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NEGOCIACIÓN

Artículos

¿Cómo interpretar los movimientos estratégicos de los agentes en el conflicto de Gaza? ¿ Cuáles pudieran ser sus movimientos previsibles?



PROPOSICIÓN 1: La diferencia de percepciones es causa del conflicto.

En toda negociación y en todo conflicto entre A y B, en último análisis, más que dos adversarios lo que se enfrentan son dos percepciones diferentes de una misma situación S. De que estas dos percepciones sean o no compatibles, total o parcialmente, depende el que se pueda llegar, o no, a un acuerdo estable y justo.

Si las percepciones de la situación son irreconciliables en todo punto, entonces no hay a priori solución ni acuerdo posible. Salvo si los agentes, superando sus ideologías y prejuicios en tanto que seres dotados de sensibilidad, muestren flexibilidad y, mejor aún, empatía, es decir, aptitud para ponerse en lugar del otro. En todo caso es indispensable que sean negociadores abiertos y que muestren al menos capacidad de autocrítica, es decir, de relativización y cuestionamiento de sus propias percepciones.

PROPOSICIÓN 2: El dogmatismo desemboca en la confrontación.

En este artículo, a la incapacidad absoluta de autocrítica la llamaremos simplificando actitud dogmática, sin referencia obligada a lo religioso sino más bien al dogmatismo gnoseológico en Filosofía, y a la etimología griega de la palabra, que sugiere creencia o parecer.
Esta Proposición 2 enuncia que el dogmatismo intransigente inhibe la posibilidad de negociar, imposibilita el acuerdo y desemboca necesariamente en la confrontación.

PROPOSICIÓN 3: El dogmatismo de una o de las dos partes induce al uso de la Fuerza como útil de confrontación.

El uso de la Fuerza se caracteriza precisamente por la exclusión de otros instrumentos de interacción como es el razonamiento, la persuasión, los gestos de buena voluntad.

Contra el dogmatismo hermético e intransigente, las primeras y más evidentes formas de respuesta son las que se engloban en la panoplia general de las estrategias y tácticas de uso de la Fuerza.
En efecto, la Fuerza se ejerce de muchas maneras, desde la provocación y la agresión verbal, el insulto y la amenaza, hasta el hostigamiento incesante y la confrontación física. La violencia generalizada y abierta es la guerra.

PROPOSICIÓN 4: La victoria total, aniquila al adversario y resuelve inmediatamente el conflicto.

El uso de la Fuerza conduce el conflicto a una primera salida posible que es la imposición de una de las partes por victoria total sobre la otra: la rendición sin condiciones. La solución será justa o injusta, según se mire, pero constituye sin duda la solución radical, inmediata y definitiva del origen del conflicto.

PROPOSICIÓN 5: El concepto de victoria total ha de ser matizado, porque las confrontaciones se desarrollan sobre una pluralidad de terrenos.

Sin embargo, la rendición sin condiciones es una visión restrictivamente militar, y aún primitivamente militar, de lo que es un conflicto. El conflicto es frecuentemente algo más complicado y que conviene matizar. Todos sabemos que en los conflictos familiares, negociaciones comerciales, deportivos, etc., la batalla se puede desarrollar simultáneamente sobre varios frentes. (Según los casos: el de la confrontación física, el de la confrontación psicológica, el duelo de personalidades, una batalla frente a terceras personas espectadoras, sobre el universo mediático, etc.).

La consecuencia de que exista esta pluralidad de campos es que en los conflictos complejos se puede ganar perfectamente sobre un frente y al mismo tiempo perder sobre otro. Tan es así que una aparente victoria militar total puede convertirse en una victoria pírrica como ha sucedido tantas veces en la historia. (Valga la comparación, hay ventas de las que el comprador sale con la vanidad halagada y el bolsillo malparado, mientras que el vendedor obtiene el dinero a costa de una lisonja servil: dos planos por tanto, el económico y el psicológico).

En el caso de la batalla de Gaza se superponen varios frentes. Entre ellos, el de la confrontación armada, en el que el triunfo de Israel va de por sí; el de la confrontación ideológica y de representaciones de hechos y realidades; el de la opinión pública, donde la victoria de Israel es mucho menos que evidente; el de la confrontación permanente entre palestinos de El-Fatah y de Hamás, cuyo resultado hasta hoy es tan impredictible; el de la guerra entre suníes y chiíes, los unos apoyados por Irán y los otros por Egipto y algunos países árabes. (Es éste último un gran problema de dimensiones históricas que trascienden probablemente al conflicto israelopalestino).

