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LITERARIA



Bitácora

Era un poco poeta, o sea,
sacaba algún sentido sorprendente
de los significados ordinarios;
y una esencia infinita

de todas nuestras cosas
que tienen que morir en los umbrales;
tal vez fuimos nosotros los que antes
las inmovilizamos. (…)


Emily Dickinson (trad. Carlos Pujol)


Caoscopia es un paso más en el camino que Yaiza Martínez inició en Siete,los perros del cielo. Yaiza se dirige a un lector cómplice dispuesto a cruzar la línea de lo previsible, a salir de los compartimentos estancos de ciencia o humanidades, y de las microscópicas parcelas del saber a las que puede acceder un ser humano del siglo XXI. En Caoscopia como en Siete... , su anterior libro, Yaiza Martínez crea un mundo poético cuyo engranaje es la conciencia de existir, de formar parte de la vida.

La primera clave para una lectura de Caoscopia es el título. En una nota, Yaiza aclara que la palabra es el nombre con el que el matemático Raplh Abraham denomina a un método para representar un fenómeno caótico en apariencia, como, por ejemplo, el goteo de un grifo:

A la hora de escribir Caoscopia me propuse plasmar el “goteo de la conciencia, lo que acabó trazando “una curva semántica suave” que vertebró toda la obra: “el ser / el no ser / voz del amor / en el lenguaje”.


Seguir leyendo en el blog De nada puedo ver el todo
Carmen Anisa
Sábado, 20 de Octubre 2012



Bitácora

Mañana -día 17 de octubre- el poeta Juan Carlos Friebe presentará en la Librería Nueva Gala de Granada, el poemario "Caoscopia" (Colección Once, Amargord, 2012), de Yaiza Martínez. En el siguiente texto, Friebe da algunas de las claves de "Caoscopia" y de la relación del libro con ciertos elementos científicos.


Escalera imposible de Escher.
PSI-5
Puesto que no existe el hombre
sobran los versos humanos.
Tomemos pues las medidas,
fabriquemos aparatos
de palabras, al margen
de ideas y sentimientos.
O mejor, prescindamos
del sustancial sujeto
y el primer personaje.
Prescindamos del verbo.
Puesto que no hay acción,
me sobran también los tiempos.
Y no hablo de adjetivos.
¡Los perifollos al fuego!
Quizá con preposiciones
y con algunos adverbios,
y signos sólo sonoros
baste para hacer los versos
que quisiera ahora escribir
sin retórica, en los huesos,
sin recordar más al hombre,
ni sus cuentos de otros tiempos.
Con, de, si, tras, cada, todo,
lero, luego, lará, menos.
Agite usted la caja de sonidos
y verá cómo acaba por hallarles un sentido


(Gabriel Celaya, “Lírica de Cámara”, 1968)


1. ICOSAEDRO


Imagínese el lector que ha olvidado qué es un icosaedro, y recurre a la wikipedia -por ejemplo- para comprender qué es y cómo es semejante volumen: así, se trata de un poliedro [1] de veinte caras, cóncavo o convexo. Si las veinte caras del icosaedro son triángulos equiláteros, iguales entre sí, el icosaedro es convexo y se denomina regular, siendo entonces uno de los llamados sólidos platónicos. El poliedro conjugado [2] del icosaedro es el dodecaedro.

Sin embargo, para entender la definición, quizá necesite más datos: a saber, qué es un poliedro, y qué un poliedro “conjugado”: centrémonos, en primer lugar, en el sustantivo.

[1] Un poliedro es, en el sentido dado por la geometría clásica al término, un cuerpo geométrico cuyas caras son planas y encierran un volumen finito. Los poliedros se conciben como cuerpos tridimensionales, pero hay semejantes topológicos del concepto en cualquier dimensión. Así, el punto o vértice es el semejante topológico del poliedro en cero dimensiones, una arista o segmento lo es en una dimensión, el polígono para dos dimensiones; y el polícoro el de cuatro dimensiones. Todas estas formas son conocidas como polítopos (3), por lo que podemos definir un poliedro como un polítopo tridimensional. (2) Se llaman poliedros conjugados aquellos en que el número de caras de uno es igual al número de vértices de otro y viceversa. Según el teorema de Euler deben tener, el mismo número de aristas.

