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CONO SUR: J. R. Elizondo

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Los desafíos vecinales de Bachelet José Rodríguez Elizondo


Con motivo de la próxima presentación de mi libro sobre las crisis del “sub-conosur”, la revista chilena Qué Pasa me sometió a la siguiente ordalía: describir en mil caracteres, comprendidos los espacios, los problemas mayores que enfrentará el gobierno de Michelle Bachelet con los tres gobiernos del vecindario inmediato.Tras someterme a tan ruda prueba de síntesis, comparto el resultado con los lectores de este blog.


El fracaso de la diplomacia vecinal durante el gobierno de Ricardo Lagos es el tema que desarrolla José Rodríguez Elizondo en su libro Las crisis vecinales durante el gobierno de Lagos, que será lanzado el 7 de junio. Sobre esa base, el escritor y ex embajador analiza los escenarios que enfrentará Bachelet con los tres vecinos.

Argentina: "La triangulación del gas importado obliga a sincerar la relación entre los mercados libres y la geopolítica. La presidenta podría dar crédito político a Kirchner, por denunciar su compromiso con la "molécula cero" de gas boliviano. También habría una negociación difícil: decidir si los consumidores chilenos asumen las alzas de precio de ese gas o si las comparten con los argentinos, para que Kirchner mantenga barato el consumo local. Más allá, podría haber una reactivación del tema "Malvinas argentinas", que obligue a encarar el tema de Punta Arenas como plataforma continental para los kelpers y el carácter de nuestra alianza estratégica con la Casa Rosada, ante el Reino Unido".

Bolivia: "El problema principal será "la forma de la mesa". Esto es, negociar cómo se van a negociar los puntos de una "agenda sin exclusiones y sin imposiciones". De partida, la buena relación de Bachelet con Kirchner y el viraje de Hugo Chávez (hoy se quiere bañar "en todas las playas del mundo") significan un alivio en la presión externa. Por otro lado, el gas y su posición geopolítica colocan a Bolivia en su mejor momento histórico, para negociar su aspiración marítima".

Perú: "El buen escenario depende del próximo presidente. Con Alan García sería posible empezar a desmontar las estructuras de conflicto. Con Ollanta Humala, esas estructuras se potenciarían. Una eventual iniciativa chilena podría inducir un principio de desbloqueo. Visto que la redelimitación marítima pretendida por Perú se vincula con la reivindicación boliviana, habría que asumir la síntesis del silogismo: una política común chileno-peruana hacia Bolivia, reconociendo que el tema no es multilateral, pero tampoco bilateral".



Publicado en Que Pasa el 27 de mayo de 2006.


José Rodríguez Elizondo
Lunes, 29 de Mayo 2006



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El miércoles 7 de junio a las 19,30 horas se presenta en el Aula Magna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile mi libro “La crisis vecinal del Gobierno de Lagos” (Santiago de Chile, Random House Mondadori, colección Debate, 2006). Comentarán la obra el general del Ejército Juan Emilio Cheyre y el embajador jefe de la Misión de Naciones Unidas para la estabilización de Haití, Juan Gabriel Valdés.


Las crisis vecinales de Chile, analizadas en un nuevo libro
En esta obra analizo la difícil situación vivida por Chile con los países vecinos, durante los últimos años. Parto de la base de que la política exterior vecinal fue el punto negro de la globalmente exitosa gestión presidencial de Ricardo Lagos.

Desde ese enfoque, recuso el desconocimiento de la realidad geopolítica, la subestimación a priori del rol de la Cancillería, la marginación total de la ciudadanía y una diplomacia presidencial sin base orgánica.

Demuestro asimismo hasta qué punto los conflictos simultáneos con Argentina, Bolivia y Perú fueron producto de “el gran desfase” en los diseños regional y extrarregional del gobierno chileno y pongo de manifiesto la subordinación de la diplomacia vecinal a la estrategia económica, el duelo de personalidades entre los Presidentes de los países concernidos y el impacto que produjo la mala química inicial entre Ricardo Lagos y Hugo Chávez, su homólogo venezolano.

