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NEGOCIACIÓN

La filosofía existencialista revisitada esclarece algunos de los aspectos más profundos de una antropología del amor. El rol del amor es ser clave, rescate, pero también solución inacabada para nuestra condición humana.




NACIMOS Y MORIMOS SOLOS

El existencialismo era una posición filosófica que compartíamos los que en los años cincuenta empezábamos a abrirnos al mundo de las ideas en aquellos parajes intectualmente áridos de la España de entonces. Pero que sigue siendo un sólido fundamento para una antropología del amor compatible con las modernas neurociencias.

Para Heidegger somos seres lanzados al mundo (geworfene), seres para la muerte.

Cada viviente se enfrenta solo a la vida y a la muerte.

Un día dejaremos este mundo atravesando el túnel de la muerte en la soledad más absoluta y más pavorosa. Morimos solos. Solos, irremediablemente solos.

Entre nacimiento y muerte vivimos los hombres como islotes aislados unos de otros en un océano de indiferencia. Solo en el amor al Otro hay esperanza de rescate.

Trágica paradoja

Kierkegaard : En el fondo de la enemistad entre extraños se encuentra la indiferencia.
El Otro « es el infierno para mí » -según la interpretación que algunos han dado a la muy citada frase de Sartre en La Nausée.
Diciéndolo de manera menos tensa y más popular, el Otro, últimamente, nos importa un bledo. Es casi una actitud forzosa si queremos poder sobrevivir frente a la miseria, el hambre, las guerras, y la abominable soledad de otros.

La paradoja está en que sin embargo tenemos una más que imperiosa necesidad del Otro. Es que no es concebible la existencia sin el Otro, porque es una necesidad constitutiva del hombre. El bebé humano es arrojado al mundo, incompleto en su fisiología y tremendamente inacabado en su cerebro. Una parte esencial del programa de construcción de sus redes neuronales está supeditada a recibir las secuencias indispensables de transacciones con su entorno inmediato. (Rómulo y Remo son un mito).

A lo largo de la vida, las interacciones con el Otro le harán vivir como personas, nutriendo y mantienendo el cerebro con incesantes estimulaciones.

Tender puentes entre islotes

La primera interacción del bebé con el mundo externo en el que ha sido arrojado, tiene lugar con su madre que empieza siendo para el bebé, un objeto, un útil (Zuhandene de Heidegger), para satisfacer sus necesidades vitales.

El primer puente real de un islote a otro vendrá en el momento en que se produzca el « reconocimiento del Otro en tanto que Otro, en tanto que persona, y no sólo útil ».

Al ir creciendo, el reconocer a Otro como persona es tanto como extraerlo del mundo de los útiles y atribuire un estatuto de persona. Un proceso que es además indispensable, por vía especular, para la construcción del propio Yo.

En nuestro desarrollo ulterior, los amigos, las relaciones, continúan siendo por inercia, objetos útiles del entorno, aunque nos lo ocultemos hipócritamente a nosotros mismos. La empatía será el primer paso para el reconocimiento del Otro en tanto que persona, una etapa inicial hacia el amor.
Las interacciones subsiguientes a lo largo de la vida, nos permiten seguir viviendo. Tenemos un hambre fisiológica ( y metafísica, existencial) de interacción. Una de las peores torturas imaginables es el aislamiento y la privación de sensacions y estímulos. Lo sabían muy bien en las checas, las cárceles de los regímenes nefastos del centro de Europa. La pérdida de la razón era la consecuencia inevitable.(1)

Amores, hay muchos en nuestra vida

Son muchos y de muy diferente naturaleza : el amor materno, el amor en la pareja, el amor a los hermanos, la amistad, el amor a la patria, el amor al prójimo, a Dios, etc. Tantas son las variaciones y tan polisémico el concepto de amor que es difícil hacer una caracterización y clasificación.

Hay sin duda amores que tienen un clarísimo correlato biológico y otros que se originan en un trasfondo ideológico o cultural. Muy aproximativa y esquemáticamente, existen amores instintivos -límbicos, podíamos decir - como el de la pareja y entre padres e hijos, o el de la familia. Y hay otros amores fundamentados en la razón (neocorticales) como el amor a la patria, el del prójimo y quizás el amor a Dios.

Unas reflexiones sobre la intensidad del amor me parecen oportunas, en la medida en que la gradación de las intensidades en el amor es indispensable para la protección personal y para la sensata gestión de nuestra afectividad.

Amar es ante todo salir de sí. Ir hacia el otro de alguna manera y en algún grado. Pero ¿hasta qué distancia ?

Uno de los parámetros que definen la intensidad de la relación es precisamente el de la distancia deseable entre las personas A y B. Hay que aceptar el principio de que existe una distancia apropiada para cada relación. Hay que saber escoger en cada caso y para cada persona la distancia conveniente.

El amor universal, el amor cristiano ilimitado, sin matices ni reservas, tal como como una primera lectura de San Mateo sugeriría aparentemente, tal vez sea una aberración, un contrasentido, una utopía que ignora la realidad del comercio entre seres humanos. Los errores en la distancia son una fuente potencial de sufrimientos en la vida de cada día. Dos personas pueden ser excelentes amigos con tal de que la amistad se mantenga a la distancia apropiada. Mucha distancia es insatisfactoria, poca puede ser destructiva. La proximidad hay que saberla manejar. Una intimidad excesiva es frecuentemente poco inteligente.

