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FILOSOFIA: Javier del Arco
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El Tesoro de la alfombra mágica

Cualquier persona que no esté cegada por la ignorancia, la estupidez, el fanatismo o el interés económico, sabe, en mayor o menor medida, que este nuestro amado planeta Tierra camina hacia el desastre debido exclusivamente a actuaciones humanas. Ello supondrá un mega suicidio colectivo porque su enfermedad es ya la nuestra y su muerte sería inexorablemente la de todos.

Este planteamiento atribuye las raíces profundas de la crisis a la existencia de una visión fragmentada del mundo. Una visión que ha separado drásticamente cuerpo y mente, sujeto y objeto, cultura y naturaleza, pensamientos y cosas, valores y hechos, lo humano y lo no humano. Visión del mundo aún para muchos todavía dualista, antropocéntrica y patológicamente jerárquica. Una visión que erróneamente disocia a los seres humanos del conjunto de la vida, elevándolos equivocadamente sobre el resto del complejo “tejido de la realidad”. Una visión del mundo, en fin, que ha consagrado la fragmentación y propiciado el enfrentamiento porque el ser humano es esencialmente ignorante de la delicada estructura reticular y relacional que rige la vida de la que es un eslabón más, notable si, pero no necesariamente esencial.

La desubicación y la fractura de la armonía por un confuso –y las más de las veces perverso sistema de valores-, ha conducido a la alienación de la especie humana y ha devenido en transformación de las desorientaciones coyunturales propias de quién busca en la desorientación estructural que padece aquel que busca lo que no le es dado encontrar.

Si la especie está divida y fragmentada y carece de poco respeto hacia sus congéneres hasta el punto de organizar industrialmente su muerte, que respeto iba a tener por las otras especies animales como ella, o vegetales. Ninguno. El hombre normal, en tanto que primate omnívoro, es un predador y, al haber evolucionado hacia una mayor capacidad intelectual, ha refinado sus métodos de caza y de acumulación de lo cazado o recolectado hasta caer en la opulencia y en la codicia (características netamente humanas); y el instinto territorial le ha llevado a descubrir no sólo que hay que defender lo propio, sino que puede resultar útil apropiarse de lo ajeno mediante la violencia planificada o indiscriminada que se plasma en la guerra abierta o soterrada.

Esta triste visión de nuestra especie abona nuestro convencimiento hobbesiano de la maldad del hombre. Además convenimos con el filósofo francés Luc Ferry que si algo puede caracterizar de una manera definitiva a lo humano, ello es el exceso ¿Y como puede aquel que se complace únicamente en el exceso puede reparar en algo que no sea el mismo? ¿Cómo podemos meditar y decidir tener como máxima la defensa del ecosistema, siquiera por egoísmo, si no somos capaces de prescindir del más mínimo capricho, pasión o deseo?

La Tierra está mal, muy mal, porque ya le falla al mal su vertiente egoísta, conservadora, prudente, taimada… En el siglo XX, la era de las catástrofes según Hobsbawn, se nos ha mostrado con vigor e irresponsable entusiasmo el preludio de ese bello y terrible libreto que constituye el Apocalipsis.

¿Y porqué todo esto?, ¿Porqué la especie humana, justo cuando ha sido capaz de tomar conciencia sí misma, maquina simultáneamente su propia destrucción?

Nuevo paradigma científico

Las ciencias sistémicas son ciencias de la totalidad y de la conexión. Si les añadimos las de desarrollo y evolución, tendremos la esencia de las nuevas ciencias sistémicas. Ello permite la emergencia de un nuevo paradigma científico dotado de profundidad y alcance filosófico que abarca el mundo material o inanimado, el mundo de los seres vivos y el de la historia.

En efecto, pocos dudan -aunque también poquísimos reflexionan en ello-, que los ámbitos físico, biológico y social están interconectados. En efecto, en la primera parte vimos como la evolución y el trabajo desarrollado por la materia no-viva dio origen a entidades sencillas auto replicantes, para entendernos vivas. Y de las condiciones creadas por la evolución biológica han venido los humanos; y de la actividad de estos y de otras muchas especies vivas, han emergido ciertas formas de organización social.