Al mismo tiempo, señalo la obsolescencia de una política vecinal simplemente reactiva y el riesgo de una “mala imagen” regional. Como contrapartida, asumo la esperanza que subyace en la reestructuración de la Cancillería y en la renovación doctrinal de las Fuerzas Armadas, lo que entiendo resulta muy oportuno ahora que un nuevo gobierno chileno inicia sus funciones.

Interesados: 782 82 00.


José Rodríguez Elizondo
Jueves, 18 de Mayo 2006



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Chile-Perú: Secuelas de una guerra José Rodríguez Elizondo
Chile-Perú: Secuelas de una guerra
La reciente encuesta de La Tercera, sobre las percepciones mutuas de peruanos y chilenos, confirma que, a 123 años del término de la Guerra del Pacífico, sus secuelas siguen marcando la agenda.

Mal quedamos, como sub-región, si asumimos que los europeos superaron muchos siglos de guerras –dos de nivel mundial-, para forjar una potente comunidad política, cultural y económica. Con una pizca de humor cínico podríamos decir que no apuntamos a esa meta, porque nuestro conflicto no fue lo bastante catastrófico. De paso, eso explicaría nuestro desconocimiento de la admirable sentencia del duque de Wellington, formulada desde el humo de Waterloo: “La victoria es la mayor tragedia del mundo, con excepción de la derrota”.

Sospecho que los códigos para entender el fenómeno están más cerca de la estrategia que de la diplomacia y, por lo mismo, podrían descifrarlos mejor los intelectuales de las armas. En esa línea, hasta diría que hicimos la guerra con la doctrina equivocada. Esa que, según Karl von Clausewitz, identificaba su objetivo con la derrota total del enemigo, condenando al vencedor a velar las armas para mantener su supremacía, mientras el perdedor aguardaba el turno de su revancha.

Desde esa doctrina sólo podía crearse una espiral de recelos. Pero, como los militares suelen ser conservadores, debió pasar medio siglo (y muchísimas guerras) para que el estudioso británico Basil Henry Liddell Hart enseñara al mundo que aquella fue “una doctrina para formar cabos, no generales”. Eso lo llevó a descubrir que, siendo la guerra un pésimo instrumento para solucionar conflictos, al menos debía servir para establecer una paz mejor a la que existía antes del enfrentamiento.

La nueva doctrina bélica, funcional al ideario de Woodrow Wilson, inspiró el Plan Marshall y se consagró con el derrumbe de la URSS, una de las dos mayores potencias militares del siglo XX. La estrategia, la política, la diplomacia y la inteligencia –en su primera acepción-, demostraron entonces, al mayor nivel posible, que podían darse victorias claras sin necesidad de incendiar el futuro.

Paz raquítica

Pero, claro, eso ni lo soñábamos en 1879. Mal podía el país del fin del mundo adelantarse al pensamiento estratégico que le llegaba desde los países centrales. Así, aunque alcanzamos a debatir si era necesario ocupar Lima para negociar la paz, el pensamiento dominante se impuso: había que hacerlo, para que la derrota del enemigo fuera total y negociáramos en consecuencia.

Si asumimos, a mayor abundamiento, que la negociación sólo terminó en 1929, podemos entender que el resultado fuera una paz raquítica. Y no podía ser de otro modo pues, durante un período similar al de toda la guerra fría, las heridas siguieron abiertas, algunas se gangrenaron y la diplomacia fue sólo una forma de administrar el statu quo. En definitiva, así como la paz de Versalles trajo la segunda guerra mundial, chilenos y peruanos hemos estado, al menos dos veces, al borde de reeditar una segunda versión de la guerra del Pacífico.

