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NEGOCIACIÓN



Hemos asistido estas semanas pasadas al estreno de Barack Obama en la escena hispanoamericana. Su primer gesto hacia Cuba, y su actitud respecto a Chávez constituyen una novedad en la política estadounidense. ¿Cómo valorar esta estrategia que consiste en ignorar prejuicios negativos para abrir un proceso de comunicación?

Dos posiciones opuestas en la manera de juzgar al Otro al comenzar una negociación:
1) Partir de la idea de que el Otro es el homo homini lupus de Plauto y Hobbes, y del piensa mal y acertarás de nuestro refranero popular. ¿Es toda interacción y toda negociación siempre un combate, abierto muchas veces y camuflado otras?
2) O por el contrario, empezar la interacción con el Otro teniendo en mente aquello de “No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis,…”. Esa es la empatía benevolente de Francisco de Asís, el amor universal de algunos personajes de Dostoiewski como el Idiota, el starets Zósimo y Alioscha en Los hermanos Karamazov.

¿Qué es lo más justo desde el punto de la Teoría de la Negociación? La intención de este artículo no es moralizadora, y se trata aún menos de una reflexión religiosa. Mi análisis es primera y esencialmente estratégico, aunque sea inevitable la connotación ética y humanista, ya que existe un trasfondo moral perceptible siempre a través de los siglos de historia de las ideas políticas.
El ejemplo de una constatación ordinaria
Un marido sin reproche se convierte para su mujer en un monstruo del día a la mañana, por ejemplo, tras un desliz de infidelidad momentánea. Repentinamente en aquel marido que era ideal aparecen un sinnúmero de defectos -¡que ayer no se veían!. Quizás sea porque amar es precisamente no ver, no dar importancia, seguir adelante en el cada día dejando de lado lo secundario. No es que la mujer haya vivido hasta ahora de una imagen falsa de su marido. Es que era una imagen favorablemente distorsionada, como ahora quizás sea desfavorablemente distorsionada.
La lección que tenemos que aprender de este simple ejemplo de una situación tan común: Los juicios morales de la esposa son altamente subjetivos y por consiguiente inconsistentes e influenciables por prejuicios, afectos e intereses personales. Así funciona nuestro cerebro.
El punto de partida de mi reflexión es la enorme volatilidad de los juicios morales concretos del hombre de cada día, lo fluctuantes e influenciables que somos tanto Yo, personaje A en la interacción, como mi oponente B. ¿No juzgar por consiguiente?

