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CONO SUR: J. R. Elizondo

Bitácora

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Creo que la entrevista que viene refleja bien la inquietud, aparente o soterrada, que vivimos los chilenos ante el inminente fallo de los jueces de La Haya. Me fue hecha por el periodista Wilhem Kraus del diario Las Ultimas Noticias y se publicó el 30 de septiembre de este año 2018. Por motivos obvios, responderla fue un desafío.


Usted dice en su libro Todo sobre Bolivia que este país desde su origen ha tenido un desarrollo condicionado, que fue percibido como una zona de expansión propia, de expansión de otros, zona cercenada y zona por recuperar. ¿Me podría explicar esta afirmación?

Válgame una metáfora geopolítica: érase una vez un condominio con cinco propiedades y amplios espacios comunes. En un contexto de conflicto externo, una de esas propiedades es dividida manu militari y a la parte que emerge se le da el mismo estatus jurídico de las ´propiedades ya instaladas. Dado que todo ello se hizo sin previo acuerdo de voluntades, el conflicto se crea desde la partida. El jefe de la vivienda original tratará de recuperar todo o parte de lo que perdió. Los jefes de las otras propiedades tratarán de correr sus cercas demarcatorias, a expensas de la propiedad instalada a posteriori. En cuanto a ésta, tratará de defenderse y también de contraatacar, para defender su espacio. Este ejemplo explica por qué Bolivia, creada como República Bolívar en 1825, con 2 millones 250.000 kilómetros cuadrados, hoy tiene 1 millón 70.000 mil kilómetros cuadrados. La diferencia fue a incrementar los territorios de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Perú, con o sin guerras,

 ¿Por que se creó Bolivia y que rol cumplió San Martín en su creación?

Su pregunta parece sencilla pero tiene distintas respuestas según los historiadores que conozco.  Sintetizándolas en la medida de lo posible, la razón fue esencialmente geopolítica: cómo enfrentar desde mejores posiciones el finiquito de la guerra contra el imperio español. Pero, en su momento, debió verse como la definición de un duelo político con actores en Perú, Argentina, Colombia y marginalmente Chile El tema era quien se quedaba con el territorio conocido como Alto Perú, que ya se disputaban los virreinatos del Perú y de Buenos Aires. El pleito lo definió Simón Bolívar, “imaginativamente”, pero manu militari, creando en 1825 una república independiente, por intermedio del mariscal Antonio José de Sucre. Como ambos apreciaban los honores, el primer nombre del nuevo país fue República de Bolívar y su capital fue Sucre. En cuanto al “señor San Martín”, como le decía Bolívar, fue acusado de inducir la anarquía en el Perú, al mando de sus tropas argentinas y chilenas y terminó abandonando la turbulenta y gloriosa escena de la época tras un encuentro cara a cara con Bolívar. Para información en la fuente, sugiero hundirse en el epistolario de este Libertador.

De acuerdo a la constitución política boliviana de 1926, en la que se estipulan todos los departamentos que esta comprende- de Potosí, Chuquisaca, La Paz, Santa Cruz, Cochabamba y Oruro-   ninguno de ellos tenía acceso al mar. ¿En qué momento Bolivia obtuvo acceso al mar? ¿De qué manera?

Tras la guerra del Pacífico y del tratado de 1904 desapareció del mapa geográfico y jurídico de Bolivia su Departamento del Litoral creado en 1867, con la provincia de La Mar y el puerto de Cobija. Hay historiadores chilenos para quienes Bolivia recién tuvo acceso soberano al mar en virtud del tratado de 1866 con Chile.​ Otros afirman que Cobija era de Chile desde la colonia y recusan la falta de voluntad política del gobierno de la época para defenderlo. Historiadores bolivianos, por su parte, reconocen que en el Departamento del Litoral vivían muchísimos más chilenos que bolivianos. Es una vieja disputa historiográfica.

Si fueron varios países los que le quitaron territorio a Bolivia ¿por qué en este país existe una animadversión especial hacia Chile?

En su esencia es parte de la estrategia de los bolivianos revanchistas. Al poner el énfasis en el “injusto enclaustramiento” del país, privilegian el valor estratégico del agua sobre el terreno.  Así aislan a Chile como el “enemigo único”, porque los despojó de su “cualidad marítima”. El resto de los países que obtuvieron territorio a expensas de Bolivia tienen una especie de perdón anticipado, que facilitaría una eventual política de alianzas contra Chile, en caso de conflicto mayor

Usted dice que la pretensión boliviana, ante un fallo favorable, es la de "negociar con ventaja". ¿Que es esto?

