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 <title>NEUROCIENCIAS: F.J. Rubia</title>
 <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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 <updated>2012-02-10T03:31:36+01:00</updated>
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   <title>Francisco J. Rubia en TV3: "El yo es una ficción cerebral" </title>
   <updated>2011-12-08T13:00:00+01:00</updated>
   <id>http://www.tendencias21.net/neurociencias/Francisco-J-Rubia-en-TV3-El-yo-es-una-ficcion-cerebral_a25.html</id>
   <category term="Bitácora" />
   <published>2011-12-08T13:00:00+01:00</published>
   <author><name>Francisco J. Rubia</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
Francisco José Rubia és un dels més destacats investigadors europeus en el camp de la neurociència. Amb ell buscarem respostes a preguntes com: per què somiem? Com aprenem? Què són les emocions? Com sorgeix la consciència? Hi ha diferències entre el cervell de l'home i el de la dona? L'agressivitat és innata? Parlarem d'aquestes i altres qüestions, com la memòria, la llibertat individual i els límits del coneixement humà. El professor Rubia ens diu que el cervell no es refia de la consciència, que els codis morals són innats i són fruit de l'evolució i que la memòria és limitada. (Entrevista en la televisión catalana TV3)     <div style="position:relative; float:left; padding-right: 1ex;">
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     </div>
     <br style="clear:both;"/>
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  <entry>
   <title>La revolución neurocientífica</title>
   <updated>2011-09-13T13:26:00+02:00</updated>
   <id>http://www.tendencias21.net/neurociencias/La-revolucion-neurocientifica_a23.html</id>
   <category term="Bitácora" />
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   <published>2011-09-13T13:26:00+02:00</published>
   <author><name>Francisco J. Rubia</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
Conferencia impartida por el autor en el 43º Congreso de la European Brain and Behaviour Society en Sevilla, el 10 de septiembre.     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="http://www.tendencias21.net/neurociencias/photo/art/default/3270184-4683334.jpg" alt="La revolución neurocientífica" title="La revolución neurocientífica" />
     </div>
     <div>
      Se ha dicho que la humanidad ha pasado por tres revoluciones sociales que han supuesto un avance considerable. La primera, la revolución agrícola hace unos 10.000 años, cuando el hombre se asienta y comienza a labrar la tierra produciendo alimentos y creando las ciudades.        <br />
              <br />
       La segunda, la revolución industrial hace unos 250 años, con la invención de la máquina de vapor y la producción de mercancías y la extensión de los mercados.       <br />
              <br />
       Y en nuestro tiempo, la tercera revolución debida a la creación del microchip que dio lugar a la sociedad de la información con un intercambio de conocimientos antes desconocido.       <br />
              <br />
       Algunos autores consideran que la cuarta revolución será la revolución neurocientífica que ya está invadiendo numerosas disciplinas y creando nuevas, colocando el prefijo “neuro” ante disciplinas tradicionales.       <br />
              <br />
       Así hoy se habla de neuroeconomía, neuromarketing, neurofilosofía, neuroética, neuroeducación, neuropolítica y un largo etcétera. Todas estas nuevas disciplinas pretenden aplicar los nuevos conocimientos de la neurociencia a sus materias, esperando que esta aportación sirva para darles un nuevo impulso y desarrollo.       <br />
              <br />
       Es un hecho que la declaración de la década del cerebro por el Congreso de los Estados Unidos, alentada por la Library of the Congress y por el NIH en los años noventa del siglo pasado supuso una fuerte inyección, sobre todo económica, para las investigaciones neurocientíficas. Desde la neurobiología molecular hasta las técnicas modernas de imagen cerebral, los estudios tanto básicos como clínicos se multiplicaron y se han acumulado muchos conocimientos que ahora esas nuevas disciplinas pretenden aplicar.        <br />
              <br />
       Pero a mi entender cuando se habla de revolución neurocientífica habría que diferenciar entre una revolución objetiva que se traduce en esos nuevos conocimientos y sus aplicaciones, y una revolución subjetiva de la que hablaremos luego y que a mi juicio es mucho más trascendente que la revolución objetiva.        <br />
              <br />
       Dentro de la revolución objetiva habría que mencionar la utilización cada vez más frecuente de las técnicas de imagen cerebral, o técnicas de neuroimagen, no sólo en el estudio de enfermedades, sino del hombre normal y sano, ya que son técnicas no invasivas que pueden aplicarse sin intervención cruenta alguna.        <br />
              <br />
       En el sistema judicial, por ejemplo, se están aplicando cada vez más esas técnicas que van a sustituir pronto a los polígrafos detectores de mentiras del pasado, ya que la exactitud de sus resultados supera a los detectores tradicionales, con la esperanza de que pronto será imposible engañar a los jueces y fiscales.       <br />
              <br />
       El presidente de la Fundación MacArthur en Estados Unidos, Jonathan Fanton, dice que la neurociencia puede tener un impacto sobre el sistema legal tan dramático como los test de ADN. Esta fundación invirtió 10 millones de dólares en el año 2007 en varias universidades para entender cómo la neurotecnología tenía un impacto sobre los sistemas legales en todo el mundo.        <br />
              <br />
       Y el neurocientífico Michael Gazzaniga, de la Universidad de California en Santa Barbara, decía que pruebas neurocientíficas ya se han utilizado para persuadir a jurados a decidir sentencias, y los tribunales han admitido los resultados del uso de técnicas de imagen cerebral durante juicios para apoyar peticiones que justificaban actos criminales basándose en la demencia de los implicados.        <br />
              <br />
       Recientemente en Estados Unidos se han invertido millones de dólares en universidades para investigaciones neurotecnológicas. El MIT, por ejemplo, recibió 350 millones de dólares para un Instituto McGovern de investigación cerebral. Y en la última década, el National Institute of Health dobló su presupuesto, alcanzando los 7 mil millones de dólares para el estudio de enfermedades del sistema nervioso.       <br />
              <br />
       Por otro lado, tanto empresas privadas como agencias de inteligencia están invirtiendo mucho dinero en ese intento de aplicación de los conocimientos generados en neurociencia para utilizarlos en su beneficio. El estudio, por ejemplo, de la base neurobiológica de la toma de decisiones es de suma importancia para los ejecutivos de las empresas. Y en la elaboración de los anuncios de productos y mercancías, la utilización de esos conocimientos también está adquiriendo una gran importancia.        <br />
              <br />
       El posible uso de los conocimientos neurocientíficos en el campo de batalla es más preocupante. Los ejércitos modernos están desarrollando ‘neuroarmas’ que pueden ir desde la eliminación de contenidos de la memoria hasta las armas neurotóxicas que pueden transformar los estados de ánimo, producir cambios psicológicos e incluso eliminar al enemigo. Recordemos lo sucedido en Chechenia el 26 de octubre del 2002 cuando las fuerzas rusas OSNAZ introdujeron un gas que mató tanto a terroristas como a rehenes en un teatro de Moscú.       <br />
