En los tiempos en que no había web y las noticias solían quedarse en el mismo lugar donde se producían, allí estaba Plácido Domingo hablando con orgullo de España (algo que se puede comprobar ahora fácilmente en YouTube, por ejemplo). Con el rey, el mejor embajador de los últimos 50 años. Y ahí sigue a los 71 años, en verdadero milagro vocal, sobre todo después de haber leído a algún crítico cenizo por aquí, una y otra vez, afirmar que no le quedaban más de un par de años de carrera. ¡Y decía eso hace treinta años!
Es ya Plácido una leyenda viva y uno de los tenores con mayor repercusión de todos los tiempos. Un Tenor con mayúsculas, con un repertorio asombroso, con algunas obras en las que ha marcado época. Con una técnica de canto despreciada por algunos aficionados y, sobre todo, por esos críticos de "copy-paste", pero con algunos detalles técnicos sutiles, de extraordinario tenor, que pasan inadvertidos para casi todos los aficionados e incluso profesionales de la ópera y que le han permitido hacer una carrera tan prolongada. Lo recuerda el maestro de canto José Manuel Menéndez (el último gran maestro de canto también, el hombre que más puede saber de la técnica lírica en estos momentos, una verdadera ciencia casi olvidada, y que nació como tal de la mano de Manuel García, el legendario cantante y maestro español). No es necesario pedirle más a Plácido, ya uno de los grandes tenores de la historia (de la pasada y, por lo que se oye, de la próxima también).
Plácido Domingo nació en Madrid. Por avatares de la vida, sus padres, emigrantes, adoptaron la nacionalidad mejicana, pero él decidió retomar la española a la mayoría de edad. Una rápida búsqueda en la Web parece confirmar que hay un auditorio Plácido Domingo en un pueblecito madrileño de apenas 3000 habitantes, Torrejón de Velasco. No parece haber otro. Mientras, el auditorio Pilar Bardem (sevillana) o el auditorio Miguel Ríos (granadino), en Rivas, donde cabrían cinco veces todos los habitantes de Torrejón de Velasco, muestran lo que solemos hacer siempre: el olvido del sentido común, los méritos y la justicia. Podrá haber intención política, o no, pero no es el caso. Podrá ser Madrid una comunidad abierta, que olvida la procedencia del que a ella llega, pero tampoco es el caso. Por otra parte, Plácido Domingo, ya historia española de la cultura, no necesita más reconocimientos.
¡Gracias, Plácido!
Es ya Plácido una leyenda viva y uno de los tenores con mayor repercusión de todos los tiempos. Un Tenor con mayúsculas, con un repertorio asombroso, con algunas obras en las que ha marcado época. Con una técnica de canto despreciada por algunos aficionados y, sobre todo, por esos críticos de "copy-paste", pero con algunos detalles técnicos sutiles, de extraordinario tenor, que pasan inadvertidos para casi todos los aficionados e incluso profesionales de la ópera y que le han permitido hacer una carrera tan prolongada. Lo recuerda el maestro de canto José Manuel Menéndez (el último gran maestro de canto también, el hombre que más puede saber de la técnica lírica en estos momentos, una verdadera ciencia casi olvidada, y que nació como tal de la mano de Manuel García, el legendario cantante y maestro español). No es necesario pedirle más a Plácido, ya uno de los grandes tenores de la historia (de la pasada y, por lo que se oye, de la próxima también).
Plácido Domingo nació en Madrid. Por avatares de la vida, sus padres, emigrantes, adoptaron la nacionalidad mejicana, pero él decidió retomar la española a la mayoría de edad. Una rápida búsqueda en la Web parece confirmar que hay un auditorio Plácido Domingo en un pueblecito madrileño de apenas 3000 habitantes, Torrejón de Velasco. No parece haber otro. Mientras, el auditorio Pilar Bardem (sevillana) o el auditorio Miguel Ríos (granadino), en Rivas, donde cabrían cinco veces todos los habitantes de Torrejón de Velasco, muestran lo que solemos hacer siempre: el olvido del sentido común, los méritos y la justicia. Podrá haber intención política, o no, pero no es el caso. Podrá ser Madrid una comunidad abierta, que olvida la procedencia del que a ella llega, pero tampoco es el caso. Por otra parte, Plácido Domingo, ya historia española de la cultura, no necesita más reconocimientos.
¡Gracias, Plácido!

Plácido Domingo, y los auditorios de Madrid

