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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero

Notas

512- Jesús y las mujeres (512)
Hoy escribe Antonio Piñero


Es muy difícil hacer la presentación de un libro propio sin caer en estupideces, por lo que recurriré al testimonio externo: tengo la suerte, que debo agradecer a Editorial Trotta, de que se haya reeditado este libro que publiqué hace años en Aguilar (Santillana 2008) y que de él se vendieran bastantes ejemplares. Trotta es una editorial exigente por lo que no es fácil publicar en ella. Por tanto, reeditar es aún más difícil, porque el Director debe considerar que el libro tiene una cierta aura de “ya bien probado”, o hasta cierto punto de “clásico”, como “La Sinagoga cristiana” de José Montserrat, de modo que no se haga el ridículo con la reedición.

Para esta tirada he revisado el libro, he cambiado el orden de algunos capítulos, he escrito algunos complementos, he añadido tres índices (de autores antiguos de pasajes citados del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento) y he modificado un tanto el final del Prólogo. En él me lamento de lo siguiente “Algunas teólogas feministas españolas lo han ignorado voluntariamente (en su primera versión) tanto en sus listas bibliográficas, como en sus obras de síntesis sobre las mujeres en el cristianismo primitivo. Sin embargo, mi deseo no era y es otro que el de contribuir amistosa y cortésmente a un debate puramente científico”.

¿Qué tiene, pues, el libro que puede concitar cierta animadversión? Yo pienso que en sustancia nada desde un punto de visto que estimo objetivo, puesto que se trata de un mero análisis, que procuro aséptico y en nada polémico, de prácticamente todos los textos que nos ofrece la literatura evangélica de los tres primeros siglos sobre el tema “Jesús y las mujeres”. he dividido por temas tal análisis:

• La imagen del Jesús histórico de la que parto

• La situación de la mujer en el Israel del siglo I

• El nacimiento y la infancia de Jesús

• Jesús, su madre y su familia durante la vida pública

• Jesús y otras mujeres también en su vida pública distinguiendo bien los textos antes de su crucifixión y muerte, y los anteriores y posteriores. Así, mujeres que siguen a Jesús; pecadoras; amistad de Jesús con mujeres; curaciones de mujeres por Jesús; las mujeres en las parábolas y otros dichos de Jesús

• Jesús, el matrimonio y el divorcio en general

• ¿Jesús casado / célibe / bígamo / homosexual (hay textos para todo en los Evangelios apócrifos).

• La especial relación de Jesús con María Magdalena en los evangelios aceptados por la iglesia; en los evangelios gnósticos y otros apócrifos.

• Añado el tema del presunto papiro copto recientemente descubierto. la tesis de Karen L. King

Como se ve, tienen cabida en el libro todos los temas importantes y sus textos respectivos. Por “literatura evangélica” entiendo tanto la aceptada por la Iglesia como la rechazada por ella, es decir, considerada no canónica o apócrifa. Y en cada texto no pretendo más que darle su sentido originario (es decir, ¿qué entendería al leerlo un lector de su siglo correspondiente?, y el (posible) valor histórico que tenga.

Si las conclusiones no son del agrado de todos, si afirmo que bastantes de las perspectivas construidas sobre el tema son un mito, es porque lo creo sinceramente, y no por haberme dejado llevar de pasión alguna. Al revés, yo deseaba que algunas conclusiones fueran las contrarias, ya que el personaje, Jesús, que centra mi estudio desde hace muchos años, me parece fascinante en muchísimos aspectos.

¿Qué pretendo con este libro?

1. Resumir brevemente mi visión de Jesús

2. Presentar al lector un ejercicio de análisis sencillos de textos utilizando los instrumentos que tiene hoya día la filología y la historia antigua para poder llegar a distinguir los distintos niveles o estratos que encontramos en los textos que son cuatro:

A. El más cercano a la vida Jesús: el nivel del Jesús de la historia. Acceder a este estrato ofrece la posibilidad de llegar si no a las propias y mismísimas palabras del Nazareno --que fueron casi siempre pronunciadas en arameo, y cuya primera transcripción se ha perdido porque fueron muy pronto traducidas al griego-- sí al menos al nivel de esta primera versión, en muchos casos fidedigna, a la lengua más común y extendida del Imperio romano, la griega.

