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FILOSOFIA: Javier del Arco
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Neurofilosofía

En la anterior estructura de este Blog, las propuestas venían entremezcladas de manera que todo resultaba un poco inconexo. Cuando acertadamente Tendencias 21 me propuso establecer tres líneas de expresión en función de lo que yo venía diciendo en este foro y en otros, me pareció muy coherente. Recuerdo, y lo hallarán en los artículos referenciados al margen, que el tema de la mente ya lo había abordado en una serie de artículos, incompleta hasta la recuperación de hoy, que había denominado en su momento y de manera genérica “La emergencia de la naturaleza humana”.


PAUL GAUGUIN: “¿De donde venimos? ¿Quienes somos? ¿A dónde vamos?” – oleo sobre lienzo, 139- 375 cm. - 1897, Boston, Museum of Fine Arts.
PAUL GAUGUIN: “¿De donde venimos? ¿Quienes somos? ¿A dónde vamos?” – oleo sobre lienzo, 139- 375 cm. - 1897, Boston, Museum of Fine Arts.
Cuando iniciamos esta sección a la que hemos denominado, quizá un poco pretenciosa y precipitadamente Neurofilosofía, presentamos el modelo emergentista como posibilidad más que como afirmación y nos servimos de él para introducir la cuestión.

Sobre como abordar la Neurofilosofía

Esta sección va a ofrecer muy pocas respuestas si es que llega a ofrecer alguna. Va, eso si, a formularse el autor y también a los pacientes lectores muchas preguntas. Este es un Blog preñado de incertidumbres porque aborda un campo incierto en el que se ponen en cuestión cosas esenciales, tan esenciales como las representadas en el cuadro “Sintetista” o “Neo impresionista” de Paul Gauguín, "¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos?, que fue acabado en 1897 y puede admirarse en el Museo de Bellas Artes de Boston. En este gran lienzo lo que muestra son diferentes edades de la vida, para reflexionar acerca de las preguntas esenciales de la vida: ¿De dónde venimos, a dónde vamos? Gauguín se caracteriza por impregnar de misticismo y enigmas su pintura, de manera que inquieta al espectador le invita a formularse el mismo esas mismas preguntas.

Si hablamos de de Neurofilosofía evidentemente no lo hacemos de Neurobiología. Repetir, matizada o intencionadamente, lo que otros investigan o suponen que se podrá algún día considerar con cierta seguridad, caso de Daniel Dennett, no es filosofar sino construir una especie de Biología ideológica. Esa es la tendencia actual de muchos Bio-filósofos (en fin, tantos no somos en el ramo). Nosotros, como se verá en este artículo y los que habrán de seguirle, no vamos a ir por ese camino. Y entramos en la materia de hoy.

El pensar sobre el pensar

Cuando nos preguntamos por lo racional, nos encontramos –como acertadamente señala Ken Wilber- con un término imposible, plurisignificativo hoy, incluso contradictorio. Más que hablar de racionalidad podría decirse que hay un elenco de racionalidades a “la carta”.

Max Weber diferenciaba entre racionalidad propositiva –vinculada al conocimiento tecnocientífico-, racionalidad formal –propia de las ciencias matemáticas- y racionalidad práctica e ínter subjetiva –cuyo ámbito es la comunicación y la moralidad-; un autor, tres matices distintivos y además de fondo.

La psicología cognitiva y la antropología tienden a utilizar el término racionalidad en la medida que significa “cognición operacional formal”, es decir no sólo capacidad para pensar, sino que también y fundamentalmente a “pensar sobre el pensar” y, por lo tanto, “operar sobre el pensamiento”, que eso significa “formal operacional”. Aquí hay una cuestión muy importante, nada baladí y es la siguiente:

Dado que uno mismo puede reflexionar y operar sobre sus propios pensamientos es, está, en cierta medida, libre de ellos. De alguna forma pueden “trascenderse”. En un momento dado, nosotros mismos podemos adoptar alguna “perspectiva” diferente de la nuestra. De la misma manera, se pueden tomar en cuenta posibilidades “hipotéticas”. Y, en fin, uno puede adquirir una gran capacidad de “introspección”.

Como veremos próximamente, estas posibilidades todas estas posibilidades entran en acción con la emergencia del pensamiento formal operacional o “racionalidad”.

La capacidad que posee el sujeto de “reflexionar” sobre sus propios pensamientos y actitudes de conducta, invitará a éste a pretender justificar sus pensamientos y acciones, no sólo por lo que se le ha enseñado durante su periodo formativo y por lo el acatamiento de las convenciones sociales (estructura de conocimiento operacional concreto que se fundamenta en normas y convenciones, siendo sus características principales la conformidad y la sociocentricidad), sino más bien para revisar y si procede poner en cuestión, las razones y las pruebas en las que sustentan los conocimientos, bien aprendidos o bien adquiridos desde el entorno social. Se diría que hay un cierto desplazamiento desde lo racional hacia lo “razonable” para sustentar nuestras posiciones y creencias. E inevitablemente el sujeto se auto pregunta ¿Qué pruebas tenemos? ¿Por qué tengo que creer eso? ¿Quién lo dice? ¿De dónde han/has sacado esa idea?

