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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero

Notas

Para terminar el tema de Asherah y los árboles, glosaré un artículo del año 1995 que presenta temas de gran interés. El artículo plantea la posible relación entre la diosa Asherah, el candelabro de siete brazos típico del judaísmo y los árboles como símbolo de la vida.
Hoy escribe Eugenio Gómez Segura.


015. Asherah (y 3): Menorá
Menorá esculpida en el cementerio de Beit She'arim, Israel. Fotografía de Eugenio Gómez.

Joan E. Taylor presentó en 1995 un artículo titulado “The Asherah, the Menorah and the Sacred Tree”, Journal of The Study of the Old Testament 66, pp. 29-54. Su título en español es “Asherah, la menorá y el árbol sagrado”.

Comienza la autora recopilando algunas imágenes que se han relacionado con la diosa consorte de Yahvé, de las cuales hay ilustración en mi último post sobre el tema. Menciona, por supuesto, Kuntillet Ajrud, el soporte de Taanach y las figurillas femeninas de Judea. Además, cita la jarra de Lachish de época cananea que representa un árbol entre íbices. Este árbol tiene, precisamente, la forma de una menorá (se puede ver en
https://3.bp.blogspot.com/_BMoXxC2XKIA/Rak5NYb-EdI/AAAAAAAAAQU/7zuOuiZKNNQ/s320/lachish_ewer.jpg ).

Citando abundante bibliografía, Taylor habla a continuación de las divinidades orientales asociadas a los árboles de la vida y la fertilidad e insiste en que no parece adecuado referir estos árboles a ejemplares de gran porte como cedros, robles, tamarindos, etc. Termina esta sección aportando un interesante dato que ya apuntábamos en la primera entrega de esta serie sobre Asherah: también en Lachish, en un nivel de época israelita, se ha encontrado un resto de un tronco quemado cerca de una estela. El famoso arqueólogo israelí de Lachish, Yohanan Aharoni, propuso identificar el tronco con una asera, con un elemento venerable de los templos y santuarios cananeos e israelitas, como ya he explicado.

Pasa después la autora a repasar la aparición de la palabra asherah en la Biblia hebrea. Entre otras cuestiones se puede destacar que 1 RE 15, 13 (“Incluso llegó a quitar a su abuela Maaká el título de Gran Dama porque había hecho un Horror para Aserá. Asá abatió este Horror y lo quemó en el torrente Cedrón”, traducción Cantera-Iglesias) parece indicar que hubo un ídolo que representaría a la diosa. Ligado a este pasaje Taylor comenta que en 2 Re 23, 7 (Derribó las casas de los consagrados a la prostitución que estaban en la Casa de Yahveh y donde las mujeres tejían velos para Aserá) habría una referencia a vestidos que se tejerían para cubrir un ídolo, fuera éste una madera, fuera un árbol, lo cual recuerda costumbres griegas e incluso católicas de muchos pueblos: sus vírgenes son en realidad un armazón cuya cabeza y manos son lo único tallado, mientras el armazón queda recubierto por los vestidos.

A propósito de otros pasajes, como Is 1, 29-30. La autora indica que los grandes árboles, en efecto, no deberían identificarse con Asherah sino con Yahvé (trataré esta cuestión en el próximo post). Resume la cuestión afirmando que en los santuarios denominados “lugares altos” podía haber, o había siempre, aunque no fuera mencionado, el siguiente material de culto: altares, estelas, incensarios o soportes cultuales, árbol(es), ídolos (2 Crón 31, 2; Dt 7, 5).

Taylor trata a continuación la posibilidad de que Asherah fuera un árbol sagrado, no sólo un ídolo, no sólo un tronco. Su principal argumento es que siempre se identifica un árbol vivo con una diosa en la iconografía, no un tronco o un ídolo, indicando así la vitalidad evidente del árbol vivo. Aporta ejemplos de la iconografía mesopotámica y levantina desde el año 2350, concretamente una pieza de Mari que presenta una divinidad masculina sobre la montaña y dos femeninas, que son mitad árbol (se puede consultar en https://brill.com/view/book/edcoll/9789004423756/9789004423756_i0001.png ).

Quizá el siguiente apartado sea todavía más interesante. Se trata de la asociación del almendro con la menorá. Para comenzar, Taylor indica que Éx 25, 40 propone encontrar el modelo de la menorá en el monte (“Fíjate para que lo hagas según los modelos que te han sido mostrados en el monte”). En la discusión de fuentes y estudios la autora indica que la estilización del árbol sagrado de Israel, combinado con el motivo de la lámpara, fue parte de la lucha contra el culto al árbol o a las imágenes de Asherah, es decir, que la menorá fue convertida en símbolo de Yahvé: desacralizada como vinculada a Asherah y sacralizada de nuevo como símbolo del dios judío.

En este sentido, Éx 4, 20 indica que la vara o bastón que Aarón portaba como símbolo de Yahvé era una rama de almendro. Y Núm 17, 23 indica que tenía brotes (un indudable efecto divino tratándose de una vara cortada). De hecho, se identifica la imagen de la tinaja A de Kuntillet Ajrud, que aparecía en el primer post sobre Asherah, como un almendro o como el bastón de Yahvé: la imagen, un árbol del que salen varias ramas que despuntan, está coronada por lo que parece ser una almendra medio envuelta todavía en su cáscara exterior.

El almendro como símbolo encaja perfectamente en los procesos naturales: es el primer árbol que florece (en España para el quince de febrero en muchos lugares), lo cual sirve para enlazar las estaciones y simbolizar que la vida sigue incluso antes de presentarse la primavera. Taylor escribe:

“el significado del almendro en relación con Asherah puede haber tenido que ver con su florecimiento temprano. Asherah, como diosa de la fertilidad, parece haber sido asociada con las fuerzas naturales de la vida y la regeneración. El florecer del almendro bastante antes que la primavera haya comenzado realmente puede haber impactado a los cananeos como un signo especial de la actividad de la diosa” (p. 48).

Temas para reflexionar no sólo sobre el pasado, también sobre el presente de nuestras costumbres religiosas populares.

Saludos cordiales.
 

Domingo, 17 de Mayo 2020


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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