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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Programa de Radio Voz (La Voz de Galicia) sábado 16-02-2019
El programa gira sobre preguntas, algunas un tanto descabelladas, a propósito del último libro de Trotta, "Aproximación al Jesús histórico".

Saludos a todos.

Antonio  Piñero
Viernes, 15 de Febrero 2019
¿Hasta qué punto se puede decir que el texto del Nuevo Testamento es fiable? “Compartir” (282) de 14 de febrero  de 2019. Preguntas y respuestas   Escribe Antonio Piñero    Foto del Papiro 52, del siglo II (en concreto ¿hacia el 150?)= Jn 18,31-33.37
Escribe Antonio Piñero
 
 
Foto del Papiro 52, del siglo II (en concreto ¿hacia el 150?)= Jn 18,31-33.37-38. Conservado en la “John Rylands University Library de Manchester. Probablemente el más antiguo testimonio del texto del Nuevo Testamento
 
 
PREGUNTA
 
 
¿Hasta qué punto se puede decir que "nuestro" Nuevo Testamento es fiable si usted
mismo asegura que se remonta al año 200? ¿No habría sufrido ya añadiduras que favorecieran a la Iglesia Paulina tanto en interpolaciones a textos existentes como la adición de nuevo material que favoreciera a esta variante teológica?
 
 
 
RESPUESTA:
 
 
 
He escrito sintéticamente sobre ello en mi “Guía para entender a Pablo”, Editorial Trotta 2ª Edición 2018. Pero sobre todo en la Introducción General a la futura publicación que, creo, llevará por título  “Los libros del Nuevo Testamento”, el comentario histórico-crítico y crítico literario al Nuevo Testamento, que he anunciado varias veces y que esperemos vea la luz finalmente en septiembre del 2019, también en Trotta. Ahí se escribe lo siguiente, que ahora les adelanto:
 
 
 
“En primer lugar, el texto impreso de Nestle-Aland28 se retrotrae al estado textual que cada una de las obras del Nuevo Testamento podría tener en torno al año 200 e.c., como mucho. Así que entre la fecha de la Primera carta a los tesalonicenses, escrita con casi total seguridad en Corinto por Pablo en el 51 e.c., y el texto que utilizamos median 150 años. Y este lapso de tiempo no puede acortarse porque no hay manuscritos de esa carta –que tomamos como la obra más antigua del Nuevo Testamento– que hayan sido copiados antes del 200, fecha en la que creemos que se había constituido ya el núcleo del canon neotestamentario, al menos en la cristiandad del Mediterráneo oriental.
 
 
“Sin duda la canonización en torno a esa fecha contribuyó a que el texto del Nuevo Testamento se fuera fijando rápidamente como casi intocable, pero en verdad no sabemos, ni podemos aventurar –para el lapso de tiempo transcurrido entre la composición de la primera obra de nuestro corpus, la mencionada 1 Tesalonicenses, y el año 200– qué transformaciones pudo sufrir el tenor textual de las diversas obras. Respecto a los evangelios, sabemos con seguridad que su texto no fue intocable en principio, pues los sucesivos autores (Mateo y Lucas; Juan quizás indirectamente) utilizaron la obra de Marcos manipulándola a su antojo, o conforme a sus necesidades teológico-literarias.       
 
 
 
En segundo lugar, el texto reconstruido por Nestle-Aland28 no se halla tal cual en ninguno de los manuscritos que han llegado a nuestras manos. Con razón ha sido calificado como un mero «conjunto armónico» resultante de la combinación de las variantes de los mejores manuscritos. Es en realidad una combinación ideal realizada a partir de la combinación de lecturas de diversos manuscritos, que se estima que podría parecerse en alto grado al texto que salió de las manos de nuestros desconocidos autores neotestamentarios. Pero, al fin y al cabo, es una mera reconstrucción.
 
 
Y finamente, los manuscritos que poseemos son el resultado del azar histórico, pues sin duda hubo otros, a priori quizás también excelentes, que resultaron destruidos en guerras, incendios u otros percances más o menos accidentales. Ignoramos cómo habría sido la reconstrucción del texto neotestamentario con su aportación.
 
 
A pesar de estas advertencias, podemos estar relativamente seguros de que la crítica textual neotestamentaria ha reconstruido un texto bastante parecido al de los originales. Y ello por la razón de que poseemos textos de autores cristianos primitivos cuyas obras citan partes del Nuevo Testamento con un tenor muy parecido al que ofrece la crítica. Autores de este tipo son: Marción (140-160), Justino Mártir (hacia 150-160), Taciano el sirio (160-170), Ireneo de Lyon (hacia el 180) y Clemente de Alejandría y Tertuliano, en las obras que compusieron antes del 200. Por tanto, en algunas ocasiones y con ciertas dudas, podemos retrotraer nuestro conocimiento del texto unas décadas, en la dirección que indican los mejores entre los manuscritos utilizados, cuando coinciden con tales citas anteriores al 200”.
 
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
 
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Jueves, 14 de Febrero 2019
Filología y teología bíblicas ¿Puede la teología ser historia?  (10-02-2019) (1043)
Escribe Antonio Piñero
 
 
 
Foto: Cubierta del libro
 
 
 
Sigo tratando del libro reeditado por Herder hace muy poco tiempo: “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos” de los que somos autores Jesús Peláez y yo. Este libro pasó relativamente desapercibido en España en su primera publicación, y naturalmente me interesa que se conozca ya que no es una mera introducción al uso del Nuevo Testamento, ni una historia del cristianismo primitivo ni nada de eso.
 
 
 
Me parece que en España y en los países de lengua hispana el estudio y utilización del Nuevo Testamento sigue estando, salvo raras excepciones, en manos de círculos confesionales. El paso a la universidad civil, como estudio de materia histórica o filológica se intentó con la fundación hace decenios de una licenciatura en “Filología Bíblica Trilingüe”, en la que se cursaban en realidad cuatro lenguas: latín, griego, hebreo y arameo. Hubo alumnos brillantísimos. Pero fue suprimida por el Ministerio de Educación y Ciencia en la reforma de no sé qué año exactamente, con la concentración de departamentos y la eliminación de aquellas disciplinas “no rentables”, con pocos alumnos. Así, incluso la cátedra de Filología Neotestamentaria, que ocupé durante pocos años, fue convertida en cátedra de Filología Griega sin más.
 
