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COMPLEJIDAD Y MODELO PEDAGÓGICO

COMPLEJIDAD Y MODELO PEDAGÓGICO


"Necesitamos escuelas de complejidad porque el rechazo de la complejidad es el principio de toda tiranía". José García Calvo

Segunda sesión del ciclo


Intervención de Alicia Montesdeoca en la segunda sesión del I Ciclo Complejidad y Modelo Pedagógico



Algunas preguntas metodológicas quedaron colgadas en el aire, tras la primera sesión de trabajo y después de la primera reunión de la Mesa de Debate ¿Hacia dónde conduce esto? ¿Nos fuimos por los Cerros de Úbeda en nuestras exposiciones? ¿Cómo concretar sin excluir? ¿Cómo llegar a conclusiones sin dogmatizar? ¿Cómo estructurar la aparente dispersión de ideas y experiencias compartidas sin sentir que estamos dando vueltas alrededor de lo mismo?

Después, a lo largo de los días transcurridos, y a pesar de los avatares vividos, o gracias a ellos, he pensado mucho en la necesidad de que de esta experiencia surja, también, un modelo de trabajo que favorezca la apertura, el estado de alerta, la capacidad permanente de sorprenderse y el espíritu de juego.

Para conseguirlo es preciso que le demos importancia y tiempo a lo que se despliega, siendo generosos con el espacio que necesite lo que surge, o se ponga de manifiesto, aunque a primera vista no lo sepamos ubicar. Valoremos sin prejuicios lo que percibimos a través de los sentidos, de las emociones, de las formas, de los matices con los que se muestra. Esperando con paciencia el momento para las estrategias.

No buscar la eficacia como objetivo absoluto, primero hay que desentrañar lo emergente, a través de los símbolos o las metáforas cargadas de significados con los que se expresa, para comprender e incorporar los nuevos conocimientos que vienen a colaborar en el nuevo paso humano.

Sí, vale la pena que demos tiempo y nos demos tiempo. Hay que vivir y experimentar. La acumulación de experiencias y de vivencias son las que generan un conocimiento sólido y con sentido. Hay que permitir que se acumulen y confiar, esta acumulación garantiza la preparación de la tierra, para que las semillas del pensamiento complejo fructifiquen, con la naturalidad propia de lo que está vivo.

Es como aprender a montar en bicicleta: un vehículo frágil, sin estabilidad propia, cuya posición depende de la velocidad que le imprime el pedaleo del ciclista y su habilidad para sortear los obstáculos del sendero por donde circula. Eso sólo se consigue si el ser consciente se identifica simbióticamente con su vehículo, si acepta el riesgo de la caída y se mueve con la confianza puesta en el destino que persigue, con su mirada centrada en el horizonte a alcanzar.

Al final de la Primera Mesa de Debate, celebrada el sábado 26, Jesús Pérez Sarmentero comentaba que siempre que nos reunimos para trabajar, las mujeres antes de concretar dan vueltas y más vueltas alrededor de los temas que se tratan: yo sé lo que quiso decir, he vivido mi vida de mujer percibiendo muchos aspectos de la realidad simultáneamente, atendiendo a numerosas situaciones a la vez, inquietándome con innumerables cosas al mismo tiempo, cruzando y conectando realidades que parecían inconexas, teniendo que reducir luego tantas vivencias y percepciones simultáneas, a un paquete de información para concretar una acción inmediata que respondiera a la realidad en la que tenía que moverme y que, a su vez, la opción causara en mi la menor distorsión posible, con el objeto de construir algo con sentido, en las circunstancias en la que en mi entorno se desarrollaba la vida social, económica y política.

En ese mismo entorno cabrían otras posibilidades de hacer pero sólo se podía concretar una; se daban otras maneras de interpretar la realidad, pero sólo se aceptaba una, había otras formas de vivir, pero sólo se permitía una.

En ese juego, se entretejió una vida social, un modelo de convivir y de interactuar: entre las posibilidades abiertas, llenas de luz y color, de formas que se sugerían como probabilidades, por un lado, y las realidades que se concretaban con sus propias luces y sombras. Aquellas que partían de las posibilidades que permitían las condiciones de los sistemas establecidos, de las instituciones creadas, de las aceptaciones colectivas, de los dogmas culturales, de las creencias ideológicas, por el otro.

María Novo señalaba en su exposición del pasado 25 de abril que el pensamiento complejo no rechaza el modelo de conocimiento antiguo sino que lo circunscribe al espacio en el que su acción es creadora, para el cual nació, en el cuál es eficaz. Que lo que hace peligroso un conocimiento es el convertirlo en un marco de explicación para todo.

Ella dijo “las ciencias que nacieron para resolver problemas concretos, se extendieron más allá de su ámbito de validez y se convirtieron en una gran cosmovisión occidental que invadió territorios que no le eran propios. Invadió procesos sociales, procesos éticos, políticos y se quiso convertir, y de hecho se convirtió, en un gran paradigma explicativo del mundo”

Por nuestra “manera así de ser” como lo denominaría George Simmel, las mujeres sabemos navegar mejor en lo incierto, en lo imprevisible, en la elaboración de nutrientes a partir de la aparente nada, en destapar lo que aparece oculto, en poner en evidencia los lazos invisibles que vinculan los niveles de realidad manifestada y los niveles de realidad desconocidos e intuidos.