Ingenuidad. ¿Se puede tomar en serio aquello de “no juzguéis y no seréis juzgados?“
Siguen unos pensamientos sueltos a este propósito.
- El “no juzguéis y no seréis juzgados “del Evangelio está en sintonía perfecta con el relativismo moral de que vengo hablando en este blog, y que yo defiendo, a pesar de la mala prensa que se le ha hecho en medios conservadores. A lo que pienso, confundiendo relativismo con nihilismo.
- No juzgar es no condenar ligeramente los comportamientos de los demás. Juzgar mal es como matar al otro en el interior de nuestro corazón. Por el contrario, el relativismo gnoseológico – es decir el que asume como hipótesis fundamental las insuficiencias intrínsecas de nuestra facultad de conocer y por tanto la gran posibilidad de equivocarse, corresponde a una realidad científicamente demostrable, y además presenta notables ventajas estratégicas. Facilita la comunicación entre los interactantes al desmontar cualquier prejuicio que puedan traer al encuentro. Favorece la adopción de actitudes empáticas por cada una de las partes. Favorece lo que se llama en teoría de Negociación Joint Problema Solving, es decir la solución conjunta del problema, normalmente por vía de racionalidad, cuando ella es posible. (Es el espíritu del famoso “calculemus” de Leibniz, que decía en todo el fervor de su optimismo racionalista: “En el futuro no habrá contiendas, sino que los litigantes se sentarán a una mesa y dirán como dos contables: calculemus “).
- Hay razones para no precipitarse en los juicios reprobatorios. Pocas veces todos los detalles de la situación nos son tan claros y la información tan completa que podamos aventurar, sin riesgo alguno de error, un juicio absolutamente definitivo. Ni conocemos todas las intenciones de B (el Otro), ni sus motivaciones profundas ya que quizás hasta a él mismo se le escapen.
- Aunque tampoco, para hablar en expresión popular, “haya que chuparse el dedo”. ¿Es posible no juzgar, como dice el Evangelio, y al mismo tiempo ser clarividentes - lo que no deja de ser mejor que estar ciegos? ¿No juzgar, sin tener que cerrar los ojos?
- El no juzgar es quizás raíz y comienzo del amor al prójimo. En cualquier caso es un regalo al Otro, un gesto de generosidad. Y en todo caso es altamente estético, y propio de espíritus superiores. Por eso, el no juzgar, no condenar, quizás sea de una gran ingenuidad para vivir entre el común de los mortales y como el común de los mortales. Ya para Kierkegaard ser cristianos era una exigencia de heroísmo. Por consiguiente, no apta para todo el mundo.
- ¿Es realmente posible no juzgar sin estar ciego? ¿O se trata más bien, y solamente, de una tendencia positiva, de un a priori, una inclinación a abstenerse de juzgar mientras y en cuanto sea posible? ¿Pero no hay peligro de que este posicionamiento positivo, este prejuicio positivo, esa actitud nos deje sin defensas? ¿No equivale a “prescindir de”, a ignorar, una parte de la realidad? Lo que es probablemente muy ingenuo.
- Se entiende mucho mejor el “no juzguéis“ cuando se piensa que es lo contrario del proverbio ”piensa mal y acertarás”.
- Estratégicamente, el ”piensa mal y acertarás” convendría mucho mejor para prepararse a todo futuro ataque, y para evitar así las malas sorpresas.
- Sin embargo, si adoptamos el “piensa mal y acertarás” como norma general para la interacción, nos va a suceder que muchas veces nos equivocaremos respecto al Otro y que, por consiguiente, vamos a ser injustos atribuyéndole culpas e intenciones que quizás no tenga. Y al equivocarnos por desconfianza, vamos también a echar a pique oportunidades reales de solución de conflictos y diferendos.
- No juzguéis y no seréis juzgados, suena quizás a ingenuo. Suena a tener un bajo sentido de la realidad. Por eso Jesús dijo también,- o completó dialécticamente -, añadiendo: “sed prudentes como serpientes y cándidos como palomas” Es sin embargo difícil de conjugar esos dos extremos en el pensamiento y en la acción real de cada día.
- Rebajando tan altos estándares, pudiera ser más apropiada la máxima minimalista que aconseja “no juzguéis mal demasiado pronto”. Ya que la cuestión es que por malicia o desconfianza, quizás condenemos rápida y fácilmente en el fondo de nuestro corazón que es donde se oculta la malicia del “mal pensado”.

