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  <title>Tendencias 21</title>
 <description><![CDATA[Todos los avances estratégicos en ciencia, tecnología, sociedad y cultura]]></description>
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  <language>es</language>
  <dc:date>2010-02-09T16:39:13+01:00</dc:date>
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   <title>Nuevas creencias para nuevos tiempos</title>
   <pubDate>Sun, 14 Jan 2007 13:34:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Alicia Montesdeoca</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[LA RAZÓN SENSIBLE]]></dc:subject>
   <description>
<![CDATA[
El ser humano crea escenarios para sentirse real, y concreta sus posibilidades creativas merced a sus creencias. Una nueva lectura de Ortega señala: Yo soy yo y mis creencias. Ahora bien, las creencias dejan de ser útiles cuando impiden a la realidad desenvolverse en armonía con otras creencias, cuando surgen factores de desequilibrio internos y externos. Si la creencia es un instrumento para la creación material, se requiere que los horizontes de las creencias se amplíen para que este poder siga actuando y permitiendo que la conciencia de lo que somos emerja, a través de ese poder de creación.  Por Alicia Montesdeoca.     <div style="position:relative; float:left; padding-right: 1ex;">
      <img src="http://www.tendencias21.net/photo/537381-656397.jpg" alt="Nuevas creencias para nuevos tiempos" title="Nuevas creencias para nuevos tiempos" />
     </div>
     <div>
      Uno de los motores que ponen en marcha la búsqueda de nuevas explicaciones está en las paradojas con las que continuamente nos tropezamos y que la inercia de un conocimiento lineal rechaza, denominándolas excepciones a la regla, sin reconocerlas como expresiones de la complejidad de la realidad, la cual se anuncia a través de ellas.       <br />
              <br />
       Los fenómenos paradójicos nos estimulan a observar mejor los efectos de las acciones que ponemos en marcha y cuyos resultados no corresponden totalmente a lo esperado. A través de esas manifestaciones paradójicas, podemos elaborar nuevos mapas de lo real que queremos desentrañar, tal como los astrónomos construyen los mapas siderales: suponiendo la existencia de algo no cuantificado a partir de ciertos comportamientos o reacciones, de origen desconocido, elaboran mapas de la realidad astronómica.       <br />
              <br />
       De esta manera intuitiva, nosotros nos aproximamos también a la interpretación de lo que suponemos existe, creando modelos teóricos que incluyen nuevos parámetros, deducidos a partir de los comportamientos observados. De este modo se construye, o se amplía, un nuevo entorno que nos permite explicarnos mejor a nosotros mismos y a nuestra propia razón de ser. En el nuevo entorno diseñado, se volverán a manifestar, tarde o temprano, nuevas paradojas para nuevas búsquedas.        <br />
              <br />
       <b>Escenarios de realidad</b>       <br />
              <br />
       El ser humano crea escenarios para sentirse real, pero la realidad que crea no resuelve los enigmas de la Realidad. Su acción es el medio para su propia concreción como tal ser humano, dentro de la sustancia misma de la que está constituido. Su esfuerzo no tiene como fin la creación de lo externo a él: si acaso es un intento para comprender su existencia o la materia de la que está hecho, a partir de dar forma a las posibilidades que emergen de la propia realidad. Dichas posibilidades se concretan gracias a las propias <a class="link" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Creencia" onclick="window.open(this.href,'_blank');return false;">creencias</a> del actor o actores.       <br />
              <br />
       Las creencias se heredan de los antecesores y se renuevan con las experiencias vividas por las nuevas generaciones de individuos y sus sociedades. Las creencias se alimentan de esas experiencias que a los sujetos les confirman en ellas, las cuales no se cuestionan porque no se detecta la naturaleza y el origen de la realidad en que se desenvuelven. De esta manera, la creencia pasa de ser un instrumento de creación, a convertirse en una verdad absoluta, inamovible.        <br />
              <br />
       <b>El capital de las creencias</b>       <br />
              <br />
       Las creencias de hoy son el fruto del esfuerzo de nuestros antepasados por hacer posible la vida en la Tierra. Si ahora creemos poseerla (la Tierra) es que sus esfuerzos dieron frutos.”Hemos heredado todos aquellos esfuerzos en forma de creencias que son el capital sobre que vivimos”, sostiene al respecto José Ortega y Gasset, en su obra “Ideas y creencias” (1940).       <br />
              <br />
       Ahora bien, como instrumento de creación humana, las creencias dejan de ser útiles cuando impiden a la realidad desenvolverse en armonía con otras creencias, cuando surgen factores de desequilibrio internos y externos al individuo que las porta, cuando dejan de permitir el crecimiento espiritual para convertirse en un dogma de fe que causa destrucción en cualquier entorno o nivel.       <br />
              <br />
       Si la creencia es un instrumento para la creación material, se requiere que los horizontes de las creencias se amplíen para que este poder siga actuando y permitiendo que la conciencia de lo que somos emerja, a través de ese poder de creación.        <br />
              <br />
       <b>Yo soy yo y mis creencias</b>       <br />
              <br />
       Por todo lo expuesto, podemos incorporar el factor creencia, a la definición de realidad que propone el insigne filósofo español Ortega y Gasset, en su bien conocida frase: “yo soy yo y mis circunstancias”. Esto daría como definición de realidad el que: “ yo soy yo, mis creencias y las de los otros con las que construimos “las circunstancias”.       <br />
              <br />
       ¿Cómo detectar aquellas creencias que fueron útiles en el pasado y que hoy son obsoletas, porque frenan la evolución humana, el poder del espíritu, el avance de la conciencia de lo que somos, el encuentro con la unidad, la empatía con los otros seres humanos, la comprensión de la realidad que vivimos y el sentido de los acontecimientos que se suceden?       <br />
              <br />
       Para renovar el modelo que nos sostiene, para renovar el poder de las creencias, hoy se cuenta con nuevos conocimientos, con nuevas ideas que enriquecen el pensamiento y que provienen de las ciencias físicas pero también de la nueva biología, de la neurología, de las ciencias de la información, etc.        <br />
              <br />
       Nuevos conocimientos que nos acercan a la complejidad de la realidad, al conocimiento de la existencia de otras dimensiones, tan reales o más que las tres en las que parece que nos movemos.        <br />
              <br />
       <b>La creencia como atractor</b>       <br />
              <br />
       Es preciso que la acción humana tenga en cuenta la complejidad de factores que se conjugan, en este momento, para materializar un instante de realidad, poniéndose en cuestión, ante los nuevos conocimientos, las interpretaciones que se hacen y que impiden otras lecturas posibles.       <br />
              <br />
       Las creencias son como aquellos “atractores extraños” que permiten que todos los factores que están en juego, como partículas de la realidad a construir, estructurar, materializar (o como se quiera definir la plasmación de una probabilidad), sean percibidos como una única expresión o probabilidad de expresión que confirmaría aquella creencia que subyace en nuestra concepción del mundo y de las cosas. (El concepto "atractor extraño" se usa en el campo de investigación del caos e indica que el sistema es atraído hacia un tipo de movimiento determinado).       <br />
              <br />
       Muchos hablan del momento de transición por el que pasa la sociedad humana y que se manifiesta en las condiciones planetarias de las que tanto se debate hoy (guerras, epidemias, hambrunas, cambio climático, etc.) Para todos los habitantes del planeta Tierra, concebir hoy la cotidianidad en medio de tantas convulsiones es un esfuerzo que no conoce “patrón medida”.       <br />
              <br />
       De ahí la necesidad de sabernos situar en las características que definen este instante de incertidumbre, riesgos, confusión, caída de símbolos, emergencia de patrones, aún en la nebulosa muchos de ellos, a sabiendas de que la emergencia de algo nuevo siempre ha supuesto contradicciones y luchas; infantilismos y conservadurismos; dogmas y frivolidades; costos y precios difíciles de evaluar.       <br />
              <br />
       <b>El oráculo de la intuición</b>       <br />
              <br />
       No podemos mirar el ciclo que vivimos, con todo lo que está poniéndose de manifiesto, y perder de vista que es parte de un proceso del cual no conoceremos hacia donde conduce, hasta que dicho proceso no haya acabado de conjugar y armonizar todas sus variables, que pasan por el procesamiento y asimilación de las experiencias de todos los “participadores” (activos o pasivos, conscientes o inconscientes, agentes o pacientes…). Siempre ha sido así.       <br />
              <br />
       La humanidad siempre necesitó de oráculos para racionalizar la situación y dar, a través de una buena receta, con las pautas a seguir para el mejor obrar. Hoy la ciencia y la tecnología parecen querer jugar ese papel. Yo diría que en estos momentos el mejor oráculo es la intuición que como brújula nos indica el mejor camino para amar, comprender y aceptar el momento en que vivimos y la experiencia que como individuos y sociedad estamos adquiriendo, en la creencia de que toda esta experiencia nos lleva a un mayor ratio de consciencia. Los retos son grandes, pero siempre han sido enormes, medidos en relación a las capacidades humanas de cada época.       <br />
              <br />
       <b>Incineración de un modelo</b>       <br />
              <br />
       A este ciclo que vivimos le está correspondiendo la incineración de un modelo. Esta incineración se manifiesta en el desajuste entre conocimiento científico y vida cotidiana; entre emergencia de un nuevo paradigma y obsolescencia de las instituciones nacidas al amparo de la modernidad; entre las necesidades de supervivencia de la especie y el tópico de que hemos dado con un modelo de desarrollo incuestionable; entre la comprensión de la complejidad y el sentido de la vida humana y los radicalismos en las formas religiosas y políticas.       <br />
              <br />
       El problema está en cómo mantener el equilibrio individual y social en medio de tantos desajustes. La paz interna que necesitamos, para afrontar los retos que nos tocan vivir, sólo nos la pueden dar la comprensión del momento en que vivimos, la aceptación de lo que es, el conocimiento de la complejidad de la realidad y sus manifestaciones, la humildad para reconocer que no sirven las respuestas simples ni las recetas, ni los dogmas, pues el reto es un nuevo reto. También el reconocer la experiencia acumulada por la humanidad.        <br />
              <br />
       Esta etapa (con sus posibilidades) es una etapa más de la marcha humana hacia la comprensión de lo que es como especie, aceptando que en esta dimensión en la que se manifiesta nuestra vida y la de nuestro entorno es sólo un espacio donde se dirimen las leyes que rigen lo más grande que nos unifica (lo trascendente, el alma, la vida, lo innombrable por desconocido y por incomprensible…), en un universo multidimensional y sin límites que está plenamente intracomunicado.        <br />
              <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position: relative;">(Tendencias21)</div>
]]>
</description>
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   <title>Nuevas herramientas para ampliar la percepción de la realidad</title>
   <pubDate>Tue, 05 Dec 2006 06:47:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Alicia Montesdeoca</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[LA RAZÓN SENSIBLE]]></dc:subject>
   <description>
<![CDATA[
Algunos físicos han propuesto una nueva explicación de la realidad otorgando a la intuición y a la creatividad la posibilidad de llevarnos aún más lejos en el conocimiento de lo real.  En esa línea, nuestra propuesta consiste en que se reconozca a las coincidencias (sincronicidades) que tienen significados íntimos para el sujeto, el mismo valor que se da a los órdenes cuantitativos. No parece que se pierda nada por dejar la seguridad aparente que dan los dogmas y adentrarnos en la incertidumbre provocadora que nos ofrecen los filósofos  cuánticos. Por Alicia Montesdeoca.     <div style="position:relative; float:left; padding-right: 1ex;">
      <img src="http://www.tendencias21.net/photo/508214-621031.jpg" alt="Nuevas herramientas para ampliar la percepción de la realidad" title="Nuevas herramientas para ampliar la percepción de la realidad" />
     </div>
     <div>
      El físico <a class="link" href="http://en.wikipedia.org/wiki/David_Bohm" onclick="window.open(this.href,'_blank');return false;">David Bohm</a>, antiguo colaborador de Einstein, utiliza la metáfora del holograma como punto de partida de una nueva explicación de realidad: el orden plegado. La realidad clásica se ha centrado en manifestaciones secundarias, el aspecto desplegado de las cosas, y no en su fuente. Estas apariencias se abstraen de un flujo intangible, invisible, que no se compone de partes. Se trata de una interconexión inseparable... “Bajo la esfera explicada de cosas y acontecimientos separados se halla una esfera implicada de totalidad indivisa, y este todo implicado está simultáneamente disponible para cada parte implicada”.       <br />
              <br />
       Según esta visión, que se recoge en su obra “La totalidad y el orden implicado”, fruto de cuarenta años de investigación física y filosófica, en cualquier elemento del universo se contiene la totalidad del mismo: la parte está en el todo, y el todo está en la parte. Detrás de la apariencia del orden desplegado existe un orden implicado, afirma.        <br />
              <br />
       Además, para él, “la conciencia (pensamientos, emociones, deseos, voluntad, toda la vida mental o psíquica) está básicamente en el orden implicado como lo está la materia, y, por consiguiente, no es que la conciencia  sea una cosa y la materia otra, sino más bien que la conciencia es un proceso material y está ella misma en el orden implicado, como lo está toda la materia, y que la conciencia se manifiesta en algún orden explicado, como hace la materia en general”. Según su hipótesis, la diferencia entre la materia y la conciencia se encuentra en el estado de sutilidad, “la conciencia es posiblemente una forma más sutil de materia y de movimiento, un aspecto más sutil del holomovimiento”.       <br />
              <br />
       Para David Bohm, el pensamiento crea un orden de lo “real” que no considera el orden interno de la realidad, el orden no desplegado, no manifestado (...) “El propio pensamiento ha establecido una distinción entre materia y espíritu. Y resulta evidente en qué consiste esta diferencia: lo que no tiene una forma sólida evidente y lo que mueve a algo distinto se llama espíritu” (...) “Así que, finalmente, diríamos que una visión consecuente sería afirmar que algo como la materia no manifiesta desempeña un papel semejante a lo que pensamos como espíritu. Es materia manifiesta en movimiento, pero ambas son materia, una sutil y otra materia bruta. Ahora bien, sea lo que sea lo que queremos decir con lo que está más allá de la materia, es algo que no podemos aprehender con el pensamiento. Quiero decir, el pensamiento puede plantear la cuestión, pero no puede ir más allá”.         <br />
              <br />
       El pensamiento no puede percibir lo que está más allá  de sí mismo, su mecanismo está atrapado por su propio intento de aprehender en un concepto lo no manifiesto, filtrando, conforme a su pequeña medida, la inmensa totalidad que no se puede ajustar a ningún espacio ni a ningún tiempo (...) “El pensamiento tiene su lugar; pero el pensamiento que intenta trascender su lugar bloquea lo que está más allá”, concluye.       <br />
              <br />
       <b>La percepción del orden implicado</b>        <br />
              <br />
       David Bohm considera que la intuición es la facultad humana capacitada  para penetrar en ese  estado de cosas, y cambiar la materia misma, concluyendo que aquella, la intuición, tiene capacidad para cambiar y ordenar la propia materia cerebral. (...) “La idea es que la intuición es una inteligencia que trasciende cualquiera de las energías que podrían definirse en el pensamiento (...) Una inteligencia activa. Es activa en el sentido de que no presta atención al pensamiento. Transforma directamente la materia; puentea, por así decirlo, al pensamiento”.        <br />
              <br />
       Según la valoración que hace Bohm, el mecanismo de la intuición no sólo acalla el pensamiento, sino que actúa sobre los bloqueos originados por éste, sobre las confusiones, etc. “Es como si tomase un imán y se redispusieran las partículas de una cinta, eso. Sólo que se haría de un modo inteligente, como para eliminar el ruido y conservar limpio el mensaje” (...) “Al ser la inteligencia suprema, la intuición es capaz de reorganizar la materia estructural del cerebro que subyace por debajo del pensamiento, de suerte que quita el mensaje que origina la confusión, deja la información necesaria y el cerebro abierto para percibir la realidad de una manera diferente”. Pero, de momento está bloqueada, los condicionamientos nos bloquean, porque presionan para mantener lo que es familiar y viejo y le meten a la gente el miedo a todo lo nuevo.        <br />
              <br />