PROPOSICIÓN 6: El uso limitado de la fuerza como método para traer a la otra parte a una actitud de autocrítica y de mayor apertura.

Como una alternativa a la de la solución definitiva por la guerra, tal como expuesta bajo la Proposición 4, se presenta otra variante: el uso de la Fuerza no es llevado hasta la victoria total sino que es una primera etapa de una secuencia estratégica multietapas. Tras la exhibición de fuerza, se reconduce la negociación, pero replanteando los términos de la misma. Con la idea de que quizás tras la fase guerrera, sería concebible que las intransigencias se ablanden.

La estrategia en dos fases tiene de positivo que permite inducir en el oponente dogmático, un incentivo para su propio cuestionamiento que le lleve a replantearse la veracidad de sus “dogmas” o la oportunidad de sus posiciones.

El concepto de estrategia en dos fases, es propio del jugador razonable que no quiere o a quien no conviene la eliminación completa del adversario por alguna de las varias razones imaginables.

PROPOSICIÓN 7: El método de las ganancias incrementales.

Pero si después del cese del uso de la fuerza, y ya en segunda fase, el jugador dogmático persiste y mantiene su percepción inicial de la situación, no hay más que tres salidas posibles:

 O se vuelve a la condición de insolubilidad descrita en la Proposición 2 y con ello entramos en un ciclo sin fin, de tensiones y violencias acumuladas.
 O se repite ciclo descrito de la Proposición 3 a la 7, con posibilidades quizás crecientes de atenuación y flexibilización de las posiciones iniciales.
 O entramos en otra lógica, propuesta en el artículo precedente. Lógica que consiste en abandonar la búsqueda de soluciones de fondo, inmediatas y definitivas, y entrar en un proceso abierto y continuado de lo que hemos llamado ganancias incrementales y simétricas por ambas partes, cuya esencia es que se vaya ganando paso a paso con relación a la situación precedente.

EN RESUMEN

1) Queda establecido que, de todas maneras, el dogmatismo intransigente que busca soluciones unilaterales, impide absolutamente toda solución. El dogmatismo es una actitud de fuerza y lleva necesariamente a estrategias de uso de la fuerza.

2) Un conflicto sin solución racional como el de Palestina no puede ser resuelto con la intransigencia dogmática ni de unos ni de otros. No tiene más salidas que:

a) La utilización de la Fuerza hasta las últimas consecuencias por uno u otro de los agentes. O la imposición sin contemplaciones, con medios políticos y militares que hagan falta. De la parte de un agente exterior.
b) La entrada en un proceso bien conducido de ganancias incrementales simétricas, quizás patrocinado, diseñado y vigilado por un agente exterior.

3) El agente exterior, o tercero, debe ser neutro. Un interviniente tercero que no fuera neutro e independiente, no llevaría a soluciones aceptables y menos aún durables.

4) La opinión pública constituye un frente de batalla, y es también un “tercero” en cierta manera. Los radicalismos y fanatismos de la opinión, no construyen soluciones sino que las obstruyen. Los medios de comunicación creadores de opinión pueden tener una influencia nefasta en el proceso, a no ser que aboguen decididamente por soluciones de racionalidad, y de acercamiento de posiciones, adoptando una actitud similar a la de los mediadores y facilitadores.

5) El ciclo demostración de Fuerza (militar o batalla de ideas) - replanteamiento, arriba descrito, parece resumir los despliegues estratégicos de las últimas décadas. Y los resultados han sido: El-Fatah ha revisado posiciones, aceptando la existencia de Israel y ganando un territorio; Hamas no ha transigido, pero tampoco ganado; los israelitas han flexibilizado sus posiciones en el terreno ideológico y de representaciones.
Blas Lara Miércoles 21 Enero 2009 - 21:55


“Tienen derecho a la tierra de sus abuelos”. “Tienen derecho a vivir en paz”. “Un pueblo tiene derecho a una tierra”. “La guerra se justifica cuando es en legítima defensa”. “La proporcionalidad y los límites en los actos de guerra son hipócritas, van contra la naturaleza misma de la guerra, cuando no son una exigencia suicida”. Estos y otros muchos argumentos, todos discutibles, se confrontan en estos días nuestros periódicos y en nuestras pantallas de televisión y de ordenador.

Cuestiones jurídicas radicalmente insolubles: ¿En este conflicto, como en otros, cuál es el momento cero de referencia en la Historia para reivindicar la soberanía sobre un suelo ? ¿La época de los filisteos, la de Jacob o Moisés, la de los árabes o los otomanos,…? ¿Por qué antes y no después? No hay razón alguna para que Roma reivindique ahora en el siglo XXI ninguna parte de lo que fue su imperio durante medio milenio.

