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El escándalo de Facebook abre la caja de los truenos sobre las redes sociales

La red social fundada por Mark Zuckerberg está tocada y puede terminar hundida


La filtración de datos de más de 50 millones de cuentas de Facebook que luego han sido utilizados para planificar la campaña electoral de Donald Trump o del Brexit en el Reino Unido, ha abierto la caja de los truenos sobre las redes sociales. Facebook está tocado y puede terminar hundido. Por Marga Cabrera y Miguel Rebollo.




La filtración de datos de más 50 millones de cuentas de Facebook en EE UU ha sido el último revés que ha sufrido la firma fundada por Mark Zuckerberg. Ahora bien, ¿nos extraña que la compañía diga ahora que no se trató de una filtración porque fueron los propios usuarios los que entregaron esa información?
 
Vivimos en el mundo de lo gratis, en el que no pagamos por el uso de plataformas como Facebook. Entonces, ¿de dónde creemos que sale el dinero? Si no pagas por el producto, el producto eres tú. Con tus gustos, tus costumbres, tus creencias, tus amigos… Nuestros datos son la mina de oro y los contenidos que generamos, cuándo, cómo, qué y con quién los compartimos, es lo que da valor a la herramienta. Así que no, no nos debe extrañar.
 
Al entrar por primera vez a una red social y darnos de alta, aceptamos todo lo que nos proponen en el aviso legal. Y la mayoría de veces nuestros datos y costumbres están incluidos. Algunos nos planteamos si es correcto o no, si es un abuso, si la legislación internacional debería tomar cartas en el asunto… pero la mayoría de usuarios aceptan sin más, incluso hartos de tener que darle a aceptar en tanta pantalla de aviso legal –si todos lo hacen, será que es correcto–.
 
¿No lo sabíamos?
 
Cuando cedemos nuestros datos para un sorteo, o damos acceso a una aplicación de terceros, como ocurre en la mayoría de los juegos, o usamos nuestra cuenta de Facebook para identificarnos en otros servicios –como Netflix– lo que estamos haciendo es permitir a todas esas aplicaciones acceder también a nuestra información, con lo que resulta casi imposible rastrear dónde están nuestros datos y qué se hace con ellos.
 
Lo confesamos: nosotros usamos los datos que obtenemos de las redes sociales en nuestra investigación. Especialmente de Twitter, pero también de Facebook. Es sorprendente lo que se puede sacar de la información pública de los usuarios.
 
El problema de Facebook es que, por defecto, es prácticamente visible todo el perfil y configurar los permisos de acceso no es algo intuitivo para la mayoría, aparte de la pereza que da.
 
Así que ahora es un buen momento para hacer limpieza, eliminar todo aquello que no queramos que sea visible, replantearnos qué compartimos y con quién, sin olvidar que por muy cerrados que tengamos los datos, Facebook siempre los tendrá y, además, con nuestro permiso. Pero, ¿acaso no lo sabíamos? ¿Cuánto conocemos de la legislación sobre nuestros datos si apenas leemos la primera línea del aviso legal?
 
En los últimos días, han aparecido iniciativas para abandonar esta red o boicotearla. Nosotros elegimos quedarnos. Facebook no tiene nada que no le hayamos dado voluntariamente y somos conscientes de que nuestros datos son el precio que pagamos por estar ahí. Somos cuidadosos a la hora de compartir nuestra vida, costumbres o gustos.
 
Además, hay que tener en cuenta que nos ‘espían’ desde muchos otros sitios ¿qué piensas que hacen las cookies? ¿Por qué Google nos da una cuenta de correo gratuita y un buscador para cualquier contenido en internet? ¿O de dónde viene ese anuncio que pinchamos en Instagram y nos sale en todas las redes?
 
Pensemos en toda la información que tiene un banco sobre nosotros solo con el uso que hacemos de la tarjeta de crédito, o las compañías telefónicas, saben dónde estamos, en qué momento, con quién hablamos,... o empresas de las apps a las que les decimos qué música escuchamos, por dónde corremos, qué lugares frecuentamos... continuamente estamos compartiendo datos personales, no solo en Facebook.

Falta de ética de Cambridge Analytica
 
En nuestra opinión, es la consultora británica Cambridge Analytica la que ha mostrado una falta de ética total. El origen de este problema ha sido los perfiles de votantes psicográficos que han construido a partir de los datos de esos 50 millones de usuarios sin su consentimiento. Y que se haya usado para manipular unas elecciones es algo con lo que últimamente estamos particularmente sensibilizados.
 
Expertos valoran en un 2% el impacto que el uso de estos datos tuvieron en la elección de Donald Trump a través de campañas en medios digitales y televisivas.
 
