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“Círculo de huesos”: Sobre la poesía de Lew Welch traducida al castellano

En los versos de este autor norteamericano, perteneciente a la ‘generación Beat’, lo primordial fue la precisión y el nervio


En mayo de 1971, el poeta norteamericano de la llamada ‘generación Beat’, Lew Welch, desapareció en las montañas de California, sin dejar rastro. Nunca más se supo de él. Fue autor de versos llenos de energía y precisión que, hasta la aparición de “Círculo de huesos” (Madrid, Varasek, 2013), seleccionada y traducida por Andrés Fisher y Benito del Pliego, el lector en castellano no había podido conocer. La antología recopila una parte sustancial de la producción de Welch y culmina con “La canción del zopilote”, un poema que funciona como despedida. Por Javier Gil Martín.




De izquierda a derecha, los poetas Lew Welch, Gary Snyder y Philip Whalen. Fuente: Javier Gil Martín.
De izquierda a derecha, los poetas Lew Welch, Gary Snyder y Philip Whalen. Fuente: Javier Gil Martín.
Un día de mayo un hombre deja una nota, que parece de suicidio, en una cabaña y se interna en las montañas con un revólver para no volver a ser visto nunca más. Ese hombre era el poeta estadounidense Lew Welch y el año de su desaparición, 1971. La cabaña pertenecía a su amigo Gary Snyder y se encontraba en las montañas de California.
 
Esta es la nota que dejó en la cabaña: “Nunca pude hacer que nada funcionara y ahora estoy traicionando a mis amigos. No puedo sacar nada en claro, nunca pude. Tengo grandes visiones, pero nunca pude hacerlas coincidir con la realidad. Lo he consumido todo. Todo se ha terminado. Don Allen será mi albacea literario ―usad los manuscritos que tienen Gary (Snyder) y Grove Press―. Tengo 2000 $ en el Bank of America de Nevada City ―usadlo para cubrir mis asuntos y deudas―. No le debo nada ya a Allen G. ni a mi madre. Partí al suroeste. Adiós. Lew Welch”.
 
El hecho de que su cadáver no haya sido encontrado aún cuando ya han pasado 40 años desde su desaparición ha potenciado la leyenda de uno de los poetas más intensos y, hasta cierto punto, secretos, de los que dio ese grupo de artistas norteamericanos conocidos como “Beat generation” (denominación que algunos han rechazado para sí, como el propio Gary Snyder, uno de los pocos que sigue vivo en la actualidad).
 
La relación de Welch con muchos de los formantes de este grupo fue muy intensa, conviviendo con algunos en San Francisco y compartiendo amistad y aventuras. Dos hermosos testimonios de esta relación son los libros Trip Trap (Haiku on the Road), de Jack Kerouac, Albert Saijo y Lew Welch; y Big Sur, de Jack Kerouac.
 
Esta última novela fue escrita cuando ya el novelista y poeta beat se encontraba lastrado por una fama que no terminaba de digerir, derivada de la repercusión de su novela On the Road, y por un alcoholismo que acabaría llevándole a la tumba.
 
Un retrato iluminador
 
En ella Keroauc da cuenta de su estancia en una cabaña en Big Sur, una zona de la costa californiana, y también en San Francisco, con algunos viejos amigos como Allen Ginsberg, el propio Lew Welch o Lawrence Ferlinghetti, quien le prestó la cabaña para que así pudiera alejarse de todo.
 
En este libro hace este conciso e iluminador retrato de Welch en el que nos da algunas claves de su personalidad: “...con su afición a ir de pesca en Willie al río Rigue de Oregon donde conoce una mina abandonada, o a deambular por las rutas del desierto y volver repentinamente a la ciudad para emborracharse, y un poeta magnífico, tiene algo que los adolescentes hip probablemente quieren imitar — Entre otras cosas, es uno de los mejores conversadores del mundo, y gracioso además” (traducción de Pablo Gianera).
 
Trip Trap (Haiku on the Road) recoge haikus compuestos por Jack Kerouac, Albert Saijo y Lew Welch a lo largo de un viaje de 1959 cruzando todo el país, de San Francisco a Nueva York. Los versos compuestos por los tres amigos dan cuenta de lo que se iban encontrando por el camino, por las infinitas autopistas de EE. UU., de ahí el subtítulo “Haiku on the Road”: estaciones de servicio, anuncios, Nevada, Texas, edificios, molinos, señales de tráfico; pero también presencias anteriores a las carreteras, incluso a los humanos: “La luna nueva / es / la uña del pie de Dios”.
 
Junto a estos “haikus en la carretera”, el libro contiene una carta de Welch a Kerouac y el principio de una novela. Con un estilo espontáneo y enérgico inspirado en la prosa de Kerouac, esta iba a recoger la experiencia viajera de los tres, pero se quedó en ese primer capítulo, “We started for New York”. Bajo la influencia de la prosa del autor de On the Road (En el camino) escribió además otra novela autobiográfica que dejó inacabada: I, Leo.
 
Trip Trap también contiene un texto introductorio de Albert Saijo, “A recollection”, escrito en 1973, cuando sus dos amigos ya habían muerto, en el que los recuerda y fabula sobre lo que pudo pasar con Welch después de su desaparición: “Jack (Kerouac) está muerto. Lew de alguna manera está muerto, ¿o eso es lo que quiere que pensemos? En el caso de Jack ahí está su cuerpo. Lew desapareció sin más. ¡Es increíble cuando lo piensas! ¿Quizás podríamos todos desaparecer sin dejar rastro? ¿Estás ahí, Lew? Tengo la sensación de que todavía apareces entre nosotros de vez en cuando con diferentes formas. A veces creo que te fuiste a las montañas esa última vez y tuviste una experiencia realmente reveladora”.

