-- "Al, en español hablamos los dos con la misma voz, igualito que Rambo..." -- "Bob, fu... you!"
Uno no entiende que, en vez de eliminar los doblajes de una vez (o hacerlo gradualmente, para que nadie se rasgue las vestiduras), algunas comunidades autónomas impongan un segundo doblaje. Tal decimonónica politica (aunque el cine sea del XX) no va a extinguirse por un criterio educativo, sin duda. Tampoco porque alguien proteste por tener que oír con la misma voz a Robert de Niro, Al Pacino y Stallone. Así hablamos el inglés (Ai jjjjjafff tu gou tu EEEEspain), empezando por los presidentes de gobierno. En otro saco que ellos, pero no otro mundo, un servidor y casi todos. Los que peor hablan el inglés son los escoceses, y son los únicos a los que se les deberia permitir doblar las películas americanas. Y viceversa.
¿Cómo hablan en inglés los suecos? Muy bien y no es casualidad, porque, aparte de similitudes lingüísticas, no doblan las películas. ¿Cómo lo hablan los franceses o los españoles? Pues... aparte de disimilitudes lingüísticas, sí doblan las películas. Hace un par de años asistí a una conferencia en Egipto, en la que participaban dos ministros. Es decir, de los de antes, del gobierno de Mubarak. Contra lo que podría imaginarse (dos carceleros sanguinarios, cimitarra en mano) los dos eran personas amables, hablaban un inglés espléndido, y dieron charlas muy técnicas con apenas unas notas, con gran brillantez. Como aquí. Muchos egipcios hablan un inglés estimable, pese a las limitaciones del sistema educativo; pero tampoco doblan las películas. ¿Algo queda?
En una ciudad de provincias veía las fotos de su universidad. La orla del Departamento de Filología Inglesa mostraba el patrón celtíbero habitual, en fotos y apellidos, sin uno solo sospechoso de poder pasar por descendiente de ingleses. Contrasta con los departamentos de lenguas extranjeras de las universidades americanas, en los que abundan los apellidos de origen español. ¿No debería ser normal? LLamaba, un delegado sindical, "fascista" a Esperanza Aguirre, poco antes de dimitir ésta, por querer colocar a profesores nativos ingleses en los colegios madrileños, sin haber preparado oposiciones. Ardua cuestión. El consenso parece difícil, como que se presenten muchos nativos a ellas. La palabra española "oposición", en nuestro sentido administrativo, tiene difícil, o imposible traducción (en vez de una palabra haría falta un tratado legal) y los angloparlantes pueden pensar que significa oponerse a algo ¿Tal vez al sentido común? Algun otro sindicalista pondrá el grito en el cielo; pero seguro que jura en hebreo, no en inglés.
Recordaba Walter Benjamin, en sus conversaciones con André Gide, a aquel otro escritor que afirmaba que aprender otras lenguas sólo servía para decir las mismas tonterías en todas ellas; pero justificaban ambos que no es lo mismo hablar una lengua que leerla y, más allá, dominar su literatura. Y pensar en ella, diríamos nosotros. Al final, son muchos los que están satisfechos con su propia lengua y realidad.

Espiquin inglis: acerca de los doblajes