Desde las primeras fases de la interacción
- En la interacción humana, el momento de las primeras transacciones o intercambios visuales es decisivo y de crucial importancia tales como los percibimos a través de la interpretación del lenguaje no verbal. El ambiente “tímico” o humor ambiental, la presencia o ausencia de cargas emocionales en la atmósfera psicológica del encuentro. Un juicio negativo sobre B al iniciar la interacción puede ionizar el aire.
- Hay razones para inducir en B, en el Otro, actitudes positivas mediante mensajes implícitos de comunicación no verbal en los preliminares de la interacción que va a comenzar.
- Cuando estamos frente al Otro, cuando quizás parece que nos envía señales no amistosas o de ambigua significación, si yo muevo ficha repercutiendo en mis mensajes no verbales mis interpretaciones desfavorables, lo que hago es proseguir el ciclo negativo de la desconfianza. Lo que a su vez ayuda a desencadenar el ciclo de la violencia.
- Por el contrario, es muy posible que consiga desarmar al atacante si demuestro ingenuamente, con verdad “franciscana”, las buenas intenciones propias. Si hago ver al Otro que doy por supuestas sus buenas intenciones; es decir, actuar como si el Otro viniese con los mejores propósitos del mundo: “Donde no hay amor pon amor y encontrarás amor”, decía Francisco de Asís. Lo que aparte de otras consideraciones religiosas y éticas, es pura y alta estrategia de negociación.
- También es verdad que al mal radical confesado y declarado no se le desarma con la mera buena voluntad. En negociación es esencial comenzar por sondear las intenciones del Otro. Y, por supuesto, hay casos en que más vale evitar la negociación y la interacción con ciertas categorías de personajes, por ejemplo, con el predador nato, con el cínico egoísta o con el obtuso mental. Y si no se le puede evitar, no nos queda otra salida que preparar la réplica con inteligencia, fuerza y hasta quizás con la ficción.
- ¡Todo esto necesita aprendizaje y ejercicio, y es muy difícil llevarlo a ejecución, aunque se formule muy simplemente! Significa toda un estilo de vida porque lleva consigo una forma de mirar al otro, capaz de provocar la resonancia.
- Cuando los dos oponentes son relativistas como hemos venido explicando, los resultados positivos de la negociación están al alcance de la mano, y la interacción puede convertirse en un fecundo y agradable intercambio. Si los humanos fuesen relativistas positivos en una alta proporción, disminuiría la conflictividad mucho más que con el utópico racionalismo de Leibniz.
- El Otro frecuentemente conoce tan poco de tus intenciones concretas como tú de las suyas. ¿Por qué no anticiparse mostrando una buena voluntad real?
- Teóricamente estamos ante una situación de dilema del prisionero repetido, en el que avanzas un primer intercambio con mensajes implícitos y quizás explícitos de buena voluntad. Por supuesto que B puede responder mal, y que puede no ser receptivo a tu mensaje positivo. El que sea receloso al principio es comprensible. Pero si B aún es y continúa siendo agresivo a pesar de tus mensajes reiterados, todos de signo positivo, entonces tienes que rectificar cuanto antes. Es de esperar que haya posibilidad de echar marcha atrás.
- Porque si el Otro viene con malas intenciones, o parte de una filosofía cínica de la vida que no busca sino exclusivamente el propio interés exclusivo. Si está cegado, si es intelectualmente impotente, entonces nos habremos quizás equivocado al iniciar los intercambios anticipando un primer movimiento positivo.
Partir de prejuicios positivos, es en suma una actitud estratégica inicial que tiene mucho que ver con la actitud básica ante la vida. Nietzsche se complacía en repetir la frase de Heráclito, “la guerra es el padre de todas las cosas”: Contradiciendo a Nietzsche nosotros afirmamos que el prejuicio positivo equivale a asentar la idea de que el amor es constructivo y aporta un ingrediente básico y estructurante a la sociedad de los hombres. No tiene esto por qué sonar con aires de dulzaina.

[Una consideración técnica]
Las interacciones repetidas con un mismo oponente, constituyen la modalidad más corriente de nuestras relaciones sociales con las personas del entorno. El modelo que las encapsula es el del dilema del prisionero repetido. En este contexto se pueden simular sobre el ordenador combates de unas estrategias contra otras, con sus matrices de “ganancias” y eso durante series largas. El tema merece que nos detengamos a describirlo con detalle, y lo haremos sin duda en un artículo de este blog. Por el instante nos contentamos con decir que las estrategias cooperativas superan a la larga a las competitivas, por ejemplo a las agresivas, claramente, a las tit for tat, es decir, ojo por ojo, a las de comportamiento imprevisible, etc. Resumiendo, es mejor a la larga ser buena persona, incluso para el individuo, y ,claro está, para las colectividades. Eso hasta el mismo Hobbes lo defendía.
Una entrada “cooperativa” es susceptible de desencadenar una serie de intercambios positivos.
Un movimiento táctico que ignora el pasado, que suspende momentáneamente la memoria de interacciones negativas, puede generar secuencias positivas. El debate es de naturaleza ética, y va más allá de los movimientos de entrada. Tendremos que volver sobre el tema.

