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CONO SUR: J. R. Elizondo

La que sigue es una entrevista del periodista Patricio Tapia para los Diarios Regionales de El Mercurio, de 13.10.2019, que transcribo reformateada (enumero preguntas para para mayor claridad en este medio). Creo que es útil para alertar sobre la tendencia a calificar las crisis políticas con bases en crisis previas, soslayando que son fenómenos únicos y que los hechos -según el aforismo romano- suelen preceder al Derecho.


1.- Lo ocurrido en Perú, ¿es una crisis institucional? Y de ser así, ¿cuán grave?

Pienso que no estamos ante el inicio de la crisis institucional de Martín Vizcarra, sino ante el punto final de la crisis de Alberto Fujimori. Tras su autogolpe de 1992, analistas peruanos prestigiosos dijeron que ejerció un poder más mafioso que político, corruptor de casi todos los estamentos, civiles y militares. Cual guinda de su torta, se fugó el 2000 y desde ese año sólo el Presidente provisional Valentín Paniagua pudo salvar la dignidad del cargo. Quienes lo sucedieron están procesados, prófugos, uno se suicidó y el propio Fujimori está preso. ¿Se puede decir, entonces, que sólo ahora se vino a quebrar la institucionalidad peruana?

2.- A una semana de la disolución del Congreso y el llamado a elecciones, todo parece más bien calmado, y con la población, aparentemente, de acuerdo con la medida. ¿O es sólo un espejismo?

En sus grandes crisis los peruanos lucen operados de los nervios. Ante el golpe militar de 1968 no hubo conmoción civil. Sacaron de palacio al Presidente Fernando Belaunde, lo pusieron en un avión y no se movió una hoja. Tampoco hubo drama para el autogolpe civil-militar de Fujimori. Yo interpreto esa pachorra como resignación ante una historia caudillista y un sistema de partidos políticos personalistas o desprestigiados. Con todo, en la tranquilidad actual percibo un matiz nuevo: una mezcla de satisfacción y de esperanza.  En cuanto provinciano sin partido, el Presidente luce confiable para los peruanos de a pie. Muchos de mis amigos limeños dicen, incluso, que demoró demasiado en hacer lo que hizo y que los militares no jugaron un rol decisivo, ni por acción ni por omisión. Se limitaron a obedecerle. Pienso que lo suyo fue un sinceramiento por default.

3.- Pero ha habido protestas y debate… ¿o no?

Naturalmente. Ha habido debates técnicos entre los abogados constitucionalistas, que para eso están. Al margen de la realidad política, ellos seguirán discutiendo si Vizcarra se ajustó o no a la normativa de la Constitución de Fujimori.  Y está muy bien que lo hagan. También está la protesta, entredientes, de los congresistas fujimoristas. Además de perder una “chamba” sustanciosa, ahora quedaron a la intemperie. Sin fuero para enfrentar las nuevas denuncias por corrupción que esperan turno.

4.- ¿Podría explicar brevemente cómo funciona este mecanismo constitucional mediante el cual el presidente peruano puede disolver el Congreso en relación a las llamadas "cuestiones de confianza"?

La Constitución de 1993 –de Fujimori- potenció el sistema presidencialista con incrustaciones parlamentaristas, como los votos de censura y de confianza. En su artículo 134 dice que el Presidente de la República tiene la facultad de disolver el Congreso, si este ha censurado o negado su confianza a dos Consejos de Ministros sucesivos. Durante el breve mandato de Pedro Pablo Kuczynski (PPK) se produjo una primera denegación de confianza. Entonces, la pelota de la disolución quedó dando botes frente al Congreso y Vizcarra lo anotó. La oportunidad le llegó cuando, antes de debatir sobre un segundo voto de confianza solicitado, la mayoría fujimorista comenzó a designar a dedo a los miembros del Tribunal Constitucional. Mostraron una prisa sospechosa en reclutar jueces “garantistas”. Fue una triquiñuela tosca. Vizcarra la interpretó como una denegatoria “fáctica” de confianza, pateó al arco y disolvió el Congreso. Este dio un último pataleo designando a la vicepresidenta Mercedes Araoz como “Presidenta encargada”. El gesto quedará como anécdota para la historia y material para los humoristas, pues Araoz renunció al encargo a las pocas horas. Captó que el horno de la opinión pública no estaba para semejante bollo.
 
