El lector que haya tenido la curiosidad de ver la primera parte de este artículo se sentirá sorprendido cuando hablamos en el mismo de la necesidad de NO hacer cosas, para poder hacer más. Pero resulta de pura lógica: si disponemos de menos cantidad de horas que de trabajo, algo habrá que hacer. En el caso del teletrabajador, resulta demasiado frecuente que las horas que se ganan por no tener que desplazarse al trabajo se llenen inmediatamente con otras ocupaciones no pertenecientes a la vida laboral.
La razón es que, cuando el reloj no nos obliga, tendemos a considerar el tiempo con demasiada laxitud, hasta el punto de convertirlo en algo fluido. Y ya sabemos lo que ocurre con los fluidos, tienen horror al vacío, por lo que inmediatamente ocupan lo que se desocupa. Y, en nuestro caso, las mil y mil cosas que ocupan nuestra vida no laboral tienden a llenar inmediatamente ese tiempo que el teletrabajador ha liberado al no desplazarse al lugar de trabajo.
Pues, NO, rotundamente NO. Ese tiempo que se ha liberado al no IR al trabajo, es para el trabajo. Y esto lo tienen que entender perfectamente tanto el telatrabajador como las personas que le rodean, empezando por la familia, naturalmente. Hay que aprender a gestionar las relaciones personales en el nuevo entorno. ¿Entonces?, nos preguntaremos, ¿cuáles son las ventajas de no tener que desplazarme al trabajo, si no puedo hacer lo que quiera con mi tiempo? Bien, estamos hablando de tiempo total, no de que haya que hacer las mismas cosas a las mismas horas.
No se trata de que si el tiempo de desplazamiento es de, por ejemplo, de las 18 horas a las19 horas todos los días, tengamos que emplear ese periodo de 18 a 19 únicamente trabajando. Será una hora en que seguramente podamos hacer mejor otras cosas,… pero esa hora se guarda para el trabajo, aunque sea en otro momento. En esto consiste la libertad con disciplina, o viceversa, que es clave cuando se trabaja aisladamente.
Otros aspectos fundamentales son la automotivación y el control del estrés. Nunca hemos dicho que la vida del teletrabajador sea fácil. La soledad puede afectar al estado emotivo y a la motivación del teletrabajador, lo que, a su vez, le provoca estrés. Todo ello ha de aprenderse a combatirlo. ¿Cómo? Recurramos a nuestros amigos mencionados en el artículo anterior. Estas eran sus recetas:
- Desarrollando habilidades sociales suficientes para solventar conflictos interpersonales y llegar a acuerdos.
- Fortaleciendo el autocontrol y la gestión de uno mismo (automotivación, autodisciplina, ...)
- Teniendo una actitud crítica (que no criticona) sobre nuestra efectividad personal y profesional tras tomar la decisión de teletrabajar.
- Controlar el estrés y la ansiedad propia de la adaptación al cambio.
En el próximo artículo dedicaremos una atención específica a la motivación.
Hace algún tiempo que no nos ocupamos en estas páginas de cuestiones “puras” de teletrabajo, preocupados como estamos por resaltar los elementos fundamentales para su difusión y sus aportaciones al bienestar de los ciudadanos, especialmente en los países en vías de desarrollo.
Cuestiones como la capacidad para teletrabajar, la motivación, los requisitos ambientales, la lucha contra la posible soledad… Temas elementales que muchas veces se dan por sabidos, inadecuadamente. Siempre en los cursos que me tocó organizar o dirigir, otorgamos a estas cuestiones importancia fundamental, confirmando que hacíamos lo adecuado el interés que los alumnos ponían en ello y, sobre todo, sus comentarios sobre la utilidad que les aportaba cuando ya estaban teletrabajando.
Solían atender esta parte del curso buenos profesionales y amigos, como Gema Rollón Blanco, Javier Iraeta Araiztegui y Mª Carmen Camacho Gil, de quienes soy deudor en mucho de lo que sigue y que incluyo, además de por su valor intrínseco, como homenaje a Javier, gran profesional y excelentísima persona, ya desaparecido.