              <br />
       Aparte de sus aplicaciones médicas, la neurotecnología está invadiendo otros terrenos, como las finanzas, la mercadotecnia, la religión, la guerra o el arte. Estamos entrando en lo que Zack Lynch ha llamado ‘la neurosociedad’.        <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div>
      Aunque durante mucho tiempo el descubrimiento del genoma humano ha centrado la atención del público creando numerosas expectativas futuras, la neurociencia ha ido avanzando y despertando asimismo la impresión de que se avecinan importantes descubrimientos. Las técnicas de neuroimagen, los psicofármacos, las interfases entre el cerebro y las máquinas, las técnicas de estimulación cerebral, los implantes de células troncales en el cerebro o las posibilidades que se abren con la terapia génica están hoy en todos los medios de comunicación.       <br />
               <br />
       En algunos casos, las técnicas de neuroimagen han podido detectar idearios racistas, diferenciar contenidos falsos y verdaderos de la memoria o el contenido de algunos pensamientos. Aunque estos datos son aún muy preliminares, sin embargo ya nos están indicando por dónde se orientarán los próximos hallazgos en este campo cuando mejore la resolución espacial y temporal de las técnicas que hoy se utilizan.        <br />
              <br />
       A pesar de todos estos avances, no podemos olvidar lo que aún falta por saber. Hace ya siete años, once conocidos neurocientíficos alemanes publicaron un Manifiesto sobre el presente y el futuro de la investigación cerebral. En él hablaban de tres niveles distintos: El nivel superior que explica la función de grandes áreas cerebrales; el nivel medio que describe lo que ocurre en las asociaciones de cientos o miles de células nerviosas en el cerebro; y el nivel inferior que abarca los procesos a nivel celular y molecular. Según estos neurocientíficos hemos avanzado significativamente en los niveles superior e inferior, pero no en el nivel medio, cuando precisamente son las asociaciones o redes neuronales la base de los procesos mentales.       <br />
              <br />
       Con qué reglas trabaja el cerebro; cómo refleja así el mundo, de manera que la percepción inmediata y la experiencia pasada se fundan; cómo la acción interna se vive como su acción y cómo planifica las acciones futuras, todo esto seguimos sin entenderlo más que en sus comienzos. Tampoco está claro, dicen los neurocientíficos alemanes, cómo podríamos investigarlo con los medios de que disponemos hoy.        <br />
              <br />
       Aparte de esto, queda por conocer lo más importante: cómo se pasa de las descargas neuronales a la consciencia; con otras palabras, cómo es el paso de lo objetivo a lo subjetivo, algo que se considera por muchos autores el problema más difícil en neurociencia. Es el antiguo enigma de la relación cerebro-mente.       <br />
              <br />
       Pero todo esto, como dije anteriormente, pertenece a lo que podíamos llamar la revolución neurocientífica objetiva, mientras que lo que, a mi juicio, es más relevante es lo que denomino revolución neurocientífica subjetiva, de la que trataremos a continuación.       <br />
              <br />
       Y digo que la revolución neurocientífica subjetiva es más relevante porque va a modificar de manera considerable la opinión que tenemos sobre el mundo que nos rodea y sobre nosotros mismos.       <br />
              <br />
       El título de esta conferencia me vino a la mente cuando releí una pequeña obra de Sigmund Freud, el gran psicólogo vienés, titulada Una dificultad del psicoanálisis, en donde Freud hizo la reflexión de que el ser humano había sufrido a lo largo de la historia tres humillaciones importantes en su amor propio.       <br />
              <br />
       La primera, la de Nicolás Copérnico en el siglo XVI, que había acabado con el geocentrismo, es decir, con la idea de que la tierra era el centro del universo y de la creación. La tierra no era más que un planeta, y no de los más importantes, del sol. Hoy esta idea no sólo está confirmada, sino que sabemos que el sol no es más que uno de los millones de soles que componen una de las muchas galaxias que existen, por lo que la importancia de la Tierra ha ido disminuyendo a pasos agigantados.       <br />
              <br />
       La segunda humillación provino del biólogo inglés Charles Darwin en el siglo XIX, con su teoría de la evolución, que hoy nadie pone en duda excepto algunos grupúsculos cristianos creacionistas en Estados Unidos. Aunque después de más de 150 años todavía hay personas que no han asumido lo que ella significa, o sea nuestra procedencia de animales que nos han precedido en la evolución. Esto significó sin duda un gran golpe a la idea de que éramos la perla de la creación divina, que habíamos sido creados de golpe por un soplo de la divinidad, como se dice en el Génesis. Con ello, la explicación de la Biblia pasó a ser lo que es: un mito o leyenda como muchas otras.       <br />
              <br />
       Para Freud, la tercera humillación vendría dada por su descubrimiento, que no fue tal, del inconsciente. El inconsciente ya había sido descrito a lo largo del siglo XIX por varios médicos naturalistas románticos alemanes, pero Freud hizo de él el centro de sus estudios y le dio una importancia que otros no le habían dado. El resultado de esos estudios fue saber que la consciencia era sólo la punta de un iceberg, y que debajo del agua se encontraba una inmensa mayoría de funciones que, a pesar de ser inconscientes, gobernaban y dirigían la conducta humana. La tercera humillación, pues, era que el ser humano no era ni siquiera dueño de muchos de sus actos. Hoy se calcula que de todas las operaciones que el cerebro realiza, sólo una ínfima parte, un uno o dos por ciento, es consciente; el resto se lleva a cabo sin que sepamos que se está realizando. Con otras palabras: probablemente Freud se quedó corto.       <br />
              <br />
       A mi entender, nos aguarda una cuarta humillación, de la que hoy sólo vislumbramos su comienzo: la revolución neurocientífica que está poniendo en entredicho convicciones tan firmes como la existencia del yo, la realidad exterior o la voluntad libre.       <br />
              <br />
       Temas todos estos que tradicionalmente no han sido objeto de estudio por parte de las ciencias naturales, convencidos como estábamos que eran objeto de la teología, la filosofía o, como mucho, de la psicología. Pero que hoy sí que se cuentan entre los objetos de estudio de la neurociencia para darnos a entender que hemos estado equivocados hasta ahora cuando dábamos carta de naturaleza a determinados conceptos que muy posiblemente eran y siguen siendo fruto de nuestros deseos.       <br />
              <br />
       El ser humano no tiene, por ejemplo, ningún motivo para pensar en la continuidad de su persona, de su yo, que considera que es el mismo desde la cuna a la tumba, sabiendo que nada ni en su cuerpo ni en su alrededor tiene permanencia. Y, sin embargo, ¿quién nos va a convencer de que no existe ese yo que subjetivamente está tan presente como la propia realidad exterior?       <br />
              <br />