En los rincones de los armarios vitales de todos nosotros y de todas nosotras, existen muchas vivencias escondidas, muchas experiencias sin reconocimiento, muchas reflexiones sin valoración, muchas imágenes olvidadas. En definitiva, mucha riqueza vital sin reconocer y que, sin embargo, son el soporte del quehacer de hoy. Ningún patrimonio humano es despilfarrado, todo él forma parte de la marcha humana, sosteniendo los logros y soportando los dolores del proceso colectivo de la especie.

Ahora, con el pensamiento complejo, damos una oportunidad a un nuevo salto de consciencia, que nos permite mirar y reconocer, desde una perspectiva transdimensional, lo que somos como especie, como individuos, como sociedad, en un contexto cuyos límites los sabemos convencionales y los intuimos sin fronteras.

La propuesta es buscar, indagar en formulas que no fragmenten ni excluyan: ¿Cómo entregarse al proceso desde lo femenino: amplio, abierto, abarcador, pareciendo que se dispersa cuando, en realidad, está incorporando aspectos no integrados? ¿Cómo permitirle a lo masculino que genere espacio, que sea recipiente, que se reconozca como la vasija protectora que acoge todo el contenido?

¿Cómo posibilitar que ese recipiente sea de una materia que permita que sus ingredientes respiren, se acomoden, se dejen mecer por el movimiento de la vida, para amoldarse a la necesidad de creación de nuevas formas de hacer y de convivir en cada instante y según las circunstancias?

¿Cómo incorporar cada perspectiva, sin interpretarla, dejando que se manifieste a través del pensamiento, de las emociones, de las vivencias, de las experiencias, para que juntas produzcan o pongan de manifiesto una nueva realidad, que será expresión, no sólo de las individualidades que se suman, sino del fruto maduro que representa la simbiosis de todo lo que integra nuestro universo?

¿Cómo hacer posible que el movimiento sea armonioso sin dejar de ser eficaz, para llevarnos desde la luz al color, del color a la flor, de la flor al néctar… y, mientras lo saboreamos, el propio movimiento nos fecunda, transformando nuestras consciencias que se proyectarán en la construcción cotidiana “de vida, de más vida y de más que vida”, como diría el maestro.

La complejidad no es una teoría que todo lo explica, es una manera de mirar que incluye. A más consciencia de realidad más inclusión. Esto nos impulsa a no dejarnos arrastrar por las inercias de los debates críticos, sino a desarrollar un estado de permanente interés sobre lo que emerge, sin confundirnos con las modas o los discursos de mayor o menor oportunismo.

Con esas alforjas hemos de diseñar cada paso de nuestro andar y en ese diseño hemos de contar con las capacidades de concreción, de estructuración que las cualidades masculinas nos permiten. El reto está en ser lo suficientemente flexibles para contar con formas adaptativas o disipativas que posibiliten la comunicación entre el adentro y el afuera

Debemos acostumbrarnos a vivir en la complejidad, navegar en el mar de la incertidumbre, probar las distintas formas de actuar sin esperar la eficacia, sabiendo que los aprendizajes son probabilidades, no dogmas cerrados.

Lo que se persigue no es el orden, es la adquisición de la conciencia de nuestra posición relativa, frente a una percepción limitada de lo que denominamos realidad, teniendo en cuenta que lo que es y lo que somos es fruto de esa percepción limitada, de nuestro estar colocados, supuestamente, en el ángulo de un observador.

Así pues, no tengamos prisas por llegar a ningún puerto, el recorrido que hay que hacer es multidimensional, atravesando el espacio-tiempo a través de nosotros mismos, de nuestras individualidades y de nuestras colectividades. La gran sorpresa de este conocimiento es que todos y todas somos portadores de él, todas y todos somos creadores del mismo. Con la experiencia vital de todos hacemos las aportaciones necesarias para que la comprensión de la nueva concepción de la realidad se ponga de manifiesto y se recree.

Si lo explicamos en clave de género: hemos de cuidar la danza que se establece entre el desplegar de lo femenino y el acompasar del movimiento de lo masculino. Sin luchar contra los elementos, aceptando el mundo tal como es, incierto, inseguro, generoso, rico en diversidad.

Abandonándonos a la magia de la vida, de la que somos sus cómplices, les invito a participar en la creación de ese modelo que posibilita el descubrimiento de las probabilidades y su transformación en posibilidades. Del próximo paso darán cuenta otras generaciones y ahí estaremos presentes, porque esta generación ha hecho posible un nuevo momento humano.






Comité de Educación para una Sociedad Compleja


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Viernes, 16 de Mayo 2008


Editado por
PORTIA Asociación para la Transdisciplinariedad
Portia, Asociación para la Transdisciplinariedad” es una institución heredera de un conocimiento que quiere transmitir: la cultura transdisciplinaria. La perspectiva transdisciplinaria es la que organiza y da sentido y finalidad a nuestra Asociación, a su estructura, a sus objetivos, a sus acciones, a sus metas y a sus valores. Como consecuencia de esa perspectiva, la Asociación se constituye como una estructura flexible, abierta, sabiéndose enriquecida y enriquecedora del contexto en el que nace y en el que se desarrolla, con capacidad pendular para transformar y transformarse en el juego entre sus creaciones, sus vivencias y sus reflexiones.

Con la colaboración del Comité de Educación para una Sociedad Compleja





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