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Miércoles, 16 de Abril 2014

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Técnicas químicas desvelan los secretos de un corpiño del Barroco  10/01/2013

Detalle del corpiño analizado. Imagen: Museo del Traje. Fuente: UNED.

Investigadores de la UNED han dirigido un estudio internacional para conocer los componentes de un rico corpiño del siglo XVII (Barroco), expuesto en el Museo del Traje (Madrid). La prenda, tejida con hilos de seda, oro, plata y cobre, contiene fibras de lana, un material empleado por las clases bajas de la sociedad de aquella época, lo que ha sorprendido a los expertos.

En el siglo XVII, los miembros de la Corte lucían sus mejores galas en los bailes y recepciones organizados por la nobleza o la realeza. Era habitual que las mujeres se vistieran con sofisticados corpiños que estilizaban su figura y ponían de manifiesto el elevado estamento social al que pertenecían.

“La gran riqueza del jubón y su confección indican que se trata de una prenda perteneciente a alguna dama de las cortes europeas del siglo XVII”, explica Antonio Hernanz, investigador del departamento de Ciencias y Técnicas Fisicoquímicas de la UNED y autor principal del trabajo, publicado en el libro Analytical Archaeometry, que edita la Royal Society of Chemistry.

La seda es el componente que predomina, seguida del algodón y del lino, aunque también hay fibras de lana, algo fuera de lo común. “El estilo de la prenda indica que perteneció a una de las clases sociales más privilegiadas de las cortes europeas, sin embargo, hemos encontrado una pequeña muestra de lana, que se empleaba de forma frecuente por la clase trabajadora”, puntualiza el investigador.

A los expertos también les ha sorprendido la buena conservación de la prenda, al comprobar que los hilos de seda apenas se han degradado a lo largo de los siglos. En las manchas de las zonas próximas a las axilas se ha detectado cloruro sódico procedente del sudor, puesto que estas prendas no se lavaban.

Además, también han encontrado abundantes micropartículas de carbón amorfo sobre superficies metálicas “lo que sugiere que el jubón fue usado en salones iluminados mediante velas”, precisa el investigador.

Desvelar la composición del corpiño sirve para conocer la técnica y los materiales usados en el siglo XVII y para demostrar su autenticidad. También ayuda en las labores de conservación, puesto que “una vez conocidos los materiales de la pieza, podemos proponer recomendaciones a los conservadores del museo para un adecuado mantenimiento”, concluye Hernanz.

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UNED

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