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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero

Alsos es la palabra griega para bosque sagrado, y sin duda en otras culturas apareció ese elemento sacro. Hoy, la curiosidad me lleva a investigar qué posibilidades hay de que la palabra y el concepto aparezcan en la cultura judía.
Hoy escribe Eugenio Gómez Segura


Valle de REphaim. Fotografía tomada de https://image.slidesharecdn.com/jerusalemregion-110828190637-phpapp01/95/jerusalem-region-78-728.jpg?cb=1314559003
Valle de REphaim. Fotografía tomada de https://image.slidesharecdn.com/jerusalemregion-110828190637-phpapp01/95/jerusalem-region-78-728.jpg?cb=1314559003
Domingo, 12 de Abril 2020
Dudas sobre el pensamiento de Pablo. Preguntas de Gabriel Andrade. La primera (9-04-2020. 1118)
Foto: Gabriel Andrade
 
 
Escribe Antonio Piñero
 
 
Quizás recuerden los lectores  y auditores los programas radiofónicos variados que hice con Gabriel Andrade desde Venezuela… y que se cortaron debido a la represión de Maduro. Gabriel Andrade hubo de exiliarse a las Islas Caimán (desde allí hicimos algún que otro programa radiofónico más, y ahora está en los Emiratos Árabes donde ejerce como profesor de filosofía.
 
 
Con Gabriel Andrade y a base de preguntas y respuestas grabadas, y luego puestas por escrito, un libro de divulgación sobre el pensamiento de Pablo de Tarso en unas 13 lecciones, que entregamos a la Editorial Lacónica (la que publicó mi librito “En directo desde el siglo I”, en 2018, que era la transcripción de cinco conferencias mías con comentarios de los oyentes, y que se vendió bien). Como ahora estamos en malos tiempos, supongo que el dueño y director de Lacónica estará esperando la oportunidad buena para editarlo.
 
Pues bien, Gabriel Andrade me ha enviado dos preguntas a propósito de un libro reciente de Bart D. Ehrman sobre la vida en el más allá, cuyo título exacto no sé y que aún no ha caído en mis manos. Respondo a las preguntas de Andrade (en dos postales sucesivas) aunque –como le dije– para responder bien, tendría que haber repensado la argumentación completa de este famoso ateo noteamericano, que sabe venderse muy bien (por ejemplo, cobra por entrar en su Blog)
 
 
 
1ª Pregunta
 
 
Recuerdo que en nuestros diálogos, yo le decía a Ud. que a mí me extrañaba que Pablo no hablara del infierno, y Ud. me decía que Pablo no necesitaba hacerlo explícito, pues seguramente su audiencia ya lo daba por supuesto. Pero, Ehrman dice que Pablo no cree en el infierno. Él dice que su postura es aniquilacionista, y sólo resucitan los que se salvan. Él cita a 1 Tesalonicenses 5: 3, “Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina”, y también I Corintios 15:24, “Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia”. Ehrman dice que eso sugiere aniquilacion definitiva de los pecadores. ¿Ud. cree plausible la interpretación de Ehrman?
 
 
 
Respuesta:
 
Respecto a 1 Tes 5,1-3:
 
“En lo que se refiere al tiempo y al momento, hermanos, no tenéis necesidad que os escriba. Vosotros mismos sabéis perfectamente que el Día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche. Cuando digan: «Paz y seguridad», entonces mismo, de repente, vendrá sobre ellos la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta; y no escaparán”
 
Le he comentado (Y en parte está en mi libro sobre Pablo “Guía para entender a Pablo. Una interpretación del pensamiento paulino, Trotta 2ª edic. Madrid 2018) que la ruina que caerá sobre los impíos es en griego, ólethros: “aniquilación”. Es este un vocablo muy utilizado en griego desde Homero. Casi siempre se refiere a la muerte, sin más. “Ojo que te aniquilo”; podemos decir en español sin significar destrucción absoluta. Lo mismo en griego.  Y aquí convendría ver en qué textos paralelos se apoya Ehrmann para juzgar su argumentación
 
 
Que sea posible una aniquilación total  puede darlo a entender mejor Lucas cuando habla de que “solo resucitarán los justos” (Lc 14,13-14: “Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos;  serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos.»). Y aun así, con tanta aparente claridad no queda claro el pensamiento del Jesús de Lucas ya que este es un testo único en cuanto a su precisión.
 
 
 En el judaísmo antiguo sí se contemplaba la aniquilación total de los pecadores (tomo de mi índice analítico, aún no publicado del vol. VII de los Apócrifos del Antiguo Testamento: “Alma de impíos”: aniquilación definitiva de alma y del cuerpo: Antigüedades Bíblicas del Ps. Filón 16,2s =  volumen II ( de la edición de Apócrifos del Antiguo Testamento de la editorial Cristiandad, página 234 nota;
 
“Diluvio, descripción; aniquilación de malvados”: I Henoc 89,2-9 = vol. IV 113;
 
“Babilón, oráculo contra” = aniquilación divina: Oráculos SibilinosI II, versos 300-313 = volumen III p. 485: la aniquilación de Babilón = Babilonia quedará destruida: es “como si no hubieras llegado a nacer” = v. 310).
 
