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FILOSOFIA: Javier del Arco


Hay que comprender que es esencial tener muy en cuenta que, aunque intentemos por todos los procedimientos posibles ver aquello que llamamos lo “interior” o lo “interno”, nunca lo llegaremos a “ver” realmente. Las superficies o exteriores, siempre se pueden observar; los interiores, por el contrario, deben ser interpretados.


Contra el reduccionismo sutil: el ejemplo cerebro-mente (II)
Supongamos el caso del cerebro. Observar el exterior a nivel fino y ultra fino es muy factible así como contemplar y/o verificar su fisiología es también algo posible. Pero conocer por observación o análisis lo que el cerebro elabora o almacena, es decir los pensamientos o los recuerdos resulta imposible de contemplar y aquí entra en juego la palabra, el lenguaje, de manera que el contenido de lo que hay en el cerebro debe ser interpretado.

Las respuestas a las preguntas ¿qué pasa? ¿cómo te sientes? o ¿en qué piensas? no son visualizables –si pueden observarse reacciones fisiológicas o incluso cambios morfológicos en las estructuras cerebrales relacionados con ellas al formularlas- pero las respuestas, el contenido preciso de aquello que se piensa, se siente o se recuerda, parece difícil poderlo visualizar o analizar sin mediar conversación, palabra –hablada o escrita, tanto da- acciones gestuales que sustituyen a las palabras, desde las muy avanzadas como el lenguaje de signos hasta las más rudimentarias.

La fisiología cerebral, una rama de la ciencia especialmente importante y con una expansión muy prometedora podría llegar a saber todo de un determinado cerebro pero ignorar sus pensamientos. Esa es la situación hasta el momento y por eso no se puede dar por liquidada la psicología, cuya conceptualización conviene hacer ahora.

Ciencia del alma

La psicología (del griego psique, alma y logos, estudio) es una disciplina que literalmente significaría ciencia del alma, sin embargo, contemporáneamente se la conceptualiza como el estudio de:

-El comportamiento de los organismos individuales en interacción con su ambiente.

-Los procesos afectivos e intelectuales subjetivos.

-El sistema psíquico (homologable a mente, psiquismo, aparato psíquico); es decir, el conjunto de mecanismos funcionales y estructuras que posibilitan y explican los dos puntos anteriores.

En cuanto a la metodología utilizada, la Psicología ha discurrido tradicionalmente por dos opciones de investigación:

-La psicología entendida como ciencia básica o experimental, enmarcada en el paradigma positivista, y que utiliza un método científico de tipo cuantitativo, a través de la contrastación de hipótesis, con variables cuantificables en contextos experimentales, y apelando además a otras áreas de estudio científico para ejemplificar mejor sus conceptos.

-El intento de comprender el fenómeno psicológico en su complejidad real ha intentado, desde una perspectiva más amplia, la utilización de metodologías cualitativas de investigación, que enriquecen la descripción e interpretación de procesos que, mediante la experimentación clásica cuantificable, resultan más difíciles de abarcar, sobre todo en ámbitos clínicos.

La mayor parte de los estudios se realizan en seres humanos. No obstante, es habitual el estudio del comportamiento de animales, tanto como un tema de estudio en sí mismo (cognición animal, etología), como para establecer medios de comparación entre especies (psicología comparativa), punto que a menudo resulta controvertido.

La Unión Internacional de la Ciencia Psicológica (IUPS y S, por sus siglas en inglés) es la entidad que representa a la Psicología en el mundo, congregando a los comités nacionales que representan a las Asociaciones de Psicólogos de cada país. Una de las asociaciones de psicólogos más importantes es la Asociación de Psicólogos Americana (APA), que además ha publicado unas normas para la elaboración y publicación de trabajos científicos ampliamente difundidas y utilizadas en varios ámbitos de la ciencia.

Interpretar contenidos

Retomando pues el hilo del discurso wilberiano, recordemos que habíamos señalado que los neurofisiólogos podían conocer todo el funcionamiento del cerebro pero le era imposible, por métodos experimentales, conocer los pensamientos y el contenido de la memoria. Por esta razón las superficies, o sea lo que se ve, directa o indirectamente, son “monologícas” ya que se examinan mediante el monólogo que realiza el observador.