Resumo-
- El relativismo que postulo es comprensión, no ceguera. Es al contrario, amplitud de miras.
- No traspasa esos límites a veces difusos que separan la bondad de la tontería. No es cobarde ni melífluo. El relativismo es valiente, exigente e inteligente, como lo es la no violencia de Ghandi.
- Pero hay que decir también que el prejuicio positivo no es una regla general para toda negociación. La negociación tiene algo de lotería e incertidumbre como las estrategias cooperativas en el dilema del prisionero.
- El prejuicio positivo es seguramente poco recomendable en el arte de la guerra abierta y similares. Entonces, como dicen los franceses “à la guerre comme à la guerre”. No valen las flores contra los fusiles.
- Pero en las relaciones binarias de nuestra vida cotidiana, gestos como los de Obama hacia Castro y Chávez son estratégicamente correctos. No voy a decir como la gauche divine que la sonrisa de Obama sea la sonrisa del Francisco de Asís que imaginamos a través de las Florecillas. Pero tampoco es la de Zapatero y los que saben leer el lenguaje corporal advierten las diferencias.
Blas Lara Martes 28 Abril 2009 - 10:42

Habíamos dicho
En artículos precedentes presenté las razones para no emitir fácilmente juicios morales reprobatorios sobre la conducta del Otro. Resumo los argumentos:
o Nuestras percepciones de las situaciones que sometemos a juicio nos pueden engañar y mucho más nuestras interpretaciones de los comportamientos humanos.
o Al emitir un juicio moral estamos implicando la preexistencia de premisas de moralidad universal. ¿Qué justificación tienen esas leyes? La filosofía analítica niega que puedan validarse y justificarse científicamente tales premisas o proposiciones de valor universal.
o El sentido de la moralidad bien pudiera ser un producto de la evolución que selecciona grupos con mayor fitness social. De ahí viene para algunos la tentación nihilista puesto que el Bien y el Mal serían meros constructos de las sociedades humanas.

Mal e injusticia
En un email, comentando el artículo “De lo justo y de lo injusto” publicado en este blog, un analista programador me describe su desagradable situación:
Únicamente estoy intentando comprender mi situación... me acaban de notificar
hoy que me quieren echar de mi casa (piso compartido, 3 años en el, con mucha
historia y pocas ganas de escribir) en un plazo de 15 días... Soy analista-programador no puedo dormir... Sería justo encontrar una situación justa para todos... pero sin injusticia no existe justicia
.

Esperando haber entendido bien a este lector, y con la mayor modestia y el mayor respeto por su situación personal, preciso que la posición relativista no implica que yo niegue la existencia de las categorías bien y mal, justicia e injusticia. No es eso lo que pretendo decir.
Relativista es su posición: Sería justo encontrar una situación justa para todos... pero sin injusticia no existe justicia.

Existe el mal, no sabemos muy bien por qué, pero existe y no lo podemos evitar. Existe de muchas maneras. Desde las catástrofes naturales, hasta la enfermedad y la muerte.
Existe otra forma de mal que es la injusticia de los humanos- la que depende de nosotros. Quisiéramos atenuarla, poniendo filosofía y religión en la inteligencia y el corazón de los hombres y creando instituciones que administren la justicia. Pero nunca llegaremos a eliminarla.