Ahora sabemos que un poliedro es un polítopo tridimensional: pero qué es un polítopo.

[3] En geometría polítopo significa, en primer lugar, la generalización a cualquier dimensión de un polígono bidimensional, o un poliedro tridimensional. Además, este término es utilizado en varios conceptos matemáticos relacionados. Su uso es análogo al de cuadrado, que puede usarse para referirse a una región del plano de forma cuadrada, o sólo para sus límites, o aún para una mera lista de sus vértices y lados junto con alguna información acerca de la forma en que están conectados.

Quizá algunos lectores se hayan perdido: no se preocupen, yo también, en algún momento, aunque uno de los ejercicios de pretecnología que más repetía en el colegio era lograr un icosaedro perfecto. El lenguaje de la ciencia no es sencillo y, aunque ni yo mismo podría definirlo con precisión, sé perfectamente qué es un icosaedro: un volumen de veinte caras compuestas por veinte triángulos equiláteros. Incluso yo mismo advierto que, pues soy capaz de representármelo, es un sólido platónico y, como tal, existe en sí, independientemente de mi capacidad de representación de la idea de un ente geométrico, pues este tiene magnitud.

De igual manera que hice al principio, al iniciar una descripción de un icosaedro -que es un poliedro, y es poliedro conjugado del dodecaedro, y es polítopo- Yaiza Martínez se aventura, desde el lenguaje poético, a urdir una trama compuesta de elementos sustantivos metafóricos que se adentran en sí mismos hasta conquistar un territorio lingüístico que, seguramente, debamos explorar en nosotros. Como en una matrioska, encapsulados, encontraremos poemas dentro de poemas que contienen imágenes dentro de imágenes que la poeta despliega y repliega en sus versos.

2. CAOS

“Caoscopia” de Yaiza Martínez nos propone un ejercicio similar pero infinitamente más complejo que la observación de un sólido de veinte facetas, puesto que lo elabora desde el lenguaje. Toma una idea y le insufla vida poética al pensamiento de algunos de los científicos más osados de nuestro tiempo: de Ralph Abraham, matemático y teórico del caos (una definición popular de una rama del conocimiento matemático y físico, entre otras ciencias, que observa cómo afectan en los sistemas dinámicos las variaciones en las condiciones iniciales, lo que impide cualquier predicción a largo plazo de los comportamientos futuros), de Terence McKenna, aunque no lo mencione en su obra (filósofo, etnobotánico y psiconauta, explorador de los límites de la consciencia) y de Rupert Sheldrake, a quien la autora citará en dos ocasiones a lo largo del libro como “el científico británico”. Abraham, McKenna y Sheldrake forman uno de esos triángulos equiláteros que conforman el icosaedro del pensamiento científico, y poético, de vanguardia.

“Caoscopia”, sí, se nutre de la vanguardia científica y se coloca en una vanguardia poética a años luz de la poesía que, habitualmente, consideramos como tal (sea lo que esta sea para cada uno de nosotros) y que sus editoren enmarcan dentro de una colección incompleta de libros que, acertadamente, sitúan en los márgenes de una poesía normalizada. “Caoscopia” supone, en el conjunto de la obra de su autora, un paso muy arriesgado, en su personalísimo, turbador, complejo –y exquisito- proceso de decantación poética del lenguaje.

Para Ralph Abraham la caoscopia es un método: debemos visualizar un grifo, que gotea de forma aleatoria, y convertir el espacio que dista entre gota y gota en números, que formarán una secuencia impredecible; después haremos una copia de esta y, de la segunda secuencia, eliminaremos el primer número, para que de esta forma obtengamos dos columnas de series. Para Yaiza Martínez ese método, a través de la poesía, se acrisola en lo que ella misma denomina “una curva semántica suave”.