5.- ¿Qué está detrás de esta situación? Se dice que lo que choca es la agenda en favor de la probidad del gobierno con la mayoría parlamentaria que tiene el partido fujimorista Fuerza Popular. ¿Es así o habría que hacer precisiones?

Siempre hay que hacer precisiones. Creo que Vizcarra vicepresidente captó que, con las ideologías en bancarrota, el Apra enanizado y sin un líder carismático, la mayoría fujimorista no tenía un chapulín que los salvara. Muchos de sus congresistas estaban bajo denuncia en el caso Lava Jato y eran vistos más como mercaderes de prebendas que como representantes políticos. Por añadidura, habría captado que en Lima no se le tomaba el peso a lo tóxico de la corrupción y que el legado maligno de Fujimori tendía a “normalizarse” por su mayoría parlamentaria. Estas “presuntas presunciones” se habrían consolidado cuando, tras indultar a Fujimori, PPK debió renunciar. Llegado a la Presidencia por esa carambola, Vizcarra debió enfrentar una opción de hierro: administrar un sistema político insanablemente quebrado o tratar de reconstruirlo.  Los hechos dice que optó por lo segundo, levantando la bandera de la probidad.  Parafraseando a Condorito, imagino que un “plop” gigante se dibujó en la cabeza de los congresistas opositores.

6.- ¿Qué diferencia existe entre lo que ha hecho Vizcarra y lo que hizo Fujimori cuando cerró el Congreso?

Yo preguntaría al revés: ¿dónde está el parecido?... Primero, Fujimori llegó a la Presidencia por elección directa y clara, pero con entretelones oscuros. Siendo un desconocido, Alan García lo instaló como candidato creíble, para impedir que ganara Mario Vargas Llosa y así asegurarse un retorno presidencial sin problemas. Los peruanos saben hasta qué punto le salió el tiro por la culata. Segundo, Fujimori solucionó su déficit de redes conspirando con las Fuerzas Armadas y amedrentando a los políticos y periodistas de prestigio. Tercero, ya como dictador, manejó un “presupuesto negro” para forjarse una clientela rentable en votos y mantener el apoyo castrense. Cuarto, sobre esa base financiera y con la gestión cómplice de Vladimiro Montesinos, corrompió todo lo que podía corromper, incluyendo periodistas y uniformados Quinto, no sólo clausuró el Congreso, también intervino el Poder Judicial y configuró a su pinta el Consejo Nacional de la Magistratura, el Ministerio Público y el Tribunal Constitucional. Asumiendo esta realidad, el cientista social Carlos Iván de Gregori dijo que, en su gobierno, “la corrupción fue la institución”.

7.- Pero algo bueno habrá hecho. Si no, cómo se explica su mayoría parlamentaria hasta ayer.

Sin mencionar métodos, se le acredita haber terminado con el terrorismo original de Sendero Luminoso, que no es poco. Además, terminó con la hiperinflación legada por García, asumiendo el programa económico que le preparó el prestigioso economista Hernando de Soto. Prácticamente, fue el mismo programa que atacara, demagógicamente, cuando lo levantaba Vargas Llosa. Por último, no olvidemos que los dictadores no son necesariamente impopulares. Saben desarrollar políticas asistenciales que, sumadas a su capacidad corruptora, generan votos y gratitudes. Recordemos algunos episodios de la picaresca kirchnerista y la historia de Pablo Escobar, el parapolítico narco colombiano.

8.- Si no hay punto de comparación entre Vizcarra y Fujimori… ¿Existe algún riesgo de que el primero tome un rumbo autoritario?

A esta altura de mi avanzada juventud evito poner mis manos al fuego por un político. El riesgo existe, quién es uno para negarlo.