En correlación directa con la distancia se encuentra un marcador de intensidad, la transparencia del uno para con el otro. ¿A qué grado de transparencia de hechos, ideas e intenciones me obligan la amistad y el amor ? ¿Puedo ocultar algo ? La simplicidad evangélica – ser cándidos como palomas – nos puede jugar muy malas pasadas. Está claro que en las relaciones personales la ficción y la mentira no son juego limpio y por tanto éticamente inaceptables (¿Y en la guerra ? ¿Y en particular en el estado de guerra psicológica entre dos personas? (Tengo entendido que la moral musulmana acepta la ficción, jila).

En otra ocasión hablaremos no ya solamente de la actitud estratégica respecto al Otro, sino también de la dinámica del amor, el juego de intercambios, tan importante por ejemplo en la relación de pareja, o entre amigos.


MORIMOS SOLOS

Los pájaros se esconden para morir, escribió alguien.

Las personas que más queremos se nos irán un día para perderse en una bruma sin límites. No podemos asirlos por la ropa, ni retenerlos con nuestra mano. Una ola inmensa nos los arrebata y los arrastra.

A quién contarle, con quién compartir estos últimos temblores del alma. En vano buscar entonces un Otro a quien hablar. La soledad es el anticipo del último hundimiento en el silencio perpetuo, en la tranquilidad sin bornes del Uno.

Nos iremos solos y se nos irán solas las personas que amamos. En la más absoluta soledad. Lo que nos devuelve a nuestra última verdad metafísica. La vejez del alma es eso, desnudarse poco a poco y uno tras otro, de los amores que habíamos pensado y querido eternos.

Tan bella ha sido durante la vida la ilusión del amor, del cariño y la amistad como cruel es este despojo! Pero se nos irán, dejándonos solos y desvalidos o los dejaremos cuando nosotros nos vayamos. Morirse es el último despojo.

Entre dos soledades la del nacimiento y la de la muerte, mi vida no fue solamente un sueño, una ilusión. Fue la fuente intima de la verdad del ser humano, la flecha lanzada hacia una diana situada en el infinito. ¿Cómo entender, si nó, tantas vidas derrotadas, tantas ilusiones quemadas en el mismo fuego del ansia de trascendencia y de amores sin límites?

Una lección para aprender a toda prisa ahora que las campanas empiezan a tocar a vísperas.

NOTA AL MARGEN
(1) A ese propósito recuerdo al lector el drama desgarrador que sufre un amplio sector de nuestra sociedad que envejece, y más en estos tiempos en los que la familia se deshilacha. Atención a nuestros padres y a nuestros abuelos. También ellos necesitan el efecto especular de sus personas y sus acciones sobre nosotros, como un alimento indispensable para su cerebro. Aunque la imagen especular sea negativa, más vale eso que la privación total de imágenes.

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Blas Lara Miércoles, 13 de Agosto 2014 - 19:34

