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FILOSOFÍA SOCIAL

Bitácora

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Domingo 8 Marzo 2009

Hoy, cuando nuestras aulas son pequeños fractales, expresión del inmenso fractal que es nuestro mundo; integradas por alumnos de distintas procedencias, donde los nacionales se entremezclan y conviven en espacios multiétnicos y multiculturales, emerge la verdadera expresión de nuestro mundo en la convergencia de los mundos que lo integran.

Hoy, cuando las ideas, la información y las innovaciones recorren los pasillos de nuestros centros a través de Internet, y cuando un concepto o un modelo, surgido en cualquier lugar del planeta, se comunica en tiempo real y encuentra resonancia en el otro extremo de éste, sin haber conocido contacto previo alguno, descubrimos que todas las expresiones culturales son las distintas sendas que nos convocan al reconocimiento de la unidad que somos.

Hoy, cuando en el impulso de los individuos por afirmar su identidad y la resolución de los pueblos por ser reconocidos en igualdad de condiciones entre los otros, dando pie a luchas y conflictos por doquier que reclaman mejores políticas de negociación, en las que no exista el olvido, la marginación, los privilegios de unos pocos a costa de la desaparición de los muchos, encontramos la cultura que nos aúna como especie humana y como sociedad inteligente.

Hoy, que las ciencias han acumulado tal cantidad de conocimientos que son capaces de aproximarse en sus hipótesis a aquellos grandes principios que como metas a alcanzar propusieron los hombres y mujeres más inspirados de todas las culturas, descubrimos que esas mismas ciencias son las que nos están llevando a la hipótesis de que en esos principios existe un mismo hilo invisible que parece armonizar los saberes acumulados con un único canto.

Hoy que esa ciencia se aproxima mejor a lo que somos en lo denso y en lo sutil, cualquiera que sea la forma o la manifestación de lo físico, lo biológico y lo espiritual, nos seguimos sintiendo impulsados a nuevas búsquedas que darán nuevos sentidos a la vida de esta especie y que inspirarán nuevas materializaciones, porque cada paso que damos extiende hacia el infinito los objetivos de las búsquedas.

Hoy, cuando el concepto de diversidad parece alcanzar la posición de principio universal, socialmente hablando, a la vez que nos hace intuir la complejidad de lo que somos y lo compleja que es la realidad que nos rodea, se renueva nuestra responsabilidad con la vida, la cual nos invita a confabularnos con ella para dar más vida.

La visión Compleja de la Cultura

Lo enciclopédico de una definición o valoración del concepto Cultura es hacerlo a partir del conocimiento del pasado, por sus vestigios; del presente, según el paradigma dominante y del futuro por los hechos predominantes desde una perspectiva egocéntrica del mundo.

Con el pensamiento complejo no se construye una cultura compleja. Se aprende a mirar la realidad de manera sistémica, desde todos sus ángulos, porque la interacción entre sus distintos elementos propicia la emergencia de nuevas realidades. Pero para ello es fundamental que tengamos la voluntad de cambiar la perspectiva.

Entiendo que la cultura es un sistema vivo que se sostiene con el patrimonio del pasado, se sigue construyendo con la acumulación del presente y se proyecta hacia el futuro a través de las aportaciones de cada generación. Para hablar de otras formas de construir cultura hemos de dejar de parcelar, aprendiendo a relacionar, vincular, sumar, añadir, aprehender, comprender

Con el pensamiento complejo se produce una comprensión no parcelada de la realidad: nuevos principios organizativos; relectura de lo que conocemos y cómo lo conocemos; búsqueda de nuevas herramientas para el aprendizaje y el conocimiento de esa realidad; descubrimiento de un significado nuevo de lo que emerge.

El reto presente está en averiguar qué cultura está construyendo hoy esta sociedad planetaria, cuyos individuos viven con menos fronteras y perciben, cada vez con más nitidez, las interacciones de todos los sistemas (físicos, biológicos, sociales, culturales), sus dependencias, sus posibilidades, sus riesgos y de sus límites.
Alicia Montesdeoca

Bitácora

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Sábado 8 Noviembre 2008
Entiendo que pensar de manera compleja es imaginar cada día la creación que toca, para al día siguiente preparar la nueva que nace de lo ya logrado.