Nadie pone hoy en duda el hecho evolutivo y el nivel de la discusión se centra ahora en cuestiones de detalle, ciertamente importantes, pero que en absoluto niegan la mayor. Hay algo importante que queremos destacar. En el proceso evolutivo, entendido en su sentido más amplio, suceden regularidades básicas que son repetitivas y recurrentes. Buscar esas regularidades es participar en la construcción de la gran síntesis que unifica la evolución física, biológica y social en un marco de referencia consistente con una lógica y unas leyes propias.

No hay dualidad entre materia y vida ni tampoco esta existe entre la mente y el cerebro. Pero ello no significa, como a primera vista pudiese parecer, la asunción por las buenas de un reduccionismo materialista o mecanicista. Todos los fenómenos –todas las cosas y hechos, personas, animales, minerales, plantas- encierran una profunda relación, a modo de tupida red, que se fundamenta en leyes, patrones y, especialmente en la animación y la continuidad.

El continuum del ser

No parece coherente, con los patrones evolutivos que hoy conocemos, postular la existencia de brechas en la naturaleza o eslabones perdidos. No vemos la necesidad de dualismo alguno porque cada cosa está entretejida con todo lo demás, eso que se llama el continuum del ser. No obstante ese continuum del ser muestra un cierto puntuacionismo porque hay diversos emergentes que aparecen en unos niveles pero no en otros.

Un ejemplo claro: los conejos corren, las rocas no; hay continuidad en la estructura fina –atómica-, pero en otros niveles hay puntuaciones, emergentismo. La continuidad de la materia, los demás seres, el cuerpo y el cerebro-mente establecida en una amplia red de instrucciones entrelazadas mutuamente de manera reticular y al menos en cuatro dimensiones constituye el continuum. Ningún nodo reticular, ningún eslabón existe sólo para ser usado por los demás. Si una sola hebra del tejido precioso de la vida se desprendiese, este terminaría por deshilacharse.

Las nuevas ciencias sistémicas son, en cierto sentido, ciencias de la totalidad y la conexión. Si añadimos ahora la idea de Evolución, la idea de que las totalidades crecen y evolucionan, tenemos la esencia de las modernas ciencias sistémicas. Un nuevo sistema de origen científico y profundidad y alcance filosófico está emergiendo actualmente. Abarca los grandes reinos de universo material, el mundo de los seres vivos y el mundo de la historia. Este es el paradigma evolutivo. Nos referimos aquí a tres ámbitos de la evolución: material o físico, biológico y sociocultural. Nosotros nos referiremos a tres dominios generales: fisiosfera (materia), biosfera (vida) y noosfera (mente).

Patrones dinámicos

La propuesta central de las ciencias sistémicas evolutivas es que estos tres grandes dominios están unidos porque se rigen por las mismas leyes generales o patrones dinámicos.

Históricamente, desde Platón y Aristóteles hasta finales del siglo XIX, se había mantenido la idea de que estos tres grandes dominios eran una manifestación continua e interrelacionada del Espíritu, una Gran Cadena del Ser que enlazaba de manera perfecta e ininterrumpida la materia, la vida, la mente, el alma y el Espíritu.

Los diferentes teóricos de la Gran Cadena han estado de acuerdo en tres puntos esenciales:

1) Todo fenómeno - cosas, hechos, personas, animales, plantas y minerales - constituye una manifestación de la superabundancia y plenitud de Gea-en-Kósmos de manera que todo está intrínsecamente en cada uno y en todos ellos.

2) Por tanto, no hay “brechas” en la naturaleza, no hay eslabones perdidos, no hay dualismos insalvables porque cada cosa está entretejida con las demás (continuum del ser).

3) El continuum del ser muestra sin embargo graduaciones porque hay emergentes que aparecen en algunas dimensiones pero no en otras (por ejemplo, los gatos pueden moverse voluntariamente y las rocas no).

Esta visión contempla a la materia, el cuerpo y la mente como una vasta red de órdenes mutuamente entrelazadas que subsisten en el Espíritu, en el que en cada nodo de esa red es el continuum del ser, cada eslabón de la cadena es absolutamente necesario e intrínsecamente valioso.

