Tendencias 21. Ciencia, tecnología, sociedad y cultura



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Yaiza Martínez: “Si nuestros cerebros se sincronizaran, la sociedad se transformaría"

La autora publica la novela juvenil “Interbrain” con Mandala Ediciones


¿Qué pasaría si, de repente, el cerebro humano cambiase, a causa del uso continuado y constante de las nuevas tecnologías de telecomunicación? ¿Y si, de pronto, el cerebro pasara a funcionar como Internet, conectándose con otros, aunque sin necesidad de artificios? Sin duda las consecuencias serían múltiples y sorprendentes. Sobre ellas habla la novela juvenil y de ficción “Interbrain” en clave de ciencia ficción, aunque con un claro matiz social y medioambiental implícito. Su autora es la escritora y periodista especializada en divulgación científica, Yaiza Martínez. La novela ha sido editada por Mandala Ediciones. Por Alicia Rodríguez.




¿Por qué Interbrain? ¿De dónde viene el título de este libro?

Por un lado me lo inspiró la tecnología de la interfaz, que es aquélla que conecta el ordenador al cerebro. Por otro, que científicos del Instituto Max Planck de Berlín hayan comprobado que los músicos, al tocar unos con otros, generan conexiones interbrain, intercerebrales. Sus cerebros se sincronizan cuando tocan al unísono. Esto me sorprendió mucho cuando lo leí, el hecho de que nos conectemos unos con otros sin darnos cuenta, en tareas comunes; el hecho de que, sin dejar de ser múltiples, podamos funcionar como uno.

En 2010, otro estudio francés detectó algo parecido en interacción social. Se pidió a una serie de participantes, organizados por parejas y analizados con EEG (electroencefalograma), que imitaran los movimientos de mano de sus compañeros. En sus cerebros, esas imitaciones hicieron que emergiera una red intercerebral de sincronización, en la gama de unas ondas cerebrales llamadas ondas “mu”, vinculadas al movimiento.

Por último, Interbrain es un juego de palabras con Internet y brain (cerebro en inglés), que hace uno de los personajes secundarios de la novela al referirse a la interconexión cerebral a distancia entre los protagonistas de la historia, todos ellos jóvenes “desvanecidos” que cuando despiertan presentan aptitudes sorprendentes.

Esta interconexión se produce a partir de un sueño que los adolescentes de la novela comparten, siempre en grupos de cinco. Forman así nodos pentagonales, a imitación de los nodos de Internet (en informática y en telecomunicación, de forma muy general, un nodo es un punto de intersección, conexión o unión de varios elementos que confluyen en el mismo lugar). Quise reunir a los jóvenes de cinco en cinco para enfatizar el papel de la naturaleza en su proceso de transformación. Por un lado, por los cinco elementos: éter, fuego, agua, aire y tierra; por otro, por los cinco sentidos.

¿Qué papel juegan la ciencia y la tecnología en esta novela?

Son circunstanciales, porque están completamente imbricadas en la vida cotidiana de los protagonistas. Pero también son fundamentales, porque favorecen un cambio radical en la manera en que los jóvenes se relacionan con otros jóvenes, y con otras personas. De repente, los adolescentes son capaces de leer la mente de los adultos, por ejemplo, y en esto tiene mucho que ver la tecnología, más concretamente, las nuevas tecnologías de comunicación e información.

¿Entonces qué hipótesis propone Interbrain, vinculada a la sociedad y al lenguaje?

Propone la hipótesis de que la tecnología, en especial la de las telecomunicaciones, pueda tener un efecto inesperado en nuestra forma de comunicación. De pronto, en la ficción, el cerebro humano pasa a estar conectado con otros cerebros, sin necesidad de contacto físico de ningún tipo y, por supuesto, sin la ayuda de máquinas ni de conexiones artificiales. Para la sociedad, este cambio en el lenguaje podría provocar una transformación radical que en Interbrain ya se esboza; una transformación para la que las estructuras sociales tradicionales podrían no estar preparadas.