 
También en el gnosticismo cristiano de los siglos II y III (la argumentación completa está en la “Introducción” conjunta de J. Montserrat y mía a la “Biblioteca copto-gnóstica  de Nag Hammadi” de Trotta, Madrid, 5ª edic. de 2018, vol. I ) se decía que el cuerpo (y a veces se piensa también en el alma) de los impíos sería totalmente aniquilado. Los gnósticos jamás admitieron la “resurrección de la carne”. El cuerpo, material, será aniquilado por Dios, junto con todo el universo, cuando llegue el final de los tiempos.
 
 
Por tanto es posible la interpretación de Ehrmann. Pero solo se puede presentar como sugerencia. Yo aportaría en contra de Ehrman 1 Corintios 5,5: “Sea entregado ese individuo a Satanás para destrucción (ólethros) de la carne, a fin de que el espíritu se salve en el Día del Señor”.
 
 
Otros casos en el corpus paulino no valen para la argumentación (2 Tes 1,9: “Estos sufrirán la pena de una ruina eterna, alejados = de la presencia del Señor y de la gloria de su poder”,  y 2,8: “entonces se manifestará el Impío, a quien el Señor = destruirá con el soplo de su boca, = y aniquilará con la Manifestación de su Venida”; 1Timoteo 6,9: “Los que quieren enriquecerse caen en la tentación, en el lazo y en muchas codicias insensatas y perniciosas que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición”), porque son pasajes que no corresponden al Pablo histórico. Pero escribiendo sus discípulos “como si fueren Pablo” (creían que Pablo pensaba así) no lo entendían como aniquilación total, sino que hablan más bien de una pena eterna en el infierno.
 
 
Los espiritualistas de la época, bien asentados en la creencia general de la inmortalidad del alma, podrían pensar que la aniquilación del cuerpo no tenía importancia. Pero no así Pablo en 1 Cor 15 donde habla del cuerpo espiritual…, que probablemente él pensaba que estaba reservado ciertamente para los justos (1 Corintios 15,44).
 
 
Ehrman en apoyo de su hipótesis cita, según Andrade, 1 Cor 15,24-26: “Luego, el fin, cuando entregue a Dios Padre el Reino, después de haber destruido todo Principado, Dominación y Potestad. Porque debe él reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la Muerte”.
 
 
Ahora bien, en el v. 16 se dice que también el último enemigo, la Muerte, quedará  destruida (griego kataregeîtai). El verbo katargeîn tiene más de quince usos en el corpus paulino. Puede, pues, entenderse de todas las maneras, tanto total, como parcial, sin precisión alguna.
 
 
Así que la opinión de Ehrman es una mera hipótesis, creo.
 
 
Véase sobre el mundo futuro el libro conjunto, editado por mí y por Eugenio Gómez Segura, “El juicio final”. Cristianismo y las religiones de su tiempo, EDAF, Madrid, 2010 donde se habla largo y tendido de la vida futura más allá de la muerte.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
 
NOTA:
 
Fractal Media ha puesto en abierto un documental –que utiliza charlas mías sobre el Jesús histórico y otros complementos también escritos por mí y adaptados por Fractal– de unos 37 minutos que da respuestas a las preguntas usuales  que suele formularse la gente sobre el Jesús de la historia.
 
He aquí el enlace:
 
https://www.youtube.com/watch?v=frcWDIZ372s&feature=youtu.be
Jueves, 9 de Abril 2020

Notas

La literatura y la arqueología no son las únicas fuentes para encontrarse con los bosques sagrados de Grecia. La Historia del Arte también nos los presenta.
Hoy escribe: Eugenio Gómez Segura.


Templo de Hefesto en Atnas. Fotografía de Gregorio Torrealba.
Templo de Hefesto en Atnas. Fotografía de Gregorio Torrealba.
Lunes, 6 de Abril 2020
El segundo libro recomendado: “Un Judío Marginal”, de John P. Meier (2-04-2020. 1117)
Foto: J. P. Meier
 
 
Escribe Antonio Piñero
 
 
Como prometí en mi postal anterior paso a comentar –brevemente solo porque la obra es archiconocida– el segundo libro recomendado por James D. G. Dunn para estudiantes, el de John P. Meier, “Un Jesús marginal. Nueva visión del Jesús histórico”, obra aún no concluida del todo (quizás falte la confección de un par de volúmenes). Y he hecho en este medio alguna vez más un comentario. Me reafirmaré, pues, en mi valoración.
 
 
El “libro” es imponente, pues son cuatro tomos en cinco volúmenes… (o a la inversa), y como digo todavía no está terminado. Me “quito el sombrero” ante Meier, no solo por su erudición (sus notas al final de cada capítulo son un tesoro para informarse de la bibliografía más importante hasta el momento) y por su método. Las notas no son un mero elenco bibliográfico, sino que hay una crítica razonada para cada libro o artículo que se menciona, y si en algo discrepa, ofrece Meier propuestas alternativas. Con otras palabras: no son meros resúmenes en general, o citas vacías, sino propuestas de interpretación.
 
 
Mi segundo punto de admiración es la independencia, en algunos casos relativa ciertamente, respecto a su presunta ideología. Meier es no solo un investigador confesional, sino que pertenece a una orden religiosa, los jesuitas. Según algunos, la pertenencia a una orden podría atarlo mentalmente aún más. Pero no es  así, y demuestra gran libertad de criterio. Por ejemplo, cuando trata del candente tema de  los hermanos de Jesús (Mc 6,3: “¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joseto, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?». Y se escandalizaban a causa de él”), que –si son naturales– tal afirmación atenta contra el dogma de la virginidad perpetua de María Pero Meier no se arredra y afirma: “La opinión más probable es que los hermanos y hermanas de Jesús lo eran verdaderamente” (I 340).
 