9.- La idea de los "presidentes encargados" parece no ser muy fructífera. ¿Cuál es la diferencia entre Araoz y Guaidó?
Sólo se parecen en la nomenclatura. Araoz fue el último pataleo de un Congreso estupefacto, dominado por el fujimorismo. Además, fue efímero, pues a las pocas horas –y con buen criterio- ella botó el encargo. Frente a eso, Juan Guaidó lleva nueve meses arriesgando su vida, ha sido reconocido por una sesentena de países y ha puesto en jaque a una dictadura temible e inescrupulosa.

10.- Las elecciones están fijadas para enero. ¿Qué cree que pasará?

Más bien espero. Espero que los partidos y organizaciones existentes postulen candidatos que no tengan prontuario. Espero que los electores voten en conciencia por candidatos honestos y no por los que luzcan como un “mal menor”. Espero que se recupere la imagen de los líderes peruanos que llegaron a la política democrática con inteligencia, ideas y patriotismo. En suma, espero que ahora ganen “los buenos”.

11.- ¿Afecta de alguna manera lo que pasa en Perú a sus relaciones con Chile?

Absolutamente, pero ese es un tema macro. Para otra entrevista.

12.- Pero no sólo en Perú ocurren cosas. La zona está un poco inestable. ¿Cuán preocupante es lo que ocurre en Ecuador?

En demasiadas partes se cuecen habas. Muy mala señal la del Presidente Lenin Moreno abandonando la sede símbolo del poder, aunque fuera por un día y fracción. Lo sucedido obliga a afinar el análisis sobre el límite de tolerancia democrática ante ciertas medidas económicas. En Ecuador y Argentina se está reeditando el viejo dilema entre el gradualismo, que siguió Mauricio Macri y el shock, que estaría aplicando Moreno.

13.- ¿Qué le parece la idea de una cuarta elección de un mismo presidente, como es lo que pretende Evo Morales en Bolivia?

Su sola postulación lo colocó en estado de ilegitimidad flagrante: violó la Constitución que él mismo impuso y desconoció un referendum ad-hoc. Su explicación de que tiene el derecho humano a ser reelegido, cuantas veces quiera, insulta la inteligencia del pueblo boliviano.

14.- ¿Es la probidad o su falta un problema importante a nivel de gobernantes en la región: están los casos en Brasil, el mismo Perú y ahora Álvaro Uribe en Colombia ha tenido que ir a tribunales por presunto soborno?

Para mí, el gran tema es que, antes y durante la Guerra Fría, incluso con dictadores instalados, se valoraba la democracia por sus propios méritos. En cambio, con el actual desprestigio de los políticos se está desvalorizando la política misma y, por añadidura, la democracia realmente existente. Incluso se estaría negando la valoración minimalista de Karl Popper, para quien su mérito esencial es que permite deshacerse de los malos gobernantes sin derramamiento de sangre, por medio de una votación. Hoy hasta esa micro valoración está tambaleando. Hay gobernantes, elegidos y reelegidos, que se muestran dispuestos a asumir la ordalía de la sangre para morir en el poder.

 
15.- ¿Cómo ve las fuerzas políticas democráticas y la estabilidad en los países sudamericanos?

Veo una cascada de fenómenos antisistémicos. Le hago una “lista de lavandería”: reformulación de ideologismos confrontacionales, tendencia a la polarización política, desprestigio de los políticos profesionales, resignación a los privilegios que se autoconceden, emergencia de políticos outsiders,  tendencia al abstencionismo electoral, organizaciones político-temáticas en el espacio de los partidos, poder corruptor de los narcos, desborde de la delincuencia, inmigraciones masivas, policialización de las fuerzas armadas, decadencia de instituciones fundamentales, bastardización de la cultura universitaria humanista, reapertura de conflictos vecinales. De acuerdo con esta lista, que no es exhaustiva, la democracia representativa hoy estaría dependiendo, en gran parte, de la probidad de los jueces y de la apoliticidad de los militares… quienes tampoco son de palo.

16.- Entiendo que está ultimando unas memorias con sus experiencias en el exterior. ¿Hablará de todas ellas o de algunas en particular: desde Perú a Israel, digamos?