       Así que la realidad viene limitada por el mensaje que ya se ha grabado profundamente en las células cerebrales desde la primera infancia. La intuición elimina ese mensaje, la parte del mensaje que origina el bloqueo” (...) “Abre el pensamiento para que se refresque y renueve de manera que pueda operar racionalmente. Podría decirse que permanecer en este bloqueo es totalmente irracional. Es el resultado de la presión. Se adopta la idea de que este bloqueo es cierto porque elimina la presión de la incertidumbre”.        <br />
              <br />
       <b>La sincronicidad revela los significados universales</b>       <br />
              <br />
       Pero, las posibilidades de adquirir nuevas herramientas, que nos permitan acercarnos más a los contenidos de la realidad, no se han agotado; la impresión que seguimos teniendo es que estamos al comienzo del camino, aún creyendo que estamos bien “encaminados”.        <br />
              <br />
       Estas certezas se fundamentan en las implicaciones que, en otras disciplinas como la medicina, psiquiatría, psicología, pedagogía, etc., están teniendo las nuevas corrientes científico-filosóficas, generando, asimismo, una sorprendente experiencia práctica y nuevos debates teóricos, que van parejo con una visión más compleja del ser humano y del universo. La primera conclusión, a la que llegamos, es que lo que miramos y lo que somos se definen como algo único, confundido y diluido en una misma y única materia.       <br />
              <br />
       <a class="link" href="http://en.wikipedia.org/wiki/F._David_Peat" onclick="window.open(this.href,'_blank');return false;">F. David Peat</a> nos propone una reflexión que nos coloca en una perspectiva aún más honda de la propuesta por Bohm. Este autor le reconoce a la percepción, a la intuición y a la creatividad la posibilidad de llevarnos aún más lejos, en el conocimiento de la realidad, pero afirma que, “el concepto de un orden plegado sólo nos lleva hasta la mitad del camino. La naturaleza entera de la conciencia y de la mente debe contener niveles más profundos que lleguen hasta una fuente de creatividad incondicional” (...) está claro que determinados aspectos de la mente y de la conciencia parecen ser apropiados para una descripción en términos de órdenes implicados y campos de información activa” (...)        <br />
              <br />
       “En otras palabras, aunque el pensamiento y las formas materiales explicadas del mundo deben su existencia a un orden plegado oculto, son capaces de realimentar al movimiento fundamental y darle una nueva forma. Esto sugiere que la realidad se alcanza a través de un movimiento doble. En cierto sentido el universo entero está plegado en cada individuo y en cada región del espacio. La naturaleza de esta realidad, por lo tanto, se puede tocar extendiéndose hacia fuera, hacia las formas explicadas (que realimentan al segundo orden implicado) o hacia dentro, hacia el orden implicado mismo”.        <br />
              <br />
       Y aún va más lejos, cuando fija que el movimiento de los órdenes implicados y explicados no tiene por qué terminar en el nivel del segundo orden implicado, sino que puede extenderse indefinidamente hasta órdenes más profundos e incluso más sutiles. Para llegar a esos órdenes se cuenta, dice Peat, con las llamadas sincronicidades. Según este autor la sincronicidad tiene su origen en los patrones fundamentales del universo y no a través de una causalidad de impulsos y tirones que normalmente relacionamos con sucesos de la naturaleza.        <br />
              <br />
       <b>Física y Filosofía</b>       <br />
              <br />
       Por esta razón, <a class="link" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Carl_Jung" onclick="window.open(this.href,'_blank');return false;">Carl Jung</a> ha llamado a la sincronicidad un “principio conector acausal". La naturaleza de la sincronicidad se caracteriza como suceso único significativo y acausal que implicaría alguna forma de patrón. Carl Jung demuestra que el significado inherente es lo que realmente diferencia una sincronicidad de una coincidencia. La historia de la sincronicidad comienza con Carl Jung y con el físico <a class="link" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Pauli" onclick="window.open(this.href,'_blank');return false;">Wolfgang Pauli</a>, en ellos se unen los planeamientos de la física y de la filosofía.        <br />
              <br />
       La causalidad, dice Peat, no es la apropiada para explicar la complejidad de la realidad, las nuevas leyes de la emergencia y la dinámica orgánica: estructuras disipativas (Prigogine), orden implicado (Bohm), campos formativos (Sheldrake), pueden ayudar a explorar los funcionamientos internos de la sincronicidad, por lo que parece interesante seguir explorando por esas vías ya adelantadas.        <br />
              <br />
       “Las sincronicidades nos retan a construir un puente con un fundamento apoyado sobre la objetividad de la dura ciencia y el otro, sobre la subjetividad de los valores personales”. Puesto que, “la causalidad y la sincronicidad no son contradictorias sino percepciones dobles de la misma realidad fundamental”.  (...)“De este modo se hace posible conservar una experiencia objetiva de la naturaleza y un sentido del significado e interconexión de las cosas sin necesidad de rechazar el planteamiento científico, dice Peat.         <br />
              <br />
       “Es sólo cuando la causalidad, añade el autor, se lleva hasta sus límites que se descubre que el contexto real en que ocurren los sucesos debe extenderse indefinidamente. En otras palabras, todo lo que sucede en nuestro universo es causado, de hecho, por todo lo demás. Se podría considerar que la totalidad del universo se revela o se expresa en sus acontecimientos individuales. Es dentro de esta visión global que es posible considerar a las sincronicidades como sucesos significativos que se originan en el corazón de la naturaleza”.         <br />
              <br />
       Peat, siguiéndole los pasos al funcionamiento que siguen las células para construir un organismo complejo, confirma que lo que se da en la naturaleza es una cooperación para la vida, cada unidad orienta su actividad hacia un objetivo, el suyo, su propio desarrollo, y asimismo coopera con las otras unidades en un objetivo más complejo, la construcción de un órgano, de un aparato, de un sistema y de un ser vivo, que se manifiesta como unidad en sí mismo, pero que está creado y desarrollado por la labor de cada unidad.        <br />
              <br />
       Según se desprende de la aportación de Peat, la visión que hay que alimentar es aquella que trata de descubrir lo que está escondido, y se niega a construir empalizadas que lo oculten aún más; para ello hay que ir detrás de lo que se ha dado en llamar coincidencias, casualidades, azar, suerte, etc., casi siempre con connotaciones despectivas, y que sin embargo han sido fenómenos que han acompañado el devenir humano.        <br />
              <br />
       <b>Nuevo juego</b>       <br />
              <br />
       Por eso proponemos un nuevo juego, que a las coincidencias con significados íntimos para el sujeto se les reconozca el valor, por lo menos, que hasta ahora se le ha dado a cualquier factor con capacidad para entrar en los órdenes cuantitativos, para ser empíricamente reconocido, para no ser negada su existencia. El valor de ellas está, cuando menos, en que pone en marcha las preguntas y detrás de ellas la imaginación, y con ella la posibilidad de una permanente tensión con la búsqueda de la verdad que nos seduce.       <br />
              <br />
       Las coincidencias significativas (las sincronicidades) permiten que se abran grietas en nuestra visión homogénea del universo,  con ellas se rompe la rígida comprensión que tenemos y se flexibiliza esa comprensión. Al flexibilizarse, la realidad manifestada puede tornarse transparente y a partir de ahí surgir el movimiento, la luz, el color, el sonido, la no forma y, con todos ellos, la  potencia creadora.       <br />
              <br />
       También, la naturaleza de la sincronicidad o de los fenómenos que se manifiestan así, nos ayuda a abundar en la íntima relación entre las manifestaciones externas y los procesos internos, en la unidad del sujeto con el objeto que está en el campo de su atención o de su investigación. A través del lenguaje del arte, la literatura, la música o la ciencia, se despliegan o cabe pensar que se despliegan, aspectos del inconsciente que con fórmulas simbólicas nos comunican la esencia de que estamos hechos y que compartimos con toda la naturaleza. “Los muchos ejemplos de movimientos coincidentes del pensamiento, sentimiento e ideas entre grupos y disciplinas inconexos, sugieren que hay un significado más profundo más allá de estas coincidencias y sincronicidades”.        <br />
              <br />
       No hemos de extrañarnos de la existencia de un orden, de unas leyes permanentes, cuando cualquier creación, aclara este autor, (en el lenguaje, en la música, etc) está enmarcada o sometida a esas leyes que la estructura, y que no por ello, ese llamado orden, impide crear a ningún individuo: lo que se manifiesta como instrumento para ir al encuentro del inconsciente colectivo que diría Jung, u objetivo que concluiría Pauli.        <br />
              <br />
       Los mundos simultáneos que vivimos pueden ser el efecto del movimiento de las mareas de la conciencia humana. Estas mareas, producidas por las corrientes internas,  ponen de manifiesto aquellos aspectos de lo que somos, en los distintos grados o niveles del inconsciente.        <br />
              <br />
       En el lenguaje marinero diríamos que hay mar de fondo cuando lo que emerge es aquello que durante mucho tiempo ha estado oculto, mientras la superficie de la conciencia ha parecido estar en “calma chicha”, para continuar con la terminología costera. Las sincronicidades parecen ser una oportunidad para acercarnos mejor hoy al significado de los fenómenos, aunque siempre han estado ahí provocando nuestra atención.        <br />
              <br />
       Si basta con que haya un observador escudriñando el interior de la realidad manifestada, para que se produzca ese aparente resurgir de lo que está plegado, también sucede en la acción contraria. La negación militante de una realidad evocadora de algo más allá de lo que consideramos lo real, hace emerger, sincrónicamente,  otros sucesos, acausales, con significado por sí mismos, que nos animan a no dormirnos en lo obvio y a buscar lo que la paradoja trata de indicar.        <br />
              <br />
       El viejo paradigma es el que nos permite mirar y medir pero es, asimismo, el que nos dificulta levantar la mirada de lo que enfocamos. También, la mirada que fragmenta es la misma que impide ver los grandes patrones que estructuran la naturaleza y los contextos globales en que se producen los fenómenos. No parece que se pierda nada por dejar la seguridad aparente que dan los dogmas y adentrarnos en la incertidumbre provocadora que nos ofrecen los filósofos  cuánticos.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position: relative;">(Tendencias21)</div>
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   <link>http://www.tendencias21.net/Nuevas-herramientas-para-ampliar-la-percepcion-de-la-realidad_a1263.html</link>
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   <title>La física cuántica arroja una nueva visión de los procesos sociales</title>
   <pubDate>Sun, 19 Nov 2006 13:29:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Alicia Montesdeoca</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[LA RAZÓN SENSIBLE]]></dc:subject>
   <description>
<![CDATA[
El conocimiento es fruto de la experiencia social, pero nunca se es consciente de todos los acontecimientos simultáneos porque la percepción actúa a modo de barrera. Con la física cuántica, sin embargo, empezamos a entender que la realidad que observamos no tiene fronteras. Sólo existen probabilidades que propician la construcción de nuevas realidades, que se concretan según la voluntad del actor, el cual actúa como “atractor extraño” de dichas posibilidades. Sin embargo, las valoraciones sociales actuales no dejan de responder a la ilusión de que estamos viviendo un progreso lineal. Como consecuencia, se adopta una concepción determinista y trágica del ser humano y de sus funciones sociales. Luego nos sorprendemos de “la desidia y del conformismo existentes”. Por Alicia Montesdeoca.     <div style="position:relative; float:left; padding-right: 1ex;">
      <img src="http://www.tendencias21.net/photo/497924-608744.jpg" alt="La física cuántica arroja una nueva visión de los procesos sociales" title="La física cuántica arroja una nueva visión de los procesos sociales" />
     </div>
     <div>
      La unidad social no viene dada por la homogeneización del pensamiento, sino por aquella expresión colectiva que permite que el conocimiento alcanzado sea fruto de la experiencia común, en la que cada sujeto es protagonista y aporta, con sus vivencias, un matiz diferente, con lo que se obtiene una intensidad mayor del color del producto social logrado.       <br />
              <br />
       La pregunta permanente se abre paso a través de las mentes y, en su desarrollo, trata de buscar explicaciones para comprender y a la vez explicar. Este proceso, que es colectivo, siempre, en algún momento, encuentra una forma de salir a la superficie. El vehículo puede ser un individuo o un grupo. En ambos casos, estarán vinculados a la realidad que se conceptúan, y que se sintetizan, y, por lo tanto, son recolectores de los frutos que han sido cultivados en el campo de la mente social.        <br />
              <br />
       El conocimiento es, pues, un producto fruto de la experiencia, gestada y nutrida por todos, aunque no se tenga conciencia de ello, porque, aunque lo pretendamos, nunca se es consciente de todos los acontecimientos simultáneos en los que estamos involucrados. En este contexto, también, hemos de enunciar aspectos que ayuden a encontrar una comprensión mayor, para acabar con la percepción falsa de límites, separaciones, divisiones o fronteras.       <br />
              <br />
       Llegar a comprender la verdadera naturaleza del ser humano y de su entorno supone adentrarnos, a través de la maraña densa que la historia, interpretada por la ciencia, la filosofía y las religiones, ha construido sobre aquella.        <br />
              <br />
       Ken Wilber, en la introducción a su obra “La conciencia sin fronteras” dice: “Es como si nuestra percepción habitual de la realidad no fuera más que una isla insignificante, rodeada por un vasto océano de conciencia, insospechado y sin cartografiar, cuyas olas se estrellan continuamente contra los arrecifes que ha erigido a modo de barreras nuestra percepción cotidiana” .        <br />
              <br />
       <b>Fronteras</b>       <br />
              <br />
       Este autor parte del principio de que existe una unidad de conciencia o identidad suprema, la cual constituye la naturaleza y condición de todos los seres sensibles, pero, paulatinamente, vamos limitando nuestro mundo y nos apartamos de nuestra verdadera naturaleza al establecer fronteras.        <br />
              <br />
       “Efectuamos, dice, una división artificial en comportamientos de lo que percibimos: sujeto frente a objeto, vida frente a muerte, mente y cuerpo, dentro y fuera, razón e instinto, y así recurrimos a un divorcio causante de que unas experiencias interfieran con otras y exista un enfrentamiento entre distintos aspectos de la vida”.         <br />
              <br />
       La importancia de esta forma bipolar de divisiones que establecen líneas de conocimiento, “es que siempre tendemos a tratar la demarcación como si fuera real, y después manipulamos los opuestos así creados. Aparentemente, jamás cuestionamos la existencia de la demarcación como tal. Y como creemos que ésta es real, imaginamos tercamente que los opuestos son irreconciliables, algo que está para siempre separado y aparte”.         <br />
              <br />
       <b>Visión cuántica de la sociedad</b>       <br />
              <br />
       Con la física cuántica, sin embargo, empezamos a entender que la realidad que observamos ni está dividida, ni es previsible. El universo visto desde la física subatómica no tiene fronteras, ni se puede medir con exactitud cómo va a conducirse.        <br />
              <br />
       Así se descubre que, en los comportamientos de un sistema formado a partir de la construcción de “metademarcaciones”, sólo existen probabilidades, es decir, sólo se pueden ofrecer conjeturas. Con la enunciación de su principio de incertidumbre, Heisenberg pone de manifiesto el fin del “marco rígido”, el desplome de las viejas demarcaciones establecidas por la física clásica. Admitiendo la incertidumbre se admite, también, la posibilidad de cambio y de construcción de nuevas realidades, se tiene presente la potencia de la realidad, lo contingente.       <br />
              <br />
       Gary Zukav, en La Danza de los Maestros, considerada la mejor obra divulgativa de la física cuántica, dice: “La mecánica cuántica nos enseña que nosotros no estamos separados del resto del mundo, como habíamos creído. La física de las partículas nos enseña que el resto del mundo no es algo que permanece ocioso allá afuera. Por el contrario, es un brillante campo de continua creación, de transformación y, también, de aniquilamiento. Las ideas de la nueva física pueden dar lugar a que se produzcan experiencias extraordinarias cuando son captadas en su totalidad”.        <br />
              <br />
       Si proyectamos filosóficamente las conclusiones de la mecánica cuántica, podemos afirmar que no sólo influimos en nuestra realidad sino que, en cierta medida, la creamos. Es decir, podemos afirmar que materializamos ciertas propiedades en la sociedad porque elegimos medir esas propiedades.        <br />
              <br />