 
Pues bien, la obra que ahora estoy deseando que vea una nueva luz estaba pensada para todos los estudiosos, tanto confesionales, como no, que desearan penetrar científicamente en este mundo del Nuevo Testamento por medio de información clara y precisa, con valoración acompañada, de todos los sistemas de aproximación técnica al Nuevo Testamento. Pero “técnica” no quiere decir exclusiva, ya que los autores hemos pretendido que el lenguaje de esta obra sea muy comprensible.
 
 
Quiero dejar bien claro que aunque el estudio científico del Nuevo Testamento no se identifica con la teología, es sin embargo el requisito previo para que esta última pueda desarrollarse. He escrito que si las posturas ideológicas/ teológicas que se adoptan al interpretar el Nuevo Testamento no tienen su fundamento en una intelección correcta de los textos, esa teología carecerá de cimiento sólido. Las aportaciones del estudio filológico-histórico son el necesario punto de partida de ulteriores interpretaciones teológicas, que deben tener siempre por base el texto y su significado en el momento en el que fue compuesto.
 
 
El estudio del Nuevo Testamento ha de ser imparcial, o procurarlo, ante el vasto campo de posturas ideológicas, con frecuencia tan encontradas, que toman pie de unos mismos escritos. La filología del Nuevo Testamento procura ser una ciencia histórica. Creo que la exégesis es en verdad pura historia.  Ha de ser crítica y racional; debe procurar no tener prejuicios. Si el texto del Nuevo Testamento comienza a ser estudiado de esta forma ayudará muchísimo a comprender. Y comprender es la base para vivir sensatamente.
 
 
El estudio del Nuevo Testamento como ciencia trata de conservar, transmitir, entender y presentar, gracias a una técnica determinada y múltiple –la que se explica en este libro– las experiencias religiosas de un grupo del pasado semi remoto, de casi dos mil años, el cristiano, que fueron expresadas por primera vez por escrito en el corpus de obras que denominamos “El Nuevo Testamento”.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
 
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Domingo, 10 de Febrero 2019
El Evangelio de Marcos y la Odisea de Homero. “Compartir” de 7 de febrero de 2019 ( 281)
Hoy escribe Antonio Piñero
 
Foto: D. MacDonald
 
 
PREGUNTA:
 
 
¿Tiene fundamento la hipótesis formulada por el profesor Macdonald sobre la relación entre el Evangelio de Marcos y la Odisea?
 
 
RESPUESTA:
 
 
1 Supongo que se refiere a la obra de D. MacDonald, “Mythologizing Jesus. From Jewish Preacher  To Epic Hero” (“La mitologización de Jesús. De predicador judío a héroe épico”), publicada por la  edit.  Lanham, Londres 2015. 
 
 
La tesis de este libro es que los evangelistas, y ya en concreto Marcos, engrandecieron la figura de Jesús por métodos literarios, y en concreto utilizando la épica, o poesía, homérica. Según MacDonald hacían así de Jesús un héroe (griego), cuando en realidad no había sido más que un humilde artesano, aunque un buen conocedor de las Escrituras y con un enorme talento retórico para cautivar a las masas.
 
 
Sin duda, de este modo, Jesús podría ponerse en igualdad de condiciones con los héroes estimados por el pueblo griego, por ejemplo, Hércules y Esculapio (también engrandecidos y divinizados. Pero respecto a la tesis concreta de un influjo directo de Homero, la Odisea, en Marcos estoy dubitativo. Las estructuras literarias en la antigüedad eran relativamente limitadas. Había géneros literarios que tenían sus normas y que los autores seguían. Eran como patrones. No era necesario copiar directamente. Existía entre las personas alfabetizadas una atmósfera “literaria” de ambiente, y diría que incluso entre los analfabetos por la influencia directa de la épica, la Odisea en concreto, que se recitaba entre el pueblo, y por el poderoso influjo del teatro. Al teatro iba todo el mundo que podía, era inmensamente popular. Y la gente aprendía allí  “literatura”.
 
 
Lo de la Odisea y Homero en concreto ha sido tratado en particular en nuestro “Seminario sobre Jesús” de La Ramallosa, un pueblecito cerca de Baiona, (Pontevedra), seminario que tengo para mis amigos, y cuyas clases se suben a You Tube. La tesis  ha sido vista como interesante y meramente posible. Nada más. Pero insisto en que Marcos en concreto, el primer evangelista era judío. Es dudoso que fuera al teatro. Y era un apocalíptico judío intenso. Es muy extraño por eso que estuviera familiarizado con Homero profundamente como para ser influenciado de un modo directo. El lenguaje de Marcos es demasiado pobre y semitizante como para ser un asiduo lector, u oyente, de Homero. Pero la atmósfera literaria griega estaba también en el ambiente en la Diáspora judía de lengua helénica.
 
  
En realidad, no lo sé seguro. Es meramente posible. Aceptar patrones literarios de héroes populares griegos ayudaba sin duda a la recepción de Jesús entre los gentiles de lengua griega, al menos en principio como un héroe. Y los héroes eran benéficos, sanadores, milagreros en general, benefactores… Todo lo que ayudaba a una apoteosis o deificación.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
 
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Jueves, 7 de Febrero 2019
“Para empezar a entender el Nuevo Testamento”. Lo que otros opinan, no los autores (II) (3-2-19) (1042)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Escribe Antonio Piñero
 
 
Hoy es la segunda entrega en la que intento dar a conocer el libro escrito con J. Peláez, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, que acaba de reeditar la prestigiosa editorial Herder de Barcelona y cuya ficha está en postal pasada.
 
