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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Hoy escribe Antonio Piñero

Comentamos hoy los textos reunidos en la nota anterior (2-19)

1. Respecto a los dos primeros (n. 1 = Mc 13,32 / Mt 11,27), la crítica es unánime en ver en ellos una manifestación de fe trinitaria que no se corresponde con lo que pensaba Jesús, quien –como buen judío religioso que era- no sabía nada de la Trinidad. Son, por tanto secundarios, no auténticos; pertenecen a la redacción de los evangelistas y representan o bien su pensamiento respecto a la figura y misión de Jesús una vez muerto éste, bajo el influjo de la creencia en su resurrección, o bien transparentan el pensar de la comunidad cristiana que está detrás del evangelista.


2. Respecto a las afirmaciones de los demonios de que Jesús es “Hijo de Dios” (n. 2 = ejemplos Mt 4,3-6; Mt 8,28-29: Otros textos: Mc 3,11; 5,7; Lc 4,3.9.41; 8,28; Mt ):

Todos los intérpretes están de acuerdo en que estos pasajes no pertenecen al ámbito del Jesús histórico. Se trata de narraciones de milagros que aunque pueden contener elementos sin duda auténticos (Jesús era en verdad un sanador y un exorcista, y sus sanaciones y expulsiones de espíritu impuros eran reconocidas por sus mismos adversarios:“Estaba expulsando un demonio que era mudo; sucedió que, cuando salió el demonio, rompió a hablar el mudo, y las gentes se admiraron. Pero algunos de ellos dijeron: «Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios» = Lc 11, 14-15), representan la fe de la comunidad de Jesús sobre Jesús, cosa que ya dijimos que no discutimos. Manifestaciones sobrenaturales de demonios, etc., no entran en el ámbito de la historia.

A este respecto hay que añadir que en el judaísmo de tiempos de Jesús era idea común que los demonios estaban al tanto de todo lo que concerniera a Dios y a la relación de Éste con el ser humano en cuanto afectara a la salvación del hombre –cosa que no interesaba a los demonios y estaban atentos por ello- e incluso de que se enteraban de la “Voz celestial” (especificaremos esta idea más precisamente en una nota posterior) que Dios utilizaba para hacer algunas revelaciones a los seres humanos más queridos por Él, cuando no deseaba utilizar como mediador a un profeta. Pasajes rabínicos al respecto –es decir, que dan por sentado que los demonios se enteran de la Voz celestial, que no va para ellos, son relativamente claros. Uno de ellos es el siguiente:

« ¿Conocen (los demonios la Voz celestial)? ¿Cómo es eso? Ellos (los demonios) oyeron (la Voz celestial como) detrás de una cortina. Al igual que (la oyen) los ángeles que ofician (delasnte del Señor): Talmud de Babilonia, Hagigá 16a). »

3. Respecto al pasaje de Lc 1,35 (n. 3): la respuesta es idéntica: este texto no pertenece al Jesús histórico, sino a la teología del evangelista. Ningún exegeta serio, ni siquiera católico, sostiene que este texto represente un hecho verdadero, sino la creencia de una parte –ni siquiera de toda ella- de la comunidad cristiana primitiva.


4.
Respecto a los pasajes recogidos en el número 4 (Mc 1,1; Mt 16,16-18 y Mc 8,27-30), la respuesta es esencialmente la misma: otros dicen de Jesús que es “Hijo de Dios” –en este caso discípulos-, no Jesús mismo. Todavía se sigue opinando que quizá la escena de la Transfiguración no sea histórica: es más probable que sea una retroproyección de una historia de apariciones pascuales del Resucitado y sus diálogos con sus discípulos –por tanto algo que no pertenece al historia- hacia la vida de Jesús realizada por Marcos al igual que la historia de la Transfiguración (Mc 9,2-8): se trata de una leyenda cultual.

Respecto a la escena de la confesión de Pedro (Mc 8,27-30) hay dudas acerca de su historicidad. Pero –en nuestra opinión- puede admitirse como histórica en su núcleo básico. Sin embargo, sí surgen dudas acerca del sentido de la frase “Hijo de Dios” en boca de un judío como Pedro. Este discípulo esperaba, y no podía ser menos, de Jesús que fuese un mesías totalmente judío, es decir, la mano de Dios como el libertador/restaurador de Israel de los paganos (en este caso los romanos que serían expulsados de las tierras de Dios = Israel) y el implantador del reino de Dios sobre la tierra. Por tanto –en el pensamiento de Pedro- esta figura de “hijo de Dios” sería meramente humana: un hombre, que goza del amor del Dios de Israel de un modo especial por ser profeta o heraldo del reino de Dios. Con otras palabras: Pedro pensaba de Jesús lo que opinaría de Elías, o David, eran “hijos de Dios” en grado extremo sin dejar de ser humanos.

Vayamos ahora al pasaje difícil de la fundación de la Iglesia por parte de Jesús- según Mt 6,16-, en donde Jesús confirma la apreciación de Pedro respecto a su mesianidad. En el sentir de la mayoría de los intérpretes, incluso algunos católicos, la escena tal cual está, es en líneas generales no histórica.

Las razones para la duda son fundamentalmente dos:

- Sólo está atestiguada por Mateo. La escena parece un añadido suyo al texto de su fuente, que en este caso es el Evangelio de Marcos, el cual no trae la escena. Es impensable en absoluto que de haber existido Marcos hubiera omitido algo tan importante como la fundación de la Iglesia.

- La fundación de una “Iglesia” tal como aparece en el texto no se entiende, no encaja, dentro de la religión de Jesús, puramente judía: él escogió a los Doce apóstoles como símbolo de las Doce tribus que Dios restaurara en su plenitud (nueve tribus habían sido destruidas desde la época de la caída del Reino del Norte, de Israel, en el siglo VIII a.C. ante las tropas asirias del monarca Salmanasar) del reino de Dios.

Por tanto, parece bastante verosímil que Mateo transforma –de acuerdo con lo ocurría en su época- este significado, que se encuadra bien con lo que conocemos de Jesús, en la fundación de una comunidad bien diferente, plenamente cristiana, que se opone a la sinagoga judía de su momento cuando ambos grupos (judíos y cristianos) estaban en trance de separarse: Mateo presenta a Jesús entonces a sus oponentes judíos de su época fundando un grupo diverso a la sinagoga judía.

En consecuencia, la afirmación de Pedro de que Jesús es el mesías del Hijo de Dios vivo, o bien no es histórica de pleno sentido, o bien tiene el sentido arriba expuesto de la otra confesión mesiánica por parte del príncipe de los apóstoles: un mesías al sentido tradicional judío, un ser humano dotado de poderes especiales por parte de Dios para implantar su reino en la tierra.

Lo dicho es sólo un breve resumen de las perspectivas exegéticas actuales sobre este pasaje, que exigiría un tratamiento más detenido que se saldría del marco de esta nota.

En cualquier caso el tema del mesianismo de Jesús y la pregunta sobre si su autoconciencia como mesías incluía o no una consciencia de ser hijo de Dios en sentido real del término, exige un tratamiento más detenido, que dejamos para otro momento, para una serie especial de “notas” al respecto.

Seguiremos. Saludos cordiales de Antonio Piñero




Lunes, 8 de Diciembre 2008


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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