       El famoso físico John Wheeler escribió: “Al universo ¿lo atrae, de alguna manera, a la existencia la participación de los participantes?... El acto vital es el acto de participación. Participador es el nuevo concepto incontrovertible ofrecido por la mecánica cuántica. Derrota el término observador, de la teoría clásica, que designa al hombre que está seguro detrás de un grueso cristal protector y observa lo que ocurre a su alrededor sin participar en ello. Esto es algo que no puede hacerse en la mecánica cuántica”        <br />
              <br />
       <b>Causa y efecto de la experiencia</b>       <br />
              <br />
       Desde estas aportaciones teóricas, podemos precisar, con mejor luz, que el objeto social, tomado para el análisis, es causa y efecto de la experiencia individual y colectiva: esta experiencia se va construyendo con cada acción (entendiendo ésta como acto consciente e inconsciente; voluntario e inducido; físico y mental). De esta manera, también podemos percibir que cada presente es una captación instantánea de todos los presentes, el cual interpretamos con los recursos cotidianos de nuestro espacio tiempo.       <br />
              <br />
       En consecuencia, cualquier comunidad, en cualquier presente, es producto de los factores que laten en ese instante, con su propia impronta derivada de los elementos que están interactuando, para la configuración de esa realidad: económica, política, cultural.        <br />
              <br />
       Cada presente está impregnado así de la “información” necesaria para reproducir, en cualquier instante o en cualquier condición, el impulso de la vida con sus ciclos. Desde esta perspectiva, las sociedades se configuran como macro-células de un gran organismo planetario, sujeto a las mismas leyes de la materia cósmica que se encuentra en el universo.        <br />
              <br />
       <b>Nuevo conocimiento y viejas creencias</b>       <br />
              <br />
       Toda esta reflexión nos hace descubrir las contradicciones que existen entre las ideas que sugieren el nuevo conocimiento y las creencias que existen sobre lo que conocemos y cómo lo conocemos.       <br />
              <br />
       En primer lugar, el sujeto del conocimiento se siente el “observador de la realidad”. Una realidad que está fuera de sí mismo y a la que puede conocer objetivamente. Sin embargo, según señala en su  obra “Languages of the brain” el neurocirujano de Stanford Kart Pribram,  ese ser, en apariencia individual, que se presenta como sujeto porque se siente en ese instante “el observador”, desconoce que su cerebro es un holograma que interpreta un universo holográfico.        <br />
              <br />
       Y es que con la física cuántica aparece también el concepto de realidad como un todo que no se puede fragmentar para ser explicado, tal como ocurre con un holograma. También, la realidad aparece como potencia para la creación, donde se dan, simultáneamente, infinitas posibilidades de formas de expresión, que se concretan según la voluntad del actor, el cual actúa como <a class="link" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Atractor" onclick="window.open(this.href,'_blank');return false;">atractor extraño</a> de dichas posibilidades.        <br />
              <br />
       Para la física cuántica, cualquier realidad es posible, pero, según sea el “observador-participador” sólo se concreta una: todo es posible y sólo hay una concreción; todo es posible aunque se concrete sólo una expresión. El potencial cuántico depende de las interacciones entre las “partículas” del sistema y el contexto.       <br />
              <br />
       Si proyectamos los principios de la mecánica cuántica al escenario de lo social, podemos concluir que cualquier estructura se sostiene porque no se cuestiona. Las realidades son alimentadas por la rigidez de los pensamientos que se adueñan de nuestra capacidad de conocer, y que, como verdaderas murallas, nos impiden acceder a una comprensión mayor de aquella realidad última que perseguimos, incansablemente, los humanos de todos los tiempos.        <br />
              <br />
       La comprensión de esto nos lleva a observar la realidad a partir de su potencia de creación, no sólo de su concreción temporal, y a mirar, críticamente, la posible arbitrariedad de aquel pensamiento que se sostiene con afán categorizador, porque limita las posibilidades de conocimiento, de creación y de cambio, impidiendo que se despliegue toda aquella otra realidad que no está dentro de su ángulo de focalización.       <br />
              <br />
       <b>El pensamiento social, de espaldas al conocimiento científico</b>       <br />
              <br />
       Por eso, las valoraciones sociales que hoy se hacen y que marcan profundamente la acción, no dejan de responder a una ilusión: la ilusión de que estamos viviendo un progreso lineal. Una linealidad que somete a la sociedad y a sus individuos a la creencia misma en dicha ilusión y que se retroalimenta con una formación a-crítica, generadora de conductas individualistas.        <br />
              <br />
       Las opciones sociales, nunca fruto de la elección personal sino del discurso con mayor autoridad y prestigio temporal, no suelen ser cuestionadas por las ciencias humanas, que se limitan a relatarlas. Las ciencias humanas, también, quedan atrapadas en ese discurso y en la ilusión evolucionista (lineal), a pesar de los nuevos conocimientos sobre la realidad que provienen, fundamentalmente, de las nuevas ciencias físicas y biológicas.       <br />
              <br />
       Las consecuencias prácticas son trascendentales. Tomada “la realidad social”, como un universo aislado, estático, inercial y previsible, se cae en el análisis de los valores “imperantes” en bloque. De esta forma no se tiene en cuenta la coyuntura en la que los valores se producen, dándoseles categoría de absolutos y pensando siempre que son consecuencia de un proceso civilizador. Este análisis no considera la importancia de las creencias en las bondades del modelo imperante, sostén imprescindible para la existencia de dicho modelo.        <br />
              <br />
       Es el precio del desarrollo, se afirma, dando por sentado que las consecuencias no deseadas son fruto de una ley de compensación natural contra la que no se puede hacer nada. Una afirmación que se niega a mirar las distorsiones que se producen a causa de la propia visión fragmentadora o categorizadora que la caracteriza.       <br />
              <br />
       Como consecuencia, se adopta una perspectiva del presente que juzga el aquí y ahora con una concepción determinista y trágica del ser humano y de sus funciones sociales. Al sujeto se le supone, aparentemente por consenso, sin esencia alguna que le sirva de timón, gobernado por los valores especulativos, sin intereses que no sean los propuestos por el mercado, sin impulsos de proyección, sin potencial ni esperanza para construir algo distinto al ideal que se predica. En definitiva, sin capacidad de reacción.        <br />
              <br />
       <b>Agujero negro social</b>       <br />
              <br />
       Con esta visión funcional, el sujeto parece quedar atrapado por las leyes del sistema y engullido por un enorme “agujero negro” de “no vida”. Esta visión abarca, mecánicamente, al sujeto de todas las culturas, de todos los estratos sociales, que de esta forma queda convertido en una abstracción esperpéntica: el ciudadano es un tipo sin alma; una marioneta sin voluntad, movida por los vientos de la especulación y el mercantilismo, gobernada por un discurso vacío del que permanentemente se hacen eco, multiplicando sus efectos, los llamados “medios de comunicación”.        <br />
              <br />
       Es como si la “muerte de Dios” por decreto, incluyera la desaparición del sujeto como expresión de un espíritu con voluntad creadora.  Ese sujeto sin espíritu, sin voluntad, sin sentimientos, es un ente vacío, robotizado, dirigido con mando a distancia (a cuanta más distancia de él mejor se le dirige): de ahí a carecer de responsabilidad en sus actos no hay ni un paso.        <br />
              <br />
       Luego nos sorprendemos de “la desidia y del conformismo existentes”, de los niveles que alcanzan los conflictos, de las características que adoptan las violencias, de la magnitud de los integrismos, de la masiva aceptación de las políticas neo-nazis... de los modos suicidas con que nuestros jóvenes “viven  a tope” sus mejores años: cada vez se les dificulta más el encuentro con la identidad, también las referencias para alimentarla. Todo ello porque la mirada adolece de un grado intenso de miopía para ver a lo lejos y en múltiples direcciones.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position: relative;">(Tendencias21)</div>
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   <link>http://www.tendencias21.net/La-fisica-cuantica-arroja-una-nueva-vision-de-los-procesos-sociales_a1239.html</link>
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   <title>La realidad sin fronteras es el nuevo paradigma del conocimiento social</title>
   <pubDate>Sat, 04 Nov 2006 14:35:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Alicia Montesdeoca</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[LA RAZÓN SENSIBLE]]></dc:subject>
   <description>
<![CDATA[
Existe en todos los seres humanos de todos los tiempos una tendencia a lo trascendente que toma distintas apariencias. Es la forma en la que el sujeto se proyecta hacia la realidad tratando de entenderla o construirla. El impulso de trascendencia está vinculado a la esperanza en que el futuro existe, cualquiera que sea su materialización. Por eso queremos influir en él y ayudarlo a construir, aunque sepamos que es en esta acción en la que el sujeto se conoce y se construye a sí mismo. Esa corriente interna que constituye la justificación de una vida humana, y que la dignifica, parece ser el aliento permanente en toda la especie y de toda la materia. También nos habla de lo no manifestado que intuimos que existe, lo cual nos nutre la fe en el futuro, y la esperanza en que nuevas creaciones nos lo anuncien. Por eso, para buscar sin prejuicios, no hay que establecer fronteras. Por Alicia Montesdeoca.     <div style="position:relative; float:left; padding-right: 1ex;">
      <img src="http://www.tendencias21.net/photo/486433-595438.jpg" alt="La realidad sin fronteras es el nuevo paradigma del conocimiento social" title="La realidad sin fronteras es el nuevo paradigma del conocimiento social" />
     </div>
     <div>
      La sociedad, tal y como hoy se percibe y se explica, es una trampa que atrapa en su sistema a sus miembros. Todo es tan previsible, todo está tan racionalmente explicado y justificado, que hace preguntarnos: ¿dónde está la vida? ¿Cómo se abren las grietas de esta armadura social para que ella emerja con su fuerza renovadora? ¿Cómo se manifiesta en los individuos, aunque estos se conduzcan como si no existiese su impulso creador?       <br />
              <br />
       Otra cuestión, que por obvia suele soslayarse, es la que nos hace preguntarnos de quién y de qué hablamos cuando decimos “sociedad hoy”. En una sociedad compleja como en la que vivimos, abierta, plural, con modelos democráticos, más o menos admitidos y más o menos desarrollados, modelos que son contemporáneos de otras formas de organización social que responden a la diversidad social mundial, no podemos hablar en singular cuando nos referimos a ella: si hay otros mundos, todos están dentro de nuestro mundo; si hay otras sociedades, todas están dentro de nuestra sociedad; si podemos hablar de etapas históricas humanas, todas las estamos viviendo simultáneamente.        <br />
              <br />
       Por lo tanto, hemos de ser conscientes de la domesticación que padece nuestra mirada, obsesionada en la creación de una teoría cuyo objetivo principal es alcanzar una explicación que le sirva como único mapa, para colocarlo encima de esta realidad social tan diversa, aplastándola al pretenderla ajustar al molde teórico creado, a pesar de que ella se  desborda por todos los costados, pues no hay una explicación única del mundo, y todas las que existen guardan relación entre sí, todas explican la realidad, de alguna manera, y en todas las explicaciones está la verdad que se perseguía.       <br />
              <br />
       ¿Y qué es el ser humano? ¿Sólo un producto de la sociedad? ¡Triste suerte la de ese ser y la de esa sociedad que así se construye!: crea una jaula de hierro, se mete en ella, cierra con llave y tira la llave fuera de la jaula. Esta dinámica origina serias contradicciones, ¿Cómo se resuelven? Acumulando sobre ellas cascotes que las ocultan. ¿Y el dolor que produce? ¿Hacia dónde conduce el hambre, la enfermedad, la muerte, las guerras? ¿La persistencia de las desigualdades, no es suficiente motor para provocar una reflexión distinta de aquella que se limita a escribir la crónica de lo que observa?        <br />
              <br />
       Esta actitud positivista hace perder pronto la inquietud por la pregunta permanente y lleva a generar un espíritu conservador, ante el pequeño reto que supone llegar a la cúspide de una simple meseta. Todo parece terminar cuando ese espíritu se asienta sobre una conclusión teórica (con pretensiones de explicarlo todo), fría y distante, y que en su elaboración ha huido de contaminarse, pretendiendo, con ello, ser objetiva.       <br />
              <br />
       Sin embargo, el posicionamiento que adoptamos en este análisis es el de situarlo en la misma perspectiva en la que se sitúa esta autora: descubriendo y reconociendo las peculiaridades del propio ángulo. Un ángulo que está fundamentalmente dominado por lo “sensible”. Es éste, también, la perspectiva para vivir individualmente, y en sociedad, de esta mujer que habla desde su feminidad, desde su maternidad, desde la esperanza y la creencia en que la vida nos crea, nos conduce y nos protege, si asumimos sus leyes como patrones para vivir y convivir.       <br />
              <br />
       <b>El instinto como aliento de vida</b>       <br />
              <br />
       Esta posición le lleva a sentir y pensar que es el instinto el aliento de la vida. El mismo impulso que conduce los comportamientos en los grandes conflictos y en los acontecimientos cotidianos,  y que en las mujeres parece estar más en la epidermis. Ellas son, principalmente, las que tratan de conservar y de defender la vida: son las mujeres de la “Plaza de Mayo”, que no se rinden; son las mujeres del “Tercer Mundo”, que luchan por sus descendencias contra las hambrunas, las enfermedades y  las guerras que les esquilman; son las mujeres del “Primer Mundo”, llenas de contradicciones porque no terminan de asumir el modelo modernista que se les propone o se les impone. Todas, y a pesar de todo, poniendo en evidencia que existe una fuerza distinta que no se deja domesticar, aunque las apariencias traten de ocultar esta verdad.       <br />
              <br />
       Por eso, no voy a hablar de mí como mujer, voy a ser mujer para hablar de la fuerza de la vida que se manifiesta y que sostiene la realidad social. A través de este modelo trato de evidenciar a esa fuerza (la vida) que se quiere domesticar a través de las religiones, las ideologías, la ciencia y la tecnología. Ella aparenta dejar hacer hasta la saturación de las contradicciones generadas por aquellos modelos que pretenden construir al ser humano sólo como “sujeto pensante”.        <br />
              <br />
       Y, así, hemos llegado a una sociedad en la que una parte ha alcanzado importantes niveles de desarrollo, de comodidad, de saturación de objetos y de servicios y, también, ha “logrado” una importante y grave desconexión del mundo sensible. Sin embargo, la vida sigue latiendo y, si queremos, podemos descubrir su juego mirando transversalmente toda esa acción humana.       <br />
              <br />
       De otra manera, a la vida sólo la vamos a poder observar en su forma “salvaje”;  allí donde los acontecimientos y las contradicciones se han agudizado; allí donde las sociedades nuevas tratan de sobrevivir, y observar qué savia emerge (nueva o vieja, la única) para renovar el mundo; allí donde, aún, las formas tradicionales de relación, y los valores que atesoran, no se han ocultado en la lucha por obtener lo material.       <br />
              <br />
       Lo que se reivindica, en esta forma de buscar conocimiento, no es una petición que encierra un “déjame mirar y déjame expresarme”. La propuesta es: observa como miro; escucha lo que expreso; reflexiona cómo interpreto la realidad que vivo, detrás de ello hay una vivencia individual fruto de una experiencia colectiva, una búsqueda permanente de respuestas sobre la verdad, aunque ésta siempre esté sugiriéndose y sepamos que no se va a manifestar en su totalidad.        <br />
              <br />
       <b>Actuar desde el corazón</b>       <br />
              <br />
       Por eso, quiero permitirme actuar según sea el impulso que nace desde el corazón y desde las entrañas, y que la cabeza le dé sólo la forma para expresar el saber que siento. Es decir, el conocimiento como certezas que fluyen a través de los poros y que no proceden de la racionalización, sino de una especie de memoria acumulada en el cuerpo, la cual se despierta ante estímulos que conectan con la esencia del universo, haciéndonos participar, por unos instantes, de algo inmenso que no se puede atrapar, pero que como una brújula orienta nuestra búsqueda de esas certezas.       <br />
              <br />
       Para ello observo la realidad construyéndose en un eterno movimiento. Movimiento que identifico como un proceso y que tiene que verse como etapas de un ciclo entre vida y muerte. Un ciclo que puede ser expresado como ciclos vitales, o como ciclos temporales o ciclos espaciales... o todos a la vez, pero que nos han de descubrir el punto en el que se encuentran las realidades que estamos observando y que estamos viviendo, porque el observador o la observadora, de esa realidad, está íntimamente dentro de ese proceso: es el investigador parte de lo investigado.        <br />
              <br />
