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CONO SUR: J. R. Elizondo

Bitácora

7votos
ARGENTINA EN LA TRAMPA DE LA POLARIZACIÓN José Rodríguez Elizondo

Las extrañas primarias inventadas por Néstor Kirchner, cuya sigla es PASO, tuvieron el significado de una encuesta masiva, obligatoria y con urnas. Su resultado, abrumadoramente favorable para la dupla Fernandez (Alberto ) y Fernández (Cristina) dejó convertido al Presidente Mauricio Macri en un pato cojo y manco. A eso me refiero en la entrevista que di a una revista política chilena, a 24 horas de ese Día D para los argetinos... y también para la región


Publicada en El Libero, 13 de agosto, 2019

«La elección de octubre va a ser una buena oportunidad para demostrar que el cambio sigue, vamos a revertir la elección«. Con estas palabras el Presidente de Argentina Mauricio Macri enfrentó a los medios de comunicación un día después de que las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) dieran como ganadora a la dupla kirchnerista de Alberto Fernández y Cristina Fernández.
 
No se trata de un resultado cualquiera, las PASO son el termómetro para las elecciones presidenciales de octubre y la ventaja de 15 puntos porcentuales que tiene el binomio Fernández sobre el actual Presidente y su segundo al mando, Miguel Ángel Pischetto, parecen de momento insalvables.
 
Un eventual regreso del kirchnerismo podría tener consecuencias también en la región. «Sería un disparo en los pies si solidarizan con Maduro», señala el el abogado, diplomático y académico José Rodríguez Elizondo. En conversación con El Líbero, el candidato al Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales sostiene que las opciones del Jefe de Estado argentino para revertir la situación en octubre son «iniciar una campaña del terror financiero o pactar bajo cuerda con Alberto Fernández».
 
-Hace cuatro años Macri también debió enfrentar un panorama tras las PASO que no lo daba como ganador, aunque esta vez el escenario es distinto. ¿Son remontables los 15 puntos de diferencia? ¿Cuáles deben ser los ejes de su campaña para las presidenciales de octubre?
 
-Podría responder con el dicho chileno: se han visto muertos cargando adobes. Pero ahora la cosa está tan peluda, para Macri, que sus opciones más claras son iniciar una campaña del terror financiero o pactar bajo cuerda con Alberto Fernández. La primera opción debe parecerle tentadora. El fantasmón del kirchnerismo anuncia descalabro. Ya espantó a los mercados e indujo la subida simultánea del dólar. En cuanto a la segunda opción, tendría como base el temor a Cristina en el propio peronismo y la percepción de que Fernández no se resignará a ser un nuevo «tío Cámpora». Lo complejo es que esta jugada requiere demasiada finura y, como dijo sabiamente el Perón anciano, «somos un país politizado, pero sin cultura política».
 
-¿A qué atribuye la alta votación que obtuvo el kirchnerismo este fin de semana?
 
-No quiero ser buen analista después del resultado. Pero sucede que en mi revista académica Realidad y Perspectivas publicamos que sorprendía el optimismo de Macri pues «la polarización, iniciada por el gobierno, aplastó a la opción centrista de (Roberto) Lavagna». Y ese es, a mi juicio, el factor principal: la polarización macrismo-kirchnerismo se le disparó al gobierno y, cuando quiso atajarla incluyendo al peronista Pischetto en su boleta, ya era demasiado tarde. Con su «gallito», Macri no dejó espacio ni votos para que Lavagna, el peronista técnico, socavara la candidatura de los Fernández. Dicho en chileno, no supo tener «un cura de Catapilco».
 
-¿Qué impacto tendría para la región el eventual regreso del kirchnerismo a La Casa Rosada, por ejemplo, respecto a la crisis de Venezuela? Cristina Fernández ha simpatizado con el chavismo.
 
–Si consideramos que Cristina fue simpatizante y cliente del chavismo y Alberto Fernández aún ignora que en Venezuela existe una dictadura… poco espacio hay para el optimismo. Pero, si es cierto que el peronismo no es una ideología total, sino «creencia y folclor» –como dijo el escritor argentino Marcos Aguinis- hay esperanzas de pragmatismo. Partiendo de que ambos conocen el juego y las astucias de la política, no creo que se atrevan a solidarizar con Maduro, a semejanza de Evo Morales y Daniel Ortega. Sería un disparo a los pies propios, que los inhabilitaría para una correcta relación con los países de su órbita democrática y geopolítica.
 
-El triunfo de Mauricio Macri en 2015 marcó el repunte de la centroderecha en Sudamérica. ¿Cuál es el impacto del triunfo de este domingo para el sector en la región?
 
-Dada la actual fluidez de las etiquetas ideológicas, no creo que la caída del «derechista» Macri ante los «izquierdistas» Fernández, signifique el inicio del hundimiento de los «centroderechistas» de América Latina. Por lo mismo, no creo que revierta la caída en picada de la ALBA y los chavistas. Por lo demás, si los Fernández reaccionaran como si estuvieran vigentes las viejas dicotomías, iniciarían un juego pierde-pierde: tendrían que ayudar al inayudable Maduro, la relación con Sebastián Piñera perdería fluidez, el uruguayo Tabaré Vasquez no los acompañaría y se embarcarían en una relación muy conflictiva con el Brasil, de Bolsonaro. Por añadidura, sería un RIP para Mercosur.
 
-En caso de que gane la dupla de Alberto Fernández y Cristina Fernández, ¿cómo se vería afectada la relación con Chile?
 