Por lo tanto, no a las recetas que prometen soluciones eficaces, rápidas y para siempre. Decir no a las definiciones que encasillan y sentencian. Analizar cada momento teniendo presente que la instantánea que tomamos para observar la realidad está en movimiento, interactuando con nuestra acción, con nuestros deseos, con nuestras intenciones. Observar y soltar, para que las dinámicas que subyacen se pongan de manifiesto en las concreciones de los procesos.

El mecanismo de este pensamiento anuncia otro salto hacia otro universo de comprensión, pues se abre a un espacio sin límites, en el cual la acción humana consciente manifestará nuevas posibilidades creadoras

Aplicando lo que se denomina “el efecto mariposa”. Si yo sé que mi acción educativa de cada día, de cada instante del día transforma mi afuera y me transforma en mi adentro y que sus efectos pueden llegar a generar un movimiento educativo desde la costa del Pacífico a la del Atlántico, esa concepción de mi experiencia posibilita ya la concreción de ese resultado. Quizás algún día ese aleteo de alas de mariposa se convierta en un volar de más envergadura, porque se han podido establecer nuevos horizontes humanos.

La experiencia científica nos muestra que los dogmas han ido cayendo uno tras otros. Que la herencia que recibimos de la búsqueda de conocimiento humano, están recogida en las materializaciones que los “grandes aventureros” fueron capaces de realizar a partir de su experiencia. Pero sobre todo, nos ha quedado su amor y su entrega a la verdad que creyeron haber encontrado. Una verdad con la que construir un camino que les llevara a crear una realidad mejor para la vida humana.

Igual que aprendemos a andar porque hay una facultad que nos empuja a adiestrarnos, a ejercitar los músculos para fortalecerlos y que cuenta con la complicidad, la colaboración y la solidaridad del entorno, así también hay un impulso en mirar de otra manera, para descubrir lo que es, y que hasta ahora no hemos alcanzado a ver.

No es que inventemos la realidad, es que nos vamos facultando para verla desplegarse. Mi agradecimiento a cada uno de los que han nombrado cada paso del conocimiento.
Alicia Montesdeoca

Bitácora

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Viernes 7 Noviembre 2008
¡Qué complejidad supone reflexionar ante cualquier acontecimiento que afecta al proceso de desarrollo de lo que haces! Concretar el contenido, analizar el proyecto, evaluar las condiciones personales –las posibilidades, las limitaciones, los condicionantes-, medir las de los o las colegas, las de las instituciones afectadas o implicadas, las del sistema social en el que todo se integra.

¿De qué se trata? ¿Qué pasa con este actor? ¿Dónde se sitúa? ¿Qué busca? ¿Qué persigue? ¿Cómo se piensa? ¿Cómo se siente? ¿Cómo materializa sus acciones?

No sabe que está impulsado por una fuerza creadora. Los acontecimientos lo sorprenden. Programa sin saber que no controla las consecuencias o resultados de sus actos. No soporta la incertidumbre y crea teorías, filosofías, religiones para explicar y aprehender la realidad que se le resiste a ser encorsetada. Da igual que persiga alcanzar la cúspide de una montaña, para tocar el cielo, como horadar la dura roca para introducirse en las entrañas de la tierra. Para el ser humano sus búsquedas le impiden darse cuenta de que los sentidos le engañan: no ve lo que tiene que ver, no oye la verdadera voz que le habla, su piel le aísla de las dimensiones más sensibles, su olfato persigue olores para la supervivencia pero no capta los aromas de la eternidad que le llevarían a saborear los manjares que nutren el espíritu.

Se trata del momento que atraviesa el ser humano, como individuo y como humanidad. Se trata de que a pesar de ello le envuelve “lo que late” y así se entrega a su quehacer, confiando en los pequeños logros que le hacen creer en la meta que persigue

¿De qué se trata? De mirar los que es, te respondes. De mirar tal cómo es y de aceptar lo que se ve o lo que se percibe. ¿Realidad del proyecto o condiciones de la realidad que le envuelve?

No es necesario replantearse el por qué se pone en marcha; hacerse preguntas en relación al impulso que gobierna al actor. Es una cuestión de consciencia y hasta ella no puede llegar, para conocer sus razones. Se siente, se tiene una certeza, se experimenta un impulso, se generan unas condiciones que lo alimentan. Proviene de algún lugar desconocido, cuenta con la fe y con el amor que envuelven al sujeto y que lo conducen hacia el objetivo que persigue. Se construye con pilares de una sustancia llamada esperanza.

