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CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Diferencias entre “Ciudadano Jesús y “El Jesús que yo conozco”. Preguntas y respuestas “rescatadas del olvido” (IX) (984)
Escribe Antonio Piñero
 
A modo de introducción a una pregunta de varias personas:
 
Me han preguntado tres personas vía correo electrónico casi la misma cosa aunque con distintas palabras: “Por qué ha publicado Usted “El Jesús que yo conozco” si antes había lanzado “Ciudadano Jesús”? ¿Está Usted mareando la perdiz? Son casi la misma cosa los dos libros?
 
Respondo:
 
No lo son, y lo explico. El primero “Ciudadano Jesús”, que va por la tercera edición, es una obra de preguntas (y respuestas) reales, de mucha gente, que me las han formulado a lo largo de mucho tiempo, al final de clases, conferencias o seminarios sobre la vida estricta de Jesús de Nazaret.  Es un libro relativamente sencillo, que solo aclara lo sustancial que puede uno demandarse a sí mismo cuando piensa sobre Jesús. Supongo que a mucha gente le bastará el tipo de respuesta más bien breve, e insisto son preguntas variadas y reales de variadas personas.
 
Por el contrario, “el Jesús que yo conozco” es una entrevista de un académico mexicano, de Guadalajara, del estado de Jalisco –donde se celebra anualmente la prestigiadísima Feria Mundial del Libro en español– y que además es el director de una editorial en México, de nombre “Deméter”. Este académico es profesor de filosofía en concreto y me hizo, también vía correo electrónico, una entrevista personal durante dos años y medio. En ella hace a veces preguntas difíciles (no de entender, sino de contestar). Y no toca solo el tema de Jesús de Nazaret, sino también de diversas perspectivas sobre él y de otras cuestiones relacionadas con el cristianismo primitivo o con el judaísmo del entorno de Jesús. Las respuestas son a menudo más largas, más personales, con más matices y una cierta profundidad. Además, tiene al final del libro una serie de preguntas acerca de la génesis de mi pensamiento y cuestiones de temas más personales que retratan la personalidad del entrevistado.
 
Por tanto, son libros complementarios. El que lea el segundo, habiendo pasado por el primero no se aburrirá, espero, porque la exposición es diferente y totalmente complementaria
 
No sé si he aclarado suficientemente lo que me preguntaban estas tres personas y que yo hago extensivo a todos. Y si no es así, responderé a las cuestiones que se susciten sobre este par de libros.

¡Ah! Y también me han preguntado varias veces: ¿cómo se consiguen estos libros? Respondo: lo usual es pedirlos a la editorial misma, Adaliz, de Sevilla (basta con teclear el título del libro en Google; o bien copiar y pegar la dirección electrónica que concluye esta postal) , quien envía de inmediato el libro por una agencia; y en el precio, que es súper razonable, va incluido el envío a casa. No he sabido responder si se consigue por Amazon. Me imagino que no. Pero sí sé que algunas librerías piden el libro y lo venden de un modo normal. Y ya no sé más.
 
Pregunta:
 
¿Qué fuentes antiguas, fuera de los evangelios, tenemos para conocer a Jesús? Y ¿cuál es su valor?
 
Prácticamente ninguna, o las que hay son muy discutidas. Prueban más la existencia del cristianismo que la de Jesús mismo. Las dos realmente importantes son:
 
A) Tácito, Anales 15,44,3 (hacia el 115 d.C.) que afirma:
 
“Para cortar los rumores (de que él había incendiado Roma), Nerón señaló como culpables, y castigó con la mayor crueldad, a una clase de hombres aborrecidos por sus vicios a los que la turba llamaba cristianos. [[Cristo, de quien tal nombre trae su origen, había sufrido la pena de muerte durante el reinado de Tiberio, por sentencia del procurador Poncio Pilato]], y la perniciosa superstición fue contenida durante algún tiempo, pero volvió a brotar de nuevo, no sólo en Judea, patria de aquel mal, sino en la misma capital (Roma), donde todo lo horrible y vergonzoso que hay en el mundo se junta y está de moda”.
 
Personalmente pienso que las frases marcadas con paréntesis cuadrados son una glosa o añadido, porque interrumpen el flujo del discurso de lo que escribe Tácito. Si se eliminan, fluye mejor el texto del historiador
 
B) Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos 20,20, menciona el asesinato de Santiago, “hermano de Jesús llamado Cristo”.
 
En Antigüedades de los judíos 18,63, se halla el llamado “Testimonium Flavianum” sobre la existencia y valoración de la persona de Jesús. Eliminando las interpolaciones de los escribas cristianos, Josefo afirmaría:
 
“Por este tiempo (el de Poncio Pilato: 26-36 d.C.) vivió Jesús, un hombre sabio; realizó hechos sorprendentes Atrajo a su causa a muchos judíos y griegos. Pilato, después de haber oído que la acusación de los hombres de más elevada posición entre nosotros, lo condenó a ser crucificado. La secta de los cristianos, así llamados después de él, no ha desaparecido hasta hoy”.
 
Creo que es razonable admitir este testimonio, sobre todo
 
a) porque ni siquiera es neutro el análisis delas palabras griegas que emplea Flavio Josefo –las mismas que cuando habla de insurrectos– lleva a pensar que está dibujando a un sedicioso a los ojos del Imperio
 
b) porque la mención de Jesús está incluida en una lista de personajes nefastos para Israel, ya que con su predicación del reino de Dios afianzaba la temperatura extremada del sentimiento apocalíptico y de la intervención final divina para liberar a Israel, de modo que Jesús contribuyó decisivamente a fomentar el espíritu que llevó a la catastrófica guerra contra Roma del 66-70.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero

http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html
 

Martes, 20 de Marzo 2018


Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.







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