Este cambio supondría asimismo una conexión entre individuos más profunda, una desaparición del yo –como lo entendíamos hasta ahora –, una mayor empatía (por una comprensión inmediata de las circunstancias ajenas); en consecuencia, también una mayor solidaridad, una apuesta por la cooperación y la organización en redes, por el desbaratamiento de las jerarquías, que pasarían a ser innecesarias.  

En última instancia, el libro apunta a que la naturaleza humana pueda dar un salto y convertirse en otra cosa, más evolucionada para bien. El germen de este salto, en esta ficción, se encuentra en la juventud. En ella aparecen potenciales inesperados susceptibles de activarse en cualquier momento, a pesar de las apariencias, que nos dicen que los jóvenes están “dormidos”. No están dormidos, están gestando el futuro, y para eso necesitan desvanecerse, “hibernar”. En el libro aparecen como crisálidas, a punto de transformarse en imagos.

¿Crees que el futuro que plantea esta novela es uno de los futuros posibles?

Sinceramente, no lo sé. Esta vez he escrito en clave de ficción. Por ahora, los estudios realizados sobre el efecto de las tecnologías de las telecomunicaciones en el cerebro humano apuntan efectos diversos. Yo misma he hablado de ello en Tendencias21. En 2010, un estudio del University College of London analizó esta cuestión. Constató que Internet está modificando el cerebro de los más jóvenes, haciendo que estos sean cada vez más capaces de realizar varias tareas al mismo tiempo; aunque también provocando que pierdan su capacidad de concentración y de leer y escribir textos largos.

En 2009, científicos de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) descubrieron que usar los buscadores de Internet hace que los cerebros de la gente mayor estén mucho más activos que cuando realizan otras actividades, como la lectura. 

Además, se comprobó que estimular, con el uso de Internet, los cerebros de personas que no usaban esta herramienta, hacía que, en tan sólo una semana y con una hora diaria de práctica, los usuarios alcanzasen los mismos niveles de activación cerebral que los más expertos. Así que, se concluyó, Internet puede reactivar el cerebro adulto. 

Por último, a finales de 2014, un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Zurich (Suiza), reveló que cuando se pasa tiempo interactuando con otras personas a través de Internet, y usando para ello la pantalla táctil de los smartphones, estamos cambiando la forma en que nuestros pulgares y nuestro cerebro interaccionan. En concreto, existiría una actividad eléctrica cerebral mejorada en los usuarios de teléfonos inteligentes cuando los dedos de estos se usan en el proceso de comunicación.

Otra cuestión es cómo podría cambiar nuestro cerebro Internet mediante implantes: Telepatía, telequinesia o información ilimitada podrían ser capacidades aportadas por implantes conectados al cerebro y a la Red al mismo tiempo. Sin embargo, contra esta opción se revela Interbrain. La novela argumenta que es la repetición en el uso de la tecnología –y no la tecnología implantada en el cerebro- lo que podría modificar nuestros cerebros y favorecer que estos empiecen a funcionar como Internet, imitando al gran cerebro que es la Red de redes.

Esta idea me vino del hecho de que haya estudios que señalan que el cerebro humano madura igual que Internet (en la formación de conexiones, cada vez crea más y más; o en la forma de generar información), y otros que señalan que nuestro cerebro tiene la misma capacidad de memoria que todo Internet.

¿Qué planteamientos sobre el lenguaje se muestran en Interbrain?

Siempre me ha fascinado el hecho de la aparición del lenguaje en nuestra especie. Aún no existe una única teoría aceptada por la ciencia sobre esta aparición. Me he quedado para esta novela con la idea de que el lenguaje que hoy usamos apareciera de manera espontánea y simultánea en nuestra especie.

Puede que no fuera así, pero la idea estimulaba mi imaginación. Por eso, al escribir el libro pensé en un proceso global (aquí quise ver un aspecto positivo a la globalización) y simultáneo, acaecido en el yo de la especie, en el yo común. Pero el lenguaje que aparece en el libro no es el lenguaje oral o escrito que conocemos. Ni es solo telepatía. No es solo posibilidad de comunicación natural a distancia.

Es, también, posibilidad de estar-ser en otros, incluso a distancia. Aquí el intercambio de información, por tanto, no radicaría en la relación clásica de emisor-receptor; habría mucho más, habría identificación con el otro, una conciencia plena de lo que el otro es, padece, disfruta, piensa, siente, cuando la interconexión se produce.