 
Como todo el mundo sabe, el centro del Nuevo Testamento, aunque a veces no ocupe un espacio explícito en algunas obras del Nuevo Testamento, es Jesús de Nazaret. Pero no muchos han caído en la cuenta de que no hay prácticamente, o casi, ningún detalle de su vida en todo el Nuevo Testamento fuera de los Evangelio La investigación sobre este personaje tan crucial, de acuerdo con las normas y métodos que se van exponiendo en el libro que ahora se reedita, nos descubre que tal empresa no es un caso desesperado, ni mucho menos.
 
 
He repetido mil veces que en contra de lo que algunos sostienen –inclinados hacia un escepticismo radical al estimar, en mi opinión erróneamente, que la parte de principal del Nuevo Testamento, los Evangelios, son una mera construcción mítico-legendaria–, podemos saber sobre Jesús al menos un veintena de hechos que valen para situarlo en su época con toda justeza. Cómo se llega a esos resultados se expone en este libro. Por eso el volumen que presento es un complemento estupendo a otros que ha reeditado también la editorial, como “Orígenes del cristianismo” y “Fuentes del cristianismo. Tradiciones primitivas sobre Jesús”.
 
 
Parece que el libro es suficientemente bueno, aunque quizás no esté bien que lo diga uno de sus autores. Pero para usar voces ajenas, cuando la primera edición fue traducida al inglés, un eminente crítico internacional, se escribió lo que sigue por especialistas de prestigio internacional. Cito en inglés y traduzco más o menos literalmente:
 
 
 
“This is an outstanding introduction to the study of the New Testament, and deserves to be widely read. The volume treats most issues of importance in NT exegesis in a depth virtually unknown in introductions to exegesis in English. On top of that, the authors have a very balanced view of the issues. This is the best overall discussion that I know” (Stanley E. Porter, Journal for the Study of the New Testament).
 
 
 
"Es esta una excelente introducción al estudio del Nuevo Testamento, por lo que merece ser leída. Este volumen trata la mayoría de los temas importantes de la exégesis del Nuevo Testamento con una profundidad prácticamente desconocida en las introducciones a la exégesis en inglés. Además, los autores tienen una visión muy equilibrada de los temas. Este es el mejor tratamiento de tipo general que conozco" (Stanley E. Porter, Journal for the Study of the New Testament).
 
 
“Among the works of this genre, that of A. Piñero and J. Peláez takes pride of place. With its completely up-to-day information, the strength of its synthesis, the serenity and balance in its exposition, it takes its place among the best (and all too rare) works of the same type that are currently at the disposal of theological students and the educated public, A work for which one can only wish the best of success” (Simon Légasse, Bulletin de Littérature Ecclésiastique).
 
 
 
“Entre las obras de esta clase, la de Piñero-Peláez ocupa un lugar preeminente. Con su información totalmente puesta al día, la potencia de sus síntesis, y la serenidad y ecuanimidad de su exposición tiene un lugar entre las mejores –y demasiado escasas– obras del mismo tipo que se hallan a disposición de los estudiantes de teología y del público educado. Una obra a la que uno sólo puede desear el mayor de los éxitos” (Simon Légasse: Bulletin de Littérature Ecclésiastique).
 
 
 
“This work, which I think is unique in its genre as regards completeness and scholarly standards, marvelously meets the brief, which it set itself. I compliment the two authors on this masterly work” (Gilberto Marconi, Gregorianum).
 
 
"Este trabajo, que creo que es único en su género en cuanto a integridad y normas académicas, alcanza estupendamente la meta que se fijó. Felicito a los dos autores de esta obra magistral" (Gilberto Marconi, Gregorianum).
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
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Domingo, 3 de Febrero 2019
El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos (31-1-19) (1041)
Escribe Antonio Piñero
 
 
El título de esta postal es el de un libro cuya primera redacción, básica, fue escrita por mí hace mucho tiempo. Fue mi memoria a cátedra de Filología del Nuevo Testamento la Universidad Complutense de Madrid, en la que una de las obligaciones era presentar un ensayo / libro sobre “Concepto, método y fuentes” de la asignatura en cuestión, en esta caso de filología neotestamentaria. Como la cátedra era nueva, no podía inspirarme en ningún caso precedente. Así que tuve que ingeniármelas para montar ese ensayo sobre el tal concepto / método y fuente, y escribirlo. Había que tener en cuenta que se trataba de filología, de historia antigua, de historia de las ideas y no de teología.
 
 
Si no me equivoco, la oposición a esa cátedra complutense se convocó en agosto de 1983 y se celebró en el primer semestre de 1984. Éramos cuatro opositores, y al final quedé yo solo. Explico por qué. Creo que la razón no fue que tuviera yo más méritos personales que los otros tres candidatos, sino la dureza de los ejercicios prácticos. En aquel entonces las oposiciones eran todas en Madrid y constaban de seis ejercicios… todo larguísimo. Con un solo opositor podía durar la prueba una semana o más y todos los ejercicios eran públicos (luz y taquígrafos). El quinto ejercicio eran los “prácticos”, que podían prolongarse lo que quisiera el tribunal. Las pruebas consistían en traducción y comentario de textos, con o sin diccionario, de la lengua o lenguas que eran la materia de la cátedra.
 
 
En el caso de la Filología Neotestamentaria la lengua básica era el griego antiguo, naturalmente, ya que todo el Nuevo Testamento se compuso en esta lengua (¡no en arameo, como cree la gente sobre todo de los evangelios!). No todos los autores del Nuevo Testamento eran nativos, es decir, no tenían como lengua madre el griego, pero sí utilizan con cierta desenvoltura el griego como medio común de expresión, incluso literaria. En el Mediterráneo del Imperio Romano del siglo I de nuestra era el griego era la lengua común, por encima del latín, incluso, reservado a la administración.
 
