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COMPLEJIDAD Y MODELO PEDAGÓGICO
COMPLEJIDAD Y MODELO PEDAGÓGICO

"Necesitamos escuelas de complejidad porque el rechazo de la complejidad es el principio de toda tiranía". José García Calvo

Intervención de Marta Tordesillas, de la Universidad Autónoma de Madrid, en la tercera sesión del I Ciclo Complejidad y Modelo Pedagógico


Marta Tordesillas, en el momento de su intervención
Marta Tordesillas, en el momento de su intervención
Buenas tardes, Gracias a todos por su presencia, es un placer contar con todos ustedes, con todos vosotros, un día más, un día nuevo, otro día.

Hoy, en el marco general de las conferencias sobre Complejidad y modelo pedagógico, nos encontramos afortunadamente reunidos en torno a la complejidad como herramienta para el diseño de un modelo pedagógico alternativo.

Y si digo “afortunadamente” es porque el modelo pedagógico tradicional ya lo llevamos viviendo, inevitablemente y a pesar de las voces discrepantes, numerosos siglos, creo incluso que demasiados. Y es que el asentamiento de dicho modelo tradicional tiene que ver con la voluntad de objetivación, visibilización y tangibilización, incluso me atrevería a añadir con la aprehensión, por no decir posesión, del Planeta, de la Naturaleza y de los seres.

Y, así, nos encontramos con el progresivo desarrollo de un modo de hacer ciencia, con un modelo científico, basado en principios esencialmente informativos, insuficientes, hoy en día ya, para estudiar un todo en interacción e interactuación, que busca dar cuenta de objetos, de propiedades, de elementos disociados, independientes, unidades de un todo, en el que destacan sus unidades y poco se considera su vínculo con el todo y entre sí.

De hecho, se crea incluso un modelo, un sistema de elementos que explica fundamentalmente su existencia por ser un elemento diferente de otro, por ser pasivos y estáticos y no tanto por sus vínculos dinámicos y en constante contextualización.

Y así, se pretende emular lo visible, lo tocable, lo palpable, y para ello se recorta el mundo, se cosifica incluso lo invisible, teniendo como máxima referencia la forma, en detrimento del sentido, de su configuración, de sus lazos de unión, de su actividad, de su dinamismo, de su fluir, de su complejidad.


Pero esta situación no es nueva, si miramos atrás la podemos destacar en determinados hitos llamativos. Detengámonos un momento en la física. Durante siglos se afirmó que la tierra era plana, Ptolomeo lo indicó claramente a pesar de que de algunos escritos de Aristóteles se hubiese podido deducir que era redonda.

Igualmente, durante siglos se consideró que el universo era estático, Newton, Einstein y otros muchos así lo formularon, incluso si la Teoría de la relatividad venía a mostrar que el universo no era estático, Einstein en persona, no cuestionó tal axioma, sino que para dar cuenta de su validez, llegó a plantear un principio, el de la cosmología para poder mantener la idea de que el universo era estático. Hubo que esperar, siglos, a que Friedman, aplicando a ultranza la teoría de la relatividad, tuviese la valentía de formular que el universo no era estático, sino que tendía a expandirse, de modo complejo.

Y valientes, lo son igualmente, los organizadores de estas conferencias, sus participantes y sus asistentes, que buscan nuevas propuestas científicas dispuestos a mirar de frente la complejidad y a trabajar con ella, en ella, desde ella.

Dicho esto, cabe señalar que la situación del pensamiento contemporáneo no surge sin más, sino que obedece a una herencia filosófica en el desarrollo del pensamiento en las ciencias, es más corresponde a un debate metafísico en relación con la objetividad y la subjetividad, con el Mundo y el ser, con la Naturaleza y los Dioses, que ya encontramos en culturas ancestrales como :

- la cultura hindú, en la época védica, con la escuela de Upansabs (XX-X a.C.), de Carvaka (VIII a.C.) o con Panini;
- la filosofía china donde ya aparece en la Gran Norma o Hong Fan, en la Escuela Taoista (600 a.C.) o en Confucio;
- el pensamiento presocrático, donde hallamos a Tales de Mileto o Pitágoras de Samos, Anaximandro, Jenófanes (400 a.C.) o Parménides de Elea (540 a.C.), a Heráclito Éfeso (535-465 a.C.) o los Sofistas;
- el período Clásico, con Sócrates (469 a.C.), Platón (427-347 a.C.), Aristóles (384-322 a.C.);
- la época helénica con la Escuela de Pérgamo (Estoicos) y de Alejandría (Epicúreos), siglos III-II a.C.;
- el pensamiento romano, con Dionisio de Tracia (II a.C.), Varrón (I a.C.), Prisciano (IV), Boecio (V-VI);
- la cultura árabe en los Koraischi, Mutazili (VIII), Mutakallimi (XI).

Culturas y pensamiento que ya se preocuparon por el papel desempeñado por la objetividad y la subjetividad en la reflexión científica, como posibles vectores directores de un sentido, de una forma de hacer, de unos saberes, de unos modos de interpretar el mundo. El predominio de la objetividad domo fundamente, en detrimento de la subjetividad con suerte considerada como complementario a la objetividad, ha marcado sin duda nuestro desarrollo como seres del planeta y nos ha llevado a ocultar lo esencial EL SENTIDO intersubjetivo, difícilmente aprehensible, pero ciertamente significante.