En lenguaje de encuesta, ésa es la base de sentimientos del 57 % de limeños que sigue considerándonos “enemigos naturales” y de ese 71 % para el cual “Chile está en deuda” con el Perú. Como contrapartida, un 70% de chilenos asume que no somos simpáticos para los peruanos y un 79% rechaza estar en deuda con ellos.

Lo decisivo es que, a partir de esa base, nuestro gobierno podría definir si sigue actuando como si el tiempo, las inversiones y el mercado bastaran para cicatrizar las heridas, o si enfrenta la realidad, elaborando políticas de corto, mediano y largo plazo, con dos objetivos básicos: Uno, detectar qué clase de deuda creen tener los peruanos contra nosotros, al margen de los diferendos vigentes. Dos, qué medidas podríamos tomar para amortizar esa deuda y, en definitiva, saldarla.

El gobierno anterior asumió la primera opción y fracasó. Sería hora, entonces, de que asumiéramos la segunda, para que la relación entre el Perú y Chile se oriente hacia la integración y deje de ser una tregua eventual entre dos guerras.

Artículo publicado originalmente en La Tercera.

José Rodríguez Elizondo
Viernes, 12 de Mayo 2006



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La originalidad de Hugo Chávez José Rodríguez Elizondo


Dado que el mango de la sartén revolucionaria ya está en poder de Chávez, muchos cubanos temen que, tras la inminente desaparición de Fidel Castro, les sobrevenga una nueva dependencia. La sede del poder dominante, que antes estuvo en Madrid, Washington y Moscú, mañana podría instalarse en Caracas.



La originalidad de Hugo Chávez

Sintomáticas son la perseverancia con que Hugo Chávez provoca a George W. Bush -burro es lo más suave que le ha dicho- y la relativa contención de éste. Decodificando, ambos saben hasta qué punto Fidel Castro se ha mantenido vigente gracias a su enfrentamiento vitalicio con la Casa Blanca.

Pero usar tan histórico error norteamericano no convierte a Chávez en mero imitador de Castro. Es cierto que dobló el asalto al cuartel de Moncada de 1956, con su remake golpista de 1992 y que copa el espectro mediático venezolano a imagen y semejanza del cubano. Sin embargo, en lo sustancial se ha mostrado como un buen creativo.

Y es natural, pues sus modelos no venían de la guerrilla castrista, sino de los ejércitos regulares: fueron el peruano Juan Velasco Alvarado y el panameño Omar Torrijos, con su novedosa carga ideológica de militarismo popular. Esto dio a su socialismo un tinte castrense o "bonapartista" como decían, condenatorios, los manuales soviéticos. Además, cuando emergió a la notoriedad, el incombustible Castro viajaba rumbo al otoño y sus seguidores de la región estaban bajo tierra o en la socialdemocracia.

En suma, Chávez intuyó que el hombre ya no estaba en condiciones de manipularlo ni de mostrarle los celos que le inspiraron Salvador Allende, en 1970, y Alan García, en 1985. Por eso, en 1995 - recién salido de la prisión-, arriesgó ir a La Habana, donde fue recibido con honores de jefe de Estado. Con certeza, ya conocía el sueño aletargado de Castro: "Con el petróleo venezolano la revolución continental sería cuestión de meses", había dicho al instrumental Régis Debray, 33 años antes.

Por lo señalado, en jerga leniniana Chávez es un revisionista. Actúa como Lenin, cuando corrigió a Marx y como el propio Castro cuando corrigió a Lenin. En tal carácter, introdujo un nuevo modelo de revolución continental, en cinco fases: a) golpe mediático inicial; b) trabajo conspirativo para formar una base política de militares profesionales; c) agitación propagandística para catalizar una mayoría electoral; d) exasperación del Gobierno de Estados Unidos, para catalizar el nacionalismo, y e) fijación de toda esa estrategia mediante el control hegemónico de las palancas del Estado... dentro de la legalidad.

¿Nueva dependencia?