 
Ahora bien, no se puede estudiar a fondo el Nuevo Testamento sin conocer también otras lenguas antiguas. Obligatorias son otras tres: latín, hebreo (como base del 99,80% aproximadamente de la Biblia hebrea) y el arameo, como lengua madre de Jesús.  Y para el estudio de la expansión y concreción del texto del Nuevo Testamento son también muy interesantes, diría que casi obligatorias, el siríaco (arameo occidental) y el copto. Pues bien, los ejercicios prácticos eran de esas lenguas. Los ejercicios o pruebas de latín, griego, hebreo y arameo eran obligados, inexcusables. Y siríaco y copto a elegir por el tribunal.
 
 
Yo pedí al tribunal concreto que me toco en suerte –ya que en aquella época yo estaba inmerso en la edición española de los Apócrifos del Antiguo Testamento (Editorial Cristiandad. Madrid. Publicados seis volúmenes. Falta el séptimo con los índices)– que también hubiera exámenes de traducción de un par de lenguas más, pero solo de textos del Nuevo Testamento, a saber de eslavo antiguo y etíope clásico. Estas son lenguas importantes en la edición de esos apócrifos veterotestamentarios (sobre todo para “Jubileos”, “Ciclo de Henoc” y “Ascensión de Isaías”), y yo me había empeñado en introducirme en lo básico de esas lenguas para poder “corregir” o editar esos textos con solvencia. Mejor escribir “revisar”. “Corregir” es demasiado tratándose de obras en etíope, antiguo búlgaro o eslavo eclesiástico, traducidas y comentadas por esa serie por gente de la talla inmensa de Aurelio de Santos Otero y Federico Corriente, ante los que yo era literalmente un enano),
 
 
Y así fue. Exámenes públicos de ocho lenguas antiguas. Los otros tres opositores, cuando les anunció el tribunal que los ejercicios prácticos de traducción y comentario podían ser de tales lenguas antiguas, renunciaron. Finalmente, en ese terrible quinto ejercicio de traducción y breve comentario, me examiné de latín griego, hebreo y arameo, y de las otras cuatro hubo un sorteo… El tribunal estaba aburrido al ser el opositor uno solo, así que decidió abreviar ese último caso. En el sorteo salió el copto.
 
 
Pasaron todos los trances, saqué la cátedra y surgió la pregunta: ¿qué hacer con el material acumulado en la memoria de cátedra? Fue entonces cuando intervino el Dr. Jesús Peláez. Ya era él “Profesor titular de Filología Griega”, en la Universidad de Córdoba, y se preveía que una cátedra de Filología Griega, con perfil de “Filología Neotestamentaria” se dotaría tarde o temprano en esa misma Universidad. Todo esto ocurría entre 1990 y 1994. J. Peláez utilizó como base lo que yo había escrito, pero hubo de reescribir gran parte de la susodicha memoria; rehízo el capítulo de lengua griega de la época helenística, Koiné, la lengua del Nuevo Testamento; compuso casi ex novo los capítulos de lexicografía y sintaxis, y algunas cosas más, como temas de traducción y bibliografía actualizada.
 
 
Total, que el Dr. Peláez sacó también su cátedra en 1993, si no me equivoco, y como él era también director de la editorial El Almendro, de Córdoba decidió conmigo publicar en forma de libro una actualización de lo que fue la susodicha memoria “Concepto método y fuetes” de dos cátedras de Filología Neotestamentaria. Y así nació este libro, que es el que ahora presento en su tercera edición (no cuento reimpresiones, si es que las hubo; 1996 – 2003, edición en inglés de Deo Publishing, Leiden-N. York; 2019: Herder, Barcelona).
 
Hch aquí la ficha:
 
Editorial: Herder Editorial
ISBN: 9788425442407
Publicación: 01/2019
Formato: Rústica con solapas
Idioma: Español
Número de páginas: 570
Tamaño: 14.10 x 21.60
Precio: 35 €.
 
 
Esta obra no es una introducción al uso del Nuevo Testamento, sino propiamente algo previo: cómo se debe y puede estudiar el primer corpus de escritos cristiano. Se trata, entre otras cosas, de una exposición de la historia de la investigación del Nuevo Testamento, y de una visión de conjunto de los temas principales que debe abordar su estudio: canon o lista sagrada de las obras neotestamentarias; crítica textual; estudio del sustrato del Nuevo Testamento (influjos de diversas religiones) y personajes; Métodos y aproximación al estudio sincrónico y diacrónico del Nuevo Testamento. La traducción del texto bíblico neotestamentario. En otro momento especificaré el contenido.
 
 
Seguiré en otras ocasiones explicando más pormenorizadamente el índice de este libro y su posible interés para los aficionados al estudio de los orígenes del cristianismo y sus primeros escritos.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
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Jueves, 31 de Enero 2019
La reconstrucción crítica del Jesús de la historia (27-1-19) (1040)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Foto: Karl Kautsky
 
 
Después de más de 100 páginas de prenotandos metodológicos –para mí muy interesantes, pero que suele interesar poco al lector medio más allá de las líneas generales–, el libro de F. Bermejo, que estoy comentando sin prisas, “La invención de Jesús de Nazaret. Historia, ficción, historiografía” (Siglo XXI 2018), comienza la reconstrucción de Jesús no por su infancia, su enseñanza o por cualquier otro motivo, por ejemplo, por su relación con Juan Bautista –que para mí ofrece el marco ideológico del personaje también con cierta nitidez–, sino por su muerte en cruz.
 
 
Esto es muy original, pero lo creo acertado. Y se inicia con una frase del historiador marxista Karl Kautsky, que sirve de “leitmotiv”, motivo o “línea guiadora” de esta parte de su libro (de Bermejo): “Esta es (en sentido general, pero sobretodo referida a la Pasión) una historia muy rara, llena de contradicciones, que originalmente debe de haber rezado de un modo muy distinto”. Pero nuestro autor no se lanza “in medias res”, es decir, inmediatamente al abordaje de las cuestiones de los últimos días de Jesús, sino que hace anteceder páginas sucintas de visiones históricas y sociológicas generales, que sirven al lector para situarse correctamente en el ambiente histórico que afecta al sentido de la vida y muerte de Jesús, y que ayudan al lector a comprenderlas.
 
