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COMPLEJIDAD Y MODELO PEDAGÓGICO
COMPLEJIDAD Y MODELO PEDAGÓGICO

"Necesitamos escuelas de complejidad porque el rechazo de la complejidad es el principio de toda tiranía". José García Calvo

Si una pedagogía empática supone la educación como un espacio de aprendizaje en cooperación, el conocimiento a adquirir deja de ser expresión de poder para convertirse en la expresión de la responsabilidad común por el bienestar colectivo de la humanidad y del planeta como un todo. Así parecen entenderlo muchas de las líneas de transformación de la educación a nivel planetario.


Foto: Raúl Rico.
Foto: Raúl Rico.
El gusto por vivir, el reconocimiento de lo esencial

Mi nieto Jorge tiene dos años y medio, cuenta hasta treinta y cinco, todo el día está cantando, ya ha memorizado más de veinte canciones, baila desde que oye los primeros compases de una melodía, ríe cuando juega, echa a correr cuando le llaman, por el placer de ser perseguido, gasta bromas para conseguir lo que quiere, se da cuenta cuando pasa un avión al descubrir la estela de los que sobrevuelan el territorio, calla y mira a ningún lugar cuando oye cantar a los pájaros, siempre tiene un palo en las manos y busca caracoles en su jardín. Le gusta pintar y traza siluetas que identifica imaginativamente: un pulpo, una serpiente, un camello, un cocodrilo, un sol…Cuando le comento todo esto a su madre, mi hija, ella responde pensativa: “los niños a esta edad son así, sorprendentes”… ¿Qué haremos para que esto no se pierda?

Comienzo hablando de Jorge porque su infancia me permite llevarles a otro lugar, donde poder mirar de otra manera aquello que de tan obvio no vemos. Jorge es un niño pequeño, aún no está domesticado por ningún gran relato de buenos y malos; por creencias inconscientes; por verdades absolutas; por interpretaciones unidireccionales. Jorge se muestra tal como es y nos recuerda que siendo único es también la expresión más pura de la humanidad. Jorge es un ser humano tipo cuya pureza nos permite adentrarnos en lo que realmente somos, sin prejuicios que malinterpreten; sin racionalidad que ponga límites y polarice la perspectiva, sin historia que tergiverse el destino al que estamos impulsados.

Al respecto de esta visión polarizante, Jeremy Rifkin dice que “en general, los historiadores escriben sobre guerras y otros conflictos sociales, sobre grandes héroes y grandes malvados, sobre el progreso tecnológico y el ejercicio del poder, sobre injusticias económicas y sociales. Cuando mencionan la filosofía, suelen hacerlo en relación con el poder. Muy rara vez los oímos hablar de la otra cara de la experiencia humana, la que se refiere a nuestra naturaleza profundamente social, a la evolución y la extensión del afecto humano y a su impacto en la cultura y en la sociedad" (...). “Desde ese punto de vista, gran parte de la historia escrita gira en torno a la patología del poder”, concluye.

De esta manera, “nuestra memoria colectiva se mide por crisis y calamidades, por injusticias sangrantes y episodios de crueldad con otros seres humanos, con los restantes seres vivos y con la Tierra que habitamos”.

Y, sin embargo, tal como él defiende en su obra “La civilización empática”, la extraordinaria evolución de la conciencia empática es la narración por excelencia que subyace en la historia humana: “La edad de la razón, según Rifkin, está siendo eclipsada por la edad de la empatía”.

¿Qué supone la conciencia empática?

Entendiendo por empatía la capacidad interna de un individuo para razonar acerca de sí mismo, evaluar sus sentimientos y razonar acerca de otras personas de forma que no tienda a justificar sus propios deseos, la empatía describe la capacidad intelectiva de una persona para vivenciar la manera en que siente otra; posteriormente, eso puede llevar a una mejor comprensión de su comportamiento o de su forma de tomar decisiones. Es la habilidad para entender las necesidades, sentimientos y problemas de los demás, poniéndose en su lugar, y responder correctamente a sus reacciones emocionales. Como tal es un sentimiento objetivo cuyo desarrollo requiere un cierto tipo de inteligencia.