Artículos

Platón en El Banquete habla de la « divina locura » que es el amor. Hipócrates, de desquilibrio de humores. ¿Es el enamoramiento una enfermedad del cerebro ?
El amor es un eje alrededor del que gira nuestra vida entera : amar y ser amados, bajo las diferentes declinaciones del amor. Miedos de ser abandonados, las heridas del mal de amor, la mordedura de los celos, deseos de posesión, odios, venganzas,… O por el contrario éxtasis, momentos de paraíso en la tierra.
Todo ello tiene que ver con la bioquímica del amor. (¿Sólo con ella ?). Analicemos un fenómeno particularmente ilustrativo.
El enamoramiento
El enamoramiento sudáneo dispara una reacción en cadena en distintas áreas de la corteza cerebral, y quizás más importante, en regiones subcorticales más primitivas. Justamente : este llamado cerebro reptiliano (MacLane) lo compartimos con especies inferiores. Constatamos grandes similaridades entre nosotros y esos animales en todos aquellos procesos que son predominantemente emocionales. Lo que sugiere además que los sistemas implicados en el amor humano son resultado de la evolución y de perfeccionamiento durante millones de años.
Vamos a resumir el tema de la bioquímica del amor, porque no se trata aquí de presentar una lección de fisiología, sino de sentar unas bases para, en otro capítulo, plantearnos interrogaciones a un nivel más generalmente asequible, digamos, filosófico.
Las etapas canónicas del enamoramiento, el flechazo
Nuestros órganos sensoriales, vista, oído, olfato, tacto, nos envían separadamente una pluralidad de señales relativas a la persona amada, que van a ser integradas rápidamente a lo largo de trayectos que pasan por la amígdala, la formación reticular, etc, y que van ser tratadas por los importantísimos núcleos caudados (caudate nucleus). Estos núcleos caudados están situados en una parte central del cerebro, que hemos llamado reptiliana. ¡Que ya existía en especies anteriores a los mamíferos!
Las imágenes obtenidas por resonancia magnética funcional nos demuestran que existe efectivamente una hiperactividad en esa zona, cuando a las personas « enfermas de amor » se les presenta una foto de la persona amada o se les hace oir su voz.
¿Por qué caemos enfermos de amor ? Los núcleos caudados, el área ventral tegmental, el llamado circuito de Pappez,…y otras zonas cerebrales, tienen una enorme importancia en los procesos de autoestimulación, en el placer, en el reforzamiento de las repuestas. Y, muy importante, en la producción de neurotransmisores como la dopamina, la norepinefrina, y otros neurotransmisores de los que ya hablaremos.
Es indispensable en nuestra reflexión, poner en evidencia que estas funcionalidades cerebrales nos son comunes con especies animales inferiores. Están ligadas tanto en ellas como en nosotros al instinto más radical, la supervivencia, cuyos mecanismos son reforzados por los circuitos de recompensa y de placer. Es de ahí de donde nace el violentísimo instinto de perpetuación de los propios genes, es decir, la procreación. Ese instinto se ha visto reforzado desde el fondo del tiempo a través de las especies que nos precedieron en la evolución. Así las raíces biológicas del amor se hayan entroncadas en los mecanimos cerebrales más profundos y por eso pueden desencadenar verdaderas tempestades electroquímicas en el cerebro. El cerebro explosionaría a menos que la racionalidad neocortical no lo frenase.
Curiosamente, en situación de amor frenético, la corteza órbito-frontal a lo que parece baja la guardia. Está desactivada. La capacidad crítica del enamorado disminuye o se anula. El pensamiento racional se amengua. Y esa energía explosiva que proporciona la sobreabundancia de dopamina lleva a actitudes frenéticas, irracionales y obsesivas.
I. LAS VARIAS FORMAS DEL AMOR
Se trata de una distinción que ya Platón reconocía en El Banquete y que recogen autores científicos actuales como la americana Helen Fischer, y más recientemente Bartel and Zeki, neurocientíficos británicos. Las tres variedades del amor de pareja, responden a un esquema simplificado de las fases habituales en el amor de pareja que son : amor erótico, enamoramiento de la persona y apego a largo plazo de la pareja.
A) Amor erótico.
Deriva del instinto de supervivencia de la especie. El amor erótico no busca tanto el compañero cuanto el encuentro físico. Responde a un impulso gobernado por los niveles de testosterona y estrógenos. A más alto nivel, más deseo sexual. La libido decrece con la edad.
B) Enamoramiento
Es una etapa de la evolución que aparece para favorecer la monogamia como manera eficiente de uso del tiempo del encuentro físico, e igualmente para una mayor protección de la progenitura.
Desde el punto de vista de la neurología cerebral, esta etapa se caracteriza por altos niveles de varios neurotransmisores, particularmente la feniletilamina, la dopamina, la serotonina, la norepinefrina y el llamado factor de crecimiento del nervio(NGF). Los niveles inhabituales de esas moléculas sont responsables del embaucamiento amoroso.
Globalmente estas sustancias pueden ser tan adictivas como las anfetaminas. Los scaners y la resonancia magnética funcional muestran que los cerebros de los enamorados se « encienden » de forma idéntica a la de los consumidores de cocaína. Tanto con la droga como con el amor la adicción implica los consabidos ciclos: necesidad, sufrimiento cuando se les retira el objeto del deseo, y recaída cuando el objeto de la adicción reaparece. En ese momento, curiosamente, los niveles de dopamina y de norepinefrina aumentan.
La fase de enamoramiento perdura de media unos dos a tres años según algunos estudios estadísticos.
C) Apego a largo plazo
En esta fase de las relaciones humanas las parejas se ligan y consolidan acompañando el crecimiento de los hijos. Los estudios muestran que mientras dura esa convivencia el hipotálamo y hipófisis secretan en particular hormonas como la oxitocina y la vasopresina.

II. LAS MOLECULAS DEL AMOR
Feniletilamina
La llamada molécula del amor acelara el flujo de información entre neuronas.
Es responsable de esos estados de alma del enamorado que los literatos describen en sus novelas y piezas de teatro o de cine : hiperactividad, falta de apetito, insomnio, etc. Los síntomas del enamorado se parecen al que ha ingerido altas dosis de anfetaminas. Afortunamente ( ?), el nivel de feniletilamina tiende a disminuir al cabo de unos dos años (!), coincidiendo con la primera crisis en algunas parejas.

Dopamina
Cuantitativamente, es quizás la más importante sustancia química, neurotransmisor, por el alto tenor que aparece en los enamorados. Es también una hormona producida por el hipotálamo.
Aprovisiona en energía, necesaria para el movimiento. (Su deficiencia causa la enfermedad de Parkinson).
Moviliza el cerebro para reconocer, buscar y perseguir el placer.
Estimula el deseo sexual y aumenta el nivel de testosterona.
La dopamina en cantidad suficiente procura un estado emocional muy elevado, especialment apetecible y muy adictivo. Está muy presente tanto en los que abusan de las drogas, anfetaminas y cocainas, como en casos de hipersexualidad.
Serotonina
Es conocido por los especialistas el efecto de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, la familia de los ISRS. La depresión en sí misma puede disminuir el deseo sexual, pero la libido decae con la ingesta de antidepresivos como Prozac, Zoloft, y otros inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina. De donde se puede concluir el efecto al menos coadyuvante de esta molécula sobre la libido.