       Los órganos de los sentidos nos han engañado desde siempre y lo sabemos, como ya lo sabían los filósofos griegos de la naturaleza de las colonias jónicas en Asia Menor. La neurociencia moderna nos dice que ni los colores ni los olores, ni los gustos ni los sonidos existen en la naturaleza, sino que son creaciones del cerebro. Sin embargo, ¿quién no está convencido de que esas ‘proyecciones’ del cerebro no son tales y que las cualidades de los órganos de los sentidos son parte de la realidad que percibimos?       <br />
              <br />
       No obstante, ya en el pasado Descartes, por ejemplo, en el siglo XVII había dicho que las cualidades secundarias de las cosas, colores, sonidos, gustos, olores, etc., no existían fuera de nosotros, sino en nosotros como sujetos sintientes. Y el filósofo napolitano del siglo XVIII Giambattista Vico escribía en su libro La antiquísima sabiduría de los italianos: “Si los sentidos son capacidades activas, de ahí se deduce que nosotros creamos los colores al ver, los gustos al gustar y los tonos al oír, así como el frío y el calor al tocar”.       <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div>
      El filósofo inglés Charli Broad decía que el cerebro es como una válvula reductora que filtraba el inmenso caudal de datos que fluía desde los órganos de los sentidos al cerebro. Además, los propios órganos de los sentidos perciben sólo una pequeña parte de la realidad. Por eso, desde el punto de vista neurofisiológico, llamar realidad a lo que percibimos es completamente inadecuado y sin sentido.       <br />
              <br />
       Y el filósofo irlandés George Berkeley decía que sólo conocemos lo que percibimos, de manera que sus contemporáneos discutieron si cuando caía un árbol en el bosque y nadie estuviera presente para escucharlo haría algún ruido o no. Por lo que hoy sabemos, indudablemente no habría ningún ruido, ya que el sonido no es ninguna cualidad de la realidad absoluta, sino sólo de la nuestra.        <br />
              <br />
       La conclusión que podemos sacar de todo esto es que cuando hablamos de materia, del mundo material, parece que nos estamos refiriendo a una realidad subyacente, cuando de hecho nos referimos en gran parte a imágenes de nuestra mente.        <br />
              <br />
       En uno de los escritos filosóficos hindúes, el llamado Ashtavakra Gita se dice: “El mundo que de mí ha emanado, en mí se resuelve como la vasija en el barro, la ola en el océano y el brazalete de oro en el oro de que está compuesto”. Como es sabido, en los Vedas hindúes el mundo, así como el yo, son considerados maya, esto es, ilusión. Y los Vedas se remontan a unos 2.000 años antes de nuestra era.       <br />
              <br />
       En el Libro tibetano de la Gran Liberación, también llamado Bardo Thodol, encontramos la frase siguiente: “La materia se deriva de la mente o consciencia y no la mente o consciencia de la materia”.       <br />
              <br />
       Por cierto, en física cuántica se conoce que el acto de observar un fenómeno afecta a lo que se está observando, algo similar a lo que sabemos que hace el cerebro durante la percepción.        <br />
              <br />
       Uno de los escritores llamados constructivistas, Heinz von Foerster dice: “Objetividad es el delirio de un sujeto que piensa que observar se puede hacer sin él”. Este mismo autor llama la atención sobre el hecho de que tenemos unos cien millones de receptores sensoriales frente a unos diez billones de sinapsis en nuestro sistema nervioso, lo que interpreta como que somos 100.000 veces más receptivos a lo que ocurre dentro de nuestro cerebro que a las informaciones procedentes de los órganos de los sentidos.        <br />
              <br />
       El descubridor de la dietilamida del ácido lisérgico, LSD, Albert Hoffmann, fallecido hace sólo tres años a la edad de 102, decía: “Reconocí que todo mi mundo se basaba en mis vivencias subjetivas, que estaba dentro de mí y no fuera”.       <br />
       Se han planteado tres argumentos a favor de que el yo es una construcción cerebral. En primer lugar, su ontogenia, o sea cuándo surge ese concepto en el desarrollo del ser humano. Al parecer, el niño no nace con ese concepto del yo, sino que se encuentra en la primera fase de su vida en un estado indiferenciado de fusión con el mundo, es decir, sin autoconsciencia. Es a partir de los dos años y medio o tres cuando surge esa impresión subjetiva de un yo propio que se diferencia del resto de la realidad y se enfrenta a ella. No deja de ser curioso que hablemos de yo y el mundo cuando ese yo es parte también de ese mundo.        <br />
              <br />
       En antropología se sabe que en comunidades humanas más primitivas se tenía una concepción de la persona o del yo esencialmente sociocéntrica, o sea ligada a la pertenencia al clan o a la tribu y, desde luego, mucho menos individualista que en nuestra cultura occidental. Algunos antropólogos consideran que el yo individualizado no es una idea innata, sino una noción que ha tenido un desarrollo histórico.       <br />
              <br />
       Entre los indios ojiwba, por ejemplo, una tribu de los algonquinos que todavía existe en algunas reservas, principalmente en Minnesota en Estados Unidos, el concepto que estos indios tenían de sí mismos no tenía nada que ver con el concepto occidental. No diferenciaban bien entre mito y realidad, entre ensueño y vigilia o entre humanos y animales.        <br />
              <br />
       El antropólogo Brian Morris es de la opinión que el yo en esencia es una abstracción y que se refiere más a un proceso que a una entidad. Mientras que el pensamiento occidental tiene un concepto del yo egocéntrico, en otras culturas este concepto es más sociocéntrico y en muchas de ellas el dualismo tradicional del yo frente al mundo está completamente difuminado.       <br />
              <br />
       Hay otro argumento que nos hace sospechar que el yo es una construcción cerebral. Para evitar que los ataques epilépticos que se producen en un hemisferio cerebral se propaguen al hemisferio del lado contrario por las fibras que unen ambos y que forman lo que se llama el cuerpo calloso, con doscientos millones de fibras, algunos neurocirujanos seccionaron el cuerpo calloso generando así lo que se ha llamado pacientes con cerebro dividido o escindido que fueron estudiados intensamente sobre todo en Estados Unidos.       <br />
              <br />
       Aparte de muchos otros fenómenos, uno de los resultados más llamativos de esta operación fue que estos pacientes tenían pensamientos independientes en cada hemisferio. El investigador que recibió en 1961 el premio Nobel por estos estudios fue el psicólogo norteamericano Roger Sperry y que decía lo siguiente: “Cada hemisferio parece tener sus sensaciones separadas y privadas, sus propios conceptos y sus propios impulsos para la acción. La evidencia sugiere que dos consciencias  van en paralelo en ambos hemisferios de estas personas con cerebro escindido”.       <br />
              <br />
       Como vemos, Sperry aceptaba la existencia en estos sujetos de dos consciencias, una en cada hemisferio, lo que sugiere que en condiciones normales estas dos consciencias aparecen como una sola, por la predominancia de una de ellas o por la fusión de ambas.       <br />
              <br />
       En algunos pacientes esta situación creaba enormes conflictos, como, por ejemplo, que la mano izquierda, controlada por un hemisferio, cometiese un error y la mano derecha intentase corregirlo, o lo que es peor, que una mano abriese un cajón y la otra intentase cerrarlo. La conclusión de estas observaciones fue que en estos pacientes existían dos personalidades distintas, dos yos, con dos consciencias diferentes que se expresaban no sólo en las acciones, sino también en los pensamientos. Otra conclusión importante fue que la consciencia del yo tenía que estar ligada a las funciones de la corteza cerebral.       <br />
