Es unánime en todos los estudios destacar el incremento de la productividad mediante el teletrabajo, gracias a la reducción del tiempo dedicado a transportes, a la disminución del absentismo, a la ausencia de interrupciones y a la mejora de la concentración del empleado en sus tareas. Pero la mejora que más incide en el incremento de la productividad mediante el teletrabajo es la de los métodos de gestión, de racionalización y modernización que exige la implantación del teletrabajo.
Un informe al respecto (Employers Organization Report) señala que, por término medio, la productividad de un empleado se incrementa entre un 10 y un 20 por ciento como consecuencia del teletrabajo. Como un ejemplo concreto, en 2003, el incremento de productividad asociada al teletrabajo en AT&T supuso casi 150 millones de dólares de beneficios. También en el teletrabajo tienen menor incidencia situaciones extremas como huelgas de transporte o catástrofes, o situaciones excepcionalmente graves del tráfico. Se puede también reducir el riesgo de una disrupción de la organización como resultado de un problema en la sede central.
Esto se demostró con ocasión del terremoto de 1996 en San Francisco, del ataque a las torres gemelas del 11 de septiembre y también en el incendio del edificio Windsor de Madrid en 2005 (por ejemplo, en la empresa Deloitte & Touche, de la que tuvo noticia directa el autor). Un último y considerable factor de productividad es la posibilidad de trabajar en un proyecto durante las 24 horas del día, aprovechando los diferentes husos horarios. Posibilidad que explotan muchas multinacionales (T.L. Friedman, The World is Flat, Nueva York 2005).
Resulta importante conocer estos datos cuando continuamente se está poniendo de manifiesto la baja productividad del trabajo, tanto en España como en Iberoamérica. En lo que se refiere a España, el Euroíndice laboral elaborado por IESE y Adecco pone de manifiesto que España es el tercer país (entre siete europeos: Reino Unido, Polonia, España, Portugal, Alemania, Italia, Bélgica, Francia y Holanda, estudiados a fines de 2006) con la jornada laboral más larga y menos rendimiento por hora trabajada. Sólo le siguen Portugal y Polonia.
Trabajo y calidad
En el mismo trabajo se informa de que la productividad media española creció un 0,9 por ciento en 2006, frente a un 1 por ciento de media en Europa. Además, la productividad media del trabajador español ha descendido un 4 por ciento respecto a 2001.
El caso de Iberoamérica es similar, por cuanto los estudios ponen de manifiesto que la economía de la región presenta, en su conjunto, serios problemas de competitividad. Se dan razones relativas a los bajos niveles educativos de la fuerza de trabajo: los cambios tecnológicos (de las dos últimas décadas) sólo se pudieron aplicar en los países que contaban con una fuerza laboral lo suficientemente formada, como ocurrió en los países más desarrollados.
Otro factor que se menciona en los estudios es la "calidad de las instituciones públicas". Y se habla de la brecha de productividad, como una más de las que engloba la llamada mundialmente brecha digital. La situación puede generalizarse para toda la región, incluso para aquellos "países donde la productividad es más elevada: Chile, Costa Rica y México" (World Economic Forum, 2001).
Las conclusiones de esta brevísima exposición no pueden ser más claras: hay que fomentar los métodos, procesos, tecnologías y capacitaciones que ayuden a incrementar la productividad. Y la posibilidad que está más al alcance de todas las personas, empresas e instituciones es el teletrabajo.
La creciente interconexión económica y cultural de los países (a la que nos referiríamos como globalización si el término no estuviera tan manipulado) se extiende horizontalmente como una mancha de aceite, pero también lo hace de forma vertical, afectando a las sociedades, las personas y los colectivos. Entre estos colectivos se encuentran los profesionales. Esta es la causa de que en muchos lugares exista un notable desfase entre la oferta y la demanda de talentos específicos.
Un reciente estudio de la agencia de trabajo Manpower, realizado entre 37.000 empleados de 27 países, y que se cita en el número 548 del "Informe semanal de política exterior", "encontró que un 41% de ellos está teniendo problemas para contratar a las personas que necesitan".
Este fenómeno se combina con la que denominaría verticalización creciente de los saberes. La innovación científica y técnica eleva vertiginosamente su nivel a modo de espiral cada vez más incisiva, produciendo un fenómeno de estiramiento de la pirámide del saber que provoca que todo el cuerpo del mismo se adelgace y amenace con quebrarse.
Porque no podemos olvidar que la innovación tiene que ser seguida inmediatamente por la consolidación de sus aplicaciones, si no quiere trabajar en vacío. Y para que haya aplicaciones tiene que haber aplicadores.
¿Qué soluciones pueden darse? Una de ellas tiene que ver plenamente con el teletrabajo. Los profesionales de la ciencia y la tecnología precisan trabajar cada vez más en red, desde cualquier institución académica, laboratorio o lugar físico en que se encuentren. La segunda afecta a las políticas educativas de los gobiernos.
No se puede hacer frente a la innovación continua sin una adaptación constante de los saberes y los planes de estudio. Porque se ha puesto mucho énfasis en el aprendizaje continuo, de por vida, de las personas, pero no se ha incidido suficientemente en la creciente necesidad de adaptación continua de los curricula y los planes de estudio oficiales.
También en esto son fundamentales la innovación, la agilidad y la capacidad de adaptación, algo que casa mal con la rigidez de los prejuicios e imposiciones de materias y planes educativos, seas cuales sean sus fundamentos.