Oxitocina
Es liberada por la parturienta en grandes cantidades para facilitar el trabajo del parto, así como después para desencadenar la subida de la leche materna. Pero además los investigadores han encontrado que esta molécula, aparte de « acompañar » (¿generar ?) el instinto maternal, está asociada a la atracción entre dos personas, en particular el apego de las parejas longevas.
Paul Zak, en su libro The Moral Molecule, describe el papel de la oxitocina en el desarrollo de la confianza y el apego entre humanos.
Los biólogos la han encontrado en otros mamíferos y la han identificado como indispensable para las atenciones a las crías.
Explica Zak que cuando confiamos en otras personas nuestros cerebros fabrican oxitocina. Más aún que mediante ella nos es posible inducir a la persona a confiar en los demás sin apelar a facultades cognitivas. Basta con administrar un producto farmacéutico que contenga esta molécula.
La confianza es una especie de aglutinador social. Así pues : ¿Nos hace más amables, generosos y morales la oxitocina ? Hoy es ya comercializada con estos fines. (Consulte internet el que se interese en conocer la farmacología pertinente).

III. LA INVESTIGACION EN EL SIGLO XXI
Interrogaciones ulteriores de carácter general
• Regiones y neurotransmisores en el cerebro que controlan las diferentes emociones
• Actividades y tratamientos que afectan a las emociones
• Cómo las emociones afectan los sistemas inmunitario, cardivascular y endocrino
• Por qué las emociones afectan a las personas diferentemente
Efectos terapéuticos de la bioquímica
Los investigadores afirman de que el amor no es una incomprensible emoción pasajera sino que se apoya en mecanismos cerebrales altamente complejos de conexiones neuronales y potentes neurotransmisores. Por consiguiente, desvelarlos esos mecanismos permitiría tratamientos y terapias que mantengan a la larga las relaciones de pareja, o que alivie las depresiones tras las rupturas y tras los duelos. Además el conocimiento de la mecánica del amor hará mantener la cabeza serena a los que sufren de los males de amor que conlleva el encandilamiento.
El objetivo de las neurociencias del XXI va a ser
1) Desarrollar tratamientos para las patologías afectivas como el alucinamiento, la ansiedad, la depression. Aumentar la resiliencia a las enfermedades, y promover la salud mental.
2) Identificar las relaciones de causa a efecto que provocan las emociones y las “enfermedades del alma”. Si esto se consigue, ¿no estamos ya en los umbrales de la filosofía? ¿De una antropología nueva a construir?

NOTAS FINALES
1. ¿Las declaraciones de amor de nuestros nietos en el XXI sonarán así : Mira mi amor, me estás haciendo subir los niveles de testosterona, de feniletilamina y sobre todo de dopamina, por no hablarte de la subida de oxitocina cada vez que rozo tu mano ?
2. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que en el XXI a algún Gran Hermano se le ocurra añadir oxitocina al agua en las cañerías para favorecer el entendimiento entre los humanos?

(Seguirá una valoración filosófica de que precede)
Blas Lara Viernes, 28 de Marzo 2014 - 19:07

Artículos

El siglo XXI va a sorprendernos con extraordinarios avances en el conocimiento del cerebro. Será una auténtica revolución científica comparable a la deslumbrante primera mitad del XX que, aparte de abrirnos los secretos más íntimos de la física de la materia, indujo formidables desarrollos tecnológicos y posteriormente las transformaciones económicas que todos conocemos




En el XXI entenderemos mejor el cerebro. Entenderemos mejor la naturaleza de los acontecimientos cerebrales, y muy en particular los mecanismos ligados a las emociones, los afectos, las motivaciones, las estructuras lingüísticas, la libertad,… Claves esenciales para abrirnos el misterio del hombre (del espíritu humano), yendo a sus raíces más íntimas. Eternas controversias sobre cuestiones filosóficas y religiosas se reducirán a meros flatus vocis. Ideas viejas se tendrán que reformular bajo una luz nueva. Y derivarán de estos nuevos conocimientos resutados muy prácticos. Aparecerán nuevas terapias, nuevas teorías jurídicas, nuevas pedagogías y nuevos sistemas de aprendizaje. Además, integraremos a modo de simbiontes unos sistemas electrónicos que serán prolongaciones de las habilidades humanas.
El amor en sus distintas variantes es un afecto con sede en el cerebro. En este artículo y en los siguientes vamos a interesarnos por un tipo de particular de emoción, la disposición afectiva positiva hacia otro. Qué cuestiones plantea y qué respuestas podemos esperar de los nuevos aportes de la ciencia, de la antropología y del saber en general sobre un tema tan radical en nuestras vidas como es nuestra vida afectiva.
El amor está presente en nuestras conversaciones en innumerables obras literarias, películas y canciones. Pero se ha elaborado poca ciencia sobre el amor.
Nota preliminar. Ambigüedad del término amor que recubre igualmente el enamoramiento, el deseo sexual, el amor a los padres, a los hijos, a los amigos, a nuestro cónyuge, a nuestro perro… ¿Es lo mismo el amor a una persona que amar el trabajo, la patria, a la justicia, a la ciencia, al arte? ¿Y el amor a Dios ? ¿Y, lateralmente, qué es eso del amor de Dios ?