 
Mi tercer punto de alabanza es la honestidad con la que intenta aplicar los criterios de historicidad, cuyo manejo constituye la espina dorsal de su obra. Es cierto que estos criterios han sido puestos en solfa repetidas veces en los últimos tiempos. Pero Meier sigue defendiéndolos (y yo estoy de acuerdo con ello) porque son casi indispensables. La razón: no hay otros repuestos que sean mejores que los criterios básicos de “dificultad”, “atestiguación múltiple” y “coherencia”, salvo el criterio de los “patrones de recurrencia” que –como he comentado muchas veces– es excelente sobre todo para el caso de “Jesús como sedicioso contra el Imperio Romano”. Y aquí matizo mi alabanza: hasta aquí –la muerte de Jesús como consecuencia de la sedición–  no ha llegado aún la obra de Meier; pero supongo que tendrá en cuenta tal criterio del patrón de recurrencia” (unos 26 textos con “ruido de sables” en los Evangelios), aunque los indicios dados por Meier no son esperanzadores, ya que en varias partes de su obra intenta presentar a Jesús como carente de toda intención política: III 624).
 
 
Alabo además la rigidez, sin escapadas ni concesiones, con la que Meier utiliza los criterios. Es digno de encomio. Absolutamente fiel a su método y a su aplicación con rigor. El caso más duro es el último volumen sobre las parábolas (volumen V; la versión española es de Verbo Divino, de 2017), donde –para gran escándalo de algunos que, creo, no han leído bien lo que dice Meier– parece no dejar “títere con cabeza”. Según Meier, solo se puede probar que pertenezcan con toda seguridad a Jesús cuatro parábolas: 1. “El grano de mostaza (Mc 4,30-32 y paralelos); 2. Los viñadores homicidas (Mc 12,1-11 y paralelos); 3. La gran cena o banquete (Mt 22,2-14 con un solo paralelo en Lc 14,16-24); 4. Los talentos /Las minas (Mt 25,14-30 / Lc 19,11-27).
 
 
He oído a algunos decir que “Meier niega que Jesús hubiese pronunciado otras parábolas (por ejemplo, la maravillosa sobre el Hijo Pródico de Lc 15)”. Pero este juicio es injustísimo. Meier no dice eso, sino que él solo puede probar con seguridad que sean históricas cuatro parábolas, pero no niega nunca que Jesús hubiese pronunciado otras…, solo que él no tiene instrumentos para probarlo. Ni más ni menos. Es una gran valentía.
 
 
Ciertamente, después de estas alabanzas puedo poner algunos “peros” a Meier en los que creo que se le “ha ido un tanto la mano”. Así, por ejemplo, no creo que sea adecuado su tratamiento de las diferencias entre Jesús y Juan Bautista. En mi opinión exagera las diferencias,  de modo que presenta Jesús como un personaje único (a pesar de que admite que Jesús fue discípulo del Bautista II/1 230; véase II/1 30). Otro caso: de ningún modo estoy de acuerdo con Meier cuando concluye su tratamiento del reino de Dios según Jesús con una afirmación de que “el reino de Dios está ya presente” (algo no solo no probado, sino muy improbable en el conjunto de la doctrina de Jesús): II/1 534ss. Otro caso en el que yo tengo la sensación de que Meier se deja llevar por el entusiasmo…, a saber, cuando habla de la singularidad de Jesús en cuestiones morales. Meier lo califica como maestro excepcional de moral en la misma página citada antes II/1 30.  Ahora bien, Charles Guignebert, en su obra Jésus, de 1930, París,  por ejemplo,  señalaba ya que no hay ni sola idea de la moral de Jesús que no sea judía, puramente judía.
 
 
De cualquier modo, alabo a Meier y su esfuerzo. Su obra es imponente y merece el mayor de los respetos y su lectura atenta.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
 
Añado un enlace a una conferencia mía que pronuncié en el Museo Etnográfico de Zamora, por invitación  de la Concejal de Cultura, Mª Eugenia Cabezas y que se ha subido a Internet:
 
https://www.youtube.com/watch?v=oNgmdC5uacA
 
Jueves, 2 de Abril 2020

Notas

10votos

Los bosques sagrados fueron un fenómeno religioso a lo largo de toda la historia de Grecia. El cristianismo los conoció sin duda, como puede rastrearse en el escritor Pausanias.
Hoy escribe: Eugenio Gómez Segura


Bosque sagrado de Epidauro. Tomado de https://www.greeka.com/photos/peloponnese/epidaurus/history/hero/epidaurus-history-1280.jpg
Bosque sagrado de Epidauro. Tomado de https://www.greeka.com/photos/peloponnese/epidaurus/history/hero/epidaurus-history-1280.jpg
Bosques sagrados  (31-03-2020 / 009)
 
 
Hoy escribe Eugenio Gómez Segura
 
 
Los bosques sagrados fueron un fenómeno religioso a lo largo de toda la historia de Grecia. El cristianismo los conoció sin duda, como puede rastrearse en el escritor Pausanias.
 