Ya están listas. Como no es bueno abrumar a los lectores –tengo presente a Funes el memorioso-, sólo aludo a períodos y temas acotados: mi muerte presunta del 11 de septiembre, mi exilio y fuga de la RDA, mi descubrimiento del Perú, mi trabajo como periodista de medios prestigiosos, conversaciones con personajes como Neruda, Edwards, Friedman, Samuelson, Teitelboim y Alan García. En beneficio de mis nietos, que son muy preguntones, espero que haya un segundo tomo para contar mis experiencias en Israel, en la guerra de Vietnam y en mis guerrillas antiburocráticas.

16.- ¿Y son memorias diplomáticas o poco diplomáticas?

Son diplomáticas en el buen sentido. Diciendo verdades incómodas, pero sin odiosidades y con una pizca de humor. Tenga presente que yo soy caricaturista y eso marca.

José Rodríguez Elizondo
Domingo, 13 de Octubre 2019



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3votos
EL PERÚ POLÍTICO DESDE SU CRUDA REALIDAD José Rodríguez Elizondo

Como suele suceder en nuestra región, la decisión de Martín Vizcarra de cerrar el Congreso peruano, dominado por el fujimorismo, chocó de inicio con una interpretación plana del derecho de las instituciones. Algunos hablaron de un quebrantamiento de la institucionalidad, sin asumir que ésta nunca se repuso de la fractura ocasionada por Alberto Fujimori con su autogolpe de 1992. La moraleja del caso es que debemos aprender a distinguir entre un Estado democrático de Derecho y una institucionalidad rota, en la cual el Derecho es un simple fetiche de conveniencia


Publicado en El Mercurio, 7.10.2019
 
A los chilenos nos cuesta procesar los fenómenos internacionales en sus propios méritos. Ante el “vizcarrazo” de fin de mes, muchos buscaron precedentes que iban desde el golpe de Estado en Chile de 1973, hasta la anulación de la Asamblea Legislativa dispuesta por Nicolás Maduro, en Venezuela. El Presidente peruano Martín Vizcarra sería otro golpista de la serie (visión maximalista) o un reprochable rupturista de la institucionalidad jurídico-política (versión minimalista).

Es fácil analizar así, pero tiene el doble riesgo de convertir cualquier institucionalidad en un fetiche y de alejarnos de la realidad de los fenómenos. Y éste nos dice que las instituciones políticas peruanas nunca sanaron del autogolpe de Alberto Fujimori, de 1992. Por tanto ética y moralmente no cabe subestimar el legado de un gobierno que los cientistas sociales califican como “mafioso” o como “destructor del país”, según el eminente académico Julio Cotler, Uno donde, para el antropólogo Carlos Iván Degregori, “la corrupción se convirtió en la institución”. Entonces, hasta las Fuerzas Armadas llegaron a niveles alarmantes de degradación, como reconocieron los históricos generales Edgardo Mercado Jarrín y Francisco Morales Bermúdez.

Fugado Fujimori el año 2000, lo que vino, por parte de los demócratas peruanos, fue un dramático intento de salvataje de la institucionalidad, con el recordable Valentín Paniagua con Presidente provisional. Desgraciadamente, los politicos que siguieron no fueron eficientes y/o no perseveraron en el empeño. Así lo demuestran un Congreso hasta ayer dominado por los fujimoristas y el prontuario de los cinco presidentes que sucedieron a Paniagua, incluído el de Pedro Pablo Kuczinski… cuyo primer vicepresidente era Vizcarra. El gran mérito del provinciano Vizcarra, como sucesor de PPK, fue asumir la historia reseñada y levantar la bandera de la anticorrupción. Esto hizo que su coexistencia con un Congreso de fuerte mayoría fujimorista, fuera inviable desde el inicio.

Su alternativa, entonces, no era sencilla: o se resignaba a administrar una institucionalidad insanablemente rota, o trataba de construir una institucionalidad nueva, con dirigentes probos y con congresistas que (por lo menos) no trataran de sobornar jueces para sostener su impunidad. Por otra parte, en lugar de contar con una  vicepresidenta de confianza, tenía al frente a Mercedes Aráoz, excandidata presidencial, ministra destacada en el gobierno de Alan García y, por tanto, una rival con intereses políticos propios.