LA IMPORTANCIA DEL AMOR
Dice Platón que el cielo se mueve por amor. Dante como Platón, decía que era el amor lo que movía el sol y las estrellas
De manera menos poética y más práctica, empezaremos constatando que nuestro vivir de hombres en la sociedad es solamente posible gracias a la extendida red de afectos y amores en que crecimos y que nos sustentan cada día.
Una rápida introspección nos hará también tomar conciencia de la amplia red de afectos en la que vivimos envueltos cada uno de nosotros. Sus tonalidades son muy diferentes. Desde el amor hacia los miembros de nuestra familia, fundado en el entroncamiento biologico común, hasta el afecto a la multitud de amigos que hemos ido encontrando y seleccionando a lo largo de nuestra existencia. Desde las amistades de la infancia hasta el amor último, definitivo, fusional, si es que hemos tenido la suerte de haberlo encontrado.

La indigencia de afectos, nuestra condición humana
Nace el bebé en la más absoluta indIgencia y en la más total dependencia. No solo necesita el alimento corporal, sino que su desarrollo cerebral requiere el ingrediente indispensable del amor de sus padres. Lo necesita para iniciarle en el aprendizaje de la lengua, -instrumento mayor de inmersión en el comercio humano- y en especial para insertarse en la sociedad y equiparse con una panoplia de base para poder dar respuestas a los estímulos exteriores.

El hombre sale de sí hacia los demás
De mayor, es para el hombre una necesidad absoluta el salir de su castillo interior, de su « cerrado si mismo ». El hombre es un ser potencial que solamente se despliega en un entorno social. De esa manera llena su hondo vacío metafísico mediante la interacción con los otros. Los otros constituyen a la vez su espejo, sostén psicológico, fuente de alegría, paradigma de comportamiento. De fuera nos vienen hasta el sentido y la significación del vivir. Una búsqueda que el hombre va a perseguir sin descanso desde sus primeros años.

Las varias formas del amor
La introspección nos revela sin dificultad la variedad de nuestros afectos, con modalidades e intensidades diferentes. Lo que sentimos por los otros asciende gradualmente desde la tolerancia, la comprensión, el prejuicio positivo, hasta la empatía, el buen entendimiento, y la simpatía mutua. Desde la amistad al amor y por último, en lo más alto de la escala, el amor fusional.
En conclusión : El amor es indispensable, pero poco estudiado. Necesitamos explorar el amor. Vivimos inmersos en una densa red de afectos, y es preciso cartografiar esta foresta amazoniana en la que vivimos envueltos para movernos racionalmente y sensatamente en ella.

LA EXPLORACION DEL AMOR, una tarea para el saber del siglo XXI
Algunas preguntas que trataremos en sucesivos artículos :
1. Una explicación bioquímica ¿Es el amor, en sus diferentes variantes. reductible a una lectura exclusivamente materialista?
2. Bases antropológicas: para una filosofía del amor.
3. Amor y Teoría de Juegos :actitudes estratégicas ante el Otro en una relación afectiva.
4. Tipología y dinámica del amor
5. El amor cristiano : sus falsificaciones. ¿Qué quedará del mensaje de Jesús en el siglo XXI tras la deconstrucción que las ciencias van a operar?
6. Sociología del amor.
7. En definitiva : el amor posible
Blas Lara Sábado, 8 de Marzo 2014 - 00:37


Hechos

El lector de periódicos comienza a enterarse de la competitición entre países en cuestiones de la legislación fiscal (caso de Irlanda) o de la legislación laboral con el fin se atraer a los inversores internacionales.

La lucha entre países es despiadada. Todos pretenden su parte de botín fiscal. En juego están muchos miles de millones de dólares de recaudación, que los presupuestos de los estados necesitan en los duros tiempos que vivimos. Otro tanto hay que decir sobre la competición monetaria, de las delocalizaciones y los puestos de trabajo.
Hablemos de la concurrencia fiscal entre países. Los paraísos fiscales, ¿son moralmente legítimos? Ni siquiera es pensable hoy por hoy que vea la luz una legislación internacional eficaz que imponga orden, racionalidad, justicia y equilibrio. El egoísmo de las naciones individuales lo impide. Y el resultado es que entre países reina un darwinismo puro y duro, que no se limita a asegurar la propia supervivencia, sino que se mueve por una avidez ciega y sin freno. Vivimos en plena selección natural. Que el más adaptado a las circunstancias sobreviva y triunfe.
Como si fuera moralmente aceptable que se impongan algunos pueblos por su pretendida superioridad técnica o su mayor adaptación (fitness) a los condiciones de nuestro entorno económico.