 
Los textos que propuse en la postal anterior para estudiar el origen de algunos santuarios extramuros eran premeditadamente arcaicos. Mediante su lectura se puede apreciar la antigüedad de la idea, pero esa mínima colección no debe llevar a pensar que era un fenómeno del pasado para los griegos. Por eso, en esta ocasión, voy a mencionar algunos bosques sagrados que el antiguo viajero Pausanias incluyó en la célebre guía de Grecia que escribió durante el siglo II de nuestra era. Con el fin de no insistir en los lugares más famosos de la cultura helena, una y otra vez citados y por eso demasiado absorbentes, citaré lugares insólitos.
 
 
En la acrópolis de la ciudad de Fliunte, cercana a Corinto, Pausanias (II 13, 3-4) describe un santuario de Hebe, llamada allí Ganimeda, con un bosque sagrado. El lugar representa muy bien el derecho de asilo que ofrecían muchísimos santuarios griegos. En efecto, los suplicantes iban a este recinto y, una vez liberados, colgaban sus grilletes de los árboles sagrados. Es interesante también que allí se celebrara una fiesta dedicada a los cortadores de hiedra, los Cisotomos.
 
 
Ese derecho de asilo no era, con todo, tan respetado. De un bosque sagrado de Cleonas, también en las cercanías de Corinto, Pausanias cuenta (II, 15, 2) que fue quemado con algunos soldados dentro por los lacedemonios durante una guerra contra esa ciudad.
 
 
Al hablar de Epidauro (II 27, 1) el escritor menciona el bosque sagrado, cosa que, como en el caso de Olimpia, puede verse todavía hoy por la naturaleza boscosa del paraje. Destaca en la descripción que el lugar estaba rodeado por mojones que avisaban de la entrada en un recinto divino, recinto que, quizá por estar dedicado a la curación, estaba vedado al nacimiento y la muerte (recuérdese el alto índice de mortandad en los partos).
 
 
Abunda en esta noticia otra que Pausanias aporta al hablar de Cafias, población más o menos en el centro de Arcadia ((VII 23, 6-7). Allí había un bosque sagrado dedicado a Ártemis. La leyenda cuenta que unos niños, jugando, anudaron una cuerda alrededor del cuello de la estatua de la diosa, y que la llamaron “ahorcada”, Apancómene en griego. Los habitantes de Cafias lo descubrieron y, por considerarlo un sacrilegio, lapidaron a los niños. Ártemis, protectora de la infancia, maldijo a las mujeres de la ciudad, que comenzaron a dar a luz niños muertos. En Delfos la Pitia comunicó a los de Cafias que debían venerar a los niños lapidados como héroes para superar la maldición. En época de Pausanias todavía se mantenía esta veneración.
 
 
Quizá por ser una diosa de los límites, quizá por estar asociada al parto, a la caza (actividad mortal), quizá por su confusión con Hécate, diosa de la muerte, en el bosque sagrado del santuario de Ártemis Sarónica, en la isla de Egina, estuvo enterrado Sarón, que dio nombre al golfo.
 
 
Muchos bosques sagrados estaban asociados, lógicamente por otra parte, con fuentes.
 
 
Al describir los alrededores de la ciudad de Patras, en el Peloponeso. Pausanias contaba (VII 21, 11-12) que cerca de la ciudad, junto al mar, un bosque sagrado permitía un paseo muy agradable en verano. Junto a él, un santuario de Deméter y Perséfone albergaba una fuente sagrada que, con el ritual que Pausanias relata, permitía saber si los enfermos curarían o no de sus enfermedades.
 
 
Esta asociación de bosque sagrado, fuentes y Deméter también se dio en el territorio de Pelene, ciudad de Acaya pero en la frontera con Corinto. Su santuario de Deméter Misia albergaba, dentro del bosque, árboles de todas clases y fuentes. Allí se celebraba la fiesta femenina por antonomasia, las Tesmoforias, en este caso concreto una sola noche. Los hombres, incluso los perros macho, al tercer día de fiesta debían abandonar el recinto sagrado, al que sólo podían volver al día siguiente.
 
 
 
Saludos cordiales
 
Eugenio Gómez Segura
Lunes, 30 de Marzo 2020
Libros recomendados por J. Dunn para estudiantes del Nuevo Testamento (26.03.2020 – 1116)
Escribe Antonio Piñero
 
 
Foto: Annette Merz
 
 
El libro que estoy comentando con calma, el de James D. G. Dunn, “Jesús recordado”, publicado por Verbo Divino, tiene 176 páginas de método / metodología para abordar la cuestión del Jesús histórico. Es bastante; y luego añade, en el capítulo 8, “Sobre la tradición” acerca de Jesús, otras muchas disquisiciones sobre la transmisión –y la fidelidad de este– de las palabras y dichos de Jesús. Tendremos que comentarlas, aunque sea brevemente, porque las pretensiones de fiabilidad según nuestro investigador son muy elevadas respecto a la tradición acerca de Jesús. El recuerdo es muy exacto. Yo no lo creo; opino que hay que ser un poco más escéptico. Pero hay que razonarlo. Y eso es lo que haremos, o pretenderemos hacer, en otros comentarios siguientes.
 