Decían en sus cursos –dirigidos no a teletrabajadores autónomos, sino a personas que ya estaban trabajando en una empresa y cambiaban de régimen de trabajo- que “el teletrabajo es algo más que un cambio de instalaciones”, porque el impacto del teletrabajo en la vida de las personas que pasaban a trabajar en casa no sólo afecta al modo de relacionarse con la empresa y gestionar la carrera profesional, sino que altera otras parcelas humanas, como son la del espacio en la casa, la de la relación familiar y la del tiempo de ocio.
Por eso, insistían, el éxito o el fracaso de esta experiencia depende de la habilidad de cada teletrabajador para adaptarte a los cambios y superarse personal y profesionalmente. (Otra cuestión a tener muy en cuenta es la de contar con un buen directivo de teletrabajadores, pero de eso nos hemos ocupado y nos seguiremos ocupando en otros artículos).
Para tener éxito, lo primero que tiene que hacer el aspirante a teletrabajador es examinarse a si mismo y a sus circunstancias vitales. Qué cualidades de las que se suelen considerar adecuadas para teletrabajar tiene, y cuales no tiene, cual es su entorno familiar y físico, cuales son sus aspiraciones a corto, medio o largo plazo, que posibilidades ve de alcanzarlas. Y cuales son sus puntos débiles con los que deberá luchar (¡a diario!) para no fracasar en la experiencia.
Una vez tomada la decisión, resulta imperativo, por ejemplo, evitar el aislamiento, crear y mantener redes de apoyo social. Organizar y gestionar el tiempo (priorizar y controlar los “ladrones” del tiempo). Recomiendo a este respecto la lectura de una obra cuya versión española está a punto de publicar Pearson España, titulada Como arreglártelas para conseguir hacer más cosas, de Fergus O´Connell (How To Get More Things Done, por si algún lector no tiene la paciencia de esperar a la publicación de la versión en español).
Se trata, señala el autor, de hacer una relación de las cosas que se tienen que hacer y del tiempo de que se dispone para hacerlas. La proporción es siempre favorable a las cosas sobre el tiempo: todo el mundo tiene más cosas que hacer que tiempo para hacerlas. Por consiguiente, hay que priorizar, centrarse en las cosas que más importan y relegar, e incluso no hacer, las que menos importan. Y esto tanto en las cuestiones que se refieren a la vida laboral como a la vida personal de cada uno. Lo que resulta vital para un teletrabajador, que va a prescindir de las fronteras entre ambos tipos de vida que le marcaba antes la ida al lugar de trabajo.
Seguiremos este tema fundamental en artículos sucesivos.
Editado por
Francisco Ortiz Chaparro
Licenciado en Ciencias Políticas y Económicas, ex profesor de Política Económica en el ITEP, de Madrid, Francisco Ortiz está especializado en el estudio y promoción social de las Tecnologías de la Información y Comunicación, campo en el que ha sido pionero en España, desde la Fundación Fundesco. Autor de numerosas publicaciones, ha impartido cursos de teletrabajo en más de 12 universidades de España y América Latina. Ha sido Presidente de la Asociación Española de Telecentros y es Vicepresidente del Foro Europeo de Teletrabajo y de la Asociación Iberoamericana de Teletrabajo.
Últimos apuntes
Secciones
Archivo
Noticias de teletrabajo
-
Un alumno de la ULPGC crea un portal de teletrabajo temporal de ... - ABC.es
-
SANDETEL y la AEECCC colaboran para el impulso del teletrabajo ... - Asturi.as
-
Joven teletrabajador de Zapicán, Lavalleja - Teletrabajo Uruguay
-
La crisis generaliza el teletrabajo profesional - Cinco Días
-
Guía interactiva sobre teletrabajo e inserción de personas con ... - CompromisoRSE
-
Teletrabajo, gran alternativa en 'día sin carro' - Portafolio.co
-
El teletrabajo llega ya a uno de cada cinco empleados - ecodiario
-
El Proyecto DISCATEL lanza la “Guía interactiva sobre el teletrabajo” - Asturi.as
-
Teletrabajo: Zabaleta y Mendia mienten - Noticias de Gipuzkoa
-
Así es la reforma laboral que aprueba el Gobierno Rajoy - Diariocrítico.com
Blog de modalidad laboral de Tendencias21