Una tela de araña envuelve el planeta entero

Los circuitos de transferencias de dinero que llevan a cabo las empresas y bancos multinacionales constituyen una espesísima red por la que circulan en permanencia cantidades inimaginables de dinero. Por mis propias experiencias en el seno de multinacionales testifico que se pratica la planificación fiscal y la manipulación de precios de transferencia de mercancías. Para ello se utilizan sociedades de distribución que consisten en un simple buzón postal; sociedades de inversión, que no necesariamente imprescindibles, en las que se facturan servicios comerciales, financieros, consultoría, etc . En resumen, se trata de mecanismos de movimientos de repatriación de dinero y de ubicación flexible para « optimizar » el pago de impuestos a los estados.
Son mecanismos que los ciudadanos ordinarios no podemos utilizar sin violar la ley. (Ejemplos tenemos abundantes en la prensa de los escándalos de este orden). Pero son mecanismos de los que las multinacionales se sirven sin contravenir la ley. Que para eso tienen en la plantilla una pléyade de abogados especializados que estudian los resquicios legales . Más aún, los gobiernos locales crean facilidades e incentivos. Poca idea tiene la gente de la inmensa tela de araña que envuelve el planeta con sus densos entramados financieros.
¿Contravienen la moralidad estas prácticas ?
Deseo llamar la atención sobre la limitación, la ineficacia,- por no decir la ausencia -, de una legislación internacional en este dominio. Y también sobre la evidente inexistencia de códigos y principios morales que regulen amplios e importantísimos sectores de convivencia entre pueblos.

Cómo determinar los límites de la moralidad

En las relaciones entre pueblos se interponen menos obstáculos morales o éticos que en la relación binaria entre dos personas, que ésa sí, ha sido ha atraído más la atención de los moralistas y ha sido mucho más codificada por leyes y religiones. La relación entre países, pueblos y grupos es un combate en el que todos los golpes están permitidos. Una competición en las que no hay reglas de juego. Parece legitimo el egoismo grupal y la rapacidad. La ambición. Que gane el más fuerte sobre el terrenos económico-comerciales, e igualmente en el de la concurrencia fiscal. En tiempos en que domina el pensamiento neoliberal no están mal vistas estas formas de darwinismo económico.

La Historia de Europa demuestra que algunos pueblos se han comportado como depredadores despiadados. Nombrarlos sería ir contra las intenciones pacíficas de este ensayo. La situación a la que han llevado al mundo esas prácticas egoístas es tan extremamadamente injusta para algunos países, que hora es ya de que comencemos a pensar en integrar los intereses del otro, y a hablar de moral y de responsabilidades entre colectividades. Nuestra moral regula las relaciones de un individuo con otro. Sin embargo, no parece estar tan claro que las relaciones entre grupos deban ser objeto de regulación moral.

Fraternidad entre pueblos ?

Hablando de la convivencia entre grupos, pensemos que existen odios latentes pero arraigados entre pueblos, prejuicios seculares que conducen a sobresaltos de violencia periódica. En este momento, son muchos los conflictos potenciales que pueden estallar a lo ancho del planeta. Basta que surja una chispa -como el asesinato de Sarajevo- para que el mundo desencadene una guerra. La tensiones internas estaban latente como en los volcanes que van a estallar. Hoy subsisten numerosos focos de odio entre pueblos e incluso entre los varios componentes de estados plurales. Y hay quienes fomentan estos odios por intereses personales. O por atavismos decimonónicos.
¿Por qué dos entidades paises vecinas están abocadas frecuentemente a entrar en conflicto ? ¿Por una inconfesable rapacidad ? ¿Se justifica la confrontación con el vecino como manera de definirse y autoafirmarse ? Al nivel entre individual se dice que el hombre es un lobo para el hombre (Hobbes) Pero ¿y entre comunidades humanas ?
¿Cómo surgen países nuevos ? ¿Qué pensar de los nacionalismos ? Quizás haya que comenzar por distinguir entre los nacionalismos espontáneos y los inducidos o provocados. Hay nacionalismos activos y nacionalismos reactivos. ¿Se trata de pueblos originariamente « humillados » de los que se ha abusado a lo largo de la Historia ? ¿O son pueblos manipulados para satisfacer las ambiciones particulares de algunos « lobos » infiltrados en el rebaño ? La fragmentación de la humanidad va directamente contra la esencia misma del hombre que es ante todo biológicamente uno. La biología debiera tener la última palabra. El peligro de una forma u otra de racismo late bajo el nacionalismo, al menos de determinadosl nacionalismos activos.

¿Remedios ?

Los griegos antiguos con su visión tan profunda de los fenómenos humanos, decían que la guerra es la madre de todas las cosas. Según ellos la emergencia de ideas nuevas y de formas políticas nuevas, seguiría a las colisiones, guerras y catástrofes. Un limpiado periódico de aguas estancadas para ir a mejor.
Pero también los griegos inventaron los juegos panhelénicos para crear espacios de tregua, períodos de paz durante los que se multiplicaban las ocasiones y las Iniciativas para fomentar la amistad y el aprecio entre la fragmentada nación helénica.