 
Me detengo ahora en la impostación de este capítulo 8, que lleva un apartado que me parece totalmente erróneo: “8.1. Jesús, el fundador del cristianismo”. No es lapso ninguno. En su libro Comenzando desde Jerusalén. Vols. I y II, Verbo Divino, Estella, 2012, I 603-606) responde Dunn de nuevo a la cuestión del fundador del cristianismo, sosteniendo que Pablo es el “segundo fundador”.
 
 
Estas afirmaciones me ponen en estado de alarma. Escribí en mi libro sobre Pablo (Trotta 22018), p. 378 escribí sobre el fundador del cristianismo:
 
 
“Ni fue Jesús el primero, ni Pablo, el segundo, por la sencilla razón de que para fundar algo hay que pretenderlo conscientemente, y hoy día es ya consenso común que ni uno ni otro tuvieron consciencia de proponer algo nuevo dentro del judaísmo. Por tanto, Dunn y otros hacen una afirmación apresurada. Una cosa es ser ‘fundador’ y otra bien distinta es poner ciertos fundamentos involuntarios para que otros, discípulos y sucesores, que tienen ya consciencia de estar estableciendo algo nuevo, construyan sobre ellos. Este fenómeno se dio conscientemente, a mi parecer, solo cuando los discípulos de Pablo entraron en la fase de aceptar un corpus de escritos propios, con el Apóstol como segunda estrella, corpus al que elevaron a la categoría de sagrado con el mismo o superior valor que los textos que hasta el momento habían sido su ‘Escritura’, la Biblia hebrea”.
 
 
Y otra cosa que debemos examinar si Dunn recomienda con toda a razón, o debemos poner algún reparo a la obra de Theissen-Merz sobre  es su afirmación “Con todo, si se me preguntara por un estudio sobre Jesús en un solo volumen para uso de estudiantes, yo recomendaría el libro de Theissen-Merz” (p. 119). ¿Cómo se puede recomendar un libro que a criterio de Dunn “No hace ningún hincapié en la condición judía de Jesús”? Siento decirlo, pero creo que son dos afirmaciones que no encajan bien, ya que el marco en el que hay que definir a Jesús (y hoy están teóricamente y de palabra todos los investigadores de acuerdo) es la “absoluta y profunda judeidad de Jesús”.
 
 
Y a este propósito y al definir Theissen-Merz el criterio de plausibilidad histórica contextual como una de las normas para evaluar si un dicho de Jesús, o un hecho, son genuinos escriben que
 
 
Las tradiciones jesuánicas poseen plausibilidad histórica contextual si encajan en el contexto judío de Jesús y se pueden identificar como fenómenos individuales dentro de ese contexto. La correspondencia contextual y la individualidad contextual son, pues, criterios complementarios de la plausibilidad contextual histórica. Mientras que el criterio de desemejanza / discontinuidad, según Theissen-Merz, exige que las tradiciones jesuánicas no se puedan derivar del judaísmo —cosa que nunca se puede demostrar rigurosamente—, el criterio de plausibilidad contextual histórica requiere tan sólo la prueba de unas relaciones positivas entre la tradición jesuánica y el contexto judío, es decir, entre Jesús y el paisaje, los grupos, las tradiciones y mentalidades del judaísmo de la época.
 
 
Dicho de otro modo y con palabras de los autores:
 
 
“Jesús sólo pudo haber dicho y hecho lo que un judío carismático del siglo I hubiera podido decir y hacer. Jesús pudo, obviamente, entrar en conflicto con su entorno. El judaísmo está lleno de ejemplos de crítica acerba por parte de personajes carismáticos, y de polémicas entre grupos; pero esta crítica ha de ser contextualmente viable. La individualidad de Jesús puede manifestarse sobre el fondo de la inserción positiva en el entorno. Individualidad no significa inderivabilidad, sino diferenciabilidad en un contexto común. Jesús no cobra aquí su perfil frente al judaísmo, sino dentro de él. Su individualidad no es una inderivabilidad independiente del contexto, sino una peculiaridad ligada a él”.
 
 
 
Pero también Theissen está más o menos de acuerdo con Dunn en que Jesús fue el fundador del cristianismo…  Pero repito mi pregunta: ¿Cómo se puede afirmar que una persona fue el fundador de algo cuando esa persona no muestra por ningún lado el menor deseo de fundar nada nuevo? En una palabra, no veo consecuencia y racionabilidad ninguna en los juicios de Dunn cuando se contrastan entre sí. “Profundo judaísmo” y “fundación de una religión nueva” son incompatibles.
 
 
 
De J. P. Meier hablaremos en otro momento.
 
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
 
Jueves, 26 de Marzo 2020

Notas

Muchos de los santuarios situados en las afueras de los cascos urbanos tuvieron un origen más bien humilde. Este origen puede rastrearse con la literatura y con la arqueología, y a esto dedicaré este post.
Hoy escribe: Eugenio Gómez Segura.


Ostracon de Florencia con el poema 2 de Safo. Tomado de https://en.wikipedia.org/wiki/Sappho_2
Ostracon de Florencia con el poema 2 de Safo. Tomado de https://en.wikipedia.org/wiki/Sappho_2
El mundo de la cultura clásica goza de ciertos privilegios si lo comparamos con otras ramas de la Historia Antigua. Ninguna de las restantes puede ofrecer el volumen de textos literarios, administrativos, religiosos, que, en conjunto, nos dan Grecia y Roma. Tampoco es fácil poder encontrar un número tan elevado y tan moderno científicamente de estudios arqueológicos. Cuando ambas ramas de este saber se conjuntan, los resultados asombran.

