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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Conclusiones (B): Cuestión imposible: ¿Suspendamos el juicio?   “Jesús y la resistencia antirromana” (LXXII)
 
Foto: E. Bammel, es uno de los más recios, y diría que furiosos, contradictores de la hipótesis de un Jesús sedicioso. So obra Jesus and the Politics of his Day (“Jesús y la política de su tiempo” eds. E. Bammel y C. F. D. Moule), Cambridge University Press, 1988), que es una especie de “summa” (resumen) de argumentos, ordenados por temas/capítulos, dirigidos expresamente contra la obra de Samuel G. F. Brandon, Jesus and the Zealots (“Jesús y los celotas”), Manchester University Press, 1967, de la que no existe –salvo error– traducción castellana.
 
El siguiente párrafo de las conclusiones del artículo de F. Bermejo no tiene desperdicio y está escrito con pasión. Hoy tampoco tengo que hacer mucho, más que traducirlo del inglés, y en todo caso hacer alguna pequeña paráfrasis o expansión:
 
«Hemos quedado ya en que el rechazo de la hipótesis de un Jesús sedicioso es un procedimiento arbitrario. Pero alguien podría afirmar: “Es una cuestión tan oscura, es de una solución tan imposible que lo mejor es suspender el juicio y dejarlo como tema abierto”.
 
»Sin embargo, creo que la suspensión del juicio es igualmente insatisfactoria e intelectualmente decepcionante. Esta es la postura ha sido adoptada por algunos autores que afirman que los textos sobre Jesús en relación con Roma son "ambiguos y abiertos a debate y desacuerdos persistentes". Pongo un solo ejemplo en el que se sostiene esta postura: M. Bockmuehl, 'Resistance and Redemtion en the Jesus’ Tradition”, en M. Bockmuehl y J. Carleton Paget, Redemption and Resistance: The Messianic Hopes of Jesus and Christian in Late Antiquity, Londres: T & T Clark, 2009), p. 74: " La implicación de Jesús con la resistencia antirromana es un problema que sigue sin resolverse”. 
 
»Mi respuesta es: Esto podría ser adecuado sólo en el sentido de que, dada la cantidad de material evangélico ha sido en verdad tanto manipulado, su interpretación no es sencilla; pero es un error el que una mente crítica y sin prejuicios deba deducir esta postura de todos los testimonios que ofrecen los Evangelios. A la luz de la investigación que se ha desarrollado en las postales anteriores, yo diría que esto no sólo es falso, sino también trágicamente engañoso. El aspecto trágico de esta actitud radica en el hecho de que se presenta con la aparición de rigor académico y de prudencia ("No hagamos deducciones precipitadas sobre un asuntos oscuros”), al tiempo que permite que la minoría de estudiosos que son defensores de la hipótesis –es decir, la postura adoptada en esta serie– aparezca como arbitrariamente dogmática. 
 
Sin embargo, la pura verdad es que cuando es posible conocer algunas cosas con seguridad (y se ha argumentado que podemos estar razonablemente seguros de que Jesús estaba involucrado en actividades sediciosas), la insistencia en que una cuestión está todavía sin resolver implica abdicar de la responsabilidad del historiador y adoptar una postura poco científica. Es cierto que se podría discutir perpetuamente si los romanos o los judíos, o una multitud combinada, fue la que prendió a Jesús, o bien que la apelación "celota", como una designación para un discípulo de Jesús, es o no una prueba de su pertenencia a un partido formado por insurrectos, o si el incidente en el Templo (la denominada “Purificación”) era un evento más o menos importante, o bien cuán grande era la multitud presente en la "entrada triunfal"  en Jerusalén , y así sucesivamente. De acuerdo.
 
Pero lo que no puede discutirse constantemente –porque es un hecho textual innegable – es lo siguiente:
 
· La existencia de un patrón convergente que apunta a un Jesús sedicioso. 
 
· Que una parte de los testimonios del Evangelio han sido manipulados por la tradición o por sus autores. 
 
· Que los evangelistas han cargado sobre los hombros de los judíos la culpa de la muerte de Jesús, aunque de los textos se desprende que el prendimiento fue una acción cuya responsabilidad y autoridad final era de los romanos
 
· Que si negamos la hipótesis, se incurre en una serie de incoherencias e improbabilidades históricas. 
 
· Que no se puede discutir perpetuamente si la historia de Jesús se ha despolitizado o no en la tradición. 
 
Y finalmente, que
 
· La explicación más plausible de la crucifixión de Jesús es su participación en actividades sediciosas contra el Imperio Romano, y que este se vio impelido a  tomar la decisión de crucificar a tres personas a la vez durante una Pascua por razones serias, a saber porque la majestad romana se veía gravemente lesionada.
 
Todo esto no se puede negar, a menos que uno sufra de graves problemas de percepción o, expresándolo con palabras bíblicas, si “Uno tiene oídos para no oír”.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
www.ciudadanojesus.com
Nº 840

Viernes, 14 de Abril 2017


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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