 
Estos prenotandos tratan del “Contexto histórico: Galilea y Judea en los siglos I antes y I después de nuestra era”: el marco político; las circunstancias socioeconómicas del momento; la matriz religiosa: un judaísmo nada simple, sino de ideario religioso muy complejo; y el escenario lingüístico y cultural (pp. 119-140).
 
 
Me detendré lo más brevemente posible en estos prolegómenos.
 
 
Respecto al contexto histórico de Judea y Galilea, Bermejo insiste en la absoluta necesidad de contextualizar a Jesús. Es importante esta idea, porque –si se asiste hoy día a un oficio religioso, y se oye en un sermón u homilía, las palabras de Jesús repetidas y explicadas por un sacerdote–, se observará que se sacan casi siempre de su contexto, y se aplican sin más a las circunstancias del siglo XXI. Ello supone con casi total seguridad que el sentido que le da el predicador a una sentencia de Jesús (por ejemplo, “Mi reino no es de es mundo”: Jn 18,36) o bien no lo dijo el Jesús histórico –en opinión de la mayoría de los intérprete incluso católicos–, o bien no se explican tal como las entendería un lector del Evangelio en el siglo I, o como quiso el autor que se entendieran.
 
 
Bermejo huye de lo que califica “mitos de corte sobrenatural” y de la pintura de un “Jesús como un hombre singular y único en la historia”. Insiste en que las aspiraciones del Galileo se encuadran en marco del rechazo popular de la monarquía de los asmoneos/macabeos (es lo mismo; H/Asmón es el ascendiente más notable del padre de Judas Macabeo, el sacerdote Matatías), que se había corrompido, y sobre todo en de la notable censura, igualmente popular, de la monarquía de Herodes el Grande, que según el pueblo y con razón, había usurpado el trono legítimo, y se había entregado en manos de los invasores romanos.
 
 
Este ambiente condujo al pueblo al deseo de tener un monarca como Dios mandaba, es decir, un rey davídico ideal de acuerdo con la profecía de Natán de 2 Samuel 7,14-16: “Yo seré para él padre y él será para mí hijo. Si hace mal, le castigaré con vara de hombres y con golpes de hombres, pero no apartaré de él mi amor… Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí; tu trono estará firme, eternamente”.
 
 
La gente sabía (¿?) que ya no existían los davídidas históricos, pues el último descendiente, Zorobabel, había muerto de una manera misteriosa (y nunca aclarada del todo) hacia siglos, en la época del retorno del exilio de Babilonia y tras la reconstrucción del templo de Salomón, hacia el 515 a. C.  A pesar de ello el pueblo judío siguió esperando en el retorno al trono de un retoño de David, sea como fuere (quizás la gente pensaba que algún descendiente habría sobrevivido; o bien que Dios suscitaría milagrosamente un davídida; o bien que el futuro rey fuera espiritualmente hijo de David. El apócrifo Salmo de Salomón 17,21 (“21 Mira a tu pueblo, Señor, y suscítale un rey, un hijo de David, en el momento que tú elijas, oh Dios, para que reine en Israel tu siervo”) da testimonio de estas esperanzas. Del mismo modo, las genealogías de Jesús de Mt 1 y Lc 3 muestran que el pueblo esperaba a un “hijo de David”. Igualmente lo testimonia el resto de los evangelios sinópticos. Por ejemplo, cómo aclamaba el ciego Bartimeo a Jesús como “Hijo de David” (Mc 10,47), o cómo discutía Jesús si el mesías habría de ser, o no, hijo directo de David (Mc 12,35-37).
 
 
Y, por último, los textos mesiánicos básicos de la Biblia hebrea se leían en la sinagoga los sábados y estaban en la memoria de las gentes. Así los salmos 72,2-16 (los reyes de la tierra se postrarán ante el hijo de David); 89,20-38 (la lealtad y el amor de Yahvé irán con él); 110,1-4: (“Siéntate a mi diestra, hasta que yo haga de tus enemigos el estrado de tus pies”). Y sobre todo textos muy recordados de Números 24,7-19 (Balaán ve en su profecía la estrella y el cetro de David) e Isaías 11,1-10 (“Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará. Reposará sobre él el espíritu de Yahvé). El rey futuro estaba totalmente idealizado en las mentes populares, y se esperaba con gran convicción que su reinado marcaría el fin de los calamitosos momentos presentes de un mundo corrompido por la injusticia, y que habría de brillar para siempre la paz y prosperidad del reino de Dios.
 
 
Señala también Bermejo, con razón, cómo en tiempos de Jesús estaba muy viva la “filosofía/teología” militarista, que se había expandido después de que Roma hubiera impuesto un censo, para cobrar impuestos, en Judea, el año 6 d. C. La revuelta consiguiente de Judas el Galileo, cuyo recuerdo estaba vivo entre el pueblo, marcaría –se supone– la mentalidad de Jesús el galileo. Durante el primer tercio del siglo I, abunda nuestro autor, se vivieron momentos, más de lo que parece, de notable resistencia popular contra la bota de los romanos que pisaba impíamente el terreno de Israel, tierra solo de Dios y de su pueblo elegido.
 
 
La violencia antirromana (a pesar de la famosa definición de Tácito: Historias V 9,2: “Bajo el reinado de Tiberio hubo tranquilidad en Israel/Palestina”) fue más visible de lo que dan a entender los Evangelios. Ciertamente en la época de los “prefectos” romanos (6-41 d. C.) hubo menos violencia antirromana que en la época de los “procuradores” (44-66), pero también la hubo, y el ambiente, latente, era de oposición total a los romanos por parte del pueblo, aunque menos entre ciertos fariseos conformistas y, naturalmente, entre los dirigentes colaboracionistas.
 