Mientras aplicaba el modelo en su país, Chávez invocó a Simón Bolívar para formalizar su liderazgo regional. Al efecto, en virtud de un acuerdo tácito, sacó a Castro de los apuros financieros de su periodo especial y éste, como contrapartida, se resignó a cederle la tienda de líder máximo.

Ese pacto le permitió acceder a la tecnología cubana de exaltación del jefe vitalicio, prestigiada por medio siglo de funcionamiento. Sin pagar royalties, comenzó a reagrupar a los castristas supérstites y a los otros izquierdistas extrasistémicos de la región, mientras seducía a los líderes de los pueblos originarios. En su proyecto bolivariano, éstos serían las nuevas masas emergentes.

La experiencia en Ecuador, con el coronel Lucio Gutiérrez, y la emergencia del coronel Ollanta Humala, en Perú, indican que el chavismo está ejecutándose.

Previendo tormenta desde Washington, Hugo Chávez ha denunciado que Bush quiere asesinarlo y está comprando acciones preferentes en el Mercosur. Condoleezza Rice, por su lado, juega el juego del aislamiento, para lo cual trató de implicar a Ricardo Lagos y a Lula, pero ambos se hicieron a un lado. En este contexto, las señales de Michelle Bachelet y el posicionamiento definitivo del presidente boliviano Evo Morales, apadrinado por Hugo Chávez, tienen una importancia extraordinaria.

Nota final: dado que el mango de la sartén revolucionaria ya está en poder de Chávez, muchos cubanos temen que, tras la inminente desaparición de Fidel Castro, les sobrevenga una nueva dependencia. La sede del poder dominante, que antes estuvo en Madrid, Washington y Moscú, mañana podría instalarse en Caracas.



Artículo publicado originalmente en La Vanguardia.

José Rodríguez Elizondo
Sábado, 6 de Mayo 2006



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¿Debemos quemar a Humala? José Rodríguez Elizondo
Ollanta Humala.
Ollanta Humala.
Amigos y lectores suelen preguntarme, incluso desde Lima, si creo que Ollanta Humala seria un peligro para Chile. Mi primera respuesta fue que, dada su doctrina etnocacerista, en primer lugar sería un peligro para el Perú. En el mundo actual, las cosas ya no se arreglan con cosmovisiones ideológicas. Más bien, se descomponen.

Pero, luego pensé que ni siquiera debía opinar en ese sentido. Descubrí que la supuesta amenaza de Humala era una excelente oportunidad para que nosotros, chilenos, superáramos una de las grandes gaffes políticas cometidas en la relación con el Perú.

Me refiero a las elecciones de 2001 cuando, pletóricos de ingenuidad histórica, dirigentes de la Concertación gobernante fueron a Lima para expresar su apoyo a distintos candidatos. Socialistas y pepedés expresaron su apoyo a Alejandro Toledo, los demócratacristianos hincharon por Lourdes Flores y los radicales se subieron a la plataforma de Alan García.

Los resultados nos golpearon pronto. Lourdes captó que no se había beneficiado para nada con el apoyo de los DC chilenos. Más bien, estos confundieron a su electorado, pues los socialcristianos peruanos se ubican en la centroderecha (en las últimas elecciones chilenas habrían apoyado a Sebastián Piñera).

Alan, por su parte, agarró una durable tirria contra nuestros socialistas. A su juicio, habían traicionado un pasado histórico de fraternidad con el Apra, plasmado en la Internacional Socialista. El victorioso Toledo, con o sin razón valedera, convirtió su período en una sucesión de 'gallitos' con Lagos. Hoy puede decirse que fue el presidente peruano más espinoso para Chile, después de Juan Velasco Alvarado.

Es que ninguno de esos ingenuos entusiastas chilenos pensó que, pasada la elección, su gesto iba a ser leído por los peruanos como una intervención flagrante, incluso (y sotto voce) por el vencedor. Por cierto, cuando escribí sobre esa torpeza enorme, uno de ellos me dijo que yo no había entendido nada. Para él, solo fue una participación -y muy bien valorado- dirigida a apoyar la recuperada democracia peruana.