Significa sustituir una verdadera negociación entre países soberanos, con concesiones mutuas y dentro de los límites fijados por el tratado de 1904, por una falsa negociación inducida por los jueces de la CIJ. Digo “falsa negociación”, pues todos sabemos que los jueces no podrían llegar al resultado buscado, que es quitar territorio y mar a Chile para dárselos a Bolivia. Lo que se pretendió, por tanto, fue que esos jueces presionaran a favor de una imposición política de Bolivia contra Chile, tácitamente en nombre de la ONU.

¿Un montaje?

Podría definirse así. Por supuesto, los bolivianos sensatos e ilustrados saben que una eventual cesión de territorio chileno sólo podría producirse mediante un acuerdo libre, en un contexto político de excelentes relaciones y contemplando el eventual interés del Perú en Arica o, por extensión, en territorios que fueron peruanos. Dicho al revés: esos bolivianos saben que es completamente inviable ese tipo de acuerdo entre países que ni siquiera tienen relaciones diplomáticas.

Entonces…

Lo peligroso es que Evo Morales ha convencido a demasiados bolivianos de que una imposición judicial contra Chile es inminente. Además, con el juicio contribuyó a internacionalizar al máximo su causa, con resultados que deben parecerle óptimos. Mientras algunos países y personalidades como el Papa manifiestan simpatía por Bolivia, Chile sólo ha obtenido la correcta neutralidad de sus interlocutores internacionales. “Es un asunto bilateral”, nos dicen.

¿Por qué le parece peligroso?

Porque el diablo suele estar en las insensateces. A partir de la política agresiva de Morales pueden potenciarse los recuperacionistas bolivianos a ultranza. Los revanchistas que no temen o incluso buscan desencadenar un conflicto mayor, para actuar “en el momento oportuno”. Seguramente, entienden que un fallo favorable de la Corte los ayudaría en la parte sicológica y política de ese conflicto innombrable. ¡Vaya responsabilidad para unos jueces de la ONU!

Afirma que fue un error, por parte de Chile, aceptar que La Haya fuera intermediaria en este conflicto ¿Por qué?

En lo fundamental, porque si Bolivia había roto relaciones con Chile en 1968, si promulgó en 2009 una Constitución que denunciaba unilateralmente el tratado de 1904 y si se negaba a seguir negociando sin ayuda externa, recurrir a la CIJ componía una figura insólita: ¡la de un país miembro de la ONU, encomendando a un organismo de la ONU, una gestión en contra de otro miembro de la ONU!  Fue un intento audaz y desgraciadamente exitoso de manipulación del organismo judicial de la ONU.

¿No nos dimos cuenta?

Lo ignoro, pero sospecho que los abogados internacionales contratados por Chile, que suelen litigar ante la CIJ, no eran partidarios de darse cuenta. Equivalía a ser partidarios de quedar cesantes. Pero, como analista independiente y antiguo profesor de Derecho Administrativo, yo creo que al admitir la demanda boliviana a tramitación y al rechazar la objeción chilena de incompetencia, la Corte incurrió en lo que la doctrina francesa llama “desviación de poder”.

¿En qué consiste eso?

En actuar formalmente dentro de la ley, pero al margen de los fines de la misma ley. En este caso, al acoger la demanda, los jueces actuaron contra los fines de la Carta de la ONU: interfirieron en la autodeterminación de un país soberano, desprotegieron un tratado de límites vigente y contribuyeron a potenciar un eventual estado de riesgo para la paz y seguridad internacionales. Nuestro error fue someternos a ese desviado proceso judicial, pudiendo haberlo evitado y teniendo base jurídica para hacerlo.

Me llama la atención una frase que pronunció en una entrevista previa: "A ninguna gran potencia se le ocurriría delegar la solución de sus conflictos en jueces extranjeros impredecibles". ¿Podría explicarme a qué se refiere?

Mi punto es que en casos de conflictos de poder, los países deben actuar primero con el Derecho, después con la Diplomacia y al final con la Disuasión.  Es lo que académicamente he bautizado como doctrina de “las tres D”. Así, cuando los abogados de los países en pugna no se ponen de acuerdo, que es muy frecuente, pues están adiestrados para lo que se llama “juego suma cero”, entran a tallar los diplomáticos. Estos están o deben estar adiestrados para negociar y llegar a acuerdos que supongan concesiones mutuas, que es “el juego de suma variable”. Ahora, si los diplomáticos no producen un acuerdo satisfactorio, entra a tallar la disuasión defensiva, para evitar que sea la fuerza del otro la que solucione el conflicto.

Vaya…

Esto tiene su máxima expresión en las grandes potencias, para cuyos gobernantes sería impensable entregar a jueces internacionales la decisión sobre temas importantes de su política exterior. Peor, aún, su gran fuerza a veces las induce a soslayar incluso la negociación diplomática. Simplemente, tras declarar su derecho ejercen la disuasión ofensiva. Creo que el actual Presidente de los EE.UU simpatiza demasiado con esta opción.

