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Jueves, 10 de Enero 2013
Fuente: latitud29.blogspot.com
Fuente: latitud29.blogspot.com
El ser humano tiene tendencia a quedar estancado en un instante evolutivo. ¿Lo necesita o es su manera natural de atrapar la eternidad porque se sabe temporal o porque teme ser temporal?

Tendemos a materializar, a concretar, a construir objetos, ideas, principios, valores, teorías, artefactos, modos de vivir, creencias, etc. y con cada construcción las personas corremos el riesgo de quedar cogidas por lo materializado. Tenemos “hijos” y prolongamos su crianza hasta el agotamiento de nuestras fuerzas y de sus capacidades para responder a nuestros requerimientos. Llamo hijo no sólo a lo que sale de nuestra carne, de nuestra sangre, también a toda criatura obra de nuestras manos, nuestra mente o nuestro espíritu. Al final, los hijos se independizan, sus creadores no.

Nos sentimos propietarias de nuestras creaciones, las acaparamos, las poseemos, nos poseen y corren el riesgo de morir con nosotras. Conseguimos la perfección que somos capaces de vislumbrar y nos quedamos ahí, en ese nivel, en esa dimensión, con la satisfacción de haberlo logrado. Hipnotizadas por la capacidad lograda.

Es difícil navegar sin llegar a puerto alguno, pero esa es la realidad que realmente somos: veleros movidos por el viento de la vida que para sentir que flotan tienen que remar y remar. Trashumantes viajeros, conducidos por la necesidad a atravesar los desiertos o el inmenso Universo sin permiso para quedarse en ninguna de las “cabañas” que el camino facilita, solo para un pequeño descanso.

Las personas nos podemos sentir satisfechas de lo logrado en cada etapa, pero el camino no acaba, los espejismos nos acechan por el agotamiento; los oasis son meros espacios para reponer fuerzas y luego continuar avanzando en la eternidad. Hasta que no se logra esta comprensión, las batallas se eternizan porque, como niños pequeños, queremos acaparar los juguetes logrados y eternizar el juego que ellos nos permiten.

El darnos cuenta de esto nos puede llevar una vida. También podemos despertar en cada etapa y aceptar que el juego que nos absorbía se ha acabado y que hay que iniciar otro camino que nos llevará por otros derroteros. La duración de esta nueva fase depende del estadio de conciencia alcanzado en los juegos anteriores. Si descubres las reglas del juego no te importará abandonarlo, ha cumplido con su función y tú has logrado el objetivo: desprenderte y volar hacia nuevos mundos, galaxias, universos… ¡Qué sé yo!

Alicia Montesdeoca


Editado por
Alicia Montesdeoca
Montesdeoca Alicia
Licenciada en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, Alicia Montesdeoca es consultora e investigadora, así como periodista científico. Coeditora de Tendencias21, es responsable asimismo de la sección "La Razón Sensible" de Tendencias21.




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