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Blog sobre pensamiento social de Tendencias21

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Viernes, 13 de Octubre 2017

Algo se esconde entre tantas idas y venidas, subidas y bajadas hasta lo más profundo


pxhere.com
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La realidad se manifiesta a la vez en múltiples dimensiones: física, psicológica, emocional, espiritual, esotérica… Para tratar de descifrarla y de manejarnos en todas las facetas de su complejidad, hay, por un lado, interpretaciones sobre lo que es y, por otro, soluciones o recetas a los retos que plantea la necesidad de su transformación, según qué disciplina y según los conocimientos de los llamados expertos.
 
Sin embargo, esta  complejidad es difícil de desentrañar sin una herramienta que pueda abordarla como un todo. Los límites, las acotaciones, son sólo aproximaciones a aspectos concretos de lo que no somos capaces de aprehender con las capacidades desarrolladas. Las teorías, de qué hacer y cómo, nos invaden, y siempre vienen cargadas de dogmas que tratan de asegurar alguna solución definitiva con una gran carga de fe. La fe en la bombilla que el ciego trata de encender para alumbrar un camino que realmente se imagina, porque ni él es capaz de captar las dimensiones de lo que es: única y exclusivamente una potencia a materializarse.
 
Los indicadores de la realidad ¿qué son?, me pregunto: los resultados de nuestro andar ciego; las consecuencias de nuestros intentos creadores; los pequeños o grandes traspiés que nos exigen necesarias correcciones, todo ello por la necesidad de seguir intentando materializar la obra que, como humanidad, tenemos que llevar a cabo. En definitiva, la realidad no es, se construye y luego se interpreta.
 
Los resultados de nuestro imaginar, las correcciones de lo creado, los intentos nuevos para mejorarlo, son procesos de un mecanismo interiorizado que nos atrapa y nos entretiene en una rueda ilusoria, hasta que con la madurez nos llenamos de humildad y aceptamos el juego de la vida y nuestras limitaciones para conocerlo, interpretarlo, comprenderlo. Al final, aceptando sus reglas, jugamos a lo que nos propone, hasta el momento de la rendición consciente.
 
Entonces sí, ya hemos dado con el misterio: somos instrumentos  de un plan que nos envuelve y nos supera, del cual dependemos y que nos hace participar y ser conscientes de esa participación en la medida que despertamos a nuestras limitaciones. El siguiente paso será… no lo sabemos. El inventario y el balance de nuestros méritos o de nuestros logros en el recorrido personal hecho a través de ese desconocido plan, no se pueden calibrar con esta pequeña conciencia que alumbra nuestros, también pequeños, pasos.

Crisis global

Los momentos que vivimos, los conflictos que se acumulan, las enfermedades que se padecen, las catástrofes naturales o humanitarias que nos sorprenden, por no esperadas o por no previstas, son en definitiva, las múltiples cabezas de un monstruo que se llama crisis global y que en gran medida son expresiones de los defectos de nuestras propias acciones.

Esta crisis, o sus distintas manifestaciones, provocan declaraciones de intenciones  que no se concretan, chorros de tinta en libros y prensa, debates de opiniones repetitivas que sólo producen cansancio y hastío, porque no se llega al meollo de la razón de ser y porque son acciones más especulativas que propiciadoras de compromisos personales y de la búsqueda de cambios posibles a corto, medio y largo plazo.

Para cada uno o cada una de los llamados a pronunciarse, sobre estos fenómenos de múltiples características, hay un origen, unas circunstancias, unas debilidades, unas carencias que se pueden determinar y tratar desde ángulos de “expertos”, tales como estrategas, economistas, politólogos, médicos, psicólogos, terapeutas, videntes, conectados… Y cada propuesta pone en evidencia una visión particular que no logra dar con el programa oculto.

Aceptando las soluciones y las propuestas de acción, llevándolas incluso a cabo, puede encontrarse el alivio que se busca, pero los porqués siguen sin respuestas. Aquellos porqués   profundos, los que llevan a comprender las razones del espíritu para aceptar estar sometido a esta experiencia de la que hay que encontrar, también, su sentido.