Teoría de la Naturaleza

Al igual que lo que nos ocurrió anteriormente con Lucrecio y rebuscando en la filosofía, nos encontramos con una bellísima Teoría de la Naturaleza que encaja perfectamente en los modernos esquemas de la hipótesis de Gea de Lovelock y Margulis, y que data nada menos que de 1797. Nos referimos a la obra Disertaciones dedicadas al esclarecimiento de la Doctrina de la Ciencia del filósofo alemán Schelling.

Para él la naturaleza es el producto de una actividad inconsciente del yo y así mismo afirma que el mundo, en su infinitud, no es más que la fuente generativa de sus infinitas producciones y reproducciones. Los grados de desarrollo de la naturaleza pueden ser comprendidos como producciones de Gea-en-Kósmos, mediante los cuales ésta -Gea-en-Kósmos- se eleva a la conciencia y a la libertad.

En definitiva, la naturaleza entra a formar parte de la “historia del espíritu humano”. Es posible así construir una filosofía de la naturaleza mediante un movimiento inverso al planteado en la obra de Fichte -como ya hemos dicho, primer representante del Idealismo alemán y maestro de Schelling-. Fichte dedujo de la inteligencia una naturaleza. Schelling, deducirá de la naturaleza una inteligencia ¡Reparen en la actualidad de esta afirmación!

El dualismo fichteano del yo y no-yo, se devanece a favor de un monismo genético que conduce la naturaleza a Gea-en-Kósmos. La naturaleza aunque sea sólo Gea inmadura es en el fondo Gea-en-Kósmos que no tiene conciencia de la actividad infinita que ella misma supone. En la naturaleza, Gea, se agitan las mismas fuerzas que obran en la conciencia. Es, por así decirlo, “Gea-en-Kósmos visible”, del mismo modo que el espíritu es “Gea-en-Kósmos invisible o mente-en-acción”, software cerebral. En esta hermandad genética de Gea-en-Kósmos y Gea o sea, naturaleza, radica la posibilidad según Schelling, de una auténtica ciencia natural.

Dogma fenecido

Fenecida hoy ya una idea dogmática de la modernidad, derivada de la ilustración y de las revoluciones imperantes en los siglos XIX y XX, en los que el enfrentamiento ideológico era tan fuerte que la reflexión serena se hacía casi imposible, podemos señalar que hasta la resolución de la divergencia entre las dos flechas temporales en los últimos años del siglo XX, -y que todavía muchos cuestionan- no ha habido una base sólida para cerrar la brecha entre Gea-en-Kósmos –léase naturaleza + mente; y Gea, léase naturaleza. Entre el mundo natural y el mundo humano, y por tanto, entre las dos culturas enfrentadas de la civilización occidental moderna.

Y, precisamente, este hecho se ha producido tras los descubrimientos sobre los aspectos menos evidentes y más ocultos del universo material, que, bajo ciertas circunstancias, se impulsa a sí mismo a estados de orden más elevado, de mayor complejidad y organización. Cuando un proceso material se torna muy caótico y se aleja mucho del equilibrio, tiende bajo su propio poder, a escapar del caos, del que surge un orden más elevado y estructurado. Todo la matemática del caos, toda la teoría de la biofísica caótica, invierte el sentido de la flecha temporal de la fisiosfera y lo dirige en el mismo sentido que aquel que existe en la biosfera.

En otras palabras, hay aspectos de la fisiosfera dirigidos en la misma dirección que la biosfera, y esto, diciéndolo quizá de forma muy general, cierra la brecha entre ellas. El mundo material es perfectamente capaz de “reenergetizarse” mucho antes de la aparición de la vida, y así, la naturaleza regenerativa de la materia misma prepara las condiciones para la compleja organización llamada vida. Las dos flechas han unido sus fuerzas.

El cierre de la brecha entre la fisiosfera y la biosfera, es decir, la no-contradicción entre las propiedades de la física y la biología ha venido de la mano de recientes descubrimientos sobre los aspectos más sutiles y originalmente ocultos de la materia, la cual, bajo ciertas condiciones, se impulsa a sí misma a estados de orden más elevado, mayor complejidad y organización.

