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Blog de Tendencias21 con una visión irónica, satírica o desenfadada de la ciencia y la propia vida


La mentira, ¿pecado capital de España?



Víctor Maojo

Miércoles, 3 de Octubre 2012

Pinochos y Pinueves, por doquier
Pinochos y Pinueves, por doquier
Muchas veces aceptamos una afirmación y la contraria, como si las dos fuesen buenas y válidas. Lo que en lógica se llama inconsistencia, en lenguaje de la calle contradicción y en el político flexibilidad. Podemos aceptar aún más, que alguien diga una cosa cuando sabemos que es la contraria, y nada pase más allá del simple rubor del mentiroso. A veces ni eso. Se puede mentir a voluntad, sin que al final nada ocurra. Todo está bien. Tranquilamente puede mentir un profesor en un consejo de departamento o un alumno en el despacho del profesor, el acusado ante el juez (con el amparo mismo de la ley), el banquero y el tendero al cliente, el cliente ante el vendedor, el cura ante Dios y el obispo, el creyente ante el cura, el ministro ante el Parlamento, el periodista ante sus lectores, etc. Escuchaba a una secretaria de juzgado hace años contar, en la más absoluta comprensión, que, como son tantos los acusados y testigos que mienten en un juzgado, muchos jueces no hacen caso más que de las pruebas y evidencias más obvias. Tal vez en la memoria colectiva esté algún inquisidor buscando la verdad (o la que le interesaba) con la tortura; pero de ello han pasado muchos siglos.

En las universidades americanas (las mejores del mundo, aunque los consumidores de cerveza Guinness de los pubs de Londres hayan dicho otra cosa en sus rankings), si un profesor o alumno miente en una cuestión académica, lo pagará caro. Si copia un trabajo, le echan sus colegas (es decir los alumnos a los alumnos y los profesores a los profesores). Si plagia o falsea resultados de investigación o, si miente para conseguir un objetivo, el fin de su vida académica puede estar cerca. ¿Cuántas veces hemos visto a estudiantes y profesores engañando en su curriculum vitae? Una jugada sin apenas riesgo. Si no mienten, no tienen nada que esperar, y si son pillados, el resultado será el mismo que les correspondería en buena lid. El fracaso, pero sin pena (ni una ni otra).

En aquellos debates por la presidencia, hace cinco años, donde y cuando comenzó (o se asentó, más bien) todo lo que padecemos, Rajoy tildó de mentiroso quince, o veinte veces, al entonces presidente Zapatero. Como es lógico, uno de ellos mentía. O los dos. En algunos otros países, los que tienen los fundamentos democráticos más asentados (y no por casualidad), uno de los dos habría pagado caro el hecho (o los dos). O por mentir al decirlo o porque lo dicho era verdad. Dio igual, los dos han sido presidentes. En el caso del debate Solbes-Pizarro, donde el primero faltó a la verdad del modo que hoy sólo podemos lamentarnos. Pizarro dijo la verdad sobre la crisis que se avecinaba, o eso parece hoy. Ya sabemos quién ganó el debate según las encuestas. Al final el primero siguió en la política (a regañadientes) y la abandonó en cuanto vio que todo se volvería irremediablemente contra él mismo, ya sin posible escapatoria de trilero. El segundo fue arrinconado justamente por eso, por decir la verdad. Incluso a su jefe. Hace poco pude ver a Pizarro en un restaurante, dos personas en una mesa aislada, sin nadie más en las mesas de alrededor. ¡Qué imagen metafórica de la realidad nacional!

Se ha dicho que nuestro pecado principal es la envidia. Buñuel, Unamuno y tantos otros se extendían en la afirmación. Ortega y Gasset, al que uno lee y relee con deleite y asombro, afirmaba que era la soberbia. Otros, que la pereza. No lo creo. Tal vez todos ellos sean pecados que afligen al individuo patrio como ente aislado, pero no tanto en lo colectivo.

La mentira, ¿pecado capital de España? No, es aún peor, es aceptarla como si fuese algo normal y justificable.






1.Publicado por jesus gonzalez (piscina) el 19/10/2012 08:37
Un dia te tengo que contar mi obsesión con la época prerrománica, donde empezó todo. Entre diversas tribus, unas celtas las otras ibéricas, ambas distintas pero vecinas y destinadas a entenderse... Ahí empezaron las mentiras y las envidias y porqué no ? la soberbia
Un abrazo

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Editado por
Víctor Maojo
Eduardo Martínez
Víctor Maojo es doctor en medicina e informática y catedrático de inteligencia artificial desde 2006. Ha sido “Fellow” del programa Health Science and Technology de Harvard-MIT y profesor visitante en Georgia Tech, EE.UU. Desde 1993 dirige el Grupo de Informática Biomédica de la Universidad Politécnica de Madrid. Ha coordinado y trabajado en más de 30 proyectos, nacionales y europeos, en temas de inteligencia artificial, informática biomédica, ciencia cognitiva, nanomedicina, tecnologías para el cáncer y colaboración sanitaria en África, entre otros. Ahora coordina el proyecto europeo Africa Build, para mejorar la asistencia sanitaria en varios países africanos mediante el uso de las tecnologías de la información. Ha publicado artículos y contribuciones en las principales revistas y conferencias científicas de su área. En 2011 fue elegido “Fellow” del American College of Medical Informatics (ACMI), la academia americana de informática médica, por sus contribuciones a esta disciplina científica. Por el camino ha hecho algunas cosas más. Estuvo a punto de cantar Rigoletto en el Metropolitan de Nueva York, hace algunos años, pero los malvados acomodadores acechaban por doquier a los espectadores rezagados al final de la función.




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