AL poder reflexionar sobre sus propios procesos de pensamiento, el sujeto puede alejarse de ellos de manera que adquiere la capacidad de imaginar todo tipo de posibilidades diferentes. Como señala Wilber, el sujeto se hace soñador en el verdadero sentido de la palabra.

El gran pasadizo hacia lo invisible

Ciertamente, la reflexión, si es verdaderamente tal y no un cambio frívolo o inducido de opinión, del sujeto sobre sus propios conceptos/ideas/pensamientos, supone el descubrimiento de otras perspectivas, otras maneras de ver el mundo. Y ha sido la mente, ese ente todavía no definido, la que ha generado esa auto modificación de forma que el espíritu puede volar a esos paisajes desconocidos. Aunque muchos opinen lo contrario, que la racionalidad sólo nos puede conducir a un nihilismo relativo o total y a una materialidad hiper tangible como eje central de nuestra existencia, nosotros opinamos que la racionalidad es el gran pasadizo hacia lo invisible, y en su recorrido y más allá de él, tendremos acceso a muchos secretos no revelados por los sentidos o las convenciones, y no porque aquellos y estas sean falsos y nos engañen, sino porque no pueden dar más de si. El ejemplo de San Agustín de la visión de remo en el agua es perfectamente ilustrativa de lo que decimos: el remo visto fuera del agua es recto pero al introducirlo en ella lo vemos torcido. El sentido de la vista no nos engaña, es que no da más de si y queda mediatizado por un fenómeno físico; si en el agua lo vemos torcido, lo vemos con el sentido de la vista correctamente, pero con el ojo del espíritu sabemos que está derecho y así lo vemos; si en el agua lo viésemos derecho, nuestro sentido de la vista estaría deteriorado. Como en sucesivos capítulos procederemos a ver, poco a poco, aquello que constituye el verdadero misticismo es trans-racional y nunca anti-racional porque el pensamiento correcto precede siempre a la meditación correcta.

De la racionalidad a la “razonabilidad”

Como escribe Wilber, se acusa a la racionalidad de abstracción, sequedad y ausencia de sentimientos. Lo que hace la racionalidad es crear en la mente un espacio más profundo de posibilidades en el que emerjan sentimientos más amplios y profundos no ligados a los deseos o apetencias de los sentidos o los estrechos márgenes de la realidad oficial convencional.

Los críticos más avezados pueden pensar que considerar que si la racionalidad representa un estadío de desarrollo relativamente elevado, ello supone que el alcanzarlo puede implicar la represión de holones inferiores, en particular las emociones relacionadas con el sexo y la agresividad, de manera que alcanzar la racionalidad supone padecer previamente una patología. Es esta pretendida expresión patológica de la racionalidad la que le ha acarreado más enemigos, peor prensa, diríamos, precisamente por la acusación de sequedad, abstracción o incluso de anormalidad; pero definitivamente no son esas las características de esta estructura en su totalidad. Ahora bien, la palabra racionalidad está muy combatida, muy “cargada” de contenidos contradictorios. Por eso podríamos utilizar en su lugar el término razonable; ambas palabras vienen, si nos fijamos bien, a significar lo mismo: “¿cuáles son tus razones, porqué haces esto y no aquello?”.

La racionalidad o razonabilidad tiende a la universalidad y a la integración relacional. Si las razones que alguien esgrime sobre algo son ciertamente válidas, lo han de ser para todos, no sólo para un sujeto, su familia, su tribu, o su nación. Veamos el caso de las ciencias, las matemáticas por ejemplo. Las certezas de las matemáticas –y del resto de las ciencias- no tienen nación, ni deben tener ideología (aunque hay muchos que luchan por adjudicársela) y deben estar abiertas a quienes quieran estudiar sus razones.

La universalidad de la razonabilidad no significa uniformidad cultural y social; significa únicamente que la razonabilidad es el nexo que vincula a estas diferencias socio-culturales para que coexistan al contemplarlas como perspectivas diferentes en un espacio más universal, algo vedado a las diferencias culturales, encadenadas por sus propios y estrechos mecanismos convencionales, sociocéntricos o etnocéntricos. Dicho de otra manera, únicamente la racionalidad permite la emergencia de una red global o planetaria, que liberada de cualquier sociedad particular, puede permitir a las sociedades un lugar especial. Desgraciadamente este proceso se halla en marcha pero la verdad creemos que un tanto disperso. Las redes sociales soportadas por Internet y la llamada Web 2.0, tal y como están hoy configuradas, dudo que aporten profundidad; en todo caso lo que detectamos es uniformitarismo superficial, básicamente configurado en torno a motivos musicales, deportivos, sexuales, comerciales y tecnolúdicos. Luego en la red, seguimos navegando en superficie.