Los hechos indican que, al clausurar el Congreso y convocar a nuevas elecciones parlamentarias en cuatro meses más, Vizcarra avanzó sin transar. Dio un salto corajudo hacia la segunda alternativa, jugándose su propio cargo, ajustándose a una interpretación razonable de la Constitución, con el respaldo de una gran mayoría ciudadana y la obediencia del estamento militar.

Con ello, el Perú está empezando a zafar del punto muerto de la corrupción y los peruanos de a pie sólo critican a Vizcarra por haber demorado el salto. No se sabe de alguien que se haya cortado las venas por los congresistas clausurados.  Periodistas políticos top, como Gustavo Gorriti, Rosa María Palacios y Augusto Alvarez desestiman, como absurda, la acusación de “golpe de Estado”. Y, por cierto, nadie escuchable dice que el Congreso peruano estaba aportando a la reconstrucción de la institucionalidad democrática.

Lo que corresponde ahora, a nivel nacional y regional, es sacar las lecciones de este caso paradigmático, recordando que en todas partes se cuecen habas.

José Rodríguez Elizondo
Lunes, 7 de Octubre 2019



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5votos

En mi país todavía es imposible poner el golpe de Pinochet en la historia y debatir serenamente sobre lo que entonces sucedió. El apasionamiento es comparativamente más intenso en las universidades públicas y esto aleja la posibilidad de contar con líderes políticos ilustrados y con sensatez patriótica. Es lo que me indujo a publicar el siguiente artículo.



Publicado en El Mercurio,13.9.2019
Para opinar con un mínimo de solvencia sobre “el once chileno”, debo hacer una desclasificación sumaria: fui funcionario de la confianza de Salvador Allende, tengo un alto respeto por su memoria, estuve entre los muertos presuntos de la jornada, me procesaron en ausencia y sólo retorné a Chile en 1991.
 
Pese a ello (o quizás por ello) creo que nuestro 11-S debe ser recordado siempre, en aras de la verdad y la justicia, pero desde su esencial complejidad. Esto implica aceptar que no fue el fracaso simple de quienes apoyábamos a Allende ni el éxito simple de quienes apoyaron el golpe de Pinochet. Visto con sensibilidad histórica, fue la terrible derrota de un país, con secuelas que la prorrogan hasta hoy.

Sin embargo, casi medio siglo después, una minoría de chilenos ideologizados, de izquierdas y derechas, prefiere verlo de manera unidimensional. Para ellos, hubo un suceso que paralizó la historia y no un proceso que ya debiera ser historia. Desde esa rigidez tienden a la supersimplificación, mediante la yuxtaposición de afirmaciones aisladas y hasta contrapuestas. Como esto suena complicado, ejemplifico con las “tesis” siguientes:

El golpe obedeció a un manejo irresponsable de la economía, que llevaba al país a la ruina y afectaba la seguridad nacional. Se dio para impedir que nos convirtiéramos en una “segunda Cuba”. Fue digitado desde los EE.UU. mientras la Unión Soviética sólo ayudaba con consejos. En lugar de una transición inédita, Allende debió imponer el socialismo de inmediato. El sectarismo de la Unidad Popular impidió una correcta política de alianzas. No se supo atraer a la Democracia Cristiana. No se supo dividir a la Democracia Cristiana. La derecha sí supo dividir al Partido Radical. La “polémica de las izquierdas” derivó en estrategias contrapuestas y paralizó a la coalición de gobierno. Se confió en la profesionalidad de los militares, en lugar de entregarle armas al pueblo, como aconsejaba Fidel Castro.