Sin embargo, los contenidos “interiores” del cerebro-mente han de ser considerados de manera dialógica –en el doble sentido de lógica del diálogo y lógica dual del discurso formal-, dialéctica o empática, en el más amplio sentido. De manera monológica se pueden estudiar los cuerpos en movimiento, la fisiología de cualquier sistema, órgano, tejido o célula y hasta las tasas de suicidios existentes en la Unión Europea, país por país, región por región, según las estaciones del año o los cambios climáticos.

Pero aquello que hemos dado en llamar los “interiores” que son “constructos singulares” del cerebro-mente, como los pensamientos o los sentimientos, tan sólo podemos estudiarlos de una forma empática, interpretativa. Sin embargo quiero dejar muy claro que fisiología y empatía no son excluyentes sino complementarias y que nadie piense que no las integramos, todo lo contrario; la una siempre tiene que ver con la otra.

Ciertamente, el trabajo a realizar en el sendero derecho se ciñe a la observación y al análisis con el apoyo de herramientas conceptuales y materiales. Con un telescopio, somos capaces de ver una estrella; con un microscopio, células, partículas subcelulares, moléculas e incluso átomos en función de las características del aparato en el nos apoyamos para la observación; podemos observar rastros de partículas en una cámara de aceleración de partículas; en un laberinto, podemos estudiar el comportamiento de las ratas; de un sistema social dado obtenemos datos empíricos y estadísticos muy importantes.

Pero en todos los casos que hemos señalado, no nos tenemos que dirigir de forma directa, hablar para entendernos, a los objetos investigados. No se persigue un entendimiento mutuo, ni tampoco el interpretar las profundidades o los interiores. Lo señalado en este párrafo se puede efectuar mediante un monólogo, no se requiere diálogo. Y vuelvo a repetir, no son modos de proceder antagónicos, ambos son extremadamente importantes y complementarios.

Hermenéutica de la sospecha

A la hora de estudiar el cuadrante superior izquierdo, como señala Wilber, aparece con carácter fundamental una noción previa importante: la de sinceridad. En efecto, cuando llegamos a unas formas de profundidad tan peculiares como las desarrolladas en el ser humano, esa profundidad sólo es accesible mediante la interpretación de lo dicho un diálogo que puede ser hablado, escrito, mediante lenguaje corporal, de signos, etc. Está claro que aquel que cuenta algo, de sí o de otros, puede mentir y enmascarar su propio pensamiento; incluso puede engañarse a sí mismo.

Ante esta posibilidad, ciertamente frecuente, es necesario recurrir a métodos más sofisticados de interpretación entre los que se encuentra el psicoanálisis. Cualquier ser humano puede sólo traducir en palabras aquello que percibe y, naturalmente, puede equivocarse. Entra en juego aquí un concepto establecido por Paul Ricoeur que es el de “hermenéutica de la sospecha”.

Llegados a este punto, hay que puntualizar algo sobre hermenéutica. Partimos de una bella y por esta vez muy clara frase heideggeriana: El lenguaje es la morada del ser y la casa donde habita el hombre, el gran intérprete que responde a esa llamada y que en ella y desde ella desvela la inconclusión de su propio decir.

A partir de esta trascendente construcción filosófica, lo que vamos a decir sobre hermenéutica veremos como cobra pleno sentido.

El término hermenéutica deriva del griego "hermenéuiein" que significa expresar o enunciar un pensamiento, descifrar e interpretar un mensaje o un texto.

Etimológicamente, el concepto de hermenéutica se remonta y entronca con la simbología que rodea a la figura del dios griego Hermes, el hijo de Zeus y Maya encargado de mediar entre los dioses o entre éstos y los hombres. Dios de la elocuencia, protector de los viajeros y del comercio, Hermes no sólo era el mensajero de Zeus; también se encargaba de transmitir a los hombres los mensajes y órdenes divinas para que éstas fueran tanto comprendidas, como convenientemente acatadas.

El hermeneuta es, por lo tanto, aquel que se dedica a interpretar y desvelar el sentido de los mensajes, haciendo que su comprensión sea posible y todo malentendido evitado, favoreciendo su adecuada función normativa.

Actualmente entendemos por hermenéutica aquella corriente filosófica que, hundiendo sus raíces en la fenomenología de Husserl y en el vitalismo nietzscheano, surge a mediados del siglo XX y tiene como máximos exponentes a Gadamer, Martin Heidegger, los italianos Luigi Pareyson y Gianni Vattimo y el francés Paul Ricoeur. Todos ellos adoptan una determinada posición en torno al problema de la verdad y del ser, siendo la primera definida como fruto de una interpretación, y el ser (mundo y hombre) como una gran obra textual inconclusa que se comporta de manera análoga a como lo hace el lenguaje escrito.