       En realidad es la experiencia vital la que sirve de medio para que el proceso se ponga en marcha, se materialice. Esto, necesariamente, lleva al actor a sentir que es un factor involucrado en el juego del proceso, un proceso que es interno y externo. Así, al analizar aquello que enfoca, ve y conoce su realidad interna. Es decir, mira aquello que le habla de sí mismo, y en su actuar crea una realidad que interacciona con la de los otros, y que propicia una nueva que le devuelve una mayor perspectiva, y una profundización mayor de qué es y  quién es.       <br />
              <br />
       <b>La fuente de la acción consciente</b>       <br />
              <br />
       Con todo esto, lo que se pone en evidencia es la fuente desde donde nace la acción consciente. Es una fuente interna que se nutre y se renueva constantemente. Si se pierde de vista esta perspectiva interna, se pierde o se adormece la creatividad, y se le cede el protagonismo al objeto, y el objeto no tiene por qué estar conectado con la vida, porque el objeto del que se habla es aquel que ha sido creado por el actor: él no se crea.       <br />
              <br />
       Dos compromisos mueven esta perspectiva: uno como socióloga. Este compromiso me impulsa a adoptar una posición determinada para analizar la sociedad desde la esperanza, observando aquellos procesos que dan sentido a la construcción de la vida social, sobre todo en lo que se refiere a la construcción de aquellos valores que permiten una interacción más justa y solidaria, y una posibilidad para el futuro.        <br />
              <br />
       El segundo compromiso, como creadora, tratando de construir un discurso que hable de la esencia que moviliza la voluntad de hacer del alma, un alma que hace latir su creación y que ama lo que crea porque siente la necesidad de estar viva, la necesidad de vivir, totalmente, las experiencias vitales humanas: experiencias de placer y de dolor, de nacimiento, y también de muerte. Con todo ello nosotros contamos para construir una reflexión que nos lleve a la comprensión del sentido de nuestra acción, compartiendo con los demás, sin reparos, vivencias, encarnación y teorías.       <br />
              <br />
       Esto parte de la creencia de que existe en todos los seres humanos de todos los tiempos una tendencia a lo trascendente que toma distintas apariencias, se arropa de distintas maneras, se justifica con distintos ideales y se argumenta de distintos modos. Es la forma en la que el sujeto se proyecta hacia la realidad tratando de entenderla o construirla. El impulso de trascendencia está vinculado a la esperanza en que el futuro existe, cualquiera que sea su materialización. Por eso queremos influir en él y ayudarlo a construir, aunque sepamos que es en esta acción en la que el sujeto se conoce y se construye a sí mismo.       <br />
              <br />
       “La trascendencia es como un ímpetu que se difunde en todo sentido, que acaso se realiza en largos trayectos de manera seguida y continua, pero sin que esta continuidad constituya para ella la ley” (...): “ser es trascender”, resume Francisco Romero . (...) “El trascender llega a su pureza y perfección, continúa este autor, en cuanto trascender hacia los valores, en cuanto limpio y veraz reconocimiento y ejecución de lo que debe ser”(...)        <br />
              <br />
       Por eso, lo importante, en todo análisis, es ir al fondo de cualquier argumentación, tratar de dar con aquella corriente interna que impulsa la corriente de la superficie, y que adopta la forma cultural que en ese momento histórico sea determinante para alimentar la intención profunda que motivan las acciones. Esa corriente interna que constituye la justificación de una vida humana, y que la dignifica, parece ser el aliento permanente en toda la especie y de toda la materia. También nos habla de lo no manifestado que intuimos que existe, lo cual nos nutre la fe en el futuro, y la esperanza en que nuevas creaciones nos lo anuncien.       <br />
              <br />
       Fijados en esta posición, vayamos a tratar de aprovechar aquellas luces que encendieron la intención de trascendencia de cualquier teoría, sin enredarnos en aquellas ya integradas, aceptando que las que hoy nos sirven como explicación a los hombres y mujeres de este siglo, mañana serán vistas como insuficientes, y sólo quedará como válido aquel intento de buscar respuestas a las inquietudes eternas que anidan en el pecho de los individuos, y que se manifiestan con distinto ímpetu en cada época, según sean los valores que se hayan establecido, haciendo que nos sintamos un solo y único corazón que late en el mismo cosmos. Por eso, para buscar sin prejuicios, no hay que establecer fronteras.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position: relative;">(Tendencias21)</div>
]]>
</description>
   <photo:imgsrc>http://www.tendencias21.net/photo/imagette-486433-595438.jpg</photo:imgsrc>
   <link>http://www.tendencias21.net/La-realidad-sin-fronteras-es-el-nuevo-paradigma-del-conocimiento-social_a1214.html</link>
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   <title>La potencia creadora de lo sensible</title>
   <pubDate>Fri, 20 Oct 2006 11:43:00 +0200</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Alicia Montesdeoca</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[LA RAZÓN SENSIBLE]]></dc:subject>
   <description>
<![CDATA[
Mirar la realidad desde la perspectiva de lo sensible supone proponernos conocer desde lo vital, no sólo  desde lo racional,  porque no es una mirada que se orienta hacia un ángulo más o menos amplio, sino una conciencia de ser. Es un estado de conciencia en el que la estructura y la vida emergentes se perciben integralmente, sin divisiones. Es dar con la mirada que nos permita encontrar la unidad que se expresa de diferente manera, proyectando de ese modo su complejidad. Esta perspectiva conduce a un sujeto que interactúa en un entorno y que crea e interpreta la realidad que es el todo. Por Alicia Montesdeoca.     <div style="position:relative; float:left; padding-right: 1ex;">
      <img src="http://www.tendencias21.net/photo/474742-581452.jpg" alt="La potencia creadora de lo sensible" title="La potencia creadora de lo sensible" />
     </div>
     <div>
      Los modelos que hoy se construyen para interpretar el pasado, para entender el presente o para conocer lo que va a pasar en el futuro inmediato o a largo plazo, siguen adoleciendo de una visión clásica: se prevén comportamientos de la población, del tiempo, de la enfermedad, de las tropas enemigas, etc., sin tener en cuenta que hay factores presentes en todo proceso que generan incertidumbre, como la voluntad o la creatividad, porque no hay un patrón de medida para ellos.        <br />
              <br />
       Se plantea, detrás de este esquema clásico causal, que la libertad no existe, que la creatividad tiene sus límites, que todo está creado y que no se puede producir nada nuevo en la vida, ni en su comportamiento. Trasladado esto a la sociedad, ya todo está dicho, ahora sólo cabe decir amén.       <br />
              <br />
       Cuando las ideas se institucionalizan como verdades alcanzadas y perennes, aprisionan a quienes las adoptan porque se toman como dogmas. Aunque la verdad es que ellas nacen de la experiencia vivida, en un espacio y en un tiempo, y que iluminan el camino que se traza para seguir, el proceso “institucionalizador” termina por convertirlas en una enorme losa que impide continuar andando.        <br />
              <br />
       La mejor actitud, entonces, es reconocerlas como interpretaciones de hechos de nuestra historia, y, tras agradecerles el recorrido efectuado, abandonarlas para volver a encender nuevas luces,  con la nueva verdad que las antiguas ideas y la experiencia vivida nos han permitido construir, junto a la inspiración que permanece conectada al espíritu de los seres humanos.       <br />
              <br />
       La nueva enseñanza para esta nueva andadura es que las ideas, los pensamientos, las teorías, han de ser como  candiles que se agotan cumpliendo un papel, y que, tras esta tarea, nos queda el recuerdo de que su luz permitió que nuestros pasos fueran más firmes, hasta alcanzar el objetivo que fijaron, pero que no nos obligan a guardar su sombra. Hay que aprender a no apegarnos a nada. Para esta aventura hay que estar ligeros de equipaje y, así, poder sobrevolar las dificultades de lo establecido como normal.        <br />
              <br />
       Es la única forma de prepararnos para enfrentar los problemas nuevos y viejos que se detectan en la experiencia humana actual, y a los que estamos obligados a dar respuestas, colaborando conscientemente con la vida que late de manera distinta en cada individuo y en cada presente.        <br />
              <br />
       Nada se puede convertir en dogma: los modelos de vida no han de esclavizarnos. Esto no puede suponer caer en el relativismo: supone el amor a la vida; la aceptación de todas sus manifestaciones, todas perfectas, todas con sentido.        <br />
              <br />
       <b>Observador y participador</b>       <br />
              <br />
       En la línea que venimos reflexionando, queremos introducir un nuevo ingrediente, por razón de coherencia con lo que pensamos y sentimos. Este nuevo ingrediente es el que nos hace llamar socióloga o sociólogo a aquellos que cuentan con ciencia pero, también, con arte, para construir un pensamiento sociológico que nos aproxima mejor al conocimiento de la realidad social que vivieron o que viven.       <br />
              <br />
       Somos conscientes de que, con este enfoque, entramos de lleno en el largo debate sobre la sociología como ciencia, sabiendo que no queremos debatir sobre ello. Lo que queremos añadir, y ahí queda para que reflexionemos mejor en otra ocasión, es que la sociología, como toda ciencia humana, está llena de intuiciones, llena de sentimientos y emociones, llena de deseos de plasmación de un modelo interno que vive en cada uno de los que se interesan, profundamente, por su sociedad. También, que más que “observador” de la realidad, todo teórico es un “participador” de la misma       <br />
              <br />
       Por ello, un cuadro, una novela, una sinfonía, una canción, están llenos de contenido sociológico: son documentos básicos para comprender la realidad social. Resulta paradójico, pues, que desliguemos a la sociología de los ingredientes intuitivos, aquellos que nos hacen comprender la realidad antes de categorizarla.       <br />
              <br />
       Para que la sociología siga madurando y adquiera la capacidad de renovarse permanentemente, respondiendo a las preguntas que la evolución de la acción humana va originando, no puede dejar de ser, asimismo, objeto y sujeto de la realidad que estudia: conociendo como conoce; descubriendo con qué valores mira; sabiendo, en cada instante, en qué espacio-tiempo se encuentra, y mirando el presente como un ámbito de creación que no permite control alguno de la obra que crea, sino que, ésta, una vez puesta en sociedad, evoluciona y se desarrolla, aprendiendo asimismo de este proceso, porque es su propio proceso y porque el futuro está implícito en él.       <br />
              <br />
       Mucho de esto nos sugiere la obra de Concepción Arenal “La mujer del porvenir” (Obras Completas II. Vigo, 2000. (Pág. 93). <span style="font-style:italic">La ciencia y la razón, dice esta autora, tienen su puesto, la benevolencia y la ternura tienen el suyo, y es absurdo, prescindir del sentimiento. Medítese la historia y se verá cuántos siglos necesita a veces la razón para llegar a la justicia que el corazón comprende instantáneamente</span>.       <br />
              <br />
       También Maffesoli en el “Elogio de la razón sensible” (Paidos Studio, Barcelona, 1995. páginas 23,27,28 y 35), nos propone <span style="font-style:italic">una visión intuitiva del mundo contemporáneo</span>, sugiriendo, (...) <span style="font-style:italic">Una sociología de la caricia, de alguna manera, que ya no tiene que ver con el arañazo conceptual”; (...) “la pasión, el sentimiento, la emoción y el afecto juegan (vuelven a jugar) un papel de primer plano. Si queremos, pues, dar cuenta de ello es importante encontrar los instrumentos adecuados, y la metáfora forma parte de ellos.</span>        <br />
              <br />
       Haciéndose eco de las palabras de Paul Valery, trata de reforzar su propuesta de una nueva manera de mirar y de explicar lo que se ve. El poeta <span style="font-style:italic">designa como fuerza bruta del concepto</span>, dice Maffesoli, a (...) <span style="font-style:italic">esa actitud intelectual que depura, reduce, analiza, y podríamos encontrar, hasta el infinito, expresiones (...) corta, trocea la realidad para hacerla entrar, a la fuerza si fuera necesario, dentro de un modelo establecido a priori</span>.       <br />
              <br />
       <b>Conocer desde lo vital</b>       <br />
              <br />
       Mirar la realidad desde la perspectiva de lo sensible supone proponernos conocer desde lo vital, no sólo  desde lo racional. Porque no es una mirada que se orienta hacia un ángulo más o menos amplio, más o menos de primero, de segundo, de tercero... o de cuarto orden, es una conciencia de ser. Es un estado de conciencia abarcable, donde la estructura y la vida emergentes se perciben integralmente, sin divisiones. Es dar con la mirada que nos permita encontrar la unidad que se expresa de diferente manera, proyectando de ese modo su complejidad.       <br />
              <br />
       El método científico establece una única perspectiva, la que nace a partir de “lo real”, de lo cuantificable, de lo tangible, de lo contrastable. Para ello necesita de un código y de un consenso: una única perspectiva, una única expresión simbólica, una aceptación o sometimiento universal, una racionalidad. La ciencia ha hecho tal reducción de la realidad, con ese intento de explicarla sin contaminarse, que el resultado es el esperpento.        <br />
              <br />
       Ilia Prigogine tiene, también, claras objeciones para ese reduccionismo de la ciencia. Las ciencias, apunta David Peat en “Sincronicidad, puente entre mente y materia” ( Kairos, pág. 208, <span style="font-style:italic">están basadas en la observación de que cualquier nivel de explicación es dependiente, y está condicionado por conceptos y significados que surgen de otros niveles. Por lo tanto, es lógicamente imposible construir un solo nivel básico de explicación sobre el que se deba fundamentar todo conocimiento científico (...) Se descubrirá finalmente que tal nivel depende de otros niveles y, por lo tanto, no puede ser único</span>.        <br />
              <br />
       Lo que denominamos “lo real” parecen ser patrones de expresión de la realidad, no manifestación de ésta, es una percepción de nuestros sentidos, que nuestro cerebro interpreta a través de categorías que él mismo crea. A esa realidad percibida David Bohm la denomina el orden desplegado, a diferencia del orden implicado, o no desplegado, por no manifiesto.        <br />
              <br />
       <b>Conocimiento bipolar</b>       <br />
              <br />
       Como sabemos, nuestro modelo de conocimiento está caracterizado por el predominio de la racionalidad occidental, tangible, rígida, soberbia, discriminadora, que rechaza lo que no es demostrable y termina ignorando y negando la existencia de lo que rechazó porque no se ajustaba al esquema. Se centra en los valores intelectuales y olvida el mundo sensible, perdiendo, de este modo, una importante fuente de conocimiento: lo bueno, valioso y digno de conservar es sólo aquello que entra dentro del ángulo racional.        <br />
              <br />
       Es una perspectiva de conocimiento bipolar, y, por su propia naturaleza, esta perspectiva es guerrera, pues crea, continuamente, posiciones de confrontación, como método para avanzar en la comprensión de la realidad. Puede abarcar todas las manifestaciones del espíritu humano, pero su objetivo es poseerlas, no compartirlas, ni gozarlas y dejarlas fluir, ya que no han de ser un medio de poder. Este modelo vive, permanentemente, en la ilusión y en el espejismo, debido a la creencia en que ha llegado a “la verdad” cada vez que alcanza un pequeño estadio.       <br />
              <br />
       Como consecuencia de todo ello se generan reflexiones y teorías que enmarcan y delimitan el campo de observación de lo real, condicionando la afluencia de disensos, por un lado, y de conflictos o contradicciones, por otro lado. Porque el método científico sólo acepta aquello que es demostrable a partir de una experiencia de “laboratorio”, donde la hipótesis es confirmada como cierta porque las condiciones que crea son las idóneas para corroborar positivamente sus premisas.       <br />
              <br />
       Nuevas aportaciones teóricas, nuevas cuestiones de reflexión o nuevas teorías contrastadas, estarán siempre marcadas por el mismo campo de percepción: el de la verdad científica. Aunque introduzcamos la complejidad, aunque partamos del caos, la incertidumbre, la interdisciplinariedad, la teoría de sistemas, etc., si sólo usamos esta perspectiva, terminamos poniéndole vallas al campo. Con el método científico queremos confirmar que estamos en lo cierto, no que nos sabemos limitados.        <br />
              <br />
       <b>“Abarcar las estrellas”</b>       <br />
              <br />
       Sin embargo, lo importante es aceptar que con total probabilidad estamos equivocados, porque la meta más importante es que la conciencia de ser y el conocimiento de la realidad de ese ser ha de “abarcar las estrellas”, y no conformarse con la explicación que le da el ángulo de focalización de su mirada sobre un punto concreto del universo, ignorando las no dimensiones del éste, y pretendiendo haber dado con su explicación.       <br />
              <br />
       Por el contrario, no se ha hecho el esfuerzo suficiente para comprender los recursos que aporta el conocimiento desde lo sensible. Sus cualidades pertenecen al ámbito de lo que siempre se ha rechazado por incomprensible y no cuantificable, cuando no se hace una instrumentalización de lo sensible en función de viejos modelos.        <br />