¿Lo peor para Chile?

Esto viene muy a cuento tras la irresistible emergencia de Humala. Dados sus antecedentes ideológicos y la posibilidad de que llegue a la Presidencia del Perú, hoy surgen voces que lo clavan, de antemano, en el prontuario de la antichilenidad feroz y/o del enfrentamiento inminente. En los corrillos políticos y en el sistema mediático él es, claramente, "lo peor para Chile".

Como particular y civil, no digo que sea una conclusión errada. Incluso acepto que los profesores, analistas o columnistas nos autoconcedamos el derecho a expresar que Alan o Lourdes son (o eran) una opción mejor para platicar la amistad. Pero nuestros políticos responsables, precisamente por serlo, debieran saber que, por efecto-contradicción, al descalificar a Humala pueden consolidarlo, en el Perú. Ellos debieran actuar, siempre, bajo la premisa de que los países eligen a sus líderes según sus propios expectativas, frustraciones, mitologías y niveles de desarrollo sociopolítico. No según nuestras preferencias.

Estimo que la presidenta Bachelet, el canciller Foxley y el subsecretario Van Klaveren han sacado la conclusión correcta. A la inversa de nuestra antipolítica por la libre del año 2001, establecieron que "estamos preparados para relacionarnos con cualquier gobierno que sea elegido democráticamente en el Perú" y que trataremos de generar agendas comunes con los peruanos "cualquiera sea el presidente que elijan". Los dirigentes de la Concertación, por su lado, no repitieron el numerito de subirse al podio de Lourdes o de Alan.

Por lo demás, la propia evolución del discurso de Humala (quizás apoyada en las oscilaciones del indicador riesgo-país) lo muestra muy consciente de los peligros del confrontacionalismo por motivos ideológicos. Parece saber que, en el actual nivel de estructuración de los sistemas político y económico de la región -expresados en la OEA, en las instancias de integración, en el comercio global y en el compromiso hemisférico con la democracia-, cualquier desplante agresivo tiene costos claros. Desde esta perspectiva, la línea chilena oficial, si bien no garantiza un futuro amistoso con un Humala presidente, sí pone de su lado la responsabilidad por eventuales estropicios.

En suma, creo que ningún chileno responsable debiera llamar a zafarrancho si Humala gana en la segunda vuelta. La realidad nos seguirá convocando hacia la integración, aunque los ideólogos hagan lo posible para que nunca llegue.



Artículo publicado originalmente en Peru21.

José Rodríguez Elizondo
Sábado, 22 de Abril 2006



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Editado por
José Rodríguez Elizondo
Ardiel Martinez
Escritor, abogado, periodista, diplomático, caricaturista y miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, José Rodríguez Elizondo es en la actualidad profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Su obra escrita consta de 30 títulos, entre narrativa, ensayos y reportajes. Entre esos títulos están "Todo sobre Bolivia y la compleja disputa por el mar", “Historia de dos demandas: Perú y Bolivia contra Chile”, "De Charaña a La Haya” , “El mundo también existe”, "Guerra de las Malvinas, noticia en desarrollo ", Las crisis vecinales del gobierno de Lagos", "Crisis y renovación de las izquierdas" y "El Papa y sus hermanos judíos". Como Director del Programa de Relaciones Internacionales de su Facultad, ha vuelto a publicar la revista Realidad y Perspectivas (RyP), que fuera inexplicablemente suprimida por un Decano que no supo prestigiar su cargo. Ha sido distinguido con el Premio Rey de España de Periodismo (1984), Diploma de Honor de la Municipalidad de Lima (1985), Premio América del Ateneo de Madrid (1990) y Premio Internacional de la Paz del Ayuntamiento de Zaragoza (1991). En 2013 fue elegido miembro de número de la Academia Chilena de Ciencias Sociales, Políticas y Morales.





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