La cultura racional, y en ella la eficacia como emblema, ha propiciado que perdamos de vistas que las emociones y los sentimientos son el motor que construye las experiencias y las interrelaciones y que éstas experiencias nos llevan a la creación de realidad y a la configuración de nuestra identidad como especie humana.

La conciencia de que nos relacionamos empáticamente se ha ido desarrollando lentamente a lo largo de los 175.000 años de la historia humana. Su evolución ha sido irregular pero su trayectoria es clara, yendo de la mano del desarrollo de la individualidad y del mayor conocimiento humano.

Desde 1909 la palabra empatía forma parte de nuestro vocablo, casi unido al tiempo en el que la psicología moderna comienza sus estudios sobre la dinámica interna del inconsciente y la conciencia misma, que dan lugar a la reflexión sobre la naturaleza de los pensamientos y los sentimientos más íntimos de cada individuo y en relación, también, con los pensamientos y los sentimientos más íntimos de los demás.

A estos avances en el conocimiento se añade, en las últimas décadas, y gracias a las investigaciones en neurociencia, el descubrimiento de la existencia de las llamadas neuronas espejo o especulares, las cuales permiten que los seres humano - y otras especies animales como los simios, los delfines, los elefantes y algunos animales domésticos- capten la mente de otros como si la conducta y los pensamientos de esos otros fueran suyos. El sistema espejo permite hacer propias las acciones, sensaciones y emociones de los demás.

Es precisamente gracias a las neuronas espejo que se puede crear un puente entre uno y los otros y volver así posible el desarrollo de la cultura y de la sociedad: son ellas las que explican la imitación y la empatía como orígenes de la sociabilidad. Del mismo modo, un déficit en las neuronas espejo puede ser responsable de varios e importantes síntomas del autismo: sus problemas de sociabilidad, motores y de lenguaje, según los expertos.

Además, parece que esta capacidad, al menos en las personas, es susceptible de desarrollo y aumento: se acrecienta más fácilmente en los que no han padecido problemas afectivos, con padres que se han ocupado de ellos, y que han vivido en un ambiente en el que han sido aceptados y comprendidos, han recibido consuelo cuando lloraban o tenían miedo, y que han visto como se promovía la preocupación por los demás... En definitiva, cuando las necesidades afectivas y emocionales han estado cubiertas desde los primeros años de vida.

Dice el neurólogo italiano Marco Iacoboni: “Si alguien ve que tengo un nudo en la garganta, si me ve sufrir porque he cometido un fallo, las neuronas espejo de su cerebro simulan la angustia que siento yo. Empatiza conmigo automáticamente. Sabe como me siento porque, literalmente, siente lo mismo que yo”. (…) Estamos “cableados para sentir empatía”, concluye.

Lo más sorprendente, dice Giacomo Rizzolatti, neurólogo de la Universidad Italiana de Parma, es que las neuronas espejo “nos permiten captar la mente de otros, pero no mediante el razonamiento conceptual, sino por medio de la simulación directa. Sintiendo, no pensando”(...) ”El descubrimiento de las neuronas espejo ofrece la posibilidad de explorar los mecanismos biológicos que hacen posible la sociabilidad” afirma.

¿Hasta dónde nos lleva este conocimiento? Según Rifkin, los neurólogos y psiquiatras advierten que: “Los nuevos descubrimientos no son más que el inicio de un viaje cuyo objetivo es trazar un mapa de las vías de cognición. Lo que están descubriendo (neurólogos y psiquiatras) es que los circuitos biológicos se activan mediante el ejercicio social. En otras palabras, el papel de los padres y de la comunidad es esencial para activar los circuitos de neuronas espejo y establecer vías empáticas en el cerebro” por lo que hemos de concluir que, previsiblemente, la consciencia de la empatía nos abrirá nuevos umbrales.

¿Entonces? ¿Es posible que nuestra naturaleza, en lugar de ser intrínsecamente malvada, interesada y materialista, como hasta ahora se ha creído y proclamado, sea empática, y que todos los demás impulsos o instintos que hemos considerado primarios –agresividad, violencia, egoísmo, codicia – sean impulsos secundarios que surgen de la represión o la negación de nuestro instinto básico?

¿Se puede afirmar, en contra del saber dominante, que la naturaleza humana no se caracteriza por buscar la soledad –convertirse uno mismo en isla- sino buscar compañía, afecto e intimidad? Esas son algunas de las preguntas que se plantean los referidos autores.

