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Blog sobre pensamiento social de Tendencias21

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Lunes, 27 de Octubre 2014
Fuente: es.wikipedia.org
Fuente: es.wikipedia.org
 
“Todos somos iguales, hacemos lo mismo, cada uno a su nivel, y según las posibilidades o circunstancias que se den en nuestra vida”. Fue la conclusión a la que llegó una persona que comentaba, con otras, las razones de la corrupción económica y las razones del comportamiento de  los corruptos. Otra, reforzando esta opinión decía, “en la tesitura de necesitar algo para un hijo, se llega a hacer lo que fuere, hasta corromperse si es necesario”.
 
La cultura, si bien es una muestra de lo que el ser humano va acumulando (en saberes, en materializaciones, en ética, en moral, en maneras de actuar, etc.), también llega a ser una forma de domesticar al espíritu.
 
Esta domesticación puede -o consigue- enmarcar una serie de comportamientos que aparentemente son los deseables, los lógicos, los recomendables, pero que, también, son los límites que han alcanzado los valores en una época determinada, convirtiéndose en patrones de comportamiento que no se cuestionan.
 
A nivel individual, el espíritu habla y se muestra -en la medida que le escuchamos- en relación a los retos que cada cual ha de enfrentar en su vida; a nivel colectivo, si se ha alcanzado un estadio de consciencia parecido, el espíritu se manifiesta como alma que inspira las relaciones entre, dentro de y hacia afuera del sistema social del que se trate.
 
Si esto se consigue, diremos que la emergencia, la expresión de la totalidad, no es la suma de las partes, es la cristalización de algo nuevo de nivel y complejidad mayor que afecta a cada uno de los integrantes del teórico colectivo, y que le impulsa a dar un salto de consciencia, favorecido por ese nuevo contexto.
 
Para alcanzar este nivel, y seguir avanzando, es preciso que seamos conscientes de lo que nos negamos a ver o de lo que aceptamos como comportamiento natural. Todos no somos iguales, todos somos diferentes y por ello nuestras circunstancias también lo son. Nuestras decisiones han de proceder de la consciencia alcanzada, no de la inercia marcada por unos patrones que ni se evalúan ni se cuestionan. Patrones impuestos por los que han acaparado poder  y atesoran privilegios sin medida, expresiones ambos de una escasa conciencia que se mueve al ritmo de deseos individualistas.
 
Alicia Montesdeoca

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Lunes, 21 de Julio 2014
¿Qué bulle en ti que tus luces no refleja?                   Fuente: pixabay.com
¿Qué bulle en ti que tus luces no refleja? Fuente: pixabay.com

Deslumbrar no es el objetivo; las luces lejanas de la ciudad nada nos cuentan de lo que se cuece en el interior de ella, que es lo importante del conocer.

Tener conciencia no es tener poder, es crear las condiciones para que se ponga de manifiesto el tesoro escondido que nutre e impulsa nuestra capacidad de creación. Es cuidar, en el silencio de su gestación, la obra que nos llama a ser concebida con esmero, dedicación amorosa y respeto hacia el significado que trae para este instante creador.

Dar tiempo a lo que se quiere materializar es respetar el proceso que la hace concebir, nacer, crecer y madurar hasta que ponga de manifiesto su identidad.

Todo edificio construido en función de una fachada está destinado a terminar siendo una ruina. La edificación que permanece es aquella que permite el desarrollo de una vida en su interior. El tamaño y los adornos externos no hablan de sus posibilidades de cobijar, que es su verdadera función.

Los edificios más altos, los que aspiran a tocar el cielo, son los menos habitables y, aunque se vean desde todos los puntos cardinales, no producen deseos de imitación; son elementos solitarios que se alejan sin sombra alguna.

Cuidar lo que somos, descubrir nuestras cualidades, construir la identidad a partir de ellas, buscar el lugar idóneo donde podamos potenciarlas y madurarlas es lo que nos permite definir el lugar que ocupamos en el proyecto colectivo y, dentro de él, reconocer las posibilidades de los otros, también su lugar, junto al enriquecimiento que supone para todos las aportaciones de todas y de todos.

La esencia de lo que somos y la potencia de las cualidades de ese mundo interno que portamos es lo que toca, ya, poner de manifiesto sin condicionantes externos, individual y colectivamente, si queremos seguir evolucionando como individuos plenos, y también como especie y como sociedad.

Es imprescindible, por lo tanto, que la presencia de lo espiritual sea evidenciada como la verdadera fuerza creadora, que salga del anonimato a la que la racionalidad la ha postergado, que seamos rutinariamente conscientes de la trascendencia creadora de todos nuestros actos, que esa rutina diaria se transforme en cultura, llevada a la vida de las aulas, a los talleres, a las industrias y a los servicios; a la política y a la economía y a todo tipo de relaciones. Sólo así, lo invisible se manifiesta y transforma lo visible.
Alicia Montesdeoca

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Martes, 8 de Julio 2014
Fuente: Norman Rock Well. "Girl at Mirror" (1954)
Fuente: Norman Rock Well. "Girl at Mirror" (1954)
La confusión, si se adueña de nosotros, de nuestra mente, de nuestros sentimientos, de nuestra voluntad, nos impide ver el verdadero sentido de todo lo que nos acontece.