Adentrándose en los problemas: las interrogaciones nihilistas

A propósito de las injusticias. ¿Y si fueran puramente artificiales todas esas barreras que el sentido de la justicia nos interpone para limitar nuestra libertad de decisión y de acción? ¿Y si las reglas morales fueran últimamente una invención para domesticar al individuo en beneficio de otros? Es decir, si no fueran otra cosa más que pura convención y artificio; o a lo más, producto de un mero contrato social implícito. Y por consiguiente algo movedizo y adaptable según las épocas y las culturas. ¿Por qué razón última, de orden metafísico, tendrían que existir unas reglas inmutables y permanentes que limiten nuestra libertad?

Otra pregunta respecto a la justificación social de esas supuestas reglas morales. ¿Por qué hemos de ser ingenuos optimistas y admitir que el mundo tiene que perfeccionarse y ser mejor? ¿No es un vano pataleo infantil? ¿Y si la historia de la sociedad humana no fuera sino los avatares aleatorios de entrechoques de ambiciones e intereses personales? ¿Y si la vida y la sociedad humanas, que distan mucho de ser perfectas, hubiesen sido diseñadas no para estar bien hechas, cuando podían haber sido bien hechas, es decir, sin injusticias, sin tragedias, sin dolor? ¿Es Dios el otro nombre del Azar?

Como tantas otras veces la palabra, o el pretexto, “Dios” se nos cruza de nuevo en el camino de nuestras interrogaciones fundamentales, a modo de respuesta universal, cuando no hay ya otra salida para la mente que busca razón y sentido de las cosas. Dios como llave passe-partout ante el absurdo, ante el abandono radical y la derelición heiderggeriana, propia de la condición del hombre.

De nuevo, religiones y filosofías nos vienen a responder con el recurso (¿fácil?) a la Trascendencia, tabla de salvación en el mar sin fondo del nihilismo. Las antiguas culturas politeístas inventaban divinidades para explicar las fuerzas desconocidas de la naturaleza. La revolución de la filosofía racional griega consistió precisamente en desalojar el Olimpo de sus inquilinos, para instalar a la Razón. (Como hizo simbólicamente la Revolución francesa con la diosa Razón). Con la racionalización, núcleo del proyecto de la cultura de occidente, el mundo se tornó menos fácil, más problemático. Quiero recordar que fue Herodoto quien decía que los egipcios eran felices porque encontraban dioses hasta en los huertos para explicar el crecimiento de las lechugas. Sócrates fue acusado de ateísmo. El pueblo que vivía tranquilo y libre de preguntas, se halló desamparado cuando quisieron privarle de sus mitos religiosos, intelectualmente cómodos.

Al plantearnos las interrogaciones radicales, no ya sobre los orígenes de los volcanes y las tempestades como los antiguos, sino sobre el bien y el mal, lo justo y lo injusto y sus fundamentos, quizás nosotros tendríamos que aceptar el vacío y el absurdo, quieta y pacíficamente, como hipótesis incuestionables. Y desechar como impertinentes esas interrogaciones tan fundamentales, aceptando mansamente y de una vez por todas el sinsentido de la existencia. Esa es la tentación nihilista.
Si destapamos las preguntas que plantea el nihilismo radical es porque estas preguntas tienen un valor dialéctico: tienen el gran mérito de la pedagogía de lo extremo, en la medida en que nos aproximan a una conclusión menos ingenua, más elaborada que la de la doxa común.

Nihilismo y relativismo moral

Claramente se ve que las actitudes que derivan del nihilismo radical serían excesivas. No hay que mezclar nihilismo y relativismo moral. El relativismo moral tiene una mala fama inmerecida, porque se le confunde con el nihilismo. El nihilista niega todo valor por el hecho mismo de la relatividad de esos valores. El nihilismo conduce en el mejor de los casos a la inmovilidad y a la parálisis para la acción. En el peor, al cinismo y a la amoralidad declarada.