El desarrollo empático es innato pero también es adquirido, gracias a una historia de amor

Una historia de amor que la humanidad recrea especialmente a través del amor de los padres, un amor que tiene como fuente energética inspiradora el amor maternal, amor que sirve o que ha de servir de modelo a toda la sociedad y sus instituciones si persiguen el desarrollo integral de sus miembros. Ese amor generoso, desinteresado, comprensivo, es el único que puede sostener, acunar, acurrucar, serenar, nutrir, en definitiva, acompañar la maduración de nuestro despertar humano, protegiéndonos de nuestras propias limitaciones y propiciando el surgir de nuestras capacidades.

Los expertos afirman que lo primero que se manifiesta en el recién nacido es su necesidad de conexión, amor, afecto y compañía… Si la respuesta empática de los padres es débil o inexistente, el desarrollo del niño se ve obstaculizado. El neurólogo y psiquiatra vienés, radicado en Estados Unidos, Heinz Kohut, destaca que es fundamental considerar “la importancia de la matriz de empatía en la que crecemos”.

Por otro lado, el pediatra y psicoanalista británico Donald Winnicott afirmaba que los bebés no existen como individuos. Ni siquiera poseen una sensación coherente de individualidad, afirmando que si bien el bebé se forma en el seno materno, el individuo se forma en una relación. En otras palabras, lo que dice Winnicott es que la relación precede al individuo, no al revés. No son los individuos los que crean la sociedad, es la sociedad la que crea a los individuos.

Esto nos viene a demostrar la importancia que para el crecimiento humano tiene el entorno donde se desarrolla cada individuo, condicionando siempre, en un sentido u otro, el proceso de toma de conciencia de sí mismo de cada uno, paso previo a la natural socialización, que si es facilitada despertará en él la conciencia de pertenencia a un todo coherente, amable y protector, donde relacionarse y participar sin dificultad.

Porque, “Si bien los niños que tienen una actividad cerebral normal están precableados para la empatía, la medida en que sus neuronas espejo se activan depende tanto de lo innato como de lo adquirido", ya que, “La separación entre lo innato y lo adquirido es errónea”. Afirman estos autores


¿Cómo se despierta a ella, cómo se desarrolla esa facultad?

Un número cada vez mayor de investigadores, pertenecientes a una gran variedad de disciplinas y denominados “corpóreos” por Rifkin, están de acuerdo en que “toda actividad humana es una experiencia corpórea –es decir, una participación con el otro-, “y la capacidad de una persona para interpretar y responder a otra como si fuera ella es la clave de que el ser humano participe en el mundo, forme una identidad individual, aprenda a razonar, se haga social, desarrolle el lenguaje, establezca narraciones culturales y defina la realidad y la existencia”.

“La noción de la experiencia corpórea, añaden, hace que dejemos atrás la edad de la fe y la edad de la razón y que entremos en la edad de la empatía, aunque sin abandonar las cualidades especiales de las anteriores visiones del mundo que las siguen haciendo tan atractivas para millones de seres humanos”. Para todos esos investigadores, el lenguaje, los juegos y el tacto potencian el desarrollo empático.

"Educación y Complejidad: hacia una redefinición de objetivos y líneas de acción"
¿Cómo se manifiesta la potencia de la conciencia empática en la evolución del niño? ¿Qué recursos requiere para su desarrollo? ¿Cuáles son los recursos que nosotros podemos poner al servicio de ese proceso de maduración?

Si una pedagogía empática supone la educación como un espacio de aprendizaje en cooperación, el conocimiento a adquirir deja de ser expresión de poder para convertirse en la expresión de la responsabilidad común por el bienestar colectivo de la humanidad y del planeta como un todo. Así parecen entenderlo muchas de las líneas de transformación de la educación a nivel planetario.

¿Cuáles son los objetivos de la educación para una sociedad empática? ¿Cuál es la aportación que este grupo puede hacer a una educación que parta del reconocimiento de nuestra verdadera naturaleza amorosa, la del humano con conciencia planetaria?

El progreso hacia una sociedad empática

Afirma Rifkin que, el proceso de complejización de la sociedad va parejo al proceso de diferenciación e individualización y ambos procesos nos enfrenta a la comprensión de la diversidad, de la complementariedad, de las dependencias, de las necesidades propias y las de los otros.