Atmósfera hermenéutica

No obstante, la hermenéutica contemporánea más que un movimiento definido es una "atmósfera" general que empapa grandes y variados ámbitos del pensamiento, calando en autores tan heterogéneos como Michel Foucault, Jacques Derrida, Jürgen Habermas, Kart Otto Apel y Richard Rorty.

Como hemos visto la hermenéutica, en tanto que atmósfera o clima, puede ser considerada desde perspectivas diversas. Para continuar el hilo de nuestro discurso es la consideración realizada por Ricoeur la que nos interesa.

Para Paul Ricoeur, la hermenéutica supone la interpretación como ejercicio de la sospecha o restauración del sentido. Es una "filosofía reflexiva" que ha de dar cuenta del conflicto entre las diferentes interpretaciones de los símbolos del lenguaje.

Así, enraizada a la filosofía de Nietzsche, que exigía a la filosofía la tarea de desenmascarar las fábulas ilusorias y falsos valores de la conciencia (la moralidad), la hermenéutica supone el esclarecimiento de la verdadera "intención" y del "interés" que subyace bajo toda "comprensión" de la realidad, quehacer que se halla presente en la teoría y el método psicoanalítico (desenmascaramiento de los deseos y pulsiones ocultos en el inconsciente) e incluso en las teorías marxistas sobre la ideología.

Frente a esta tarea, Ricoeur reclama también una hermenéutica dedicada a restaurar el verdadero sentido que contienen los símbolos, búsqueda que explicaría el progreso de la conciencia.

Buscando en las profundidades

La hermenéutica de la sospecha, en todas sus diversas formas, no pretende sino excavar bajo el contenido superficial de cualquier manifestación y evaluar el significado genuino de la comunicación. No busca lo que se halla en la superficie, sino aquello que se oculta en el fondo.

Wilber opina que el psicoterapeuta (psiquiatra o psicólogo), valiéndose de su formación y de su intuición empática (o simpática), puede concluir que un sentimiento depresivo original experimentado por un sujeto no es sino un sentimiento de ira disfrazado contra un ser próximo por un daño que el sujeto en cuestión le atribuye. Cuando se ha establecido el diálogo, si esa conclusión del psicoterapeuta tiene sentido para el sujeto, éste lo reconocerá.

Se habrá descubierto así “una profundidad” cuya existencia podía ignorarla el propio sujeto que es objeto de terapia, lo que implica el reconocimiento de una traducción anómala de un sentimiento o una mala interpretación del mismo. A partir de este hecho, el psicoterapeuta y el sujeto deberán pacientemente volver a traducir todos esos sentimientos mal traducidos, llamándolos por su nombre, dentro del contexto del propio desarrollo del sujeto. En el caso que nos ocupa, el sujeto no estaba triste, realmente estaba resentido y enfadado con la persona próxima en cuestión.

En este sentido el “inconsciente” del sujeto deprimido o afectado, lo que Wilber llama “sombra”, es el resultado o suma de todas las traducciones equivocadas acaecidas en el pasado que, al ser traídas al presente, distorsionan la capacidad de percepción del sujeto.

El sentimiento de tristeza de éste no era sincero; el sujeto se mentía a sí mismo para esconder un dolor más agudo como es la ira hacia un ser en el fondo querido. De manera deliberada y a la vez inconsciente, el sujeto malinterpreta sus sentimientos para protegerse generando un mecanismo de defensa. La sombra es, en palabras de Wilber, el locus de la insinceridad del sujeto, su propia interpretación errónea de su profundidad o “introidad” (el término es mío y lo explicaré más tarde). Este aserto es común a todas las formas de Psicología Profunda, ya sea ésta, freudiana, junguiana o gestáltica.

Releer los sentimientos

Pero la profundidad o “introidad”, término con el que designo la profundidad cuando específicamente se refiere a los dominios mentales propios de la actividad cerebral del ser humano, puede ser interpretada mal en otros individuos porque la malinterpretamos en nosotros mismos. Es preciso “releer el texto” de nuestros propios sentimientos, localizar nuestra fuente de insinceridad y reinterpretar nuestra propia introidad de una manera más fiel, generalmente con la ayuda de alguien que haya estudiado anteriormente cómo hacer ese tipo de interpretaciones de manera que podamos interpretarnos a nosotros mismos de una manera más exacta. Los aspectos fundamentales son significado, interpretación y sinceridad o ausencia de ella.