 
Para comprender bien a Jesús de Nazaret y su aventura final, que lo condujo a la muerte en cruz, hay que tener en cuenta que el pueblo sentía que Israel habría de ser “una nación judía independiente” y que al fin y al cabo este “había sido el ideal de todos los profetas de antaño y de los visionarios judíos de la época llamada del Segundo Templo (desde el retorno del exilio babilónico –siglo V a. C.– hasta el 70 d. C.)” (p. 124).
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero

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Domingo, 27 de Enero 2019
El misterio de Melquisedec en el cristianismo antiguo y la divinización de Jesús (21-01-2019) (1039)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Foto: Bandue X de 2017.
 
 
 
El título de esta postal reproduce parte del encabezamiento del artículo de Adolfo Roitman publicado en el número X de la revista “Bandue”, órgano de la Sociedad Española de Ciencia de las Religiones. Todo el número es en verdad interesante. Pero, para mi ámbito de trabajo, el cristianismo antiguo y la figura de Jesús especialmente el artículo de Roitman reviste un interés muy notable (pp. 199-232).
 
 
Adolfo es el “curator”, podemos decir “director” de la sección de manuscritos antiguos, especialmente de los encontrados en Qumrán, del Museo de Israel en Jerusalén (The Shrine of the Book). De Roitman he publicado una reseña a su libro “Del Tabernáculo al Templo” (Edit. Verbo Divino 2016) en este medio el 28-6-2016.
 
 
El interés de su artículo radica, en mi opinión, en que la figura de Melquisedec, según F. García Martínez, de Roitman y mía propia (ya desde “Biblia y Helenismo”, del 2006, republicado por Herder, Barcelona 2017, en donde cito a 11Q Melquisedec, o al personaje mismo por lo menos siete veces) es interesantísima e importante para el desarrollo de la cristología cristiana.  Y lo es porque representa cómo los gérmenes que se encontraban en el seno del judaísmo mismo, y que evolucionaron por una necesidad interior llevaron a la concepción de agentes divinos (“mano derecha” de Dios para actuar en el mundo) que son humanos y al mismo tiempo participan de la divinidad.
 
 
Roitman, en su artículo traza una breve historia de cómo un personaje mencionado dos veces en la Biblia hebrea (Gn 14,18-20; Salmo 110,4) y una vez en todo el Nuevo Testamento (capítulo 7 de Hebreos) sirve de antecedente del sacerdocio eterno de Jesús (según el autor de Hebreos) que sustituye a los sacrificios del templo de Jerusalén con un sacrificio único que es su cuerpo. El autor de Hebreos, en 7,3 (donde afirma que es un ser humano “Sin padre, ni madre, ni genealogía, sin comienzo de días, ni fin de vida, asemejado al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre”) lo hace prácticamente un ser preexistente y eterno… y un antecedente de Jesús como Cristo celestial, sacerdote al modo de Melquisedec.
 
 
La tesis de Roitman es que a partir de Hebreos 7 la figura de Melquisedec desempeña un papel significativo en las especulaciones heterodoxas de algunas sectas cristianas (por ejemplo, la herejía de los melquisedequianos, que lo consideraron un poder celestial superior a Cristo mismo; o la de Orígenes (que fue un ángel), o incluso el Espíritu Santo (así identificado por Hieracas de Leontópolis, un monje egipcio del siglo III, que defendió, entre otras ideas, la preexistencia de las almas y que la resurrección del cuerpo transformaría a este como espiritual, al estilo de Pablo de Tarso en 1 Corintios 15). En la literatura gnóstica –confirma Roitman– Melquisedec fue una figura soteriológica, es decir, de salvación, y fue considerado como una suerte de ángel.
 
 
Sostiene también Roitman que para entender este paso de un rey terrenal, que recibe el diezmo de Abrahán en el libro del Génesis, a un ser sobrenatural es necesario volver los ojos al texto de Qumrán 11QMelquisedec = 11Q 13, que aclara la mutación del personaje, convertido desde un ser humano en una entidad celeste o sobrenatural.
 
 
Sin duda es sí. Hay que estudiar a fondo este texto qumránico, y Roitman lo aclara maravillosamente presentando un análisis del texto hebreo, muy fragmentario (con su correspondiente versión española, muy literal), con las más interesantes reconstrucciones, con una bibliografía totalmente actual.
 
 
Escribe Roitman en la p. 225 de la revista que el estudio completo de 11QMelquisedec posibilita “resolver el ‘misterio’ de este personaje” a saber cómo dentro del judaísmo, y sin poner en duda en absoluto el monoteísmo estricto del judaísmo de la época, nos ofrece uno de los eslabones perdidos para observar que no había problema alguno en la época de Jesús y dentro de ese judaísmo mismo en ver cómo un hombre– que la Biblia hebrea presenta como rey-sacerdote de Salem en Gn 14– con un carácter humano, real e histórico, se convierte en un ser angelical-celestial, incluso salvador y guerrero, en ciertos círculos del cristianismo antiguo de los siglos I-IV.
 
 
El paralelismo con la divinización de Jesús es claro. En mi libro sobre Pablo (“Guía para entender a Pablo” (Trotta, 2ª edición de 2018) insisto una y otra vez en que el Apóstol jamás tuvo problemas con sus colegas judíos “normales” (no creyentes en la mesianidad de Jesús) en considerar a Jesús de Nazaret, después de su muerte y resurrección por Dios (esto es importante: Rm 1,3-4) como un ser celestial, sentado en un trono (pequeñito, naturalmente), pero a la diestra de Dios.
 
 
Cito mi Guía: “No es descabellado deducir que, dentro de la historia de las religiones, el pensamiento de Pablo sobre el Mesías se enmarca en un judaísmo que no alberga duda alguna de que el agente divino para la ejecución de la redención mesiánica es humano y divino a la vez, lo que se muestra especialmente, cuando transcurrido su ciclo vital en la tierra, se halla en la cercanía de Dios en el cielo en un trono, sentado cerca de él”.
 