Si hay ese sentido, y no debiéramos renunciar a encontrarlo, fortalezcamos nuestra voluntad y persistamos en nuestras búsquedas de soluciones. Mientras tanto, aceptemos el aquí y ahora sabiendo, por toda la experiencia acumulada, que algo se esconde entre tantas idas y venidas, subidas y bajadas hasta lo más profundo. De épocas terribles está la historia humana regada y de todas ellas ha sabido emerger como Ave Fénix.
 
Alicia Montesdeoca

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Domingo, 8 de Octubre 2017

Con mi corazón y mi pensamiento puesto en los ciudadanos y las ciudadanas catalanes, cuyas actuales circunstancias nos hablan de las de todos los seres humanos de este tiempo, hablemos –Parlem- y reconozcamos desde qué miedo y desde qué dolor miramos, y cómo y qué proyectamos hacia el futuro, el de nuestros descendientes.


La angustia se presenta sin esperarla. No hay razones inmediatas, son sentimientos viejos, generados por viejas experiencias que quieren salir y ser reconocidas. Aprovechan para ello las condiciones actuales que enrarecen las relaciones humanas, y quiebran los cimientos de cualquier institución por grande o por pequeña que ésta sea: desde las más grandes corporaciones a las relaciones básicas, como la familiares o las de amistad.

Todo es miedo a la incertidumbre, nada da seguridad ni tampoco hay tregua para tomar distancias y reflexionar sobre los acontecimientos que se generan o que generamos. Todos corren hacia el abismo, huyendo de un abismo interior donde se deposita lo que no se mira, porque no hay herramientas suficientes para comprender y aceptar los momentos de quiebra de un modelo cultural y social que agoniza.

En ese interior desatendido están las experiencias pasadas, las cuales se han ido acumulando sin haberse tomado, de ellas, las lecciones de sabiduría necesarias para enfrentar el presente. Aquellas experiencias fueron tapadas en falso para continuar viviendo sin mirar atrás.

Asimismo, los retos del presente nos negamos a reconocerlos tal y como son, pues sus propuestas nos enfrentan a aceptar el vivir aquí y ahora, soltando viejos amarres y aceptando, con esperanza y apertura de mentes, el vértigo que nos produce el no saber hacia dónde nos dirigimos: el camino nos parece profundo y oscuro y no se percibe, en la distancia, ningún punto de luz que nos indique la seguridad de una llegada a algún lugar conocido y definitivo.

Si continuamos sin hacer un sincero balance de las experiencias vividas –individuales y colectivas- y nos negamos a construir lo nuevo con las lecciones aprendidas, volveremos a reproducir la historia y a acumular más escorias sobre el fondo de nuestro ya largo pasado.

Con mi corazón y mi pensamiento puesto en los ciudadanos y las ciudadanas catalanes, cuyas actuales circunstancias nos hablan de las de todos los seres humanos de este tiempo, hablemos –Parlem- y reconozcamos desde qué miedo y desde qué dolor miramos, y cómo y qué proyectamos hacia el futuro, el de nuestros descendientes.
Alicia Montesdeoca

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Viernes, 22 de Septiembre 2017
announcemews.com
announcemews.com

 Si no eres reconocida o reconocido no puedes reconocerte. Eso sucede en la más tierna infancia, cuando los que te acogieron en esta vida están sometidos, casi única y exclusivamente, en la lucha por la supervivencia. Por lo que, ellos mismos, no tienen espacio para recrearse en quiénes son y para acoger lo que ellos mismos son.
 
Cuando naces a esta vida olvidas de dónde vienes y por qué estás aquí. Esa amnesia produce un sueño o es la causa de que tengas que crear un sueño con los elementos y las circunstancias que te rodean. Los ingredientes del sueño creado, en estas condiciones, te impiden el despertar e incluso llegan a anular las facultades que portas.
 