              <br />
       Esta división del yo en dos no es necesario que se produzca en los pacientes con hemisferios separados por el cirujano, La psiquiatría sabe hace mucho tiempo de casos de desdoblamiento de personalidad, como la que se describe en la película “Psicosis” de Hitchcock. También se conoce un trastorno de personalidad múltiple que se atribuye a una violación incestuosa en edad temprana de estos pacientes. Se ha supuesto que el shock emocional que supone ser violado o violada por una persona de la propia familia puede conducir, según algunos autores, a una excitación tan grande de la amígdala, una región perteneciente al sistema límbico o cerebro emocional, que lleve a una inhibición por ésta de distintas partes del hipocampo, otra región relacionada con la memoria, generando así personalidades múltiples e independientes.        <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position:relative; text-align : center; padding-bottom: 1em;">
      <img src="http://www.tendencias21.net/neurociencias/photo/art/default/3270184-4683347.jpg" alt="La revolución neurocientífica" title="La revolución neurocientífica" />
     </div>
     <div>
      Se ha planteado la hipótesis de que todos nacemos con el potencial de desarrollar múltiples personalidades, y en el curso de un desarrollo normal conseguimos más o menos consolidar un sentido integrado de la personalidad. Algo de eso debe haber, pues si observamos el comportamiento, por ejemplo, de adolescentes normales cuando se encuentran con sus padres, con su novio o novia o con sus compañeros de juerga estos comportamientos son tan distintos que parece que proceden de distintas personalidades.       <br />
              <br />
       Resumiendo todos estos hechos podríamos decir que el yo es una entidad que desarrolla el cerebro como cualidad emergente, entidad con la que no nacemos, sino que se desarrolla a partir de la maduración de estructuras corticales y en interacción con el entorno, dependiendo, por tanto, de la cultura en la que la persona se encuentra.       <br />
              <br />
       Sin duda, nuestra civilización occidental ha acentuado enormemente esta cualidad del yo, generando individuos especialmente poco sensibles a los intereses colectivos. Precisamente por ser algo individual, que nos diferencia de los demás, también nos separa de ellos.        <br />
              <br />
       Otro dato que amenaza con minar la imagen que tenemos de nosotros mismos es el tema de la voluntad libre. Los datos de que hoy disponemos apuntan a que la libertad es una ilusión, una ficción cerebral. Nadie puede afirmar que estos datos sean definitivos, porque definitivo no hay nada en ciencia, pero son datos experimentales que nos dicen que no somos libres de tomar decisiones cuando estamos ante la posibilidad de elegir entre varias opciones. Antes de que tengamos la impresión subjetiva de voluntad, el cerebro se ha puesto en marcha de manera inconsciente.        <br />
              <br />
       Experimentos realizados con modernas técnicas de imagen cerebral han mostrado que esa actividad inconsciente del cerebro precede a la impresión subjetiva de voluntad nada menos que en 6 segundos.        <br />
              <br />
       Y, sin embargo, de nuevo la impresión subjetiva de libertad es tan fuerte que pensamos que la interpretación de los resultados de estos experimentos no puede ser cierta.        <br />
              <br />
       Se suele decir que libertad es la capacidad de hacer lo contrario de lo que realmente hacemos. Pero esto no es otra cosa, a mi entender, que tener grados de libertad, o sea una gama de opciones entre las cuales elegimos una. Estos grados de libertad son mayores mientras más desarrollado sea el cerebro, de manera que los humanos tenemos más grados de libertad que otros mamíferos y éstos más que los anfibios, etc. Pero si confundimos la libertad con los grados de libertad entonces todos los animales son libres por tener distintas opciones en su conducta. Lo decisivo no es que tengamos posibilidades de elección, sino por qué y cómo elegimos lo que elegimos y no otra posibilidad.        <br />
              <br />
       La ciencia nos dice que el universo está sometido a leyes deterministas, por lo que el físico Albert Einstein se preguntaba que por qué el cerebro tenía que ser una excepción y fuese la única parte de la materia del universo que fuese libre y no determinada como el resto.        <br />
              <br />
       Hoy en día muchos filósofos llamados compatibilistas piensan que a pesar de estar determinados como el resto del universo, los humanos somos libres siempre y cuando nuestras acciones surjan de nosotros mismos. Aquí se olvida lo que había dicho Freud de los condicionamientos inconscientes que dirigen nuestra conducta. En psicología no se dice que seamos libres si nuestra conducta está guiada por motivaciones inconscientes sobre las que el llamado yo consciente no tiene ningún control.       <br />
              <br />
       No deja de ser curioso el hecho de que sepamos que no tenemos ningún control consciente sobre lo que almacenamos en la memoria y, sin embargo, no nos preocupe este hecho, cuando precisamente desde el punto de vista de la supervivencia la memoria es mucho más importante que la libertad.        <br />
              <br />
       La falta de libertad ya había sido planteada en el pasado por el filósofo holandés Baruch Spinoza que decía que los hombres se consideraban libres porque ignoraban las causas que determinaban sus acciones.        <br />
              <br />
       La importancia de estos resultados es evidente. La existencia o no de libertad, libre albedrío o voluntad libre es también de enorme importancia para otras disciplinas, por ejemplo para la religión, ya que sin libertad el ser humano no es culpable de pecado, concepto clave y fundamental para las tres religiones abrahámicas: judaísmo, cristianismo e islamismo.       <br />
              <br />
       En jurisprudencia y en psiquiatría forense, el tema de la libertad es de gran relevancia, dado que de ahí se derivan los conceptos de responsabilidad, imputabilidad y castigo para los que delinquen. Pero la libertad es también importante en ética, en filosofía social y política, en la filosofía de la mente, en metafísica, en la teoría del conocimiento, en la filosofía de las leyes, en la filosofía de la ciencia y en la filosofía de la religión.        <br />
              <br />
       Otro tema que está siendo estudiado por la neurociencia es el tema de la espiritualidad. Desde que es posible provocar experimentalmente experiencias espirituales, religiosas o místicas estimulando determinadas regiones del lóbulo temporal pertenecientes al sistema límbico o cerebro emocional, la neurociencia ha entrado en un tema que tradicionalmente ha pertenecido a la teología. Se habla hoy, a mi entender equivocadamente, de neuroteología para referirse a la búsqueda de la espiritualidad en el cerebro. Y digo que equivocadamente, porque teología significa etimológicamente un tratado de dios, como si ya se diese por sentado su existencia, algo que la neurociencia no hace.       <br />
              <br />