Mark Zuckerberg ha explicado lo que ha ocurrido en su perfil de Facebook, cargando toda la responsabilidad en Cambridge Analytica y Aleksandr Kogan, el catedrático que desarrolló la aplicación que usó la consultora. Zuckerberg ha defendido que ya en 2014 se habían puesto en contacto con ellos para asegurarse de que se habían eliminado los datos recuperados siguiendo las nuevas políticas de privacidad aprobadas entonces.
 
Además, propone medidas adicionales para implementar en los próximos meses. Una de ellas sería controlar las aplicaciones que descargaron grandes volúmenes de información antes de 2014. También reducir la información disponible para las apps a algunos datos básicos y bloquear las que no se usen en tres meses. Y por último, proporcionar una forma más sencilla para que los usuarios sepamos con qué aplicaciones estamos compartiendo nuestros datos ¿Será suficiente?
 
Nosotros consideramos que es necesaria una regulación de Facebook por parte de los gobiernos, o que los datos sean privados y haya que pagar por estar en la red como alternativas posibles.
 
Burbuja de información

El escándalo con los datos usados por Cambridge Analytica se suma a los problemas que lleva arrastrando Facebook desde hace tiempo. Con el objetivo de dar un nuevo aire a la red social, su fundador y consejero delegado, Mark Zuckerberg, anunció en enero un cambio en su algoritmo para seleccionar qué información aparece en el muro.
 
Lo cambios pretenden que los usuarios “pasen más tiempo en la red y lo empleen mejor”. En su opinión, eso significa que conecten con las personas que más les interesan (familia y amigos) y menos con páginas o medios de comunicación. Esto afecta al alcance orgánico de las publicaciones de las páginas, ya no nos aparecerá tanta información de páginas, medios de comunicación o marcas, si estas no han pagado por ello.
 
Todo ello conlleva una parte negativa, si las redes sociales, Facebook en particular, nos muestran solo lo que considera que queremos ver o leer, si siempre nos muestra nuestro círculo más íntimo de amistades, si lo único que nos llega es contenido de los que piensan como nosotros porque son más cercanos, nos está encerrando en una burbuja de información en la que solo vemos a nuestros iguales.
 
Esto al final va a provocar que seamos mucho menos abiertos de mente. Conviviremos en un mundo virtual con mentalidades muy similares a las nuestra, lo cual nos cierra la posibilidad de ampliar con otras opiniones, visiones o perspectiva.
 
Otro problema es el descenso en los usuarios jóvenes. A ellos no les gusta estar donde están sus padres e incluso abuelos, necesitan sus espacios y códigos. Si suben una foto, y los primeros tres 'me gusta' serán de su padre. Con el cambio de algoritmo, esto será aún más evidente y sus familiares no se perderán nada de su historia. Parece que la tendencia es que estén más a gusto en Instagram, eso sí, hasta que lleguen los mayores.
 
Después de batir un récord sin precedentes con 2.000 millones de usuarios, parece que Facebook ha tocado techo: el segmento más joven se marcha, quizá abrumados por una red en la que les persiguen los anuncios y en la que se sienten vigilados; los medios y las empresas se ven expulsados por un algoritmo que los castiga y ahora muchos usuarios, preocupados por su privacidad, abandonarán también la red.
 
Facebook está tocado y es necesario un nuevo modelo que nos devuelva la confianza y el control de nuestros datos.

(*)  Marga Cabrera es directora del Máster Universitario en Contenidos y Aspectos Legales en la Sociedad de la Información (CALSI) en Comunicación Digital de la Universidad Politécnica de Valencia. Miguel Rebollo es profesor del Grupo de Investigación de Tecnología Informática e Inteligencia Artificial de la Universidad Politécnica de Valencia.

Viernes, 23 de Marzo 2018
Marga Cabrera y Miguel Rebollo. SINC
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Nota


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1.Publicado por Carlos el 26/03/2018 17:17
No se de dónde proviene la sorpresa. Zuckerberg sostuvo desde el principio, y muy claro, que su plataforma interpretaba explícitamente la concepción neoliberal de que todo es comercializable y eso ha estado haciendo. Cada cual como mercancía tendrá su propio valor de uso y valor de cambio, incluso ser su propio fetiche. Si el interpreta mejor que nadie la sociedad de consumo y cobra por ello ¿a qué tanto escándalo?
Está bien, aquello era un horror; pero él advirtió cómo estaba procediendo.
Ni siquiera Cambridge Analytica es anti ética. Pedir ética en una sociedad neoliberal es un contrasentido mayúsculo, casi una ridiculez. Cambridge asumió que todos estaban de acuerdo en que nada les importaba que usaran sus datos ofrecidos gratuitamente a cambio de otra gratuidad masiva de incorporación. Imaginó que otras tendencias podían hacer lo mismo y seguir con el brillante juego de la democracia neoliberal.

2.Publicado por Criss R el 28/03/2018 04:21
Previsible, una vergüenza total y lo peor es que seguramente esta no será la única vez que ocurra

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