Desde esta perspectiva, tenemos entonces un compromiso histórico con la Ciencia, una deuda si cabe y corresponde sin duda una revisión científica interdisciplinar en aras del pensamiento en la complejidad, de sus modos de expresión, susceptibles de fomentar la multiversidad y el progreso del conocimiento en el presente y futuro de la humanidad.

En este sentido, los siete saberes formulados por Edgar Morin, resultan especialmente fundamentados y pertinentes y, en nuestra opinión, deben considerarse en toda forma de pensamiento, tomando conciencia de su sentido, en particular si pensamos en una educación que también tenga que ver con un futuro sostenible. Los principios en los que se basa el saber en términos de Morin consisten en: (1) el conocimiento valiente, crítico y contrastado, que tenga en cuenta el pasado y el presente, lo general y lo particular; (2) un pensamiento consciente; (3) una reflexión acerca de lo que es el ser humano en su más amplia dimensión física, biológica, sociocultural e histórica; (4) enseñar la identidad terrenal que le permita al ser conocer su lugar en el universo, desde un carácter policéntrico y consciente de la unidad, desde cuya interacción con las culturas del mundo respete los límites individuales y profundice, a la vez, en los lazos comunicantes; (5) mirar de frente y convivir con la incertidumbre, buscando generar estrategias alternativas ante hechos inesperados, incluso si cabe, practicando un liderazgo transformacional; (6) enseñar a comprender, proponiendo que esta situación se produzca combinando los sentidos con el conocimiento y atendiendo siempre, con humildad, al diálogo; (7) respetar los principios éticos del género humano.

La actualidad de los tiempos, en los que impera una globalidad en detrimento de pueblos y culturas, en los que se acepta el hambre y el sufrimiento en el mundo, en los que la Naturaleza se destruye cada día, se requiere, necesariamente, un repensar la sociedad, la humanidad, el mundo, nuestros modos de hacer, de convivir, el desarrollo. ¡Parece que progresamos en términos científicos, pero retrocedemos en términos humanos!

Si queremos un mundo mejor, ya solo puede ser el que nos espera en el siglo XXI, que conlleva, oportunamente, una transformación general de nuestros hábitos, nuestros comportamientos…¡esencialmente inconscientes!. Y, así, el conocimiento consciente, los valores, el respeto, la democracia, el diálogo, la equidad, la justicia social, la paz y la armonía con nuestro entorno resultan ejes claves en el devenir del mundo y para el progreso del conocimiento, son de hecho principios que, entendemos, deben ser atendidos en las políticas y programas educativos.

La UNESCO, muy sensible a esta situación, reclama contribuciones para efectuar cambios profundos de pensamiento que estima indispensables para la preparación del futuro. Los humanos y, en concreto, las políticas educativas y los medios de la educación, tenemos igualmente una responsabilidad con la sociedad del presente y del futuro, que no debemos eludir. En este sentido, resultará muy útil la formalización y operacionalización del pensamiento complejo de Edgar Morin con el fin de que resulte ágil, dinámico, aplicable, convincente y al alcance, en su caso, de la mayor parte de las mentes.

El profesor Roggero está trabajando con los citados objetivos y os animamos a que prosigáis recorriendo camino. Quiero, no obstante, antes de terminar dejar una reflexión abierta, reflexión que está vinculada con una pregunta que formulé al Pascal Roggero y que dice así:

- ¿qué papel desempeña el lenguaje en la propuesta del pensamiento complejo de Edgar Morin?.
-
Según la respuesta de Roggero, Morin no trata la cuestión del lenguaje. En este sentido, me permito insistir en la pregunta, incluso formular una hipótesis según la cual el pensamiento complejo, en aras de un mayor rigor, debe considerar la existencia de un pensamiento lingüístico complejo, incluso analizar hasta qué punto este último resulta determinante en el pensamiento complejo, dirigiéndolo, trazándolo, creándolo, construyéndolo, etc. desde otras perspectivas, podría adelantarse la hipótesis contraria, es decir que el pensamiento complejo provoque que el pensamiento lingüístico sea complejo. Aunque señalo este debate, no entraré en su historia, cuyos orígenes datan de la antigüedad.

Muchas gracias,



Comité de Educación para una Sociedad Compleja


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Viernes, 13 de Junio 2008


Editado por
PORTIA Asociación para la Transdisciplinariedad
Portia, Asociación para la Transdisciplinariedad” es una institución heredera de un conocimiento que quiere transmitir: la cultura transdisciplinaria. La perspectiva transdisciplinaria es la que organiza y da sentido y finalidad a nuestra Asociación, a su estructura, a sus objetivos, a sus acciones, a sus metas y a sus valores. Como consecuencia de esa perspectiva, la Asociación se constituye como una estructura flexible, abierta, sabiéndose enriquecida y enriquecedora del contexto en el que nace y en el que se desarrolla, con capacidad pendular para transformar y transformarse en el juego entre sus creaciones, sus vivencias y sus reflexiones.

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