El proyecto se concreta y se le da un nombre. Ese es el inicio, pero no supone su absoluta materialización: es un hijo que se engendra y al que, aún sin nacer, se le cuida, se le alimenta, mientras la conciencia de su existencia se va conformando. Mientras está en esa fase, la vida de su alrededor continua, tratando de configurarse alrededor de una realidad aún sin manifestarse en ese nivel de tres dimensiones. Sólo está dibujado en papel y alimentado con emociones, intenciones y principios a su favor.


A los primeros indicios, el entorno se sorprende, algo nuevo quiere aparece. Parece que interesa, que es bueno. Surge el reacomodo, se mueve la realidad para hacerle un hueco. Viene demandando un lugar antes de estar definido. Es que se ha de definir en relación a ese entorno, entonces requiere tiempo: tiempo para saber quién es, lo que es, qué aporta, a dónde quiere llegar, para qué; tiempo para que se le haga un espacio; tiempo para que el lugar a ocupar esté preparado; tiempo para que la conciencia de su existencia sea asumida por el medio; tiempo para que el medio esté preparado para recogerlo e integrarlo; tiempo para madurar y demostrar que era necesario, para al final diluirse y hacerse entorno, preparándose para convertirse en receptor de otros proyectos nuevos que emergerán en el futuro.

En realidad, se trata del movimiento de la vida puesto de manifiesto en las materializaciones humanas
Alicia Montesdeoca

Bitácora

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Miércoles 21 Noviembre 2007

Este fin de semana tuve la oportunidad de asistir a un Encuentro Ibérico de trabajadores de “La Carta de la Tierra para el Desarrollo Sostenible”. Estos eran, a la vez, trabajadores de la educación y la enseñanza, de la empresa, del medioambiente, etc.

Mi asistencia fue un tanto irregular pues no estuve ni todo el tiempo, ni en todos los foros de trabajo, pero en las apenas ocho o nueve horas que pasé con ellos pude contemplar, una vez más, la experiencia de cómo se construyen las redes humanas que permiten atravesar las estructuras institucionales que modelan y condicionan las interacciones de nuestra sociedad.

Siempre cuando reflexiono sobre la validez o no de las actuales instituciones sociales, surgidas a lo largo de la historia humana para responder a las necesidades de organización de la actividad social, constato sus dificultades para adecuarse a las nuevas necesidades que demanda el aumento de complejidad en el sistema social, consecuencia de los propios procesos humanos y del conocimiento adquirido sobre ellos.

Nuestras instituciones, por la propia naturaleza de sus estructuras, están imposibilitadas para revisar su sentido de ser en las distintas circunstancias históricas, adaptando con flexibilidad su funcionamiento a las necesidades reales que van surgiendo en cada momento. Por el contrario, se mantienen ajenas a los cambios de perspectivas que se van asentando en las sociedades, en la medida en que sus individuos o colectivos aumentan el ratio de conciencia sobre de sí mismos. De esta manera, aquellas estructuras que se crearon para servir de cauce a la acción humana, demandan que las sociedades trabajen para su sostenimiento.

Pero la vida atraviesa, a pesar de todo, dicha rigidez, y los individuos menos dormidos por la inercia del movimiento centrípeto de las instituciones, no siempre sin sufrimiento, tratan de buscar nuevos caminos que les lleven a resolver los enigmas y las paradojas que sus propios procesos de despertar les plantean, en un mundo que ya no se percibe lineal, sino sistémico; que se construye a partir de relaciones, de acuerdos, de consensos entre sus elementos y con el entorno en donde se desenvuelven

Las redes de las que hablo se van tejiendo solas, a partir de nodos construidos con las vidas y las circunstancias de cada vida, de cada individuo, y de cada colectivo que se constituye, comenzando por “en-red-arse” a partir de las mismas vivencias, de los mismos retos, de las mismas búsquedas, de experimentaciones múltiples, para abrirse a nuevas probabilidades que deshagan los nudos de los caminos diseñados en los múltiples procesos anteriores. Todo ello para escribir, tan sólo, un instante de historia humana.

De esta manera se construye una red multidimensional armonizada por el ritmo de un único corazón que le da la voluntad de actuar en una dirección y con un sentido. En el caso de este fin de semana, la red construida está marcada por los principios y las intenciones de la “Carta de la Tierra” y estos, a su vez, generan sentido vital para los que se ven envueltos en esa aventura colectiva.

Volviendo a mis reflexiones sobre las instituciones sociales y sus posibilidades de cambio, las experiencias vividas este fin de semana me propiciaron nuevas preguntas y me abrieron a nuevas reflexiones ¿Son las redes las que van a permitir la activación y la flexibilización de las estructuras de nuestras instituciones sociales?