B. El estrato de la comunidad de los seguidores más íntimos de Jesús, es decir de sus discípulos inmediatos.

C. El estrato aún más alejado cronológicamente de Jesús, de segunda o incluso de tercera generación, que representa el punto de vista de los evangelistas, o de la comunidad en la que vivían. El alejamiento cronológico de Jesús se percibe ya claramente en el Cuarto Evangelio donde priman “palabras” y “escenas de Jesús” que representan más bien la teología del biógrafo –en este caso puesto como ejemplo el desconocido autor del Cuarto Evangelio— que la mentalidad y palabras propias de Jesús.

D. Tal alejamiento se intensifica muy notablemente en los evangelios apócrifos, muchos de los cuales representan un estrato cronológico D., o posterior, muy alejado de Jesús (a veces siglos), pleno de narraciones legendarias, que tiene muy pocos visos de ser histórico.

3 Que este análisis sea expresado con lenguaje claro, sencillo, y sin complicaciones técnicas, pero a la vez totalmente científico y de acuerdo con los criterios de investigación que expreso en el Prólogo.

4. Obtener conclusiones del análisis de los textos en cuanto al Jesús de la historia, tanto de cuada uno de los temas o apartados de la vida de Jesús estudiados a lo largo del libro como otras conclusiones generales, que no son otras que las que he ido obteniendo a través del análisis de los textos en los diversos capítulos. Y es aquí donde el libro encuentra más oposición porque no se quiere aceptar otra imagen presumiblemente contraria a la que uno previamente tiene ya en la cabeza.

Quiero insistir aquí que la mayoría de los autores confesionales no son lo suficientemente críticos y que no distinguen claramente entre los niveles A. B. y C. explicados más arriba. Este libro no pretende manifestar ni siquiera qué pensaban de Jesús sus discípulos, o los evangelistas o la comunidad que presuntamente se hallaba detrás de ellos, o –dando un gran salto-- lo que los cristianos de hoy día creen leer en los Evangelios, sino lo que científicamente se puede adscribir al Jesús histórico.

Voy a poner un ejemplo, haciendo una cita larga de un apartado acerca de “Jesús y las mujeres” en un libro muy reciente (2012; versión española de 2014) de un libro de Hans Küng, que tendré ocasión de reseñar en otro momento:

«En la sociedad del tiempo de Jesús las mujeres no contaban para nada; debían evitar incluso en público la compañía masculina. Las fuentes judías contemporáneas están llenas de animosidad contra la mujer, quien –según Josefo-- vale en todos los aspectos menos que el hombre. Hasta con la propia mujer, así se aconseja, ha de hablarse poco y absolutamente nada con la extraña. Las mujeres vivían en lo posible retiradas de la vida pública; en el Templo solo tenían acceso hasta el patio de las mujeres y respecto a la obligación de la plegaria estaban equiparadas a los esclavos.
Los evangelios, sin embargo, cualquiera que sea la historicidad de los detalles biográficos, no tienen reparos en hablar de las relaciones de Jesús con determinadas mujeres. Lo cual quiere decir que Jesús se había liberado de la costumbre que imponía la segregación de la mujer. Jesús, en efecto, no muestra ningún desprecio por las mujeres, sino que las trata con sorprendente naturalidad: unas mujeres lo acompañan a él y sus discípulos desde Galilea a Jerusalén; él mismo siente un afecto personal hacia algunas mujeres; unas mujeres asisten también a su muerte y sepultura. La situación jurídica y humanamente tan precaria, de la mujer en la sociedad de aquel tiempo hubo de resultar considerablemente revalorizada al prohibir Jesús el divorcio por parte del marido, a quien solo bastaba presentar el libelo de repudio” (p. 117)».


¿Qué impresión obtiene el lector de este texto (el único que hay sobre las mujeres en el libro de Küng sobre Jesús)? Pues…, al menos, que Jesús era un hombre excepcional en su época y que marcó un hito absolutamente asombroso en la historia de su época respecto al trato y consideración social de las mujeres. Y de ahí a afirmar que Jesús fue el primer feminista de la historia solo hay un paso que han dado muchos “biógrafos” de Jesús…, con lo que están de acuerdo muchos.