       Pero lo realmente revolucionario, a mi juicio, es el hecho de que la materia, como el cerebro, sea capaz de producir espiritualidad. De ahí que yo al cerebro le he llamado “espiriteria”, una contracción de espíritu y materia. En cualquier caso, parece evidente que el concepto tradicional de ‘materia’ no debería ser aplicable al cerebro. Además, la separación dualista cartesiana entre espíritu y materia no tendría sentido.       <br />
              <br />
       Como vemos, en el pasado se consideraba inapropiado que la neurociencia se ocupase de las funciones mentales, antes llamadas funciones anímicas, o sea del alma, como lo está haciendo ahora. Hoy estamos al comienzo de un derribo sistemático de conceptos que, algunos de ellos, son pilares en los que se asienta nada menos que gran parte de nuestra cultura occidental.        <br />
              <br />
       De ahí que piense que se avecina una nueva humillación del ser humano, una revolución protagonizada por los resultados de la neurociencia. De nuevo, una ciencia está a punto de abrirnos los ojos a realidades que nada tienen que ver con las que hemos vivido durante siglos: éstas han sido producto de nuestro cerebro y las realidades que las sustituyan también lo serán.        <br />
              <br />
       Pero ahora, soñar con una realidad independiente del cerebro humano será posible pero no real.        <br />
              <br />
       Nos llama la atención el progreso objetivo de la neurociencia, como el papel de la genética en varios trastornos mentales, los estudios de biología molecular que nos han explicado cómo determinados genes pueden llevar a producir síntomas clínicos. Admiramos los descubrimientos que muestran la producción de nuevas neuronas en el hipocampo, o los mecanismos moleculares asociados a la memoria y al aprendizaje. Hemos descubierto neuronas que son la base de la empatía, probablemente también del lenguaje y de la moralidad, como las neuronas espejo, pero los temas que he mencionado en relación con la revolución subjetiva van más allá porque van a cambiar la imagen que tenemos del mundo y de nosotros mismos. Las humanidades, junto con la neurociencia, tendrán que colaborar para diseñar una nueva imagen del ser humano que, sin duda, será distinta a la que hoy conocemos.        <br />
              <br />
       En suma: estamos ante una auténtica revolución de nuestras ideas: una revolución neurocientífica.       <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
   <link rel="alternate" href="http://www.tendencias21.net/neurociencias/La-revolucion-neurocientifica_a23.html" />
  </entry>
  <entry>
   <title>“Al cerebro no le interesa la verdad, sino la supervivencia del organismo que lo alberga”</title>
   <updated>2011-07-05T19:01:00+02:00</updated>
   <id>http://www.tendencias21.net/neurociencias/Al-cerebro-no-le-interesa-la-verdad-sino-la-supervivencia-del-organismo-que-lo-alberga_a21.html</id>
   <category term="Bitácora" />
   <published>2011-07-05T18:58:00+02:00</published>
   <author><name>Francisco J. Rubia</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
Entrevista a Francisco José Rubia Vila, publicada por el Colegio Libre de Eméritos.     <div>
      Francisco J. Rubia Vila es actualmente Catedrático Emérito de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. También fue Catedrático de la Universidad Ludwig Maximillian de Munich, así como Consejero Científico de dicha Universidad. Estudió Medicina en las Universidades Complutense y Düsseldorf de Alemania. Ha sido Subdirector del Hospital Ramón y Cajal y Director de su Departamento de Investigación, Vicerrector de Investigación de la Universidad Complutense de Madrid y Director General de Investigación de la Comunidad de Madrid. Durante varios años fue miembro del Comité Ejecutivo del European Medical Research Council. Su especialidad es la Fisiología del Sistema Nervioso, campo en el que ha trabajado durante más de 40 años, y en el que tiene más de doscientas publicaciones. Fue Director del Instituto Pluridisciplinar de la Universidad Complutense de Madrid y es Director de la Unidad de Cartografía Cerebral de dicho Instituto. Es miembro numerario de la Real Academia Nacional de Medicina (sillón nº 2), Vicepresidente de la Academia Europea de Ciencias y Artes con Sede en Salzburgo, así como de su Delegación Española y Tesorero de la Federación Europea de Academias de Medicina (FEAM).Ha participado en numerosas ponencias y comunicaciones científicas, y es autor de los libros: “Manual de Neurociencia”, “El Cerebro nos Engaña”, “Percepción Social de la Ciencia”, “La Conexión Divina”, “¿Qué sabes de tu cerebro? 60 respuestas a 60 preguntas” “El sexo del cerebro. La diferencia fundamental entre hombres y mujeres”, “El cerebro: avances recientes en neurociencia” y “El fantasma de la libertad”. Francisco José Rubia Vila acaba de dirigir el curso <a class="link" href="http://www.colegiodeemeritos.es/CURSOSYCICLOSDECONFERENCIAS/CURSOSPRESENCIALES_Temas_actuales_en_neurociencia/seccion=33&amp;idioma=es_ES&amp;id=2011020818020001&amp;activo=1.do" onclick="window.open(this.href,'_blank');return false;">Temas actuales en neurociencia</a>, organizado por el Colegio Libre de Eméritos, que ha tenido gran afluencia de público.        <br />
              <br />
       <b>¿En qué se diferencian mente y cerebro?</b>       <br />
              <br />
       La mente no es otra cosa que la actividad consciente e inconsciente del cerebro.       <br />
              <br />
       <b>¿Cuál es la relación entre emoción y razón? ¿Cómo intervienen las emociones en los procesos cognoscitivos?</b>       <br />
              <br />
       La relación entre emoción y razón no es antinómica. Se ha mostrado en pacientes con lesiones en estructuras del sistema límbico, o cerebro emocional, que tienen dificultades con los razonamientos. Por tanto, la relación entre emoción y razón es estrecha y bidireccional.       <br />
              <br />
       <b>¿En qué medida influye el medioambiente para el desarrollo de facultades mentales? </b>       <br />
              <br />
       Cualquier facultad mental para la que tenemos una predisposición genética necesita del entorno para poder desarrollarse. Los genes se expresan si el entorno es apropiado. Eso ocurre, por ejemplo, con el lenguaje, pero también con otras facultades mentales       <br />
              <br />
       <b>¿Cuál es el papel de las emociones en la memoria?</b>       <br />
              <br />
       Fundamental. Todos sabemos que el almacenamiento de sus contenidos es más rápido e intenso cuanto mayor sea la carga emocional. En este proceso, el yo consciente no juega ningún papel.       <br />
              <br />
       <b>¿Es verdad que “El cerebro nos engaña”, tal y como reza el título de uno de sus libros?</b>       <br />
              <br />
       La frase “El cerebro nos engaña” es coloquial. En la palabra “nos” se encierran también cerebros. Lo que quiere dar a entender es que al cerebro no le interesa “la verdad”, sino la supervivencia del organismo que lo alberga. Si le falta información, la suple con historias plausibles, aunque sean falsas. El ejemplo que suelo utilizar es el del cazador en la India que ve tras un arbusto una especie de maroma anaranjada con tiras negras. El cazador sale corriendo porque su cerebro ha reconstruido todo un tigre, pero puede ser una maroma, en cuyo caso el cerebro ha engañado, pero esa “creación cerebral” es útil para la supervivencia. Es muy útil recomponer una imagen con pocos datos, pero tiene también sus inconvenientes porque puede ser engañosa.       <br />