Por eso la investigadora-protagonista del libro no puede hablar del proceso más que con un tipo de lenguaje, que ella no entiende por qué le llega. Solo puede hablar de lo que sucede a través de los símbolos (ya sabemos que una imagen vale más que mil palabras). Se convierte así irremediablemente en una poeta que no entiende nada de lo que ella misma escribe aunque, por fin, comience a comprender algo de lo que está ocurriendo. La paradoja está servida. Este es el mundo que les espera.

¿Cómo enfoca esta novela la preocupación por el medio ambiente?

Hay varios enfoques. Por un lado, está planteada en un escenario post-catástrofe climática, en el que el la humanidad y el planeta aún se están recuperando. En este contexto, la población debe cuidar el medio ambiente, por ejemplo cultivando sus propios huertos para evitar importaciones y gastos energéticos o evitando coger el coche eléctrico para no contaminar. Hasta ahí nada nuevo.

Otro enfoque es el de la Congregación, el del Gobierno del mundo, que utiliza la ecología y el miedo a la catástrofe climática para dominar a la gente, como nueva Religión condicionante. Son ellos los que se ponen la medalla de la salvación del planeta y los que se erigen en directores de su mantenimiento en el tiempo. Por eso no tiran, por ejemplo, las casas abandonadas, que durante décadas recuerdan a la gente que vivió en ellas y que murieron como consecuencia de la catástrofe climática, acaecida décadas atrás.

Por último, el medio ambiente está identificado en el libro con la naturaleza, la madre naturaleza, que igual que vive fuera de los jóvenes también vive en ellos, y en ellos es el motor de su evolución hacia otra cosa, hacia un nuevo sapiens, digamos, modificado por la tecnología, que no solo es un objeto, “es un acto”; y “en el acto está la transformación de todas las partes implicadas”, como sabrá uno de los personajes del libro.

¿Qué imagen da de la juventud Interbrain y por qué?

Había una preocupación en mí al escribir el libro con respecto al público. Quería escribir para jóvenes, una historia muy entretenida. Además, como educadora tengo fe ciega en mis alumnos, en su potencial. Sentía que podía ser interesante mostrar un futuro posible, promovido por la gente joven. Por otro lado, quería recordar a los adolescentes que no están solos, que son capaces, que nada está escrito, y que en ellos están los cinco elementos, los cinco sentidos, empujando. Que la naturaleza sigue y sigue, siempre, también en ellos; y que los moverá. En definitiva, quería promover la esperanza. Estaba harta de que los llamaran ninis, adictos al móvil, etc. La evolución quizá aún pueda depararnos grandes sorpresas… siempre que cuidemos la Tierra que nos sostiene, claro, que de eso también va la novela.


Yaiza Martínez es escritora, profesora y periodista especializada en divulgación científica, labor que actualmente ejerce como Directora de Tendencias21. Interbrain ha sido editada por Mandala Ediciones.


Martes, 21 de Marzo 2017
Alicia Rodríguez
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Nota

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1.Publicado por Ludovico el 25/04/2017 13:22
Muy imaginativa e interesante novela. El potencial para un cambio a mejor, está siempre ahí para la humanidad. Es una pena que parecería que todo tenga que pasar por un cataclismo, y que no podamos ir corrigiendo el curso sobre la marcha. Cómo puede ser que "los intereses creados" demoren tanto los cambios que se demoran, y acrecientan el sufrimiento, la desesperanza, y nos acercan día a día a una espantosa hecatombe de proporciones bíblicas?b

2.Publicado por Yaiza Martínez el 14/05/2018 09:20
Muchas gracias por tu comentario, Ludovico, un cordial saludo, Yaiza Martínez

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Dirección. Yaiza Martínez.
Narrativa: Pilar Fraile Amador, Jesús Ortega, Carmen Anisa, Ángel García Galiano.
Poesía: José Luis Gärtner, Javier Gil Martín, Carmen Anisa, Víktor Gómez Ferrer, Arturo Borra.
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Ensayo: Víktor Gómez Ferrer, Arturo Borra.


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