Materia reenergetizada

Podríamos decir que la materia se “reenergetiza” hacia estados de mayor orden, como ocurre en un lavabo cualquiera al retirar el tapón: el agua que se va por el desagüe, repentinamente, deja de hacerlo de manera caótica y forma un remolino perfecto. Cuando un proceso material se hace muy caótico y se “aleja mucho del equilibrio” tienden, bajo su propio poder, a escapar del caos, transformándolo en un nuevo orden más estructurado y complejo, proceso que vulgarmente se conoce como “orden a partir del caos”.

Este tipo de sistemas también conlleva una flecha temporal, pero esta apunta en la misma dirección que los sistemas vivos, es decir hacia órdenes y estructuras organizativas más complejas. Esa vinculación en la tendencia hacia “lo complejo” reduce la distancia entre el mundo mal llamado “inanimado” y el de la vida. Es más, el también mal llamado mundo material con cierta intención despectiva, es capaz de “reenergetizarse” tiempo antes de la aparición de la vida, de manera que la naturaleza “regenerativa” de la materia misma prepara el escenario o las condiciones para una nueva forma de organización más compleja que llamamos vida.

La naturaleza de esas transiciones y transformaciones caóticas siguen siendo objeto de estudio. De la misma manera, entre la fisiosfera y la biosfera quedan aún brechas o saltos muy importantes pero su cadencia es discontinua y, ellas mismas parecen más una serie de “puentes” que relacionan de manera inherente lo inanimado y la vida y no una fosa que las separa.

Los sistemas “autoenergetizados” y “autoorganizados” se incluyen para su estudio en las llamadas ciencias de la complejidad y comprenden:

-La teoría general de sistemas (von Bertalanffy, Weiss).

-La cibernética (Wiener).

-La termodinámica del desequilibrio (Prigogine).

-La teoría del autómata celular (von Neumann).

-La teoría de las catástrofes (Thom).

-La teoría de los sistemas autopoiéticos (Maturana y Varela).

-La teoría dinámica de sistemas (Shaw, Abraham)

-La teoría del caos (Lorenz)

-La teoría de los fractales (Mandelbrot)

Teoría evolutiva de sistemas

No pretendemos minimizar las grandes diferencias entre todas estas ciencias, o los avances que las ciencias modernas de la complejidad –especialmente los sistemas autoorganizados y las teorías del caos- han realizado sobre sus predecesores. Como nuestro propósito, evidentemente filosófico, es muy amplio y general, nos referiremos colectivamente a ellas como teoría de sistemas, teoría dinámica de sistemas o teoría evolutiva de sistemas.

Recordemos que la cuestión nuclear de esta radicaba en el descubrimiento de ciertas regularidades básicas comunes a la fisiosfera, biosfera y noosfera -los tres grandes reinos de la evolución- y que en la actualidad es posible una unidad de la ciencia, una visión del mundo unificada y coherente1. Más concretamente, afirman que todo está conectado con lo demás y que el entramado de la vida es, ciertamente, una conclusión científica.

Arthur Koestler acuño el término holón para referirse a aquello que, siendo una totalidad en un contexto, es simultáneamente una parte en otro contexto. Si consideramos la frase “el relinchar de los caballos”, la palabra relinchar es una totalidad en relación a cada una de sus letras consideradas individualmente consideradas, pero una parte en relación con la frase que la contiene.

El todo –o contexto- puede determinar el significado o función de la parte. Veamos un ejemplo muy claro: el significado de una palabra, Vg., banco, es muy diferente en el contexto “en el jardín ese es mi banco” que en este otro contexto: “hice la transferencia desde mi banco”. Consecuentemente, la totalidad es más que la suma de sus partes y esa totalidad puede influir y determinar en muchos casos la función de estas.