En lo que se refiere al aspecto religioso de Grecia, la situación es extraordinaria. Al reseñar, por ejemplo, el estudio de los santuarios situados fuera del casco urbano de las distintas poblaciones que compusieron la Grecia de los Siglos Oscuros, el Arcaísmo y el periodo clásico, la combinación de literatura y arqueología es muy productiva. He aquí un ejemplo.

El santuario de Zeus en Olimpia, cuyos orígenes parecen estar en la época submicénica, hubo de ser por fuerza una zona natural que llamara la atención. Esto no quiere decir que fuera espectacular, sino que algo invitaba a reunirse allí para celebrar algunos ritos. Pudo ser una anécdota humana, un elemento natural, la combinación de ambas cosas. El caso es que Olimpia surgió entre una colina puntiaguda y al parecer siempre boscosa, llamada por las fuentes Cronión, y la confluencia de los ríos Alfeo y Cladeo, una explanada. Quien visite hoy en día el yacimiento podrá comprobar la feracidad de la naturaleza, pues por cualquier lado aparecen árboles más o menos jóvenes entre las ruinas de los edificios. Estos bosques sagrados se denominaban en griego alsos.

En realidad, el santuario de Zeus en Olimpia fue conocido como Altis. Pausanias (autor del s. II de nuestra era) refiere en su libro sobre Grecia (V, 10, 1): “El bosque sagrado (alsos) de Zeus, por un cambio (de letras), lo llaman desde antiguo Altis”.
La zona era lógicamente muy húmeda y además albergaba un recinto sagrado del héroe Pélope, el Pelopio. Al parecer en el Altis no podía haber ningún enterramiento, a tenor de la noticia que cuenta Pausanias sobre un cadáver que apareció en un templo del Altis y que fue trasladado fuera (Paus V, 20, 5).  Parece confirmarlo la costumbre de que la carne del carnero negro (color de dioses infernales) sacrificado al héroe, una vez ingerida, imposibilitaba entrar en el recinto de Zeus (Paus V 13, 2-3).

Este bosquecillo, consagrado a los dioses del cielo, de lo que está por encima de la superficie terrestre, hubo de tener un principio tan humilde como el pequeño santuario que se describe en un poema del s. VI atribuido al gran Hesíodo, Escudo, versos 58, 70 y 99, que pintan el escenario en que Heracles se enfrentó a Cicno, un hijo del dios Ares:

58: pues lo encontró en el recinto sagrado de Apolo el que hiere de lejos…
70: todo el bosque sagrado y el altar de Apolo Pagasio…
99: (Ares) que ahora, a pleno grito, enloquece en el bosque sagrado de Apolo Febo…

Esta sencillez, un simple bosque que en un claro tendría un altar, dio paso a construcciones más complejas. Safo, por ejemplo, en su poema número 2, una invocación a Afrodita, relacionada míticamente con Creta, dice de un bosque sagrado que tiene altares y un templete:

Ven desde Creta a este templo
santo, donde tienes un encantador bosque sagrado
de manzanos y altares perfumados
con incienso.
Aquí el agua fresca murmura a través de las ramas
De los manzanos, y todo el lugar de rosales
Está sombreado, y de las hojas que tiemblan
Desciende el profundo sueño…

No es de extrañar esta evolución: según se embellecían los santuarios el simple claro del bosque se completó con un templo que, lógicamente, fue aumentando de tamaño y desplazando del centro de atención la propia naturaleza y el primitivo altar. Con todo, la cultura griega no olvidó los orígenes naturales de sus santuarios extramuros. En Nemea, por ejemplo, se preparó un bosque sagrado artificial plantando cipreses; en Olimpia el Altis nunca dejó de tener en el Pelopio un pequeño bosque; e incluso en las ciudades el culto al árbol continuó vigente asociado al templo: el templo de Hefesto de Atenas estuvo rodeado de un jardín de arbustos que las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz.
 
Domingo, 22 de Marzo 2020
La investigación avanza sin parar. El criterio de dificultad y otros  (20-3-2020. 1115)
Foto: Joachim Gnilka
 
 
Escribe Antonio Piñero
 
 
Confieso que me fastidia bastante lo del esquema de las “tres búsquedas” del Jesús histórico, ya que –como he indicado repetidas veces– da la impresión como si los únicos que contaran en el mundo de la investigación fueran los de lengua inglesa y alemana.  Y me fastidia también que llegados a este punto en mi comentario a los criterios para investigar la autenticidad / historicidad de dichos y hechos de Jesús, siga J. Dunn mareando la perdiz –en el punto al que hemos llegado en nuestro comentario (pp. 115-116 de “Jesús recordado”)– dándole vueltas al criterio de “desemejanza”. Insisto en que este criterio no vale, porque produce un Jesús rarísimo que no puede en casi nada parecerse a su matriz judía, ni tampoco a lo que luego será su herencia cristiana a través de Pablo.
 
 
Quizás, a pesar de mi molestia, sea necesaria la repetición de Dunn a este propósito. En las páginas que siguen vuelve a hacer un repaso nuestro investigador a los criterios de historicidad (coherencia / múltiple atestiguación / presencia de rasgos arameos en los dichos de Jesús / verosimilitud histórica / dificultad) y afirma que la investigación en general se muestra muy insatisfecha con su uso y sus resultados.
 
