada. Aún creo en la distracción del escarabajo y el hormiguero. Insectos como acertijos que murmuran hambre.
Casi medio centenar de poetas jóvenes de España e Hispanoamérica integran la obra "Barcos sobre el agua natal: antología de poesía hispanoamericana para el siglo XXI", un libro que reúne obras poéticas de ambos lados del océano Atlántico.
Se trata de una antología que integra obra de poetas jóvenes, nacidos entre 1971 y 1983, que asumen las inquietudes locales de sus países y generan respuestas globales, según han informado fuentes del Club Leteo de León. Este libro, publicado por Ediciones Leteo (León) y Literal Ediciones (México), es una ventana a generaciones de autores cuyo discurso provoca rupturas y encuentros con lo ya existente, para asumir nuevas vías. La coordinación y selección de este libro de casi cuatrocientas páginas corre a cargo del escritor mexicano Jocelyn Pantoja y del español Rafael Saravia. La obra se presentará primeramente en León, mañana miércoles, día 21 de noviembre (21:00 horas en Bar Belmondo ) y, posteriormente, en México DF y en la Feria Internacional de Guadalajara (México). El club Leteo es una asociación cultural que organiza, entre otros eventos, el Premio Leteo, que este año ha sido para el Cervantes, Juan Gelman. Bitácora
Era un poco poeta, o sea,
sacaba algún sentido sorprendente de los significados ordinarios; y una esencia infinita de todas nuestras cosas que tienen que morir en los umbrales; tal vez fuimos nosotros los que antes las inmovilizamos. (…) Emily Dickinson (trad. Carlos Pujol) Caoscopia es un paso más en el camino que Yaiza Martínez inició en Siete,los perros del cielo. Yaiza se dirige a un lector cómplice dispuesto a cruzar la línea de lo previsible, a salir de los compartimentos estancos de ciencia o humanidades, y de las microscópicas parcelas del saber a las que puede acceder un ser humano del siglo XXI. En Caoscopia como en Siete... , su anterior libro, Yaiza Martínez crea un mundo poético cuyo engranaje es la conciencia de existir, de formar parte de la vida. La primera clave para una lectura de Caoscopia es el título. En una nota, Yaiza aclara que la palabra es el nombre con el que el matemático Raplh Abraham denomina a un método para representar un fenómeno caótico en apariencia, como, por ejemplo, el goteo de un grifo: A la hora de escribir Caoscopia me propuse plasmar el “goteo de la conciencia, lo que acabó trazando “una curva semántica suave” que vertebró toda la obra: “el ser / el no ser / voz del amor / en el lenguaje”. Seguir leyendo en el blog De nada puedo ver el todo |
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