Recomendar este blog Notificar al moderador
COMPLEJIDAD Y MODELO PEDAGÓGICO
COMPLEJIDAD Y MODELO PEDAGÓGICO

"Necesitamos escuelas de complejidad porque el rechazo de la complejidad es el principio de toda tiranía". José García Calvo

No es una cuestión de trámite recuperar la pregunta sobre quién soy. Es pertinente que nos las sigamos haciendo, en un mundo que se ha hecho planetario pero que instrumentaliza a sus individuos en función de un proyecto de sociedad que no cuenta con ellos para construirlo. Alicia Montesdeoca


El fin de curso y la llegada del verano se han notado en esta Sesión. Algunos compañeros y compañeras tenían compromisos laborales y otros estaban inmersos en proyectos familiares. Además, Antonio, Berta y Catia se incorporaron al grupo.

En la reunión anterior habíamos convenido en leernos el documento base sobre el Proyecto de Centro y, a partir de él, ir concretando nuestras ideas sobre la formación de los educadores.

Para mí, el interés que tiene esta especie de crónica , que trato de hacerles llegar de la última reunión, no está tanto en las ideas que se barajaron como en reflexionar sobre el momento que tiene el grupo y las condiciones en las que nos vamos constituyendo como equipo de trabajo.

Mi sensación fue como la de que estábamos medio posados en el lugar. El calor, el fin de curso, el cansancio y los compromisos familiares, ineludibles siempre, constituyeron ingredientes determinantes, creo yo, pero a la vez pienso que el reto de definir un proyecto de las características del nuestro, sin referencias o con pocas referencias, las expectativas individuales con las que se vive el mismo, el momento de cada uno de los componentes del grupo, etc. sobrevuelan la reunión y hablan de las condiciones y de las posibilidades con las que hemos de contar.

Si tenemos claros los objetivos, si aceptamos el que no sabemos por dónde empezar, si estamos dispuestos a dejarnos mecer por la incertidumbre, y a pesar de todo no renunciamos a nuestro empeño; si reconocemos la imbricación que hay entre los procesos personales y los sociales, que nos condicionan aunque no nos determinan; si aceptamos que hay que dedicar tiempo, el tiempo que haga falta, sin prisas, sin acotar o cerrar espacio alguno, hasta crear el clima que permita dar con el ”hogar” donde se ha de mallar nuestras voluntades, intenciones y saberes, entonces nos encontramos en el siguiente paso de este andar.

En el trascurso de la reunión algunas cuestiones se fueron desgranando hasta desembocar en la pregunta sobre qué concepción tenemos de la persona y, por lo tanto, quién es el educando y quién es el educador. Las respuestas a estas cuestiones tan importantes determinarán las características a tener en cuenta en un programa de contenidos formativos.

El proceso de intercambio que se dio, hasta llegar a esa concreción, puso de manifiesto la necesidad de caer en la cuenta de que el grupo, como tal, carece de un método de reflexión en el contexto de la complejidad, de códigos claros para discernir los puntos de anclaje para observar y observarse, las claves para enfocar las cuestiones fundamentales, los contextos, los valores, los niveles de realidad que se bifurcan.

Como las distintas perspectivas propuestas para una definición no nos llevaron a concreción alguna, se acordó continuar reflexionando hasta elaborar un documento en el que se defina este esencial punto de partida o ecosistema de partida.

Soy consciente de que en la medida que trato de exponer mis reflexiones éstas, al servirme de espejo, me devuelven la imagen de mis referencias y de mis carencias. Por lo tanto, les hago participe de ellas como un búsqueda de oportunidad para ser superadas, con las aportaciones de todos.

“Con vuestro permiso… perdone mi atrevimiento”

Quiénes somos? ¿Quién soy? ¿Quién es aquél que está ahí que miro pero que no veo, que me mira sin decidirse y cuya mirada salta a otro objetivo sin preguntar por mí?

Tenemos profundas razones para hacernos esta primera pregunta, para definir quién es el protagonista y el objetivo de la educación, cómo es ese Otro que reta a nuestro corazón, antes de pasar a otra cuestión importante pero que veo dependiente: ¿Cuál es el objeto de la educación, el que nos llevaría a nombrar de qué educación hablamos, por qué educamos y para qué educamos?