 
Y afirma: el criterio de “desemejanza” produce un “Jesús vacío”. Además no sabemos lo suficiente –arguye– sobre el judaísmo de la época como para saber que algo de Jesús es “totalmente desemejante” a ese judaísmo. El de “coherencia” tampoco le satisface porque solo vale “para reforzar un núcleo desequilibrado y poner entre paréntesis incoherencias típicas de la vida real” (¿Qué significa esto? Yo no acabo de entenderlo). El de “testimonio múltiple” podría ser de poca ayuda ya que –por poner un ejemplo– las variaciones entre Marcos y la Fuente Q pueden remontarse a una base postpascual (por tanto “infectada” por la teología de la Iglesia primitiva, por lo que no representaría el genuino pensamiento de Jesús). Y el criterio de la “presencia de arameísmos” tampoco vale: podrían provenir de una iglesia de lengua aramea, como la materna de Jesús. Y por último pone Dunn una dificultad sustancial al criterio de “dificultad”: ¿Cómo sabemos que dichos o hechos embarazosos para la Iglesia posterior –por ejemplo el bautismo de Jesús: ¿era esta un pecador o un comediante que fue a bautizarse sin tener pecado alguno?– son más susceptibles de captar la esencia de la predicación de Jesús que los hechos o dichos “desemejantes” o “semejantes”?
 
 
Y llegados aquí me pregunto si es que alguien –entre los investigadores renombrados– ha llegado a inventar algún otro criterio satisfactorio después de tantísima crítica. Así que estamos en un callejón sin salida, aparentemente. Dunn no menciona (todavía no se “había inventado”) el criterio de los “patrones de recurrencia”. ¿Qué son los “patrones recurrentes”?  He escrito sobre ellos desde diciembre de 2016 en este medio. Pero como nos habremos olvidado, lo repito: Son temas o motivos repetidos que aparecen una y otra vez en los evangelios, a menudo esparcidos acá y allá, que reunidos forman un mosaico que representa un aspecto consistente de las acciones o dichos de Jesús. Esta  convergencia de “pistas” es interesante –una vez que se prueba su consistencia– porque permite formarse una idea de un aspecto de la vida de Jesús probablemente auténtico, ya que la repetición de un tema determinado en múltiples lugares de la tradición permite concluir que nace de una fuente segura y constante de esa tradición, y que no es un puro invento.
 
 
Se trata, pues de textos de los evangelios que apuntan hacia una misma dirección, pasajes o sentencias que tomados todos juntos producen una visión de conjunto o transmiten una impresión sólida de una actitud, un hecho o de una manera de ser de Jesús.  Ya el Dr. Bermejo puso el ejemplo siguiente: Si se leen bien los evangelios, hay suficientes pasajes o alusiones breves que apuntan a la idea de que Jesús tuvo una elevada conciencia de sí mismo y de su misión. No siempre es posible tener garantías de autenticidad sobre cada texto en particular, pero la presencia recurrente de una misma idea en las fuentes permite alcanzar una cierta seguridad al investigador. Y otro ejemplo: hay suficiente “ruido de sables”, esparcidos aquí y allá en los evangelios como para pensar que Jesús tuvo que ver algo al menos con la oposición judía al Imperio romano.
 
 
Para ánimo del lector, J. Dunn da fe, en la p. 118 de dos investigadores alemanes que no hicieron apenas caso de tanta crítica a los criterios de historicidad y escribieron sobre Jesús  dedicando muy pocas páginas a cuestiones de método, sino que siguieron actuando de acuerdo con los medios ya consagrados “histórico-críticos”. Fueron Joachim Gnilka, católico, y Jürgen Becker, protestante, si no me equivoco. ¡Un poco de aire!, independientemente si uno está de acuerdo con ellos, o no.
 
 
Seguiremos.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
Viernes, 20 de Marzo 2020
Un par de enlaces sobre programas de radio y el seminario “Investigaciones sobre Jesús de Nazaret” (18-3-2020. 1114)

 Queridos amigos:
 
 
Aquí envío un par de enlaces, por si os interesa.
 
 
El primero es un programa de radio sobre los milagros de Jesús. Entrevista con Pedro Riba. Programa "Luces en la oscuridad"  de Radio4G.
 
 
https://lucesenlaoscuridad.es/entradas_grabacion/taumaturgia-los-milagros-en-el-mundo-antiguo-pagano-judio-y-cristiano-antonio-pinero-catedratico-de-filologia-griega-de-la-universidad-complutense-de-madrid-especializado-en-lengua-y-literatura/#contenido
 
 
https://www.ivoox.com/taumaturgia-milagros-mundo-antiguo-pagano-audios-mp3_rf_48893740_1.html
 
 
 
El segundo es el enlace a mi Seminario “Investigaciones sobre Jesús de Nazaret”, que tengo con mis amigos en La Ramallosa/Nigrán (Pontevedra) los dos primero lunes de cada mes.
 
Este seminario empezó hace tres años pero solo se han grabado las últimas 25 clases, más o menos.  Para muchos será este enlace desconocido porque apenas lo he anunciado hasta ahora.
 
He aquí el enlace:
 
 
https://www.youtube.com/playlist?list=UURlbwOFGEkh4aaxUGkQrx3g
 
 
La primera del 24 de septiembre de 2017 tiene ya unas 25.000 visualizaciones.
 