El conductismo, ignora por completo el mundo de los significados internos y lo sitúa en su totalidad, en el mejor de los casos, en lo que llama “variables intermedias”, situadas en un territorio desconocido ubicado entre el estímulo observable y la respuesta observable; este mundo de los significados internos serían para esta escuela variables internas que vienen definidas tan sólo como “tendencias del comportamiento” porque el behaviorismo sólo se mueve en la porción derecha del cuadrante sí que no confía en nada que no pueda ver y tratar de manera monológica. Wilber se formula, llegado a este punto, una pregunta muy comprometida para los behavioristas y es ésta: ¿cómo un/una behaviorista explica a su cónyuge que su amor compartido es una variable intermedia?

Antes de que muchos renuncien a seguir leyendo y se rasguen las vestiduras, he de advertir que nosotros no hemos dicho que el behaviorismo esté equivocado; nada de eso. Lo que si hemos afirmado e insistimos en ello es que tan sólo es un estudio preciso del cuadrante superior derecho de manera que nos relata fielmente todo lo que allí ve, y lo que ve es real. Sólo que es capaz de ver y explicar, más o menos, tan sólo una cuarta parte de la historia.

Aprovechamos para decir que la psiquiatría médica es el estudio de las intervenciones en el cuadrante superior derecho. Lo que el psicoanalista es capaz de detectar, como la rabia y frustración por el abandono paterno, convertida en depresión y tratable mediante el diálogo, la psiquiatría médica lo contempla como un problema de escasez de serotonina en la sinapsis neuronal que puede tratarse con medicación adecuada. Hemos de decir que ambos procedimientos son preciso y funcionan en sus respectivos cuadrantes.

Verdad proposicional

El behaviorismo, como todo el lado o sendero derecho, trata fundamentalmente de la verdad proposicional. La verdad proposicional pertenece, generalmente, al sendero de la derecha, confinada además, frecuentemente, al cuadrante superior derecho, siendo el encaje funcional el criterio utilizado para el cuadrante inferior derecho, tal y como veremos en seguida y allí contiende con el paradigma de producción, lo que veremos bastante más adelante. Como la posición objetiva puede ser asumida a cualquiera de los cuatro cuadrantes, la verdad proposicional tiene aplicaciones importantes en el sendero del lado izquierdo; la cuestión es que no agota esos dominios ni capta lo esencial de éste.

En cuanto a la verdad proposicional, veamos como se plantea. Nosotros, en tanto que investigadores, hacemos una proposición o hipótesis sobre un estado objetivo de cosas, y la investigación subsiguiente y la investigación trata de averiguar si la proposición es verdadera o falsa (generalmente consiste en tratar de falsarla o demostrar su falibilidad para lo que hay criterios como el de falsación de Popper). En general dada la pregunta: ¿”Está lloviendo ahí fuera”?, lo que se hace es mirar y encontrar la situación objetiva: “efectivamente, está lloviendo fuera”. Otros investigadores van a mirar y, si todo el mundo está de acuerdo, decimos que es verdad proposicionalmente que está lloviendo fuera.

En lo esencial, todas las verdades proposicionales son de este tipo, aunque pueden hacerse muy complicadas, y el mirar monológico requiere frecuentemente de instrumentos como telescopios, microscopios y otros más complejos de diversos tipos, usados en física, química, biomedicina y otras disciplinas científicas. Pero todos ellos poseen un denominador común: intentan alinear proposiciones con un estado de cosas. Son monológicos, empíricos, proposicionales. El criterio de validez es el que sea verdad, el de comparar el mapa con el territorio de forma precisa.

La verdad, cuestión de confianza

En el cuadrante superior izquierdo, sin embargo, el criterio de validez no representa tanto lo verdadero como la veracidad o sinceridad. Aquí la cuestión no es si lleve fuera, sino que lo importante es saber si cuando afirmamos que fuera está lloviendo, ¿estamos diciendo la verdad o estamos mintiendo?, ¿o quizá nos autoengañemos? ¿Estamos siendo sinceros y verdaderos o mentirosos e insinceros? Esta cuestión no se refiere tanto a la verdad objetiva como a la veracidad subjetiva.