Entonces la vida se convierte en una trampa que te entretiene mientras tratas de superarla. En esta lucha por superar los límites se van los años y, con ellos, se aleja tu plan original. Un plan que, al no ser reconocido, construye, sin embargo, múltiples maneras de hacerse oír: son los anhelos, los sueños, las intuiciones, las utopías, los ideales que como metas inalcanzables surgen en el horizonte.
 
Cuando las fuerzas se agotan, estas llamadas desde el interior se postergan para otro tiempo, porque el peso de las estructuras te obliga a renunciar por miedo a perder la vida. Pero el camino puede ser otro. No el del esfuerzo, no el del agotamiento; sí el del descubrimiento de quién eres y de cuáles son las magnitudes reales que te integran. Entonces ya estás en disposición de reconocerte y de ser reconocible.
 
Alicia Montesdeoca

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Miércoles, 20 de Septiembre 2017

La crisis global puede alumbrar una Tierra Nueva


El amanecer de una Nueva Tierra                   es.m.wikipedia.es
El amanecer de una Nueva Tierra es.m.wikipedia.es
No podemos calibrar ni entender el salto que se está produciendo en la humanidad hoy. Tantos son los factores en juego que no se alcanza a controlar el proceso abierto que nos conduce hacia una Tierra nueva que ha de acoger a nuevas generaciones humanas. Una nueva comunidad de mujeres y hombres, con una conciencia ampliada que es el producto  (o que tiene su origen) de lo vivido y aprendido por los que hoy habitan sobre la Tierra Vieja.

La confusión, el caos, es de dimensiones parecidas a la de aquella Tierra que nacía a golpes de catástrofes geológicas de magnitudes universales.

Hoy, como en aquel ayer, la violencia de los acontecimientos no dan respiro alguno: estamos en un monumental parto que adquiere síntomas de muerte; de dolores que destruyen; de gritos que el sufrimiento ahoga; de locura que no puede ser contenida; de inconsciencia que arrasa con la capacidad de comprensión.

Hace miles de millones de años, la Tierra emergente daba síntomas de destrucción y manifestaba un poder descontrolado, en manos de fuerzas internas y externas descomunales que acababan con las formas alcanzadas  para, a partir de sus cenizas, crear nuevas que se volvían a destruir para volver a materializar, en nuevos  procesos que no parecían que iban a tener fin.

Hoy, en esa maravillosa  Vieja Tierra llena de vida, de diversidad, de belleza, de riquezas, de historias y de culturas, nuevos síntomas de convulsión se ponen de manifiesto, con la diferencia de que no sólo está implicado un entorno físico, sino que ahora es la Vida la que está en juego. Y el reto no es sólo biofísico: es en la misma noosfera, el lugar donde, según Teilhard de Chardin, ocurren todos los fenómenos del pensamiento y de la inteligencia como conjunto, el lugar donde evoluciona la conciencia universal.

Ahora la convulsión alcanza todos los niveles de realidad y arrasa con todo lo que creíamos estable, seguro, controlado, materializado.

De este parto no se sabe lo que va a nacer,  sólo lo que ya conocemos por la experiencia: es inminente un nuevo nacimiento. De él nacerá una nueva realidad que no podemos prever ni planificar a priori cómo va a ser. Sólo queda esperar a que se produzca; colocarla sobre nuestro corazón, cual recién nacido, y permitir que acompase poco a poco sus latidos para que la nueva realidad sea acogida amorosamente y madure haciéndonos madurar al ritmo de sus demandas.

Los síntomas de ese parto no hay que interpretarlos individualmente, hay que considerarlos expresiones de algo grande que se violenta a sí mismo para poder ser; y que son símbolos caóticos de una Voluntad que es ejercida por Leyes Creadoras que sí saben hacia dónde se dirigen y cuál va a ser el objetivo: la ampliación de la Conciencia.

Toca, por todo ello, callar, aceptar el sufrimiento, continuar viviendo, amar la tarea elegida y abandonarse confiando en la Inteligencia y en el Amor que gobierna el proceso evolutivo: la experiencia nos dice que la Vida continuará, siendo más vida y más que vida.
 