Pues si bien el proceso de diferenciación separa al individuo del nosotros “tribal” y colectivo, y lo acerca a un “yo” más y más individual, esa diferenciación de roles se convierte en el camino a la individualidad que distancia al ser humano de hoy de aquellos seres humanos primitivos que vivían en comunidad, pero no como grupos de individuos conscientes de sí mismos. La vida comunitaria de los primeros humanos contrasta con la vida de cualquier individuo del 2010, cada uno de estos con unas responsabilidades, unos roles y una identidad que les distinguen del grupo, pero formando parte, al mismo tiempo, de una compleja sociedad en donde todos actúan conjuntamente, participando en organismos económicos, sociales culturales o políticos muy integrados e interdependientes.

El despertar de la sensación de individualidad que surge del proceso de diferenciación, asegura Jeremy Rifkin, es esencial para el desarrollo y la extensión de la empatía… Cuanto más individualizado y desarrollado está el yo, más intensa es la sensación de que nuestra existencia es única, finita y mortal, y más profunda, también, es la conciencia de nuestra soledad existencial y de los muchos retos que afrontamos en la lucha por ser y prosperar. Precisamente, el hecho de tener estas sensaciones es lo que nos permite sentir empatía con las sensaciones similares de los demás.

Para este autor, la civilización es la destribalización de los lazos de parentesco y la resocialización de individuos distintos en función de unos lazos de asociación. La extensión empática es el mecanismo psicológico que hace posible este proceso de conversión y transformación. Cuando este autor habla de civilizar, quiere decir empatizar.

Fue la búsqueda histórica del otro, ese entrar en contacto con el otro por necesidad física, psíquica, anímica lo que determinaron los instintos de aproximación, la búsqueda de formas para la atracción, a través del acicalamiento, la conformación de un lenguaje de gestos y de movimiento de manos que según los lingüistas dio paso a un lenguaje más sofisticado que profundiza en las posibilidades de comunicación y que intensifican y consolidan cada vez más sofisticadas formas de asociación.

Es también el juego, con sus leyes no escritas, con su centralidad en sí mismo, con su apertura para aceptar lo imprevisto, con su falta de tiempo y de espacio el que estimula, también los circuitos cerebrales que inducen alegría y que se encuentran en todos los mamíferos. “Según el neurocientífico Jaak Panksepp, todas las crías de animales están cableadas biológicamente para participar en el juego”. “El juego se ha convertido en una característica decisiva del desarrollo humano”. (…) “Los vínculos sociales que surgen del juego, dice MacLean, han favorecido la evolución de la empatía humana”.

Jeremy Rifkin afirma que “En cada etapa de nuestra evolución social las principal tarea de las comunicaciones –desde el acicalamiento mutuo hasta los chismorreo por Internet- ha sido expandir el ámbito empático para que podamos expresar nuestra naturaleza social y nuestro profundo deseo de compañía”. “La conciencia cada vez mayor de que el juego y el acicalamiento son, antes que nada, un medio para conectar sentimientos, emociones, intenciones y deseos, y para establecer vínculos sociales, ha dado origen a un debate nuevo y enriquecedor sobre el origen del lenguaje”.

En este contexto nuestra propia historia de amor como Grupo Portia

Esa conciencia de empatía es la que quisiera que envolviese este encuentro para reconocernos como civilización amorosa, como creadores y creadoras diversos, como adultos centrados y responsables, como acompañantes solidarios, como aprendices permanentes, que descubren y asumen que su dependencia, fragilidad y vulnerabilidad son manifestaciones de la pertenencia a un sólo árbol llamado humanidad que se nutre de una savia amorosa que nos imbrica los unos a los otros. ¿Es Portia reflejo de esa empatía?

Si rememoramos los pasos que hemos dado para llegar hasta aquí nos veremos primero como individuos moviéndonos con una inquietud interna intensa, la cual nos empujaba hacia lugares no explorados anteriormente. De esta manera, de la confluencia inconsciente, de todos los movimientos individuales emergió la palabra que nombra la idea, con ella la expansión de una “buena nueva” que parecía dar serenidad a la inquietud, al abrirnos a la esperanza e impulsarnos hacia el “Encuentro”, un encuentro que se manifiesta como una compresión por atracción gravífica, que diría Teilhard a la que no nos pudimos resistir. A partir de ahí surge la demanda de dar con una organización biológica, con una expresión de la vida, y con ella se manifestó la complejidad de todo lo real.

