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RUIDO O LUZ, texto de presentación de Javier Gil en Madrid, 14 marzo 2014


Martes, 18 de Marzo 2014| Leído 3591 veces | 0 Comentario(s)

El pasado 14 de marzo de 2014 se presentó en Madrid el libro RUIDO O LUZ (Colección ONCE de poesía y ensayo) con la asistencia de ERNESTO SUÁREZ, CARLOS BRUNO y el co-director de la Colección, JAVIER GIL. Pese a la falta de DANIEL BELLÓN, tercer poeta canario propiciador de la escritura a seis manos que dio origen a este texto, la acogida fue cálida y animada. Acá comparto el texto que leyera Javi Gil, comedido y preciso.





Ruido o luz es un libro peculiar en más de un sentido. Su autoría no se debe a un solo autor, sino a tres, pero cuando lo lean, si aún no lo han hecho, verán que, a pesar de esa autoría triple, tiene una gran unidad. Ellos, Daniel, Carlos y Ernesto, se han conjurado para no revelar cuál de los versos se debe a la pluma de cada uno, y como buenos conjurados no nos han revelado el secreto ni siquiera a los que hemos estado al cuidado del libro (llegará un momento en que ni ellos sepan cuál es de cuál).
 
En uno de los últimos poemas de Vicente Huidobro, el verso final reza lo siguiente: “Y la fuga de las estrellas en el momento en que iban a contar su historia”. Y en Ruido o luz Ernesto Suárez, Carlos Bruno y Daniel Bellón han puesto su oído para escuchar lo que todas en su conjunto nos tienen que decir: desde ese estallido primigenio que dio origen al universo en que vivimos (“la violencia de la que surgimos”, pág. 19) y sus consecuencias (como la errancia y continua dispersión a las que fueron avocados todos los planetas y estrellas) hasta detenerse en ese pequeño planeta azul que por suerte o por desgracia habitamos:
 
Procedemos de polvo de las estrellas
dicen
Un calor seco en el frío absoluto del espacio
Que cayó sobre esta piedrita que es la Tierra
Y prosperó múltiple y diverso hasta ser esto
Que asemejamos ser               De aquel calor y aquel
Frío secos
 
Nos quedó para siempre una sed inacabable
 

RUIDO O LUZ, texto de presentación de Javier Gil en Madrid, 14 marzo 2014

Ruido o luz funciona así como el observatorio de un planetario (por ejemplo el de La Laguna para el que fue concebido), o como un telescopio; observamos con él, desde nuestra pequeñez, una parte de la galaxia a la que pertenecemos (“You are a part of the Milky Way galaxy too”, dice una cita de Carl Sagan que encabeza uno de los poemas), y eso nos recuerda, precisamente, nuestra condición minúscula, pero también nos sirve para valorar el potencial de nuestra mirada y, sobre todo, de nuestra imaginación (“como cuando los niños aprenden / y miran al cielo”). Es un viaje cósmico, pero a la vez íntimo:
 
Una sorpresa relativa
 
Debido a la velocidad limitada de la luz
resulta que podemos ver más atrás en el tiempo
cuanto más lejos miremos
 
Afilo mi vista allende el horizonte
para volverte a ver
 
Y la mirada a ese firmamento que nos rodea también se posa en esta tierra de guerras, violencia y sangre (“las lágrimas sucias de la tierra / la memoria del planeta”, pág. 54) funcionando así también como un catalejo. De hecho, a cada uno de los poemas del libro le corresponde las coordenadas de un lugar de la Tierra, como Brooklyn, Bagdad, Samarcanda... Ambos ámbitos se juntan y son interrogados en Ruido o luz: el cósmico y el del devenir humano; en un mismo poema se preguntan (o nos preguntan): “¿Cuándo el místico se viró mensajero / de la matanza? ¿De qué sustancia alimenta / a sus suicidas? ¿Cuándo imaginó la palabra / asesino como sinónimo de predicador?”, pero también al final del mismo preguntan: “¿Escapa algo a un agujero negro?”. Porque “el astrónomo bebe y escribe poemas / Sabe que no hay escondrijo posible”, y aquí va una invitación: beban (como Omar Jayyam o Li Po) y sigan escribiendo poemas, como los astrónomos Daniel, Ernesto y Carlos, que bien saben que no hay escondrijo posible en este universo en expansión y, sobre todo, en este planeta convulso. Y para terminar esta intervención y dar paso a lo importante aquí leeré un poema cuyas coordenadas nos sitúan en Tenotchilán. Ahí va:
 
Azteca
 
una vez bajo la selva quedó el cielo
sepultado 270 años
sepultados sus nombres
sepultada la cuenta
bajo los días oscuros
 
―rueca enterrada que antes era
para ver
y para alzarse de los pies y a lo alto
 
sepultado el caimán, sepultado el viento
sepultada la casa o la lagartija
la serpiente
el cráneo y el venado
sepultado el conejo y el agua, o el perro y el mono
sepultada la hierba         la caña           el jaguar
sepultado el águila o el zopilote
el temblor y el pedernal
sepultada la lluvia
y la flor       (xóchitl)     sepultada
 
bajo los días oscuros
 
pero haya aún para nosotros
los nombres exactos de la luz
 
pero haya aún para nosotros
la duración posible de la vida
 
así fuese la cuenta       el tiempo y su noticia
 
hasta el porvenir
 
 
Y ahora vamos a escuchar a los poetas. Muchas gracias.





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