La cuestión no es si el mapa coincide con el territorio que dice representar, sino más bien si quien elabora el mapa es digno de confianza. La veracidad, entonces, es un asunto directamente referido con la confianza y la sinceridad. Debido precisamente a que la profundidad no se queda en la superficie –es introidad- para que la vean todos, nuestro relato de la profundidad puede merecer confianza o no. Veracidad, sinceridad, ser digno de confianza, estas son algunas de las guías cruciales para navegar por el cuadrante superior izquierdo.

En resumen, no es tanto una cuestión de exteriores verdaderos como de interiores sinceros. Y esta sinceridad no puede ser determinada empíricamente, objetiva o monológicamente. Incluso podemos someter a las personas al detector de mentiras, el tan desacreditado polígrafo. Si alguien se ha mentido primero a sí mismo con anterioridad al uso del polígrafo, la máquina monológica que mide reacciones fisiológicas como sudoración, ritmo cardíaco y ritmo respiratorio, indicará, erróneamente, que la persona en cuestión dice la verdad. El locus de la sinceridad no es objetivo, sino subjetivo y sólo se puede acceder a él por medio de la interpretación dialógica, no de la indicación o medición monológica.

Criterios diferentes

Estos son algunos de los aspectos individuales de un “pensamiento que se nos ha ocurrido”, el holón-pensamiento que usamos como ejemplo. Este holón-pensamiento tiene correspondencias cerebrales que pueden determinarse de manera objetiva, monológica o proposicionalmente (SD) en base a la verdad y tienen una correspondencia interna que sólo pueden ser determinadas objetiva, monológica o proposicionalmente (SI) sustentándonos en la verdad; y tiene correspondencias internas que sólo pueden ser determinadas dialógica e interpretativamente en base a la veracidad. Los dos dominios no son sólo de distinta naturaleza, sino que siguen criterios diferentes respecto de lo que es válido en cada uno de ellos.

Continuando con el ejemplo, estos aspectos individuales tienen también componentes sociales o comunales que se corresponden con la mitad inferior de los cuatro cuadrantes. Ya sean expresados o no nuestros pensamientos individuales, estos tendrán sentido para nosotros que los elaboramos –y los tendrán para los demás si se los comunicamos-, porque ese significado mismo está sustentado por un trasfondo de prácticas, normas y estructuras ligüísticas que existen en nuestra cultura compartida.

Si las comunicamos y el que las oye no entiende nuestra lengua, no podrá entender el significado, aunque la expresión corporal y los estímulos le lleguen libremente. Este es nuestro cuadrante inferior izquierdo (II), el espacio en el mundo cultural compartido que es necesario para la comunicación de cualquier significado, y sin que la mayoría o incluso todos nuestros pensamientos privados, carecerían en gran medida de significado.

Aquí no es tanto una cuestión de verdad, ni siquiera de verdad, sino, esencialmente, se trata de una cuestión de acoplamiento o articulación cultual (sustituidos el término encaje, utilizado por Wilber pero feo en castellano, por los correctos de acoplamiento o articulación que utilizaremos indistintamente). Por acoplamiento cultural se entiende el hecho de ajustar nuestros valores y significados con la cultura que ha ayudado a producirlos.

Nuestros propios valores y significados individuales no son reducibles a este acoplamiento cultural –ningún cuadrante es reducible a otro-, pero dependen de los contextos de fondo y de todas las prácticas culturales que nos permiten, en primer lugar, formar significados. Nuestro holón-pensamiento está subsumido en contextos culturales hechos de relaciones de intercambio e intercomunicación subjetiva, sin los que nuestro propio sujeto y su veracidad, y el mundo de los objetos con su verdad, no podrían revelarse.

Acoplamiento adecuado

Si nuestro holón-pensamiento no se articula culturalmente, podemos ser genios elevados por encima de cualquier convención o psicóticos totalmente fuera de contacto con nuestros semejantes.

Pero en cualquier caso, el criterio no es tanto de verdad ni veracidad sino de acoplamiento adecuado: no se trata de ver si nuestro pensamiento se corresponde con un mundo de objetos ni si subjetivamente estamos siendo veraces, sino de si intersubjetivamente, es decir entre dos o más sujetos, estamos en armonía, de si nos articulamos apropiadamente con el espacio del mundo cultural que, para empezar, permite que surjan los sujetos y los objetos. Y estemos o no de acuerdo con distintos aspectos del entorno cultural que nos ha correspondido, en todos los casos hemos dependido de él para, en un primer estadío, disponer de la capacidad de discernir los significados intersubjetivos.

