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Blog de Tendencias21 con una visión irónica, satírica o desenfadada de la ciencia y la propia vida


María Blasco y Mariano Barbacid --o aquellas comidas de Rigoletto



Víctor Maojo

Domingo, 9 de Diciembre 2012

Mariano Barbacid y María Blasco, juntos gracias al Photoshop
Mariano Barbacid y María Blasco, juntos gracias al Photoshop
Hace unos años, cuando residía en un Colegio Mayor de Madrid, apareció por el comedor un nuevo cocinero. Tras pocos días, el triste semblante de los colegiales se había transformado, al menos a la hora de comer. El nuevo cocinero se hizo tan popular que alguien le colocó rápidamente el mote de "Rigoletto". A uno le entraban ganas de cantar algún aria tras comer una suculenta pasta, un buen asado o un exquisito postre. Después de cada festín, el cocinero recibía más aplausos que Pavarotti o Kraus al cantar la misma ópera, y más de un comensal suplicaba un bis de cada plato. Poco duró la alegría. Tras pocos meses de triunfos inenarrables, con coros improvisados cantando la entrada de la marcha triunfal de Aida, o el "Va pensiero", el director de la contrata, entusiasmado con el éxito y las caras sonrientes de los colegiales, quiso recompensar los méritos del cocinero y le nombró jefe de las cocinas de los colegios mayores. Así esperaba contentar a todos. Rigoletto se tomó tan a pecho quedar bien con su director y darle una alegría cada fin de mes, que empezó a recortar gastos en la comida, en los cocineros (ya eran otros) y en dónde pudo. Así, tras ese paréntesis tan poco duradero, los colegiales volvieron a protestar, aporrear las mesas y poner la misma cara de siempre. El jefe de cocinas, antes cocinero, fue cambiado de sitio ante la revolución amenazante --y sin Twitter, para que luego digan. 

Poco ha pasado desde que se nombró a María Blasco, brillante investigadora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), directora del centro. Como no podía ser menos, el nombramiento vino después de la salida sin palio del previo, Mariano Barbacid. Había sido éste su primer director y claro primer responsable, acompañado de sus colaboradores científicos, de su fulgurante éxito. Lógicamente, tal logro no podía quedar así, y requería un escarmiento. Ahora, tras tan poco tiempo con María Blasco como directora, ya se empieza a publicar cuánto gana, se le piden cuentas, se le empiezan a achacar culpas y, entre unos y otros, o entre ellos mismos a solas, ya ha aparecido el enfrentamiento entre ambos. Blasco y Barbacid. Cómo no podía ser menos en esta época, el dinero nuevo no llega como antes. Entonces, uno se justifica y dice que dejó el arca repleta y la otra que lo que hay es un enorme crédito a pagar; pero da igual lo que digan o hagan. Los dos se verán un buen día culpables, de sus posibles culpas (que serán seguramente mínimas) y, aún si no existen, de las de todos los demás.

¿Por qué ha pasado esto? ¡Ay, la idea tan peculiar que existe en España de los nombramientos! Y de los desnombramientos, perdóneme el DRAE de nuevo. En un país con tan abominable insistencia en nombrar para todo tipo de puestos a personas sin ningún mérito objetivo (nombrados a dedo o votados, el resultado suele ser el mismo), cuando se nombra a alguien por eso, por sus méritos, casi siempre lo es para otro puesto diferente al que merecería. Así, en vez de recompensar a María Blasco con más dinero para mejorar su laboratorio, la hicieron directora del CNIO. Se interrumpió su carrera investigadora, poniéndola a pelear en un despacho con sindicatos y políticos, enemigos de dentro y fuera, envuelta en seguros conflictos de todo tipo. En resumen, en el camino inexorable hacia el cese más tardío o temprano. Mientras, en vez de agradecerle su trabajo a Barbacid con otro puesto que cumpliese sus expectativas, de forma jubilosa, se le sacó por la puerta trasera, expuesto cualquier día al apedreamiento público, premio habitual que se suele dar a los pioneros nacionales. ¿Por qué tendrán que pelearse entre ellos, sin son tan excelentes profesionales y tan semejantes serán sus puestos futuros de "ex-directores"? 

Ser un gran gestor es muy distinto de ser un gran investigador, como ser un gran cocinero es diferente a ser un gran jefe de una contrata de comedores. El problema es que nadie parece darse cuenta de ello, ni los que nombran ni los nombrados. 






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Víctor Maojo
Eduardo Martínez de la Fe
Víctor Maojo es doctor en medicina e informática y catedrático de inteligencia artificial desde 2006. Ha sido “Fellow” del programa Health Science and Technology de Harvard-MIT y profesor visitante en Georgia Tech, EE.UU. Desde 1993 dirige el Grupo de Informática Biomédica de la Universidad Politécnica de Madrid. Ha coordinado y trabajado en más de 30 proyectos, nacionales y europeos, en temas de inteligencia artificial, informática biomédica, ciencia cognitiva, nanomedicina, tecnologías para el cáncer y colaboración sanitaria en África, entre otros. Ahora coordina el proyecto europeo Africa Build, para mejorar la asistencia sanitaria en varios países africanos mediante el uso de las tecnologías de la información. Ha publicado artículos y contribuciones en las principales revistas y conferencias científicas de su área. En 2011 fue elegido “Fellow” del American College of Medical Informatics (ACMI), la academia americana de informática médica, por sus contribuciones a esta disciplina científica. Por el camino ha hecho algunas cosas más. Estuvo a punto de cantar Rigoletto en el Metropolitan de Nueva York, hace algunos años, pero los malvados acomodadores acechaban por doquier a los espectadores rezagados al final de la función.




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