* octubre estrellado, flama eterna migrábamos, entonces, como pájaros o langostas hambrientas; ocultos del frío y de las otras criaturas debajo de la arena, entre las piedras, aprendimos a leer los colores de las nubes, a caminar hacia delante con las olas de los mares, era tu sombra lo que se perdía en el alba, o solo un juego de espejos que se cernía contra mi cabeza? * ¿qué era el Fuego, entonces, sino éter denso y vituperio? * he ahí el señuelo de la noche, en las verdes praderas y en los montes; yo te buscaba entre las brasas consumidas y dispersas, vagábamos. Por tus extensas llanuras y tus pedazos de carne Solíamos regresar con el cansancio a cuestas y el corazón plagado de dicha. Solíamos... ahora la llama se ha apagado, pero aún compartimos el pan y el agua entre nosotros. plácido enjambre Los días escuecen en los huesos, Bajo la lluvia.
Yaiza Martínez
Lunes, 20 de Junio 2011
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