En esas altas aspiraciones de los griegos clásicos se inspiró Pierre de Coubertin al resuscitar los Juegos Olímpicos.
Con tristeza constatamos hoy que las competiciones olímpicas, - ¡y el fútbol en particular! –se han transformado en gigantescas máquinas para crear y mover dinero, que parecen más bien exacerbar los repliegues nacionalistas que favorecer la amistad entre los pueblos.

Conclusión pesimista

Nos falta una doctrina de moralidad intergrupal. El mensaje de fraternidad de Jesús se dirige al individuo, pero no a los grupos sociales. (Jesús no entra en ese tipo de relaciones. Los condiciones geopolíticos y sociales de entonces no lo requerían. Sin embargo, he leído con interés unas páginas del escrito Evangelii gaudium del papa Francisco a este respecto).

No hay soluciones definitivas para liquidar las barreras que constituyen entre las colectividades humanas, la insolidaridad, los intereses económicos egoístas, las diferencias de ideologías políticas o religiosas. Los racismos. La conciencia de superioridad de algunos conjuntos humanos.

Poco ha quedado del Tribunal Internacional Independiente de Bertrand Rusell, contituido por sabios independientes que diriman los conflictos potenciales y anticipen las soluciones racionales antes de que estallen las confrontaciones.

Ni siquiera se logramos restañar para siempre las llagas del pasado. Nuestros historiadores no tienen ni la fuerza ni el poder para limpiar la Historia de toda la escoria de odios y falsedades acumuladas durante siglos.

La paz entre los pueblos es hoy por hoy un mensaje utópico. Jesús predicó « el amor al prójimo, entre individuos », no entre pueblos. Soñemos en lejanos mundos mejores.
Blas Lara Jueves, 20 de Febrero 2014 - 15:46


Nuestro vivir es posible gracias a la extendida red de afectos y amores en que crecimos y que nos sustentan cada día.
Una rápida mirada hacia dentro de nosotros mismos nos hará tomar conciencia de la amplia red de afectos en la que vivimos envueltos. Sus tonalidades son muy diferentes. Desde el amor hacia los miembros de nuestra familia, fundado en el entroncamiento biológico común, hasta la gama de amigos que hemos ido encontrando y seleccionando a lo largo de nuestra existencia. Desde las amistades de la infancia hasta el amor último, definitivo, fusional, si es que hemos tenido la suerte de haberlo encontrado.


LA INDIGENCIA DE AFECTOS, NUESTRA CONDICIÓN DE HOMBRES

Nace el bebé en la más absoluta indigencia y en la más total dependencia. No solo necesita el alimento corporal, sino que su desarrollo cerebral requiere el ingrediente del amor de sus padres para iniciarle en el aprendizaje de la lengua ‑instrumento mayor de inmersión en el comercio humano‑ y, en especial, para insertarse en la sociedad y adquirir las bases del futuro comportamiento como respuesta a los estímulos exteriores.

EL HOMBRE SALE DE SÍ HACIA LOS DEMÁS

De mayor, el salir de su castillo interior, de su «cerrado sí mismo», es para el hombre una necesidad absoluta. El hombre es un ser potencial que solamente se despliega en un entorno social. De esa manera, llena su hondo vacío metafísico mediante la interacción con los otros. Los otros constituyen a la vez su espejo, sostén psicológico, fuente de alegría, paradigma de comportamiento. De fuera, nos vienen hasta el sentido y la significación del vivir. Una búsqueda que el hombre va a perseguir sin descanso desde sus primeros años.

LA VARIEDAD DE FORMAS DEL AMOR

La introspección nos revela, sin dificultad, la variedad de nuestros afectos, con modalidades e intensidades diferentes. Lo que sentimos por los otros asciende gradualmente desde la tolerancia, la comprensión, el prejuicio positivo…, hasta la empatía, el buen entendimiento y la simpatía mutua. Desde la amistad al amor y, por último, en lo más alto de la escala, el amor fusional. (Sería posible matematizar un tal espectro de formas, representando los afectos en un espacio topológico, dotado de una métrica particular).

LA UTOPÍA DEL AMOR UNIVERSAL

El amor al prójimo es, probablemente, el mayor aporte sociológico de la figura histórica de Jesús, de enorme significación en la Historia de las Ideas. Comparo con Hobbes, Rousseau y otros.

Pero el amor evangélico, sin límites ni reservas, es una pura utopía que conduce al fracaso, tanto en la historia individual como en la dimensión social. Según algunos (¿santos o iluminados?), el amor al prójimo sin límites ni restricciones (presentar la otra mejilla al que te abofetea) es lo que mejor condensa la ideología del cristianismo. Pero esta interpretación no puede ser admitida sin restricciones. A falta de espacio para desarrollar aquí este tema, invocaré la frase del propio Evangelio: «Sed cándidos como palomas y prudentes como serpientes» que marca reservas a la utopía del amor sin límites ni cautelas.

PERO AL SALIR HACIA EL OTRO…

Al salir hacia el Otro, cruzando la «tierra de nadie» entre las personas, te vas a encontrar frecuentemente con la maldad, el egoísmo, la ruindad, la mala educación, y lo que es más frecuente: la inelegancia del alma. Y, a fin de cuentas, con la frustración.

