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“El grito en el cielo” de La Zaranda, una sesión de verdad sin paliativos

La obra, escrita por Eusebio Calonge y dirigida por Paco de la Zaranda, llegará en marzo a Burgos y Leioa


El inseparable tándem formado por Eusebio Calonge y Paco de la Zaranda (compañía La Zaranda, Teatro Inestable de Andalucía la Baja) presentaba a mediados de febrero, en el Teatro Alhambra de Granada, “El grito en el cielo”, un despiadado cuadro sobre el tramo final de la vida. Terrible e insoportablemente mágica sesión de verdad sin paliativos, la obra se representará este mes también en Burgos y Leioa. Por gärt.




Momento de la representación de “El grito en el cielo”. Fuente: Teatro Alhambra de Granada.
Momento de la representación de “El grito en el cielo”. Fuente: Teatro Alhambra de Granada.
 Mágica. Terrible e insoportablemente mágica esta sesión de verdad sin paliativos. Y para adueñarse de la verdad más dura de nuestras vidas, nada más efectivo que negarse a reconocer la realidad. Porque la realidad nos aparta, nos esconde de sus verdades más ásperas, de sus rincones más oscuros, de sus secretos más evidentes. Aquellos que incomodan y retuercen el ojo de nuestra ingenuidad.
 
La realidad es algo más que tibia con todo aquello sobre lo que no conviene fijar el pensamiento. Es una máscara que disfraza el rostro desfigurado de la vida. La realidad miente por sistema. La decrepitud se oculta de nuestra mirada en esas antesalas de la muerte que hemos sabido bautizar con ridículos eufemismos y lenitivos para el estreñimiento moral.
 
Los manipuladores de turno se empeñan en soterrar palabras tan precisas e inofensivas como viejos o asilos, suplantándolas por términos políticamente correctos como “mayores” o “residencias de la tercera edad”.
 
Palabras que nunca necesitaron ser sustituidas por eufemismos porque jamás tuvieron nada de malsonante. ¿Hay algo más digno de respeto que la edad provecta? Entonces ¿a qué viene ese contumaz empeño en aplicar una acepción peyorativa a unos conceptos claros y precisos?

El poder, siempre el poder y su intrínseca necesidad de hacer desaparecer todo aquello que no conviene.

La Zaranda en estado de gracia
 
Jugando con cuatro elementos bien aprovechados y amparados en un prodigioso diseño de luces -obra de Eugenio Calonge, también autor del texto- los cinco actores de La Zaranda, Teatro Inestable de Andalucía la Baja, evolucionan sumergidos en el impresionante Coro de los Peregrinos de Tannhaüser, de Richard Wagner.
 
Sus personajes, dotados de una fuerza expresiva fuera de serie, adquieren una penetrante dimensión simbólica a fuerza de minimalismo. Expresiones grotescas, rictus imposibles, cuerpos atribulados que se pasean por la penumbra como estantiguas, espíritus desorientados que deambulan por túneles sin salida en una inútil escapada del inevitable destino que a todos nos espera.
 
Desde su dolorosa presencia en la escena, ocultos como fardos abandonados mientras el público ocupaba sus localidades ignorándolos, igual que ignoramos la existencia de los viejos encarcelados en asilos y salas de enfermos terminales; los actores de la Zaranda abofetean nuestra conciencia armados con la fuerza de un incómodo verismo sin apenas concesiones.
 
El grito en el cielo nos cuenta la historia de una huida imposible sin necesidad de recurrir a ningún truco argumental. Los argumentos están agotados, el esquema narrativo habitual se ha vuelto infumable, pero la visión de nuestra finitud sigue incomodando al inconsciente colectivo y ahí es donde hay que golpear para despertar las conciencias adormecidas.
 
Una escapada sin escapatoria es sinónimo de tragedia. Así pues, la vida es trágica por antonomasia. Nada es inmarcesible en el universo. Todo se agota por imperativo natural. ¡Quién dijo que la naturaleza es justa! O tal vez se trate de otra justicia que el ser humano es incapaz de aceptar.
 
Pero lo que mueve las mentes de Eusebio Calonge y Paco de La Zaranda, no es la muerte en su más estricto significado, sino nuestra hipócrita mirada hacia otro lado ante un hecho inevitable. Hay una mano oculta que esconde la muerte para apartar nuestro pensamiento del sentido de nuestras vidas.
 
Vivimos trabajando, pagando facturas, cumpliendo con nuestros deberes, hipotecándonos, anestesiándonos con banalidad y acumulando cachibaches innecesarios, pero nos olvidamos de celebrar la vida como es debido. Es nuestro más sagrado deber gozar del instante con la mayor de las intensidades, porque no somos otra cosa que aves de paso. Porque estamos condenados a perder la dignidad antes que la vida.
 
Y sobre la escena sin decorados -el inexorable futuro- entre las tinieblas de nuestros ojos cansados, caminamos como espectros, rociados de polvoriento ectoplasma, intentando resistirnos a esa tabula rasa que nos amenaza a la vuelta de la esquina.
 
Es poco menos que imposible sustraerse a la congoja que se te queda en el gaznate con la imagen final de los cuerpos suspendidos en el aire, bajo la tenue luz del incierto destino. Y la overtura de Tannhäuser te aprieta el corazón con tal fuerza que, por un momento, el pulso tiembla como la membrana de un timbal bajo el martilleo de la baqueta. Mágica. Mágica y terrible.       

Referencia:
 
Obra: El grito en el cielo.
Autor: Eusebio Calonge.
Dirección: Paco de la Zaranda.
Compañía: La Zaranda. Teatro Inestable de Andalucía la Baja.
Representaciones: 13 y 14 de febrero, Teatro Alhambra de Granada. Marzo, Burgos (día 21) y Leioa (26).


Viernes, 6 de Marzo 2015
gärt
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