Tendencias 21. Ciencia, tecnología, sociedad y cultura



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El modo de crianza de los ancestros propicia el desarrollo moral de los niños

Juego libre, familias extensas y contacto físico frecuente, en las raíces de la empatía


El tipo de crianza que aplicaban nuestros ancestros lejanos propicia el desarrollo moral de los niños pequeños. Esto es lo que ha revelado una investigación en la que se constató que los niños en edad preescolar son más empáticos, compasivos y cooperativos, si a lo largo de su corta vida han recibido cariño en forma de contacto físico frecuente, si han sido amamantados durante bastante tiempo o si se les ha animado a que jueguen libremente con otros niños. Por el contrario, ciertas costumbres de crianza actuales pueden potenciar el efecto contrario, advierten los expertos. Por Yaiza Martínez.


Yaiza Martínez
Escritora, periodista, y Directora de Tendencias21. Saber más del autor



Niñas de preescolar. Foto: anissat. Fuente: Everystockphoto.
Niñas de preescolar. Foto: anissat. Fuente: Everystockphoto.
Los niños en edad preescolar son más empáticos, compasivos y cooperativos si a lo largo de su corta vida han recibido cariño en forma de contacto físico frecuente; si han sido amamantados durante bastante tiempo, si han dormido con sus padres o si se les ha animado a que jueguen libremente con otros niños.

Esto es lo que sugieren los resultados de tres estudios dirigidos por la psicólogo de la Universidad de Notre Dame, en Estados Unidos, Darcia F. Narvaez, especializada en el desarrollo de la moral y del carácter de los más pequeños.

Según explica Narvaez en un comunicado emitido por la Universidad de Notre Dame, estos resultados demostrarían que: “las raíces del funcionamiento moral se forman en los primeros años de vida, durante la infancia, y dependen de la calidad afectiva de la familia y del apoyo que reciban los niños por parte de su comunidad”.

Por otro lado, los estudios realizados han revelado que existe una relación entre las prácticas educativas comunes en las sociedades cazadoras-recolectoras (en las que los humanos se han desarrollado durante el 99% de su historia) y una mejor salud mental, una mayor empatía y una mayor inteligencia en los niños.

Mirando a los ancestros

Las tres investigaciones realizadas por Narvaez y sus colaboradores fueron, en primer lugar, un estudio observacional (sin intervención de los investigadores, que se limitaron a medir las variables definidas) sobre las prácticas educativas de padres de niños de tres años de edad.

En segundo lugar, los investigadores realizaron un estudio longitudinal sobre la relación entre ciertas prácticas de educación y el abuso infantil. Los datos analizados en esta parte de la investigación fueron tomados de una investigación anterior, realizada por otro psicólogo de la Universidad de Notre Dame, John G. Borkowski, especializado en el impacto de los abusos infantiles y de la negligencia en el desarrollo de los niños.

Por último, se hizo un estudio comparativo de las prácticas educativas de madres estadounidenses y de madres chinas.

A partir de todas estas investigaciones, Narvaez identificó seis características de la crianza comunes en los tiempos de nuestros ancestros lejanos y que, en la actualidad, aún influyen en el correcto desarrollo moral de los niños.

Una de estas características sería el hecho de mantener mucho contacto positivo con los bebés y niños pequeños (cogerlos, acurrucarlos, abrazarlos, etc.). La segunda de ellas es la de responder rápidamente a las quejas y llantos de los bebés.

Evitar ciertos trastornos

Según Narvaez, esta prontitud en la atención hace que el niño no se altere y, en consecuencia, a su cerebro no lleguen las sustancias químicas tóxicas que produce el propio organismo en situaciones de estrés: “La calidez, el cuidado sensible hacia los niños, permite que sus cerebros estén en calma durante los años en que su personalidad se está formando”, afirma la psicólogo.

Otra característica de la crianza practicada por nuestros ancestros y que tiene un efecto positivo en el desarrollo infantil incluso en la actualidad es la de la lactancia materna durante un largo periodo (entre los dos y los cinco años).

Según Narvaez, el sistema inmunológico de los niños no está completamente formado hasta los seis años, y la leche materna proporciona la base para dicha formación.