El criterio de validez en el cuadrante inferior izquierdo, no es la verdad de nuestra afirmación, ni la veracidad con la que la hacemos, sino si dos sujetos, Vd. y yo, pueden, podemos llegar a un punto de entendimiento mutuo. Es un criterio que no es ni objetivo ni subjetivo, es intersubjetivo.

Al lector avezado no se le habrá escapado que toda esta forma de filosofar es habermasiana en estado puro y por eso creíble en Europa. La proximidad entre Wilber y Habermas es manifiesta pero al primero había que despojarle de ciertos aspectos orientales que muchos no aceptan todavía y mostrar su vertiente post-francfortiana y neokantia que es un ingrediente esencial en su forma de filosofar.

Pero no podemos de dejar de tener siempre presente un aspecto fundamental: ninguno de estos significados, ya sean individuales o sociales, pueden estar desencarnados, situarse al margen del cerebro que los produce. Nuestros pensamientos individuales alteran nuestra fisiología cerebral, algo que se pueden visionar por resonancia magnética nuclear o tomografía por emisión de positrones; es más, puede visionarse un cerebro en actitud de pensar y obtener imágenes de ello; incluso se puede visionar como individuos distintos afrontan un mismo asunto, Vg. un ejercicio matemático, y veremos que las imágenes obtenidas, aunque siguen patrones parecidos, no son iguales siendo mucho la habilidad o destreza en resolver ejercicios directamente proporcional al incremento de conexiones entre los dos hemisferios cerebrales (Desco, M. y col, 2006). De una manera similar, los patrones culturales están registrados en procedimientos observables, exteriores, materiales, incluso si no pueden ser reducidos a ellos.

Correspondencia cerebral e institucional

Al igual que los pensamientos tienen correspondencia en el cerebro, los significados culturales tienen correspondencia con instituciones sociales objetivas y estructuras materiales de carácter social: producción de alimentos, sistemas de transporte, archivos y registros, edificios escolares, estructuras geopolíticas, comportamientos grupales, códigos legales, estilos arquitectónicos y los edificios mismos, tipos de tecnología, estructuras ligüísticas en su aspecto externo que son los significantes hablados y escritos, fuerzas económicas de producción y distribución; todos los componentes físicos de un sistema de acción social, todos los aspectos de un sistema social que puedan ser vistos, estudiados y analizados críticamente de manera empírica o monológica.

Como puede verse, aquí el criterio no es la verdad de los objetos ni la veracidad de los sujetos, ni la combinación de significado y comprensión intersubjetivo, sino más bien el acoplamiento funcional o interobjetivo de los sistemas sociales.

Si tomamos como ejemplo el clásico caso de la economía básica referido a la producción de cañones y mantequilla, un sistema de acción social sólo puede producir un determinado volumen de mantequilla y de armas y, cuanto más abundante sea la producción de un producto, más reducida será la producción del otro, por lo que ambos deben acoplarse funcionalmente con lo que es físicamente posible, mientras que en el caso del significado subjetivo, que uno tenga más significado no significa que otro vaya a tener menos: estas son cualidades no cantidades; no se añaden o sustraen una cosa de la otra como lo hacen las cantidades en el acoplamiento funcional.

El acoplamiento funcional es el único criterio de validez reconocido por la teoría de sistemas. Esto forma parte de su reduccionismo sutil. La profundidad interpretativa –sinceridad y veracidad- y el significado cultural –justicia y propiedad moral- son reducidos a un encaje funcional en la extensión externa; son reducidos a un holismo plano.

La teoría de sistemas va aún más lejos. Incluso la verdad proposicional, o el acoplamiento o articulación de la correspondencia entre sujeto y objeto es reducido al acoplamiento funcional o interobjetivo, y la “verdad” queda reducida a cualquier cosa que prolonga el régimen autopoiético del sistema social autoorganizado. Estas teorías disuelven su propio valor de verdad a favor del acoplamiento funcional de aquello que describen, de forma que sus teorías subjetivas se convierten meramente en un interobjeto entre otros muchos, lo que no es sino una brillante falacia.