EL IMPOSIBLE AMOR FUSIONAL

Alguien escribió en algún sitio: «Un día quise irme para siempre con la persona que más amaba. Se estaba muriendo. Pero la tuve que dejar penetrar sola en el túnel terrible de la muerte. En ese momento trascendental, ella se hundió profundamente en la negra oscuridad y yo me quedé infinitamente solo. Ese día comprendí que la distancia con los seres más queridos nos es impuesta como una necesidad ontológica, constitutiva del ser humano».

LA GESTIÓN DEL AMOR Y LA AMISTAD

El buen ejercicio del arte de amar necesita gestionar sabiamente las distancias entre las personas.

Se han de guardar distancias simplemente para protegerse.

Se sale de sí al encuentro del Otro por la amistad o por el amor. Pero ¿hasta dónde es prudente, legítimo, aconsejable aproximarse al Otro?

El mutuo aprecio nos inclina a aproximarnos de manera física y sobre el plan psicológico.

La proximidad física es evidente y no necesita muchos comentarios, si no es el de las diferencias de sexo y de cultura que llevan a apreciaciones diferenciadas de esa proximidad.

La proximidad psicológica tiene que ver con el propio desvelamiento, con la eliminación gradual de las barreras y con la apertura hacia el Otro. Transparencia del uno para el otro.

Pero no se le dice a cualquiera todo lo que se dice en familia.

Ni siquiera la candidez evangélica nos obliga a dar cualquiera las razones de nuestros comportamientos.

LAS DIFERENCIAS ENTRE PERSONAS

Estas formas de aproximación suponen un extendido camino hacia el Otro en el hay que salvar el problema real de las diferencias entre las personas. Constituyen un obstáculo las diferencias de gustos y maneras. Y, de forma más sutil, las diferencias de tono vital en lo cotidiano y de tonos emocionales de los que somos tributarios por nuestra genética y nuestras biografías diferentes. Recordando, como queda dicho, que la fusión es imposible aún en el matrimonio.

DIFERENTES AMORES, DIFERENTES DISTANCIAS

Oí decir a una señora de mucha edad, y con numerosos descendientes, que hay parientes a los que se les quiere mucho, pero que están mejor en el álbum de fotos.

La cuestión se centra en situar a cada uno en el sitio adecuado, como las piezas en un tablero de ajedrez. No es cosa fácil, sino algo muy delicado.

Se puede amar intensamente a una persona, por ejemplo a un hermano, y guardar obligatoriamente una distancia considerable para evitar colisiones, decepciones, frustración.

Hay gente a las que más vale dejarlas en un distante nicho, quizás idealizándolas, para no sufrir la decepción de una proximidad inadecuada.

PROGRESANDO EN LA AMISTAD

En el camino de la progresión, en una amistad o en un amor, hay que ser lúcidos para ver hasta dónde se puede ir. Y hay que ser capaz de detenerse a la distancia debida, a pesar de lo que atrae llegar a una amistad verdadera y profunda.

La mayoría de la gente se detiene en el camino, por egoísmo, por no ser capaz de dar más. Por eso, hay que tener en cuenta hasta dónde quiere ir el otro para evitar decepciones.

ROL DEL HUMOR EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA AMISTAD

El humor y la broma es un instrumento inteligente para crear un espacio de juego y de encuentro, superficial tal vez, ambiguo siempre, pero con efectos positivos para el tratamiento de las diferencias. Es un espacio situado en la «tierra de nadie» que separa los seres humanos. En ese espacio se disuelven y esfuman a veces muchos de los conflictos reales o potenciales que surgen al constatar las diferencias entre las personas. Y, si no llegan a disolverse de forma completa, el encontrarse, en ese espacio de prueba, permite, sin demasiados riesgos, rectificar posicionamientos y dar pasos atrás, cuando se cometió el error de aproximarse de manera demasiado rápida e inapropiada.

PARA CONCLUIR

Es oportuno tomar conciencia de la gran variedad de nuestras afectos y de nuestros amores. Reconocer sus limites.

Queramos o no, luchamos embarcados en una ilusión permanente en busca de afectos verdaderos y fiables. Buscando significación a la vida. Aquello de San Juan de la Cruz:
Buscando mis amores
iré por esos montes y laderas…


Pero nos toparemos con las frustraciones y los límites. El mito griego del Sísifo que remonta incesantemente una roca sin lograr llegar nunca a la cima.

Habrá que quedarse a medio camino, contentándose con la mediocridad de la vida. Un compromiso acorde con nuestra última limitación ontológica.

Aprendamos, al menos, a gestionar la amistad y el amor, y, correlativamente, las distancias que convienen en cada caso.
Blas Lara Sábado, 30 de Noviembre 2013 - 23:36

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Blas Lara
Actividades profesionales ejercidas: Catedrático de la universidad de Lausanne, Jefe del departamento de Informática, Investigación Operativa y Estadística de Nestlé (Vevey). Libros principales: The boundaries of Machine Intelligence; La decisión, un problema contemporáneo; Negociar y gestionar conflictos.





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