En cuarto lugar, el hecho de que los niños puedan crecer con otros adultos que los cuiden y los quieran, más allá de los padres, también resulta positivo para el desarrollo moral de los niños, al igual que poder practicar el juego libre con compañeros de juegos de edades diversas.

En este sentido, estudios anteriores ya habían demostrado que los niños que no juegan lo suficiente durante su infancia son más propensos a padecer trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y otros desórdenes de la salud mental.

Una última característica que favorecería un óptimo desarrollo de la moral infantil serían los partos naturales, que estimulan en las madres la generación de las hormonas necesarias para cuidar al recién nacido y establecer con él el vínculo más apropiado.

Un tema preocupante

Tras constatar que la crianza con estas características favorece un desarrollo moral óptimo en los niños, Narvaez alerta del hecho de que, al menos en Estados Unidos, se está produciendo un declive en la aplicación de todas estas condiciones a la crianza.

Así, en lugar de ser cogidos en brazos, los niños pasan mucho más tiempo en carritos o asientos para coches que antes. Además, sólo el 15% de las madres norteamericanas amamanta a sus hijos durante meses, las familias extensas ya no existen y el juego infantil libre se ha reducido drásticamente desde 1970.

En su lugar, se han extendido prácticas y creencias nocivas sobre la crianza, como el aislamiento de los niños en sus propios dormitorios o la idea de que atender al llanto del niño demasiado rápidamente puede hacer que el niño “se malcríe”, explica Narvaez.

Al mismo tiempo, por estas u otras razones, investigaciones diversas demuestran que la salud y el bienestar de los niños y jóvenes norteamericanos han empeorado en los últimos 50 años: hay una epidemia de ansiedad y depresión entre los jóvenes; los comportamientos agresivos y la tasa de delincuencia aumentan en los niños; y la empatía, base de las actitudes morales y compasivas, se ha reducido en el caso de los estudiantes universitarios.

Según Narvaez, éste es un tema preocupante: “Los niños que no tienen sus necesidades emocionales cubiertas en los primeros años de vida tienden a ser más egoístas. No cuentan con el mismo grado de emociones relacionadas con la compasión que niños que han crecido en familias cálidas, sensibles”.

Los resultados de la presente investigación serán presentados en un simposio que se celebrará en octubre en la Universidad de Notre Dame. La preocupación sobre el estado en que, actualmente, llegan los niños a los colegios de Estados Unidos (con pobres aptitudes sociales, escasa regulación emocional y hábitos que no promueven los comportamientos sociales) ha inspirado el encuentro, tal y como se explica en la página web oficial.



Viernes, 24 de Septiembre 2010
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Nota

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1.Publicado por Beatriz Basenji el 24/09/2010 20:20
Sin duda alguna, lo que aquí se expone refleja una poderosa verdad. Los valores morales estan presentes en las palabras, los gestos, las acciones y eso se vive dia a dia y se imprime en esa hoja en blanco que es cada niño desde su mas tierna infancia. Así como los padres conocen cabalmente a sus hijos en su proceder social, también los hijos estan pertrechados con los modos de sentir y pensar de sus progenitores. Mas aún, muchos niños que ya no tienen sus abuelos , quieren que sus padres les cuenten anécdotas, historias relacionadas con ellos; desean saber como eran "esos abuelos" del modo mas cercano posible porque "esos seres invisibles" son parte de un legado que va mucho mas allá de una identidad genética.

2.Publicado por Juan X el 26/09/2010 03:07
Pensaba que la masificación en las ciudades con todos los pasivos propios que el sistema económico social genera (tugurización, individualismo, desigualdad material, estrés laboral-competitivo, alienación socio-histórica-cultural entre otros) constituirían una de las principales causas para que las actuales generaciones estén cada vez menos capacitados para trasmitir valores sociales positivos de acercamiento y capacidad de empatizar con los demás. Se tiende más bien, y lo peor de todo con razón, a desconfiar más de los otros, de los que son diferentes a uno, de los desconocidos. Pero qué importante la confianza básica que deben trasmitir los padres a sus hijos a través de acciones tan sencillas como acariciar, lactar y socorrer oportunamente al niño.