              <br />
       Pero lo sensible aporta una mirada abarcadora; no se plantea la forma de conocimiento desde la confrontación, sino desde la comprensión natural de lo complejo como el principio de la existencia; la apreciación de lo real desde el goce de cómo la realidad se manifiesta, entendiendo que sólo gozando de ella nos podemos aproximar, algo, a su comprensión.        <br />
              <br />
       No ha de interesarnos tener una salida teórica para siempre, una explicación “coherente” que nos deje tranquilos con su respuesta, y sin preguntas. Nos interesa estar vivos, y así poder percibir las limitaciones para comprender, sentirnos cómodos y sin complejos en la ignorancia. No es poder lo que necesitamos, sí el sentimiento de estar participando de la vida, mientras ésta nos haga partícipe de su devenir.        <br />
              <br />
       Poder gozar con lo cómodo que resulta dejarse llevar por su corriente, sin resistencia y sin querer atrapar “el océano en un cubo”, y no sentirse arrastrado por el flujo que emana del deseo de control y poder, producto de la miopía humana, que no nos lleva a ningún lado, sólo a la confusión y a la angustia. En este aspecto, Simmel resulta interesante, porque descubre las oscuridades y las luces de la sociedad humana, mientras él permanece, parece, sin ser abatido por las propias pasiones de aquella.       <br />
              <br />
       <b>Integrar perspectivas</b>       <br />
              <br />
       Para poder ser creativos en esta perspectiva que se propone, hemos de empezar por acabar con ese tirano interiorizado que censura todos nuestros actos y que fomenta la inseguridad y el miedo:  ese dios que lo ve todo, fiscalizador, controlador, juez que condena a los que se salen fuera de lo previsible y lo correcto, que promete castigos, menosprecio y marginación a los que no reconocen la autoridad eternamente establecida, y que se atreven a mirar, observar, pensar, reflexionar, analizar, interpretar, concluir y expresarse por su cuenta, y sin su beneplácito.       <br />
              <br />
       No se pretende conocer la vieja perspectiva para rechazarla o combatirla, lo que se persigue es integrarla. Tratar de usar la herramienta de la “forma” para que nos ayude a descubrir la esencia del contenido. Asimismo, partir del sujeto, del sujeto como vida, del sujeto que actúa con intenciones, y del otro (ambos son simultáneos) que al socializarse renuncia porque ha asumido los códigos, y se ha confundido en ellos, pareciendo estar desconectado de la vida, porque ha olvidado “quién es” y lo ha sustituido por “lo que es”.        <br />
              <br />
       Esta perspectiva del sujeto como ser, como esencia, como existencia y como sustancia, no como apariencia, no nos lleva a un sujeto frustrado, a causa de que se valora a partir de la temporalidad espacial de sus condiciones y condicionamientos. No es un sujeto únicamente visto desde el afuera, un afuera sometido a los avatares históricos, al movimiento de lo externo, que sí le condicionan pero que no lo determinan, únicamente. Es el sujeto que interactúa en un entorno y que crea e interpreta la realidad que es el todo.       <br />
              <br />
              <br />
              <br />
              <br />
       Alicia Montesdeoca es socióloga. Este artículo es parte del ensayo inédito “Aproximaciones a una nueva epistemología social”.       <br />
              <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position: relative;">(Tendencias21)</div>
]]>
</description>
   <photo:imgsrc>http://www.tendencias21.net/photo/imagette-474742-581452.jpg</photo:imgsrc>
   <link>http://www.tendencias21.net/La-potencia-creadora-de-lo-sensible_a1187.html</link>
  </item>

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   <title>Mensaje desde el maltrato</title>
   <pubDate>Sun, 20 Jun 2004 00:00:00 +0200</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Alicia Montesdeoca</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[LA RAZÓN SENSIBLE]]></dc:subject>
   <description>
<![CDATA[
Los maltratos que sufre la mujer a manos de su pareja aumentan cada día, generando alarmismo social y una exposición superficial del fenómeno que tipifica al hombre como violento y enloquecido y a la mujer como mártir. Pero al profundizar en la reflexión, descubrimos la confusión de identidades que padecen hombres y mujeres, así como las responsabilidades femeninas que aparecen en este proceso. También constatamos que los hombres y las mujeres son igualmente víctimas de un modelo de convivencia que se derrumba y que para poder calibrar el alcance de estos cambios, se necesita la cooperación de ambos. Esta acción conjunta es la única que puede permitir integrar la nueva visión de la realidad sin que se pierda la dignidad de cada uno de los componentes de la pareja, ni que se destruya la convivencia. Por Alicia Montesdeoca.     <div style="position:relative; float:left; padding-right: 1ex;">
      <img src="http://www.tendencias21.net/photo/68210-102182.jpg" alt="Mensaje desde el maltrato" title="Mensaje desde el maltrato" />
     </div>
     <div>
      Cada día nos tropezamos con la dolorosa noticia de una nueva mujer que ha sido maltratada por su pareja hasta morir. Las circunstancias de estas tragedias, tal y como se van contando a través de los medios de comunicación, van tomando unas características homogéneas.        <br />
              <br />
       El mal-tratador y la mal-tratada responden a unos tipos definidos por unas conductas determinadas: él, hombre violento y enloquecido que acaba con la vida de su compañera, que supuestamente le ha traicionado (no se dice cómo); ella, sin embargo, es una buena persona que “nunca dio que hablar”.        <br />
              <br />
       La información, en general, se estructura de tal manera que genera un estado de opinión alarmista, como si estuviéramos ante una epidemia incontrolada: la vida doméstica es un lugar de riesgo para las mujeres que pueden caer inocentemente en manos de unos hombres que, por no se sabe qué razones, tienen una naturaleza “agresiva y dominante”.       <br />
              <br />
       Esta es la interpretación que se da desde los medios y desde los movimientos de reacción ciudadanos, que asisten asombrados al fenómeno y buscan respuestas en esquemas simples y tradicionales. Una interpretación que crea cultura a partir de una exposición superficial de un fenómeno, haciéndose hincapié en la violencia del agresor y en el martirio de la víctima, como únicos factores esenciales.        <br />
              <br />
       De esta manera, se da pie a un tipo uniforme de respuesta que en absoluto pone luz sobre un fenómeno. Esta dramática realidad, expresa, sin embargo, el estado de confusión e indefinición que existe en los actores y en sus relaciones familiares y sociales, como consecuencia de los profundos cambios a los que estamos abocados en el futuro, tal y como parece vislumbrarse hoy.        <br />
              <br />
       <b>Soluciones desenfocadas</b>       <br />
              <br />
       Por otro lado, se buscan soluciones para este fenómeno, tratando de ajustar de nuevo la realidad y siguiendo patrones de conducta tradicionales, es decir, atacar lo local pretendiendo con ello acabar con la enfermedad, sin cuestionarse su verdadero y complejo origen.        <br />
              <br />
       Por eso, estos problemas se tratan desde el objetivo único de luchar por la destrucción de la conducta agresiva, desarrollando nuevas leyes, empleando más fuerza represiva y buscando la interpretación de los expertos de la conducta humana, los cuales quedan atrapados en los síntomas del fenómeno si para su diagnóstico lo aíslan de su contexto y del contexto en el que se dan otras circunstancias con las que interaccionan.        <br />
              <br />
       La prevención, dicen, se hace desde la escuela, con una educación en la igualdad. Para ello, también se estudian los posibles síntomas entre los adolescentes, tratándose de detectar conductas sospechosas.        <br />
              <br />
       En este campo hemos visto como se instruye de diferente manera a chicos y a chicas, dando por hecho que los chicos son probables agresores y las chicas sus víctimas. Para confirmar esta hipótesis no dudan en someter a los alumnos y alumnas a test de identificación (de agresor y víctima).       <br />
              <br />
       Esos nos lleva a preguntarnos, en el caso de detectar alguna tendencia agresiva, (cosa que por otro lado no sería de extrañar, habida cuenta de las edades de estos muchachos y muchachas y de la sociedad del espectáculo en la que vivimos), ¿qué vamos a hacer con los casos “sospechosos” de encerrar un futuro mal-tratador? ¿Los vamos a someter a reeducación, sin más? ¿Estableceremos instituciones carcelarias? ¿Los señalaremos como unos apestados?       <br />
              <br />
       <b>Vuelta a la identidad</b>       <br />
              <br />
       Está bien que nos preguntemos qué pasa, pero no olvidemos qué somos: el hombre y la mujer forman la pareja humana, no hay otra base para convivir y para proyectarnos hacia el futuro como especie (aunque hayan otros tipos de parejas y distintas fórmulas de convivencia).       <br />
              <br />
       Así pues, los hechos sobre los que estamos reflexionando nos remiten a preguntas para las que hasta ahora no hemos encontrado respuestas. ¿Hacia dónde conduce la realidad de hoy? ¿Cuál es el proceso que se abre con tanto dolor y sufrimiento?        <br />
              <br />
       La historia siempre interpreta en pasado las causas de unos acontecimientos, cuando los que los vivieron ya no están. No debemos esperar tanto. Hay que reflexionar sobre lo que está pasando y por qué, sin llegar pronto y mal a conclusiones que nos llevan al victimismo, el resentimiento o la desesperación.       <br />
              <br />
       ¿Cómo rescatar de entre los escombros, que los procesos actuales van acumulando, a aquellas experiencias válidas para hoy que se vivieron en otros contextos culturales? Contextos que si bien dieron pie a determinadas maneras de relacionarse los hombres y las mujeres, a una división de los papeles a jugar en la familia y fuera de ella, etc.,  partían, asimismo, de ciertos valores y convicciones que no hay que tirar por la borda pues son leyes que funcionan fuera del espacio y del tiempo.       <br />
              <br />
       Es necesario desentrañar la naturaleza de los vínculos, el orden que sostiene la vida, la razón de ser del amor entre la pareja y los hijos, para poder salvar lo que es esencial y descartar lo que es sólo fruto de los condicionantes sociales, económicos o ideológicos de cada etapa.        <br />
              <br />
       <b>Responsabilidad femenina</b>       <br />
              <br />
       Es necesario comprender lo que nos ha pasado y no aceptar una nueva visión de la convivencia y de los papeles a cumplir, con los cambios a los que estamos abocados, con un enorme saco lleno de resentimiento contra el hombre, como si estuviéramos libres las mujeres de responsabilidad.       <br />
              <br />
       Pues la responsabilidad tiene muchas caras y a toda acción le sucede una reacción que produce unos cambios, cambios que hemos de asumir con todas sus consecuencias. Las mujeres somos responsables de luchar por nuestra dignidad y por el reconocimiento de lo que somos, pero también somos responsables por hacer que la visión del otro esté cargada de confusión sobre nuestra identidad, al prestarnos al juego de nuestra invisibilidad, mientras le podíamos sacar rendimiento.       <br />
              <br />
       Somos responsables de nosotras cuando no hacemos ese camino hacia dentro y nos amoldamos a las exigencias de los viejos papeles, pero también de los nuevos papeles que nos asignan hoy, sin aportar, realmente, nuestra manera genuina de ver el mundo. Papeles que se considera hemos de jugar nosotras, aunque hayan sido construidos sin nuestra participación y desde la soledad en la que los otros (los hombres) han regido el mundo.       <br />
              <br />
       La especie humana tiene dos géneros y, por lo tanto, dos visiones que se complementan. Hasta ahora, una de las visiones gobernaba el afuera, la otra organizaba el adentro. Así las perturbaciones en el afuera eran organizadas desde el orden, la autoridad, la eficacia, el pragmatismo, la fuerza, la concreción, la jerarquía. Al adentro era difícil de llegar, buscaba los espacios íntimos, invisibles, protegidos, maleables para la expresión de la no forma, de las emociones, de lo innombrable.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position:relative; float:right; padding-left: 1ex;">
      <img src="http://www.tendencias21.net/photo/68210-102183.jpg" alt="Mensaje desde el maltrato" title="Mensaje desde el maltrato" />
     </div>
     <div>
      <b>El reto de los discursos</b>       <br />
              <br />
       La sociedad de hoy tiene como reto el discriminar qué valores se abren paso, entre la confusión de los discursos viejos, cargados de ansias de poder, autoritarismo y desprecio por lo diferente, y los discursos aparentemente nuevos, pero que sólo prometen la igualdad en lo establecido, no la construcción en cooperación, de una nueva realidad.        <br />
              <br />
       Valores para un mundo nuevo, en el que seguir buscando qué somos como hombres, como mujeres y como humanidad. Una humanidad cuyas esencias masculina y femenina se combinan para configurar las diferencias y la diversidad que se ponen de manifiesto en todo.       <br />
              <br />
       Hoy, los hombres y las mujeres son igualmente víctimas de un modelo de convivencia que se derrumba. Una convivencia pactada en orden a unos acuerdos que la armonizaban, que dejaban claras las normas del juego, los papeles y el objetivo de la unión.       <br />
              <br />
       En ese modelo, la familia se constituía como cauce para la reproducción. Una institución soportada por una división del trabajo sexual, en una sociedad gobernada sólo por los hombres, gobierno que la mujer acataba, asumiendo y administrando la vida íntima familiar desde ese orden. Atravesando esa realidad estaba el amor hacia la pareja, la atracción sexual, el cariño hacia los hijos, la responsabilidad de su cuidado y de su nutrición.       <br />
              <br />
       <b>Cambios fuera y cambios dentro</b>       <br />
              <br />
       El sentimiento que experimento es que ese edificio se quiebra en mil grietas para descubrir el tesoro que oculta. Pero la resistencia de la estructura a desaparecer produce mucho dolor y gran confusión, y estos factores no dejan ver su interior. La cultura tradicional se resiste porque teme su propia muerte.       <br />
              <br />
       Por eso, no vale la simple explicación de los hechos que analizamos,  como una agresión de hombres primitivos contra mujeres acalladas durante milenios. Es el despertar de un nuevo conocimiento de lo real el que se abre paso, rompiendo el modelo de realidad que la cultura moderna había construido.        <br />
              <br />
       Tampoco es una cuestión de reivindicar más poder en contra del tirano hombre, porque igualdad no es sinónimo de supremacía de uno o del otro, igualdad es reconocimiento de las diferencias y de la diversidad que existen en cada ser humano.       <br />
              <br />
       Lo que está en juego no es la destrucción de un contenido, es la reformulación de un continente para que se permita reconocer las cualidades de ese contenido y ajustar las fórmulas para vivir y convivir más en armonía a eso que somos y que quiere emerger de otra manera       <br />
              <br />
       <b>Los cambios vividos por la mujer</b>       <br />
              <br />
       Si hablamos desde el adentro y nos preguntamos por qué quiere ahora despertar la mujer, símbolo y sujeto que refleja el cambio interno: lo femenino, lo expansivo, lo no descubierto, lo desconocido, las preguntas no terminan.       <br />
              <br />
       ¡Qué difícil es vivir una experiencia y descubrir que la tuya es una más de entre muchas! ¿Cómo detectar que estás siendo atravesada por una crisis general en las conductas sociales, cuando eres absorbida por tus propias vivencias de esa crisis que para ti tiene una forma, unas circunstancias, un valor, unas cualidades concretas, un determinado dolor?       <br />
              <br />
       ¿Cómo entender que te atraviesan unos fenómenos que proceden de una determinación que escapa a tu voluntad y a tu control, que no sabes de dónde vienen ni quién dio la orden para que se produzcan los hechos que vives?       <br />
              <br />
       ¿Cómo ser capaz de discernir lo que te pasa y por qué, en medio de los acontecimientos cotidianos y de la rutina de cada día, en medio de los objetivos que te marcaste, en medio del amor, la inocencia y la honestidad con que te entregaste un día a un proyecto con otro?       <br />
              <br />
       ¿Cómo descubrir que la violencia, el sufrimiento y el dolor que generan el despertar de esa conciencia de lo que tú eres, que hay en ti, aunque hasta ahora estuviera dormido, es consecuencia de la voluntad de hacerse presente, a pesar de ti misma y de que eso te cueste la vida?       <br />
              <br />
       ¿Cómo descubrir que en la violencia, en el sufrimiento y en el dolor que produce la resistencia a que se vea eso que tú eres, o que portas, el agresor (sujeto concreto o abstracto) está colaborando con que la agredida también despierte, a pesar de sí mismo?       <br />
              <br />
       ¿Cómo aceptar que ni el agresor ni la agredida son enemigos sino que parecen dos marionetas, cuyos hilos son movidos por unas manos, cuya invisibilidad es tal que no proyectan ni su sombra? ¿Cómo poder aceptar que cada paso que ha dado la humanidad, hacia una mayor conciencia, le haya costado tan alto precio?
