Tumba de Severo Ochoa en Luarca, Asturias. No la comparen con la de ningún torero
Visitando con mi primo Rubén y su pareja, Luz María, el occidente de Asturias, nos llevaron al cementerio de Luarca a hacer una visita a la tumba de don Severo Ochoa, ilustre investigador y Premio Nobel. Tuve la fortuna de verle alrededor de 1985, en un memorable coloquio en Oviedo. Se pregunta más de uno "¿habría conseguido don Severo el premio Nobel en España?". La respuesta es sencilla. No sólo le habría resultado imposible, sino que bastante habría hecho con malvivir, por su simpatía por la República y haber sido discípulo del profesor Negrín, su último presidente.
No es una tumba llamativa, ni mucho menos la más ostentosa del cementerio. Seguramente él lo quiso así.
Quede aquí esta "necroilógica", enviada por mi colega Albert deBonle hace tiempo:
Severo Ochoa. Célebre bioquímico, falleció en Madrid a los 80 años de edad. Nacido en Luarca, Asturias, desarrolló su carrera científica principal en los Estados Unidos. Nacionalizado estadounidense, fue profesor de varias universidades estadounidenses de prestigio y presidente de la universidad de Nueva York (Estados Unidos). Recibió el premio Nóbel de medicina, junto a un antiguo colaborador estadounidense, por las investigaciones realizadas en laboratorios de los Estados Unidos. Siempre viajaba con su coche de matrícula estadounidense. Gloria de la ciencia española.

"Necroilógica": visita a la tumba de don Severo Ochoa