 
A ver qué os parece.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
Miércoles, 18 de Marzo 2020
Otras respuestas a la demoledora “Historia de las formas” (12-3-2020. 1113)
 
Foto Joachim Jeremias
 
 
Escribe Antonio Piñero
 
 
Sigue James Dunn enumerando algunas respuestas a la “Crítica/Historia de las formas”, y le parece que la más brillante entre las primeras no fue la de ninguno de los discípulos de Bultmann, como Ernst Käsemann del que ya hemos escrito, sino de un investigador de fuera de la escuela: Joachim Jeremias. Era este un teólogo luterano, nacido en Dresde en 1900 y muerto en 1979, que estuvo bastantes años en Jerusalén en donde se formó no solo en hebreo y arameo, sino también en otras lenguas orientales. Fue sin duda, un adepto de la “historia de las formas”, pero dio un nuevo impulso al estudio del Jesús histórico abordando la consideración del contexto arameo de las palabras de Jesús, siguiendo los pasos de su maestro Gustaf Dalman.
 
 
Es cierto que la retroversión al arameo de las palabras de Jesús transmitidas en griego es insegura (casi diría que no hay dos retroversiones iguales de cualquier sentencia un tanto larga de Jesús, puestos que los estudiosos difieren en cómo era exactamente el arameo galilaico del siglo I). Sin embargo, J. Jeremias no se arredró y empleó el sistema en la reconstrucción de las sentencias de Jesús centrándose especialmente en las parábolas. Publicó un libro con este título, Die Gleichnisse Jesu: “Las Parábolas de Jesús”) en 1947, que se ha traducido a todas las lenguas cultas occidentales.
 
 
Si Bultmann y Käsemann habían empleado el “criterio de desemejanza” para obtener algún dicho de la que se pudiera decir que era absolutamente genuino de Jesús (“La forma más primitiva de un dicho de Jesús puede considerarse tal y genuina si su contenido presenta desemejanzas respecto a concepciones claramente expresadas por el judaísmo de su época o el cristianismo posterior), Jeremias hizo hincapié en que este criterio era muy restrictivo, ya que –aunque en teoría no afirmaba que SOLO eran genuinas las palabras de Jesús que cumplieran con ese criterio– en la práctica era así, con lo que la doctrina de Jesús que se presentaba al lector quedaba mermada, mutilada en verdad, ya que muchas de las ideas genuinas del Nazoreo eran nociones judías de su época, comunes a todos lo piadosos, y muchas de ella pasaron sin duda al “cristianismo posterior”, ya que esta al fin y al cabo era una secta judía en sus comienzos.
 
Jeremias avanzó destacando que el estudio del contexto arameo de las palabras de Jesús podría contribuir muchísimo a tener seguridad respecto a su autenticidad y en concreto de las parábolas, independientemente de que su mentalidad en conjunto fuera bastante reaccionaria, como lo demostró atacando injustamente la obra de H. S, Reimarus, tachándolo de odiador teológico, lo cual es evidentemente falso.
 
 
Esto es cierto (aunque hoy en el elenco de los diez criterios de autenticidad, el criterio del “estilo, sabor arameo, retroversión” ha sido devaluado al cuarto o quinto lugar y se le concede el título de “confirmador” más que de “atestiguador” no puede rechazarse como una ayuda buena.
 
 
En el entretanto, y también tarde,  Norman Perrin (en su obra “Rediscovering the Teaching of Jesus”, SCM, Londres 1967; un libro que influyó mucho en mí, y del que no sé si se ha traducido al español) había introducido otros criterios que duran hasta hoy, a pesar de las críticas. Estos era el de “Coherencia” (“Todo lo que sea coherente con lo descubierto sobre Jesús con ayuda de múltiples criterios –por lo menos dos– debe ser considerado genuino”) y el de “Atestiguación múltiple” (“Para que algo sobre Jesús pueda ser declarado auténtico ha de estar atestiguado por lo menos por dos fuentes diferentes, que no dependen una de la otra”).
 
 
Perrin abordó también el estudio del criterio de Desemejanza  y juzgó que era estrechísimo, pues presentaba solo de Jesús aquello que fuera raro o único, y lo cambió por el de “Dificultad” (aunque Perrin todavía no lo llamó así, sino más bien J. P. Meier). Reza así: “Es genuino un dicho o hecho de Jesús si choca con, va en contra de, es difícil de aceptar por lo que la creencia cristiana o judía posterior consideraba como normal”.
 
 
Así que en Alemania, y ciertamente en España (en donde dos libros de Jeremias tuvieron bastante éxito, además del mencionado “Las Parábolas”, el de “Jesús en tiempos de Jesús”; reimpresión de 2017 en Ediciones Cristiandad) mucha gente interesada en el tema quedó un tanto aliviada de la sensación de impotencia que aplastaba a menudo a los que estudiaban  deseando saber algo seguro sobre Jesús.
 
 
En lo que sigue James G. D. Dunn (en el mencionado libro ”Jesús recordado” de Verbo Divino) hace un catálogo de la discusión de los “criterios de autenticidad” sobre hechos y dichos de Jesús, catálogo que es difícil de resumir o parafrasear; ya veremos si tenemos que casi transcribirlo entero.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
 
Jueves, 12 de Marzo 2020
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Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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