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El negociador mantiene a veces una relación difícil con la realidad. Primero, porque la realidad no se nos abre de por sí, sino que hay que realizar un trabajo de profundización para aprehenderla. Y segundo, porque el propio negociador tiende a distorsionarla con sus emociones, sus prejuicios, y sus intereses. El resultado es que con frecuencia entramos en negociación con una representación de lo real inexacta, falseada o al menos insuficiente. (El mantener una relación difícil con la realidad es también el problema que encontramos en muchos políticos). En este artículo propongo la construcción de “mapas mentales” que ayudan notablemente a la preparación de la negociación. Y subsidiariamente para preparar un discurso o un dossier de manera sistemática, racional y productiva; como mnemotecnia para guardar en mente un esquema durante un debate.
Dos modalidades de respuesta
Situación A: Un gendarme que me interpela.
Cuando de manera inesperada me sobreviene una altercación en la calle, por ejemplo, un gendarme de tráfico me interpela y no tengo más remedio que improvisar inmediatamente una respuesta. Mi argumentacióbn se basará en los conceptos e ideas que me surjan en el momento y además emocionalmente contaminadas.
Situación B: Un debate en el que voy a participar.
Estoy en una situación distinta cuando me preparo para una negociación comercial, o si voy a debatir con otra persona sobre un tema, por ejemplo, el federalismo, la inseguridad urbana, la crisis económica o cualquier otra cosa. El primer paso que voy a dar para prepararme es apelar mentalmente a los conceptos relacionados con el tema.
Preparar el encuentro
Cuando no se ha preparado uno suficientemente, si el fracaso llega, ya se sabe quién es el primer responsable.
Temístocles antes de la batalla de Salamina : “Hemos hecho todo lo que estaba en nuestro poder, ahora la victoria está en manos de los dioses.” Y Felipe II, al comunicársele el desastre de la Armada Invencible: “No envié mis barcos a luchar con la tempestad”.
Hay que conocer el dossier lo mejor que podamos. Si disponemos de tiempo, no se debe improvisar. Mucho menos cuando se asume una responsabilidad pública. No hay nada que justifique la improvisación y el “más o menos”. Hay políticos a quienes se les ve el pelo en actuaciones llenas de imprecisiones lógicas, de deslices semánticos, y de frases mal construidas. Creen tanto en sí mismos que piensan poder hablar de todo sin mucha preparación, desde la altura de su cargo, y gracias al talento que se imaginan poseer.
Entre profesionales, y hasta en los encuentros de la vida ordinaria, ¡cómo se nota cuando un negociador viene preparado y cuando no!
Editado por
Blas Lara
Actividades profesionales ejercidas: Catedrático de la universidad de Lausanne, Jefe del departamento de Informática, Investigación Operativa y Estadística de Nestlé (Vevey). Libros principales: The boundaries of Machine Intelligence; La decisión, un problema contemporáneo; Negociar y gestionar conflictos.
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Tendencias 21 (Madrid). ISSN 2174-6850
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