3.Publicado por Beatriz Basenji el 26/09/2010 19:16
Lo publicado por Juan X , por cierto muy real y bien analizado, nos lleva una vez mas a reflexionar sobre lo siguiente: Ha sido positivo que las Mamás dejemos nuestros hogares y cuanto ello implica, para ir a trabajar ? Sabiendo que no estamos brindando a nuestros hijos lo que a nosotros nos brindaron en el seno de nuestro hogar? Sinceramente, nevera, lavarropas,lavavajillas, horno micro-ondas, etc. carecen de la capacidad de Amor ,comprensión,respeto, apoyo incondicional que una madre brinda.

4.Publicado por Julie Alvarez el 26/09/2010 21:16
Es interesante ver que eruditos están descubriendo el hilo negro de algo que simplemente es algo que cada vez es más raro: sentido común. Ojalá que estos resultados sesudos y conciensudos se presentaran a las personas comunes y corrientes de una manera facil y digerible para que se incluyan en sus métoos de crianza en los niños. Es triste que porque los padres jóvenes estan tan ocupados y paradógicamente se han vuelto tan aprensivos, sus hijos son ailados y negativamente "sobreprotegidos", donde los niños no saben relacionarse con otros seres humanos. Conozco adolescentes que ni siquiera en redes sociales son capaces de hacer amistad. Triste no?

5.Publicado por Juan X el 28/09/2010 18:30
Gracias a Beatriz Basenji por su reconocimiento a mis reflexiones sobre el tema. Mi respuesta, con su permiso, a su segunda reflexión parece ser si y no. Sí, porque la mujer tenía el derecho a realizarse en el ámbito extrahogareño y demostrar como lo hizo y hace, con creces, su capacidad social productiva (sin olvidarnos que esta incursión fue también forzada por ese mismo aparato económico-productivo voraz en mano de obra y mezquino en reconocimiento económico al recurso humano, que obliga a la familia toda a buscar más y más trabajo). No, por lo que Beatriz nos sugiere, el costo social por esa liberación social de la mujer fue hijos criados “a control remoto”.
Quiero citar lo siguiente, a propósito del artículo que nos convoca, dicho por el gran biólogo constructivista Humberto Maturana “El único vivir cultural en el que se es persona, en el que se puede ser responsable del propio hacer, y en el que se es espontáneamente ético, es el que surge en la epigénesis del vivir en la matriz biológica de la existencia humana, que es la relación amorosa materno-infantil en la total aceptación y disfrute de la cercanía corporal en el juego Cuando esto no sucede en la infancia, tiene que darse, de forma accidental o intencional, una relación con algún adulto que pueda crear un convivir equivalente a la relación materno-infantil de total confianza en el respeto mutuo y aceptación corporal plena, desde donde surgen de modo espontáneo inconsciente las conductas de conciencia social y ética, o estas tendrán que aprenderse como conductas intencionales desde la razón.” (Amor y juego: fundamentos olvidados de lo humano por Humberto Maturana y Gerda Verden-Zöller, pag. 262)

6.Publicado por Alejandro Sánchez el 03/10/2010 19:20
Este estudio se corresponde con una enorme y gigantesca baterías de estudios similares. Su marco teórico es correcto y el marco conceptual ni qué decir. El paradigma (psicobiológico y bioevolutivo) es el adecuado, bien podría estar circunscripto dentro de la línea de los estudios ecosociales (Ecología Social, Ecología Emocional) Aumenta nuestros conocimientos dentro de una línea de investigación con base en las ciencias naturales antes que en el relativismo cultural tan dañino por sus nefastas consecuencias en una organización y dinámica social que destruye el medio ambiente.

7.Publicado por Viviana Kleinmann el 31/10/2010 16:39
La nota, evidentemente, reafirma lo que la psicología del siglo XX había ya descubierto acerca de la importancia de los vínculos afectivos en el desarrollo de la personalidad. No tiene sentido evaluar un cambio histórico (la incorporación de la mujer al trabajo), ya que es inviable volver atrás en el tiempo. Me parece muy saludable desoir a quienes plantean que el bebé "se malcría", y también estimular la participación de abuelos y otros familiares en la crianza. Pero no descartar que diversos sustitutos, como las maestras jardineras, puedan ofrecer contención y afecto. El Estado debería proporcionar jardines maternales gratuitos y con una relación numérica adecuada para favorecer el vínculo entre la educadora y los bebés que pasan algunas horas a su cargo.

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