Como bien observa la también poeta Mar Benegas en su excelente reseña del libro [4] las distintas partes del poemario (El ser, El no-ser, Voz del amor, En el lenguaje, El Ser, El no-ser, Voz del amor, En el lenguaje, El ser, El no-ser, Voz del amor, En el lenguaje) se conforman como un insistente goteo. Su propia estructura genera un hipnótico, repetitivo mantra, una suerte de salmodia ritual, mágica, que parece conectarnos a un tiempo con lo ancestral y genesiaco. Sin embargo, mientras el mantra –voz sánscrita que proviene de manas y traiate, de mente y de liberar- carece de contenido semántico, la poesía de Yaiza Martínez libera significados y nos sume en nuevos estados de consciencia.

Al mismo tiempo, en mi opinión, establece una conexión con los campos morfogenéticos de Sheldrake, que transmiten información de los hábitos de la Naturaleza: también, de la naturaleza de la autora: en última instancia, de la naturaleza del ser humano.

(El ser El no-ser Voz del amor En el lenguaje)

Una posible lectura de la estructura de “Caoscopia” siguiendo el modelo del goteo de Ralph Abraham produciría nuevos “campos mórficos”: nuevas transmisiones de información.

Sheldrake, como apunta Yaiza al final del libro, es el creador de la teoría de la formación causativa, que “establece la existencia de campos mórficos, campos de información aplicables, a través del espacio y del tiempo, a sistemas con algún tipo de organización inherente”: sea lo que sea el universo, solo podemos constatar que desde su origen produce repeticiones de un patrón inalterable de esos campos mórficos: de información, no de energía. Las formas no se rigen por leyes físicas ni matemáticas: las formas se auto-organizan en función de hábitos inherentes a ellas. La poesía, su poesía, funciona así: incluso si reflexionamos sobre las diferentes partes del título el goteo de su consciencia produce ondas y ecos, que prolongan y reverberan en la consciencia del lector.

“el paso del tiempo, manuscrito por la repetición”,


escribirá


3. ESCHER


Klimen en Dalen es una representación de Escher de una escena arquitectónica habitada por extraños personajes. A la izquierda, en el primer nivel –que esconde otros niveles que sirven a un extraordinario juego de perspectivas- un preso, desesperado, saca la cabeza por el cuadrado que forma la intersección de rejas horizontales y verticales, que lo confinan y conforman otro cubo imposible que, otro hombre, libre, a su derecha, trata de descifrar.

Cierra el, en apariencia, primer nivel, una cortesana que parece sacada de El infierno de El jardín de las delicias de El Bosco, acompañada por un gentil que le invita a subir la segunda escalinata. Todos ellos, el preso, el hombre que reflexiona sobre una figura cúbica impracticable, y la pareja palaciega, están situados en un plano dominado por una solería en damero como piezas en una partida de ajedrez. Dos alfiles, desde la siguiente planta, presidida por el Rey, suben por una escalera a un tercer nivel, donde se encuentra la Reina. Estas figuras miran, desde sus atalayas, en direcciones que no convergen con el paisaje del espectador: miran hacia un lugar que no vemos. Abajo, en un nivel sub-1, encontramos otra escalera que solo sabemos a dónde llega, pero no de dónde viene. La escena es plausible, pero imposible. La escala, colocada sobre el primer piso y apoyada en perpendicular sobre el segundo, no puede conducir a los alfiles de un piso a otro porque, en realidad, las dos plantas del conjunto se encuentran, una sobre otra, en un mismo plano horizontal y vertical.

Es un universo en apariencia plausible pero inverosímil. Los juegos de perspectiva y los detalles, sin embargo, le conceden apariencia de verosimilitud a simple vista. Lionel y Roger Penrose simplificarán la litografía original, esquematizándola, logrando un objeto tridimensional de una escalera por la que se sube o baja.

Yaiza Martínez, del mismo modo, rompe con la geometría estática de la poesía de su tiempo, multiplicando las dimensiones de una posible, de cualquier lectura, en un ejercicio de creación poética en un espacio íntimo con un volumen que tiende al infinito: a ese ocho tumbado al que la poeta susurra…

bailaba escondida
en escalera de Escher

lo culminaba nunca



escribirá.


4. V´GER

Antonio Gamoneda expuso que poesía y ciencia no eran realidades necesariamente antitéticas y advirtió que “desde la Antigüedad la sabiduría englobaba materias tan equidistantes como la ciencia y la poesía” [5]. El adverbio acentuaba, en rigor, la distancia que todos imaginamos entre estas materias, una distancia que tiende al infinito y las convierte en opuestos no equiparables: experiencias distintas en dimensiones distintas que vibran, al unísono, de forma refractaria.