 
“Un primer corolario es que el Apóstol no fue un prestidigitador que sacó de su chistera la noción de la humanidad-divinidad del Mesías sabiendo que era un mero truco, ni necesitó inventar fantasiosamente nada acerca de ese Cristo celeste cuando repensó y reinterpretó la vida del Jesús de la historia, centrándose en su muerte, resurrección y exaltación /adopción y, en especial, en su función como agente divino, cuyo asiento está a la diestra de Dios. No debe, pues, pensarse que todo ello es el fruto de una desbordada fantasía de carácter único”.
 
 
“En rigor, Pablo no necesitó tampoco inspirarse directamente en las apoteosis de los héroes o varones grecorromanos, contados entre los dioses ya en vida o normalmente después de su muerte. El proceso es ciertamente el mismo, pero la exaltación/apoteosis de un ser humano considerado excepcional estaba ya asimilada dentro de una tradición muy típica del judaísmo de su época, el arrebatamiento al cielo, adscrito ya a Elías y otros personajes como ha señalado J. Marcus. Pablo, pues, no hace otra cosa que asignar a Jesús lo que otros judíos anteriores o coetáneos habían aplicado a diversos personajes, “un como hijo de hombre” de Daniel, Moisés, Elías, Melquisedec, Henoc o Job” (p. 420).
 
 
Añado que este pensamiento ya judío no habría sido posible en el judaísmo sin el influjo global del pensamiento griego y del platonismo vulgarizado en particular. Pero en el siglo I había sido ya totalmente asimilado y judaizado.
 
 
Creo que coincido plenamente con Adolfo Roitman en su argumentación. El artículo de Bandue X, repito, es magnífico y recomiendo su lectura vivamente, porque aclara mucho.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero

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Jueves, 24 de Enero 2019
Crítica a los criterios de historicidad en la búsqueda del Jesús histórico (20-1-19) (1038)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Foto: Cubierta del libro colectivo “¿Existió Jesús realmente? El Jesús de la historia a debate”.
 
 
 
Sigo con mi propósito de comentar lo que me parece más interesante en el libro “La invención de Jesús de Nazaret de Fernando Bermejo de la editorial Siglo XXI, Madrid, 2018.
 
 
En cuanto a los criterios de historicidad en la búsqueda del Jesús histórico, lo más importante es el descenso de calificación efectuado por Bermejo de los llamados “criterios” de historicidad. Ya no los denomina así (terminología contundente), sino que os designa como simples “indicios”. Este es el modo práctico de insistir en que no podemos alcanzar una verdad absoluta en historia antigua.
 
 
La crítica a los criterios de historicidad tuvo sus inicios, si no me equivoco, por lo menos hace veinte años. Bermejo las introduce en España por vez primera en el libro comunal “¿Existió Jesús realmente. El Jesús de la historia a debate” (Raíces, Madrid, 2009) que he citado varias veces. Y la he recogido, muy resumida, en “Aproximación al Jesús histórico”.
 
 
Desde luego se suma Bermejo a la crítica unánime al indicio de “desemejanza” o de “discontinuidad”, al que eran muy aficionados los bultmanntianos. Insiste en que aquella idea de “hallar suelo firme” en la investigación sobre Jesús con ese criterio que afirma “que es típico, y seguramente histórico y propio de Jesús solo lo que carece de paralelo en el judaísmo contemporáneo y en el cristianismo primitivo” (p. 95 del libro presente) es una exageración de tal calibre que reduciría a Jesús a un tipo único e idiosincrásico que sería más bien un sujeto casi imposible.
 
 
La crítica es contundente: este método de aceptar solo como histórico en Jesús lo desemejante “deshistoriza a Jesús y elimina de este los múltiples aspectos en los que concordaba con su religión” (p. 96). Además presupone a priori que Jesús en un sujeto único y especialísimo. “Este indicio implica asunciones contradictorias, pues para ser aceptable como genuino, un dicho de alguien que es un predicador judío debería diferir del judaísmo contemporáneo, pero al mismo tiempo usar sus categoría y encajar en él… En realidad este ‘criterio de doble desemejanza’ no es sino una dogmática enmascarada, cuyo uso en solitario puede producir resultados faltos de credibilidad histórica” (p. 96). Ni que decir tiene que estoy totalmente de acuerdo con este juicio.
 
 
Tampoco queda bien parado el indicio/criterio de “atestiguación múltiple”, a pesar que parece obvio que cuanto mejor esté testimoniado, en variadas fuentes o géneros literarios un dicho o hecho de Jesús más visos tiene de historicidad. Para dudar de él, Bermejo propone el siguiente razonamiento:
 
 
“La presencia de muchos testigos textuales en las fuentes cristianas podría deberse no tanto al carácter de genuinos de un dicho transmitido, sino al interés que suscitó en los individuos o grupos cristianos que lo transmitieron. Y este interés pudieron suscitarlo también dichos atribuidos tempranamente a Jesús” (pero no auténticos; por ejemplo, pronunciados por un profeta cristiano primitivo; añado).
 
 
“De hecho cabe sospechar que cuanto más afín resultó un dicho (o una historia) a los primeros cristianos, menos probabilidades existe de que Jesús lo creara. Por otra parte, resulta fácil de comprender por qué muchos dichos posiblemente genuinos no gozan de atestiguación múltiple: porque eran susceptibles
 
 
1. De crear problemas teológicos u ofender sensibilidades (por ejemplo, Lc 9,59-60: «A otro dijo: «Sígueme.» El respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre.» Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios»);
 
 
2. O porque su sentido dejó de entenderse (por ejemplo, Lc 16,16: «La Ley y los profetas llegan hasta Juan; desde ahí comienza a anunciarse la Buena Nueva del Reino de Dios, y todos se esfuerzan con violencia por entrar en él»),
 
 
3. O porque no resultaban relevantes en contextos diferentes (por ejemplo, las  polémicas con fariseos de Lc  11,39-52: «purificáis por fuera la copa y el plato; pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios; Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido… etc.)”.
 