Una jerarquía cualquiera, está formada por un orden de holones creciente que representan un aumento de totalidad y capacidad integradora: la serie átomos, moléculas, células…constituye un ejemplo de jerarquía natural; la jerarquía es un concepto central en la teoría de sistemas. Ser parte de un todo mayor significa que ese todo proporciona algún principio –como el pegamento que antes aludíamos- que no se encuentra en las partes aisladas, y ese principio permite varias cosas: que las partes se unan, se conecten, posean propiedades comunes y emerjan nuevas cualidades ausentes en las partes.

Jerarquía de sentido

La jerarquía, vista así, es un factor que da sentido ya que convierte las acumulaciones en totalidades y los fragmentos inconexos en redes de interconexión. Cuando decimos que el todo es mayor que la suma de sus partes, este “mayor” significa jerarquía. No significa dominación totalitaria: significa una más alta o más profunda comunidad –y esta es una de las justificaciones del comunitarismo de McYntire aunque él no lo haya expresado así- que reúne las hebras aisladas en una red real.

La jerarquía es asimétrica porque los procesos no ocurren a la inversa. Las bellotas crecen hasta convertirse en encinas pero no al revés; el cigoto humano se desarrolla hasta convertirse en un nasciturus pero el conjunto ya formado y a punto de ser alumbrado, no puede iniciar el recorrido inverso que le devuelva al estado de cigoto. En lingüística primero hay letras, luego palabras, después frases, pero no al revés Y este “no al revés” constituye una inevitable jerarquía, categoría u orden asimétrico de totalidades crecientes. Todas las secuencias del desarrollo evolutivo proceden por jerarquización, tanto a nivel orgánico como si retrata del desarrollo cognitivo.

En este último, observamos que la conciencia se desarrolla desde imágenes simples que representan un día o un suceso, hasta símbolos y conceptos que representan grupos enteros o clases de cosas y sucesos, hasta postular leyes que integran y organizan numerosas clases y grupos de cosas en redes complejas. En el desarrollo moral encontramos un razonamiento que va desde el sujeto aislado hasta el grupo o tribu de sujetos relacionados, y después hasta toda una red de grupos más allá de cualquier elemento aislado.

Estas redes jerárquicas se despliegan necesariamente de manera secuencial o por niveles. Primero son los átomos, luego las moléculas, para después aparecer las células, y después órganos, los tejidos, los sistemas y, con posterioridad, los organismos complejos. La aparición de estas redes no es simultánea.

Orden lógico y cronológico

El crecimiento tiene lugar por etapas, y estas están escalonadas en orden lógico y cronológico. Las estructuras más holísticas o relacionales aparecen en una fase posterior del desarrollo porque han de esperar la emergencia de las partes capaces de integrar o unificar, de la misma forma que las frases completas sólo surgen después de que lo han hecho las palabras completas.

Los elementos de un determinado nivel, situado en un contexto jerárquico, operan por heterarquía, es decir que en ese nivel ninguno de esos elementos parece ser más importante y, cada uno contribuye de manera más o menos equivalente al buen funcionamiento de la totalidad del nivel (el llamado “bootstrapping”).

Una totalidad de orden superior T1 del que otra totalidad T2 sea una parte, puede ejercer una influencia definitiva sobre cada uno de sus componentes. Ejemplo: Cuando decidimos mover un brazo, nuestro cerebro/mente, una organización relacional u holística de orden superior, ejerce su influencia sobre las células de dicho brazo que son totalidades de orden menor, pero no al revés: una célula de un brazo no puede decidir por si sola mover el brazo, de la misma manera que la cola no mueve al perro. De lo dicho se deduce: dentro de cada nivel, heterarquía; entre niveles, jerarquía.
Javier Del Arco
Martes, 4 de Abril 2006
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Editado por
Javier Del Arco
Ardiel Martinez
Javier del Arco Carabias es Dr. en Filosofía y Licenciado en Ciencias Biológicas. Ha sido profesor extraordinario en la ETSIT de la UPM en los Masteres de Inteligencia Ambiental y también en el de Accesibilidad y diseño para todos. Ha publicado más de doscientos artículos en revistas especializadas sobre Filosofía de la Ciencia y la Tecnología con especial énfasis en la rama de la tecno-ética que estudia la relación entre las TIC y los Colectivos vulnerables.






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