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position:relative; float:left; padding-right: 1ex;">
      <img src="http://www.tendencias21.net/photo/68210-102184.jpg" alt="Mensaje desde el maltrato" title="Mensaje desde el maltrato" />
     </div>
     <div>
      <b>Un mundo se resquebraja</b>       <br />
              <br />
       ¿Cómo mantener la voluntad de seguir viviendo, sin renunciar a protagonizar la vida con dignidad, reconociendo el gran valor de estar aquí en este momento, en unas circunstancias en las que tienes tantas dificultades para ser fiel a ti misma,  y a esa voz interna que te habla cada día más fuerte, sobre lo que representas y la dignidad que tienes?       <br />
              <br />
       ¿Cómo desentrañar el verdadero sentido de tu existencia, el verdadero papel que te toca jugar y que quieres vivir desde tu propia naturaleza, en estos momentos de grandes promesas de igualdad, que aún no se han materializado realmente, porque es una igualdad que no tiene en cuenta tus cualidades y tu propia naturaleza?         <br />
              <br />
       El mundo conocido se resquebraja, se resquebraja para las mujeres y para los hombres, es verdad, pero ellas están sometidas a los empujes de la toma de conciencia de su protagonismo en este momento: parirse a sí mismas, su gran desconocida y la gran desconocida de los otros. La búsqueda tradicional y filosófica del ¿quién soy? es todavía hoy para una mujer una aventura llena de frustraciones, confusión, disyuntivas, complejos de culpabilidad o quiebra de la autoestima. Esa es una de las caras de la moneda.       <br />
              <br />
       <b>El hombre, ¿un espectador?</b>         <br />
              <br />
       La otra cara es la del hombre que no está en la misma búsqueda de identidad, aunque muchos pueden ver claro los derechos de las mujeres, sus valores, su capacidad para la participación en condiciones de igualdad. Ellos, los otros seres humanos, están de espectadores de un despertar que les renueva pero que les pone patas arriba la casa ya conquistada.        <br />
              <br />
       ¿Cómo se siente el hombre, símbolo del afuera, protector de la estructura, defensor de las fronteras, guardián de las formas, de la realidad, del molde? ¿Cuál es el dolor de lo masculino, colonizado, urbanizado, moldeado?       <br />
              <br />
       ¿Cómo se sienten los que no entienden nada?. Aquellos para los que el impulso renovador de la mujer le remueve el mundo masculino sin remedio, aquellos que no buscan el cambio porque su mundo es un mundo seguro, previsible, concreto, sabiendo en todo momento qué va a hacer y en qué condiciones.       <br />
              <br />
       <b>Un instante en los ciclos de la vida</b>       <br />
              <br />
       Para la mujer, al fin y al cabo, los cambios sociales en el último siglo, posibilitándole una toma de conciencia, un  reconocimiento, una participación, la hacen estar de actualidad. Es su época, pertenece a un paso de conciencia, no tenía nada ni se le reconocía... y ahora puede ser, se ve empujada al despertar. El hombre, sin embargo, está aún noqueado, cuando no, dormido profundamente, porque los síntomas sociales hablan de un nuevo parto humano que no viene a través de él.       <br />
              <br />
       Ahora bien, es preciso que veamos este momento como un instante de los procesos y de los ciclos de la vida. Sólo es un paso para descubrir una parcela más de lo real que se quiere manifestar en este momento a través de lo femenino: símbolo de lo oculto, manifestación de una cualidad humana, metáfora del alma, de lo íntimo, de lo innombrable, de lo de dentro, de lo no desplegado.       <br />
              <br />
       Del hombre, manifestación primera de lo masculino, realidad externa, cualidad de lo materializado, preeminencia de la forma, capacidad protectora de lo de fuera, se espera protección para el parto, creación de nuevas formas, construcción de la nueva casa. Aquella en la que se convivirá de otra manera: ni hombres frente a mujeres, ni mujeres por encima del hombre, sólo humanidad renovada        <br />
              <br />
       <b>Riesgo y ternura</b>       <br />
              <br />
       Cuando hay que romper un molde para conocer el contenido oculto, sin que éste se desvirtúe, hay que tratar con delicadeza el objeto que manipulamos. Por otro lado, hay que cuidar mucho cada uno de los momentos de esta experiencia. En este parto no es una cuestión de niño o niña lo que está en juego, es una toma de conciencia mayor de la humanidad sobre  sí misma. La cuestión está en enfrentar el cambio de conciencia con espíritu integrador. Este salto no es lineal, es un salto cuántico.       <br />
              <br />
       Por una parte, porque la mujer está absorbida por lo nuevo, pero no tiene resuelta, ni mucho menos, su identidad. Al incorporar otras posibilidades no lo hace desde ella misma, sino desde los estímulos que vienen desde fuera. Por otra parte, el hombre tiene que integrar los cambios que se producen en la perspectiva de la mujer, tratándolos desde él, y no dejando a su compañera sola en la búsqueda y en la interpretación de lo que sucede.       <br />
              <br />
       Para poder calibrar el alcance de los cambios que se están produciendo, se necesita la cooperación de ambos. Hay que considerar que la acción conjunta es la única que puede permitir integrar la nueva visión de la realidad, sin dejar que se pierda la dignidad de cada uno de los componentes de la pareja, ni que se destruya la convivencia porque el reto fue demasiado complicado y complejo.       <br />
              <br />
       <b>Dos fuerzas antagónicas</b>       <br />
              <br />
       Dos fuerzas antagónicas se enfrentan en este proceso. Por un lado, las formas de violencia con que lo viejo se resiste a desaparecer; por el otro lado, la fuerza de voluntad y la determinación del nuevo modelo de interacción social que se manifiesta con un impulso imparable de ser, y que parece decir: si se colabora bien y si no se colabora también, la emergencia de esa nueva conciencia de lo que somos se va a producir, aunque nos resistamos a ello.           <br />
              <br />
       Asumamos todos, hombres y mujeres, la tarea que tenemos por delante y no huyamos cobardemente de la experiencia.  Nos ha tocado dar un salto de conciencia y sólo la gozaremos si lo hacemos unidos: el viejo modelo binario hace casi un siglo que dejó de tener respuestas válidas para todo.        <br />
              <br />
       Las cosas no son blancas o negras. Los colores son siete y cada uno, a su vez, está compuesto de múltiples matices y todos tienen su origen en una única luz, la que proyecta, como metáfora universal el Sol que nos alumbra.         <br />
              <br />
       El mismo que en cada amanecer nos llama a que despertemos de nuestros sueños y de nuestras rígidas creencias y nos abramos a nuevas aventuras, en este caso a la gran aventura del despertar consciente. 
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position: relative;">(Tendencias21)</div>
]]>
</description>
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  </item>

  <item>
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   <title>11-M: ¿Por quién doblan las campanas?</title>
   <pubDate>Sun, 14 Mar 2004 00:00:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Alicia Montesdeoca</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[LA RAZÓN SENSIBLE]]></dc:subject>
   <description>
<![CDATA[
El 11 de marzo de este 2004 nos refleja la terrible imagen dantesca de nuestro modelo social, que se deshumaniza buscando la eficacia a cualquier precio. Las campanas doblan por este modelo que no ha acabado con las diferencias y los privilegios, sino que los ha intensificado; que no ha generado riqueza y bienestar para todos, sino que los concentra en unos pocos; que no ha logrado respeto y dignidad para  cada uno de los individuos, las culturas, las creencias, los valores, sino que ha centrado lo sagrado en un modelo único, que casualmente es occidental, capitalista y democrático. Pero también, las campanas doblan para que no nos durmamos en el silencio de los muertos y sobre el dolor de las víctimas de cualquier tipo de holocausto. Las campanas doblan para que asumamos protagonismo en la vida social y nos responsabilicemos con lo que nos pasa a nosotros y a los demás. Por Alicia Montesdeoca.     <div style="position:relative; float:left; padding-right: 1ex;">
      <img src="http://www.tendencias21.net/photo/68157-102114.jpg" alt="11-M: ¿Por quién doblan las campanas?" title="11-M: ¿Por quién doblan las campanas?" />
     </div>
     <div>
      La muerte ha dado de pleno contra las puertas de nuestras casas. El amanecer ha sido oscuro, se ha llenado de cuerpos desmembrados, de humo negro, de conmoción, de dolor, de gritos y de alaridos, de carreras hacia ningún lugar. La vida se ha parado y nos ha golpeado el pecho un puño de hierro que no nos permite respirar.        <br />
              <br />
       Pero ahora ya sabemos que los anónimos palestinos e iraquíes, serbios y bosnios, judíos y argentinos, colombianos y chechenios, paquistaníes y zulúes... (la lista es interminable y el anonimato de la mayoría, también) tienen rostros y nombres, son nuestros conciudadanos y somos también nosotros mismos.       <br />
              <br />
       También hemos descubierto que en un instante Madrid nos reflejó, el 11 de marzo de este 2004, la terrible imagen dantesca de este modelo social que se deshumaniza buscando la eficacia a cualquier precio.       <br />
              <br />
       Un modelo social que persigue el control sin calcular el dolor, que logra el poder sobre los bienes de esta tierra, que son de todos y de nadie, violentando las leyes de la vida; que se apodera de la riqueza y agota los recursos que permiten la supervivencia humana; que se posiciona como autoridad, juez y árbitro universal gracias a la hegemonía  conseguida.       <br />
              <br />
       Todo ello justificado con los fines de una concreta civilización, la occidental cristiana, que sirven para impedir que se puedan denunciar los defectos de su acción civilizadora y poner en evidencia la manipulación económica, cultural y política que se ha hecho hasta ahora, gracias al poder social generado, porque desautorizaría lo que somos o lo que nos creemos que somos.       <br />
              <br />
       <b>No cabe la venganza</b>       <br />
              <br />
       Tras esta incineración de vidas humanas y de tanto dolor, no cabe la venganza ni el mirar sólo hacia aquellos que aparecen como los culpables por acción o por omisión. No es venganza lo que hay que buscar, sino comprensión de esta realidad, la cual se ha construido a partir de un orden  y de unos principios que no miden, responsablemente, las consecuencias que originan cuando persigue cualquier meta al precio que sea.       <br />
              <br />
       La venganza como respuesta, en nombre de la supuesta justicia humana o de la supuesta justicia divina, no reduce los conflictos ni anula los litigios. Teniendo ambas, además,  el mismo rango: son formuladas e impartidas siempre por las manos de los hombres, pues no hay ningún Dios que se acerque a tomar partido por ningún bando.       <br />
              <br />
       Tampoco podemos seguir golpeando al adversario y acusarle de nuestros males. El adversario es el espejo donde se refleja nuestra propia imagen: yo lo he creado cuando paso por encima de él, de sus sentimientos, de sus creencias, de sus valores, de sus derechos a sentirse digno y respetado, a tener lo que necesita, a heredar y gozar el patrimonio de la tierra que pisan sus pies.       <br />
              <br />
       Las condenas a hechos tan luctuosos como los que estamos viviendo, si no van acompañados de una autocrítica y de unas intenciones de reflexión, no generan confianza sino amargura, resentimiento y distancia. Si sólo centramos nuestra mirada en el suceso y tratamos de explicar sus causas culpando a sus ejecutores materiales, no hemos aprendido nada de esta terrible experiencia, ni haremos gran cosa para evitar otras tragedias en el futuro.       <br />
              <br />
       <b>Todos somos víctimas</b>       <br />
              <br />
       Las víctimas somos todos, los agresores somos todos: ni inocentes ni culpables, sólo responsables de cada una de nuestras acciones, que han de ir acompañados del conocimiento de la trascendencia que tiene cada acto, del efecto que tiene cualquier acción cuando lo que se persigue está cargado de interés personal y vacío de consideración por los intereses de los otros, en igual grado.       <br />
              <br />
       ¿A qué se ha de renunciar cuando nos enfrentamos a las consecuencias de nuestros actos? ¿A qué nos obliga el dolor de un herido, la imagen de un cuerpo destrozado y muerto, la tristeza y el llanto de los familiares y los amigos, si no es a la reflexión sobre qué hacer para que no vuelva a suceder?       <br />
              <br />
       ¿A qué tiene que llegar una sociedad que genera tanto horror o tanto odio, sino a revisar las bases sobre la que se sustentan las desigualdades y la falta de oportunidades y respeto para todos por igual?        <br />
              <br />
       ¿Cómo es que no se plantea que la solución a sus problemas pasa por considerar que la pobreza es una perversión del sistema; que la justicia, si es justicia, no tiene privilegiados; que la diversidad es el principio de la riqueza en todos los órdenes, y que no se puede pensar en la homogenización social para controlar a la ciudadanía, porque nada es esencialmente homogéneo ni diferente en dignidad?
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position:relative; float:right; padding-left: 1ex;">
      <img src="http://www.tendencias21.net/photo/68157-102115.jpg" alt="11-M: ¿Por quién doblan las campanas?" title="11-M: ¿Por quién doblan las campanas?" />
     </div>
     <div>
      <b>Crítica a la modernidad</b>       <br />
              <br />
       En su crítica a la modernidad, <a class="link" href="http://www.archivodenessus.com/rese/0248/" onclick="window.open(this.href,'_blank');return false;">Zygmunt Bauman</a> sugiere que ésta es un ente generador de ideología, conformador de actitudes, secuestrador de la interpretación de la realidad; homogeneizador de conductas.        <br />
              <br />
       Este autor sospecha que en el modelo social, económico y político surgido de la modernidad está la potencia del holocausto, rostro oculto de la sociedad moderna, un rostro distinto al que conocemos y al que admiramos. Que ambos rostros coexisten con toda comodidad, unidos al mismo cuerpo.        <br />
              <br />
       Que lo que acaso nos da miedo es que ninguno de los dos rostros puede vivir sin el otro, que ambos están unidos como las dos caras de la moneda y que es un error suponer que la civilización y la crueldad salvaje son una antítesis.       <br />
              <br />
       Si el barómetro con el que medimos los resultados de este modelo social, político y económico, me marca muerte, sufrimiento, pobreza, dolor, desilusión, desesperanza, desconfianza, marginación, soledad, lágrimas e impotencia, es que nos hemos equivocado de modelo para vivir en sociedad.        <br />
              <br />
       También nos indica que ya este modelo no nos sirve porque está acentuando su lado perverso, en la medida que se le sigue aceptando como único y como el “civilizado”, haciendo pervivir el holocausto.        <br />
              <br />
       <b>Holocaustos</b>       <br />
              <br />
       El holocausto del silenciado, del hambriento, del enfermo abandonado a su suerte, del que ha tenido que perder su sensibilidad humana para sobrevivir, del que deambula en el más feroz anonimato, en la más triste de las soledades porque no es reconocida ni respetada su identidad.       <br />
              <br />
       El holocausto es la destrucción en masa de un grupo humano con la intención de hacerla desaparecer, argumentando que son la mala hierba y la causa de los males que nos aquejan. Pero  holocausto es también  el sentimiento de que los pobres son la causa de que haya tanta delincuencia y tanta inseguridad ciudadana.        <br />
              <br />
       El holocausto es también la expulsión en masa de los que logran llegar a nuestras costas tras el riesgo de ahogarse en nuestros mares, renunciando a su identidad, a su dignidad, a la seguridad que da el grupo humano al que se pertenece, la cultura que nutrió la cuna, el entorno natural que configuró la personalidad, etc.       <br />
              <br />
       Holocausto es negarse a que el conocimiento científico y tecnológico llegue a todos los lugares y con ello se acaben las epidemias, el hambre, la pobreza que someten a los miles de millones de seres humanos que pueblan grandes extensiones de los continentes, y de los mares más ricos en recursos naturales.       <br />
              <br />
       <b>Doblan las campanas</b>       <br />
              <br />
       Holocausto es acabar con las especies naturales, erosionar el planeta con la sobre-explotación de sus recursos y por el afán de elevar, aún más si cabe, las condiciones de vida de los que ya no necesitan nada, sin  pensar en el orden y el equilibrio que existe y del cual dependemos todos.       <br />
              <br />
       Holocausto es cerrar los ojos a las evidencias de nuestra infelicidad y seguir aceptando como normal las carencias del de al lado: el que otros no tengan trabajo; el que otros no puedan tomar la palabra; el que otros no vivan en un hogar digno; el que otros no estén cerca de sus seres queridos; el que otros abandonen su tierra para ir en busca de la supervivencia; el que otros no posean atención médica y medicinas cuando enferman.       <br />
              <br />
       Las campanas doblan, sí, por un modelo que no ha acabado con las diferencias y los privilegios, sino que los ha intensificado; que no ha generado riqueza y bienestar para todos, sino que los concentra en unos pocos; que no ha logrado respeto y dignidad para  cada uno de los individuos, las culturas, las creencias, los valores, sino que ha centrado lo sagrado en un modelo único, que casualmente es occidental, capitalista y democrático.        <br />
              <br />
       Pero también, las campanas doblan para que no nos durmamos en el silencio de los muertos y sobre el dolor de las víctimas de cualquier tipo de holocausto. Las campanas doblan para que asumamos protagonismo en la vida social y nos responsabilicemos con lo que nos pasa a nosotros y a los demás.        <br />
              <br />
       <b>Leyes de vida</b>       <br />
              <br />
       Las campanas doblan para llamarnos a la acción benefactora y creadora de vida para nosotros y para todos los habitantes de este planeta, los que hoy son con sus realidades y los que serán en el futuro.       <br />
              <br />
       Las campanas doblan para que no sea despilfarrada la experiencia acumulada por todos los que han sido, desde el primer ser humano que abrió los ojos en este mundo, al último que los cerró después del 11 de marzo de 2004.       <br />
              <br />
       Para ello es preciso descubrir en nosotros las leyes que rigen la vida, amando  las formas diversas con las que se manifiesta, descubriendo los principios que la inspiran y la animan. Después hay que trasladar esos principios a la creación de formas sociales superiores de convivencia.        <br />
              <br />
       No es suficiente poner de manifiesto algunos de estos principios, como la solidaridad, la ternura o la compasión, sólo en los momentos de grandes catástrofes. Es preciso que nuestra verdadera naturaleza no se oculte por miedo, por desconfianza o porque no es moderno carecer de máscara y de brújula personal, permitiendo que nuestra inspiración se anule en la inercia marcada por la racionalidad económica o política.       <br />
              <br />
              <br />
              <br />
              <br />
       Alicia Montesdeoca Rivero es socióloga.       <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position: relative;">(Tendencias21)</div>
]]>
</description>
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   <link>http://www.tendencias21.net/11-M-Por-quien-doblan-las-campanas_a302.html</link>
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   <title>La democracia no es el último paso de la civilización</title>
   <pubDate>Sun, 08 Feb 2004 00:00:00 +0100</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Alicia Montesdeoca</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[LA RAZÓN SENSIBLE]]></dc:subject>
   <description>
<![CDATA[
Las elecciones generales en España, que se desarrollan el próximo 14 de marzo, constituyen un buen momento para reflexionar acerca de un modelo de convivencia que da muestras de agotamiento. ¿Quién dice que la democracia es el último paso de la civilización o que ha tocado fondo en sus posibilidades? La cuestión está en que no podemos dejar que nos duerma el discurso de los que han renunciado, ni de los que han hecho de las renuncias de los otros su oportunidad. No es la falta de esperanza la que nos puede hacer entender lo que está sucediendo, sino la falta de un modelo teórico nuevo que nos ayude a ir más allá de lo que simplemente observamos y que sólo interpretamos como realidad externa. No nos queda más opción que la de buscar salidas para reavivar la convivencia, en la complejidad de lo que somos hoy. Por Alicia Montesdeoca.     <div style="position:relative; float:left; padding-right: 1ex;">
      <img src="http://www.tendencias21.net/photo/68136-102090.jpg" alt="La democracia no es el último paso de la civilización" title="La democracia no es el último paso de la civilización" />
     </div>
     <div>
