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El gusto por la música se puede modular con estimulación cerebral

Activando o desactivando circuitos cerebrales es posible intensificar o reducir las preferencias musicales


Es posible intensificar o atenuar el placer asociado al hecho de escuchar música, e incluso el deseo de escuchar más, estimulando o desactivando ciertos circuitos cerebrales, ha descubierto un estudio. Los circuitos que rigen el sistema de recompensa se pueden manipular también para tratar trastornos como la obesidad, la depresión o la dependencia.





Una investigación ha descubierto que la estimulación cerebral puede conseguir que mejore el gusto por la música, así como que aumente la emoción y la motivación a escuchar música.

También comprobó que la inhibición de esa estimulación cerebral reduce todos estos parámetros, lo que pone de manifiesto que el placer vinculado a la música puede ser modulado.

La estimulación magnética transcraneal es una forma no invasiva de estimulación de la corteza cerebral. Permite la estimulación incruenta del tejido nervioso sin dolor, y permite interferir de forma controlada la actividad normal del cerebro humano.

Hasta ahora se creía que el gusto por la música era una experiencia subjetiva, que dependía de las características de cada persona. También que los gustos musicales son relativos y que el placer derivado de la música procede de sus características estructurales, como los acordes o ritmos.

Lo que ha descubierto esta investigación, desarrollada en la Universidad McGill, es algo más complejo: que es posible intensificar o atenuar el gusto por la música, así como el impulso irresistible de escuchar algo en particular, estimulando o desactivando algunos circuitos cerebrales.

Anteriores estudios basados en imágenes cerebrales habían demostrado que escuchar una música agradable moviliza los circuitos frontoestriatales, una parte fundamental del sustrato neuro- fisiológico de las funciones ejecutivas. Estos circuitos son los que rigen el sistema de recompensa, un conjunto de mecanismos realizados por el encéfalo que permite asociar ciertas experiencias cotidianas a una sensación de placer.

Sin embargo, hasta ahora nadie había comprobado si estos circuitos frontoestriatales son indisociables de la recompensa que ofrece la música, o si se pueden manipular para modificar las medidas subjetivas y sicológicas del placer musical.

Sistema de recompensa

En esta nueva investigación, liderada por Ernest Mas Herrero, los científicos han concentrado la EMT en la corteza prefrontal dorsolateral izquierda, una región del cerebro de la que ya se sabía que debidamente estimulada modula el funcionamiento de los circuitos frontoestriatales para la secreción de dopamina. La dopamina es el neurotransmisor clave del mecanismo de la recompensa.

Durante tres sesiones diferentes, los investigadores aplicaron una EMT excitante, inhibidora o neutra a la corteza prefrontal dorsolateral izquierda de sujetos sanos. A lo largo del experimento, los participantes escucharon sus piezas musicales preferidas, así como otras seleccionadas por los investigadores.

Luego tenían que asignar un valor en tiempo real al placer que sentían, al mismo tiempo que los investigadores medían sus respuestas psicofisiológicas. Los participantes tenían también la posibilidad de comprar las piezas musicales propuestas por los investigadores, para medir la motivación a volver a escucharlas.

Los resultados fueron concluyentes: la EMT mejora el gusto por la música, aumenta las puntuaciones en las medidas psicofisiológicas de la emoción y el impulso de los participantes a comprar determinadas piezas musicales, al mismo tiempo que la inhibición de la EMT reducía todos estos parámetros.

Música y placer

Para los investigadores, tal como explican en un comunicado, estos descubrimientos demuestran que el funcionamiento de los circuitos frontoestriatales es esencial para disfrutar del placer que nos proporciona la música. También que el papel de estos circuitos en el aprendizaje y la motivación puede ser inseparable del placer.

En esta investigación, los científicos recurrieron a una combinación de EMT y de imágenes por resonancia magnética funcional para determinar cuáles eran las regiones y qué circuitos precisos son los responsables de los cambios observados.

La prueba de que la EMT pueden cambiar el placer y el valor asociados a la música no es sólo la demostración de que estos circuitos están implicados en las complejas reacciones que desencadena la música en nosotros, sino que además tiene aplicaciones clínicas.

Gran parte de los trastornos psicológicos, como la dependencia, la obesidad y la depresión, derivan de un mal funcionamiento del circuito cerebral de la recompensa. Al saber que este circuito se puede manipular en el caso de la música, abre la posibilidad a otras numerosas aplicaciones en las que sea médicamente necesario estimular o inhibir el sistema de recompensa.

Referencia

Modulating musical reward sensitivity up and down with transcranial magnetic stimulation. Nature Human Behaviour (2017). DOI:10.1038/s41562-017-0241-z


Martes, 5 de Diciembre 2017
Redacción T21
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