Siguiendo las teorías predarwinianas de alguno de nuestros patrios filósofos y científicos de cabecera, más de un oído cabreado podría pensar que el 95% de la música que se ha oído en los últimos cincuenta años, sea en discos o a través de la televisión y videos musicales, ha producido mutaciones genéticas que habrían conducido a una alteración del oído musical y las zonas cerebrales correspondientes en buena parte de la población mundial. Mario Bunge no iba tan allá, pero sí afirmaba que los decibelios de los amplificadores habían estropeado el oído de los músicos de rock. Veamos un ejemplo de posible mutación.
En los años 30-40, un grupo de aficionados a la ópera de Nueva York contrató regularmente a una soprano ya legendaria, Florence Foster Jenkins. Tuvieron una buena diversión a costa de la pobre mujer en teatros tan importantes como el Carnegie Hall, alquilado para el "recital", fin festivo de la reunión del amplio grupo. Ésta, soprano de voz y gusto difícilmente empeorables, se sorprendía de que sólo la contratase este grupo de melómanos y, al parecer, no llegó a descubrir nunca la verdad.
Más arriba se incluye un ejemplo del dudoso gusto musical la señora, destrozando nada más y nada menos que el aria de la reina de noche de La Flauta Mágica de Mozart, en video/audio prestado de You Tube (como el de abajo).
Han pasado varias décadas y un tenor (si se le puede llamar así) llamado Paul Potts encadilaba hace no mucho, y parece que lo sigue haciendo, a medio planeta. Cantaba el señor, de forma abominable, arias de ópera y canciones. La primera vez que uno tuvo que padecerlo pensó que era una inocentada, un video grabado en un programa con cámara oculta, o de humor; pero no era así. Tanto, que el tenor ahí sigue con su carrera. Decía Sabina que en un estudio de grabación podian sacarle la voz de Plácido Domingo, si él quisiese (y no quería). La prueba de que esta ensoñación no es posible es Paul Potts, que, con más voz que Sabina (es difícil tener menos), no consigue cantar bien ni en estudio. Aquí va un ejemplo, en directo. Nada menos que La donna e mobile,del Rigoletto de Verdi. No se sabe si lo peor es el tenor o el público.
Tampoco nadie debería cargar mucho las tintas en este hombre, ya que la mayor parte de los tenores profesionales que pululan en los teatros de ópera actuales no lo hacen mucho mejor, pero con similar éxito. Ahí está Juan Diego Flórez, haciendo hace poco el primer bis que se ha escuchado en el Metropolitan de Nueva York en muchos años (costumbre prohibida, con gran tino como se ve ahora, a instancias del director Arturo Toscanini, nada menos). Tantos antecesores ilustres removiéndose en sus tumbas...
En los años 30-40, un grupo de aficionados a la ópera de Nueva York contrató regularmente a una soprano ya legendaria, Florence Foster Jenkins. Tuvieron una buena diversión a costa de la pobre mujer en teatros tan importantes como el Carnegie Hall, alquilado para el "recital", fin festivo de la reunión del amplio grupo. Ésta, soprano de voz y gusto difícilmente empeorables, se sorprendía de que sólo la contratase este grupo de melómanos y, al parecer, no llegó a descubrir nunca la verdad.
Más arriba se incluye un ejemplo del dudoso gusto musical la señora, destrozando nada más y nada menos que el aria de la reina de noche de La Flauta Mágica de Mozart, en video/audio prestado de You Tube (como el de abajo).
Han pasado varias décadas y un tenor (si se le puede llamar así) llamado Paul Potts encadilaba hace no mucho, y parece que lo sigue haciendo, a medio planeta. Cantaba el señor, de forma abominable, arias de ópera y canciones. La primera vez que uno tuvo que padecerlo pensó que era una inocentada, un video grabado en un programa con cámara oculta, o de humor; pero no era así. Tanto, que el tenor ahí sigue con su carrera. Decía Sabina que en un estudio de grabación podian sacarle la voz de Plácido Domingo, si él quisiese (y no quería). La prueba de que esta ensoñación no es posible es Paul Potts, que, con más voz que Sabina (es difícil tener menos), no consigue cantar bien ni en estudio. Aquí va un ejemplo, en directo. Nada menos que La donna e mobile,del Rigoletto de Verdi. No se sabe si lo peor es el tenor o el público.
Tampoco nadie debería cargar mucho las tintas en este hombre, ya que la mayor parte de los tenores profesionales que pululan en los teatros de ópera actuales no lo hacen mucho mejor, pero con similar éxito. Ahí está Juan Diego Flórez, haciendo hace poco el primer bis que se ha escuchado en el Metropolitan de Nueva York en muchos años (costumbre prohibida, con gran tino como se ve ahora, a instancias del director Arturo Toscanini, nada menos). Tantos antecesores ilustres removiéndose en sus tumbas...

Mutaciones y cambios en el oído musical