La confusión tiene su origen en los intentos del ego por predominar sobre la realidad, saltando las leyes que la construyen. Los yoes, confundidos con las creencias, quieren eternizarse y no comprenden que son los hijos de lo que caduca, de lo que está sometido al tiempo. Las pasiones individuales y colectivas son impulsos creativos para el mientras tanto: mientras la consciencia no se constituye en fuerza y motor de toda creación. Cuando esto suceda, el yo temporal será trasmutado por la conciencia de lo que es.

La dificultad para delimitar su terreno va disminuyendo en la medida que Aquella se convierte en sustancia sólida que da criterios para interpretar los acontecimientos que vivimos, para dirigir nuestra voluntad, para transformar nuestras acciones. Será entonces cuando, en nuestras creaciones, se pondrá de manifiesto nuestra consciencia, aquella que ha ido iluminando nuestra vida y poniendo sentido donde no parecía haberlo.
Alicia Montesdeoca

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Martes, 1 de Julio 2014
El delirio de una cultura pone en evidencia su temporalidad. Fuente: www.flickr.com
El delirio de una cultura pone en evidencia su temporalidad. Fuente: www.flickr.com
La cultura, los dogmas, las creencias que se imponen a pesar de causar sufrimiento, de destruir la vida –cualquiera que sea su manifestación-, encierra en sí misma la causa de su muerte.

No hay nada más que echar un vistazo por encima a lo que genera hoy dolor, hambre, guerras, desplazamientos forzosos de los hogares, sobreexplotación, represión, inseguridad, desencanto… para descubrir que lo que lo causa es el afán egoísta por imponer, controlar, acaparar el espíritu de las cosas y de los seres vivos, en nombre del poder que se disfraza de divinidad y que pontifica en su nombre lo que no es sino expresión de la ignorancia, la brutalidad y el desamor.

Pero esa no es la única fuerza que se ha desplegado de la conciencia humana. Paralelamente, y casi siempre en silencio, emerge con más contundencia el amor como vehículo que tiende lazos, que alivia los corazones de los pesarosos; que lleva a la comprensión, a la aceptación y al diálogo. Poco a poco, pero con firmeza, retomamos nuestra capacidad de empatizar y nos damos las manos para sostenernos y acompañarnos en los nuevos pasos, los que nos sacan de la confusión en la que nos encontramos.

Las alianzas se producen para generar hermandad sin condiciones; para perdonar y perdonarnos por nuestros yerros; para buscar salida a los problemas; para establecer respeto a todo y a todos; para abandonar los dogmas y avanzar en la comprensión de las diferencias, como riqueza que a todos y a todo enriquece. Las alianzas se producen porque nos va en ello la propia supervivencia de la especie, entendiendo el momento crítico que vivimos. Las alianzas se producen, también, porque hay una parte de la especie dispuesta al magnicidio antes de abandonar la loca pasión que la ceguera les ha originado.

Ante este panorama solo me queda expresar mi amor por los que sufren y también por los que causan ese sufrimiento; quizás son los que más necesitan de la comprensión y del amor. Ellos son, aunque no lo parezca, un gran instrumento para el despertar de todos: en su incineración está el origen de un nuevo avance de la conciencia. Acompañar a los unos y no despreciar a los otros es nuestra función, un papel que requiere confianza en el proceso, paciencia en los altibajos; fe en la humanidad, seguridad en la ayuda que recibimos a través de todos los seres conscientes que cooperan aquí y ahora.
Alicia Montesdeoca

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Domingo, 22 de Junio 2014
Miremos a lo infinito. Fuente: poesía de mujeres.com
Miremos a lo infinito. Fuente: poesía de mujeres.com
El ser humano del siglo XXI, limitado por la realidad que es capaz de percibir con sus sentidos - que le atrapan en el dogma de lo que no percibo con ellos no existe-, ha de cambiar de perspectiva si quiere adquirir una mayor capacidad creadora y con ello abrirse a una mayor expansión de consciencia, para la cual sí está dotado.

Las circunstancias aunque distintas no son nuevas. La experiencia a la que han de someterse los ciudadanos de este siglo es parecida a la que se produjo en el siglo XV, con el descubrimiento del Nuevo Mundo, un mundo que confirmó muchas hipótesis sostenidas por aquellos que buscaban los límites de la Tierra. Este acontecimiento permitió, a la sociedad de aquel tiempo, entrar en contacto con otras civilizaciones que aportaron nuevas y distintas cosmogonías.

Hoy el reto está en asumir, como determinantes de una mayor comprensión de lo que somos, el microcosmos y el macrocosmos: incorporar en lo cotidiano el conocimiento y las leyes de lo más pequeño y de lo más sutil, determinantes de la conformación de la materia y de la vida conocida, y abrirnos, también, a la inmensidad cósmica a la que pertenecemos y que nos propiciará la nueva aventura a la que forzosamente estamos obligados por la propia evolución.
Alicia Montesdeoca


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Alicia Montesdeoca
Montesdeoca Alicia
Licenciada en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, Alicia Montesdeoca es consultora e investigadora, así como periodista científico. Coeditora de Tendencias21, es responsable asimismo de la sección "La Razón Sensible" de Tendencias21.




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