No hemos de pretender una definición erudita que acumule definiciones producidas a lo largo de la historia. De lo que se trata es de descifrar y enriquecer el punto de partida que este grupo de reflexión pedagógica tiene sobre esta cuestión tan trascendental.

No es una cuestión de trámite recuperar la pregunta sobre quién soy, es pertinente en un mundo que se ha hecho planetario pero que instrumentaliza a sus individuos, en función de un proyecto de sociedad que no cuenta con ellos para construirlo.

El primer escollo para dar con una respuesta a estas preguntas, que pueden parecer obvias, es el de tender a solventarlas con respuestas enciclopédicas.

Y volvemos a preguntarnos, ¿de quién hablamos cuando nombramos persona?

Comenzamos por dar vueltas alrededor de las definiciones que otros han dado y nos volvemos a colocar en la misma perspectiva de la que venimos: una respuesta rápida más o menos culta para solventar el problema y ponernos a deletrear recetas o posibles listados de contenidos, para una acción que nos apremia.

Pero, no porque hagamos una definición más o menos completa habremos dado con la respuesta, porque lo que se pretende no es sólo enumerar las dimensiones del ser humano, sino vivenciar quién es, quién soy, y desde esa posición poder actuar siendo conscientemente, responsablemente, consecuentes.

Esta reflexión sobre quién soy y quién es el otro no es una reflexión de trámite. Si no tenemos claro desde qué perspectiva nos situamos para la acción, cuáles son los límites que tenemos a la hora de conocer como conocemos lo que soy, cómo definimos lo que soy, cómo interpretamos lo que soy, cómo conocemos al otro, cómo definimos al otro, cómo interpretamos al otro, cómo valoramos al otro, cómo nos dirigimos al otro, cuáles son las intenciones que nos mueve, las más altruistas y las más instrumentales, volveremos a retomar las inercias que parten de lo que ha condicionado nuestro propio despertar, creyéndonos ya situados en una nueva comprensión de quiénes somos que justificará cualquier cosa que hagamos por creer que la buena intención es suficiente.

Esto me lleva a considerar la importancia del “estado de alerta” hacia nuestra gran capacidad de autoengaño. Para ello es preciso que descubramos qué creencias son las que han construido esta realidad y cuáles necesitamos para crear una nueva, a sabiendas que todas encierran su propio poder creador y también sus límites.

La cuestión no está en demostrar lo que la experiencia propia o ajena demuestra, sino en aprender a hacer de otra manera, mirando desde el ángulo que se discrimina, para dar posibilidades a que se materialicen otros mundos.

No es una cuestión de definir a un ser humano tipo, de tres, cuatro, cinco o más dimensiones. Es considerar que todas esas dimensiones están integradas en una unidad, comunicadas entre sí, manifestadas en cada expresión del ser; en conocimiento permanente, conjuntamente, participando de la creación del mismo, de la maduración de su presencia humana, que usa la propia experiencia que crea y recrea para materializarse y reconocerse, para hacerse presente, en un afán del que no conocemos su fin, ni el por qué ni el para qué.

Si no tenemos en cuenta lo que sabemos de nosotros mismos, de nuestros sueños más sinceros, de nuestros dolores y frustraciones, de nuestros afanes y de nuestras serenas certezas, de nuestras búsquedas de siempre, de nuestras alegrías más significativas, de nuestras necesidades de complementariedad para partir de ella y adentrarnos en nuevas preguntas, no podremos proyectar nuestra mirada para conocer lo que está fuera de nosotros.

También, si no reconocemos esas mismas características como humanas, como de todos los humanos y de cada uno de los otros que nos rodean, nos damos de bruces contra una pared construida con materiales productos de la negación: negándonos a indagar permanentemente; negándonos a cuestionar lo que ya damos por sentado; negándonos a continuar andando en el sendero de las búsquedas; negándonos a asumir que no sabemos y que la incertidumbre acompaña nuestro caminar porque forma parte de la esencia de la creación, la que la estimula y la que la cohesiona.

