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Las gaviotas, amenaza para la salud pública

Llevan basura a los embalses de agua y la contaminan con peligrosas cianobacterias


La población de gaviotas ha alcanzado proporciones exageradas: llevan basura a los embalses del agua que bebemos y la contaminan con cianobacterias que pueden inducir cáncer, además de provocar la muerte masiva de aves, peces e invertebrados. Por Eduardo Costas (*).





Cuando era niño, los reverendos hermanos que regentaban el colegio al que iba, nos amenazaban con que quienes no estudiasen lo suficiente acabarían trabajando de basureros. Sin duda no me apliqué lo necesario, ya que terminé trabajando en un proyecto de investigación en el basurero de Pinto (en realidad la “Planta de Biometanización y Compostaje del Complejo Ambiental de Tratamiento de Residuos”).
 
Se trata de una de las mayores y más impresionantes instalaciones de tratamiento y reciclado de residuos de España. Alta tecnología para reciclar basuras, construida literalmente sobre millones de toneladas de residuos que en su fermentación anaerobia producen un biogás (con mucho metano) que se quema en la planta para la generación de energía.
 
El olor es insoportable (incluso en las oficinas) y las vistas a montañas de inmundicia, absolutamente deprimentes. Pero el desagradable lugar es un paraíso para muchos miles de gaviotas que allí se alimentan. También lo hacen otras aves (incluso cigüeñas), aunque las gaviotas son, con mucho, las más abundantes.
 
Por suerte la mayoría de nuestros proyectos de investigación no son en basureros. Algunos nos llevan a muestrear pantanos de abastecimiento de aguas que, por comparación, son verdaderamente idílicos. Como ejemplo, los madrileños pueden acercarse al embalse de Santillana y disfrutar de un magnifico paisaje al pie de la Sierra del Guadarrama.
 
Desde las orillas del embalse podemos recrearnos observando aves. Y comprobaremos que en el embalse de Santillana también abundan extraordinariamente las gaviotas. De hecho, hay muchísimas más de las que el embalse puede mantener. Esto se debe a que las gaviotas van a comer a los basureros. Allí se sacian rápidamente y vuelven a los embalses donde pasan el tiempo y defecan generosamente.
 
El resultado es que las gaviotas constituyen un eficaz medio de transporte de materia desde los basureros a los embalses que nos abastecen del agua potable que bebemos. Análisis con isótopos estables de nitrógeno permiten averiguar que buena parte del nitrógeno de muchos embalses tiene su origen en las aves. Para colmo, las heces de las aves tienen una composición de elementos en las proporciones que mejor les conviene a las cianobacterias.
 
Bacterias muy antiguas
 
Las cianobacterias son bacterias que hacen la fotosintésis. Son organismos muy antiguos. En el proterozoico liberaron en la atmósfera millones de toneladas de oxigeno, dando lugar a la atmósfera oxidante que permitió la aparición de grandes animales pluricelulares como nosotros. Aún hoy en día contribuyen a generar una buena fracción del oxígeno que respiramos.
 
Pero las cianobacterias también pueden producir muchos tipos de toxinas verdaderamente peligrosas. Algunas, como la microcystina, son hepatotoxinas tan potentes que se consideran sustancias de guerra química. Otras, como las anatoxinas, actúan de forma muy parecida a como lo hacen los pesticidas organoclorados y organofosforados. También producen dermatotoxinas que irritan la piel.
 
Las cianobacterias no pueden proliferar en grandes cantidades en aguas con pocos nutrientes. Pero sí lo hacen en aguas eutrofizadas ricas en nutrientes. Y las aguas eutrofizadas por aves les resultan especialmente atractivas. Para ellas, los embalses como el de Santillana, bien abonados por las gaviotas, son lugares excelentes.
 
Pero los seres humanos bebemos de embalses como el de Santillana. Y a nadie se le ocurriría tirar la basura en el lugar donde bebemos. Pero sí que permitimos que lo hagan las gaviotas.
 
Por supuesto que las estaciones de tratamiento de aguas potables son capaces de retener la mayor parte de las toxinas de las cianobacterias. Pero cada vez existe más preocupación porque se van acumulando pruebas de que algunas toxinas de cianobacterias pueden inducir cáncer en exposiciones continuadas a baja dosis.

Escasea el agua de calidad
 
España, con su clima mediterráneo, no es un país donde sobre el agua de calidad. De hecho, es uno de los países del mundo donde más rápidamente se ha empeorado la calidad de sus reservas de agua.
 
También es un país de extremos. No hace muchos años se masacraban miles de animales innecesariamente, a menudo con crueldad e incluso al amparo de la legislación vigente. Ahora el péndulo está en el otro extremo y proliferan las asociaciones de animalistas que defienden los derechos de los animales.
 
Hace pocos días, se han manifestado los más extremos de ellos, esto es los anti-especistas, defendiendo que todas las especies animales (incluyendo parásitos, gusanos, insectos…) tienen los mismos derechos que los seres humanos. Si tu hijo tiene piojos que se aguante: en principio tienen tanto derecho a la vida como los humanos.
 
Sin duda en este contexto resulta impensable hablar de controlar las poblaciones de gaviotas, aunque si los humanos no hubiésemos hecho basureros y construido embalses, no proliferarían del modo que lo hacen en entornos del interior de la península.
 
Pero en las aguas continentales, donde las poblaciones de aves han alcanzado densidades exageradas (como en el embalse de Santillana), las cianobacterias tóxicas proliferan tanto que incluso producen mortandades masivas de aves (y por supuesto peces, invertebrados…). Estas mortandades masivas por cianobacterias son uno de los espectáculos más impactantes de la naturaleza y afectan incluso a parques nacionales como Doñana.
 
La idea de limitar el disparatado censo de algunas especies oportunistas que se benefician de la actividad humana suscita un fuerte rechazo. Pero apelando a la razón, la ciencia y el humanismo, se puede mostrar un razonamiento evidente.
 
Nos parecería fatal que los camiones de basura descargasen su contenido en los embalses de abastecimiento. Pero si son las gaviotas quienes transportan la basura a los embalses de abastecimiento, entonces no importa.
 
No controlar estas poblaciones oportunistas es una estupidez, por más que les pese a algunos animalistas.
 
 
(*) Eduardo Costas es catedrático de Genética en la Universidad Complutense de Madrid.
 
 


Lunes, 5 de Noviembre 2018
Eduardo Costas.
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