      En España ha comenzado la campaña para las nuevas elecciones generales. Si bien la movilización de los partidos es cada día más evidente, para mostrar a sus candidatos y presentar sus intenciones y programas, y así lograr ser elegidos, nadie parece preocuparse por conocer cómo se siente el ciudadano después de una legislatura; cuál es el grado de compromiso y de participación que en cuatro años se ha generado en la ciudadanía y para qué;  a qué niveles ha llegado el estado de salud de la convivencia, etc.        <br />
              <br />
       Es decir, para qué ha servido la acción política institucional durante los últimos cuatro años. Pero ninguna organización y ningún candidato hacen balance crítico de sus actuaciones: la consigna es ¿hay quien dé más?. Sin embargo, nunca se ha ofrecido para la convivencia un producto con menos sensibilidad hacia los problemas que nos acucian.       <br />
              <br />
       Los verdaderos objetivos a perseguir se diluyen en el desgaste del discurso oportunista, defensivo, agresivo y destructor dirigido contra el adversario político. Los intereses del modelo económico generalizado, únicamente, o, en el peor de los casos, el de los “profesionales de la política”, priman sobre los intereses de sus representados y de las instituciones que apuntalan o deberían apuntalar la democracia.        <br />
              <br />
       Así, el panorama que presentan los partidos políticos del arco parlamentario es desolador, aunque se quiera hacer ver que la unidad está garantizada. Lo que está realmente garantizado, en estos momentos, es la desconfianza interna y la externa a causa del panorama electoral.       <br />
              <br />
       <b>Valores para este tiempo</b>       <br />
              <br />
       Los partidos políticos ofertan como buenos mercaderes, a voz en grito, las delicias y beneficios de sus propios humos, pero ninguno responde con valores, valores para este tiempo, aquí y ahora, para un mundo que despierta de la modernidad con toda la casa patas arriba.       <br />
              <br />
       Por un lado, culturas que se mezclan, integrismos que tratan de defender la esencia de sus tradiciones por la fuerza de la muerte; tendencias a la globalización por encima de los individuos, de las etnias, de las culturas, de la historia, de la realidad.       <br />
              <br />
       Por otro lado, una realidad local, nacional e internacional, donde las conductas, los acuerdos, los consensos, las normas y las leyes afianzan, aún más si cabe, las diferencias entre riqueza y pobreza; poder y abandono; desarrollo económico y principios éticos; justicia institucional y desprecio por los principios; afán científico por dominar la vida y menosprecio por la vida concreta de cada ser y de cada especie; conocimiento de la complejidad y desvinculación de la realidad concreta en la que se vive; desarrollo tecnológico acelerado y despilfarrador y desprecio de la experiencia que lleva a la elaboración de un conocimiento trascendente.       <br />
              <br />
       <b>Balance del aznarismo</b>       <br />
              <br />
       En el caso de España, que es al que nos estamos refiriendo concretamente, si nos centramos en la enumeración de los logros del “aznarismo” a partir de una mirada sobre aquellos que únicamente satisfacen expectativas materiales, y obviamos el precio ético y moral que suponen; si evaluamos las consecuencias que para la dignidad de una sociedad tiene la que a ésta se la compre por un plato de lentejas, se la duerma con discursos vacíos, se la convenza de que siempre estaremos estancados en el mismo lugar: el de las diferencias por razones de poder económico, de pertenecer a la raza blanca, de haber nacido en el norte estratégico, de tener capacidad destructiva (sea por poseer las armas o por tener acceso a los medios de comunicación con el arma del discurso y de la palabra tergiversada), la desesperanza y sus consecuencias se ponen rápidamente de manifiesto.       <br />
              <br />
       Los profesionales de la política ni parecen saber dónde están, ni qué representan. Ganar o no ganar, esa es la expectativa frustrante que encierran unas elecciones en este contexto descrito. Así no hay proyecto que ilusione al votante.        <br />
              <br />
       ¿Es el votar un ejercicio de la voluntad de gobernar o para que otros gobiernen mis intereses según unas pautas que yo he elegido? ¿Se elige un proyecto político o se elige una cara bien promocionada? ¿Son las cualidades que aparenta el candidato, después de haber sido bien entrenado por expertos en el disimulo y en el barniz, las que dan contenido a la democracia? ¿O ésta tiene suficiente valor por sí misma y mecanismos de supervivencia como para garantizar que no se la entierre antes de que se muera sola?        <br />
              <br />
       Por otro lado, ¿es capaz el modelo democrático de articular la defensa de los intereses de todas las generaciones presentes, y por venir, con sus diferentes necesidades materiales y espirituales, e ir “reciclando” todos los residuos que se producen, como en cualquier experiencia colectiva?.        <br />
              <br />
       <b>Perseguir los fines</b>       <br />
              <br />
       La acumulación de cuestiones históricas sin resolver, aunque se haya elegido un modelo para la convivencia, es un lastre que frena la evolución dinámica y enriquecedora de la propia sociedad, puesto que no es cuestión de que todos pasen por el mismo rasero, sino que todos se sientan justamente tenidos en cuenta.       <br />
              <br />
       Por otro lado, si analizamos la acción política del último partido en el poder a partir de valoraciones sobre lo “aparente” que ha estado “el presidente” y no de si el modelo institucional adoptado sirve para avanzar en la historia, después de 25 años de ejercicio de democracia en este país, y de más de 200 años en otros lares, o si con dicho modelo se logra justicia, equidad, diversidad, enriquecimiento material y espiritual, valores, convivencia, ilusión, madurez, equilibrio, armonía, etc. en la sociedad, en los individuos,  en  lo interno y en lo externo de cualquier realidad, no llegaremos nunca al meollo de la cuestión principal: ¿está la sociedad logrando sus fines?       <br />
              <br />
       Las instituciones han tenido su origen en las necesidades sociales, y han de estar sometidas a las dinámicas históricas de las sociedades, no pueden convertirse en un peso que frene la voluntad de aquellos a los que tiene que servir. El edificio institucional de toda sociedad ha de estar soportado por cimientos firmes, pero sus paredes han de ser flexibles y con capacidad de transformación.        <br />
              <br />
       Desde su nacimiento han de estar claros los valores sobre las que nace, las necesidades históricas a las que ha de responder y sus puertas y sus ventanas han de estar abiertas a la renovación y mejoras permanentes. También, las instituciones han de estar dispuestas a desaparecer sin traumas si fuese necesario, cuando las necesidades de la vida en común sean otras. 
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position:relative; float:right; padding-left: 1ex;">
      <img src="http://www.tendencias21.net/photo/68136-102091.jpg" alt="La democracia no es el último paso de la civilización" title="La democracia no es el último paso de la civilización" />
     </div>
     <div>
      <b>Voces nuevas</b>       <br />
              <br />
       Toda realidad nos habla bien y mucho de lo viejo que se muere y señala a los que se resisten a su entierro, queriendo seguir nutriéndose de los despojos del muerto. Engancharnos a ese carro es no mirar más allá y descubrir qué es lo que emerge como realidad nueva y que probablemente esté latiendo en nosotros mismos, dándole sentido a nuestros proyectos diariamente.        <br />
              <br />
       Esa realidad que late con voces nuevas, también está  en muchos otros que  no participan en el entierro y a los cuales no vemos como actores, porque nuestra mirada sigue aún enganchada en creencias que no sirven para darle forma a otro futuro.        <br />
              <br />
       Observemos a esta sociedad, en este momento que nos ha tocado vivir, con la mirada puesta en su historia y con los ojos clavados en el horizonte de su futuro. Recuperemos la capacidad de conectar la cotidianidad con las leyes que atraviesan la vida. Adquiramos la conciencia de en qué manera se propicia que dichas leyes de la vida se pongan de manifiesto en la propia vida ciudadana, con sus ciclos y sus procesos.        <br />
              <br />
       Las instantáneas de la realidad, que tanto usamos como referencias para la actuación, sólo nos sirven para tomar el pulso de cómo van los procesos. Por otro lado, esos procesos no los podemos controlar fácilmente (ni tan siquiera con la democracia) porque se nos escapan gran parte de los factores en juego.        <br />
              <br />
       <b>La sociedad como proceso</b>       <br />
              <br />
       Por lo tanto, miremos a la sociedad, cualquiera que sea su momento, en un proceso de vida, de movimiento, no de estancamiento ni de muerte. Que no nos confundan los momentos concretos. Hay que mirar a través de la historia, mirar más allá de lo inmediato y analizar el devenir sin generar dogmatismos sobre el modelo institucional que ha de predominar.        <br />
              <br />
       También el absolutismo existió y cayó el Antiguo Régimen. ¿Quién dice que la democracia es el último paso de la civilización o que ha tocado fondo en sus posibilidades? ¿Acaso nos creemos en el fin del mundo? La cuestión está en que no podemos dejar que nos duerma el discurso de los que han renunciado, ni de los que han hecho de las renuncias de los otros su oportunidad.       <br />
              <br />
       Por eso hay que recuperar la capacidad crítica perdida en el desasosiego que impone la lucha por objetivos, casi siempre ajenos, y vivir en alerta para detectar qué dinámicas se están produciendo por debajo de la superficie de las aguas, qué es lo que de verdad agudiza las diferencias, qué hace que aumente el grosor de los muros que guardan los privilegios, por dónde está siendo horadada, con la democracia, la fortaleza de aquellos que utilizan cualquier tipo de recursos, cualquiera, incluso aquellos que van en contra de nuestra propia existencia como especie humana, para mantener y hacer crecer sus privilegios.       <br />
              <br />
       <b>Modelo teórico nuevo</b>       <br />
              <br />
       Si todo tiene ciclos temporales y todo está sometido a leyes que ni las tecnologías más avanzadas logran derribar, y si nada de lo que habita en nuestro universo material es eterno por naturaleza, no hay razón alguna para vivir y convivir renunciando a nuestra dignidad.        <br />
              <br />
       Así que no es la falta de esperanza la que nos puede hacer entender o interpretar lo que está sucediendo, sino la falta de un modelo teórico nuevo que nos ayude a ir más allá de lo que simplemente observamos y que sólo interpretamos como realidad externa. La mayor conciencia de lo que somos nos lleva a la construcción de mejores realidades para vivir todos, cualquiera que sea la distancia o las diferencias que existan entre unos y otros.        <br />
              <br />
       Para eso hay que dejar de sentirse frustrados: ese sentimiento no es un buen alimento. Hay que asumir el dolor por lo que no comprendemos, por lo que no compartimos, por lo que a nuestros ojos destruye la convivencia, y no aislarnos refugiándonos  en la compañía de los afines y nutriéndonos con lamentaciones y con condenas.        <br />
              <br />
       <b>Buscando ventanas</b>       <br />
              <br />
       También hay que dejar de luchar por la inmediatez de los objetivos y comprendernos y aceptarnos en la temporalidad individual de un proyecto atemporal como especie social.        <br />
              <br />
       Este es el mundo que tenemos, esto es lo que hemos heredado, en éste es donde tenemos que crecer, a éste es al que hay que comprender y aceptar el momento que vive y que compartimos, no por casualidad. A éste, también, es al que hay que transformar con la intención y la voluntad clara de su mejora.       <br />
              <br />
       ¿Cómo? No lo sé. Buscando las ventanas que se abren para dejar que se renueve la vida social; tratando de entender que el mundo de afuera y el mundo interno son paralelos y convergentes a la vez; evitar ser arrastrado por la inercia de la corriente de la superficie, proyectando la voluntad sobre  aquello que se quiere crear o cambiar, y respetar, asimismo, el momento por el que pasa y la resistencia que ofrece a la intención de transformación.        <br />
              <br />
       Al respecto, el sociólogo <a class="link" href="http://fumtadip.com.ar/boaventura.htm" onclick="window.open(this.href,'_blank');return false;">Boaventura De Sousa Santos</a>, en su obra “Crítica de la razón indolente”, afirma que nos encontramos en una transición paradigmática en la que las bases del nuevo paradigma social están por reconocerse. Así que no nos queda más opción que la de buscar salidas para reavivar la convivencia, en la complejidad de lo que somos hoy.        <br />
              <br />
              <br />
              <br />
       Alicia Montesdeoca es sociólogo.       <br />
       
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position: relative;">(Tendencias21)</div>
]]>
</description>
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   <link>http://www.tendencias21.net/La-democracia-no-es-el-ultimo-paso-de-la-civilizacion_a281.html</link>
  </item>

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   <title>El dolor es la metáfora extrema de nuestra capacidad de sentir</title>
   <pubDate>Sun, 19 Oct 2003 00:00:00 +0200</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Alicia Montesdeoca</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[LA RAZÓN SENSIBLE]]></dc:subject>
   <description>
<![CDATA[
El dolor es una realidad cuya aceptación tratamos continuamente de postergar, a pesar de que es la metáfora extrema de nuestra capacidad de sentir. El dolor tiene unas causas, pero hablar de ellas pone en peligro el “orden” establecido o inducido. Por eso se esconden las causas del sufrimiento que origina el poder legitimado por un modelo político, económico, cultural, moderno o tradicional, que no se revisa y que se constituye dogmáticamente como única fórmula de interacción social, ocultándose las responsabilidades tras las espaldas y en las sombras. Gozar el placer, sufrir el dolor, no vivir de ellos, sería la manifestación de una verdadera madurez humana. Por Alicia Montesdeoca.     <div style="position:relative; float:left; padding-right: 1ex;">
      <img src="http://www.tendencias21.net/photo/68085-102029.jpg" alt="El dolor es la metáfora extrema de nuestra capacidad de sentir" title="El dolor es la metáfora extrema de nuestra capacidad de sentir" />
     </div>
     <div>
      De tanto que miramos, no vemos; de tanto que nos hablan no oímos; de tanto que poseemos estamos insensibilizados para buscar. Pero nos queda el dolor como el sentido que en algún momento nos despierta de nuestro inconsciente sueño. Se teme al dolor, pero el dolor nos puede acercar a nuestra humanidad. Aunque nosotros lo neguemos, él está ahí. Aunque, incluso, en los círculos sociales más cercanos e íntimos nos parezca “incorrecto” demostrar la “debilidad” de padecer, el dolor, tercamente, estará presente.        <br />
              <br />
       Del dolor no se quiere hablar porque provoca, porque nos enfrenta, porque nos intranquiliza. Pero si pudiéramos medir el nivel de dolor que hoy el ser humano produce y se produce, es probable que el experimento hiciera saltar por los aires el supuesto laboratorio, ante el grito concentrado que se encierra en las entrañas del alma de este planeta.       <br />
              <br />
       El dolor es, pues, una realidad cuya aceptación nosotros tratamos continuamente de postergar, pero que a la altura de nuestra actual conciencia social su existencia impide que nos durmamos en esta inconsciencia que nos anula, que nos insensibiliza: el dolor es la metáfora extrema de nuestra capacidad de sentir.       <br />
              <br />
       Se habla del dolor causado por la frustración, la soledad, la renuncia, la humillación, el desprecio, la incomprensión. También se habla del dolor de los que no tienen nada, de los que emigran, de los que abandonan a los hijos, de los que torturan y de los que son torturados; de los delincuentes, de los que no tienen trabajo, de los que no poseen asistencia médica para sí mismos o para sus seres queridos; de los que se ven arrastrados por guerras que ni comprenden ni les van, de los desplazados, de los sometidos por epidemias que los que tienen las soluciones contra ellas no están interesados en erradicar.        <br />
              <br />
       <b>Doble lectura</b>       <br />
              <br />
       Y ese dolor que es “estéticamente feo” no lo asumimos como realidad humana cuando se manifiesta como pobreza, dependencia, enfermedad, injusticia, violencia, ignorancia, desamparo... atreviéndonos a negar o a omitir la verdad que se esconde: el dolor está ahí porque lo producimos en nuestra fábrica de mentiras y de imágenes aparentes que alimenta la máscara social, aunque se diga que son efectos no deseados, incontrolados.       <br />
              <br />
       Pero esos efectos no deseados también se reciclan y se vive de ellos, son portadas de todos los medios de comunicación. Para eso es para lo que se utiliza el dolor, el ajeno claro, en una sociedad de la imagen y el hedonismo: se utiliza el sufrimiento físico y psíquico como espectáculo, nutriendo con el morbo el vacío que dejan las frustraciones en los proyectos, las dificultades para conseguir los sueños, las injusticias justificadas con discursos cargados de confusión y mentiras.        <br />
              <br />
       Según la Academia de la Lengua, morbo es sinónimo de enfermedad. Se denomina morboso a lo que causa enfermedad o es propio de ella, y por extensión, según el diccionario de la lengua española, se llama así a aquello que revela un estado físico o psíquico insano. La morbosidad, sigue diciendo, es el conjunto de alteraciones patológicas que caracterizan el estado sanitario de un país.       <br />
              <br />
       Con el morbo se intenta nutrir (como al cuerpo con la comida basura) a un espíritu errante que sin aliento se arrima a la primera fuente de calor que encuentra, para lograr algún tipo de energía que le permita seguir existiendo un tiempo más, aunque esa fuente sea venenosa y cree adicción. El brillo de esa fuente es la trampa que hace caer a todos los inocentes y los desprevenidos.        <br />
              <br />
       <b>Responsabilidad de civilización</b>       <br />
              <br />
       Tamaña responsabilidad la que tiene esta civilización que llega a altas cotas de riqueza a costa de anular el espíritu, nutriéndolo con los productos de su propia insensatez, sin asumir los efectos de sus actos alienándose hasta la locura por no querer ver ni sentir. Gozar el placer, sufrir el dolor, no vivir de ellos, sería la manifestación de una verdadera madurez humana.        <br />
              <br />
       El dolor que se pretende convertir en espectáculo, que se convierte en una imagen fija de llanto y de desesperación de niños, viejos y mujeres que sufren, es un dolor que aleja al que sufre de su espectador: es la imagen del dolor en los tiempos de la “reproducción técnica”, como quizás lo denominaría el sociólogo W. Benjamín.        <br />
              <br />
       ¿Realmente esas informaciones espectaculares llaman a la solidaridad? ¿O se convierten en una satisfacción personal, para el que la observa repetidamente, porque, por esta vez y en estas circunstancias, a este espectador de turno no le ha tocado ese sufrimiento?       <br />
              <br />
       Parece que queramos consolidar esta sociedad a base de construir espectáculo con todo lo que pudiera hablar de trascendencia humana, frivolizando y despersonalizando cualquier experiencia, aunque para ello se degrade a los protagonistas.       <br />
              <br />
       <b>Dolor y tecnología</b>       <br />
              <br />
       De esta forma colocamos, en un escenario artificial, escenas reales, con actores e historias que no han sido imaginados por ningún autor de novelas. Pero en esos escenarios cualquier historia verá transformados sus contenidos y significados gracias a los recursos de las tecnologías y a la insistencia en imágenes repetidas hasta la saciedad.       <br />
              <br />
       Imágenes que al final dejan de conmover porque de tanto proyectarse ya no se ven, ni se oyen. Los sentidos han perdido sensibilidad y reflejo porque ya no es novedad el dolor del mundo y porque nunca se terminan de explicar las causas últimas de esa realidad-espectáculo.        <br />
              <br />
       También porque la información que esconde la historia contada, deja de ser importante porque el protagonismo termina teniéndolo el periodista que logró las imágenes, la agencia o el medio de comunicación que mejor cubrió el evento, la ONG que llegó a desplegar recursos para “aliviar” la situación, las declaraciones de solidaridad de las instituciones públicas nacionales o internacionales con una cascada de buenos deseos, etc.        <br />
              <br />
       Muchos de estos “observadores de primera fila” (y de larga distancia) terminarán recibiendo premios a la mejor cobertura, presupuestos mejores para su labor asistencial, o en el peor de los casos, nuevas fuentes de negocio para las empresas de servicios oportunos y oportunistas que quizás sean las que dieron origen a la situación que se menciona. De los dolientes no se volverá a hablar, parece que queda zanjado su dolor con las medidas racionales adoptadas. Luego se mirará para otro dolor reciente, o muy viejo, del que no habíamos hecho aún espectáculo alguno.