              <br />
       <b>Recientemente, en Estados Unidos, un ordenador diseñado por IBM ha derrotado en un concurso de televisión a dos cerebros humanos privilegiados. Todo un triunfo de la inteligencia artificial, porque además de tener memoria, Watson, que así se llama el robot, puede pensar. Parece una película de neurociencia-ficción... ¿qué le parece a usted?</b>       <br />
              <br />
       Que veremos aún cosas más sorprendentes. No obstante, la comparación del ordenador con el cerebro es incorrecta. En el ordenador la “hardware” y la “software” están separadas; en el cerebro, no. Además, en el ordenador aún falta las emociones que son importantes en el cerebro para razonar como hace la especie humana.       <br />
              <br />
       <b>¿Es cierto que el cerebro tiene sexo, tal y como afirma en su libro “El sexo del cerebro”? ¿En qué consisten, básicamente, esas diferencias?</b>       <br />
              <br />
       En el hipotálamo se encuentran estructuras que difieren del hombre a la mujer. Pero no son las únicas. Aparte de la morfología, en las funciones también se han detectados diferencias. Ante un mismo problema, los cerebros masculino y femenino se activan de forma diferente, lo que ha llevado a pensar que utilizan estrategias diferentes para la solución de ese mismo problema.       <br />
              <br />
       <b>Para el neurocientífico Ramachandran las neuronas espejo, las responsables de la empatía y la imitación, serían para la psicología como el ADN ha sido para la biología... ¿qué opina usted?</b>       <br />
              <br />
       Que es un tanto exagerado. No obstante, hay que admitir que la capacidad de imitación y la empatía han sido esenciales en nuestro desarrollo como especie, tanto en la fabricación de utensilios como en el lenguaje gestual, precursor del hablado, y en la llamada “teoría de la mente”, o sea la capacidad de poder adivinar y predecir lo que piensan o sienten los demás, algo enormemente importante para la supervivencia.       <br />
              <br />
       <b>Howard Gardner ha sido recientemente galardonado con el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales por su labor en el terreno de la educación. Considera que la inteligencia humana no es única y que cada individuo posee, al menos, ocho habilidades cognoscitivas, lo que él llama inteligencias múltiples. ¿Qué opinión le merecen sus conclusiones?</b>       <br />
              <br />
       La palabra ‘inteligencia’ pertenece a lo que se ha llamado ‘psicología popular’ y tiene poco sentido desde el punto de vista neurobiológico. El cerebro ha ido desarrollando a lo largo de la evolución capacidades para solucionar problemas del entorno y cada una de ellas puede tener un desarrollo diferente, tanto en un individuo como entre ellos. De ahí la expresión “múltiples inteligencias”, algo que ya había sospechado Juan Huarte de San Juan en su “Examen de ingenios”.       <br />
              <br />
       <b>¿Es igual de “maleable” el cerebro de un adulto que el de un niño pequeño?</b>       <br />
              <br />
       No es igual de maleable, pues el cerebro del niño aún no está totalmente maduro. Algunas regiones terminan ese proceso de maduración al final de la adolescencia. Lo que es cierto es que podemos aprender hasta el fin de la vida.       <br />
              <br />
       <b>En una de sus conferencias, “Cerebro y música”, habla del lenguaje y la música. Ambas están presentes en todas las sociedades humanas que hoy existen ¿El lenguaje se deriva de la música o ambos, lenguaje y música, se desarrollaron en paralelo?</b>       <br />
              <br />
       No está claro. Algunos autores hablan de “musilenguaje” como si fuese un sistema único. Sin embargo, la localización de algunos aspectos tanto del lenguaje como de la música es diferente.       <br />
              <br />
       <b>Si algunas enfermedades mentales tienen un alto componente genético, como por ejemplo, la depresión, ¿quiere decir esto que son “incurables”? ¿se puede reeducar al cerebro, en este sentido?</b>       <br />
              <br />
       Enfermedades poligénicas, es decir que dependen de varios genes, son difíciles de curar. Es de suponer que en el futuro la terapia génica podrá acometer la eliminación de los genes defectuosos sustituyéndolos por sanos.       <br />
              <br />
       <b>¿Qué relación hay entre las creencias políticas o religiosas o los valores sociales y la estructura cerebral? ¿Condiciona la estructura cerebral las creencias políticas o son los valores los que influyen en el desarrollo de esta estructura? ¿Cómo se explican los fanatismos o, por ejemplo, el surgimiento de movimientos como el nazismo, desde el punto de vista del desarrollo de las ideologías en el cerebro?</b>       <br />
              <br />
       Estamos aún lejos de responder a estas preguntas. Ahora bien, en las ideologías aparece un pensamiento fuertemente dualista unido a una gran carga emocional que las hace extremadamente peligrosas. El pensamiento dualista, sin embargo, es útil para analizar la realidad, ya que el cerebro funciona por contrastes. Con otras palabras: cualquier herramienta cerebral tiene, como todo, sus ventajas y sus inconvenientes.       <br />
              <br />
       <b>¿Estamos totalmente determinados al nacer por nuestra estructura cerebral o podemos decir que cerebro humano goza de libre albedrío?</b>       <br />
              <br />
       Experimentos repetidos en varios laboratorios parecen indicar que el libre albedrío es una ficción. Si en el futuro otros experimentos indicasen su existencia tendríamos que revisar esta opinión. Es difícil aceptarlo, ya que todos tenemos la impresión subjetiva de ser libres. Pero durante veinte siglos hemos tenido la impresión subjetiva de que el sol se movía alrededor de la tierra y ha resultado ser falsa. Mi consejo: hay que ser muy cautos con las impresiones subjetivas.       <br />
              <br />
       Publicado por el <a class="link" href="http://www.colegiodeemeritos.es/Noticias_EntrevistaRubiaVila2011/seccion=72&amp;idioma=es_ES&amp;id=2011060610450001&amp;activo=1.do" onclick="window.open(this.href,'_blank');return false;">Colegio Libre de Eméritos</a>
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
   <link rel="alternate" href="http://www.tendencias21.net/neurociencias/Al-cerebro-no-le-interesa-la-verdad-sino-la-supervivencia-del-organismo-que-lo-alberga_a21.html" />
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  <entry>
   <title>Sobre “El Gen de Dios”, de Dean Hamer</title>
   <updated>2011-03-03T17:09:00+01:00</updated>
   <id>http://www.tendencias21.net/neurociencias/Sobre-El-Gen-de-Dios--de-Dean-Hamer_a20.html</id>
   <category term="Libros" />
   <published>2011-03-03T17:09:00+01:00</published>
   <author><name>Francisco J. Rubia</name></author>
   <content type="html">
    <![CDATA[
El genetista Dean Hamer, del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, publicó en 2004 un libro titulado El Gen de Dios, que se ha traducido al español recientemente (La esfera de los libros, Madrid, 2006). En él habla de que la fe está determinada por la biología, un tema ya tratado en otras publicaciones (p.ej., The Biology of Belief, La biología de la creencia, de Joseph Giovannoli).     <div>
      Hamer parte de la base de que la espiritualidad es una de las fuerzas más omnipresentes y poderosas del ser humano y se puede considerar como un instinto. Constata que cada vez asiste menos gente a los actos religiosos, mientras que existe un alto porcentaje de personas que creen en dios, lo que interpreta como que la espiritualidad no tiene nada que ver con los preceptos religiosos.        <br />