Lo primero es dar con las buenas preguntas. Sin ellas no obtendremos una respuesta que nos aproxime un poco más a lo que buscamos. ¿Qué es el ser humano? ¿Para qué es? ¿Cuál es su contexto natural? ¿Cuáles son sus recursos? ¿Con qué dones vino a la vida? ¿Cuáles son los factores que acompañan su experiencia? ¿Qué sentido tiene su destino? ¿En qué contexto nace? ¿Para qué vive su experiencia concreta?

No hagamos abstracción. No respondamos con excesiva abstracción a una cuestión tan trascendente para una tarea como la de educar. Impliquémonos en ella y soltemos nuestras amarras que nos sujetan a seguridades oportunistas. Impliquemos nuestro saber y nuestra ignorancia, nuestra experiencia y nuestra ingenuidad, nuestro corazón y nuestras necesidades, nuestros anhelos y esperanzas y nuestras derrotas.

Estamos acostumbrados a ir a aprender técnicas, copiar recetas, comprar innovaciones, consumir ideas. Por eso nos cuesta trabajo descubrir facultades, inicial experiencias, improvisar soluciones, aceptar retos, descubrir secretos, seguir intuiciones, arriesgar seguridades, poner en duda creencias.

Es muy difícil romper la coraza que construimos con los dogmas culturales. Una coraza que impide el fluir de lo externo y de lo interno en una espiral hacia la eternidad. Una coraza que dificulta, en lo externo, el eco inmediato con lo nuevo, que no permite empatizar con lo desconocido, justificado por la falta de referencias internas para comprenderlo y no en la dureza de la carcasa.

Una coraza que oculta lo interno a través de la aclimatación y la supervivencia, de la domesticación educativa y social, de la negación de nuestra propia impronta, del desconocimiento de lo que implica lo individual en un todo, de la ocultación de las diferencias que portamos y del ejercicio del olvido que tanto alimentamos.

Impliquémonos profundamente hasta dar con el niño y la niña que somos y que un día fue acogido en medio de una sociedad que le ofreció lo que tenía, pero que no sabía ni por qué ni para qué, ni hacia dónde encaminaba a sus hijos.

Sólo así nos podemos poner en el lugar del otro, nuestro pupilo y nuestra pupila y mirarle a los ojos, para que despierte a esta realidad pero no quede hipnotizado por ella, porque descubre en nuestra pupila la luz de la esperanza que le indica que sus caminos están abiertos para la búsqueda de sentido y que en esa búsqueda van a tener quién les acompañe.

Intentemos compartir las prioridades con las que vivimos y descubramos cómo buscamos y a dónde acudimos a buscar, para luego dar con una definición que se atenga a nuestro saber y sentir, aunque no esté soportada por cánones consensuados, que muestre al ser humano en proceso de cambio permanente, de búsqueda de mayor conciencia de lo que es y que deja las puertas siempre abiertas a la revisión de lo que sabe y a la incorporación de nuevos conocimientos.




Comité de Educación para una Sociedad Compleja


Facebook Twitter LinkedIn Digg Google Meneame Viadeo Pinterest
Viernes, 3 de Julio 2009


Editado por
PORTIA Asociación para la Transdisciplinariedad
Portia, Asociación para la Transdisciplinariedad” es una institución heredera de un conocimiento que quiere transmitir: la cultura transdisciplinaria. La perspectiva transdisciplinaria es la que organiza y da sentido y finalidad a nuestra Asociación, a su estructura, a sus objetivos, a sus acciones, a sus metas y a sus valores. Como consecuencia de esa perspectiva, la Asociación se constituye como una estructura flexible, abierta, sabiéndose enriquecida y enriquecedora del contexto en el que nace y en el que se desarrolla, con capacidad pendular para transformar y transformarse en el juego entre sus creaciones, sus vivencias y sus reflexiones.

Con la colaboración del Comité de Educación para una Sociedad Compleja





Noticias de Transdisciplinariedad

Archivo

RSS ATOM RSS comment PODCAST Mobile