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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Hoy escribe Antonio Piñero

Los argumentos empleados por la crítica literaria para efectuar esta separación en dos grupos diferenciados son de tres tipos, que apuntan hacia diferencias importantes entre las auténticas cartas de Pablo y el resto:

Grandes o notables divergencias de estilo y vocabulario, sobre todo palabras iguales empleadas con significado diferente (por ejemplo, “iglesia”, “cuerpo de Cristo”, “justificación”).

Notables diferencias de concepciones teológicas que afectan, p. ej., a la concepción de la obra del cristiano en este mundo, a la idea de la parusía, al matrimonio, a la organización eclesiástica.

• Dificultades para el historiador a la hora de encajar los datos ofrecidos por las cartas sospechosas en lo que se sabe con certeza de la vida de Pablo. El ejemplo más claro es el conjunto de las Epístolas Pastorales. Para adscribirlas a Pablo hay que inventarse un período de la vida de éste que no es fácil justificar.

Hoy día hay un notable consenso (90%) entre los investigadores para apoyarse en estos argumentos y declarar genuinamente paulinas, es decir, “sólo auténticas sin duda alguna”, las siguientes cartas: 1 Tesalonicenses, Gálatas, Filipenses, Filemón, 1 y 2 Corintios y Romanos. Junto a éstas hay un grupo de 4 cartas en las que la inmensa mayoría de la investigación tiene pocas dudas al declararlas “no auténticas”: las llamadas “Epístolas Pastorales”: 1 y 2 Timoteo y Tito, la Epístola a los hebreos. Queda un grupo de tres cartas en las que la discusión sobre el verdadero autor continúa hoy día, aunque la proporción de los que se inclinan por un veredicto de inautenticidad supera a los defensores de lo contrario: 2 Tesalonicenses, Efesios y Colosenses.


Vida y formación de Pablo de Tarso

Son varios los componentes que confluyen en la formación de Pablo: el haber nacido en una familia judía muy religiosa, la cultura griega de su ciudad natal, su psicología de ciudadano –ya que Pablo pertenece a una cultura urbana, no campesina— y su talante universalista como ciudadano de un mundo amplio, el Imperio Romano, entre cuyas nacionalidades no había verdaderamente fronteras. Su “conversión” –el nunca la denomina así, sino “llamada”— desde su postura como celoso defensor de la ley y religión “oficiales” judías a una secta marginal, el cristianismo, da el último toque a los elementos que determinan su personalidad. Estos componentes sociológicos y religiosos tienen poco que ver con el mundo rural y galileo de Jesús de Nazaret.

Explicitemos un poco más estas ideas, aunque sea adelantando algo que debe proceder de la investigación misma sobre Pablo y su desarrollo.

Pablo no se entiende bien si no se considera que

1. Pablo es un fariseo; que su familia en la ciudad de Tarso, o fuera de ella, le da una formación religiosa judía dentro en concreto del fariseísmo.

2. Que dentro de su piedad judía tiene una absoluta, prioritaria e inmensa importancia la salvación del Israel (el verdadero) y la teología de la restauración de Israel: en el final de los tiempos, y antes de que legue el fin del mundo Dios procederá tal como ha prometido por los profetas, en especial por Isaías, a restaurar a Israel en su plenitud. Esto implica

a) volverán a reunirse los miembros de todas las tribus perdidas

b) al menos algunos paganos se convertirán y entrarán a formar parte del Israel verdadero

3. Que Pablo de Tarso es un visionario. Las visión celestes – como afirma en 2 Corintios y en la Epístola a los Gálatas y en los Hechos (22,17: “caí en éxtasis”), son el fundamento de su interpretación de Jesús.

La teología de Pablo es una evolución de las ideas del judeocristianismo (los judíos que siguen siendo tales, pero que afirman que el mesías ya ha venido y que éste es Jesús de Nazaret) que recibe después de su “conversión” en la ciudad de Antioquía (Hechos 9) y que él madura durante al menos una decena de años (Gálatas 1) en la soledad de un retiro.

Las doctrinas sobre Jesús como mesías (= “cristología”, del griego christós, “ungido”) se forman, tras la creencia en su resurrección reflexionando sobre su vida en la tierra e iluminándola y explicándola –sobre todo el aparentemente inexplicable fracaso de la muerte en cruz- a base de textos mesiánicos de la Sagrada Escritura (lo que hoy llamamos el Antiguo Testamento) que se aplican a Jesús.

Toda esta cristología/teología que Pablo recibe la conforma –según dice él expresamente- a base de revelaciones directas de la divinidad.

4. Pablo y su enfrentamiento con el paganismo. Pablo cree ser el encargado por el Espíritu de Jesús de conseguir que se conviertan a la fe de Jesús como mesías al menos algunos paganos…, luego el mayor número posible de ellos.

Pablo explica su “evangelio sobre Jesús” dentro de un ambiente cuyas ideas filosóficas básicas pertenecen al platonismo ya vulgarizado y extendido entre la población media culta.

Respecto a las exigencias morales de su “evangelio” hay que tener en cuenta que tanto la moral judía de su momento como la pagana estaban moldeadas sobre las normas éticas expandidas por las versiones vulgarizadas del estoicismo.

5. Los verdaderos "adversarios" de Pablo a la hora de conseguir seguidores para le fe en Jesús dentro de los paganos del Imperio Romano en general eran los adeptos de las llamadas “religiones de misterios”.

Tales sujetos estaban totalmente convencidos de que si se hacían “iniciar” es decir, si seguían determinados ritos propios de las divinidades salvadoras (Deméter, Isis, Dioniso, Hermes trismégistos, Atis, Adonis) y participaban de los sufrimientos de esas divinidades (y en algunos casos de la muerte y resurrección de dios), también participarían de su gloria, a saber pertenecerían al ámbito de la inmortalidad. Si cumplían con la iniciación aseguraban la salvación de su alma

Frente a estos individuos, la misión de Pablo consistía en defender, probar y convencer de que la verdadera respuesta a las ansias de salvación estaba en Jesús de Nazaret, que éste no era sólo el mesías judío, sin también el salvador universal. Jesús era el único y definitivo salvador.

Seguiremos. Saludos cordiales de Antonio Piñero

Martes, 16 de Diciembre 2008


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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