Basta asomarse a ese conjunto de afirmaciones -cada una de gravedad superlativa- para asombrarse por la pretensión de darlas por probadas mediante frases que dijeron algunos protagonistas. Esto ha producido un círculo vicioso en tres etapas: 1) Se soslaya que la violación sistemática de los derechos humanos fue una secuela y no un antecedente del golpe. 2) Se soslaya que ningún chileno patriota podría justificar ese componente esencial de la dictadura que sobrevino. 3) Se ignora que ambos fenómenos se unen para subestimar la complejidad de la relación civil-militar, para instalar el rencor como una constante de nuestra vida política y, por añadidura, para seguir sosteniendo nuestro “subdesarrollo exitoso”.
Por lo señalado, la reconciliación que traía en mis valijas cuando volví a Chile hoy me parece utópica. Para reagendarla, habría que mejorar cualitativamente desde la calidad de la educación de nuestros infantes hasta la calidad de nuestros políticos, pasando por la calidad del liderazgo en nuestras universidades.

Es lo que sigo tratando de expresar en mis libros y en mis tareas académicas, porque de nuevo hay señales feas en el horizonte. Si no las decodificamos rápido, demasiado tarde comprenderemos que, si hubo una causal aislable en el golpe de 1973, fue la polarización política a la que nos resignamos.


José Rodríguez Elizondo
Viernes, 13 de Septiembre 2019



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6votos
ARGENTINA EN LA TRAMPA DE LA POLARIZACIÓN José Rodríguez Elizondo

Las extrañas primarias inventadas por Néstor Kirchner, cuya sigla es PASO, tuvieron el significado de una encuesta masiva, obligatoria y con urnas. Su resultado, abrumadoramente favorable para la dupla Fernandez (Alberto ) y Fernández (Cristina) dejó convertido al Presidente Mauricio Macri en un pato cojo y manco. A eso me refiero en la entrevista que di a una revista política chilena, a 24 horas de ese Día D para los argetinos... y también para la región


Publicada en El Libero, 13 de agosto, 2019

«La elección de octubre va a ser una buena oportunidad para demostrar que el cambio sigue, vamos a revertir la elección«. Con estas palabras el Presidente de Argentina Mauricio Macri enfrentó a los medios de comunicación un día después de que las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) dieran como ganadora a la dupla kirchnerista de Alberto Fernández y Cristina Fernández.
 
No se trata de un resultado cualquiera, las PASO son el termómetro para las elecciones presidenciales de octubre y la ventaja de 15 puntos porcentuales que tiene el binomio Fernández sobre el actual Presidente y su segundo al mando, Miguel Ángel Pischetto, parecen de momento insalvables.
 
Un eventual regreso del kirchnerismo podría tener consecuencias también en la región. «Sería un disparo en los pies si solidarizan con Maduro», señala el el abogado, diplomático y académico José Rodríguez Elizondo. En conversación con El Líbero, el candidato al Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales sostiene que las opciones del Jefe de Estado argentino para revertir la situación en octubre son «iniciar una campaña del terror financiero o pactar bajo cuerda con Alberto Fernández».
 
-Hace cuatro años Macri también debió enfrentar un panorama tras las PASO que no lo daba como ganador, aunque esta vez el escenario es distinto. ¿Son remontables los 15 puntos de diferencia? ¿Cuáles deben ser los ejes de su campaña para las presidenciales de octubre?
 
-Podría responder con el dicho chileno: se han visto muertos cargando adobes. Pero ahora la cosa está tan peluda, para Macri, que sus opciones más claras son iniciar una campaña del terror financiero o pactar bajo cuerda con Alberto Fernández. La primera opción debe parecerle tentadora. El fantasmón del kirchnerismo anuncia descalabro. Ya espantó a los mercados e indujo la subida simultánea del dólar. En cuanto a la segunda opción, tendría como base el temor a Cristina en el propio peronismo y la percepción de que Fernández no se resignará a ser un nuevo «tío Cámpora». Lo complejo es que esta jugada requiere demasiada finura y, como dijo sabiamente el Perón anciano, «somos un país politizado, pero sin cultura política».
 
-¿A qué atribuye la alta votación que obtuvo el kirchnerismo este fin de semana?
 