Decir que los unos o los otros tienen razón, toda la razón, es equivocado. Como sucede en la mayoría de los conflictos, cada parte tiene su parte de razón, seguramente.

Lo que podemos hacer

Ni aún pasando meses en Israel y Palestina para observar directamente los hechos, y muchos días en las bibliotecas estudiando los orígenes históricos y el desarrollo del conflicto, creo que llegaría a una conclusión muy diferente: cada uno tiene su parte de razón. No pienso al cabo de largas investigaciones que podría aportar argumentos nuevos, concluyentes e irrefutables que convencieran de manera definitiva a las dos partes contendientes.

Por todo ello, lo que en este artículo modestamente pretendo es simplemente analizar la situación desde el ángulo neutro de la teoría de la negociación. Algunas lecciones pienso que se pueden sacar.

LIMITES DEL METODO RACIONAL

En las negociaciones personales, binarias, a través de un proceso racional se llega en muchos casos a una solución aceptable para cada uno. El equilibrio teórico se encuentra tras la búsqueda de la racionalidad conjunta. Enunciaré las fases del proceso racional que son :

Primera fase: Desvelar la “inteligibilidad” de la situación generadora del conflicto. Generalmente no es simple a desenmarañar. Hay que clarificarla, y ante todo, descontaminarla de todo sesgo interesado. Acercarse en la medida de lo posible a la objetividad completa sería lo ideal para garantizar la independencia de juicio. La objetividad absoluta haría que las partes contendientes podrían compartir el mismo análisis e interpretación de la situación, si son intelectualmente honradas y sinceras.

Segunda fase: Esclarecer las “pretensiones” de cada una de las partes y evaluar la legitimidad de sus aspiraciones particulares, según las normas éticas o legales.

Tercera fase, muy importante: investigar las “consecuencias” para cada una de las partes de los escenarios posibles.

Como decimos, en situaciones normales, siguiendo estas fases, se encuentran en principio las soluciones objetivas e imparciales. Soluciones “anónimas”, como dice la literatura, es decir, que se investigan sin acepción de personas, y que por ello conducen a situaciones de equilibrio estable y durable.

Estos son los primeros pasos del proceso clásico de solución racional. A continuación viene la implementación. En otras palabras, la aceptación y puesta en práctica de la solución racional.

El nudo del problema, la conditio sine qua non

En la negociación ordinaria los defectos de los agentes suelen ser el conocimiento superficial e incompleto del dossier, la precipitación, los prejuicios. Son obstáculos salvables.
Sin embargo, hay un obstáculo que hace totalmente vana la búsqueda conjunta de la solución racional. Ese obstáculo sobreviene cuando una de las partes, o ambas, dejan de subordinar sus intereses propios a la Razón objetiva.

Cuando el egoísmo ciega a los contendientes de manera que no son por si mismos capaces de poner en marcha el proceso de racionalidad, entonces hay que acudir a la intervención de terceras personas. Personas independientes, competentes y dignas de confianza, que por vía de mediación, de arbitraje o de “facilitación”, podrían salvar el proceso de búsqueda y de implementación de las soluciones justas, equitativas y estables.

Pero siempre se impone una condición sine qua non: Que las partes directamente interesadas deseen sincera y realmente encontrar la Verdad y Justicia, antes que satisfacer exclusivamente sus propios intereses. Por eso, también cuando se recurre a terceros, es imperativo que las partes en conflicto sean capaces de aceptar los puntos de vista – y quizás los dictámenes- de estos terceros. Facilitadores, mediadores o árbitros, lo que sea necesario en cada caso, pero siempre neutros e independientes.

Cuando el conflicto surge no entre individuos sino entre colectividades, la condición sine qua non que postula la subordinación a la racionalidad quizás sea más difícil de satisfacer. Si ya el individuo aislado actúa frecuentemente de manera irracional, aún menos se puede esperar de las masas que sepan plegar sus juicios y comportamientos a las exigencias de la racionalidad, posponiendo sus intereses o sus veleidades.

Gaza, ¿racionalidad imposible?

En el caso de Gaza, y en la situación actual de principios de Enero 2009, no hay solución racional a la vista según los cánones del proceso racional arriba descrito, ni por procesos directos de negociación entre ellos, ni siquiera con ayuda de terceros. Las barreras de las fases primera y segunda del proceso de búsqueda no pueden ser superadas. No se ve manera cómo llegarían a un análisis objetivo conjunto de la situación, susceptible de ser compartido. Ni cómo serían compatibles las pretensiones de ambos, por el momento mutuamente excluyentes.