¿Puede responder el relativismo a las que hemos llamado interrogaciones radicales?
El relativista comparte el escepticismo del nihilista y se confronta con las mismas interrogaciones radicales. No cierra los ojos, pero adopta una actitud positiva y pragmática, como el utilitarismo. El relativista determina sus propios valores sin tenerse que referir necesariamente a normas impuestas desde exterior y que todo el mundo debe reconocer.
Todo el mundo comprende que la Justicia es una necesidad para el orden y la estabilidad de la sociedad. Todo el mundo está de acuerdo en que la injusticia existe, y que la malicia existe entre los hombres. Las atrocidades cometidas en el siglo XX, el siglo de mayor desarrollo del saber humano, nos lo ha demostrado ampliamente que no porque sepamos más somos mejores y poseemos valores más altos.

Nihilismo y relativismo son dos posiciones diferentes que divergen en reconocer la necesidad de plantearse el problema metafísico del bien y el mal. Para el relativista la dimensión metafísica está hueca y vacía, simplemente no interesa. Prefiere definitivamente las realidades sociales concretas y espesas de Feuerbach o Marx a las telas de araña de Hegel, de que hablaba Nietzsche.

Conclusiones
• No creo que desde el punto de vista de la Teoría de la negociación sea preciso ser nihilistas para abstenernos de dogmatismos condenatorios prematuros que dan malos resultados para la buena marcha de una negociación, y para la interacción humana en general. Nos basta con un relativismo gnoseológico y moral razonable.
• La condena moral de una persona o un acto, supone como premisa una ley moral universal.
• Sin embargo no se puede condenar siempre y en cada caso, entre otras razones por relativismo gnoseológico. No lo sabemos todo en cada situación. (No podemos condenar el aborto en cada caso particular).
• El dogmatismo es simplista y por eso está destinado al consumo de las multitudes. El esquema de los buenos y los malos de las películas americanas funcionó comercialmente porque correspondía al simplismo de las masas y a su manera de ser. Otro tanto se puede decir de todas las formas de dogmatismo ingenuo.

Hay raras situaciones que son muy claras, en las que bien y mal, la justicia y la injusticia, están de una sola parte de la contienda. Constituyen casos extremos y, en la vida real, son probablemente la excepción. (Se encontraron razones para justificar y razones para condenar los bombardeos de Dresden, Berlin, Hiroshima y Nagasaki ).

En la mayoría de los casos existen los pros y los contras de cada posición antagónica. El lector de este blog dice... Sería justo encontrar una situación justa para todos... pero sin injusticia no existe justicia. Es en esos dominios confusos, donde no todo es luz ni todo sombra, donde tenemos que debatirnos y situar nuestras decisiones ante los dilemas éticos del cada día.

Las situaciones ambiguas son hoy frecuentes en particular en la práctica de la medicina y en la investigación médica y biológica, (ejemplo no único, la cuestión de las células madres), dominios en que además deberes y derechos entran en conflicto.
Para un nihilista, todo se vale, todo es igual. Mi tesis, sin embargo, no excluye la existencia de valores y de un último sentido de lo moral, cuya permanencia atraviesa los tiempos y las culturas.
Que su fundamento venga de Dios directamente, como quieren la filosofía tradicional y Kant, o que venga de la Razón Universal indirectamente a través de la selección genética, me parece casi una querella bizantina. Al fin y al cabo Dios no creó el universo en siete días, sino que sigue creándolo día tras día, al par que se despliega el tiempo y al compás de la evolución. Así se esfuma tal vez el conflicto de las ideologías antagónicas y quedamos todos tranquilos. Porque esos puntos de vista aparentemente contradictorios, no son en definitiva sino organizaciones ligeramente diferentes de las redes de configuraciones neuronales en el cerebro de cada uno.

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Blas Lara Miércoles 22 Abril 2009 - 10:39



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Blas Lara
Blas Lara
Actividades profesionales ejercidas: Catedrático de la universidad de Lausanne, Jefe del departamento de Informática, Investigación Operativa y Estadística de Nestlé (Vevey). Libros principales: The boundaries of Machine Intelligence; La decisión, un problema contemporáneo; Negociar y gestionar conflictos.




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