El comienzo de la racionalidad

El enfrentamiento con el poder por causa de la racionalidad o razonabilidad, fue causa de muerte para Sócrates al que la ciudad de Atenas le acusó de impiedad y no rehuyó la pena de muerte impuesta cuando pudo haberlo hecho para dar testimonio de la racionalidad frente a la mitología estatal, de manera que Sócrates, en sentido estricto, murió por defender la razón emergente.

La racionalización de la humanidad no ha sido un proceso claro y dista mucho de estar concluido porque ignoramos mucho de nosotros mismos para asignarnos un telos racional. Entre la razón emergente y el paradigma social dominante siempre ha existido una discordancia a pesar de que las tendencias sociales religiosas fueron en muchos casos racionalizadas; esto es mitos sustentados en razones racionales. Este es, aunque aquí lo expresemos en voz baja y de una manera muy natural, uno de los grandes problemas de la humanidad antigua, media, moderna, contemporánea, presente y creemos que futura. Si supiésemos con toda certeza lo que es el hombre, habríamos dado un paso importante en la dirección de lo que tratamos de analizar.

Habermas (1) ha realizado algunas observaciones interesantes sobre este espacio en el que se entremezclan lo religioso y lo racional. En primer lugar, cuando los nuevos teóricos hablan de conciencia global o planetaria, deberían tener en cuenta que hasta ahora esa tendencia global o planetaria se ha expresado siempre acompañada de una forma y fondo totalizante por no decir totalitaria. La historia está llena de ejemplos evidentes desde la antigüedad hasta el presente.

Si tomamos como referencia el Imperio Romano, del que conocemos su nacimiento y muerte, vemos que el vasto proceso de incorporación de naciones que lo compusieron no excluyó nunca la violencia. Ahora bien, dicho esto, hay que hacer notar que hubo una incorporación paulatina de estos conquistados al imperio conquistador; en primer lugar, por la asunción de parte de su cultura, formas político-sociales y mitos, incluido el culto otorgado a la figura del emperador, lo que implicaba fidelidad y sumisión socio-política; y también ejercicio de piedad hacia las tradiciones romanas y a las de ciertos países como Grecia, Egipto y Siria que por su estructura religioso-política convenía absorber.

Las estructuras religiosas antiguas conllevaron, en un determinado momento y aún de manera implícita, un cierto movimiento parcial hacia la posibilidad de una ciudadanía global: ciudadanos iguales en la fe. Aunque este fue un paso vacilante en la dirección correcta, tenía el inconveniente de que las distintas religiones eran diferentes entre sí: todos los cristianos de cualquier posición, raza, color o sexo serían salvados. Pero ¿y el resto? Estas grandes religiones y los imperios que las transportaron por todo el globo como el español, se enfrentaban a las limitaciones inherentes a su poder integrador. La única forma de superar estas diferencias, era deshacerse de tendencias y costumbres particularistas y divisivas y trasformarlas en una razonabilidad más global.

Al ser expandidas por los imperios, las religiones se mantuvieron y racionalizaron lo que, en su momento, significó una clara ruptura con el pensamiento mítico antiguo.

Paulatinamente, tanto en oriente como en occidente, comenzaron a emerger filosofías, ciencias, políticas y religiones racionales. Algunas de ellas apuntaban más allá de la razón, pero todas dependían de ella como plataforma para asegurar una comprensión mutua compartida por todos, más allá de su color, raza o credo. El Cristianismo y el Islam son un ejemplo claro de estas religiones racionales con carácter universal, de nuevo cuño, que sustituyeron a antiguas mitologías que se desvanecieron por su inconsistencia.


(1) Habermas, Jürgen (1979), Communication and the Evolution of Society, Thomas McCarthy (trans.), Beacon Press, Boston, MA.

Javier Del Arco
Domingo, 13 de Abril 2008
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Editado por
Javier Del Arco
Ardiel Martinez
Javier del Arco Carabias es Dr. en Filosofía y Licenciado en Ciencias Biológicas. Ha sido profesor extraordinario en la ETSIT de la UPM en los Masteres de Inteligencia Ambiental y también en el de Accesibilidad y diseño para todos. Ha publicado más de doscientos artículos en revistas especializadas sobre Filosofía de la Ciencia y la Tecnología con especial énfasis en la rama de la tecno-ética que estudia la relación entre las TIC y los Colectivos vulnerables.






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