              <br />
       En otro lugar he dicho que no existe religión sin espiritualidad, pero sí espiritualidad sin religión. Y no me refiero a las diversas sectas modernas que buscan espiritualidad sin pertenecer a ninguna religión, sino sobre todo al budismo o al taoísmo que no deben considerarse religiones stricto sensu, ya que la palabra religión proviene del latín religare, que significa unirse a un ser divino. Sabido es que el budismo o el taoísmo no tienen dioses, aunque en China encontremos templos budistas o taoístas en los que se realizan ofrendas y plegarias como si de una religión en el sentido tradicional se tratase.        <br />
              <br />
       Tanto el budismo como el taoísmo pueden considerarse doctrinas filosóficas y espirituales. Nietzsche llamaba al budismo ‘fisiología del alma’.        <br />
              <br />
       Hamer nos dice que tenemos una predisposición genética para la creencia espiritual. Parece claro desde que somos capaces de provocar experiencias espirituales estimulando determinadas regiones del cerebro emocional, que éste puede generar espiritualidad. Nos falta saber cuál es la ventaja evolutiva que esta capacidad ha tenido a lo largo de la evolución para que el cerebro sea capaz de alcanzar lo que he llamado una “segunda realidad”, distinta de la primera o realidad cotidiana.        <br />
              <br />
       Estudios con gemelos, nos cuenta Hamer, indican que la espiritualidad es heredada en parte. Ya sabíamos intuitivamente que algo de eso tenía que haber. En la historia ha habido personas con una gran espiritualidad, que han destacado como visionarios, profetas, santos o fundadores de religiones, mientras que también se pueden observar otras que parecen carentes de ella o al menos con un desarrollo muy pobre. Es lo que suele ocurrir con todas las facultades mentales.        <br />
              <br />
       Para Hamer, mientras la espiritualidad parece transmitirse fundamentalmente por los genes, la religión tendría un componente genético mucho más débil; mientras la primera se transmite por genes, la segunda lo haría por memes. Los memes son, según Richard Dawkins, unidades teóricas de información cultural que se transmiten de un individuo a otro, o de una mente a otra.        <br />
              <br />
       Discrepo ligeramente de la opinión de Hamer. Estoy de acuerdo, y así lo he manifestado en otras ocasiones, con la predisposición genética para la espiritualidad, facultad que muy probablemente es fundamental para la creación de religiones. Pero la religión es una construcción social que depende de muchos factores, muchos de ellos desconocidos hoy por hoy. Por tanto, no considero que el ser humano tenga una predisposición genética, aunque sea débil, para la religión, pero sí que la espiritualidad puede crear esas religiones. O no, como antes he afirmado cuando hablaba del budismo o del taoísmo. ¿Dónde estarían los genes religiosos en estas doctrinas?       <br />
              <br />
       En lo que sí estaría de acuerdo con Hamer es que tanto las creencias como los sentimientos espirituales son producto de nuestro cerebro. En mi libro La conexión divina (Crìtica, Barcelona, 2003) este punto quedaba bien claro. En este libro hablaba de esa segunda realidad buscada por el ser humano desde que entra en conocimiento con ella, probablemente en la prehistoria, quizá ingiriendo sustancias alucinógenas o enteógenas. Y también insistía en la importancia que esas experiencias místicas, espirituales o de trascendencia habrían tenido para las religiones.        <br />
              <br />
       Hamer dice también que ‘no hay que ser religioso para ser místico’. Yo diría que está claro y que ha habido incluso un claro antagonismo entre ambas posturas en las religiones tradicionales. El místico, inmerso en una determinada religión, se ponía supuestamente en contacto con su dios sin necesidad de ningún intermediario, algo que molestaba profundamente a la jerarquía de su iglesia, por lo que fueron perseguidos e incluso aniquilados en algunos célebres casos de los que hablo en La conexión divina.       <br />
              <br />
       Sin embargo, que las experiencias místicas han sido importantes para las religiones lo confirma el hecho de que ‘muchas de las religiones del mundo fueron fundadas por individuos místicos’, como dice Hamer, citando a Siddharta Gautama (Buda, que no creó ninguna religión), Jesús, Mahoma, Yazid Taifur al-Bistami (místico sufí persa), Mary Baker Eddy (cienciología) o Joseph Smith (mormones).        <br />
              <br />
       Pero el título del libro de Hamer se debe a un gen, llamado VMAT2, que según el autor ‘predispone a las personas a la espiritualidad’. En realidad es un gen que está implicado en la manera en que el cerebro utiliza las monoaminas. Las monoaminas forman un grupo importante de neurotransmisores en el sistema nervioso central, o sea, las sustancias químicas que utilizan las células nerviosas para comunicarse entre sí. Se dividen en dos grupos: las catecolaminas (dopamina, noradrenalina y adrenalina) y las indolaminas (serotonina y melatonina). Todas estas moléculas están implicadas en múltiples funciones en el sistema nervioso, por lo cual que un gen esté implicado en cómo el cerebro las utiliza estará involucrado asimismo en múltiples funciones, y no sólo en la espiritualidad.        <br />
              <br />
       Aparte de suponer que la espiritualidad no dependerá seguramente de un solo gen, por lo anteriormente expuesto es demasiado especulativo y arriesgado hablar de un ‘gen de dios’. Aquí quisiera repetir que la espiritualidad no lleva necesariamente a una religión teísta, como antes dije. Además, decir que la espiritualidad está ligada a determinadas monoaminas cerebrales no es decir mucho.        <br />
              <br />
       Quizá Hamer se haya guiado por las palabras del entomólogo y sociobiólogo estadounidense Edward Osborne Wilson, quien en su libro On Human Nature (Sobre la naturaleza humana) decía que la predisposición a creer tiene una base genética. Pero la disposición a creer es un concepto más amplio que el de religión. Podemos creer en muchas otras cosas aparte de en dioses. De nuevo aquí habría que diferenciar entre espiritualidad y religión.        <br />
              <br />
       Menos mal que al final de su libro Hamer reconoce que mientras que la espiritualidad es universal, cada cultura tiene su propia religión. Por tanto, añade: ‘la espiritualidad es genética, mientras que la religión tiene que ver con la cultura, las tradiciones, las creencias y las ideas’.       <br />
              <br />
       Resulta llamativo el hecho de que Hamer no hable de manifestaciones de espiritualidad que no tienen nada que ver con la religión en sentido estricto. En cualquier caso, hablar de un ‘gen de dios’ me parece no sólo exagerado y probablemente incorrecto, sino que se tiene la impresión que esa expresión fue motivada más por sensacionalismo que por argumentos científicos.        <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
    ]]>
   </content>
   <link rel="alternate" href="http://www.tendencias21.net/neurociencias/Sobre-El-Gen-de-Dios--de-Dean-Hamer_a20.html" />
  </entry>
  <entry>
   <title>No sólo los seres humanos se drogan</title>
   <updated>2011-03-01T07:37:00+01:00</updated>