-No quiero ser buen analista después del resultado. Pero sucede que en mi revista académica Realidad y Perspectivas publicamos que sorprendía el optimismo de Macri pues «la polarización, iniciada por el gobierno, aplastó a la opción centrista de (Roberto) Lavagna». Y ese es, a mi juicio, el factor principal: la polarización macrismo-kirchnerismo se le disparó al gobierno y, cuando quiso atajarla incluyendo al peronista Pischetto en su boleta, ya era demasiado tarde. Con su «gallito», Macri no dejó espacio ni votos para que Lavagna, el peronista técnico, socavara la candidatura de los Fernández. Dicho en chileno, no supo tener «un cura de Catapilco».
 
-¿Qué impacto tendría para la región el eventual regreso del kirchnerismo a La Casa Rosada, por ejemplo, respecto a la crisis de Venezuela? Cristina Fernández ha simpatizado con el chavismo.
 
–Si consideramos que Cristina fue simpatizante y cliente del chavismo y Alberto Fernández aún ignora que en Venezuela existe una dictadura… poco espacio hay para el optimismo. Pero, si es cierto que el peronismo no es una ideología total, sino «creencia y folclor» –como dijo el escritor argentino Marcos Aguinis- hay esperanzas de pragmatismo. Partiendo de que ambos conocen el juego y las astucias de la política, no creo que se atrevan a solidarizar con Maduro, a semejanza de Evo Morales y Daniel Ortega. Sería un disparo a los pies propios, que los inhabilitaría para una correcta relación con los países de su órbita democrática y geopolítica.
 
-El triunfo de Mauricio Macri en 2015 marcó el repunte de la centroderecha en Sudamérica. ¿Cuál es el impacto del triunfo de este domingo para el sector en la región?
 
-Dada la actual fluidez de las etiquetas ideológicas, no creo que la caída del «derechista» Macri ante los «izquierdistas» Fernández, signifique el inicio del hundimiento de los «centroderechistas» de América Latina. Por lo mismo, no creo que revierta la caída en picada de la ALBA y los chavistas. Por lo demás, si los Fernández reaccionaran como si estuvieran vigentes las viejas dicotomías, iniciarían un juego pierde-pierde: tendrían que ayudar al inayudable Maduro, la relación con Sebastián Piñera perdería fluidez, el uruguayo Tabaré Vasquez no los acompañaría y se embarcarían en una relación muy conflictiva con el Brasil, de Bolsonaro. Por añadidura, sería un RIP para Mercosur.
 
-En caso de que gane la dupla de Alberto Fernández y Cristina Fernández, ¿cómo se vería afectada la relación con Chile?
 
-Desde la época de Salvador Allende, nuestra jurisprudencia política dice que no debe haber fronteras ideológicas entre nuestros países. Esto significa que, en tal supuesto, mantendríamos el tipo y los buenos modales. Ayudaría mucho el que, para Cristina, Piñera no está en el infierno de los oligarcas. En su bombástico best seller ella lo considera «muy simpático». Por cierto, otra cosa es con la guitarra económica. Si Alberto se somete totalmente a Cristina –como quiere Kicillof- y el kirchnerismo vuelve a pecar por donde pecó, argentinos y chilenos lo pasaremos muy mal.

José Rodríguez Elizondo
Miércoles, 14 de Agosto 2019



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5votos

El fin de las ideologías totales no ha significado el de los políticos ideologizados. Por eso, la flagrante violación de los derechos humanos en Venezuela no ha significado el repudio de quienes quieren ver en Nicolás Maduro a un replicante de Salvador Allende. Tampoco la ONU ha sido muy diligente. En vez de la acción vigorosa que le granjeara, en un pasado reciente, los premios Nobel y Príncipe de Asturias, se ha conformado con informes que se repiten, sin efectos prácticos reconocibles.



Oficialmente publicado el 5 de julio, el segundo informe ONU sobre Venezuela, firmado por Michelle Bachelet, Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, fue un revulsivo a nivel global. Y no por innovar respecto al informe previo o por contener revelaciones adicionales, sino por reiterar un estado de situación internacional y humanamente inaceptable.

