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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero

Hoy escribe Antonio Piñero

La disputa teológica acerca de la impureza ritual casi congénita de los gentiles, incluso los convertidos a la fe en el mesías Jesús tuvo una gran importancia en la iglesia primitiva, cuyos miembros eran muy escasos y que estaban ya divididos en algunas cuestiones sustanciales como éstas. Santiago, el hermano del Señor, y desde luego la facción farisaica del judeocristianismo jerusalemita, estaba en contra. Los cristianos paulinos a favor..., y Pedro (probablemente en cierto desacuerdo con Santiago, por lo cual “había emigrado” a Antioquía) estaba al principio de acuerdo con Pablo. y posteriormente, al parecer se pasó al bando de los más intransigentes. El episodio de Antioquía entre Pedro y Pablo, muy conocido, es el testimonio principal de estas diferencias teológicas:

b[Pero, cuando llegó Cefas a Antioquía, me enfrenté con él cara a cara, porque era digno de reprensión. 12 Pues antes de que llegaran algunos de los de Santiago, comía con los gentiles; pero cuando llegaron, se apartaba y retiraba por temor a los de la circuncisión. 13 Y lo imitaron en su hipocresía [también] los demás judíos, de modo que también Bernabé se vio arrastrado por la hipocresía de aquellos. 14 Pero cuando vi que no caminaban con rectitud respecto a la verdad del evangelio, dije a Cefas delante de todos: «Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¿cómo obligas a los gentiles a judaizar?» (Gál 2,11-14).
]b
Hubo, pues, una fuerte discusión entre Pedro y Pablo. El primero acostumbraba a comer con los gentiles conversos antes de que llegaran algunos del “partido” de Santiago, pero en cuanto llegaron estos, dejó de comer con ellos, influido al parecer por los recién llegados.

Esta es la interpretación usual del episodio, que ahora es muy discutida: ¿Son “los de Santiago” los mismos a los que en el v. 12 Pablo llama "los de la circuncisión", o son otros? ¿Hay que ver en la frase "antes de que llegaran algunos de los de Santiago" un mero marcador temporal, es decir, ocurrieron las dos cosas –llegaron los de Santiago; Pedro deja de comer con gentiles-- una detrás de otra, pero sin relación causa–efecto? Al responder que son dos grupos distintos y que “la llegada de los de Santiago” representa solo un mero marcador temporal, y que no hay relación causa-efecto entre ella y el apartamiento de Pedro, cosa conocida tanto por Pablo como por sus lectores, se muda la interpretación habitual de este pasaje: los de Santiago (moderados) no intentaron influir en Pedro, sino otros, que eran judaizantes . Contrastemos más detenidamente estas dos exégesis encontradas que, por otra parte, dan una idea al lector del estado actual de agitada controversia en la investigación.

A. Interpretación usual: “Los de Santiago” y “los de la circuncisión” son los mismos, y su aparición no es un simple marcador temporal. La aparición de “los de Santiago” en Antioquía fue por un doble motivo: a) Para llevar la carta de Jerusalén y b) Precisamente para que cesara la costumbre de comer juntos gentiles conversos y judeocristianos. Su presencia y exigencias puristas causaron la retirada de Pedro de la comensalidad común.

Esta interpretación supone que a pesar del pacto anterior en el “concilio de Jerusalén”, los de Santiago habían hecho luego causa común con los más intransigentes de la comunidad (“falsos hermanos”: Gál 2,4), quienes supondrían que Pedro, al comer con gentiles conversos, no estaba teniendo en cuenta la interpretación de la ley mosaica relativamente común entre judíos y prosélitos en Israel en esta época del Segundo Templo, a saber que los paganos, incluso los convertidos a la fe en el Mesías, seguían siendo impuros, pues no se habían circuncidado ni cumplían las normas de pureza de los alimentos. Así según Hch 10,28-29, donde habla el mismo Pedro:

Y les dijo: “Vosotros sabéis que a un judío no le está permitido unirse o acercarse a un extranjero; pero Dios me ha manifestado que no debo llamar profano o impuro a ningún hombre. 29 Por eso, cuando me han llamado, he venido sin reparo alguno. Os pregunto, pues: “¿Por qué razón me habéis hecho llamar?”.

B. La interpretación alternativa moderna quiebra diecinueve siglos de consenso: cuando aparecieron en escena ciertos judeocristianos de Jerusalén enviados por Santiago, es cierto que Pedro dejó de sentarse a la mesa con los paganos creyentes; pero si se lee bien el texto, se observa que, aunque “estos de Santiago” fueran los portadores de la carta con las normas noáquicas, en ella carta nada se decía --a juzgar por el texto de ella recogido en Hechos 15-- sobre la necesidad de circuncidar a los gentiles y de imponerles los preceptos de la Torá respecto a la pureza ritual; se les instaba únicamente a abstenerse de la idolatría, de la fornicación, de la ingestión de sangre, etc. Por tanto "los de Santiago" y "los de la circuncisión" son dos grupos distintos que coincidieron simultáneamente en Antioquía.

En este caso, la frase cuando llegaron los de Santiago sería un mero marcador temporal, no supondría complicidad alguna entre los de Santiago y los de la circuncisión, intransigentes judaizantes, e indicaría que los primeros no estaban en contra de la norma de Pablo de no obligar a los gentiles conversos a cumplir la ley completa judía que incluía circuncisión y pureza. “Los de la circuncisión” (v. 12) llegaron inmediatamente después, detrás de los de Santiago, y serían los “falsos hermanos” que aparecieron también por Galacia, probablemente fariseos judeocristianos intransigentes. Estaban horrorizados con la innovación de Pablo y su interpretación laxa de la Ley respecto a los paganos conversos. No admitían la decisión del concilio de Jerusalén. Tampoco estaban de acuerdo con la carta; no se contentaban con que los gentiles conversos cumplieran las “leyes de Noé” y eran los que exigían la observancia de la Ley completa a los gentiles.