La vía de las ganancias incrementales

Cuando el proceso se atasca, porque la Razón y la Justicia no pueden imponerse de manera absolutamente perentoria a los agentes de la negociación, todavía les queda un camino, sin dejar los senderos de la racionalidad. Queda aún la vía de la búsqueda conjunta de ganancias incrementales.
Entiendo por soluciones incrementales aquellas que no son totales y definitivas sino que mejoran gradualmente, paso a paso, y simétricamente, la situación actual de los contendientes. Es un proceso que no tiene un horizonte terminal previsible. Busca el interés simétrico de ambas partes, acumulando ganancias y mejoras con relación a la situación actual.

Esta manera de hacer que proponemos se inspira en teoría clásica de la utilidad conjunta , y en la concepción utilitaria, “consecuencialista”, de la Justicia a la manera de John Stuart Mill, y algunos welfaristas.

Bajo la óptica de las mejoras incrementales, la negociación se autolimita por principio y por regla. Evita debates sin salida sobre las fases primera y segunda del proceso, es decir sobre la objetividad del análisis de la situación y sobre la legitimidad de las pretensiones. Por el contrario, se focaliza en la fase tercera de ese proceso, es decir, sobre las consecuencias que pueden tener para cada parte el ir avanzando en la dirección de alguno de los distintos escenarios posibles en cada momento.
El objeto – y la dificultad - de este tipo de negociación se ciñe a la manera de cómo llevar a la práctica el principio de las ganancias incrementales simultáneas.

No será tarea fácil en el caso de Gaza. Pero éste es el trabajo que pueden realizar los negociadores y, más probablemente, los mediadores.

Excluir los radicalismos

Desde un punto de vista puramente metodológico en el que nos situamos exclusivamente, lo que importa es que una negociación sea posible, si no en el contexto del proceso racional clásico antes evocado, al menos en el de las ganancias incrementales. Pero en ninguno de los dos casos es posible transigir con los radicalismos porque nos ciegan todo camino de solución que no sea el de la fuerza. Por eso hay que desautorizar y excluir del proceso a todos los extremismos, si se desea mantener una esperanza de salida.

Veo tres clases de posiciones radicales que deben ser excluidas de la mesa de negociación:

• Radicalismo de las víctimas del conflicto, de los que han sufrido en su persona o en sus familias. Aún siendo el más justificable de todos los radicalismos, y aunque sea doloroso, no se les puede aceptar en una mesa de negociación si conservan su comprensible rencor. Lo que en el Medio Oriente, y no sólo allí, se le pide a las víctimas es heroico: que por encima de la ley de Talión , sobrepasen el dolor y la injusticia padecida, mirando el bien de todos y en particular el de las generaciones futuras.

• Radicalismo acrítico de los que creen poseer toda la Razón o toda la Justicia, como los idealismos integristas, que fácilmente derivan a comportamientos de fanatismo. Estas personas hacen imposible la búsqueda independiente de la verdad objetiva.

• Radicalismo barato, de café y de salón. El de algaradas y manifestaciones callejeras. Radicalismo gesticulante, retórico, pseudointelectual, generalmente poco y mal informado. El más irresponsable de todos. Desearía saber por qué esos pretendidos intelectuales, no organizan manifestaciones de masa a favor de soluciones moderadas y razonables. ¿Qué pensar de los posicionamientos de algunos de ellos que traspasan cínicamente toda lógica y que ignoran conscientemente una parte incontestable de los hechos?

Todos estos radicalismos se descalifican porque condenan de antemano al fracaso las negociaciones ya de por sí difíciles.

En la misma línea de ideas y en lo que se refiere a los medios de comunicación de masa, especialmente la televisión, hay poner en obra formas inteligentes para controlar eficazmente el efecto deletéreo sobre el gran público de los que participan en debates en nombre de radicalismos irresponsables. Pero sin restringir la libertad de expresión. Porque las opiniones públicas son un interviniente no aparente, pero muy real, en el conflicto.
Blas Lara Martes 13 Enero 2009 - 10:10



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Blas Lara
Blas Lara
Actividades profesionales ejercidas: Catedrático de la universidad de Lausanne, Jefe del departamento de Informática, Investigación Operativa y Estadística de Nestlé (Vevey). Libros principales: The boundaries of Machine Intelligence; La decisión, un problema contemporáneo; Negociar y gestionar conflictos.




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