Piezas autobiográficas
 
Lew Welch había nacido en 1926 en Phoenix, Arizona, pero pronto empezó una errancia que le llevó a vivir en varias ciudades de EE. UU. A su época estudiantil (en el Reed College de Portland) se remonta su amistad con Gary Snyder y Philip Whalen, que retomaría muchos años después en San Francisco.
 
También a este periodo se debe su encuentro con William Carlos Williams. Lo conoció en un recital de este en el Reed College, y su encuentro con el maestro (que le alentó leyendo sus primeros poemas) y, sobre todo, la lectura de Gertrude Stein, determinaron su vocación literaria. Sobre Stein escribió su tesina en los años 40, y muchos años después fue publicada con el nombre de How I Read Gertrude Stein (1995).
 
Su vida laboral comenzó como publicista en ciudades como Nueva York y Chicago, pero acabó dejándolo por otras profesiones que le permitieran tener mayor libertad y más tiempo para su verdadera vocación, la de poeta. Una de ellas, algo muy acorde con su condición de excelente conductor que tanto impresionaba a Kerouac, fue la de taxista, que le inspiró versos como estos: “Cuando conduzco el taxi / soy el cazador. Mi presa sale de su escondite, / cautivándome con sus gestos. // Cuando conduzco el taxi / todos pueden mandarme, no obstante estoy al mando de todos. // Cuando conduzco el taxi / me guío por voces que descienden del aire desnudo” (traducción de Andrés Fisher y Benito del Pliego).
 
Más allá de la leyenda derivada de su desaparición en las montañas, ha quedado su poesía, llena de energía y precisión, y que, como estos versos del taxi, nos acerca al hombre de cuerpo entero: “Los poemas son piezas autobiográficas y el modo en que están conectadas cuenta una historia. Aunque algunos de los poemas se sostienen por sí mismo perfectamente, cada uno se nutre y enriquece con el poema anterior y posterior”.
 
Círculo de huesos
 
Así describe su poesía en el prefacio para el libro que iba a reunir todos sus poemarios y que no llegó a ver publicado. Por ello, sus poemas oscilan entre la ciudad y la montaña, como osciló su propia vida, en fuga constante entre estos dos polos, el espacio urbano y el natural: “Los principales personajes (de mi poesía) son La Montaña, La Ciudad, y El Hombre que intenta entenderlos y vivir con ellos. El Hombre cambia más que La Montaña y La Ciudad, y por ello parece que siempre necesitará a ambas”.
 
En sus versos lo primordial fue la precisión y el nervio: “No me preocupo por la belleza, si hay precisión también hay belleza”, y que su poesía captase la forma en la que se habla (“natural speech”), la espontaneidad del lenguaje hablado: “(Ezra) Pound decía que la poesía debe estar, al menos, tan bien escrita como la prosa. Yo digo que la poesía debe ser, al menos, tan vigorosa y útil como el lenguaje hablado”. Esta espontaneidad la asociaron, en el plano musical, con el jazz y la improvisación de intérpretes como Charlie Parker o Thelonious Monk, donde cada nota no hace prever la que vendrá después.
 
El lector en castellano solo había podido acercarse a la obra Lew Welch a través de poemas sueltos en algún libro panorámico de la poesía beat, pero en 2013 apareció la antología Círculo de huesos (Madrid, Varasek), seleccionada y traducida por Andrés Fisher y Benito del Pliego. Usando para ello el nombre de su poesía completa, Ring of bone, han recopilado una parte sustancial de su producción (de manera íntegra aparecen sus dos poemarios más importantes, según su amigo Gary Snyder, Poemas del eremita y Camino de vuelta). La antología acaba con “La canción del zopilote”, un poema que funciona como despedida de un hombre que pudo decir de sí mismo: “Que nadie se aflija / yo lo habré consumido todo / consumido cada partícula” antes de internarse en el bosque para no volver a ser visto...

“Círculo de huesos”: Sobre la poesía de Lew Welch traducida al castellano
LA CANCIÓN DEL ZOPILOTE (Fragmento final)

Escuchad mi última Voluntad & Testamento:

Entre mis amigos siempre habrá
uno con instrucciones precisas
para mi permanencia.

Que nadie se aflija.
Yo lo habré consumido todo
consumido cada partícula.

Qué derroche!
Qué alivio!


En una roca señalada, siguiendo sus
órdenes, poner mi carne.

Se deben tomar todas las precauciones
para no asustar a los nativos de esta
tierra bárbara, que, aun así,
no nos dejarán morir
como queremos.


Con la ceremonia apropiada destripar lo que ya no necesito,
que así más pronto se pudrirá volviéndose apetecible

mi nueva forma

*

NO EL ATAUD DE BRONCE SINO EL ALA AUDAZ

PLANEANDO PARA SIEMPRE SOBRE TI

OH PERFECTA OH AGUA DULCÍSIMA

OH GLORIOSA AVE

DE VUELO

CIRCULAR


Lew Welch (Arizona, 1926-California, 1971?)
De The Song Mt. Tamalpais Sings
(Berkeley, Sand Dollar, 1970)
En Círculo de huesos (Madrid, Varasek, 2013)
Traducción de Andrés Fisher y Benito del Pliego


Artículo publicado originalmente en la sección "Versos para el adiós" de la revista Adiós Cultural  (número 110, enero-febrero de 2015). Se reproduce con autorización.


Viernes, 20 de Marzo 2015
Javier Gil Martín
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