   <id>http://www.tendencias21.net/neurociencias/No-solo-los-seres-humanos-se-drogan_a19.html</id>
   <category term="Bitácora" />
   <published>2011-03-01T07:35:00+01:00</published>
   <author><name>Francisco J. Rubia</name></author>
   <content type="html">
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      La ingesta de sustancias alucinógenas, también llamadas ‘enteógenas’, que etimológicamente significa ‘dios dentro de mí’, no es exclusiva del ser humano. Otros animales también ingieren hongos y plantas que contienen sustancias psicotrópicas.        <br />
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       Si nos remontamos a la Prehistoria, es muy posible que en esas épocas los chamanes utilizasen ya drogas enteógenas en sus rituales, sobre todo para alcanzar el trance o éxtasis.        <br />
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       El historiador de las religiones Mircea Eliade dice que cuando el chamán, una figura que se le ha llamado el sacerdote de las culturas de cazadores-recolectores ya presente en el Paleolítico, no puede llegar al éxtasis o trance por otros medios, utiliza sustancias enteógenas para alcanzarlo. No me parece a mí correcta la comparación con el sacerdote, ya que el chamanismo no es una religión en sentido estricto. El chamán es más bien una especie de hechicero o curandero, pero su principal importancia se deriva de la capacidad de ser un intermediario entre la realidad cotidiana y una segunda realidad a la que se accede por trance o éxtasis.        <br />
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       Por ser intermediario, puede comparársele con el sacerdote de religiones tradicionales, pero el sacerdote pertenece a una jerarquía eclesiástica que siempre estuvo en contra de los místicos, es decir, de aquellas personas que entraban supuestamente en contacto con la divinidad sin necesidad de ningún intermediario. En este sentido, el chamán es comparable más bien con los místicos de las religiones tradicionales.        <br />
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       Por tanto, ya en el Paleolítico el ser humano utilizaba drogas enteógenas para acceder a esa segunda realidad, en la que supuestamente podía entrevistarse con antepasados fallecidos, divinidades, espíritus y seres sobrenaturales en general.        <br />
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       <b>¿Fuimos los primeros?</b>       <br />
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       Pero la cuestión es si han sido los seres humanos los primeros en utilizar estas sustancias alucinógenas, sustancias que siguen usándose por chamanes en nuestros días. El etnobotánico y etnomicólogo italiano, Giorgio Samorini, ha estudiado este tema durante varias décadas llegando a la conclusión que muchas otras especies animales también buscan las sustancias enteógenas para drogarse.        <br />
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       Llama la atención, por ejemplo, que los renos de Siberia busquen el hongo alucinógeno llamado hongo matamoscas o falsa oronja (<span style="font-style:italic">Amanita muscaria</span>) para ingerirlo, práctica que también se ha dado en Europa y América. Este hongo crece sobre todo bajo coníferas, hayas y abedules y es buscado asimismo por ardillas y moscas. Los caribúes de Canadá lo ingieren asimismo. Es muy probable que los chamanes siberianos copiasen a los renos y de esta manera descubriesen la posibilidad de acceder a lo que hemos llamado antes ‘segunda realidad’.        <br />
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       La sustancia activa de este hongo es la muscarina, que en dosis alta puede producir la muerte y que estimula los receptores de acetilcolina, un neurotransmisor muy extendido en el sistema nervioso. Sus efectos pueden ser dolores abdominales, náuseas, vómitos, diarreas y dificultad para respirar.        <br />
       Se supone que los componentes de este hongo figuraban en el llamado ‘soma’, un elixir que se menciona en Los Vedas y del que se habla ya en el año 1.500 a.C. en la India.       <br />
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       Otro hongo muy apreciado por algunos animales, entre ellos el hombre, es el hongo Psilocybe, muy conocido en la cultura azteca que le llamaba ‘hongo de dios’, aunque también se le ha denominado ‘carne de los dioses’. Pues bien, este hongo es ingerido asimismo por animales como el perro y la cabra, aunque también se ha encontrado en el estómago de primates no humanos. Estos hongos suelen crecer sobre excrementos de mamíferos.        <br />
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       Se ha planteado la cuestión de si el maná del que se habla en la Biblia (Éxodo, 16:14) no serían también drogas enteógenas. Por la descripción que del maná se hace en la Biblia algunos autores han sugerido similitudes con el hongo <span style="font-style:italic">psilocybe</span>.        <br />
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       Samorini también nos dice que la cabra ingiere las bayas de la planta del café para conseguir un estado de excitación. Y en Etiopía y Yemen las cabras se vuelven locas con la ingesta de khat, una planta con propiedades eufóricas que también es consumida por seres humanos. Se supone en este caso que las propiedades de este arbusto que se denomina ‘flor del paraíso’ fueron descubiertas por el hombre observando el comportamiento de los rebaños de cabras.        <br />
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       La ‘judía roja’ o ‘judía del mezclal’ es la semilla de una planta leguminosa conocida desde la Antigüedad por los indios de las llanuras de América del Norte y que utilizan en ceremonias religiosas. Parece ser que su uso se remonta a los 9.000 años a.C., y los indios descubrieron sus efectos observando las extrañas conductas de los animales que las consumían.       <br />
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       Samorini habla de muchos otros animales que se drogan como abejas, moscas, gatos, vacas, elefantes, koalas, mandriles, caballos, etc.       <br />
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       <b>Posible espiritualidad animal</b>       <br />
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       Habría que preguntarse: ¿entran también los animales en esa segunda realidad en la que se encuentran con antepasados fallecidos y todo tipo de seres sobrenaturales? La pregunta no es baladí, porque el cerebro emocional o sistema límbico lo compartimos los humanos, aunque con diferencias, con muchos otros mamíferos. Esta pregunta lo que quiere indicar es la posibilidad de una espiritualidad animal que haya precedido a la nuestra.        <br />
              <br />
       Hoy sabemos que estas experiencias pueden ser provocadas experimentalmente y no sólo por la ingesta de sustancias enteógenas, sino por la estimulación de determinadas estructuras del cerebro emocional. La experiencia espiritual, trascendente o religiosa, que tantos místicos han referido, es un producto cerebral. Por tanto, no puede extrañarnos que planteemos la existencia de precursores de la espiritualidad en los animales que nos han precedido en la evolución, sobre todo los que tienen un cerebro más parecido al nuestro.        <br />
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       Desgraciadamente, hoy por hoy no tenemos técnicamente la posibilidad de saber si este planteamiento tiene una base.        <br />
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