-Desde la época de Salvador Allende, nuestra jurisprudencia política dice que no debe haber fronteras ideológicas entre nuestros países. Esto significa que, en tal supuesto, mantendríamos el tipo y los buenos modales. Ayudaría mucho el que, para Cristina, Piñera no está en el infierno de los oligarcas. En su bombástico best seller ella lo considera «muy simpático». Por cierto, otra cosa es con la guitarra económica. Si Alberto se somete totalmente a Cristina –como quiere Kicillof- y el kirchnerismo vuelve a pecar por donde pecó, argentinos y chilenos lo pasaremos muy mal.

José Rodríguez Elizondo
Miércoles, 14 de Agosto 2019



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Bitácora

5votos

El fin de las ideologías totales no ha significado el de los políticos ideologizados. Por eso, la flagrante violación de los derechos humanos en Venezuela no ha significado el repudio de quienes quieren ver en Nicolás Maduro a un replicante de Salvador Allende. Tampoco la ONU ha sido muy diligente. En vez de la acción vigorosa que le granjeara, en un pasado reciente, los premios Nobel y Príncipe de Asturias, se ha conformado con informes que se repiten, sin efectos prácticos reconocibles.



Oficialmente publicado el 5 de julio, el segundo informe ONU sobre Venezuela, firmado por Michelle Bachelet, Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, fue un revulsivo a nivel global. Y no por innovar respecto al informe previo o por contener revelaciones adicionales, sino por reiterar un estado de situación internacional y humanamente inaceptable.

Sin embargo, contaminados por el alto rol político previo de Bachelet, actores chilenos relevantes no se concentraron en esa ratificación de la tragedia. Antes que alinearse tras su voz onusiana, se ocuparon de sus opciones ideológicas, las réplicas del dictador y su entorno y los efectos de su informe en los partidos que la apoyaron en sus dos gestiones presidenciales. Por añadidura, el debate tendió a destacar las supuestas incongruencias entre nuestra política de Estado condenatoria de la dictadura, la mantención del embajador de Nicolás Maduro y los problemas que plantea la avalancha de desplazados venezolanos que buscan sobrevivir en Chile.

Esa mezcla de eufemismo con “chilenocentrismo” confirmó que, pese a nuestra experiencia histórica, aún existen actores que evalúan las políticas de derechos humanos según el cristal ideológico con que miran. Por añadidura, ha pasado inadvertida la pasividad comparativa del Secretario General de la ONU, superior jerárquico de la Alta Comisionada. El hecho de que, entre el primer y el segundo informe, el portugués Antonio Guterres no haya impulsado acciones fuertes respecto a Venezuela, contrasta demasiado con lo sucedido en períodos previos. Baste recordar que en los años 80-90, bajo el liderazgo del peruano Javier Pérez de Cuéllar y del egipcio Boutros-Boutros Galhi, la ONU intervino en Afganistán, Chipre, catalizó el fin de la guerra Irak-Irán, impulsó la independencia de Namibia, ayudó a eliminar el apartheid sudafricano, envió sólidos relatores a Chile, se jugó por elecciones libres en Nicaragua y contribuyó al fin de la guerra civil en El Salvador.

Entonces, a instancias de Pérez de Cuéllar, la ONU comenzó a relativizar el principio de no intervención e instaló una doctrina que planteaba “el deber de injerencia”. Esto marcó un incremento sin precedentes del tamaño y alcance de sus operaciones para el mantenimiento de la paz, con un despliegue que alcanzó, en 1995, a casi 70.000 militares y civiles procedentes de 77 países. Un Premio Nobel y un Premio Príncipe de Asturias galardonaron esa notable performance onusiana.

Sería bueno analizar por qué esa doctrina, que surgió vigente aún la guerra fría, hoy luce estancada y por qué la acción internacional contra la dictadura está encabezada por actores marginales a la ONU. Es evidente que algo –o mucho- tiene que ver el nuevo cuadro mundial, con la antidiplomacia del Presidente Donald Trump y sus efectos en el Consejo de Seguridad. Pero, incluso asumiendo esa realidad, no es deseable que Guterres espere un tercer informe para tomar alguna iniciativa de acción, ante el grave conflicto internacional que ha inducido la dictadura venezolana. 

José Rodríguez Elizondo
Sábado, 10 de Agosto 2019



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Editado por
José Rodríguez Elizondo
Ardiel Martinez
Escritor, abogado, periodista, diplomático, caricaturista y miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, José Rodríguez Elizondo es en la actualidad profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Su obra escrita consta de 30 títulos, entre narrativa, ensayos y reportajes. Entre esos títulos están "Todo sobre Bolivia y la compleja disputa por el mar", “Historia de dos demandas: Perú y Bolivia contra Chile”, "De Charaña a La Haya” , “El mundo también existe”, "Guerra de las Malvinas, noticia en desarrollo ", Las crisis vecinales del gobierno de Lagos", "Crisis y renovación de las izquierdas" y "El Papa y sus hermanos judíos". Como Director del Programa de Relaciones Internacionales de su Facultad, ha vuelto a publicar la revista Realidad y Perspectivas (RyP), que fuera inexplicablemente suprimida por un Decano que no supo prestigiar su cargo. Ha sido distinguido con el Premio Rey de España de Periodismo (1984), Diploma de Honor de la Municipalidad de Lima (1985), Premio América del Ateneo de Madrid (1990) y Premio Internacional de la Paz del Ayuntamiento de Zaragoza (1991). En 2013 fue elegido miembro de número de la Academia Chilena de Ciencias Sociales, Políticas y Morales.





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