 
“En este sentido podría incluso decirse que en algunos caso no será la atestiguación múltiple, sino la atestiguación única la que apunta la historicidad. La conservación múltiple de una tradición no confirma en rigor su fiabilidad, sino solo la fuerza con la que se asentó en la tradición; y esa fuerza puede aplicarse en virtud de varios factores, algunos de los cuales –como el interés ideológico– nada tienen que ver con la historicidad” (p. 97).
 
 
 Estoy de acuerdo en que esta perspectiva restringe, por un lado el entusiasmo de los buscadores de la autenticidad de dichos y hechos de Jesús, pero lo aumenta por otro.
 
 
Seguiremos.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
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Domingo, 20 de Enero 2019
¿Cómo se entiende el concepto ‘mito’ en los Evangelios según la historia de las formas? “Compartir” (280) de  17 de enero de 2019
Hoy escribe Antonio Piñero
 
Foto: Rudolf Bultmann
 
PREGUNTA:
 
¿Qué entiende exactamente Rudolf Bultmann por mito? No pude leer ningún libro de este autor, sólo pude revisar comentarios hechos por personas que lo han leído. Y creo que pude elaborar dos conceptos, que solo uno de ellos es el correcto, y me gustaría saber su postura, permítame exponerlos.
 
Opción 1: Bultmann sí cree en los milagros narrados en los evangelios, pero para explicar estos acontecimientos, los evangelistas hacen uso de mitos de aquella época para elaborar una narración comprensible para estos acontecimientos puedan ser entendidos. Por ejemplo, para explicar algo tan profundo como la encarnación de Jesús, el evangelista hace uso del mito gnóstico y lo aplica a Jesús para que los lectores puedan entender estos acontecimientos.
 
Opción 2: Para Bultmann, los mitos son narraciones fraudulentas y mentirosas sobre hechos que jamás ocurrieron, pero que dicha narración es utilizada solamente para transmitir una enseñanza religiosa. Por ejemplo: Lázaro jamás resucitó, esa narración es utilizada solo para explicar que la vida verdadera comienza cuando recibimos a Jesús como salvador. (Este ejemplo sobre Lázaro fue usado por usted en su obra Guía para entender el Nuevo Testamento).
 
Aunque a los ojos de la historia, estos hechos pudieron no tener lugar, la respuesta a esta pregunta que le planteo es importante para que un creyente decida cómo dirigirse a los textos del Nuevo Testamento en el que se narran milagros.
 
RESPUESTA:
Sin duda, la opción uno. Por otro lado debo decir que el concepto “mito” es complejo y anfibológico, es decir, se presta múltiples interpretaciones y hay mucho escrito sobre ello. Lo que digo a continuación es simplificador
 
De la segunda hay alguna parte aceptable, desde luego no el que se pretendiera engañar voluntariamente. No creo eso posible en el cristianismo primitivo ya que estaban dispuestos a dar su vida por lo que proclamaban Los evangelistas utilizaron leyendas, por ejemplo lo de Lázaro, que corrían por sus comunidades y las repitieron creyendo que todo había sucedió así.
 
En otras ocasiones cuentan los evangelistas las cosas como creen que sucedieron, no exactamente como ocurrieron. Pero así obraban a menudo los historiadores, todos, de la antigüedad. Desde nuestro punto de vista se inventaban los hechos y los dichos, pero estaban convencidos de que reconstruían una realidad exacta según los datos de los que disponían. Modernamente diríamos que eran ingenuos y acríticos. Pero no se les puede juzgar en este aspecto con criterios del siglo XXI.
 
 
La crítica evangélica trata de volvernos a la realidad, observando y analizando el punto de vista, a la vez que se afirma que en muchísimas ocasiones, por ejemplo, en la historia de la pasión de Jesús, están distorsionando aquello que pudo ocurrir históricamente y que la crítica es capaz de reconstruir con cierta verosimilitud, sí verosimilitud, nunca certeza, aquello que sucedió. Continuando con el ejemplo de la Pasión, los hechos ocurridos están remodelados
 
1. Comprimiendo en una semana lo que duró meses.
 
 
2. Juntando en Jerusalén lo que ocurrió en la ciudad y fuera de ella.
 
 
3. Narrando los hechos acomodándolos a las “predicciones” de los profetas de su Biblia tal como ellos las interpretaban como proyecciones previas del Mesías.
 
 
4. Utilizando técnicas narrativas de su ambiente literario (un ejemplo: se ha defendido que la escena de los peregrinos de Emaús está descrita con los mismos mimbres literarios con los que Homero describe en la Odisea el reconocimiento de Ulises por sus familiares. Esas técnicas o modos de contar estaban en la “atmósfera” de las ciudades donde vivían los evangelistas. Toda persona un poco culta las conocía sobre todo por haber oído las recitaciones públicas de obras, épicas por ejemplo, por el teatro, o bien por la atmósfera cultural.
 
Resultado:
 
Los evangelios proporcionan sin duda material histórico, pero no directamente en muchos casos. Hay que extraerlo detectivescamente a base de crítica. Ese material es a veces mítico, y otras veces legendario, magnificante o exaltante respecto al héroe de la narración, Jesús, el cual se presenta al lector modificado o reinterpretado. Pero la empresa de “desmodificación” no es desesperada. Puede hacerse y con buenos resultados, aunque escasos.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
 
 
Una noticia para los del área de Vigo (Pontevedra, España).
 
 
Hoy, jueves, 17 de enero de 2019:
 
 
Presentación de mi libro “Aproximación al Jesús histórico” (Trotta, Madrid, 2ª edición 2018),
 
 
en VIGO (Pontevedra), en La Casa del Libro (c/ Rúa Velázquez Moreno, 27), a las 19.00 hs., a cargo de D. Jesús Bahíllo, ex parlamentario y ex Presidente del Club Financiero y la Asociación de Empresarios de Vigo, y el autor. Entrada Libre.
 
 
 
 
Jueves, 17 de Enero 2019
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Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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