Por tanto –según esta interpretación-- la oposición Pablo-iglesia de Jerusalén no era tan terrible; sí lo era la pugna entre “falsos hermanos” y Pablo respecto a la observancia de la Ley por parte de los gentiles conversos. Igualmente –y esto es importante-- se deduce que gran parte de la iglesia de Jerusalén podría estar de acuerdo con la postura de otros judíos no creyentes en Jesús Mesías, que relativizaban el valor salvífico de la Ley. La consecuencia es que Pablo, con su notable innovación de que los gentiles no cumplieran la ley de Moisés completa, no se apartaba tanto del judaísmo como se había pensado hasta ahora.

Opino que ambas interpretaciones son razonables. Desde luego fue muy probablemente en ese momento de Antioquía, y no en el concilio de Jerusalén, cuando se presentó la carta previamente redactada por los de Santiago. Pero la segunda exégesis parece más rebuscada y artificial y pretende dejar en claro que la judeidad de Pablo no quedaba en entredicho a pesar de sus innovaciones respecto al incumplimiento de la ley de Moisés completa por los gentiles conversos. Parece, por el contrario, más verosímil que Santiago y los suyos –probablemente Pedro incluido-- se dejaran arrastrar poco después del Concilio (recordemos que parte de la negociación había sido secreta como se deduce de Gál 2,6-9) por la facción rigorista –fariseos y sacerdotes que formaba parte del grupo o comunidad judeocristiana de Jerusalén-- y de facto formaran un grupo único a los ojos de un Pablo que ya se había marchado de la capital con otra impresión. Ciertamente, la carta no exigía más que el cumplimiento de la “Leyes de Noé” para los gentiles conversos, pero, de palabra, los enviados rigoristas pidieron la eliminación de la comensalidad judía-gentil converso. Y Pedro accedió. Así pues, es más que plausible que la intelección de la frase sea la que exige el ritmo de la sintaxis del texto en 2,12, y que el sintagma “cuando llegaron los de Santiago” no fuera un simple marcador temporal, sino que los dos grupos fueran de facto casi idénticos.
Lo único cierto es que Pedro cambió de actitud al llegar los de Santiago a Antioquía, aceptando que los paganos conversos a Jesús seguían siendo impuros, tanto por ser incircuncisos como, por ejemplo, por descuido en la estricta separación de los alimentos, o por cualquier otro motivo. Pedro se dejó convencer y ello significaba la negación del evangelio paulino.

La reacción de Pablo es, vehemente. No hay posible distinción entre judíos creyentes en el mesías y gentiles creyentes en el mesías porque ambos son pecadores (Rom 5,6-10, por ejemplo):

6 En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el tiempo oportuno, Cristo murió por los impíos. 7 En verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atreva alguien a morir. 8 Dios presenta sus cartas de recomendación de que nos ama en que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. 9 ¡Cuánto más, pues, justificados ahora por su sangre, seremos salvados por él de la cólera! 10 Si, pues, siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡cuánto más, ya reconciliados, seremos salvados por su vida!

Por tanto, respecto a la justificación, los judíos no pueden jactarse de ser superiores. Recordemos Gál 2,21:

No tengo por inútil la gracia de Dios, pues si por la Ley se obtuviera la justificación, entonces Cristo habría muerto en vano.

¿Significa esto que Pablo abolió la distinción social y respecto a ciertas ventajas de la Alianza entre judíos y gentiles? De ninguna manera, a pesar de que se ha sostenido así repetidas veces citando siempre el mismo texto de Gálatas, 3,28:

No hay ya judío ni griego; no hay esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, puesto que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

Pero esto se refiere solo al plano de la relación con el Mesías y la salvación, pero no afecta al plano sociológico: las distinciones se mantienen. Pablo pide a Filemón que acepte al esclavo fugitivo Onésimo como hermano en Cristo, y sin embargo, Onésimo sigue siendo un esclavo… ¡ y Pablo no lo duda ni un segundo, ni condena la esclavitud!... aunque argumente que en Cristo no hay esclavo ni libre. Y aunque Priscila y su marido Áquila son iguales en cuanto apóstoles de Jesús, o predicadores del evangelio, Pablo sigue manteniendo que “la gloria de la mujer es el marido” y que este es el que manda en el matrimonio (1 Cor 11,3). Así que ya no hay hombre ni mujer… y todos somos pecadores…, y no hay distinción entre judío y gentil… Pero solo en el plano espiritual, “en Cristo”.

Hay todavía muchos teólogos que sostienen que, por medio de la revelación a través de Pablo Dios ha ordenado por decreto la lucha por la eliminación de las distinciones sociales. A mí me, encanta esto como persona, lo alabo y en cuanto puedo, lo pongo en práctica. ¡Pero no hay decreto divino alguno en las cartas de Pablo! Por tanto, el Apóstol no abolió la distinción, dentro de la Alianza, entre judíos y gentiles, de igual modo que no abolió la distinción social entre hombres y mujeres de su tiempo, ni tampoco entre esclavos y libres.

Saludos cordiales Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com


Viernes, 15 de Agosto 2014


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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