Sin embargo, contaminados por el alto rol político previo de Bachelet, actores chilenos relevantes no se concentraron en esa ratificación de la tragedia. Antes que alinearse tras su voz onusiana, se ocuparon de sus opciones ideológicas, las réplicas del dictador y su entorno y los efectos de su informe en los partidos que la apoyaron en sus dos gestiones presidenciales. Por añadidura, el debate tendió a destacar las supuestas incongruencias entre nuestra política de Estado condenatoria de la dictadura, la mantención del embajador de Nicolás Maduro y los problemas que plantea la avalancha de desplazados venezolanos que buscan sobrevivir en Chile.

Esa mezcla de eufemismo con “chilenocentrismo” confirmó que, pese a nuestra experiencia histórica, aún existen actores que evalúan las políticas de derechos humanos según el cristal ideológico con que miran. Por añadidura, ha pasado inadvertida la pasividad comparativa del Secretario General de la ONU, superior jerárquico de la Alta Comisionada. El hecho de que, entre el primer y el segundo informe, el portugués Antonio Guterres no haya impulsado acciones fuertes respecto a Venezuela, contrasta demasiado con lo sucedido en períodos previos. Baste recordar que en los años 80-90, bajo el liderazgo del peruano Javier Pérez de Cuéllar y del egipcio Boutros-Boutros Galhi, la ONU intervino en Afganistán, Chipre, catalizó el fin de la guerra Irak-Irán, impulsó la independencia de Namibia, ayudó a eliminar el apartheid sudafricano, envió sólidos relatores a Chile, se jugó por elecciones libres en Nicaragua y contribuyó al fin de la guerra civil en El Salvador.

Entonces, a instancias de Pérez de Cuéllar, la ONU comenzó a relativizar el principio de no intervención e instaló una doctrina que planteaba “el deber de injerencia”. Esto marcó un incremento sin precedentes del tamaño y alcance de sus operaciones para el mantenimiento de la paz, con un despliegue que alcanzó, en 1995, a casi 70.000 militares y civiles procedentes de 77 países. Un Premio Nobel y un Premio Príncipe de Asturias galardonaron esa notable performance onusiana.

Sería bueno analizar por qué esa doctrina, que surgió vigente aún la guerra fría, hoy luce estancada y por qué la acción internacional contra la dictadura está encabezada por actores marginales a la ONU. Es evidente que algo –o mucho- tiene que ver el nuevo cuadro mundial, con la antidiplomacia del Presidente Donald Trump y sus efectos en el Consejo de Seguridad. Pero, incluso asumiendo esa realidad, no es deseable que Guterres espere un tercer informe para tomar alguna iniciativa de acción, ante el grave conflicto internacional que ha inducido la dictadura venezolana. 

José Rodríguez Elizondo
Sábado, 10 de Agosto 2019



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Editado por
José Rodríguez Elizondo
Ardiel Martinez
Escritor, abogado, periodista, diplomático, caricaturista y miembro del Consejo Editorial de Tendencias21, José Rodríguez Elizondo es en la actualidad profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Su obra escrita consta de 30 títulos, entre narrativa, ensayos y reportajes. Entre esos títulos están "Todo sobre Bolivia y la compleja disputa por el mar", “Historia de dos demandas: Perú y Bolivia contra Chile”, "De Charaña a La Haya” , “El mundo también existe”, "Guerra de las Malvinas, noticia en desarrollo ", Las crisis vecinales del gobierno de Lagos", "Crisis y renovación de las izquierdas" y "El Papa y sus hermanos judíos". Como Director del Programa de Relaciones Internacionales de su Facultad, ha vuelto a publicar la revista Realidad y Perspectivas (RyP), que fuera inexplicablemente suprimida por un Decano que no supo prestigiar su cargo. Ha sido distinguido con el Premio Rey de España de Periodismo (1984), Diploma de Honor de la Municipalidad de Lima (1985), Premio América del Ateneo de Madrid (1990) y Premio Internacional de la Paz del Ayuntamiento de Zaragoza (1991). En 2013 fue elegido miembro de número de la Academia Chilena de Ciencias Sociales, Políticas y Morales.





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