Esta realidad compleja multidimensional que hemos materializado entre todos nos reúne hoy y nos reta a que profundicemos en ella y logremos una compenetración transdisciplinar, creadora de un lenguaje que nombre vinculando. Para alcanzar este objetivo es preciso que dejemos emerger la consciencia de pertenencia a algo más grande que sin duda nos ha de llevar hacia una nueva emergencia psíquica liderada por el amor.

El Grupo Portia, con este encuentro, parece confabularse con las corrientes históricas que lleva a muchos humanos a converger, a asociarse, a conspirar para alcanzar unanimidad ante los retos, encontrando, en las sinergias que se producen, las pistas para abrir nuevos caminos en la educación.

¿De qué forma, con qué actuaciones, el Grupo Portia puede cooperar en esta conciencia? ¿Cómo vamos a ayudar a despertar a esa realidad que se nos despliega como un regalo y que tanto eco tiene en nuestro corazón? ¿Con qué contenidos? ¿Qué programa’ ¿Qué recursos?

En resumen

La empatía es lo que nos ha reunido en Portia. Una empatía que se muestra en nuestros ideales, en la asunción de la responsabilidad, en el compromiso con la especie, en el amor a todo lo que nos rodea. ¿Cómo trasladar esa experiencia a las nuevas generaciones? ¿Cómo impregnar de ella la transmisión de los conocimientos que les hacemos? ¿Cómo facilitar su florecimiento en la sociedad de este tiempo a partir del ejercicio profesional.

Todo este alegato mañanero se ha enhebrado para que nos situemos ante la naturaleza de nuestro ser humano y asumamos, con consciencia, lo que nos inspira para estar aquí, la misma consciencia que nos da los recursos para sentir como sentimos, la que nos orienta hacia donde va nuestro destino, la que nos despierta para que asumamos la responsabilidad de acompañar a los otros en el despertar de la buena nueva, la de la Consciencia del amor consciente, la de los creadores conscientes.

Para terminar, siete puntos a modo de conclusiones:

1. Nos encontramos porque nos necesitamos
2. Nos necesitamos porque somos vulnerables
3. Somos vulnerables para poder descubrir la unidad que nos complementa
4. La complementariedad nos conduce a empatizar con nuestros semejantes
5. El compartir con franqueza y generosidad construye nuestra certeza de ser libres
6. El destino se materializa al responsabilizarnos de transformar el mundo
7. La felicidad nos invade al sentir que un corazón colectivo dinamiza nuestros corazones individuales

Alicia Montesdeoca Rivero
I Jornadas de Estudio reflexivo y de diseño de acción
Portia, Asociación para la Transdisciplinariedad
Guadarrama, 26 de junio de 2010


Bibliografía

- Teilhard de Chardin. “La activación de la energía”. Tauro, octubre de 1967
- Marco Iacoboni. “Las neuronas espejo. Empatía, neuropolítica, autismo, imitación o de cómo entendemos a los otros". Ediciones Katz. Buenos Aires, 2009
- Jeremy Rifkin. “La civilización empática”. Paidós, 2010.



Alicia Montesdeoca


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Martes, 29 de Junio 2010


Editado por
PORTIA Asociación para la Transdisciplinariedad
Portia, Asociación para la Transdisciplinariedad” es una institución heredera de un conocimiento que quiere transmitir: la cultura transdisciplinaria. La perspectiva transdisciplinaria es la que organiza y da sentido y finalidad a nuestra Asociación, a su estructura, a sus objetivos, a sus acciones, a sus metas y a sus valores. Como consecuencia de esa perspectiva, la Asociación se constituye como una estructura flexible, abierta, sabiéndose enriquecida y enriquecedora del contexto en el que nace y en el que se desarrolla, con capacidad pendular para transformar y transformarse en el juego entre sus creaciones, sus vivencias y sus reflexiones.

Con la colaboración del Comité de Educación para una Sociedad Compleja





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