Las tecnologías de las comunicación ponen hoy la infraestructura necesaria para que las comunicaciones en la red sean casi en tiempo real, pero esa red tecnológica no dará la suficiente flexibilidad a las estructuras sociales si no están dirigidas por las redes humanas, motivadas en sus acciones, en su dirección y sentido por la intención de que la vida siga existiendo en esta Tierra multidiversa.
Alicia Montesdeoca

Bitácora

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Lunes 5 Febrero 2007

…Y la mamá cabra le dijo a sus cabritillos (baifitos, dirían en mi tierra): no les abráis la puerta a nadie, porque puede ser el lobo.

Según narra el cuento infantil, tal como estaba previsto, el lobo se presentó. La estrategia que montaron los pequeños, para confirmar que quien tocaba a la puerta era o no su madre, la basaron en dos datos relevantes: la voz de quien decía ser la mamá y el color de la piel del personaje.

Este cuento infantil, estimulador de la imaginación de los niños de mi generación, sigue hoy teniendo vigencia cultural. Nos sigue hablando de nosotros, de nuestra sociedad humana. La identidad de los desconocidos sigue viéndose como una amenaza. Buscamos la seguridad que nos da lo que se nos asemeja, aunque sea superficial el parecido. Lo diferente, lo extraño, lo anónimo, es sinónimo de peligro, de riesgo seguro. La diferencia nos pone en alerta y la reacción es la de parapetarnos.

Al diferente no nos acercamos. De lejos lo detectamos por sus maneras de comunicarse y por su peculiar color de piel. Así, el diferente será siempre un ser anónimo del que sólo tendremos referencias a partir de los tópicos que circulan de boca en boca y que como “fantasmas” ponen en guardia a las mentes infantiles. Esto nos lleva a no abrir la puerta a lo desconocido por miedo a los riesgos. De esta manera nos mantenemos obedientes al mandato de “la mamá”.

Cambiar la mirada

El desconocido se asemeja al arquetipo del lobo, del cual el cuento no define por sus cualidades. Al lobo lo anuncian los prejuicios. Sólo se sabe de él que no se parece a la mamá. Pero no se conoce su origen, ni su historia. Es una figura amenazante que no se sabe cómo surge. De pronto está ahí y se describe como peligroso. Es una figura que alimenta los miedos, las inseguridades, la inmadurez de nuestra especie.

Del diferente no sabemos su procedencia (marroquíes, sudamericanos, chinos, asiáticos…), cuál es su nombre, cuál es su origen, quiénes son sus padres, cuál es su pueblo, cuál es su historia, qué le trae por aquí. Manteniéndolo fuera de nuestro entorno, no nos cuestiona ninguno de los “seguros pilares” que sostienen “nuestra casa”.

La propia cultura nos dota de argumentos para justificar nuestras reservas. El desconocido es el salvaje y hay que marginarlo en las reservas: no guarda las formas de conducta establecidas, no conoce los códigos para relacionarse, no sabe las normas de funcionamiento de nuestra sociedad, no utiliza los mismos patrones, no acepta el orden jerárquico vigente. Irrumpe en nuestra cotidianidad y conmueve los cimientos que soportan nuestra vida previsible.

No es un cambio de cultura lo que se persigue en esta reflexión, es un cambio de mirada sobre el valor de lo que tenemos y el valor de lo que tienen los supuestamente diferentes. Porque:

- Fijamos patrones de identidad y hacemos fronteras
- Consensuamos normas y olvidamos que fueron negociadas para un determinado contexto
- Optamos por la bipolaridad y no reconocemos los matices que existen en medio de dos extremos
- Elegimos lo lineal y renunciamos a la capacidad de sentirnos envueltos por lo multidimensional
- Acatamos las formas y éstas se adueñan de nuestro movimiento, paralizándonos ante lo nuevo o lo desconocido
- Construimos fortalezas y creamos y renovamos las fuerzas de los supuestos enemigos
- Tomamos como referencia las experiencias del pasado y cerramos las puertas a las nuevas oportunidades del presente
- Planeamos el futuro a partir de lo que conocemos y perdemos de vista nuestra temporalidad
Alicia Montesdeoca


Editado por
Alicia Montesdeoca
Licenciada en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, Alicia Montesdeoca es consultora e investigadora, así como periodista científico. Es responsable de la sección "La Razón Sensible" de Tendencias21.


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