En realidad lo que hay que destacar es que aquello que consideramos un “simple” pensamiento, el holón original, dista mucho de ser simple; es un holón con cuatro características inseparables que lo componen: intencional, de comportamiento, cultural y social, cada una de ellas con sus propias confirmaciones de validez, a saber: veracidad subjetiva, verdad objetiva, acoplamiento intersubjetivo y acoplamiento interobjetivo. En este artículo no vamos a agotar esta cuestión si la trataremos con detalle en el siguiente, titulado Hermenéutica Profunda.

Reduccionismo agresivo

Como ya hemos dicho, ningún holón existe simplemente en uno de los cuadrantes; todos los holones participan de los cuatro cuadrantes, y cada uno de ellos está en íntima relación y depende de los demás sin ser reducible a ellos. Precisamente porque esos cuatro cuadrantes están tan íntimamente relacionados, podemos intentar hacer un reduccionismo agresivo, y puede parecer que tiene mucho sentido.

Cuando pensamos, cada pensamiento parece ir aparejado de algún tipo de cambio fisiológico cerebral –incluso en las controvertidas experiencias extracorpóreas- de manera que podemos afirmar que los pensamientos son estados cerebrales, aunque podremos mantener que los mismos estados cerebrales son patrones emergentes de orden superior o jerárquico que no pueden ser reducidos a elementos atomísticos, cuestión polémica ésta que creemos que se resuelve con una pregunta de difícil respuesta: ¿Cómo un cerebro que no implica valoraciones puede producir un investigador que si las implica?. La aporía para los empiristas reduccionistas consiste en el hecho de porque no los valores que emergen simplemente de los estados cerebrales; es decir, que no pueden ser reducidos a, contados como, o explicados por ellos, lo que rápidamente proceden a negar por medio de una demanda de más pruebas empíricas.

Esta posición no es aún reduccionismo general, es reduccionismo sutil. Simplemente ha pretendido reducir la introidad o profundidad interior, los valores, los significados y la conciencia, es decir todo el sendero izquierdo, a porciones funcionales dentro de un orden de sucesos empíricos interconectados holísticamente, o sea, el sendero derecho. Se ha reducido el ajedrez complejo tridimensional a un juego de ajedrez monodimensional, se ha reducido el Kósmos al cosmos, la pirámide interrelacionada de la vida a la trama interrelacionada de la vida.

Técnicamente las internas y externas de profundidad y extensión colapsaron únicamente en Holarquías de profundidad y extensión, lo que puede resumirse en “la profundidad colapsó en extensión”.

En otras palabras, las holarquías aún eran reconocidas; como hemos dicho: los dominios superior derecho e inferior derecho son ambos holárquicos, eso no se niega; estas holarquías del lado o sendero derecho, como todas las holarquías, poseían técnicamente profundidad y extensión, pero no interioridad ni introidad.

Más bien, las holarquías que se reconocían, aún sin llamarlas por ese nombre, eran holarquías de exteriores empírico/positivos, superficies que podrían ser vistas empíricamente con los sentidos o con sus extensiones instrumentales, y así cualquier valor –cualquier correlato del sendero izquierdo- estaba excluido de manera automática.

Como las dimensiones interiores eran negadas, no había holarquía de distinción cualitativa de conciencia, de bienes o hiper-bienes –sendero izquierdo, interiores-; no era necesaria ninguna transformación de conciencia para llegar a la verdad, y no había ninguna otra verdad que aquella que podía ser formulada analíticamente, partiendo de datos empíricos carentes de valores.

Variaciones de la misma extensión

Aunque el sendero de la derecha reconoce jerarquías con profundidad y extensión, las profundidades de estas holarquías del lado derecho tienen todos los mismos valores, es decir, ninguno; son superficies sin valor. De esta manera, desde la perspectiva de los interiores o sendero de la izquierda toda la profundidad empírica de las holarquías externas no son sino variaciones de la misma extensión, a saber:, empírico o funcional.

Ello es, en resumen, la razón por la que nos referimos a esta cuestión en el texto diciendo: “La profundidad vertical ha colapsado en extensión horizontal”, o más simplemente: “La profundidad ha colapsado en extensión”. Hemos querido que el lector disponga de un resumen breve de este aplanamiento empírico y justificar la frase nuclear “la profundidad colapsó en extensión”.

Este reduccionismo sutil que tratamos desenmascarar todavía reconoce las jerarquías, más bien holarquías, pero únicamente las del sendero derecho, es decir, las de tamaño extensión y superficie. Estas jerarquías están fundamentalmente definidas por la inclusión física –una célula viva incluye moléculas que, a su vez, incluyen átomos, etc.