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position:relative; float:right; padding-left: 1ex;">
      <img src="http://www.tendencias21.net/photo/68085-102030.jpg" alt="El dolor es la metáfora extrema de nuestra capacidad de sentir" title="El dolor es la metáfora extrema de nuestra capacidad de sentir" />
     </div>
     <div>
      <b>El dolor como espectáculo</b>       <br />
              <br />
       El dolor no se puede convertir en un espectáculo porque éste nos insensibiliza por su propia naturaleza como entretenimiento. Tampoco puede descubrirse la trascendencia de los hechos de los que se informa porque éstos hechos están confundido dentro del continúo bombardeo de informaciones intrascendentes. No se puede hablar del dolor que experimentan los desplazados, los heridos, los hambrientos, etc., y después hablar del tiempo que nos impide tomar el sol en la playa, o esquiar porque no ha nevado suficientemente.        <br />
              <br />
       El dolor tiene facultades que se pierden en el marasmo de acontecimientos informativos, enumerados como el que hace una letanía, un juego para la memoria. Por otro lado, el negar el dolor, ocultarlo o frivolizarlo, nos arranca, nos desgarra, una parte importante de nuestra humanidad       <br />
              <br />
       Tras esta realidad, otra, aún más tenebrosa si cabe. El dolor tiene unas causas y hablar de ellas pondría en peligro el “orden” establecido o inducido. Por eso se esconden las causas del dolor que origina el poder legitimado por un modelo político, económico, cultural, moderno o tradicional, que no se revisa y que se constituye dogmáticamente como única fórmula de interacción social, ocultándose las responsabilidades tras las espaldas y en las sombras.        <br />
              <br />
       Por eso, se señala con el dedo largo de los poderosos al dolor causado  por los anatematizados, o por los marginados, por los que son excluidos o por los que se auto excluyen, por los revoltosos, por los inconformistas, los que nunca accederán a la domesticación y de los cuales se ofrecen todas las imágenes posibles que hablen de su degradación y de su locura.        <br />
              <br />
       <b>Tendencia del día siguiente</b>       <br />
              <br />
       Sobre las débiles espaldas de éstos cae la culpa y la responsabilidad de todo un sistema que no funciona, pero que sí permite los privilegios de una minoría de intocables, aunque también degradados, humanamente hablando, tanto o más que los que han resultado ser las víctimas propiciatorias.       <br />
              <br />
       El segundo aspecto que queremos destacar aquí es lo que llamaríamos la tendencia del día siguiente. Después de un dolor, la receta es alentar la recuperación de la normalidad con el olvido de lo pasado, cuanto más pronto mejor. Recuperar la normalidad, ¿qué es eso? Todo dolor requiere de un duelo.        <br />
              <br />
       El duelo es, también, un proceso natural por el cual el ser humano asimila la experiencia vivida y se fortalece a través de ella. El esfuerzo por llegar a la “normalidad” es un esfuerzo contra-natura; la normalidad es el duelo, es el dolor, es la experiencia del dolor, es la renuncia a la frivolidad y a la simpleza, es la asunción de todas las facetas del vivir.       <br />
              <br />
       La normalidad no existe. Existen nuevas circunstancias siempre, cuánto más después de un dolor. Lo que se produce es un proceso de readaptación a las nuevas circunstancias; a una realidad extraña a la “normalidad” que antes se tenía. Nada es igual después del sufrimiento. Nada es igual tras la invasión de un país; tras un terremoto; tras un accidente; tras la muerte de un ser querido.       <br />
              <br />
       <b>Vivir el duelo</b>       <br />
              <br />
       Todo tipo de dolor merece un duelo, requiere un duelo. Un duelo supone vivir un proceso de aceptación de la pérdida (por enfermedad, por muerte, por catástrofe natural o provocada); un proceso de reflexión y asimilación de la vivencia; no una huída para “quitármela de encima”, lo más pronto posible, pues toda vivencia deja una impronta, una huella de la que hay que sacar sabiduría y fuerza. Si no se las tiene en cuenta, las experiencias dolorosas y traumáticas se distorsionarán y emergerán con nuevas manifestaciones y sufrimientos, porque “se cicatrizaron sus heridas en falso”.       <br />
              <br />
       No digo que el dolor haga falta para ganar méritos y lograr  el reino de los cielos, digo que el dolor propio es una fuente de energía que nos empuja a la creación. Digo que el dolor nos informa de la realidad que vivimos y que tenemos que superar. Digo que el dolor nos habla de las creencias que nos condicionan, pero que también nos dan sentido. Digo que el dolor nos informa de las injusticias que cometemos y que padecemos. Digo que el dolor manifiesta aquellos gritos del alma que no queremos escuchar. El dolor no es fealdad ni despropósito, el dolor es uno de los medios para encontrar el sentido.       <br />
              <br />
       Hay que valorar la presencia del dolor como sensibilidad propia, como efecto de nuestra capacidad de amor, como consecuencia de la empatía que tenemos con todo lo que nos rodea y con todos los que nos rodean; el dolor como impulso para la solidaridad, como razón para la acción social que no siempre tiene que ser acción experta o de profesionales. Porque al que vive el dolor y sabe que es un síntoma que anuncia la posibilidad de muerte (del tipo que sea), no le consuelan las explicaciones técnicas de los expertos, le confortan la solidaridad humana, la compañía cercana, la mano amiga.       <br />
              <br />
       Perder el sentido del dolor es perder un radar poderoso cuya incómoda presencia nos empuja a tratar de encontrar respuestas a la pregunta que nos provoca: ¿por qué esta realidad está siendo así? Esta cualidad humana impide que nos perdamos eternamente en el universo de lo fácil, de lo pueril, de la mentira, de lo falso, de lo aparente, de la muerte sin sentido de lo físico, y sobre todo de la desconexión con el aliento que mantiene la vida.       <br />
              <br />
       <b>Experiencia individual</b>       <br />
              <br />
       El dolor es también una experiencia individual, nadie vive el dolor de la misma manera, aunque las vivencias o las circunstancias sean las mismas. Cuando se pretende vivir el dolor ajeno, se le arrebata al otro la oportunidad de fortalecimiento y maduración personal que el dolor le produce.        <br />
              <br />
       No hablo del que provoca dolor al otro: esa responsabilidad ha de ser perseguida por la justicia humana. Hablo del que va al duelo y tiene que ser consolado por los deudos del fallecido, porque se busca protagonismo gracias a ese dolor. Es el que hace caridad ante las cámaras, la prensa o ante el mismísimo Dios para conseguir mayor ratio de gloria terrena y celestial.        <br />
              <br />
       Hablo de las aparentes muestras de conmoción de los administradores políticos frente a una previsible catástrofe, cuando la visión de sus consecuencias no le llevan a preguntarse ¿qué hice yo para evitar que esto sucediera? O ¿cuánta responsabilidad tengo en el dolor de estas gentes? Llevándoles estas preguntas a actuar en consecuencia.
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     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position: relative;">(Tendencias21)</div>
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   <link>http://www.tendencias21.net/El-dolor-es-la-metafora-extrema-de-nuestra-capacidad-de-sentir_a230.html</link>
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   <title>La conquista de los “paraísos” prometidos es un esfuerzo de todos</title>
   <pubDate>Sun, 07 Sep 2003 00:00:00 +0200</pubDate>
   <dc:language>es</dc:language>
   <dc:creator>Alicia Montesdeoca</dc:creator>
   <dc:subject><![CDATA[LA RAZÓN SENSIBLE]]></dc:subject>
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Las promesas que nos formula la tecnología nos hablan de escenarios que nos llevan a soñar en un mundo nuevo, pero lo que sobra hoy es soñar en un paraíso soportado por las diferencias en derechos (que no por la diversidad), las desigualdades en dignidad; los sufrimientos de los más y los placeres de los menos. Así que el mundo está aún por hacerse y somos más de seis mil millones de pares de manos. Por Alicia Montesdeoca.     <div style="position:relative; float:left; padding-right: 1ex;">
      <img src="http://www.tendencias21.net/photo/68066-102007.jpg" alt="La conquista de los “paraísos” prometidos es un esfuerzo de todos" title="La conquista de los “paraísos” prometidos es un esfuerzo de todos" />
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     <div>
      La mirada puesta en unas sociedades futuribles, que vienen imaginadas, sugeridas o diseñadas por las creencias en paraísos (hechos a la medida de la conciencia de los humanos de cada tiempo) espirituales, científicos, tecnológicos, políticos o económicos; fijados por dogmas o por renuncias, que dejan en manos de terceros el desarrollo de las posibilidades de bienestar de toda la sociedad humana, y, por lo tanto, del sujeto que se ve arrastrado a esta espera sin esperanza concreta para sí, provocan situaciones que están muy lejos de confirmar que aquellos supuestos paraísos vayan a ser tales, ni que esta generación vaya a gozar de alguno de ellos.       <br />
              <br />
       ¿Quiénes van a ser los artífices de que esto suceda y de que sea un logro para todos? Porque cuando pensamos en el paraíso, cualquiera que sea su forma o su sustancia, la impresión es que éste va a llegar de pronto y como un regalo que no requiere esfuerzo o mérito alguno por parte del que lo recibe.       <br />
              <br />
       Y así, como surgiendo de la nada, se producirá un salto desde la escasez a la abundancia, desde el dolor al placer, desde la enfermedad a la salud, desde la ignorancia a la sabiduría, desde la muerte a los ochenta o cien años a un dominio sobre los ciclos vitales y sobre la propia desaparición del sujeto.       <br />
              <br />
       Con el esfuerzo de aquellos elegidos que nos van a liberar de nuestras limitadas posibilidades, se va a producir un beneficio para todos los que, mientras tanto, nos limitamos a vegetar por la vida a la espera del Mesías de turno que nos regale el “don”. Esta caricatura milenarista nos lleva a reproducir otra caricatura que habla de la falta de dignidad del sujeto, que espera que le dé beneficios el esfuerzo de otros.       <br />
              <br />
       <b>Empleo de talentos</b>       <br />
              <br />
       Muchas biografías, historias, cuentos y leyendas recogen este tipo de actitudes tan permanentes en la humanidad de todos los tiempos y las culturas. Pero para no desviarnos en la reflexión, ni irnos muy lejos, recordemos aquella parábola del señor que repartió entre sus siervos unos talentos para que los desarrollaran, y tomemos, para esta oportunidad, el ejemplo que da la actitud de aquél que enterró su legado para que no se le perdiera.       <br />
              <br />
       Y así podemos reunir las características típicas de este supuesto sujeto, hombre o mujer, que no se implica para no equivocarse; que no se compromete materializando una obra en su vida porque puede estar perdiendo el tiempo y no estar alerta a la llegada de la oportunidad teórica que espera; que no quiere hacerse mayor y madurar, para no parecer viejo; que no quiere independizarse porque eso le supone correr riesgos y perder comodidades; que soporta vejaciones porque le han hecho creer que es el camino más correcto para ascender por la escala profesional y social, ya tendrá la oportunidad y el derecho de hacerle lo mismo a otros que lleguen de relevo.       <br />
              <br />
       La raíz de todo este espectáculo que vive nuestro “actor” (varón o mujer, repito) deduzco que está en la renuncia a descubrir quién es, cómo es y cuál es la razón de su existencia (no poseo información que me lleve a afirmar otra cosa, o a enriquecer esta perspectiva), porque nadie, desde su más corta edad, le ha enseñado a pensar y a reconocer lo que le rodea desde esta perspectiva.       <br />
              <br />
       El modelo social que está constituido para “facilitar” su socialización le hará un individualista, pero nunca pretenderá convertirlo en un individuo crítico y autónomo. Constantemente le exigirá que renuncie a este camino. A cambio, tras colocarle “orejeras” para que no mire a los lados, le pondrá delante la zanahoria consabida, y el “burro bueno” volverá a repetir el camino que todos han seguido y que le confirma en que “la vida es así”.       <br />
              <br />
       <b>Responsabilidad individual</b>       <br />
              <br />
       Concluyo que, si algún día la humanidad ha de vivir en un paraíso eso será si cada sujeto asume la responsabilidad que tiene sobre su propia vida y los “talentos” que tiene; custodiando con responsabilidad la dignidad para vivir, y asumiendo que los logros propios no han de ser a costa de que otros no puedan lograr los suyos.       <br />
              <br />
       Mientras tanto podemos seguir soñando en el paraíso, eso no está de más. Lo que sobra es soñar en un paraíso soportado por las diferencias en derechos (que no por la diversidad), las desigualdades en dignidad; los sufrimientos de los más y los placeres de los menos.       <br />
              <br />
       La consecución de los objetivos de la modernidad: Ilustración, progreso, desarrollo, democracia, etc., son encomiables y nos hicieron alcanzar un estadio (sobre todo para el mundo que lo alentó), pero sus logros no beneficiaron a todos ni estimularon las mejores condiciones para un desarrollo digno de la vida de la mayoría.        <br />
              <br />
       La humanidad aún no ha llegado a “globalizar” el bienestar en lo espiritual y en lo material, con suerte, no llegaremos a ningún paraíso mientras esto no suceda. Así que la tarea continúa, el mundo está aún por hacerse y somos más de seis mil millones de pares de manos.       <br />
              <br />
              <br />
       Ilustración:       <br />
       Autorretrato.       <br />
       Gentileza de <a class="link" href="http://liliammori.americas.tripod.com/arteinterfractal/index.html" onclick="window.open(this.href,'_blank');return false;">Sulian</a>
     </div>
     <br style="clear:both;"/>
     <div style="position: relative;">(Tendencias21)</div>
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   <link>http://www.tendencias21.net/La-conquista-de-los-paraisos-prometidos-es-un-esfuerzo-de-todos_a211.html</link>
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