Pero, ciertamente, no siempre fue así: algo sucedió, en algún momento de nuestra historia, que generó una brecha y que, tal vez, se encuentre en la Poética de Aristóteles: "Porque incluso aquellos que escriben tratados de medicina o filosofía natural en verso son denominados poetas: sin embargo, Homero y Empédocles no tienen nada en común excepto su métrica; el primero, entonces, merece justamente el nombre de Poeta; mientras el otro debe ser llamado más fisiólogo que poeta", como traduce Carlos A. Duarte Cano de un artículo de Jonathan Vos Post. En el mismo artículo el autor advierte que la poesía tiene una prehistoria anterior incluso al establecimiento, y ya hablamos de una experiencia artística visionaria, de la ciencia ficción como género [6].

La objetividad científica clásica posee un peso específico tan poderoso que convierte el mundo del conocimiento empírico en un universo cerrado, acorazado, que explica todas sus leyes y estudia sus excepciones de tal forma que, si estas no terminan encajando en los principios generales son desechadas, al menos hasta que se descubran leyes nuevas que completen, o refuten, a las anteriores. Quizá en el universo rijan las excepciones pero, entretanto, en nuestro universo conocido, las leyes físicas que entendemos nos gobiernan constituyen un alfabeto básico que nos permite entender muchas palabras, y no pocos sustantivos, del Cosmos.

Las teorías poéticas no tienen cabida en el patrón científico, y desde este modelo general las prácticas poéticas de las unidades de carbono (como la sonda de V´ger, Lia, podría haber resumido la producción literaria de los seres humanos en Star Trek TMP, de haberse interesado en ello) constituirían una innecesaria originalidad en un organismo diseñado para su reproducción sistemática, un agujero negro en el universo bioquímico de un ser humano concreto: nada aplicable a la realidad, simple subjetividad pura, un error en la repetición de modelos bioquímicos estables cuya única función es reconvertirse en materia útil y abono de nuevas generaciones de unidades de carbono. Sin embargo, la unidad de carbono Yaiza Martínez representa una innovación en esa originalidad inútil y sobrante para la supervivencia de la especie, e insignificante para el Cosmos, que es la poesía.

Su libro, “Caoscopia”, es una especie de “mind meld”, de fusión de consciencias no solo con su propia especie sino con la física teórica de vanguardia que, en apenas treinta años, ha subvertido el discurso científico clásico, del que hablaba antes. Más aún, y sigo pensando en “Caoscopia”, quizá la ciencia solo pueda entenderse desde la poesía: Kart Weierstrass, matemático alemán, a quien se considera el padre del análisis moderno, escribió que "un matemático que no es al mismo tiempo un poco poeta nunca será un matemático completo."


Atiende: abre las venas de los mundos


escribirá.
Juan Carlos Friebe
Martes, 16 de Octubre 2012



Poemas

Poemas de "Miedo de ser escarcha", de David Eloy Rodríguez
HACERES

Esta es nuestra materia:
palabras como espacios condenados
que debemos resucitar.

Nuestras manos no alcanzan a salvarse.
Nuestros signos son pobres.
Caminamos entre las ruinas.

Somos tramperos en un yermo,
perseguidores incansables
de formas secretas, de sombras.

Fabricamos cuchillos afilados,
sin embargo tan romos,
y deseamos sobre todas las cosas un cobijo
para la sed de encuentro y comprensión.

Lanzamos guijarros domésticos.
Apuntamos al centro de lo imposible.

Poesía: canto del mundo
que todavía duele.

Posía: amor agónico
a lo que huye.


*


EL DOLOR TRANSPARENTE

Dijo:

El cristalero bebe demasiado.
Rompe casi todos los cristales.

No puede disimular.
No puede ser indiferente.
No puede huir.


Dijo:

Yo soy el cristalero.
David Eloy Rodríguez
Sábado, 13 de Octubre 2012


Editado por
Yaiza Martínez
Yaiza Martínez
© Mamis & Mimos
www.mamisymimos.es

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