Pero en este supuesto, digámoslo así, las profundidades son monovalentes, no hay holarquías de valor, belleza, significado, motivación, comprensión, intuición, conciencia, o cualquier otra cuestión que tenga que ver, aunque sea vagamente, con el sendero izquierdo: todas las profundidades interiores genuinas, introidades, han sido eliminadas y decoloradas empíricamente hasta alcanzar el tono aburridamente monocromático de la extensión física exterior, o extensión/inclusión: no hay mejor ni peor, sólo más o menos.

Principios básicos (recapitulación)

Este reduccionismo sutil se ve ayudado por el hecho de que en la evolución, los cuatro cuadrantes, las cuatro direcciones, siguen los principios básicos que enunciamos esta aventura. Recordémoslos:

La realidad como un todo no está compuesta de cosas o de procesos, sino de holones.

Los holones se autopreservan, autoaptan, autotrascienden y autodiluyen.

Los holones emergen.

Los holones emergen holárquicamente.

Cada holón emergente trasciende pero incluye a sus predecesores.

Lo inferior establece las posibilidades de lo superior; lo superior establece las probabilidades de lo inferior.

El número de niveles que comprende una jerarquía determinada si esta es superficial o profunda; y al número de holones existente en un nivel dado lo llamaremos extensión.

Cada nivel sucesivo de la evolución produce MAYOR profundidad y MENOR extensión. Cuanto mayor sea la profundidad de un holón tanto mayor será su nivel de conciencia.

Destruye un holón de cualquier tipo y habrás destruido todos sus holones superiores, pero ninguno de los inferiores.

Las holarquías coevolucionan.

Lo micro está en una relación de intercambio con lo macro en todos los niveles de profundidad.

La evolución Cósmica parece ser direccional; la biológica, hasta ahora, ha sido ciega.

Las huellas del gigante

Como no nos cansaremos de repetir, los cuadrantes todos son holárquicos, pero mientras que la parte derecha tiene que ver con la extensión física –los organismos son mayores que las células-, la parte izquierda implica intenciones –los conceptos por sí mismos no son mayores o menores que los símbolos, aunque los incluyen y son más intencionales; son estas graduaciones de valor, belleza…, no de tamaño.

Además, cuanto más profundizamos, menos cosas significativas nos dirán los principios de la evolución debido a que son factores que constituyen el mínimo común denominador, las leyes del eslabón más débil. A pesar de todo, los en su día expresados principios evolutivos captan ciertos fundamentos de todos los cuadrantes.

Así este reduccionismo sutil aún es capaz de encajar con los principios de la evolución: la noción de desarrollo, las características emergentes de la evolución, su naturaleza, holárquica, etc. Todo esto puede ser asumido con convicción por el reduccionismo sutil; simplemente estas holarquías de calidad se han perdido en las de cantidad y todas los graduaciones de profundidad interior han sido reemplazadas por graduaciones de exteriores sin significado.

Evidentemente la templanza y el amor al prójimo son mejores que el crimen, pero los quarks no son mejores que los fotones, y así explicar la totalidad del Kósmos en términos de extensión y formas empíricas con un cosmos sin valor alguno.

Como por cada suceso que ocurre en el sendero izquierdo siempre hay algo que se registra –registra, palabra clave- en el lado derecho, puede parecer que que una descripción exhaustiva del sendero derecho cubre realmente todo lo que se puede decir. Dicho de otra manera, como cada evento del Kósmos tiene un componente en el sendero derecho, puede parecer erróneamente que este agota las posibilidades de aquel, y sin embargo, en el fondo, sólo se han registrado y medido las huellas del gigante.

Javier Del Arco
Lunes, 8 de Enero 2007
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Editado por
Javier Del Arco
Ardiel Martinez
Javier del Arco Carabias es Dr. en Filosofía y Licenciado en Ciencias Biológicas. Ha sido profesor extraordinario en la ETSIT de la UPM en los Masteres de Inteligencia Ambiental y también en el de Accesibilidad y diseño para todos. Ha publicado más de doscientos artículos en revistas especializadas sobre Filosofía de la Ciencia y la Tecnología con especial énfasis en la rama de la tecno-ética que estudia la relación entre las TIC y los Colectivos vulnerables.






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