Nos toca vivir y acompañar creando

¿Cómo consolar, cómo paliar el dolor, cómo dar luz a tanta incomprensión? ¿Cómo mantener la esperanza, levantar la vista y mirar al horizonte, construir, con los materiales que se tienen, lo nuevo hacia dónde nos impulsa el corazón?

El llanto es lo primero que surge; un llanto desconsolado pero también indicador de que, a pesar de los “pesares”, no se va a renunciar a la Vida.

La visión es, por un lado desoladora: el dolor, la ignorancia, los apegos, el conformismo, la intolerancia, el infantilismo, los egoísmos, la ausencia de empatía, la torpeza, la pérdida de sensibilidad, la rigidez, los dogmas… Por otro lado, la certeza que emite el alma es que el camino al cambio está expedito; que hay que aguantar, que veremos la Nueva Tierra, la cual se construye con conciencia, con fe y con amor hacia todo y hacia todos.

Ese amor crece, aportando visión sobre las dificultades y los problemas; generando cualidades desconocidas en los grupos dispuestos para la vida; propiciando la inspiración para que las creaciones alcancen madurez y generen nuevas experiencias para nuevos rumbos humanos.

Por todo ello, no podemos renunciar, no podemos rendirnos. Si los vientos están a favor, despleguemos las velas de nuestro barco, ya sabemos cómo arriarlas cuando las tormentas se desatan, mantener la calma es la consigna en esos casos.

También, aprovechar y gozar  de cada momento para nutrirnos con las experiencias; ya alcanzaremos la costa que se vislumbra en el horizonte: la Tierra Nueva transformada entre todos los seres humanos, los conscientes y los inconscientes.
 

 
Alicia Montesdeoca

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Domingo, 17 de Septiembre 2017
Fuente: necesitodetodos.org
Fuente: necesitodetodos.org
Los ideales -del espíritu-, las creencias -o interpretaciones del conocimiento experiencial- y las leyes -ritmos que de la naturaleza adoptamos- se convierten en ideologías, dogmas y normas de funcionamiento cotidiano al ser instrumentalizados por una voluntad de acción y de transformación que emana de una conciencia humana aún en estado infantil.
 
De tal manera que, para materializar un ideal inspirador de nuevos pasos de la especie, ha de ser necesario que cada ser humano lo asuma y lo visibilice a través de su propia experiencia, transformándose en dicho ideal, hasta encarnarlo (“hacerlo carne”) en esta dimensión de la materia.
 
Por lo tanto, lo que vemos como contradicciones humanas, entre lo que se piensa y cómo se actúa, no son otra cosa que manifestaciones de un proceso en marcha (para cada individuo y para toda la humanidad) que no culminará hasta que el aprendizaje no se haya logrado en este estadio y en todos y cada uno de los individuos que integran la sociedad humana.
 
Cuando logramos comprender y aceptar la complejidad de este movimiento –en espiral multidimensional-, la espera de la “nueva aurora” se hace esperanzada, amorosa, compasiva y respetuosa hacia todos y hacia todo. La historia humana esta abarrotada de acontecimientos plenos de tragedias y de sufrimientos, pero llenos de aprendizajes y de nuevos horizontes, soportados por aquellas experiencias que resultaron, posteriormente, cumbres emergentes, construidas con el valor humano de seguir siendo vida a pesar de todo.
 
Mientras cada ser humano no se sepa copartícipe de una creación absoluta y, al mismo tiempo, no reconozca lo que le complementan todos los miembros de su especie, no se conocerá a sí mismo.
 
Alicia Montesdeoca


Editado por
Alicia Montesdeoca
Montesdeoca Rivero Alicia
Licenciada en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, Alicia Montesdeoca es consultora e investigadora, así como periodista científico. Coeditora de Tendencias21, es responsable asimismo de la sección "La Razón Sensible" de Tendencias21.



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