Carlos López Otín
Hace pocas fechas asistía al 4º Foro Sanitas sobre Tecnologías Biomédicas con ciertos —o muchos— titubeos. Como ocurre en tantos eventos de este tipo, patrocinados por empresas, uno anticipaba en el desayuno el olor del probable incienso posterior, arrojado por voluntariosos empleados de la compañía armados de un botafumeiro portátil, made in China, alquilado para los fastos del día. He podido, sin embargo, asistir a una serie de charlas magníficas. Alargadas hasta las 3 de la tarde, pocos acabaron mirando el reloj.
Destacó, sobreponiéndose a la hora de su charla, la última, el bioquímico y catedrático Carlos López Otín, del que había oído hablar numerosas veces pero no había visto nunca en persona. Difícil competir con la imagen mental en la audiencia del posible tempempié que debía aguardar en el exterior, pero así fue. En su charla, repleta de citas y comentarios literarios, artísticos y personales muy emotivos, uno se podía reconciliar con la ciencia nacional. No le hizo falta mencionar muchos logros ajenos para mostrar la importancia de la investigación en nuestro tiempo. Con la de su propio grupo, repleta de artículos en las mejores revistas científicas y de importancia y originalidad extraordinarias (temas como genética del envejecimiento, epigenética o detección precoz de enfermedades), hubo suficiente. También recordó la necesidad de desterrar la ignorancia de nuestra sociedad. En sus comentarios la mejor tradición de la ciencia española volvía por sus fueros. Podrá faltar financiación, pero no talento. Fallará la política, no los científicos.
Destacó, sobreponiéndose a la hora de su charla, la última, el bioquímico y catedrático Carlos López Otín, del que había oído hablar numerosas veces pero no había visto nunca en persona. Difícil competir con la imagen mental en la audiencia del posible tempempié que debía aguardar en el exterior, pero así fue. En su charla, repleta de citas y comentarios literarios, artísticos y personales muy emotivos, uno se podía reconciliar con la ciencia nacional. No le hizo falta mencionar muchos logros ajenos para mostrar la importancia de la investigación en nuestro tiempo. Con la de su propio grupo, repleta de artículos en las mejores revistas científicas y de importancia y originalidad extraordinarias (temas como genética del envejecimiento, epigenética o detección precoz de enfermedades), hubo suficiente. También recordó la necesidad de desterrar la ignorancia de nuestra sociedad. En sus comentarios la mejor tradición de la ciencia española volvía por sus fueros. Podrá faltar financiación, pero no talento. Fallará la política, no los científicos.

¿La ciencia española en crisis?