Sometamos, sin embargo, este texto de Küng a un somero análisis:

• No tiene en cuenta la historicidad de los detalles biográficos. Implícitamente renuncia a presentar una imagen con rigor histórico

• No tiene en cuenta la situación en Galilea en el siglo I, en donde las mujeres podían incluso ser cantineras/taberneras, donde las féminas trabajaban en el campo y representaban a sus maridos en el mercado en la venta de sus productos, por lo que tenían una mayor libertad que en Judea.

• El autor omite que tenemos noticias de otros rabinos famosos de la época, o un poco posteriores a Jesús, que trataban muy bien a las mujeres, aunque eso no supusiera que hubieran cambiado un ápice su mentalidad acerca de la esencia secundaria de la mujer según Gn 2 y según la mentalidad de su tiempo.

• El autor alude a escenas del IV Evangelio que probablemente son simbólicas (Marta y María; la samaritana y Jesús), no históricas. Nada se puede deducir de ellas respecto al Jesús de la historia. También alude a escenas privadas, dentro de las casas, donde el trato con las mujeres era muy diferente. Pero ello no cambiaba nada sus estatus social, Su contacto con pecadoras públicas como la de la unción (prácticamente el único caso, y fue también en el interior de una casa) nada dicen de un cambio de estatus social de la mujer); el caso de la adúltera es muy dudoso históricamente. Es muy probable que sea un texto secundario, tardío.

• No tiene en cuenta el autor que antes de la muerte de Jesús, en toda su vida pública, sólo hay un texto, un único texto antes de la escenas de la resurrección (Lc 8,1-3), que habla de las mujeres seguidoras de Jesús y las presenta más bien como sirvientas.

• ¿Acaso los sanadores y exorcistas judíos y paganos de la época no expulsaban a demonios y no curaban a las mujeres?

• ¿Acaso Jesús curaba a las mujeres porque eran mujeres y no porque eran débiles y representaban un estrato ciertamente postergado de la sociedad en la mayoría de los casos?

• Se da en los evangelios, y precisamente se nota en momentos muy oportunos, una absoluta falta de pronunciamientos públicos de Jesús que intenten corregir la posición social de la mujer en su época. Ni una mínima alusión. Y sin pronunciamientos públicos, y el trabajo consecuente, no hay cambio posible del estatus de la mujer.

• Los esenios y el divorcio. La doctrina de Jesús sobre el matrimonio único, y la negativa al divorcio es muy parecida, casi igual, a la de los esenios y con el mismo fundamento teológico en los inicios de la creación según la Biblia. ¿ Acaso fueron los esenios al defender esta doctrina unos reformadores sociales? De ningún modo. Y es totalmente cierto que para los esenios la mujer era un ser secundario y ocupaba un lugar muy secundario en la vida espiritual y social. Luego el argumento del divorcio no es válido.

• El autor del párrafo citado no tiene en cuenta la cláusula exceptiva del Jesús de Mateo 19,9: el que repudie a su mujer salvo en el caso de porneía (alguna desviación o ilegitimidad sexual) de la mujer y se casare con otra comete adulterio. Siento decirlo, pero la perspectiva de este versículo es totalmente machista.

• El caso de Pablo y las mujeres. Es muy probablemente cierto que el Apóstol trataba a sus colaboradoras en el Evangelio con el mayor cuidado posible. El trato de Pablo con mujeres es amplísimo y cordial… Pero… sus pronunciamientos públicos (en sus cartas) sobre las mujeres es lamentable desde el punto de vista moderno, aunque totalmente concorde con las costumbres y sociedad de su época. Por tanto: del buen trato de Jesús con las mujeres no se puede elevar una proposición de Jesús como reformador social.

Podría analizar otros muchos textos defensores de un Jesús “eximio feminista”. Pero basta con este. Mi conclusión de este análisis es sencillamente que desde el punto de vista del Jesús histórico las conclusiones de Küng son cuanto menos dudosas.

Como esta postal empieza a ser demasiado larga, me detengo aquí. En la próxima entrega examinaré algunas de las críticas que se han formulado a mi método en este libro, “Jesús y las mujeres” y trataré de responder muy brevemente a ellas.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.
Universidad Complutense de Madrid
Www.antoniopinero.com
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Viernes, 23 de Mayo 2014


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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