El teletrabajo se suele asociar al trabajo a tiempo completo en el propio domicilio, utilizando las tecnologías telemáticas mas avanzadas. Pero esta modalidad de teletrabajo no es sino una de las diversas modalidades que pueden existir.
Y esta consideración, que suele obviarsse en la mayor parte de los estudios, es de importancia capital para su consideración como factor de la movilidad. La persona que trabaja en casa a tiempo completo, siempre, no es sujeto de las mismas connotaciones sociales que la que solo permanece en el hogar, teletrabajando, un día o dos a la semana, por ejemplo.
Por su régimen laboral, el teletrabajador puede ser plenamente autónomo o estar totalmente vinculado a una empresa, o bien disfrutar de algún tipo de vinculación, entre estos dos extremos.
Una de las muchas clasificaciones de las modalidades del teletrabajo es la que establece el proyecto europeo EURESCOM:
Teletrabajador en casa es alguien que no tiene un puesto permanente en una oficina y que trabaja predominantemente en casa.
Teletrabajador basado en la oficina es alguien que tiene un puesto permanente en una oficina y que puede trabajar también en casa, pero predominantemente trabaja en la oficina
Teletrabajador flexible en la oficina es aquel que emplea parte de su jornada laboral y o días en casa; se incluyen aquí los trabajadores que sólo trabajan a lo mejor en casa por las noches o en los fines de semana, o que están en casa, pero que tienen que estar disponibles durante este tiempo.
Teletrabajador flexible en casa es alguien que no tiene un puesto permanente en una oficina, sino que trabaja en casa y en diferentes oficinas.
Teletrabajador con oficina en casa es aquel que tiene un ordenador en su oficina y en casa y que pasa dos o tres días en la oficina y el resto de la semana en casa.
Teletrabajador móvil en casa y en la oficina es aquel que tiene un puesto y un ordenador en su oficina y un ordenador portátil y que pasa tres días en la oficina, y un día en casa y un día en otras oficinas.
Ver al respecto Advanced CSCW tools for Telecommuting, 1998. Eurescom es una organización colaborativa de I+D en telecomunicaciones.
Los cambios en el modo de trabajar encierran una profunda significación porque son una parte muy importante del cambio social. Y, a su vez, el trabajo ha cambiado porque han cambiado las estructuras y el funcionamiento de las empresas. Puede decirse, pues, que se constituye en un eje sobre el que gira gran parte de la evolución social moderna.
El teletrabajo -dice Aris Arconnero (1) -supone una revolución total de las formas de trabajo y de producción, de modo que, frente al tradicional trabajo en serie, el fordismo, la propia noción de empresa como espacio físico de trabajo y socialización, etc., se transforma en otra concepción bien distinta, en la que la individualización de las relaciones sociales y laborales aparece como una de sus características más distintivas y la propia noción de espacio productivo, de empresa, se transforma.
De este modo, el teletrabajo se constituye como una de las compensaciones simbólicas y materiales más importantes que, inscritas en el proceso de innovaciones hasta ahora desplegado, abre las puertas a una revolución o transformación social más general... El predominio ideológico del individualismo de mercado anglosajón influye en el mundo del trabajo y en el cambio social. Se expande en nuevas necesidades para el trabajo de naturaleza postfordista.
Y después de un siglo, el proceso de integración realizado verticalmente dentro de las empresas ha invertido su rumbo para realizarlo horizontalmente entre las empresas. Ha aumentado el número y disminuido el tamaño de los lugares de trabajo donde se encuentran por todos los sitios fragmentos de trabajo y personas que trabajan con horarios complicados o sin horarios, porque trabajan en sus casas".
El teletrabajo bien planificado, realizado y comprobado (no queremos decir controlado) puede ser de más calidad, la empresa tiene más necesidad de los trabajadores, pero se tiene que preocupar menos de ellos. El posfordismo tiene necesidad de flexibilidad en todos los terrenos, creando tantas diversidades que el mundo del trabajo ya no se parece al sistema unitario que se creó alrededor de la gran industria.
La vida laboral es más flexible y no se rompe cuando se pasa de un empleo a otro. Es más móvil. La fábrica ha perdido el aspecto dominador y subyugante, mientras que la tecnología ha liberado al hombre de las tareas penosas. Este teletrabajo y otros fenómenos concomitantes se inscriben potencialmente en un nuevo modelo de desarrollo social y de consumo que supera algunas de las tradicionales dicotomías y divisiones. En este sentido, el teletrabajo es también una revolución filosófica.
(1) Aris Arconnero, El individualismo de mercado y el trabajo postfordista, en "Quaderni di Rassegna sindicale-Lavore", num 1, enero-marzo 2004.
Editado por
Francisco Ortiz Chaparro
Licenciado en Ciencias Políticas y Económicas, ex profesor de Política Económica en el ITEP, de Madrid, Francisco Ortiz está especializado en el estudio y promoción social de las Tecnologías de la Información y Comunicación, campo en el que ha sido pionero en España, desde la Fundación Fundesco. Autor de numerosas publicaciones, ha impartido cursos de teletrabajo en más de 12 universidades de España y América Latina. Ha sido Presidente de la Asociación Española de Telecentros y es Vicepresidente del Foro Europeo de Teletrabajo y de la Asociación Iberoamericana de Teletrabajo.
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