¿Cree usted, que al asumir la demanda, se subestimó la mediatización de este conflicto, y la imagen favorable que Bolivia proyectaría?

Fuimos contradictorios al afirmar que los tratados son intangibles, que la demanda de Bolivia era artificiosa y que Chile jamás cedería un centímetro de territorio. Al someternos en definitiva al proceso, esas afirmaciones perdieron fuerza. Un abogado diría que fueron afirmaciones soberanas, pero ejecutables bajo condición resolutoria tácita.

¿Considera que Evo Morales ha sido más hábil ante los medios?  ¿Por qué?

Es un hecho. ¿La razón principal?... porque sin conocer a Talleyrand, ese histórico príncipe de los diplomáticos, el jefe boliviano adivinó que “el derecho más legítimo puede ser discutible”. Jamás pretendió que lo suyo fuera un conflicto jurídico y así dejó descolocados, política y comunicacionalmente, a nuestros abogados locales y extranjeros.

¿Está obligado Chile a acatar un fallo desfavorable?

En primer lugar, pienso que debemos ser responsables de nuestras políticas y de nuestros errores. Por tanto, lo primero es dejar de ocultar esos errores bajo la alfombra. Por hacerlo estamos como estamos, desde 1949. En segundo lugar, tras habernos sometido a proceso, no podemos desacatar el fallo de la Corte. Sólo cambiaría esta afirmación en caso de un fallo monstruoso, por el cual, contradiciéndose a sí mismos –subiéndose al piano, diría un chusco- los jueces nos obliguen a negociar para ceder parte de nuestro territorio y de nuestro mar.

Bolivia insiste en afirmar que el tratado de 1904 fue firmado bajo presión.

En rigor, fue firmado bajo la presión de haber perdido una guerra, como ha sucedido en la historia de todos los tratados de posguerras. Eso no significa que haya existido una presión de fuerza actuante. El tratado se firmó veinte años después del fin de esa guerra y ningún soldado chileno puso una pistola en la cabeza a Ismael Montes, el presidente de Bolivia, para que firmara. Los historiadores, incluso bolivianos, han reconocido esta circunstancia. Limitémonos a recordar, por tanto, que el presidente Montes fue reelegido y eso es muy indicativo.

¿Cree usted que Bolivia va a dejar alguna vez de pedirle mar a Chile?

Ojo, que ya no lo está pidiendo. Eso fue cuando consideraban que el mar era una “aspiración”. Ahora lo está exigiendo con abogados, jueces y acción. Todo esto con base en su nueva Constitución, rigurosamente anunciada como punto de viraje. Morales nos testeó desde 2007 hasta 2013 para ver como reaccionábamos ante esa Constitución y sólo dio el paso audaz de demandarnos cuando interpretó que nuestra reacción era débil.

¿Lo fue?

La verdad es que no sé qué respondió nuestro gobierno pues lo hizo mediante una nota que ha permanecido secreta. Al parecer, nos conformamos con declarar que nos eran “inoponibles” los artículos de esa Constitución que desconocían el tratado de 1904.

Se sabe que mucho de lo actuado por Evo Morales obedece a su intención de mantenerse en el poder

Que actúe contra Chile por motivaciones electorales adjuntas, no debiera ser problema nuestro. El problema electoral boliviano es de los bolivianos.
 

José Rodríguez Elizondo
Domingo, 30 de Septiembre 2018



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Editado por
José Rodríguez Elizondo
Ardiel Martinez
Escritor, abogado, periodista, diplomático, caricaturista y miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, José Rodríguez Elizondo es en la actualidad profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Su obra escrita consta de 30 títulos, entre narrativa, ensayos y reportajes. Entre esos títulos están "Todo sobre Bolivia y la compleja disputa por el mar", “Historia de dos demandas: Perú y Bolivia contra Chile”, "De Charaña a La Haya” , “El mundo también existe”, "Guerra de las Malvinas, noticia en desarrollo ", Las crisis vecinales del gobierno de Lagos", "Crisis y renovación de las izquierdas" y "El Papa y sus hermanos judíos". Como Director del Programa de Relaciones Internacionales de su Facultad, ha vuelto a publicar la revista Realidad y Perspectivas (RyP), que fuera inexplicablemente suprimida por un Decano que no supo prestigiar su cargo. Ha sido distinguido con el Premio Rey de España de Periodismo (1984), Diploma de Honor de la Municipalidad de Lima (1985), Premio América del Ateneo de Madrid (1990) y Premio Internacional de la Paz del Ayuntamiento de Zaragoza (1991). En 2013 fue elegido miembro de número de la Academia Chilena de Ciencias Sociales, Políticas y Morales.





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